Aldehuela de Liestos, una lección de cariño y buen hacer

El sábado pasado acudí con unos amigos a visitar un rinconcito de Aragón, como otros muchos prácticamente desconocido, esos que tanto me gustan. ¿Acaso habías oído el nombre de Aldehuela de Liestos alguna vez? Pues existe y está en Zaragoza, en la cabecera del río Piedra. Kilómetros más abajo miles de turistas se agolpan en el monasterio de Piedra, y sin embargo aquí es muy difícil ver algún forano*. Las Hoces del Río Piedra son un paraje natural espectacular, escondido en un paisaje poco atractivo, pero muy accesible para todo el mundo. Dos horas de paseo atravesando un cañón esculpido por las aguas del río, que ahora sólo recorre el agua cuando llueve. El atractivo en sí no es el cauce sino la vegetación que ocupa el fondo del barranco y sus paredes rocosas. Hace medio año el sendero fue acondicionado por la empresa Prames, que como de costumbre ha realizado un excepcional trabajo para disfrutar de este paraje, respetando el medio ambiente. Gracias a ello se puede acceder a uno de los mejores tramos de las hoces, ofreciendo lugares de descanso, informando de la vegetación, señalizando los cruces y construyendo un mirador desde el cual la vista de las hoces deja atónito la visitante. Además acudir en otoño ofrece un aliciente más, la variedad de colorido de los árboles de hoja caduca que alberga el paisaje. Chopos, arces y fresnos varían el color de sus hojas desde el verde, pasando por el amarillo, naranja y rojo. Este lugar no tiene nada que envidiar al otoño de Ordesa, el Moncayo o Añisclo. Y con la ventaja de que aquí puedes disfrutar de ello a solas con la naturaleza.

*Forano: Forastero.

mirador_hocesriopiedra

Sin embargo la tarde nos deparó otra sorpresa. Comimos en un merendero situado en un parque, a la entrada de Aldehuela de Liestos. Y como vimos un letrero del centro social a la entrada del pueblo, decidimos tomarnos un café. Un sencillo pueblo, donde a pesar de sus cincuenta habitantes censados vimos gente por sus calles, y sobretodo dentro del bar, echando la partida y charrando. Enseguida el alcalde, Arcadio Muñoz, que conocíamos por sus apariciones televisivas mostrando las hoces y el cine de su pueblo, se ofreció a enseñarnos el interior de la iglesia. Su interior completamente restaurado estaba espléndido y se apresuró a enseñaros dos cuadros de Francisco Bayeu, tras su recuperación de la falsa* del ayuntamiento y su restauración. En unos minutos la conversación nos atrapó relatando la manera de gobernar de un verdadero político. Funcionario de carrera, se dedica a esta labor sin sueldo alguno y con el objetivo de ver mejorar su pueblo, donde vive. En sólo unos años nos contó todas las mejoras que había conseguido, todo ello según el sentido común. La economía municipal está totalmente saneada; hasta que no tienen los dineros no hacen las obras. Todo adecuado a la población que tienen, sin grandes obras ni infraestructuras que luego no se puedan mantener o que no se usen. Resumiendo, sin desperdiciar el dinero, venga de donde venga, y haciendo partícipes a sus vecinos de los logros. Un modo de proceder en la política tan ejemplar como difícil de ver en la mayor parte de los políticos que nos gobiernan. Así nos va ahora, tras décadas de despilfarro, mala gestión y malversación de fondos públicos. La visita se prolongó hasta la casa consistorial. En el salón de plenos está la biblioteca y se realiza el cine infantil para el verano. Junto al ayuntamiento se encuentra el centro social, lugar de reunión para los vecinos abierto todos los días del año. Allí incluso celebraban algún pleno del ayuntamiento. Pero mientras sus palabras nos atrapaban por su entusiasmo y por nuestro interés por un pueblo tan bien gestionado, nos llevó al pabellón multiusos. Una sala perfectamente insonorizada que servía para todo tipo de actos, y para comidas para 250 personas, ya que al pueblo todavía siguen acudiendo los antiguos vecinos que conservan sus casas en buen estado. Pero lo más sorprendente es que estaba equipada para proyectar cine en 3D a sus vecinos, con la puesta en pantalla de cine de calidad y de actualidad, llevando la cultura a este pueblo tan pequeño y tan escondido de la provincia zaragozana. Incluso nos hizo una prueba de la acústica de la sala, algo sorprendente y para lo cual sería necesario acudir a Zaragoza, y sin embargo aquí lo tienen en su pueblo.

*Falsa: Desván.

arcadiomuñozPero la visita no terminó aquí, ya que a la salida nos entrepuzamos* con una persona mayor que venía de recoger los frutos de su huerto. Enseguida el alcalde nos dijo que era cantautor e insistió en que nos cantara el himno del pueblo, que había compuesto él. Accedió sin mucho vacilar, y le acompañamos a su casa. Santiago Muñoz ha compuesto muchas canciones, entre ellas una que los mismos vecinos han instaurado como el himno de Aldehuela, igual de democrático y de sentimental que la elección del himno de Aragón, vamos. Pero además ha grabado un disco “Alegrías del Pueblo” con veintidós temas de composición propia en los que alterna poemas, jotas y bellas canciones en las que transmite felicidad y contagia el sentimiento de la búsqueda de una vida más agradable. Entramos a su casa y sacó la guitarra. En su pequeño cuarto de estar, nos agolpamos todos en silencio para escuchar a Santiago, con su indumentaria de hortelano, su guitarra y su voz, algo trastocada por algún resfriado pero con la que supo transmitir su peculiar entonación y el buen tañer de su guitarra. Todo ello sin haber estudiado nada de música. Salimos de su casa tras una agradable conversación repasando más cosas de su vida y del pueblo, con el disco en la mano que pudimos llevarnos a nuestra casa, como excelente recuerdo de esta jornada en Aldehuela de Liestos. El cariño recibido en este pueblo será difícil de olvidar, así como el ejemplo del buen hacer de uno de los pocos políticos que ejercen una profesión totalmente desvirtuada, la cual sufrimos a diario todos los ciudadanos.

*Entrepuzar: Tropezarse.

santiagomuñoz

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