Miliarios en Aragón, marcando las distancias en las vías romanas

Un miliario, también conocido como piedra miliar, es una columna generalmente cilíndrica que se colocaba al borde de las calzadas romanas. Su función era informar de la ubicación y señalar las distancias a grandes ciudades. También era un instrumento de propaganda política, remarcando el emperador que había realizado la obra. Estaban situados cada milla romana. Esta distancia es igual a mil pasos romanos, con la peculiaridad de que ellos contaban un paso como el ciclo completo de un pie, es decir el movimiento de un pie mientras está apoyado el contrario. Esto equivale a una garrada*, o dos pasos de los contemplados en la actualidad. Esta distancia equivale a unos 1.480 metros aproximadamente.
*Garrada: Zancada.

Su altura oscilaba entre los dos y cuatro metros de altura, y su diámetro variaba entre 50 y 80 centímetros. En ellos aparecen inscripciones siguiendo las mismas pautas. En primer lugar el nombre del emperador bajo el cual se había construido o modificado la vía romana. En segundo lugar la distancia a Roma o a la ciudad más importante de la calzada. En tercer lugar el gobernador o unidad militar encargado de realizar las obras. Y finalmente aparecía el término “refecit” o “reparavit” si se trataba de una obra de reparación. Los primeros miliarios conocidos corresponden al periodo final de la República romana, que finalizó el año 27 a.C. La mayor parte corresponden a los siglos I y II, y en menor medida a siglos posteriores. Con las invasiones bárbaras se produjo la caída el Imperio Romano y dejaron de colocarse debido a la falta del mantenimiento de las calzadas romanas.

Las calzadas fueron esenciales para la conquista romana de nuevos territorios. Por ellas además de personas se introdujeron la cultura y política romana. Aragón fue una cruzillada* de vías romanas del nordeste de Hispania. En la época inicial el sistema de comunicaciones romano en el Valle del Ebro se articuló en torno a Ilerda. Desde allí partían las rutas hacia Osca y Celsa. Ésta última tenía un valor estratégico considerable, ya que contaba con un puente para atravesar el río Ebro. Con la fundación de Caesaraugusta hacia el año 19 a.C. y la construcción de un nuevo puente se modifican todos los esquemas viarios. La nueva colonia romana se convierte en uno de los nudos de comunicación más importantes de Hispania.
*Cruzillada: Encrucijada.

Gracias a las fuentes escritas y arqueológicas se puede componer un esquema del sistema viario romano en Aragón. Una de las primeras calzadas construidas fue la Vía Augusta, entre Ilerda y Celsa, una vez fundada esta colonia en el año 4 a.C. Pero posteriormente la ruta Ilerda-Osca-Caesaraugusta se convirtió en la ruta principal. Atravesaba tierras aragonesas procedente de Ilerda, pasaba por Pertusa en dirección a Osca y cruzaba el Ebro a través del puente situado en Caesaraugusta. Desde la capital del Ebro partían dos vías de comunicación con Pamplona, Caesaraugusta-Pompaelo. Una de ellas atravesaba la comarca de las Cinco Villas en dirección al norte, mientras que la segunda de ellas pasaba por la ciudad de Cara (Santacara, Navarra). En dirección a Las Galias y atravesando el Pirineo estaba la vía Caesaraugusta-Beneharnum. Discurría por el Gállego, y atravesaba la cordillera por el puerto de Palo, en el valle de Hecho, o por el actual puerto de Somport. Aunque otros estudios sitúan el trazado de esta vía por las Cinco Villas coincidiendo con la vía romana hacia Pompaelo, y después recorriendo el valle formado por el río Aragón. Otra de las rutas principales, Asturica-Caesaraugusta, pasaba por Bursau (Borja) y Turiaso (Tarazona). Por la ribera del Jalón pasaba la ruta Caesaraugusta-Emérita Augusta pasando por Bílbilis (Calatayud) y Arcóbriga (Monreal de Ariza). Hacia el sur estaba trazada la Vía Laminium, que conectaba Caesaraugusta con Laminio, en Ciudad Real. Finalmente entre las vías principales cabe también añadir la que discurría por el Bajo Aragón en dirección a la costa levantina, que tenía como punto de partida Contrebia Belaisca (Botorrita) y pasaba por Leonica (Mazaléon). Al conjunto de vías principales se añadían otras secundarias que permitían la organización del resto del territorio, comunicando los pequeños núcleos y villas. Aunque en el interior el transporte fundamentalmente se realizaba por las calzadas romanas, también existió el tráfico de mercancías a través del río Ebro. La existencia de esta vía fluvial queda atestiguada por los restos del puerto fluvial de Caesaraugusta. Esta comunicación en conexión con el Mar Mediterráneo tenía la ventaja de ser más fluida y rápida, y además enlazaba con esta importante ciudad en el nudo de comunicación terrestre más importante del noreste de Hispania.


