Cabezo de Alcalá, la ciudad íbera sin nombre

Los sedetanos fueron un pueblo íbero que se estableció en el valle medio del Ebro a partir del siglo III a.C. Se les conoce por las inscripciones en las monedas que acuñaron. En todas ellas también aparecía representada un tozuelo* imberbe con tres delfines de un lado y un jinete con palma del otro. La primera ciudad que emitió moneda fue Seteisken, considerada su capital. Se ha especulado que pudiera ser la ubicada en el Cabezo de Alcalá. Los sedetanos ocuparon el sur del Ebro entre los ríos Guadalope y Martín. A su alrededor estaban los suessetanos e ilergetes al norte, los ilercavones al sudeste y los edetanos al sur, mientras que al este estaban los celtíberos. Gracias a la emisión de moneda propia se pueden identificar como sedetanas las siguientes ciudades: Alaun (Alagón), Lakine (posiblemente Fuente de Ebro), Kelse (Velilla de Ebro), Salduie (Zaragoza), Ildukoite (posiblemente Oliete) y Otobesken. Y por su ubicación también se supone que lo fueron Damaniu (Hinojosa del Jarque), Bérnaba (Azuara), Ebora (posiblemente La Puebla de Albortón), Beleia, Arsi (posiblemente La Puebla de Híjar) y Userkete (Osera).
Su base económica era el cultivo del cereal: cebada, centeno, mijo y avena. Lo guardaban en silos tapados con una capa de barro. Consumían vino y el aceite transportado en ánforas. La ganadería también tenía un gran papel, con bóvidos, cabras y caballos. Poseían una fuerte industria textil de lana y lino.
*Tozuelo: Cabeza.
El yacimiento del Cabezo de Alcalá se sitúa en una pequeña elevación, cerca del río Aguasvivas y a poco más de un kilómetro de Azaila. Es uno de los más importantes de Aragón y sus restos son de gran importancia para conocer el fenómeno de la romanización de Hispania. Pudo ser ocupado desde el siglo IX a.C, como así lo demuestran los restos de una necrópolis de campos de urnas. El poblado fue destruido hacia el siglo III a.C. durante las guerras púnicas. Entonces se volvió a ocupar por una población íbera. Esta etapa y su posterior romanización se prolonga entre el año 218 a.C. y el año 72 a.C, en cuyo intervalo hubo una reconstrucción del asentamiento. El final de la ocupación fue provocado por las tropas de Pompeyo, hacia los años 76-72 a.C. durante las guerras sertorianas. La ciudad sufrió un terrible asedio que provocó la destrucción del poblado y su posterior abandono. Durante el episodio se construyó una rampa de unos 100 metros de largo para salvar el foso y las murallas que permitió la aproximación de las máquinas de asalto. Se trata del único resto que se conserva en España de un elemento de estas características. Para ello se utilizó una acumulación de tierra y piedras de yeso de canteras cercanas. El resultado fue una brecha de ocho metros en las murallas que permitió la entrada de las tropas romanas en el interior de la ciudad.

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El antiguo poblado fue descubierto en 1867, realizándose las primeras excavaciones arqueológicas entre 1868 y 1872, por Pablo Gil y Gil. En el año 1890 fueron publicados los hallazgos por hermanos Gascón de Gotor. Desde 1919 hasta 1942 el arqueólogo turolense Juan Cabré excavó científicamente el yacimiento, con una interrupción durante la Guerra Civil. Publicó sus numerosos hallazgos en varias obras, entre las que destaca “La cerámica de Azaila”. A partir de los años 1960 Antonio Beltrán y Miguel Beltrán continuarán las excavaciones. Estos trabajos han permitido obtener el estado actual del yacimiento. Miguel Beltrán publicó su tesis doctoral sobre este yacimiento en 1976. Más recientemente, entre 2000 y 2009 se realizaron diversas actuaciones de excavación y consolidación de los restos en algunas zonas. Además, en el año 2009, se procedió a la señalización y colocación de paneles informativos. El yacimiento se complementa desde hace años con el Centro de Interpretación del Cabezo de Alcalá, ubicado en la travesía carretera de la localidad de Azaila. Fue reformado en el año 2008. Se trata de un edificio de tres plantas en el que se muestra a través de un completo equipamiento toda la información en torno al yacimiento, su historia y tipología. Además cuenta con reproducciones de las piezas más importantes encontradas.

cabezoalcala_centrointerpretacionEl yacimiento del Cabezo de Alcalá está compuesto por dos zonas bien diferenciadas. Por una parte la más elevada, donde vivían las élites sociales, rodeada de muralla. Y otra situada en las inmediaciones compuesta por un barrio comercial con botigas* a ambos lados de una calle empedrada. A él se añaden casas de agricultores y clases más desfavorecidas. Esta zona no está apenas excavada y en parte ha sido destruida por la actividad agrícola moderna. En total se calcula una población aproximada de unos 3000 habitantes. A los pies del cabezo también se emplaza una extensa necrópolis compuesta por casi un centenar de enterramientos contabilizados procedentes de la primera etapa. Se trata de túmulos donde depositaba una vasija con las cenizas del fallecido y enseres personales. Después se cubría con una estructura de piedra formando montículos de piedras.
*Botiga: Tienda.

cabezoalcala_campodeurnasEl acceso a la acrópolis se realiza a través de un pequeño puente que atraviesa el foso de la segunda muralla. Ahora está cementado, pero en su momento fue de piedra con la parte central de madera desmontable en caso de ataque. La ciudad amurallada sirvió de refugio de la población. De su recinto defensivo inicial se han conservado en la parte alta dos torres que pudieron tener cuatro metros de altura. Aglutinaba los edificios más representativos con calles empedradas dotadas de aceras. Poseía sistema de evacuación de aguas por superficie que se almacenaban en un aljibe extramuros con una capacidad de 60.000 litros y una profundidad de diez metros. Esta reserva podía ser usada en caso de sequía o asedio, aunque también pudo usarse para alimentar las termas por medio de alguna conducción de agua. Para el uso diario se trasladaba del río Aguasvivas que discurre a unos cientos de metros del poblado.

cabezoalcala_puenteaccesoA la entrada se emplaza el conocido como templo, una pequeña estancia de planta rectangular de la que restan los muros. Tuvo un conjunto escultórico en bronce con tres figuras. Se encontraron dos cabezas de bronce, una representa a un joven íbero divinizado y otra femenina a Niké. Sus muros estuvieron decorados con pinturas simulando sillares de piedra y el suelo estaba decorado con un mosaico en opus signinum. El paso de la guerra civil dejó como huella una inscripción en el escalón de la entrada que reza “Viva la CNT”.

cabezoalcala_accesotemploUn poco más arriba el resto del poblado se articula en torno a una calle central, de la que parten otras de menor longitud para el acceso a las viviendas. De ellas se conservan únicamente la parte baja de los muros. Las mayor parte de las casas íberas tenían unos 40 m². En su interior contaban con tres o cuatro habitaciones: cocina, sala de estar y dormitorios. Con la romanización los más pudientes reformaron sus casas con influencias del estilo itálico, con patio central y dependencias a su alrededor. Se localizó un espacio productivo con un gran molino de piedra y pese a no haberse encontrado restos de hornos bien pudo ser un edificio dedicado a la panadería.

