Rodén, un pueblo de alabastro en ruinas

Rodén es una modesta población situada a los pies de un pequeño río, el Ginel. El fértil valle une los términos de Mediana de Aragón y Fuentes de Ebro, con Rodén en el punto intermedio. En la actualidad es una pedanía que depende del ayuntamiento de Fuentes de Ebro, donde viven una veintena de vecinos, cuya historia cambió de manera drástica con el paso de la guerra civil española.

Durante siglos Rodén formó parte de un señorío del Arzobispo de Zaragoza junto a otras catorce localidades dispersas por las provincias de Zaragoza y Teruel. A mediados del siglo XIX, según el diccionario de Madoz, albergaba 83 casas. Contaba con ayuntamiento propio, además de escuela, comercios y molinos de harina y aceite. Su economía se basaba en el cultivo de trigo, cebada, avena, viñas, olivos y trunfas*.

*Trunfa: Patata

Con el avance republicano en la contienda, sus doscientos habitantes abandonaron por completo la población por su propia seguridad. No volvieron todos, pero los que lo hicieron se encontraron con su pueblo en un estado desolador, tan sólo siete meses después de su partida. Apenas unas pocas casas en pie y el resto en una situación lamentable. Dicen que aprovecharon todos los materiales que pudieron para las cruentas batallas libradas en los pueblos cercanos, entre ellas la de Belchite. Quizás también fuera bombardeado o masacrado por la artillería. Lo cierto es que el pueblo estaba en unas pésimas condiciones, sin luz eléctrica ni agua. Allí se alojaron como pudieron los antiguos vecinos. En la década de los cuarenta el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones descartó la reconstrucción del pueblo debido a su estado y agreste ubicación. Eligieron el espacio situado a los pies de la elevación y allí construyeron diez viviendas, aunque algunos vecinos tuvieron que levantarlas por sus propios medios debido al retraso de las obras. Además se construyó una nueva iglesia, la casa del maestro y la escuela.

A lo largo de los años Rodén el Viejo, como así se denomina al antiguo casco urbano, se ha ido degradando poco a poco. En la actualidad apenas quedan los muros de la iglesia parroquial, el castillo y algunas fachadas de viviendas. A finales de 2012 se constituyó la Asociación Torre Rodén. A lo largo de estos años se ha realizado un gran trabajo por sus integrantes para poner en valor la historia del pueblo y evitar que el paso del tiempo elimine más huellas de lo que fue esta localidad. En estos años se han organizado cursos, jornadas de patrimonio, carreras populares e intervenciones de señalización. Uno de los primeros logros fue la esbielladura* de la torre de la iglesia, con el apoyo de APUDEPA (Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés). La intervención fue sufragada por la Diputación Provincial de Zaragoza, con un coste de 30.000 euros. Se restauraron parte de las fachadas y la cubierta, obras que fueron inauguradas en septiembre de 2014.

*Esbiellar: Restaurar, renovar.

El siguiente paso firme para la dignificación de Rodén el Viejo fue la aprobación de la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de conjunto histórico, en abril de 2017. Junto con lo núcleos de Belchite (Zaragoza) y Corbera de Ebro (Tarragona) son los únicos municipios españoles donde se conserva al huella de la guerra civil. Sin embargo Rodén era el único de los tres que no contaba con la máxima protección del patrimonio concedida en España. Esta declaración obliga al ayuntamiento de Fuentes de Ebro a aprobar un Plan Especial de Protección para el núcleo viejo del pueblo. La idea no es su reconstrucción, sino la intervención para la consolidación de los restos, los cuales están en peligro. Precisamente a finales de 2016 se produjo el último derrumbe de parte del castillo árabe.

