Pico Petrechema, testigo mudo del nacimiento de Aragón

El Pico Petrechema se emplaza en la cabecera del valle de Ansó, es decir, en el extremo más noroccidental de Aragón. Está enclavado en la actual frontera entre Francia y España. Y se alza a 2.371 metros de altitud. Desde su posición privilegiada fue testigo mudo del nacimiento de Aragón.

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El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales ha recibido el vasco numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Cualquiera que sea su origen, lo que sí está documentado es la primera vez que aparece escrito Aragón. Se trata de un documento del monasterio de San Pedro de Siresa datado entre los años 828 y 838. En él se hacía referencia al territorio gobernado por Aureolo. Este monasterio fundado hacia el año 820, estuvo articulando eclesiásticamente los nuevos territorios del incipiente Aragón. Pero también constituyó un centro cultural que influyó de manera determinante en los aspectos políticos, sociales y culturales.

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Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un amanamiento* al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramimo I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.

*Amanamiento: Acercamiento.

Una sencilla excursión permite el ascenso a esta cumbre para cualquier senderista. La ruta parte del refugio de Linza, emplazado en la cabecera del valle de Ansó. Desde la población parte la carretera que recorre el angosto valle surcado por el río Veral. Al alcanzar Zuriza se abre y surgen amplios pastizales. Desde este punto parte la pista forestal que conduce hasta el refugio. En sus instalaciones cuenta con alojamiento, bar y restaurante. La senda arranca desde el fondo del aparcamiento, ascendiendo por una ripa*.

*Ripa: Ladera.

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Tras media hora de ascenso se alcanza una depresión atravesada por el arroyo de Linza. Siguiendo las marcas del sendero de gran recorrido se supera una zona rocosa. A la hora y media de caminata se alcanza el Cuello de Linza. Desde este punto las vistas son espectaculares, con la vista al frente de la Mesa de los Tres Reyes, punto en el cual coinciden los territorios de Aragón, Navarra y Francia.

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A la derecha parte el sendero que se encamina al Pico Petrechema. En un primer tramo el trazado es tendido y suave. Al llegar a un pequeño collado se gira a la izquierda. Sólo resta subir por la amplia loma a cuyos lados hay laderas bastante empinadas que permiten vistas muy amplias. Después de tres horas de caminata se alcanza la cumbre, a 2371 metros. La sorpresa queda justo a unos metros. Separado de un descomunal desfiladero muy profundo se alza la aguja de Ansabere, un gigantesco mallo de similar altura, prácticamente inaccesible, y que se descuelga sobre un valle posterior mucho más deprimido. Su altura es ligeramente superior, 2377 metros. El nombre de Petrechema proviene del término piedra gemelas (pietragema), en referencia a las dos cumbres cercanas aunque no iguales. Desde la cumbre las vistas son amplias en todas las direcciones. Los montañas más elevadas están en dirección al este, con el Bisaurín, el Aspe y el Midi d´Ossau. Y desde este punto fronterizo entre Francia y España se divisan tierras francesas, aragonesas y navarras.

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Corona de los Muertos, un poblado de hace 5.000 años en el Pirineo

Con este curioso nombre se conoce un yacimiento situado en la val d´Echo, uno de los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. En el paraje conocido como Selva de Oza se encuentran los restos de más de un centenar de círculos de piedras que según los estudiosos podrían corresponder a un poblado de gran tamaño, cuyos orígenes se remontan hace 5.000 años. Si así fuera podríamos constatar que en este lugar estuvo uno de los primeros asentamientos del Pirineo. A pesar de la importancia del hallazgo las investigaciones han sido insuficientes. Una asignatura pendiente para la administración que nos permitiría conocer más detalles y seguro que despejar muchas dudas respecto a este enigmático rincón de Aragón.

El megalitismo tiene su origen etimológico en la unión de dos palabras griegas que significan literalmente cantal*. Este término define un fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica. Se trata de un proceso constructivo llevado a cabo por el hombre primitivo que se inició a finales del Neolítico y se dilató hasta la Edad del Bronce, es decir desde el siglo V a.C hasta el siglo II a.C. En este periodo se construyeron innumerables construcciones, a base de grandes bloques de piedra prácticamente sin labrar, pero también con piedras de menor tamaño. Los focos más importantes se encuentran en Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda, así como el sur de España y Portugal. Se trata de monumentos funerarios, tumbas monumentales, cuyo tipo más extendido y mejor conservado es el dolmen. En su interior se enterraban sucesivamente a los fallecidos de un grupo humano, apartándose cuidadosamente los huesos de los anteriores difuntos. Los dólmenes pueden ser simples o formados por una galería. En la actualidad sólo se conservan los grandes bloques de piedra, pero la mayoría estuvieron cubiertos por un túmulo de tierra o piedras. Otro tipo de construcción megalítica, en este caso de carácter no funeraria es el menhir, monolito hincado en el suelo que puede aparecer aislado o formando alineaciones. Y finalmente los crómlechs, círculos de piedras más o menos grandes que rodeaban el túmulo de un dolmen.

*Cantal: Piedra grande.

Dentro de todo este fenómeno, en la val d´Echo, en concreto en la Selva de Oza y Guarrinza, se localiza la mayor concentración de monumentos megalíticos de los Pirineos. Se han encontrado unas 170 estructuras, que nos demuestran que hace unos 5.000 años este valle aragonés ya estaba poblado. La zona donde se concentran los restos es la cabecera del río Aragón Subordán, protegido de manera natural por montañas de más de dos mil metros de altitud. Una zona de difícil acceso también desde el sur ya que aguas abajo el río atraviesa la Boca del Infierno, un desfiladero de varios kilómetros de longitud. Hasta aquí llegaron los primeros hombres a cazar y en busca de pasto para sus rebaños. Este cubillar* natural fue también elegido para levantar construcciones funerarias caracterizadas por el uso de grandes piedras, destacando dólmenes y crómlechs, con los que alimentaban creencias sobrenaturales que necesitaban para sus ritos. Servían para enterrar a la gente, pero también tenían la función de marcas del territorio donde poco a poco se fueron asentando.

*Cubillar: Refugio.