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En el extremo noreste unas escaleras descendían a las termas, situadas a extramuros. Se trata de unas de las más antiguas de la Península Ibérica, ya que fueron construidas a finales del siglo II a.C. Eran el lugar de aseo y de recreo de la población. Se entraba por los vestuarios a cuya derecha se encontraba el frigidarium. El tepidarium se encontraba detrás de los vestuarios. A través de él se accedía al caldarium y los baños de vapor.
En las excavaciones se han encontrado restos de cerámica ibérica, romana y griega. También abundantes monedas aunque posiblemente la ciudad no llegara emitir moneda propia. Sin embargo una de las piezas más relevantes es el conocido como Toro de Azaila que data del siglo II a.C. Se trata de una figura de bronce unos quince centímetros de altura. El animal está en actitud de embestir, y lleva una roseta en la frente. Sobre el cuello lleva una pieza de forma de U, conservada tal cual se encontró en el yacimiento, aunque no pertenece a esta pieza.
Para la visita del yacimiento, que se encuentra vallado, es necesario solicitar cita por teléfono a la empresa que gestiona las visitas. Los encargados tanto de la gestión del centro expositivo como de la apertura del yacimiento son los responsables de Vida Primitiva, que realizan las visitas guiadas. Además llevan a cabo actividades, cursos, talleres, demostraciones y recreación histórica desde la prehistoria hasta la cultura romana. Se trata de David y Eva, unos grandes apasionados de la historia y la arqueología experimental. Esto les ha permitido conocer cómo nuestros antepasados fabricaban sus utensilios y herramientas, siguiendo las técnicas y procesos ancestrales. Los artículos que fabrican están inspirados o basados en piezas arqueológicas y están elaborados artesanalmente, sin máquinas ni pegamentos industriales ni cremalleras, y siempre con materiales naturales. Están expuestos en el centro de interpretación y en su web. En cuanto a David es el artista plástico encargado de la forja, el trabajo de la madera, la talla lítica, talla de hueso, la fundición de bronce y la elaboración de todos los utensilios, herramientas y materiales. Eva se encarga del telar y las actividades y talleres relacionados con el textil, así como la realización de las piezas de cuero y material complementario para el tiro de arco. Ambos son tiradores de arco desde hace más de veinte años.

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Foto cedida por Vida Primitiva

Es muy importante que la gestión turística de nuestra cultura se lleve a cabo por personas apasionadas, lo cual queda de manifiesto tras una visita a este yacimiento. Además su labor complementaria en la arqueología experimental es un valor añadido a la difusión de la cultura, participando en actividades de divulgación tanto a nivel particular, como en las jornadas de recreación que se llevan a cabo anualmente en Azaila. Un excelente ejemplo de cómo poner en valor nuestra historia, revitalizando el medio rural.

Meridiano de Greenwich, la línea imaginaria que cruza Aragón

En octubre de 1884 tuvo lugar en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano. Allí se dieron cita representantes de veinticinco países, entre los cuales estaba España. Su objetivo era elegir un meridiano para ser empleado como longitud común y como referencia de los husos horarios de todo el mundo. La necesidad se basaba en la existencia de numerosos meridianos por aquel entonces. Fueron planteadas tres propuestas: el meridiano del Hierro, el meridiano de París y el meridiano de Greenwich. Tras siete sesiones se decidió la adopción del meridiano actual, con veintidós votos a favor, el voto en contra de República Dominicana y la abstención de Francia y Brasil.

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En el siglo II Claudio Ptolomeo, sabio que nació en Egipto y trabajó en la mítica biblioteca de Alejandría, realizó la primera compilación de mapas del mundo con precisión sorprendente para la época. Fue el primero en utilizar latitudes y longitudes para localizar ubicaciones en sus mapas. Estableció como extremo más occidental la isla del Hierro, en el archipiélago canario. Hasta el descubrimiento de América, la Punta de la Orchilla se consideraba el límite del mundo conocido (a pesar de que Finisterre haya adoptado tradicionalmente este término). Y por este punto pasó el geógrafo el meridiano cero de referencia. La cartografía mundial dio un gran vuelco con la aparición del Nuevo Mundo. A pesar de ello en 1634 se dieron cita matemáticos y astrónomos en París para ratificar el meridiano del Hierro como meridiano cero para todos los países.

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El meridiano de París es aquel que pasa por el Observatorio de París. Las mediciones más precisas de dicho meridiano fueron llevadas a cabo por François Arago. Nació en la localidad de Estagel, cerca de Perpignan en 1786. Tras ingresar como secretario de la Boureau des Longitudes (Oficina de las Longitudes) recibió el encargo completar las mediciones del meridiano. Durante tres años estuvo trabajando primero en los Pirineos con un compañero suyo, y después en la isla de Mallorca. Sus trabajos fueron confundidos con labores de espionaje ante la inminente invasión napoleónica. Su persecución se prolongó hasta julio de 1809 en el que finalmente alcanzó el puerto de Marsella. A pesar de todas sus vicisitudes conservó los resultados de sus investigaciones, y fue nombrado miembro de la Academia Francesa de las Ciencias con tan sólo 23 años. A lo largo de su vida desarrolló una labor incansable en el campo de las matemáticas, física y astronomía. En 1848 fue elegido ministro de la Guerra en el gobierno provisional de la república, tras la caída del rey Luis Felipe I, ejerciendo responsabilidades de jefe de gobierno. Entre las medidas sociales que tomó fue la reducción de la jornada laboral y la abolición de la esclavitud. Tras su periplo político volvió a su labor de investigación hasta su muerte en 1852.
El meridiano de Greenwich desde hace 132 años es el meridiano cero o primer meridiano. Su punto de referencia es el antiguo Real Observatorio de Greenwich, situado en la ribera del Támesis, a 15 kilómetros de Londres. Tras la Segunda Guerra Mundial fue trasladado el observatorio debido a su mala visibilidad, pero las viejas instalaciones se conservan y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Se trata de una línea prexinada* que une los polos dividiendo el mundo en dos partes. Discurre de norte a sur atravesando Francia, España y Reino Unido, en Europa, Argelia, Malí, Burkina Faso, Togo y Ghana, en África. Cada 15° en dirección al este y al oeste se establecen nuevas líneas imaginarias hasta completar los 180° de la esfera terrestre. La línea opuesta al meridiano de Greenwich atraviesa el Océano Pacífico y se conoce como el meridiano de 180°.
*Prexinada: Imaginaria.
La importancia de este meridiano radica en que es la referencia usada para realizar el cálculo de las diferencias horarias entre cada punto de nuestro planeta. Para ello fueron definidos los husos horarios, dividiendo la superficie terrestre en veinticuatro áreas. Cada uno de ellos está centrado en un meridiano. El huso central es el huso 0, dividido en dos partes iguales por el meridiano de Greenwich. Está limitado por los meridianos de longitudes 7º 30′ W y 7º 30′ E. Los husos se representan por la letra Z y se numeran de 0 a 12 horas. Como la Tierra gira de oeste a este, son positivos hacia el este y negativos hacia el este. Todos los lugares que se encuentran en el mismo huso horario tienen la misma hora. Y el día universal comienza a medianoche en el huso central. El meridiano de 180° es la línea internacional que marca el cambio de día.