Desde lejos la vista del casco urbano impresiona, coronado por la torre de la iglesia y las ruinas de las viviendas sobre el cerro. Acceder al núcleo es sencillo gracias a la pista asfaltada que conduce el cementerio, como continuación de la única calle de Rodén. Al atravesar las lomas desprovistas de vegetación se pone en antecedente de cómo se construyeron sus edificaciones. El material básico fue el alabastro, utilizado para levantar los muros y unido por argamasa y lucido por yeso.

Un pueblo erigido de este material que aflora en el paisaje y que el paso del tiempo va devolviendo a su lugar de origen, mezclado con la tierra de donde se extrajo por sus habitantes hace siglos. Destaca además que las piedras apenas fueron esculpidas para su uso, y se utilizaron con su forma natural, rejuntándose con argamasa y enluciéndose para realizar el acabado. Ahora la ruina permite ver el interior de las construcciones desnudas. Un paseo por el pueblo permite apreciar que el alabastro forma parte de todos los muros, en los que apenas se utilizó el ladrillo.

En las casas el único color que rompe con el blanco y el gris es el azulete, un color típicamente aragonés usado en el pintado de las fachadas de las viviendas.

En la parte más elevada se alza la iglesia de San Martín. Su construcción pudiera remontarse al siglo XVI, aunque su estado actual y la falta de documentación impiden fecharla con seguridad. Conserva los altos muros de su única nave que se cierra con ábside poligonal. Carece de cubierta, pero se intuye que la bóveda original fuera de crucería estrellada a juzgar por las ménsulas decoradas en yeso que aún conservan, y de las cuales partían los nervios. Posteriormente fue sustituida por una bóveda de medio cañón. Todavía se conservan los restos de altares de factura posterior a la obra inicial. A los pies se alza el coro en alto como así lo atestigua el arranque de la columna que lo sostenía.

En cuanto a la torre, es el elemento mejor conservado tras su reciente restauración. Es de planta cuadrada y carece de elementos decorativos. Su rudeza se muestra a través de los sillares de alabastro ligeramente tallados que conforman su estructura que se cubre con tejado a cuatro aguas.

La portada fue realizada en ladrillo. Un arco apuntado engloba el acceso compuesto por un arco rebajado y los restos de una hornacina. Tanto la portada como los arcos apuntados de ladrillo de la nave son las escasas excepciones al alabastro como elemento constructivo básico de la iglesia parroquial.

A escasos metros se alzan los restos del antiguo castillo de origen musulmán, y que también cuenta con alabastro como elemento principal en su construcción. De su estructura en ruinas es difícil imaginar cómo era. Se conserva una estancia cubierta por bóveda de medio cañón, reforzada con un arco de ladrillo, abierta por los dos extremos.

Todavía estamos a tiempo de poder romper con el triste devenir de Rodén. Un pueblo mimetizado con el medio que lo rodea, ya que fue erigido con el alabastro del cual se compone la tierra en la que se asienta. En nuestra mano, en la de las administraciones y en la de los voluntarios, está que podamos invertir este proceso de degradación. El objetivo mantener las ruinas de un pueblo salpicado por la guerra civil, en la que afortunadamente no hubo víctimas, pero sí muchas vidas truncadas. Una contienda que arrebató a la fuerza los orígenes de muchos de los habitantes del antiguo Rodén.

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El campo de concentración de San Juan de Mozarrifar

Hace poco decidí dar un paseo por San Juan de Mozarrifar, en busca de los restos de un episodio negro en su historia. Este barrio zaragozano está situado a unos ocho kilómetros de Zaragoza. Surgió tras la reconquista como un asentamiento de la Orden de San Juan de Jerusalén. En su primera mención documental que data del año 1204 aparece nombrado como Mecarrifal, de clara procedencia árabe. Estas tierras fueron habitadas por musulmanes, los cuales dejaron como herencia los sistemas de regadíos todavía hoy en funcionamiento. En el primer documento ya se hablaba de una iglesia, con viviendas diseminadas en el campo conocidas como torres. A partir de los años cincuenta el barrio sufre un cambio urbanístico notable. La construcción de la nueva iglesia en el año 1955 sirve de polo de atracción para la ampliación del casco urbano. En la actualidad aglutina a unas dos mil quinientas personas debido al boom residencial de las últimas décadas.