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El Centro de Interpretación del Megalitismo Pirenaico y de la Val d’Hecho tiene como finalidad la puesta en valor del patrimonio megalítico de esta zona pirenaica. Se ubica  a ocho kilómetros de Echo, al inicio de la Boca del Infierno. Al pie de la carretera que conduce a la Selva de Oza, una antigua caseta forestal alberga las instalaciones. En su interior introduce en el apasionante mundo de los antiguos moradores del valle a través de una proyección, reproducciones y paneles interpretativos. Además el centro cuenta con una cafetería y restaurante en su parte baja. Entre sus propuestas ofrece al visitante la posibilidad de aproximarse a la gran riqueza de la arquitectura megalítica. Se organizan visitas guiadas por diferentes circuitos diseñados para conocer in situ los restos megalíticos de la zona, entre los que destacan dólmenes, crómlechs y el yacimiento de la Corona de los Muertos. Y todo ello con el complemento del magnífico paisaje que los envuelve, y que bien supieron elegir los primeros habitantes de la Val d´Echo.

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Pero sin duda uno de los lugares más importantes en el aspecto arqueológico es la Corona de los Muertos. Está ubicado en plena Selva de Oza, a unos diez minutos de la carretera. Frente a las instalaciones del antiguo camping, parte la pista de la Espata. Por ella se asciende unos minutos hasta encontrar un cartel a la izquierda, donde arranca un pequeño sendero que conduce al yacimiento. En medio del hayedo se pueden ver varios círculos de piedras con un panel informativo. Los estudios de los investigadores han constatado que en realidad de trata de una agrupación de 120 círculos de piedra, ahora casi ocultos por el denso bosque. Tras las investigaciones se sabe que comenzaron a construirse a finales del Neolítico (3.000 a.C). En la parte baja del yacimiento se concentran los ejemplares más recientes que son de finales de la primera Edad del Hierro (500 a.C). En principio se les atribuyó un carácter funerario. Sin embargo la ausencia de restos de cenizas, y las huellas de postes encontradas han obligado a los arqueólogos a seguir haciendo hipótesis. Parece ser que la explicación más razonable es que se trate de los restos de cabañas, cuya parte baja era de piedra y que se completaban con madera y pieles. Un poblado de gran tamaño que facilitara la estancia durante el verano, cuando se trasladaban a este valle a pastar con su ganado. Los círculos son de tamaño variable entre los 4 y los 10 metros. Las piedras utilizadas son de dos tipos. Por una parte las más redondeadas cuya procedencia es el cauce del río Aragón Subordán, y otras más irregulares que fueron extraídas de alguna cantera cercana. En el mismo yacimiento se han encontrado hasta cinco mil piezas de sílex: puntas de flecha, raspadores… que tienen 9.000 años de antigüedad, lo cual demuestra la presencia humana miles de años antes.

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Valle de Hecho, en los orígenes de Aragón

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Sasé, veinte años perdidos

Ahora se cumplen veinte años de la ocupación de Sasé. Una fecha que marcó el inicio de una nueva etapa para este pequeño pueblo pirenaico. Anteriormente pasaron cinco décadas de silencio desde 1965, año en que se marcharon los últimos moradores producto de una emigración que de manera fulminante dejó vacíos centenares de pueblos. Su ubicación, elevada y alejada del valle, lo convertía en un lugar donde la vida debió ser dura y difícil. Constituyó uno de los pueblos más importantes de La Solana, una subcomarca elevada en la margen izquierda del valle del río Ara. En el siglo XVI contaba con unos 23 fuegos o familias, y en el año 1900 albergaba 104 habitantes. La localidad ofrecía un aspecto señorial como así lo demuestra su arquitectura civil con una veintena de casas: Pablo, Agustín, Lacort, Vallés, Pedro, Simón, Ambrosio, Antonio, Escuaín, Antón Duaso, El Herrero, Chusé, Chirón, Latorre, Santafé, Puyuelo, Chacinto, Fuertes, Périz, Buisán, Pascual …

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Sasé fue ocupado en enero de 1996 por un grupo de gente que en su mayoría provenía de Primout, otro pueblo ocupado en el Bierzo. Maestros, técnicos agrícolas, artesanos y otra gente se organizó en el colectivo Colores y decidió rehabilitar Sasé. Su modo de vida estaba basado en la agricultura biológica en estricta consonancia con las leyes naturales de una manera simple y primigenia. Desde el primer momento se pusieron en contacto con la Diputación General de Aragón, propietaria del enclave, para intentar regularizar su situación tal y como habían conseguido los pueblos de la asociación Artiborain (Artosilla, Ibort y Aineto). La DGA exigió que abandonaran el pueblo para sentarse a hablar, y así lo hicieron trasladándose a Artosilla. Ante la inmovilidad del proceso, unos meses después decidieron volver a Sasé. En menos de dos años reconstruyeron dos casas, siete bordas*, el molino, la herrería y los pequeños huertos. Los niños tenían una escuela con una maestra titulada y consiguieron forjar una estructura social comunitaria. La administración reaccionó y consiguió una orden desalojo en julio del 1997. Durante ese verano se inició una campaña de apoyo a la ocupación con recogida de firmas, aparición en conciertos y espectáculos de circo callejero entre otras muchas actuaciones mediante las cuales se dio a conocer la problemática de este pequeño pueblo pirenaico. A primeros de agosto se había concentrado más de un centenar de personas en Sasé. Sus nuevos habitantes nunca hubieran esperado una respuesta tan masiva a su llamada y se vieron desbordados. No había suficiente herramienta para tantas manos dispuestas a trabajar y faltaba comida para alimentar a tantas bocas. En ese mes efectivos policiales intentaron un primer desalojo, pero debido a la resistencia y al gran número de personas no tuvo éxito. El paso del verano vino acompañado por una significativa disminución del número de resistentes en el pueblo. Entonces se daban las circunstancias para la intervención policial que tuvo lugar el 23 de octubre de 1997. En ella actuaron medio centenar de agentes que apenas lograron vaciar dos casas y tan sólo detuvieron a cinco personas. Cuando llegó la noche la comitiva formada por guardias, personal de los juzgados y albañiles se fue por donde había venido. Al día siguiente llegaron al pueblo una veintena de vehículos todoterreno con un pequeño ejército de antidisturbios que no escatimó recursos y esfuerzos. El resultado fue más que previsible: 32 detenciones, varios heridos acompañados de destrozos en el interior de las casas y huertas. En los días sucesivos operarios custodiados por los guardias civiles iban tapiando las casas del pueblo y llevándose en camiones las pertenencias de sus habitantes.