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Anteriormente se usaba el tiempo solar aparente con lo que la diferencia de hora entre una ciudad y otra podía ser de unos minutos. El empleo de los husos horarios corrigió el problema parcialmente, al sincronizar los relojes de una región al mismo tiempo solar medio. Sin embargo debido a las características geográficas cada país, región o archipiélago ha adoptado un huso común, no ajustándose exactamente al espacio geográfico marcado por las líneas imaginarias. Incluso en España se da la anomalía de tomar un huso desplazado más de una hora respecto al que nos correspondería geográficamente. Esta decisión fue tomada por Francisco Franco con el fin de llevar la misma hora que la Alemania de Hitler. Esto quiere decir que deberíamos tener una hora menos. Resumiendo, por nuestra situación deberíamos llevar la hora media de Greenwich (GMT). En ibierno* llevamos una hora más por el cambio político llevado a cabo hace medio siglo (GMT+1). Desde el año 1981 se aplica la normativa europea de adelanto de una hora para aprovechar mejor la luz solar y consumir menos electricidad (GMT+2). Y a pesar del desfase horario respecto al huso horario ésta es la hora que mejor llevamos los españoles y este año incluso se han pronunciado a favor de su mantenimiento el parlamento autonómico de Baleares y se ha sumado al debate la Comunidad Valenciana.
*Ibierno: Invierno.
El meridiano de Greenwich también atraviesa Aragón. En su recorrido de norte a sur cruza los Pirineos y atraviesa el valle de Ordesa, a escasos metros de las conocidas Gradas de Soaso. Siguiendo su trazado hacia el sur llega al valle del río Ara, y pasa a menos de cien metros del casco urbano de Jánovas, ahora inmerso en su recuperación. La línea imaginaria en su avance rectilíneo pasa justo por encima de las tres viviendas apiñadas que componen la pintoresca aldea de Aguilar. Más al sur, pasa a unos cincuenta metros de la aldea de El Pueyo de Morcat, situada cerca del nacimiento del río Vero. La localidad aragonesa más importante por la que pasa el meridiano es Berbegal, en el Somontano de Barbastro. Precisamente en su casco urbano, muy cerca de la plaza Europa, se ha colocado un monolito que señala el paso del meridiano, así como un cartel informativo.

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También pasa a unos metros del puente medieval que cruza el río Alcanadre, en las inmediaciones de Villanueva de Sigena. Pero sin embargo el lugar más conocido de paso está en la autopista del Nordeste (AP-2) la cual une de las ciudades de Zaragoza y Barcelona. Varios letreros avisan al conductor el paso del meridiano de Greenwich, situado entre las localidades de Bujaraloz y Peñalba. El monumento está formado por arco de cuatro metros de anchura que cruza la autopista con la orientación adecuada a la línea imaginaria. Por la noche tiene además el atractivo de estar iluminado.

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En su avance hacia el sur se introduce en tierras zaragozanas. Entonces atraviesa el embalse de Mequinenza por el paraje conocido como la Herradura, debido a la forma del gran meandro inundado del río Ebro. Tras su breve periplo por la provincia de Zaragoza pasa a tierras turolenses. Entonces atraviesa la carretera nacional N-240, la cual parte del paraje de Las Ventas en la carretera de Alcañiz a Vinaroz, y toma dirección a Calaceite. En el km 757 hay una pequeña área de descanso. Un discreto poste vertical marca el paso del meridiano cero, y una línea atraviesa el asfalto de esta vía de servicio.

Y poco a poco va tomando dirección al Mediterráneo pasando por la última de las localidades aragonesas. A poco más de cien metros se quedan las casas más cercanas de Fórnoles del meridiano de Greenwich. Finalmente pasa a la provincia de Castellón, y abandona tierras aragonesas tras un recorrido de aproximadamente 220 kilómetros.

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Azafrán, el oro rojo del Jiloca

El empleo del azafrán se remonta al año 2.300 a. C y a partir de entonces está documentado su uso en el ámbito de la religión, la medicina y la gastronomía fundamentalmente. Aparece ya representado en una pintura del palacio de Minos en Creta que data de 1.700-1.600 a.C. En el antiguo Egipto se menciona con el nombre de karkom y era considerado un importante producto. Fue utilizado por los egipcios en embalsamientos, así como para colorante de las mortajas de las momias, de amarillo las mujeres y de rojo los hombres. Los griegos lo esparcían por los vestíbulos, patios y baños siendo considerado un perfume sensual. Los romanos recibieron a Nerón con las carreras* cubiertas de azafrán cuando entró en la ciudad de Roma. También era usado en las culturas clásicas como tinte para vestidos de fiestas y ropa de matrimonio, incluso para el pelo. El azafrán se fue extendiendo desde Oriente a Occidente. De su comercio se encargaban los mercaderes de las ciudades medievales mediante transacciones en las ferias anuales y en los mercados urbanos. Uno de los importantes focos comerciales fue Venecia, con un grupo de empleados que formaban el Ufficio dello Zafferano.

*Carrera: Calle.

En la Península Ibérica pudo introducirse por griegos o romanos. Sin embargo no se cultivó hasta mediados del siglo X, de la mano de los musulmanes probablemente. Durante la Corona de Aragón ya formaba parte de la gastronomía al ser una especia cultivada en la zona. Desde entonces el cultivo no se ha interrumpido hasta nuestros días. En Aragón tenía ya gran importancia durante los siglos XVI y XVII. Se cultivaba en el Somontano de Barbastro y en la ribera del Cinca, comercializándose en Barbastro. En los Monegros también tuvo una gran implantación, como así fue documentado por el cronista Henry Cock. Se cultivaba también en el Bajo Aragón, ocupando grandes extensiones en Huesa del Común, Monreal del Campo y en las serranías montalbinas.

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Foto cedida por Azafranes del Jiloca

En la actualidad la Comarca del Jiloca, y en concreto la localidad de Monreal del Campo, concentra casi toda la actividad en torno al azafrán en Aragón, por lo que se puede hablar con entidad propia del Azafrán del Jiloca. Esta comarca tiene su capital administrativa en Calamocha, siendo la localidad de mayor desarrollo agropecuario Monreal del Campo. Se asienta este pueblo a 900 metros de altitud, y sus condiciones climáticas son excepcionales para el cultivo del azafrán. Las temperaturas son extremas, y se pueden alcanzar los -18º C en invierno y los 40º C en verano. Además no llueve mucho.

En Monreal del Campo se llegaron a contar con 800 campos de producción, pero tras un grave periodo de crisis se pasó a cultivar tan sólo 3 campos, con una superficie de menos de una hectárea. Fue un momento crítico ya que cualquier problema hubiera acarreado la extinción de la especie autóctona del Jiloca. En el año 1983 Julio Alvar propuso al ayuntamiento la creación del Museo del Azafrán, para poner en valor la importancia de este cultivo que tuvo tanta importancia en la economía familiar. Abrió sus puertas en marzo de aquel año. En él se exponen más de 150 piezas que han sido donadas en su mayoría por los habitantes de la localidad. En el año 1995 se abrió una puerta de esperanza para el azafrán y José María Plumed creó la empresa Azafranes del Jiloca, dedicada a la producción y comercialización. La recuperación de cultivo fue lenta debido a la escasez de bulbo para cultivar. Poco a poco se fueron aumentando los campos. En el año 2004 llegó el primer reconocimiento al Azafrán del Jiloca, y la especia fue nombrada “Baluarte de Slow Food”, lo cual marcó un antes y después en esta etapa prometedora. Un año después se creó la Asociación de Productores de Azafrán del Jiloca, AZAJI, con el objetivo de puxar* a la gente al cultivo del azafrán. El Ayuntamiento de Monreal del Campo es uno de los socios, y sus campos se llevaron a cabo proyectos de I+D, y actualmente trabajos de divulgación. Además con las ayudas de la Diputación de Teruel se incrementó el número de productores. La línea de trabajo se basa en apostar por la calidad con el objetivo de obtener el mejor azafrán en sus campos, mediante un trabajo totalmente artesanal y manteniendo los valores tradicionales. Queda todavía pendiente el reconocimiento con una Denominación de Origen propia. Sin embargo, este proceso supone muchos costes económicos, principal motivo por el que no se ha llevado a cabo hasta la fecha. A pesar de no contar con este sello, todo el azafrán ecológico de Monreal del Campo está certificado por el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica. Y además tiene el sello de Artesanía Alimentaria de Aragón. En la actualidad se está trabajando desde la asociación en la instauración de una marca que certifique el origen del Azafrán del Jiloca con el fin de garantice su autenticidad.

*Puxar: Animar.