Los restos arqueológicos de la calzada romana propiamente dicha son escasos en Aragón. Sin embargo son abundantes los restos de miliarios, que permiten confirmar el paso de las vías, pero sólo en algunos de los tramos. La mayor concentración de miliarios en Aragón tiene lugar en las Cinco Villas, perteneciente a la vía que comunicaba Caesaragusta y Pompaelo. El primero de ellos es el Miliario de Tiberio, encontrado cerca de Castejón de Valdejasa. Figura en su inscripción la mención a Tiburio quién reparó la vía, que fue trazada por su padre César Augusto. Corresponde la milla XXXV. Se encuentra el Museo Provincial de Zaragoza. El Miliario de Augusto, fue encontrado en el barranco de Valdecarro, cerca del castillo de Sora. En su inscripción menciona a César Augusto y a la legión X Gemina. Corresponde a la milla XXXIIX. Se encuentra en dependencias del ayuntamiento de Ejea de los Caballeros. La tercera piedra miliar de la zona, el Miliario de Tiberio, fue encontrado muy cerca del anterior, y nombra a Tiberio. Se encuentra el Museo Provincial de Zaragoza. Avanzando en la vía romana se alcanza el tramo más abundante en cuanto a restos. El Miliario de Layana fue encontrado cerca de la localidad. Se conserva sólo una parte del mismo donde se puede leer la inscripción referente el emperador Treboniano Galo. Está depositado en el Museo Provincial de Zaragoza. Avanzando por la vía, se alcanza la zona más abundante en restos arqueológicos hallados. Los Miliarios de Sádaba, Castiliscar, Sofuentes y Sos del Rey Católico son un conjunto de una veintena de piedras miliares. Buena parte de ellos fueron cedidos en depósito al Castillo de Javier, y después trasladados al Museo de Navarra. En ellos se nombra Augusto, Adriano, Tiberio, Treboliano Galo, Numeriano, Valeriano, Victorino, Caracalla, Carino, Constantino, Constancio Cloro y Licino. Debido a su estado de deterioro, y al no encontrarse íntegros, sólo se han podido ubicar la posición de cuatro de ellos, correspondientes a las millas LXV, LXIIX, LXX y LXXV. Y según algunos estudios el trazado de la vía Caesaraugusta-Beneharnum coincidía con este trazado, recorriendo el valle del Aragón y después atravesaba el puerto de Palo. A los pies de este dificultoso paso pirenaico, en el monasterio de Siresa, se conserva una lápida conmemorativa en mármol blanco fechada en el año 383. En ella se relata los problemas de mantenimiento de la vía romana, “Viam Famosam” que atravesaba el puerto de Palo “Summo Pyreneo”. Sin embargo el actual puerto del Somport era un paso mucho más fácil, y su actual nombre parece derivar de este término. A escasos metros de la frontera fue encontrado el Miliario de Somport que se conserva en un museo de Olorón.

En la vía romana procedente de Ilerda y en dirección a Osca se han encontrado tres piedras miliares. El Miliario de Tamarite de Litera fue encontrado en la partida Valbona, muy cerca de tierras catalanas. En la inscripción hace referencia a Tiberio, y marca la milla 246. Se encuentra en el Museo Arqueológico de Estudios Ilerdenses. El Miliario de Binaced fue hallado en la partida Torredella. Es de la época de Valeriano. Se encuentra en los jardines de una finca particular de la localidad. El tercero de ellos fue encontrado cerca de la carretera que une Ilche y Berbegal, y aporta escasa información ya que son escasas las letras esculpidas que se pueden leer, aunque sirve para localizar el paso de la calzada romana. Se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza.