*Borda: Establo.

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El colectivo que ocupó Sasé se fragmentó tras el desalojo. Después de varios meses de protestas, marchas y manifestaciones en toda España, la DGA les ofreció el pueblo de Solanilla. Aunque con una sola casa habitable, una parte de Colores llegó a este despoblado, pero a pesar del ofrecimiento recibieron nuevas amenazas de desalojo. Otros decidieron seguir viviendo escondidos en los bosques cercanos a Sasé. Sobrevivieron un año y medio hasta la primavera 1999, en que volvieron a ocupar el pueblo. Y mientras otros iniciaban una peregrinación por varios espacios en el entorno de Boltaña. Durante esta época se sucedieron una serie de acciones que seguían recordando a la opinión pública aragonesa lo ocurrido a finales de octubre: huelgas de hambre, manifestaciones, acampada en Zaragoza, marcha a pie hasta Boltaña, etc. En enero de 1998 se organizó una acción sorpresa en Sasé. En ella participaron más de un centenar de personas que derribaban los muros que tapiaban las puertas de las casas y las bordas de Sasé, además de limpiar el pueblo. En julio de 2001 aquella comunidad de resistentes volvió a reunirse por unos días en Huesca. La Audiencia Provincial juzgaba los hechos ocurridos durante el desalojo y nueve personas se enfrentaban a cargos de 2, 3 y 4 años de cárcel respectivamente. El juicio se convirtió en un alegato político en defensa de la ocupación rural. Finalmente fueron absueltos todos menos uno que fue condenado a un año de cárcel por lanzar una piedra a un guardia civil. La desproporcionada acción policial de octubre de 1997 no consiguió su objetivo, pues a día de hoy Sasé sigue ocupado. Sin embargo logró deshacer el colectivo que entonces lo habitaba y el proyecto que empezaba a construir.

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Hace unos meses decidí conocer este pueblo, uno de los más bonitos de los centenares de despoblados con los que contamos en Aragón. Lo primero que sorprende es que este conjunto con un patrimonio tan valioso pueda estar abandonado a su suerte, y digo abandonado por su propietario, la Diputación General de Aragón. A pesar de su estado de ruina todavía se conservan muros y tejados de buena parte de las viviendas, así como algunas de sus portadas y sus tradicionales chamineras*. También la iglesia de San Juan Bautista se mantiene en pie, con su torre como emblema del pueblo. Sin embargo su interior sirve como refugio para las vacas que pastan en los alrededores. Un pueblo que todavía podría recuperarse, aunque a juzgar por los acontecimientos de los últimos años las esperanzas son escasas. Y mientras tanto poco a poco las piedras de las casas van cayendo sin que nadie lo remedie.

*Chaminera: Chimenea.

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En mi visita pude también ver los restos de la ocupación de los últimos años, con materiales y vehículos abandonados que dan una imagen todavía más penosa del núcleo. Todavía viven varias personas allí. De no haberse producido el desalojo, las más de cincuenta personas que vivían en Sasé hubieran permanecido en el pueblo. Pero lo que no está tan claro es durante cuánto tiempo hubieran seguido siendo tantos ni cuándo hubiera empezado a producirse la rotación de gente tan habitual en este tipo de colectivos. Lo que está claro es que el pueblo estaría en mejores condiciones, como así lo atestiguan experiencias en otros pueblos ocupados que han logrado evitar que la vegetación y la caída de sus casas. Sin duda alguna ha sido una oportunidad perdida para Sasé.

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Para buscar los responsables de este deterioro hay que apuntar directamente a su actual dueño, la Diputación General de Aragón. Queda clara la incapacidad de mantener el patrimonio que atesoran en la interminable lista de pueblos deshabitados que poseen, pero tampoco han trabajado como se debiera en este campo. Y no estamos hablando de inversiones millonarias, sino de búsqueda de alternativas para evitar su deterioro y la vuelta a la vida de estos núcleos. Una de ellas hubiera sido la cesión de este enclave con unas determinadas condiciones. La experiencia de la asociación de Artiborain ha dado buenos resultados, logrando recuperar tres enclaves del entorno de Sabiñánigo, por un colectivo similar al de Colores. Simplemente había que haber acordado las condiciones para garantizar y legalizar esta situación, siempre con el empeño de recuperar el núcleo. Pero además lo fundamental es darle vida. Recuperar arquitectónicamente sus edificios y destinarlos a usos turísticos rehabilita el patrimonio pero deja los núcleos sin alma, y contamos con varios ejemplos en el Sobrarbe, como Morillo de Tou y Ligüerre de Cinca. Pueblos recuperados pero sin vida.

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Otro factor a tener en cuenta es el sentimental. Sus antiguos habitantes tuvieron que dejar su pueblo hace décadas, y ahora sus descendientes que ya no poseen la propiedad pueden opinar de una manera crítica sobre los futuros usos. Han pasado cinco décadas en las que el pueblo ha estado despoblado y parece que no ha habido preocupación por la ruina progresiva de sus casas, ni ha habido reproche alguno a la DGA por su abandono. No tiene mucho sentido que ahora se critique una ocupación, o cualquier otra alternativa para el pueblo de sus antepasados. Y si hubiera interés, no poseyendo ahora títulos de propiedad, sólo tendrían que solicitarlo a la Diputación General de Aragón. La reversión de las propiedades sería lo más justo y ético, siempre que hubiera interés real por sus descendientes, y en ello debería colaborar la administración.

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La flor deshojada de La Solana está camino de su muerte si no se remedia. Como dice la Ronda de Boltaña tanto la insensatez de los guardianes como el silencio de sus hijos mucho tiene que ver en ello. Y para ello es necesario sentarse y hablar con los habitantes que se fueron, los que quedan y los que han llegado. Con el pueblo en pie todavía hay esperanza. Mientras tanto el tiempo corre en contra y las piedras se van cayendo, ante el abandono de su propietario.