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El cultivo del azafrán no es exigente en cuanto al suelo, siendo suficiente una consistencia media y composición algo caliza. Y tampoco respecto al clima. Su inactividad vegetativa durante el verano le permite resistir los calores excesivos. Y le bastan dos precipitaciones anuales abundantes: durante el mes de marzo, momento en que se reproducen los bulbos, y en septiembre o primeros de octubre para que brote la flor. Su ciclo vital es de cuatro años. Entonces es necesario sacar los bulbos de la tierra para su limpieza y volverlos a sembrar entre julio y septiembre. Antes se realiza el abonado de la tierra que debe garantizar el aporte de nutrientes durante los cuatro años. Se plantan los bulbos a unos 18 centímetros de profundidad, y con una separación entre surcos de entre 20 y 35 centímetros para permitir su reproducción posterior. Para una hectárea son necesarios unos 4.500 kilos de bulbos dependiendo del tamaño de éstos y la distancia de plantado.

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Foto cedida por Azafranes del Jiloca

La recolección tiene lugar entre octubre y noviembre. La floración es gradual y se dilata durante 20 o 25 días, comenzando poco a poco hasta llegar a la florada, momento en que el campo está repleto de flores, y disminuyendo progresivamente hasta el cierre del ciclo. Las flores deben recogerse al amanecer, momento en que las flores violetas están cerradas. Ello facilita su recolección y así la hebra del azafrán guarda su frescura oculta dentro de la flor. El trabajo se dilata hasta las once de la mañana, momento en que la flor se abre. Se recogen en cestos de mimbre y se trasladan a un lugar donde se extienden sobre una mesa para eliminar la humedad del rocío y facilitar así el siguiente trabajo. Acto seguido se realiza el desbrizne de manera completamente manual. Consiste en la separación de los estigmas de la flor mediante un corte preciso en la unión de tallo y el cáliz para lograr que la hebra salga entera en la medida de lo posible. El trabajo es delicado y hay que tocar el producto lo menos posible. Una vez desbriznado hay que repasarlo para retirar los restos de flor que puedan haber caído entre las hebras. Los restos de flor que no valen, conocido como farfolla, se tiran al campo el siguiente día de recolección.

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Foto cedida por Azafranes del Jiloca

La siguiente fase es el tostado, el más importante para garantizar la máxima calidad del azafrán. Los estigmas se colocan sobre un cedazo, utensilio tradicional compuesto por un aro y una tela. Se pone a fuego muy lento, a una temperatura de 35º C de calor. Durante el proceso se dan las vueltas necesarias para su secado hasta que quede en óptimas condiciones para su envasado. El azafrán ha de quedar con un color rojo vivo. Al tostarlo se queda en un 20 % de su peso en verde, por lo que cinco kilos de hebras de la flor se pueden quedar en un kilo de azafrán tostado. Y para ello es necesaria la recolección de unas 200.000 flores. Ello explica el altísimo precio de esta especia, que suelo cotizarse sobre los 3.000 euros el kilo, aunque se suele vender en cantidades mucho más pequeñas. El precio de un gramo ronda los 9 euros.

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Foto cedida por Azafranes del Jiloca

El azafrán en la actualidad es empleado fundamentalmente en la cocina, añadido en pequeñas cantidades, dotando a los platos de un sabor inconfundible (dulce-amargo) y un suave aroma. Además tiene múltiples propiedades beneficiosas para la salud. Entre otras muchas combate los trastornos nerviosos y el asma, fortalece el corazón, elimina las obstrucciones del hígado, favorece la formación de agentes anti cancerígenos y calma la tos y la bronquitis.

Hasta los años 70 España fue el principal productor de azafrán en el mundo, con unas 4.000 hectáreas de superficie cultivada. En los años 90 se produjo una caída en picado de la producción, llegando a un mínimo de 83 hectáreas en el año 2005. El factor determinante fue la caída de los precios por la invasión del azafrán iraní. En la actualidad Irán es el primer productor con el 90% de la producción mundial, siendo nuestro país el segundo. Sin embargo España sigue siendo la primera potencia exportadora, ya que en nuestro país se comercializa también el azafrán iraní. Del azafrán español la mayor parte se cultiva en Castilla-La Mancha, que cuenta con una Denominación de Origen propia desde el año 1998, Azafrán de la Mancha. El resto corresponde a la producción de Teruel, seguida de otras zonas en las que comienza a incorporarse.

En cuanto al azafrán en Aragón, en los años 80 casi se perdió por completo. Después de llegar a casi la desaparición de este cultivo, en el Jiloca se ha pasado de 1 hectárea de cultivo en los años ochenta a unas 25 hectáreas de la actualidad. La agrupación de los productores turolenses en torno a AZAJI y el apoyo institucional, poco a poco va dando sus frutos. En la actualidad son 28 el número de socios, aunque se estima que son 60 los agricultores de campos situados en la cuenca alta del Jiloca, entre Cella y Calamocha. Hay dos empresas que se dedican a su envasado y comercialización. Además se han lanzado al mercado alimentos artesanos en los que el azafrán como especia realza su valor. Otros agricultores lo venden directamente a los consumidores o a otros mercados.

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El azafrán español siembre ha sido muy reconocido en el resto de países. Esta circunstancia es aprovechada por diversas empresas para tener sede en España. Importan el producto de otros países (Marruecos, India y fundamentalmente Irán) y lo venden como español. Ello explica que España es el mayor exportador mundial, con ventas muy por encima de la producción en nuestro país. El azafrán español de mayor calidad suele viajar hasta Suiza, Finlandia, Alemania, Francia, EE.UU. o Canadá. La especia que se consume principalmente en España, sin embargo, es el importado. Al ser más barato cuenta con más presencia en las grandes superficies.

El alto precio del azafrán desde tiempos remotos ha generado múltiples casos de fraude. El rey de Inglaterra Enrique VIII, devoto del aroma del azafrán, llegó a castigar con la muerte a quienes adulteraban el azafrán. En los Fueros de Aragón de 1564 se promulgó una prohibición contra los que hicieran o vendieran azafrán falso. Para su adulteración se puede aumentar el peso del azafrán añadiendo carbonato de plomo, yeso o arena roja tamizada, así como aceite, miel, jarabe o cola para lograr su adherencia y mayor brillantez. Y sin ir más lejos, en diciembre de 2014 la Policía Nacional detuvo por delitos de estafa y a cinco personas que formaban parte de una empresa establecida en Alicante que comercializaba azafrán importado bajo la apariencia de español. Recientemente un estudio liderado por el investigador de la Universidad de Valencia Josep Rupert ha comprobado que buena parte del mitad del azafrán etiquetado como español no ha sido en realidad cultivado en el país, sino importado, tratado y envasado en España. Para ello ha utilizado una nueva técnica, basada en la huella dactilar química propia de cada tipo de azafrán. Una información que no aparece en el etiquetado homologado que llega a los consumidores y que a la postre supone una competencia desleal para los productores autóctonos, ubicados en su mayoría en Castilla La Mancha, pero también en Teruel. Se trata de una lucha de los productores desde hace mucho tiempo que se basa en exigir una legislación más adecuada para obligar a distinguir el origen de la materia prima.

A pesar de todos estos factores que influyen en un mercado complejo, el azafrán va aumentando lentamente su cultivo en Aragón. El objetivo es mantener viva esta tradición tan ligada a sus pueblos y sus gentes. Y seguir realizando su proceso como se realizaba antaño. Es la esencia del cultivo del azafrán, marcada por la recogida, selección y elaboración artesana de esta especia. Un proceso que ya recibió un primer reconocimiento en el año 2005 premiando estos factores diferenciales. Algo que lo diferencia del resto de azafranes españoles y del resto del mundo, que se esfuerzan por aumentar la producción. Y ello influye en el resultado final, una calidad que viene de antaño y que se mantiene. El azafrán del Jiloca tiene unas características superiores con respecto a sus competidores, con valores de crocina (responsable del colorante) muy superiores, así como la de su sabor. Precisamente en 2016 la empresa Azafranes del Jiloca ha sido galardonada con el premio “Superior Taste Award” con calificación de sobresaliente, siendo la primera y única empresa española del sector en recibir este reconocimiento. El galardón fue obtenido tras realizar una cata a ciegas del producto por doscientos profesionales del sector de la restauración, entre ellos chefs con estrellas Michelin. Un premio al trabajo bien hecho y fundamentalmente al producto, que bien puede considerarse como el oro rojo del Jiloca, su azafrán.