En el trazado de la vía Augusta que conectaba Ilerda con Celsa se han encontrado restos de varios miliarios. En Torrente de Cinca fueron encontrados tres de ellos por Juan Bautista Labaña en 1611. También encontró otra piedra miliar en la ermita de San Bartolomé en Candasnos. Se sabe de su existencia por los dibujos realizados, aunque estén desaparecidos los miliarios. En Cardiel fue hallado otro, el cual lo conserva su descubridor Aurelio Izquierdo. Y en Peñalba fue encontrado otro más, que también está desaparecido. A todos ellos se ha añadido más recientemente uno que con toda probabilidad fuera encontrado en las inmediaciones de Villa Fortunatus, en Fraga. Se conserva una pequeña parte y está depositado en una vivienda de La Iglesuela del Cid.

Otros miliarios encontrados de manera aislada son el Miliario de Domiciano, en Lucena de Jalón, cerca de Nertóbriga (La Almunia de Doña Godina). Y finalmente el Miliario de Augusto, hallado en Gallur. Este último es un fragmento que no está localizado en la actualidad.

Del sistema viario romano en Aragón, además de los restos de los miliarios, todavía se conserva la huella dejada en el topónimo de unas cuantas localidades. De los términos latinos “tertius”, “quartus”, “quintus”, “septimus”, “octavus” y “nonus” han derivado los nombres de algunos pueblos aragoneses. Están ubicados en torno a las dos ciudades romanas más importantes. En los alrededores de Huesca, la antigua Osca romana, se encuentran Tierz, Cuarte, Siétamo y Nueno. En la vía secundaria que comunicaba Osca con Barbastro estaban situadas dos de ellos. El topónimo de Tierz proviene de «tertium milliarium». Esta ubicada la localidad a tres millas de Osca, a unos cuatro kilómetros y medio distancia. En la actualidad este pequeño pueblo ha sufrido un aumento demográfico notable debido a la cercanía de la capital oscense, con la construcción de un buen número de viviendas unifamiliares, acompañadas de otros equipamientos. El núcleo principal cuenta con una pequeña plaza donde se alza la modesta iglesia de la Asunción.

Más adelante, en la misma calzada romana, está Siétamo que hace referencia al “septimum milliarium” de los romanos, a unos 10 kilómetros y medio de Huesca. En este lugar estuvo el palacio-castillo del conde de Aranda, lugar de nacimiento en 1718 Pedro Pablo Abarca de Bolea, noveno Conde de Aranda, y ministro de Carlos III. Se trata de uno de los personajes más importantes de la Ilustración española. Se conservan escasos restos del palacio, y parte de la muralla del castillo. En el centro de la localidad se abre una gran plaza donde se alza la iglesia de San Vicente, la Casa Almudévar y el nuevo ayuntamiento construido tras el paso de la guerra civil.

Partiendo de Osca y siguiendo el curso del río Isuela, una vía secundaria la conectaba con los Pirineos. A una distancia de unos trece kilómetros y medio, es decir, nueve millas romanas, se localiza Nueno. Su topónimo procede de “nonum milliarium”. Las viviendas de la localidad se alojan en una ladera orientada al sur, ofreciendo una bella estampa desde la autovía mudéjar. En la parte alta sobresale la iglesia de San Martín, con su torre mudéjar.

La última de las localidades cuyo nombre describe su distancia en millas a la capital oscense es Cuarte, el “quartum milliarium”, a una distancia de unos seis kilómetros. Se trata de un pequeño enclave situado al sur de Huesca y cerca de la alberca de Loreto. De la modesta iglesia parroquial de la Natividad despunta una torre de planta cuadrangular de sillería.

Alrededor de la antigua Caesaraugusta aparecen otras tres poblaciones con topónimo de un numeral romano: Cuarte de Huerva, Utebo y Quinto. En el “quartum milliarium” de la vía Laminium está la localidad de Cuarte de Huerva. Se ubica a una distancia de seis kilómetros de la ciudad romana de Caesaraugusta. El nombre de esta vía procede de su destino, la ciudad de Laminio, que estuvo situada en la provincia de Ciudad Real. Esta pujante población del valle del Huerva sobresale por su desarrollo urbanístico, ligado a la actividad industrial. Su centro neurálgico es una moderna plaza porticada, en cuyo extremo se alza el moderno edificio del ayuntamiento.

En la vía romana principal que remonta la ribera derecha del río Ebro está situada la población de Utebo. La “octavum milliarium” marca una distancia de ocho millas, es decir, doce kilómetros a la capital del Ebro. Esta localidad ha sufrido un importante crecimiento demográfico gracias a su excelente ubicación en el corredor del Ebro. De su casco antiguo destaca la magnífica torre mudéjar de su iglesia parroquial, uno de los ejemplos más bellos ejemplos de Aragón.