Vencillón, 50 años de trabajo e ilusión

Hace poco tiempo se celebró una fiesta de cumpleaños muy especial. Vencillón cumplía 50 años de existencia. A pesar de su juventud, esta localidad situada en la comarca de la Litera atesora una viva historia, la cual han forjado las 85 familias que hace cinco décadas llegaron para convertirse oficialmente en los primeros habitantes del pueblo. Gracias al esfuerzo colectivo han hecho fortalecer y afianzar este nuevo enclave, uno de los más chobens* de Aragón.

*Chobens: Jóvenes.

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Su topónimo se remonta al siglo XIII, momento en el que aparece citado en unos documentos haciendo referencia a un grupo de torres diseminadas en esta zona. Siglos después, en los años 60, el propietario de estas tierras las cedió al Instituto Nacional de Colonización para su fundación. Vencillón se constituyó como tal en 1965. Los nuevos habitantes procedían en su mayor parte de las torres situadas en la zona, así como de las provincias de Zaragoza y Huesca. También de la provincia de Lérida y en menor medida de Teruel, Guadalajara y Valencia. En todo Aragón surgieron 28 pueblos de colonización, agrupados por lo general en zonas donde se crearon nuevos regadíos. De todos ellos fue el único que dejó de ser pedanía y constituyó ayuntamiento propio dejando de pertenecer a Esplús. Este hecho ocurrió hace 25 años, en 1989. En la actualidad Aragón cuenta con 731 municipios, siendo éste el último en ingresar a esta lista. Con motivo de su 50 aniversario ha añadido a sus señas de identidad una bandera y un escudo propios. En ella se representa un espiga dorada en una orla central, sobre unas ondas que representan las aguas de regadío que han convertido estas tierras áridas en fértiles campos gracias a las aguas del Canal de Aragón y Cataluña. En los extremos se representan dos escudos reales de Aragón, haciendo referencia al Reino de Aragón al cual pertenecieron estas tierras en su origen.

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Hoy en día su población es ligeramente inferior a 500 habitantes, y se mantiene estabilizada. Sin embargo el futuro es prometedor ya que la media de edad es de 42 años, y el pueblo cuenta con un centenar de niños. Su escuela tiene una clase de infantil y cuatro de primaria. Además buena parte de los jóvenes se han quedado en el pueblo, y ello ha obligado a construir en los últimos años viviendas nuevas.

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El día 3 de octubre de 2015 fue un día muy especial para la localidad de Vencillón. A la fiesta de cumpleaños acudieron representantes políticos de todas las administraciones, pero sin duda alguna los protagonistas fueron los vecinos, con su alcalde a la cabeza, Ramón Capel. Allí estaban las 85 familias y sus descendientes, en total unas seiscientas personas. La jornada estuvo llena de emociones y recuerdos. En la plaza principal de la localidad se descubrió una escultura de Mario Molins, bautizada con el nombre de “Crecimiento”. Un monolito compuesto por cinco bloques de piedra de Calatorao, que representan las cinco décadas de historia de Vencillón. Apilados en sentido helicolidal simbolizan el crecimiento natural. A escasos metros se colocó una placa donde figuran los 248 apellidos de las familias que han residido en esta localidad.

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Vencillón tiene un futuro prometedor. Por una parte sus buenas comunicaciones y la ubicación cerca de la autovía Huesca-Lérida, así como la cercanía a localidades importantes como Binéfar, Fraga y Lérida. Sus tierras de regadío le aportan un gran potencial agrícola y también ganadero. Pero sin duda alguna el gran valor que tiene es el humano, todas aquellas personas que han luchado por hacer fértil esta tierra y convertir este pueblo en su nuevo hogar. Este esfuerzo colectivo queda ahora patente y augura un gran porvenir a Vencillón. Seguro que dentro de una década hay motivos para adibir* un nuevo bloque a este monolito, celebrando de nuevo el cumpleaños de un pueblo con mucha historia. ¡Que así sea!

*Adibir: Añadir.

Embalse de San Salvador, punto y final a una historia dramática

Hace unas semanas el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, inauguró el embalse de San Salvador, situado cerca de la localidad de Binaced. Este acto de corte electoralista y reminiscencias franquistas reunió a muchas autoridades. También a los regantes, satisfechos ya que al fin después de décadas habían conseguido el objetivo de aumentar la dotación de agua para sus campos. Sin embargo allí no estaban presentes los ganadores de esta batalla, los montañeses. Se les nombró de soslayo* en los discursos, pero no se habló del sufrimiento acaecido durante décadas por la amenaza de los pantanos que no se llegaron a ejecutar. Ese daño no podrá ser nunca pagado por nadie, y ni tampoco se han contemplado indemnizaciones por ello, aunque bien se las merecen.

*De bislai: De soslayo, de pasada.

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San Salvador no es un embalse como los demás. Pone fin a un siglo de enfrentamientos entre los regantes del Canal de Aragón y Cataluña y los habitantes del río Ésera, entre el llano y la montaña. Unos demandando agua para establecer nuevos regadíos, y otros defendiendo su derecho a vivir en su lugar de origen. Una lucha que tuvo como consecuencia décadas de conflicto y de protesta, fundamentalmente en las localidades de Campo y Santaliestra, amenazadas por la construcción de pantanos. Con esta solución de consenso en la Comisión del Agua de Aragón, no se hipoteca el valle del río Ésera y se beneficia igualmente a los regantes.

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A lo largo de muchos años los habitantes del valle del Ésera han sufrido la amenaza de la construcción de embalses con el objetivo de llevar aguas hacia el llano, aniquilando sus tierras más fértiles y los recursos de subsistencia para dárselos a otros. En octubre de 1926, momento en que se inauguraron las obras de la primera presa, se reunieron a los vecinos de Barasona. Se les expusieron las condiciones de la expropiación y les dieron tres años para marcharse, y punto. En septiembre de 1929 las aguas del embalse de Barasona o de Joaquín Costa comenzaban a inundar las ricas huertas y sus veinte casas hasta finalmente cubrir la torre de la iglesia. Cada verano con la bajada de las aguas el campanario se podía volver a ver como mudo testigo de esta injusticia. En los años 50 el Regimiento de Artillería nº 29 acabó con el único testigo del pueblo de Barasona, que parece debía molestar a alguien.