Petilla de Aragón, de Navarra por una deuda no saldada

En el extremo noroccidental de Aragón, es decir, en la parte superior izquierda del mapa, aparecen dos pequeños puntos que corresponden a Petilla de Aragón. Su peculiaridad radica en que se trata de un municipio navarro rodeado de tierras aragonesas. El término municipal tiene una superficie de 27,55 km2, y está compuesto por dos islas: la principal donde se emplaza el pueblo y otra menor conocida como Baztán de Petilla o Los Bastanes. A la de mayor tamaño se accede por una única carretera de acceso que parte de Navardún. Está surcada por el barranco de la Rinconera, afluente del río Onsella, por cuya parte baja se introduce la carretera. El casco urbano se emplaza a unos 17 kilómetros de Sos del Rey Católico, en una ladera a media altura. El territorio que lo circunda esta formado por laderas escarpadas cubiertas de arbolado, sin apenas espacio para las tierras de cultivo. Como divisoria al sur se alza una pequeña cordillera coronada por molinos eólicos y cuyo punto más elevado es el monte Selva con 1159 metros de altitud.  vistageneral_petillaaragon

Con respecto al término de los Bastanes, se accede a éste desde la carretera que une Uncastillo con Sos del Rey Católico, a unos 11 kilómetros de éste último. Una pista surca el barranco de Bastanes, mucho menos agreste que el anterior.

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Su escudo heráldico usado desde el año 1953 demuestra la situación del municipio entre Aragón y Navarra. Representa el escudo de Aragón, con las armas de Navarra superpuestas en su parte central. Petilla perteneció a Aragón hasta el siglo XIII. Entonces tuvo lugar el hecho que marcó su historia. El rey Pedro II de Aragón pidió un préstamo de 20.000 maravedíes al rey navarro Sancho VII El Fuerte. A cambio dejó como señal los castillos de Peña, Gallur, Ascó y Petilla. Las tierras y posesiones se quedaron en manos de Ximeno de Rada hasta que los aragoneses no devolviesen la deuda contraída con un plazo de veinte años. Jaime I El Conquistador no pudo devolver el préstamo, y en 1231 Petilla pasó a formar parte del reino de Navarra. En el año 1312 Aragón intenta recuperar por la fuerza el enclave. Los habitantes aguantaron el asedio y con la ayuda de los de Sangüesa consiguieron repeler el ataque. Fueron recompensados por su fidelidad como navarros por el rey Carlos II de Navarra con la reducción de impuestos. A lo largo de la historia Petilla de Aragón siempre ha mantenido sus privilegios necesarios por su condición geográfica y administrativa, perteneciente a Navarra, pero aislada en territorio aragonés. Sin ellos hubiera sido inviable el mantenimiento del asentamiento. Aún así la peor situación se ha dado en los últimos siglos. Petilla de Aragón ha sufrido un descenso demográfico alarmante, pasando de los 662 habitantes en 1860 a los 35 censados en el año 2014. En los últimos años la población se ha estabilizado a la vez que se han realizado mejoras notables en las infraestructuras de la población.

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El hecho más notable en la historia reciente de la población fue el nacimiento de su más ilustre vecino, Don Santiago Ramón y Cajal. Sin embargo este hecho fue puramente accidental. Su padre Justo Ramón Casasús era natural de Larrés, población cercana a Sabiñánigo. Tuvo que ayudar a sus padres desde pequeño y con tan sólo 16 años, se desplazó a Javierrelatre donde se puso a trabajar como aprendiz de un cirujano. Este primer contacto con la medicina marcó la trayectoria profesional para toda su vida. Completó sus estudios en Zaragoza y Barcelona regresando a su población natal. En 1849 se casa con Antonia Cajal y la pareja se establece en Petilla de Aragón, donde Justo consiguió plaza de merico*. En esta localidad navarra es donde tendrán a su primer hijo, el 1 de mayo de 1852. Santiago residió en su población natal tan sólo 17 meses, ya que en octubre de 1853 la familia regresa a Larrés donde Justo trabaja durante dos años. En este periodo nace su hermano Pedro. Después se trasladan a Luna, en la provincia de Zaragoza; y más tarde a Valpalmas, donde nacerán sus hermanas Pabla y Jorja. Tras sacarse el título de Medicina y Cirugía en Madrid solicita el partido médico de Ayerbe. Se lo conceden y se trasladan a vivir a esta localidad de la provincia de Huesca. Finalmente la familia Ramón y Cajal se traslada a Zaragoza en 1870 donde Justo obtiene el puesto de médico de la Beneficencia Provincial y el cargo de Profesor Interino de Disección en la Universidad de Zaragoza.

*Merico: Médico.

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Santiago Ramón y Cajal tuvo una personalidad muy despierta en sus primeros años de vida. Activo, ingenioso y asombrado por los espectáculos de la naturaleza y los nuevos avances de las ciencias. A ello se unía una intensa afición a la lectura y una gran capacidad para el dibujo y la pintura. Su padre, muy estricto y pragmático, ejerció una notable influencia para que estudiase Medicina. En 1869 obtuvo su título de bachiller y se trasladó a Zaragoza. Al año siguiente comenzó sus estudios universitarios de Medicina, licenciándose en 1873. Entre 1887 y 1903 lleva a cabo sus más espectaculares descubrimientos sobre las estructuras nerviosas. Precisamente su “año cumbre” fue 1888, demostrando por primera vez la relación de contigüidad y no de continuidad entre las células nerviosas. Desde entonces se sucedieron premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Santiago Ramón y Cajal recibe en 1906 el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la fisiología de las células nerviosas. Durante toda su vida se dedicó a la investigación, así como la formación de sus continuadores. Su figura representa la cota más alta alcanzada por la ciencia española.

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Ramón y Cajal se consideró siempre aragonés. Se trasladó a tierras aragonesas ya de muy niño, y toda su infancia está íntimamente ligada a la tierra y al carácter aragonés. Se educó y realizó sus estudios superiores en Aragón. A todo ello se añade la procedencia de sus padres, que lo vincularon afectivamente para siempre con su tierra de adopción. En su libro “Páginas de mi vida” relata la única visita que realizó a su pueblo natal. Lo describe como “uno de los pueblos más pobres y abandonados del Alto Aragón, sin carreteras ni caminos vecinales que lo enlacen con las vecinas villas aragonesas de Sos y Uncastillo”. El viaje de tres etapas le condujo a Jaca y después a Berdún y Tiermas. Su última etapa sobre un macho* le permitió llegar a la “aldehuela humilde donde nací”, de la cual no tenía recuerdo alguno. A pesar de que pensaba que nadie le conocería una anciana al llegar lo identificó por el parecido con su padre. Y el cura y los representantes municipales le esperaban en la plaza ya que habían barruntado su visita. La hospitalidad de sus paisanos hizo agradable su breve estancia. Le llevaron a ver las ruinas el castillo, los bosques de la sierra y la ermita donde le agasajaron con una merienda. También le enseñaron la casa donde nació “fábrica ruinosa casi abandonada, albergue hoy de gente pordiosera y trashumante”. “Al despedirme de los rudos pero honrados montañeses, mis paisanos, oprimióseme el corazón: había satisfecho un anhelo de mi alma, pero llevábame una gran tristeza. Cierta voz secreta me decía que no volvería más por aquellos lugares; que aquella decoración romántica que acarició mis ojos y mi cerebro al abrirse por primera vez al espectáculo del mundo no impresionaría nuevamente mi retina; que aquellas manos de ancianos, ennoblecidas con los honrosos callos del trabajo, no volverían a ser estrechadas con efusión entre las mías”.