Y para finalizar el recorrido hay que trasladarse a unos cuarenta kilómetros de Zaragoza. El topónimo de Quinto procede del “quintum milliarium” que marca la distancia entre Celsa, una colonia romana enclavada junto al pueblo de Velilla de Ebro, y Caesaraugusta. A siete kilómetros y medio de Celsa se levantó un pequeño campamento militar, origen del actual pueblo. En su traza urbana destaca la calle principal en cuyos extremos conserva los tradicionales portales-capilla. Y en la parte alta conserva el Piquete, la antigua iglesia que tras la restauración se ha convertido la sede del Museo de Momias de Quinto. La fábrica de ladrillo se culmina con una tradicional galería de arcos de medio punto. Y la torre de planta cuadrada se embellece con el trabajo mudéjar de decoración a base de ladrillo.

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Petilla de Aragón, de Navarra por una deuda no saldada

En el extremo noroccidental de Aragón, es decir, en la parte superior izquierda del mapa, aparecen dos pequeños puntos que corresponden a Petilla de Aragón. Su peculiaridad radica en que se trata de un municipio navarro rodeado de tierras aragonesas. El término municipal tiene una superficie de 27,55 km2, y está compuesto por dos islas: la principal donde se emplaza el pueblo y otra menor conocida como Baztán de Petilla o Los Bastanes. A la de mayor tamaño se accede por una única carretera de acceso que parte de Navardún. Está surcada por el barranco de la Rinconera, afluente del río Onsella, por cuya parte baja se introduce la carretera. El casco urbano se emplaza a unos 17 kilómetros de Sos del Rey Católico, en una ladera a media altura. El territorio que lo circunda esta formado por laderas escarpadas cubiertas de arbolado, sin apenas espacio para las tierras de cultivo. Como divisoria al sur se alza una pequeña cordillera coronada por molinos eólicos y cuyo punto más elevado es el monte Selva con 1159 metros de altitud.  vistageneral_petillaaragon

Con respecto al término de los Bastanes, se accede a éste desde la carretera que une Uncastillo con Sos del Rey Católico, a unos 11 kilómetros de éste último. Una pista surca el barranco de Bastanes, mucho menos agreste que el anterior.

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Su escudo heráldico usado desde el año 1953 demuestra la situación del municipio entre Aragón y Navarra. Representa el escudo de Aragón, con las armas de Navarra superpuestas en su parte central. Petilla perteneció a Aragón hasta el siglo XIII. Entonces tuvo lugar el hecho que marcó su historia. El rey Pedro II de Aragón pidió un préstamo de 20.000 maravedíes al rey navarro Sancho VII El Fuerte. A cambio dejó como señal los castillos de Peña, Gallur, Ascó y Petilla. Las tierras y posesiones se quedaron en manos de Ximeno de Rada hasta que los aragoneses no devolviesen la deuda contraída con un plazo de veinte años. Jaime I El Conquistador no pudo devolver el préstamo, y en 1231 Petilla pasó a formar parte del reino de Navarra. En el año 1312 Aragón intenta recuperar por la fuerza el enclave. Los habitantes aguantaron el asedio y con la ayuda de los de Sangüesa consiguieron repeler el ataque. Fueron recompensados por su fidelidad como navarros por el rey Carlos II de Navarra con la reducción de impuestos. A lo largo de la historia Petilla de Aragón siempre ha mantenido sus privilegios necesarios por su condición geográfica y administrativa, perteneciente a Navarra, pero aislada en territorio aragonés. Sin ellos hubiera sido inviable el mantenimiento del asentamiento. Aún así la peor situación se ha dado en los últimos siglos. Petilla de Aragón ha sufrido un descenso demográfico alarmante, pasando de los 662 habitantes en 1860 a los 35 censados en el año 2014. En los últimos años la población se ha estabilizado a la vez que se han realizado mejoras notables en las infraestructuras de la población.