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Los regantes seguían exigiendo la regulación del Ésera, y surgió el proyecto del macroembalse de Lorenzo Pardo, que contaba con una capacidad de 640 hm3. Una presa de 145 metros de altura provocaría la inundación de la población de Campo y de las pequeñas poblaciones del entorno: Biescas de Bardají, Santa Maura, Morillo de Liena, Las Colladas, Navarri, y Bacamorta. Después de años de intensa lucha, entre 1974 y 1986, al final fue desechado el pantano. Se optó por la alternativa del pantano de Comunet, que también fue descartado en 1991.

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La demanda de agua para los regantes seguía amenazando a los montañeses, y ahora le tocaba el turno a Santaliestra, donde se proyectó un embalse con 80 hm3. La presa, situada aguas arriba a menos de un kilómetro del casco urbano, no inundaba las casas pero suponía una importante afección a la localidad, inundando 250 hectáreas del valle. A ello se añadía la seguridad de la presa, que se levantaría en un lugar donde diversos estudios ponían en duda su estabilidad geológica. Los vecinos comenzaron su particular guerra contra la administración, recurriendo por la vía legal cada uno de los pasos que se iban dando. En las protestas no faltaron manifestaciones, huelgas y episodios de desobediencia. Se llegó a presentar una querella criminal contra nueve altos cargos del ministerio por diversos delitos durante el proceso de tramitación del proyecto. Al final la fuerza de los vecinos y la justicia consiguieron paralizar una obra irracional.

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Entonces llegó la cordura y con un esfuerzo de negociación entre la Junta General de Regantes de Aragón y Cataluña, Asociación Cultural por la Defensa del Ésera, COAGRET, el municipio de Santaliestra, el Gobierno de Aragón y el propio Ministerio de Medio Ambiente se llegó a un acuerdo para construir el embalse de San Salvador.

Con el paso del tiempo se ve todo mucho más claro. Los regantes en su afán por tener agua para sus regadíos no dudaron en exigir embalses en la montaña, ignorando el daño irremediable que ello supondría para esas tierras y sus habitantes. Durante décadas mantuvieron una postura egoísta, pero el paso del tiempo les ha obligado a reblar*. Ahora los daños colaterales de la obtención de agua para sus campos, los han pagado ellos, renunciando a 1100 hectáreas de tierra de regadío para acoger a un embalse. Parece lo más lógico. Han tenido que pasar décadas para encontrar una solución consensuada, que no perjudicase a los habitantes del Ésera. Pero en todo este tiempo muchas familias han sufrido mucho por la amenaza de un pantano. Todos aquellos que tuvieron que marchar de Barasona, los que lucharon incansablemente para evitar la desaparición de Campo, los que tuvieron que enfrentarse a las fuerzas de seguridad en Santaliestra… Mucho sufrimiento de cientos de personas a lo largo de décadas para qué. Para que otros tuvieran mejores condiciones de vida, pero a costa de los vecinos del Ésera. Historias como ésta demuestran que hay soluciones si existe diálogo y no imposición. Historias que deben servir de ejemplo para que no se repita el dramatismo vivido por unos aragoneses a lo largo de mucho tiempo.

*Reblar: Ceder.

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El nuevo embalse de San Salvador tiene un capacidad de 136 hm3. Permitirá aumentar considerablemente la regulación directa del tramo medio e inferior del Canal de Zaidín, que riega unas 22.400 hectáreas, y mejorar sensiblemente de forma indirecta todo el sistema de riegos del Canal de Aragón y Cataluña. Este pantano almacenará los excedentes de invierno y primavera del embalse de Barasona. Cuenta con una presa de materiales sueltos con núcleo impermeable de arcilla, de sección trapecial, con una altura sobre cimientos de 51 metros, una longitud de coronación de 600 metros y un ancho de 8. El proyecto ha incluido además la ejecución de dos diques laterales y uno de protección del canal de Zaidín de casi siete kilómetros. En esta construcción se han invertido 105 millones de euros, siendo financiada al 50% entre los regantes y la sociedad pública Aguas de la Cuenca del Ebro.

Barranco de Chate, el otoño en estado puro

A principios de noviembre pude disfrutar del agüerro* en todo su explendor visitanto el barranco del Chate. Este enclave está situado entre las poblaciones pirenaicas de Sarvisé y Fanlo, en la comarca del Sobrarbe. Hasta hace unos años el disfrute de este entorno natural sólo era posible desde la carretera que une ambas poblaciones, de unos doce kilómetros de recorrido.

*Agüerro: Otoño.

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Sin embargo hace poco la Federación Aragonesa de Montañismo llevó a cabo el acondicionamiento del sendero de la pardina del Señor, un tramo perteneciente a la GR-15 que hasta la fecha discurría por la carretera. Desde entonces es posible recorrer la riqueza naturalística del interior del bosque mediante un sendero de más de quince kilómetros que enlaza las poblaciones de Fanlo y Buesa.  Su trazado se adapta a la orografía y lo ideal es recorrerlo en sentido descendente partiendo de Fanlo, con el único ascenso para salvar el río Chate en su tramo inicial. Su mayor inconveniente es la longitud, cinco horas de trayecto realizando sólo el tramo de ida, para lo cual es necesario disponer de coches de apoyo. También hay dos opciones para dividirlo, con recorridos de dos y cuatro horas respectivamente, pero disponiendo igualmente de vehículos para la vuelta. Por ello sería recomendable disponer de un medio de transporte para el traslado de los senderistas y evitar la vuelta por el mismo recorrido o por la carretera, opción por la cual me tuve que decantar yo. Este servicio mejoraría la seguridad vial en esta carretera de montaña. El día que yo realicé la excursión contabilicé más de cuarenta vehículos aparcados en las estrechas cunetas. El viaje de retorno podía ofertarse por cualquier empresa turística o taxi de la zona a un coste aceptable, lo cual evitaría los posibles problemas que se producirán en épocas de máxima afluencia.

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La peculiaridad que atesora el barranco del Chate es la espectacular paleta de colores que ofrece entre los meses de octubre y noviembre. Los bosques que lo componen son relativamente jóvenes ya que hasta hace unos sesenta años estuvieron dedicados a la explotación de madera, así como a la actividad agrícola y ganadera. Su recuperación y sobretodo la variedad de las especies que se han combinado aquí lo han convertido en un espacio de gran valor natural. Tanto que hace unos años la revista Geo lo incluyó en su lista como uno de los diez mejores bosques de España para el otoño. Ni que decir tiene que este bosque en esta época está precioso, pero estas listas de ranking no hacen sino ocultar y desmerecer muchos otros rincones de la geografía aragonesa que igualmente son muy bonitos.