*Macho: Mulo.

Cueva de Chaves, el eslabón arrasado

La Cueva de Chaves se emplaza cerca del pueblo deshabitado de Bastarás, en el sur de la Sierra de Guara. Sus características hicieron de ella un lugar perfecto para el asentamiento de los hombres primitivos. La cueva abierta es de grandes dimensiones. Su abertura oscila entre los 30 metros de altura máxima y 2 metros en su parte más baja. Mientras que su anchura es de 60 metros. A medida que se avanza en su interior la altura va disminuyendo con un recorrido de más 225 metros, siendo en la primera parte donde se concentran los restos arqueológicos, ocupando una superficie de unos 3.000 m2. Su orientación hacia el sur la protege del cierzo y la iluminación solar se introduce 50 metros en su interior. Y además cuenta a sus pies con un barranco, lo que permite la disponibilidad de agua.

La primera excavación se llevó a cabo en 1975 por el director del Museo de Huesca, Vicente Baldellou. Durante los años siguientes fueron divulgados y publicados los restos encontrados pertenecientes al Neolítico. A partir del 1984 se sucedieron varias campañas hasta el año 1998, participando también Pilar Utrilla, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza. De los restos paleolíticos se encargó Pilar y de los neolíticos Vicente. Los trabajos se detuvieron a la espera de poder retirar unos bloques de piedra de grandes dimensiones que impedían continuar con la excavación. Hasta ese momento se había excavado aproximadamente un 10% del yacimiento.

Según los estudios realizados, los habitantes más antiguos de esta cueva datan del Paleolítico, documentado entre 12.950 y 12.020 años a.C. Seis mil años más tarde llegan nuevos colonos. Las investigaciones llegaron a la conclusión que el asentamiento neolítico de Chaves y del Alto Aragón era anterior al de Cataluña y del resto de Aragón. La explicación a la penetración al interior desde el Mediterráneo con anterioridad hace pensar que se introdujeron desde el sur de Francia a través de la cuenca del río Têt, y atravesando los Pirineos por las cuencas del Segre y Cinca. El hombre del Neolítico domestica animales, caza, cultiva cereales y se establece de manera permanente en la cueva. Tiene inquietudes artísticas, domina la cerámica y la talla del hueso. Su estancia se prolonga nada menos que 650 años, contribuyendo a la difusión de la cultura neolítica en el Prepirineo oscense, y creándose nuevos asentamientos en el territorio.

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La cueva poseía el yacimiento neolítico más importante de Aragón y uno de los mejores de España sólo comparable a las cuevas valencianas de Or y Cendres. Un establecimiento básico desde donde los primeros colonos introdujeron la agricultura y ganadería en todo el Prepirineo oscense. Entre los hallazgos más importantes por su singularidad está el centenar de ruellos* pintados, encontrados en los niveles neolíticos. Han sido estudiados más a fondo una treintena en los cuales aparecen pintados motivos complejos como antropomorfos, cruces, estrellas o líneas convergentes, mientras que en los demás muestran restos de pinturas. Además se han extraído 11.700 restos de animales, así como otros correspondientes al ajuar de sus habitantes: brazaletes, punzones, cucharas. Y también se encontró el cadáver de un hombre en posición fetal en una pequeña fosa.

*Ruello: Canto rodado.

Hace más de treinta años un grupo de empresarios, entre los que se encontraba la familia catalana Raventós, compraron el pueblo deshabitado de Bastarás y su antiguo término municipal, una superficie de unas 1.500 hectáreas. Lo convirtieron en un coto privado de caza donde soltaron ciervos, corzos y muflones. Entonces la Cueva de Chaves quedó recluida dentro del coto cuyo perímetro fue vallado en 1974. Se trata de uno de los pocos vallados en Aragón, ejecutado antes de que la ley prohibiera este tipo de explotaciones cinegéticas. Más tarde fue adquirido por la familia francesa Lafayet (la que comercializó los bolígrafos Bic). En 2006 se amplió el capital de la sociedad entrando Maderas Bodelón, que en la actualidad es máxima accionista de FIMBAS, la empresa propietaria. Su antigüedad le ha permitido unas condiciones que hoy serían incompatibles con la declaración del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara y con las figuras de protección LIC y ZEPA.

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Desde el principio el cletau* resultó polémico ya que atraviesa dos cauces, el barranco de Solencio y el barranco del Rebullón, de dominio público. De igual manera interrumpe el paso de un camino real proveniente de Used, y cercaba el acceso a un monte de utilidad pública de 270 hectáreas. A lo largo de estos años se han roturado más de 100 hectáreas, realizado desmontes y se han ejecutado 80 kilómetros de pistas. También se han construido medio centenar de balsas y llevado a cabo el represamiento del barranco de Solencio. Todas estas obras se han realizado sin permisos desfigurando el entorno natural y produciendo enormes cicatrices, dentro de un espacio natural de máxima protección. A ello se añaden las alteraciones del ecosistema por la introducción de fauna alóctona, ajena a esta zona. Entre 2003 y 2007, el Gobierno de Aragón  abrió cuatro expedientes sancionadores por afecciones al medio ambiente, y en 2009 habían aumentado ya a seis. Ecologistas en Acción llegó a presentar 30 denuncias en dos años. Sin embargo la actuación de la administración ha sido lenta y no ha evitado el daño producido en la amplia superficie afectada. En el año 2012 se llevó a cabo el primer logro, liberando el monte público “Las Foces de Rodellar” que había sido usurpado por la empresa durante más de tres décadas incorporándolo al resto de su finca. Para ello fue necesario el retranqueo del vallado, al cual pusieron numerosas trabas a pesar de las resoluciones judiciales. Y poco a poco la administración va avanzando en la recuperación de esta porción de la Sierra de Guara. En junio de 2009 el Gobierno de Aragón dictaminaba el cierre del coto de caza por la introducción de una especie de cabra africana  en su finca. La empresa recurrió el fallo y en febrero del 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Aragón lo desestimó, confirmando el cierre del coto e imponiéndole una sanción económica de 30.000 euros. La empresa recurrió entonces al Tribunal Constitucional, y todavía está el proceso abierto. Se espera que cuanto antes se emita una resolución definitiva y favorable, lo cual obligará a la retirada de toda la fauna introducida de manera ilegal, y acto seguido se retire el vallado de toda la propiedad.

*Cletau: Vallado.

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Al daño medioambiental se añade otra irregularidad. Las calles, los viales de acceso y los edificios públicos de Bastarás, como la iglesia, son de propiedad pública y pueden ser visitados libremente por cualquier persona. Sin embargo las placas de propiedad privada y las vallas en su acceso amenazan a cualquier visitante con la entrada, otra ilegalidad más a cargo de la empresa FIMBAS.

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Además del daño medioambiental sufrido por este coto de cata en octubre de 2007 se puso la guinda al pastel. Entonces se realizaron las obras de una pista de más de ocho metros de anchura hasta la puerta de la cueva de Chaves, así como el acondicionamiento del interior de la cueva y la construcción de un embalse en el barranco. Para ello fue contratada la empresa Ferpi Transportes y Obras, que utilizó maquinaria de gran tonelaje para retirar unos bloques caídos del techo de la cueva. El yacimiento que se encontraba justo debajo quedó afectado de manera irreversible ya que fueron extraídos 2.247 metros cúbicos de sedimentos, la mitad de ellos correspondientes a los restos arqueológicos. Sin embargo hasta un año y medio después no supo que el yacimiento se había destruido por completo, con la visita de los responsables del Museo de Huesca en marzo del año 2009. Durante este tiempo se pusieron múltiples impedimentos para poder visitar la finca por parte de la empresa. A ello se añadió la pasividad y dejadez de las administraciones públicas que no ejercieron como debían sus competencias de control y protección del patrimonio histórico. Ni si quiera han llegado a catalogar el yacimiento en sí con la protección de Bien de Interés Cultural, sino que simplemente está amparado por la declaración de protección de las pinturas del Solencio de Bastarás, situadas en las inmediaciones.

