Baños de sal y Titiriteros

Este verano he aprovechado para visitar de nuevo Naval. Este pueblo situado entre Barbastro y L´Aínsa, en su antigua carretera, esconde una maravilla natural única en Aragón que tiene similitud al Mar Muerto. Su antiguo Salinar de Naval fue convertido hace años en una zona lúdica que cuenta con varias piscinas de diferente profundidad y tamaño donde te puedes sumergir en aguas con una concentración de sal muy elevada. El resultado es que flotas de manera irremediable y mágica. La sensación es alucinante. A pesar de estar algo turbias las aguas no producen ningún tipo de olor, y al salir y secarse la sal se deposita en la piel dejando una capa blanca que al frotarse sirve como exfoliante. Por siete euros al día puedes pasar un día en un lugar dotado de tumbonas, zonas verdes, baños y vestuarios. Y para comer estupendo ya que cuentan con restaurante al aire libre a un precio económico, y zona de pic-nic donde me comí la tortilla de patata y la carne empanada que había llevado para comer. Sólo dos cosetas a mejorar en las instalaciones. Una que las duchas de los vestuarios tengan agua caliente. Y la segunda que a la hora de pagar la entrada dieran unas advertencias básicas para disfrutar de estas aguas sin ningún sobresalto (hay algún cartel pero la gente no los lee): no se debe tragar agua ya que ésta es tóxica debido a su concentración de sal, y no se deben mojar los güellos* y la mucosas por la irritación que produce el agua (para ello hay jarras de agua dulce alrededor de las piscinas para aliviar estas irritaciones). Todo lo demás en las instalaciones genial y para recomendar.

*Güellos: Ojos.

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Y por la tarde decidí pasarme por Abizanda, que se encuentra muy cerca. ¿Cuántos coches pasan por la carretera viendo la torre y la iglesia de este precioso lugar en lo alto y qué pocos se desvían para conocerlo? Y lo que se pierden. Desde su recoleta plaza se llega a lo alto donde se encuentran sus atractivos más importantes. Un interesante museo de religiosidad popular, una torre medieval a la cual se puede subir y disfrutar de una panorámica excepcional, pero también la Casa de los Títeres. Allí los Titiriteros de Binéfar han creado con mucho esfuerzo e ilusión un centro cultural de primer orden, que cuenta con un pequeño teatro, un museo de títeres y una era donde se puede disfrutar del juego y del las vistas del paisaje. Al término de la actuación, una de tantas que organizan en este lugar dentro de su programación de verano, pude compartir una buena charradeta con Paco y Pilar. Ya los conocía de haberlos visto en muchas actuaciones. Paco me enseñó con mucho cariño el teatro y todas sus entrañas. Y a la salida, además de ver el museo que cuenta con títeres de todo el mundo recogidos a lo largo de todos sus viajes, pudimos hablar muchas cosas de su actividad y de esta tierra tan querida. No podremos nunca agradecer a estos titiriteros su trabajo, ofreciendo entretenimiento y diversión en sus actuaciones a lo largo de décadas, y espardiendo* la cultura aragonesa por Aragón y por todo el mundo. Aunque ellos puede decirse se que sí son profetas en su tierra, merecerían un apoyo mayor por parte del Gobierno de Aragón. Han sido capaces de crear en un pueblo pequeño restaurando varias casas un teatro con cien butacas, un museo de títeres y un espacio de encuentro cultural donde poder realizar una programación cultural de alto nivel. Ahora están inmersos en la restauración de una nueva casa para crear un taller para otros titiriteros. Sin duda alguna un nuevo proyecto muy ilusionante. Pero todo ello con un apoyo mínimo por parte de la administración. Ésta es la recompensa que dan nuestros gobernantes al trabajo de unos profesionales reconocidos con el Premio Nacional de la Infancia y la Juventud en el 2009 y valorados por todos los aragoneses que los hemos visto actuar innumerables veces y que tanto nos gustan sus representaciones, tanto niños como mayores.

*Espardir: Difundir.

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El contrapunto lo pone otro lugar en la misma localidad, su pozo árabe. Sin duda merece una visita después de haberse restaurado hace poco. Desde la plazoleta una calle baja en dirección al barranco. La sorpresa llega al acercase. Un gran tejado de madera de gran altura lo cubre tras las obras. ¿Será también de tradición árabe este complemento? Bajo y visito el pozo, que han dejado muy bien. Pero me pregunto ¿Cuánto habrá costado el tejadito? Seguro que con este dineral los titiriteros podrían haber realizado la cubierta de su nueva obra sin tanto esfuerzo por su parte. La indignación me sulse* una vez más. Y para más inri desde la carretera esta nueva estructura triangular, el tejadito, distorsiona la imagen del pueblo. Pero de noche todavía es peor, ya que su iluminación compite con la iluminación de la torre del siglo XI. Vamos un desastre y un derroche, aunque por supuesto la inversión en la restauración el pozo árabe fuera necesaria, pero sin el añadido.

*Sulsir: Corroer.

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