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Dejando el coche en Fanlo tuve que descender unos 800 metros por la carretera hacia Sarvisé, hasta encontrar a la derecha la señal del sendero. Mediante varias marradas* en descenso llegué el río Chate, que ofrecía un precioso rincón con una badina y un pequeño salto. Después comencé el ascenso por la ladera del Pueyo Ballarín que se eleva a 2.027 metros de altitud, mientras la senda se acomodaba a los barrancos laterales que vierten sus aguas al río principal. En todo el recorrido se iban mezclando las diferentes especies que dan el valor natural a este entorno. El color verde lo ponían los árboles de hoja perenne: pinos, abetos, bojes y acebos. Y en claro contraste los protagonistas de esta estación eran múltiples y variados. Robles, hayas, abedules, arces, serbales de los cazadores, avellanos, tilos, álamos temblones, majuelos, olmos de montaña y fresnos, cada uno con un tonalidad diferente entre el amarillo y rojo que varía según la especie, la fecha y la climatología. Ello permite disfrutar de una estampa diferente cada día del otoño. Tras recorrer una hora y media de camino me topé con los muros arruinados de la pardina Ballarín, también conocida como del Señor, la cual da nombre a la senda. Atravesando un hayedo abandoné el barranco donde se emplaza y apareció la primera salida que desciende hasta la caseta forestal de Patrón.

*Marrada: Curva cerrada, zig-zag.

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Decidí continuar por la senda disfrutando del recorrido sin apenas desnivel hasta alcanzar la próxima salida. Unas cuantas casetas pastoriles aisladas y otras agrupadas como las bordas de San Esteban rompieron la monotonía de una senda, que atravesaba un bosque cerrado, sin apenas vistas. Después de tres horas y media alcancé una pista, la cual en unos veinte minutos me dejó en la carretera que surca el valle. Sólo restaba volver por la carretera añadiendo dos horas y media más para alcanzar la población de Fanlo. Este recorrido lo hubiese evitado teniendo un vehículo para la vuelta, ya que andar por la carretera, rodeado de coches no es lo más agradable. Pero ello me permitió poder hacer de manera más cómoda fotos del paisaje del valle, que debido a lo frondoso de la senda no podía haber hecho hasta ahora. La zona de más variedad cromática es la parte alta del valle, donde la naturaleza ofrece en esta época un auténtico espectaculo visual.

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Otra propuesta para las administraciones de la zona, que potenciaría la visita de este valle, es el acondicionamiento de pequeños estacionamientos en la carretera. Eligiendo los mejores sitios para disfrutar de las vistas, se ofrecería al visitante unas mejores condiciones para la visita, y así como un atractivo más para visitar este barranco. Lugares preparados con espacio suficiente y con un sencillo cartel explicativo serían suficientes para completar y potenciar la oferta turística de este barranco, que bien se lo merece.

Un rayo de esperanza para Moriello de Sampietro

Hace unos meses, tras veinte años de andadura, culminé el reto más ambicioso que me he planteado en mi vida: conocer todos los pueblos de Aragón. En realidad he visitado 1.758 núcleos, y todavía me quedan algunas aldeas y multitud de pardinas, casas de campo y mases. La visita al zaguero* de ellos, Moriello de Sampietro, fue muy emotiva. Este precioso enclave está situado a unos doce kilómetros de Boltaña, encaramado en la divisoria de aguas de los río Ara y Yesa, y frente al macizo calcáreo más alto de Europa, el Monte Perdido.

* Zaguero: Último.

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Cuenta con pista de acceso, pero su estado es tan malo que tuve que realizar el recorrido a pie. Un largo paseo, mientras los nervios poco a poco iban apoderándose de mí. Cada vez estaba más cerca de llevar a cabo mi sueño. Al fin llegué a la aldea, que parecía anclada en el pasado conservando intacta la arquitectura pirenaica. A pesar de estar situada en un lugar bastante inaccesible, sus antiguos moradores se han esforzado en mantener las viviendas. Tanto los propietarios como la Asociación As Gabarderas lucha para que este pueblo no tenga el mismo destino que los cientos de pueblos aragoneses que dentro de unas décadas serán sólo ruinas. Han levantado el tejado de la herrería y la iglesia está restaurada. Y unas cuantas casas están rehabilitadas, mientras que en otras se han realizado trabajos.

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En la década de los sesenta, en esta aldea compuesta por nueve viviendas, todavía residían una veintena de personas. El descenso demográfico hizo que casi llegase a despoblarse, pero esto sólo ocurrió de manera esporádica. Una de las claves para evitarlo es contar con una buena comunicación. La pista de acceso fue construida en el año 1982, y fue un factor imprescindible para la  pervivencia de este pueblo. Sin embargo su falta de mantenimiento ha hecho que se encuentre en un estado lamentable que la hace sólamente practicable para vehículos todo terreno. Tras varios años de protestas al fin se han licitado las obras para mejorar el firme y reforzar los puntos donde es más facil su deterioro.

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Además en los últimos meses un rayo de esperanza alumbra Moriello de Sampietro. Sara y Agustín han elegido este lugar para vivir y para desarrollar su actividad. En Francia ya han llevado a cabo trabajos relacionados con la producción de quesos, y Agustín es pastor. Tienen claro que quieren vivir en un lugar como éste, apartado y bello, y son conscientes de las limitaciones. Pero también tienen claro la actividad que van a desarrollar, la agropecuaria, íntimamente ligada con el medio elegido, la misma que ha permitido la existencia de este pueblo durante siglos.

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Al llegar al pueblo recorrí la calle empedrada que conduce a la plazoleta donde se ubica la iglesia. Allí me encontré a la joven pareja y un amigo suyo. Enseguida entablamos una conversación y les conté lo especial para mí de la visita a este pueblo, y su hospitalidad fue instantánea. Me invitaron a celebrar juntos la culminación de mi reto, y sacaron una botella de cava con la que brindamos. Allí me encontraba en medio del Sobrarbe, rodeado de un paisaje espectacular, con tres nuevos amigos y disfrutando de este inolvidable momento. Durante la charrada* también compartieron conmigo la experiencia de la llegada a este nuevo lugar. Me contaron su proyecto, y enseguida me contagiaron las ilusiones en él despositadas.