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Para comprender de manera visual toda esta indignante historia es recomendable ver el documental “Chaves, la memoria expoliada”, realizado por Daniel Orte y María José Urraca coproducido por Ecologistas en Acción. A lo largo de una hora analiza a fondo a través de múltiples testimonios la triste historia de este coto de caza que nunca debió existir. Recibió el Premio al Mejor Documental en el Festival de Cine de Zaragoza 2009 y fue finalista Festival Internacional de Cine Arqueológico del Bidasoa 2010.

El día 21 de septiembre de 2016 comenzó el juicio por el arrasamiento del yacimiento del Neolítico más importante de Aragón. En la causa figuraban como responsables civiles subsidiarias las sociedades FIMBAS, que gestiona el coto de caza donde se ubicaba, Ferpi, empresa que acometió las obras, y la aseguradora Mapfre. En el banquillo se sentó como principal imputado Victorino Alonso, administrador único de Maderas Bodelón, máximo accionista de FIMBAS. La acusación particular fue ejercida por Apudepa (Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés) y Ecologistas en Acción. En el proceso además intervinieron como testigos Alejandro Millet, el encargado de la finca, Jesús Labata, conductor de la excavadora, y Conrado Muinos, trabajador del coto. Entre sus testimonios no dejaron claro quién dio la orden para llevar a cabo las obras, llegando a justificarlas porque el arqueólogo se lo había solicitado. En todo caso, sabiendo de la existencia del yacimiento bajo las losas retiradas, se excavaron entre tres y cuatro metros de tierra, que sirvieron para realizar una presa en el barranco cercano. Estos hechos manifiestan la profunda ignorancia de los acusados, todos ellos cómplices de la pérdida de unos restos arqueológicos de incalculable valor y que podrían haber ofrecido una información sobre nuestros antepasados perdida ya para siempre. Pero el hecho más grave es la permisividad de las administraciones. Al no solicitar permiso alguno se permitió que las obras se desarrollasen durante meses a pesar de las repetidas advertencias al Gobierno de Aragón por la acusación. De su absoluta pasividad y negligencia el resultado es asolador: la destrucción total del mejor y más completo yacimiento neolítico aragonés y uno de los más importantes de España. Por lo que debería asumir sus responsabilidades como máximo responsable del Patrimonio en Aragón.

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El 11 de noviembre de 2016 el titular del Juzgado de lo Penal de Huesca publicó la sentencia del juicio en la cual se condenaba a Victorino Alonso a dos años y medio de cárcel y al pago de una indemnización de 25,5 millones de euros por la destrucción de la cueva de Chaves. Se considera que el culpable conocía la existencia del yacimiento dentro de la cueva de Chaves así como su valor arqueológico. El juez reconoce que la destrucción de la cueva de Chaves ha causado daños por valor de 50,9 millones de euros, según valoró en su día Vicente Baldellou. Sin embargo reduce la indemnización a la mitad por la dejadez del Gobierno de Aragón en cuanto a la protección de este emplazamiento ya que con ello facilitó que la destrucción se llevara a consumar. Es significativo que tanto el ministerio fiscal como el Gobierno de Aragón solicitaran 15 millones de indemnización, y el juez haya resuelto al final 10 millones más para el acusado. También es importante que el magistrado hace responsable subsidiario del pago de la indemnización a FIMBAS, evitando que la posible insolvencia del acusado pueda dejar la sentencia en agua de borrajas. Finalmente absuelve a Victorino Alonso del delito contra el medio ambiente que se le imputaba por carecer de pruebas suficientes, y absuelve a la empresa Ferpi y a la compañía Mapfre de las responsabilidades civiles que se les pedían.

Pico Petrechema, testigo mudo del nacimiento de Aragón

El Pico Petrechema se emplaza en la cabecera del valle de Ansó, es decir, en el extremo más noroccidental de Aragón. Está enclavado en la actual frontera entre Francia y España. Y se alza a 2.371 metros de altitud. Desde su posición privilegiada fue testigo mudo del nacimiento de Aragón.

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El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales ha recibido el vasco numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Cualquiera que sea su origen, lo que sí está documentado es la primera vez que aparece escrito Aragón. Se trata de un documento del monasterio de San Pedro de Siresa datado entre los años 828 y 838. En él se hacía referencia al territorio gobernado por Aureolo. Este monasterio fundado hacia el año 820, estuvo articulando eclesiásticamente los nuevos territorios del incipiente Aragón. Pero también constituyó un centro cultural que influyó de manera determinante en los aspectos políticos, sociales y culturales.

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Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un amanamiento* al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramimo I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.

*Amanamiento: Acercamiento.

Una sencilla excursión permite el ascenso a esta cumbre para cualquier senderista. La ruta parte del refugio de Linza, emplazado en la cabecera del valle de Ansó. Desde la población parte la carretera que recorre el angosto valle surcado por el río Veral. Al alcanzar Zuriza se abre y surgen amplios pastizales. Desde este punto parte la pista forestal que conduce hasta el refugio. En sus instalaciones cuenta con alojamiento, bar y restaurante. La senda arranca desde el fondo del aparcamiento, ascendiendo por una ripa*.

*Ripa: Ladera.

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Tras media hora de ascenso se alcanza una depresión atravesada por el arroyo de Linza. Siguiendo las marcas del sendero de gran recorrido se supera una zona rocosa. A la hora y media de caminata se alcanza el Cuello de Linza. Desde este punto las vistas son espectaculares, con la vista al frente de la Mesa de los Tres Reyes, punto en el cual coinciden los territorios de Aragón, Navarra y Francia.

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A la derecha parte el sendero que se encamina al Pico Petrechema. En un primer tramo el trazado es tendido y suave. Al llegar a un pequeño collado se gira a la izquierda. Sólo resta subir por la amplia loma a cuyos lados hay laderas bastante empinadas que permiten vistas muy amplias. Después de tres horas de caminata se alcanza la cumbre, a 2371 metros. La sorpresa queda justo a unos metros. Separado de un descomunal desfiladero muy profundo se alza la aguja de Ansabere, un gigantesco mallo de similar altura, prácticamente inaccesible, y que se descuelga sobre un valle posterior mucho más deprimido. Su altura es ligeramente superior, 2377 metros. El nombre de Petrechema proviene del término piedra gemelas (pietragema), en referencia a las dos cumbres cercanas aunque no iguales. Desde la cumbre las vistas son amplias en todas las direcciones. Los montañas más elevadas están en dirección al este, con el Bisaurín, el Aspe y el Midi d´Ossau. Y desde este punto fronterizo entre Francia y España se divisan tierras francesas, aragonesas y navarras.

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Ricardo Magdalena, el gran arquitecto zaragozano

Ricardo Magdalena puede pasar desapercibido para las actuales generaciones de zaragozanos. Pero tras analizar su legado artístico, urbanístico y fundamentalmente arquitectónico es evidente que sin su trabajo e implicación la ciudad de Zaragoza hoy no sería la misma. Nació el 3 de febrero de 1849 y se quedó sin padres a los pocos años. Tuvo que estudiar en una escuela municipal, recibiendo beca del ayuntamiento para completar sus estudios, así como para cursar la carrera de arquitectura, licenciándose en Madrid en 1873. Su gran oportunidad profesional le llegó en el año 1874 al presentarse al concurso para el proyecto de la iglesia parroquial de Garrapinillos. El premio era la plaza de arquitecto municipal en Zaragoza, que había quedado vacante tras el fallecimiento de Segundo Díaz. Tras resultar ganador, desde el año 1876 ejerció de arquitecto municipal hasta su muerte en 1910. A su entierro acudieron unas seis mil personas, recibiendo grandes honores por parte del Ayuntamiento de Zaragoza. Ello da una muestra del reconocimiento a su trabajo por parte de la ciudad. Su compromiso con Zaragoza fue indudable, agradeciendo de esta manera al ayuntamiento el apoyo para poder llevar a cabo sus estudios, y siendo un fiel servidor a la institución hasta su muerte.