Su economía se ha basado desde siempre en la agricultura, gracias a la fertilidad y facilidad de riego de sus tierras. Pero también la industria ha sido determinante en su historia. Contó la localidad con cuatro tejerías, siendo la de Almorín y Gabás la más importante y manteniendo su actividad hasta los años 70. Junto a ella estuvo la papelera de Las Navas, que cerró en los años 20. Este sector industrial, muy próximo al casco urbano, se reactivó en los años sesenta con la construcción del polígono industrial de Las Navas, instalándose unas cuarenta pequeñas empresas alojadas en naves.

iglesia_sanjuanmozarrifar

Su epicentro es la plaza España, donde se concentran buena parte de los servicios y comercios de este barrio zaragozano. Avanzando por la calle del Comercio, antes de abandonar la localidad, a la derecha se accede al polígono de las Navas. Varias calles con naves industriales ubicadas de una manera desordenada y con un aspecto en clara decadencia van apegando* un ambiente mucho más oscuro. Mi objetivo era conocer lo que quedaba del antiguo campo de concentración que aquí hubo.

*Apegar: Contagiar.poligonoindustrialnavas

Su historia se remonta al desmantelamiento de la papelera de las Navas, cuyas instalaciones fueron acondicionadas como cuartel para un batallón de tropas italianas.  Con la toma del norte de España por las tropas franquistas, hubo un aumento de presos de guerra que no podía asumir el campo de concentración emplazado en el Acuartelamiento de San Gregorio. En enero de 1938 se decide crear este nuevo campo de concentración. Aquí llegaron presos republicanos procedentes de la batalla de Teruel, batalla del Ebro y conquista de Cataluña hacinados en vagones de bistiar* sin ventilación ni luz, que eran trasladados por la noche. En ese mismo año ya estaba preparado para albergar 3.000 presos, pero seguro que hubo muchos más debido a las intensas campañas militares en toda la península. Las mudas paredes de estos edificios seguro que pueden contar innumerables historias y vivencias de unos presos producto de la represión durante la Guerra Civil. Su único delito fue pertenecer al bando opuesto al dictador Francisco Franco. Estas instalaciones estuvieron en activo desde 1938 hasta finales de 1943, pasando por aquí miles de personas que vivieron en penosas condiciones. Después se mantuvo un acuartelamiento, y más tarde todo quedó en el olvido. Sin embargo todas las personas que estuvieron aquí no olvidaron nunca su estancia en este lugar.

*Bistiar: Ganado.

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Se trata de un edificio fácil de localizar, de cuatro plantas, en la calle de la Torre del Rosario. Después de haber leído el libro “El campo de concentración de San Juan de Mozarrifar” del autor Ramón F. Ortiz, y de imaginar lo que se vivió en este espacio la sensación no es nada agradable. Me encontraba dentro del antiguo recinto, el cual estuvo delimitado por un tapia de ladrillo y alambradas. De los nueve edificios aproximadamente con los que contó, todavía se conservan dos de ellos alineados en la calle. El edificio principal cuenta con cuatro plantas, y amplios ventanales en los pisos centrales. En la planta baja estaba la enfermería y en la más alta las celdas. El resto de las instalaciones contaba con amplias salas donde se agolpaban los reclusos, que dormían en el suelo. Alineado en la misma calle se conserva otro de menor altura, que servía como vivienda a los capitanes. A pesar del paso del tiempo ambos edificios conservan su antigua fisonomía, aunque su interior fue reformado para uso industrial y como viviendas eliminando las huellas de su función carcelaria. Sin embargo su actual estado no hace sino recordar los tristes hechos que aquí se vivieron durante el siglo pasado.

fachada_papeleranavas