* Charrada: Conversación, charla.

celebración_moriellosampietroEl broche final a mi reto no podía haber sido mejor, encontrarme con gente que es capaz de llevar a cabo un proyecto ilusionante y personal. Una esperanza para núcleos como Moriello de Sampietro, que necesitan gente como ellos, que devuelvan la vida a pequeños pueblos manteniendo la riqueza arquitectónica sin alterar el valor paisajístico que los rodean.

Jornada de convivencia en Susín en recuerdo de Angelines Villacampa

El pasado 30 de mayo tuvo lugar la primera excursión de Joréate por Aragón. El objetivo era romper con la barrera digital, poder conocernos y de paso jorearnos por un bonito rincón aragonés. Después de la quedada en el pueblo cercano de Oliván, nos aproximamos con vehículo hasta el barranco por una pista. Dejamos los coches antes de llegar al puente, y tomamos poco más adelante la preciosa senda que ascendía al pueblo.       sendero_excursionsusin

Atravesando un frondoso bosque y en ligero ascenso llegamos al pueblo de Susín. Una pequeña pero encantadora aldea compuesta por dos viviendas, Casa Mallau y Casa Ramón. Entre ellas discurría una calle empedrada de camino a la iglesia de Santa Eulalia. La arquitectura tradicional se mantiene intacta gracias al esfuerzo de sus propietarios, que no residen de manera habitual. Sin embargo los fines de semana el pueblo se llena de vida gracias a la Asociación Mallau Amigos de Susín. Su nombre lo deja claro, amigos, ya que el ambiente que se respira en el pueblo es magnífico. Nos recibieron con las manos abiertas, y pronto formamos parte de ese grupo humano que trabaja para la recuperación de este enclave pirenaico en recuerdo a Angelines Villacampa, que nos dejó hace un par de años. Y digo nos dejó ya que tuvimos la suerte de poderla conocer hace más de diez años, y quedar prendados de su generosidad y de su fuerza para mantener vivo Susín.

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Ascape* nos pusimos manos a la obra, y nos dividimos en dos collas*. Unos se añadieron al tajo de reconstrucción de uno de los muros de piedra seca que acompañan a caminos y senderos, en concreto a la entrada de la localidad. A primera hora de la mañana habían desmontado el muro y ahora quedaba la faena de levantarlo, colocando y encajando las piedras que estaban en medio del camino.

*Ascape: Rápidamente.

*Colla: Grupo.

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El otro grupo de trabajo se dedicó a limpiar de piedras el camino de la ermita de Nuestra Señora de las Eras, cuyos muros ya se habían levantado en jornadas de trabajo anteriores. De esta manera se realizaba también el mantenimiento, tarea imprescindible para afianzar los trabajos ya ejecutados.

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Pero en el pueblo había mucha más gente trabajando, más de cuarenta personas en total, además de la gente de Joréate por Aragón estaban los del Club de Montaña de Alfamén China Chana. Unos desbrozaban hierba, otros limpiaban la calle empedrada, otros regaban las plantas y otros realizaban reparaciones en el tejado de la casa. Cada uno colaboraba en la medida de sus posibilidades, todos con el mismo objetivo, que Susín se encamine hacia su total recuperación, anhelo de nuestra querida Angelines.

Llegó la hora de comer, pero antes Oscar, hijo de Angelines, realizó una visita para todos aquellos que no conocían el lugar. Pudimos conocer todos los rincones de una casa tradicional pirenaica, ya que Casa Mallau se conservaba intacta toda su esencia. El rincón más sorprendente era la cadiera, de la cual ascendía la chaminera, elemento indispensable en cualquier casa de este tipo, pero también destacaba el suelo empedrado del patio y las numerosas estancias de la vivienda.

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Después fuimos hasta la iglesia, ejemplo de arquitectura románica lombarda, y catalogada como de arte serrablés por sus peculiaridades como son la bella ventada ajimezada. En su interior pudimos comprobar la evolución de la fábrica románica, en la que sólo se conservaba la cabecera. Y al exterior sobre el ábside fue levantada posteriormente la torre.

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Era la hora de comer y nos juntamos todos en el centro del pueblo, en lo que antaño fuera el huerto de la casa. Un encantador rincón a la sombra de nogueras donde se estaba fresco, el mejor lugar para evitar el calor de este día de verano. Cada uno había traído su comida, que se fue compartiendo entre todos. Entre los postres que pudimos saborear recordaremos esas gradismas cerezas de Alfamén, chocolate, café, etc. Un ambiente perfecto. No faltó ni la siesta, para la cual nos facilitaron algunas mantas.

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Tras la sobremesa, dimos un paseo hasta la ermita de Nuestra Señora de las  Eras. Todavía estaba en pie gracias a los puntales que sustentaban la cubierta. Esperemos que pronto llegue alguna ayuda institucional para recuperar esta sencilla pero bonita ermita. Y por la tarde continuamos con la faena. Al final de la tarde ya estaba terminado el muro de piedra seca, relleno en su parte interior, y limpio el camino donde ayer se agolpaban las piedras que lo componían. Quizás no tuviéramos la maestría de los antiguos moradores de Susín, pero había quedado bastante bien, y esperemos que sea una obra duradera. Y el camino de la ermita ahora estaba limpio de piedras.

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Sin duda alguna la jornada de trabajo había permitido poner un granito de arena para que Susín mejore, y para mantenerlo vivo. Pero además todos habíamos disfrutado de una jornada de convivencia estupenda, un día magnífico en el que habíamos trabajado, pero del cual nos llevábamos el recuerdo de la gente con la que habíamos compartido unas cuantas horas, suficientes para conocer nuevos amigos, y que servirán de precedente para nuevas visitas, seguro que sí.

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En recuerdo de Angelines Villacampa.