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A pesar de que la mayor parte de su obra arquitectónica fue desarrollada en Zaragoza también trabajó en otras ciudades españolas como Tarragona, Cádiz, Madrid, Vitoria y San Sebastián. Y además participó en proyectos de esbielladura* del patrimonio como fueron la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud, iglesia San Pedro el Viejo de Huesca, monasterio de San Juan de la Peña, monasterio de Poblet y monasterio de Santes Creus.

*Esbiellar: Renovar, Restaurar.

Ricardo vivió en una época en la que ciudad de Zaragoza estaba todavía recuperándose de la devastación sufrida por los Sitios y en la que desde entonces apenas se habían realizado obras arquitectónicas de interés. Fue el artífice de la recuperación urbanística y arquitectónica que sufrió la ciudad entre los siglos XIX y XX. Para ello recurrió a un estilo con el cual los zaragozanos se vieron rápidamente identificados. El uso del ladrillo como elemento constructivo y decorativo, las reminiscencias del uso mudéjar de la cerámica, el remate de fachadas con grandes ráfels*…. Todo ello recordaba al arte mudéjar y al arte renacentista aragonés, y por lo tanto a Aragón. Constituyó como una reinterpretación de estos estilos en clave de eclecticismo, una corriente dominante en el siglo XIX de la que fue el máximo artífice en Zaragoza y uno de los más importantes a nivel nacional.

*Ráfel: Alero.

Pero también supo añadir a su estilo otras influencias como la modernista, tan de moda por aquella época, con claros ejemplos en la arquitectura efímera llevada a cabo con motivo de de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. E incluso añadió elementos decorativos poco usuales a sus obras inspiradas en el antiguo Egipto cuyo más notable ejemplo es la decoración la Confitería Fantoba, todavía abierta al público.

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Magdalena se dedicó a reformar la imagen de la capital aragonesa, que por aquel entonces tenía unos 80.000 habitantes. Todo ello sin abandonar su actividad profesional privada, regentando el primer despacho de arquitectura moderno de la ciudad. Su cargo como arquitecto municipal tenía competencias muy extensas, lo que le permitió remodelar por completo la ciudad. Fue él quién gestionó muchos proyectos de ampliación y alineación de calles en el centro histórico. Entre las más destacadas fue la reforma del entorno del actual Mercado Central o las bases para la construcción años más tarde de unificación de la plaza del Pilar con la plaza de La Seo. Pero también fue el artífice de planes de urbanización muy importantes en la expansión de la ciudad, siendo el más relevante la urbanización de la Huerta de Santa Engracia, el espacio situado entre el Coso, paseo de la Mina, paseo Constitución y el paseo Independencia. Otro proyecto que modernizó la ciudad fue la urbanización del paseo de Sagasta. Contaba con un boulevard central peatonal, y las vías del tranvía a ambos lados. También intervino en la creación del paseo de Pamplona.

En cuanto a las intervenciones arquitectónicas más importantes, la primera de ellas fue la iglesia de Garrapinillos, con proyecto de 1874. Su aspecto exterior viene marcado por el uso del ladrillo cara vista. Diseña una iglesia de nave única la cual se apoya en columnas lisas. Su siguiente trabajo, del año 1882, es el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. De nuevo el ladrillo marca la estética primordialmente, con un virtuosismo técnico en cornisas y aleros, adaptándolo a las exigencias de la construcción moderna.

La obra que le otorgó su primer gran éxito fue el Matadero Municipal, que se comenzó a construir en 1878. Con motivo de su inauguración en el año 1885 se celebró una exposición regional a iniciativa de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Al evento acudieron 1.300 expositores nacionales y del extranjero. Las instalaciones situadas a las afueras de la ciudad contaban con una extensión de más de 25.000 m2 siendo de ellos cubiertos 11.230 m2. De la construcción sobresalen tres naves construidas en piedra, mampostería y ladrillo con estructuras de columnas de hierro y techumbres de madera. Tuvo gran reconocimiento en la época y muchos mataderos de España imitaron su diseño.

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Su obra capital fue la nueva Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza. El edificio de dimensiones monumentales está compuesto por varios módulos, y rinde homenaje a la arquitectura renacentista aragonesa. A ello se añade una decoración modernista sin desvirtuar la obra. El año 1892 fue terminada su construcción y al año siguiente asistieron a la inauguración unos diez mil ciudadanos. La obra tuvo tal reconocimiento que la Revista de arquitectura, una publicación de gran prestigio de la época, le dedicó un número monográfico.

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Con motivo del primer centenario de los Sitios de Zaragoza se preparó la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Su labor como arquitecto director de la exposición convirtieron esta empresa en la más ambiciosa de su carrera profesional. Se encargó personalmente de diseñar los edificios más significativos de la muestra, con una marcada estética modernista. El Arco de Entrada respondía al estilo predominante en aquella época. El Museo Provincial de Bellas Artes, único de los edificios que se conserva en la actualidad, lo realizó en colaboración con el arquitecto Julio Bravo. En sus formas se retoma de nuevo el estilo renacentista aragonés. Una de las joyas más significativas de la arquitectura modernista fue el Gran Casino. En su interior contaba con un gran salón teatro y en él se desarrolló una frenética actividad a lo largo de  la exposición.

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Su enorme capacidad de trabajo, sabiendo rodearse de los mejores artesanos y artistas de la época, no se quedó exclusivamente en el proyecto de grandes edificios. Otras de sus obras relevantes son Monumento a los Mártires (1904), situado en la plaza España, así como la Capilla de las Heroínas de Zaragoza (1908), en la iglesia del Portillo. O la reforma del Teatro Principal llevada a cabo entre 1884 y 1891. Proyectó asimismo la fachada de la Casa de Amparo (1905), así como los chapiteles que rematan las torres de la Basílica del Pilar. Diseñó la decoración del Palacio de la Ilusión (1905), el primer cine estable de la ciudad. También llevó a cabo la decoración del Puente de América sobre el Canal Imperial de Aragón (1904). Durante la visita del monarca Alfonso XII a Zaragoza fue el artífice del arco triunfal para su recibimiento. Y dejó también su impronta en el diseño de los faroles del Rosario de Cristal, que todavía están en uso hoy. Incluso proyectó mobiliario urbano desde verjas a fuentes. Pero su gran vitalidad y compromiso con la ciudad le permitió dar forma a actos sociales como la organización de una gran cabalgata para la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios en 1895.

Después de realizar un recorrido por buena parte de su obra no cabe duda que Ricardo Magdalena fue el gran arquitecto zaragozano. Gracias a su trabajo la ciudad de Zaragoza renovó su imagen dejando atrás el duro varapalo que supusieron los Sitios de Zaragoza. Buena parte de su obra todavía puede contemplarse hoy en día en todo su esplendor. Otros edificios pervivirán en la memoria de los que tuvieron la oportunidad de visitar la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Para el resto nos queda el recuerdo a través de las fotografías que se conservan y que denotan el gran esfuerzo para sacar adelante esta ambiciosa empresa para aquella época. Qué mejor reconocimiento hacia tan ilustre zaragozano que pasear por la ciudad y reconocer sus obras, hoy integradas en una ciudad moderna, y que conforman la Zaragoza actual.