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El hecho más notable en la historia reciente de la población fue el nacimiento de su más ilustre vecino, Don Santiago Ramón y Cajal. Sin embargo este hecho fue puramente accidental. Su padre Justo Ramón Casasús era natural de Larrés, población cercana a Sabiñánigo. Tuvo que ayudar a sus padres desde pequeño y con tan sólo 16 años, se desplazó a Javierrelatre donde se puso a trabajar como aprendiz de un cirujano. Este primer contacto con la medicina marcó la trayectoria profesional para toda su vida. Completó sus estudios en Zaragoza y Barcelona regresando a su población natal. En 1849 se casa con Antonia Cajal y la pareja se establece en Petilla de Aragón, donde Justo consiguió plaza de merico*. En esta localidad navarra es donde tendrán a su primer hijo, el 1 de mayo de 1852. Santiago residió en su población natal tan sólo 17 meses, ya que en octubre de 1853 la familia regresa a Larrés donde Justo trabaja durante dos años. En este periodo nace su hermano Pedro. Después se trasladan a Luna, en la provincia de Zaragoza; y más tarde a Valpalmas, donde nacerán sus hermanas Pabla y Jorja. Tras sacarse el título de Medicina y Cirugía en Madrid solicita el partido médico de Ayerbe. Se lo conceden y se trasladan a vivir a esta localidad de la provincia de Huesca. Finalmente la familia Ramón y Cajal se traslada a Zaragoza en 1870 donde Justo obtiene el puesto de médico de la Beneficencia Provincial y el cargo de Profesor Interino de Disección en la Universidad de Zaragoza.

*Merico: Médico.

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Santiago Ramón y Cajal tuvo una personalidad muy despierta en sus primeros años de vida. Activo, ingenioso y asombrado por los espectáculos de la naturaleza y los nuevos avances de las ciencias. A ello se unía una intensa afición a la lectura y una gran capacidad para el dibujo y la pintura. Su padre, muy estricto y pragmático, ejerció una notable influencia para que estudiase Medicina. En 1869 obtuvo su título de bachiller y se trasladó a Zaragoza. Al año siguiente comenzó sus estudios universitarios de Medicina, licenciándose en 1873. Entre 1887 y 1903 lleva a cabo sus más espectaculares descubrimientos sobre las estructuras nerviosas. Precisamente su “año cumbre” fue 1888, demostrando por primera vez la relación de contigüidad y no de continuidad entre las células nerviosas. Desde entonces se sucedieron premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Santiago Ramón y Cajal recibe en 1906 el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la fisiología de las células nerviosas. Durante toda su vida se dedicó a la investigación, así como la formación de sus continuadores. Su figura representa la cota más alta alcanzada por la ciencia española.

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Ramón y Cajal se consideró siempre aragonés. Se trasladó a tierras aragonesas ya de muy niño, y toda su infancia está íntimamente ligada a la tierra y al carácter aragonés. Se educó y realizó sus estudios superiores en Aragón. A todo ello se añade la procedencia de sus padres, que lo vincularon afectivamente para siempre con su tierra de adopción. En su libro “Páginas de mi vida” relata la única visita que realizó a su pueblo natal. Lo describe como “uno de los pueblos más pobres y abandonados del Alto Aragón, sin carreteras ni caminos vecinales que lo enlacen con las vecinas villas aragonesas de Sos y Uncastillo”. El viaje de tres etapas le condujo a Jaca y después a Berdún y Tiermas. Su última etapa sobre un macho* le permitió llegar a la “aldehuela humilde donde nací”, de la cual no tenía recuerdo alguno. A pesar de que pensaba que nadie le conocería una anciana al llegar lo identificó por el parecido con su padre. Y el cura y los representantes municipales le esperaban en la plaza ya que habían barruntado su visita. La hospitalidad de sus paisanos hizo agradable su breve estancia. Le llevaron a ver las ruinas el castillo, los bosques de la sierra y la ermita donde le agasajaron con una merienda. También le enseñaron la casa donde nació “fábrica ruinosa casi abandonada, albergue hoy de gente pordiosera y trashumante”. “Al despedirme de los rudos pero honrados montañeses, mis paisanos, oprimióseme el corazón: había satisfecho un anhelo de mi alma, pero llevábame una gran tristeza. Cierta voz secreta me decía que no volvería más por aquellos lugares; que aquella decoración romántica que acarició mis ojos y mi cerebro al abrirse por primera vez al espectáculo del mundo no impresionaría nuevamente mi retina; que aquellas manos de ancianos, ennoblecidas con los honrosos callos del trabajo, no volverían a ser estrechadas con efusión entre las mías”.

*Macho: Mulo.