Pico Petrechema, testigo mudo del nacimiento de Aragón

El Pico Petrechema se emplaza en la cabecera del valle de Ansó, es decir, en el extremo más noroccidental de Aragón. Está enclavado en la actual frontera entre Francia y España. Y se alza a 2.371 metros de altitud. Desde su posición privilegiada fue testigo mudo del nacimiento de Aragón.

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El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales ha recibido el vasco numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Cualquiera que sea su origen, lo que sí está documentado es la primera vez que aparece escrito Aragón. Se trata de un documento del monasterio de San Pedro de Siresa datado entre los años 828 y 838. En él se hacía referencia al territorio gobernado por Aureolo. Este monasterio fundado hacia el año 820, estuvo articulando eclesiásticamente los nuevos territorios del incipiente Aragón. Pero también constituyó un centro cultural que influyó de manera determinante en los aspectos políticos, sociales y culturales.

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Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un amanamiento* al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramimo I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.

*Amanamiento: Acercamiento.

Una sencilla excursión permite el ascenso a esta cumbre para cualquier senderista. La ruta parte del refugio de Linza, emplazado en la cabecera del valle de Ansó. Desde la población parte la carretera que recorre el angosto valle surcado por el río Veral. Al alcanzar Zuriza se abre y surgen amplios pastizales. Desde este punto parte la pista forestal que conduce hasta el refugio. En sus instalaciones cuenta con alojamiento, bar y restaurante. La senda arranca desde el fondo del aparcamiento, ascendiendo por una ripa*.

*Ripa: Ladera.

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Tras media hora de ascenso se alcanza una depresión atravesada por el arroyo de Linza. Siguiendo las marcas del sendero de gran recorrido se supera una zona rocosa. A la hora y media de caminata se alcanza el Cuello de Linza. Desde este punto las vistas son espectaculares, con la vista al frente de la Mesa de los Tres Reyes, punto en el cual coinciden los territorios de Aragón, Navarra y Francia.

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A la derecha parte el sendero que se encamina al Pico Petrechema. En un primer tramo el trazado es tendido y suave. Al llegar a un pequeño collado se gira a la izquierda. Sólo resta subir por la amplia loma a cuyos lados hay laderas bastante empinadas que permiten vistas muy amplias. Después de tres horas de caminata se alcanza la cumbre, a 2371 metros. La sorpresa queda justo a unos metros. Separado de un descomunal desfiladero muy profundo se alza la aguja de Ansabere, un gigantesco mallo de similar altura, prácticamente inaccesible, y que se descuelga sobre un valle posterior mucho más deprimido. Su altura es ligeramente superior, 2377 metros. El nombre de Petrechema proviene del término piedra gemelas (pietragema), en referencia a las dos cumbres cercanas aunque no iguales. Desde la cumbre las vistas son amplias en todas las direcciones. Los montañas más elevadas están en dirección al este, con el Bisaurín, el Aspe y el Midi d´Ossau. Y desde este punto fronterizo entre Francia y España se divisan tierras francesas, aragonesas y navarras.

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Los dominios de la abadía de la Selva Mayor

En estos días he disfrutado de varios días de vacaciones en Francia. Me gusta también conocer mundo. He visitado el departamento francés de la Gironde, perteneciente a la región de Aquitania, cuya capital es Burdeos. Entre mis anotaciones de lugares para visitar estaba la abadía de la Selva Mayor (Sauve-Majeure), que tenía entendido que estaba relacionada con la historia de Aragón. Me sorprendió mucho el lugar, ahora en ronal*, pero que conserva buena parte del patrimonio artístico que tuvo. Fue fundado por el futuro monje Gerardo en el año 1079. Se convirtió en un importante monasterio, y en el siglo XII dependían de esta abadía más de 70 prioratos repartidos entre Inglaterra y Aragón. El lugar es precioso, rodeado de inmensos bosques que desbrozaron los monjes para crear zonas de pasto y viñedos, en el centro de la zona vitivinícola de Burdeos. Crearon una orden religiosa que sirvió de protección para los peregrinos en su camino hacia Santiago de Compostela. Y poco a poco participaron en las guerras contra musulmanes en tierras navarras y aragonesas. A medida que iban participando en la toma de nuevos territorios fueron estableciendo prioratos bajo la orden de la abadía francesa en Tiermas, Escó, Ruesta, Uncastillo y Pradilla del Ebro, fijando el priorato principal en Ejea de los Caballeros, cuya localidad fue conquistada definitivamente por Alfonso I el Batallador en el año 1106. En sucesivas campañas del rey aragonés recibió la ayuda de los frailes de la abadía de la Selva Mayor, donándoles parte de las plazas conquistadas. En el año 1118 conquista Zaragoza, apoyado por las tropas aquitanas. Los monjes llegaron a Alcalá de la Selva, en Teruel, y Alfonso II de Aragón dona el castro de Alcalá al priorato de San Salvador de Ejea. Debido a la lejanía de la abadía francesa se creó en este lugar años después la Orden de Alcalá de la Selva, tomando así la población el apellido de la Selva. Al principio ésta dependió directamente del priorato de Ejea, pero en el siglo XIII pasó a depender directamente de la abadía de la Selva Mayor. La orden militar aglutinó numerosas posesiones donadas por los reyes aragoneses Alfonso II, Pedro II y Jaime I, pero también del rey castellano Fernando III, gracias al apoyo en la reconquista en tierras aragonesas, valencianas y castellanas. El declive de la orden militar hizo que el castillo de la población fuera vendido definitivamente a Juan Fernández de Heredia en 1376, desapareciendo su vinculación con la abadía francesa.

*Ronal: Ruinas.
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Después de la explicación histórica para ver la relación de esta importante abadía con Aragón queda la visita al lugar, que me gustó muchísimo. Tras pagar la entrada se accede a corta distancia a la iglesia abacial. Un gran arco abierto da acceso a su interior donde el suelo está cubierto por un manto verde. Se conservan los muros de sus tres naves. Al fondo está la cabecera, la parte más completa y antigua de la iglesia. Cuenta de ábside central más profundo y cuatro ábsides menores más, dos a cada lado, donde se conservan las bóvedas de medio cañón. En los capiteles aparecen múltiples representaciones bíblicas y de monstruos orientales. Una verdadera joya escultórica. Y conserva íntegra su torre a la que se puede subir tras remontar los 157 peldaños de su escalera de caracol. Desde arriba se divisa el paisaje verde de la redolada*. Del resto de espacios del monasterio apenas se conserva los muros del refectorio. En un pequeño museo se conservan más restos decorativos de la abadía.

*Redolada: Alrededores.
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