Otal, del olvido a la actualidad

En los últimos meses el pueblo de Otal está saliendo en los medios de comunicación después de décadas de olvido y abandono. Esta bella población de Sobrepuerto, una pequeña comarca prácticamente despoblada, fue noticia en mayo del 2012 por el desplome de la cubierta de su iglesia. Hechos como éste son habituales en los centenares de enclaves deshabitados en Aragón. En este caso sí que tuvo repercusión mediática debido a que la iglesia de San Miguel de Otal pertenece al románico serrablés y está catalogada como Bien de Interés Cultural desde 1982. Precisamente en aquel año la Asociación de Amigos del Serrablo llevó a cabo una restauración de la iglesia. A pesar de su trabajo ha llovido ya mucho desde entonces y la falta de mantenimiento había acelerado su deterioro. Ello provocó el derrumbe de parte de su cubierta, entre el ábside y el coro.

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Lo más adecuado hubiera sido hacer caso a las asociaciones que venían denunciando su estado desde el año 2006, y que hubiera supuesto menor coste. Sin embargo tuvo que producirse el derrumbe para que el Gobierno de Aragón parase cuenta*. A lo largo de cuatro meses se han llevado a cabo los trabajos. Primero se eliminó la vegetación de su entorno y los escombros del interior. Tras desmontar los restos del tejado y las losas de piedra originales se procedió al montaje de la nueva estructura. En las obras se han rehabilitado de manera integral las cubiertas de la nave, el ábside, la sacristía y la torre, volviéndose a colocar las losas recuperadas. Finalmente se ha limpiado la mampostería y los sillares de la fachada. Las obras concluyeron a finales de diciembre del 2014. La intervención ha tenido un presupuesto de 174.000 euros. Teniendo en cuenta que la población carece de pista de acceso y los materiales han tenido que transportarse con un helicóptero su coste parece razonable y justificado debido a la importancia de mantener nuestro patrimonio.
*Parar cuenta: Darse cuenta.

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La iglesia de San Miguel de Otal es uno de los ejemplos de estilo serrablés. Su origen se remonta posiblemente al siglo XI, aunque a partir del siglo XII sufrió diferentes reformas y fue progresivamente ampliada. De esta época sólo se conserva su cabecera. El resto es producto de las reformas de los siglos XVI y XVII. Entre ellas la ampliación de la nave rectangular con una lateral, dos capillas laterales, la sacristía y la torre. El ábside fue construido con técnicas lombardas y se compone de siete arquillos ciegos que se apean en sus correspondientes lesenas o columnas verticales. Entre ellos se abren tres ventanales de doble derrame. Sobre los arquillos discurre un friso de baquetones y dos hiladas de sillares que sustentan el tejado.

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Pero tras años sin salir en la prensa, Otal también ha sido noticia en las mismas fechas por la polémica obra de la construcción de una pista de acceso. La obra ha sido promovida por el ayuntamiento de Broto, en cuyo término municipal está integrado. Ello ha provocado el rechazo frontal de los ecologistas y asociaciones de la zona. El trazado tiene una longitud de 6 kilómetros y servirá de acceso al valle de Otal desde la collera* de Cotefablo. Para ello es necesario alcanzar un collado a 1.900 metros de altura y comenzar un pronunciado descenso mediante lazadas hasta alcanzar la población que se emplaza a 1.465 metros. El coste de la obra se supone elevado y el impacto medioambiental muy alto. Sin embargo a pesar de que fue solicitado por la Dirección General de Ordenación del Territorio y la Comarca del Sobrarbe, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental no consideró necesario someter la obra a una Evaluación de Impacto Medioambiental y eso que el mismo organismo reconoce la posibilidad de desplazamiento de tierras debido a la inclinación de la ladera por donde discurre. Afectará a especies amenazadas siendo una zona protegida como Lugar de Interés Comunitario. Otro inconveniente es su trazado que discurre a gran altura lo cual limitará su uso en temporada invernal y tendrá un mantenimiento costoso. También afectará al patrimonio etnológico ya que atraviesa un precioso paisaje compuesto por pastos y campos aterrazados separados por muretes de piedra seca.
*Collera:Puerto de montaña.

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El motivo de la realización de la pista es el uso ganadero. Sin embargo parece ser que son contados los ganaderos que darían uso a la misma, y para ello ya cuentan con otra pista que se aproxima a la zona desde Oto. Otra justificación para la construcción de la pista es la de crear un acceso rodado a Otal, cuya carencia fue uno de los condicionantes que determinaron su despoblación. Sin embargo hay alternativas de menor coste e impacto medioambiental desde el fondo del valle. Con la construcción de cualquiera de las alternativas sería suficiente, aunque no parece probable que algún propietario esté dispuesto a recuperar vivienda alguna. Paradójicamente para llevar a cabo las obras de la restauración de la iglesia parroquial los materiales se han llevado con helicóptero no planteando la necesidad de la construcción de una pista. De todo ello se concluye que la construcción de esta pista tiene algún interés no justificado posiblemente privado, y su coste es innecesario más si cabe en la situación económica en la que nos encontramos. Seguro que hay cosas más prioritarias que llevar a cabo en el municipio de Broto. Y si realmente fuera necesaria y prioritaria deberían estudiarse las alternativas más económicas y de menor impacto medioambiental para conservar la belleza de los paisajes de Sobrepuerto. Una zona que bien podría poseer alguna figura legal de protección, y que se encuentra literalmente desprotegida a actuaciones de este tipo.

Castillo Mayor, una fortaleza natural

En el  arranque de este otoño virtual he aprovechado para disfrutar de un día casi veraniego en los Pirineos. El lugar elegido ha sido el Castillo Mayor, una gran mole calcárea que se eleva a 2.014 metros. Su nombre hace referencia a una fortaleza, aunque en ella no se haya desarrollado ninguna contienda. Pero tiene una orografía muy adecuada para su defensa; un acceso complicado al sur, y paredes verticales al norte que lo hacen completamente inexpugnable. Esta montaña de forma tan característica está situada en la comarca del Sobrarbe, en concreto en el valle de Puértolas. Se accede a este precioso lugar desde Aínsa/L´Aínsa tomando la carretera que conduce a Bielsa. Desde Escalona se toma dirección a Añisclo, y poco después un ramal a la derecha llevará a Puértolas. Una vez tomado el desvío a Bestué arranca la senda a mano derecha. Además de la caminata bien merecen una visita las poblaciones cercanas de Puértolas, Bestué y Escuaín, que se asientan a unos 1.200 metros de altitud, rodeadas de las cumbres más altivas y agrestes de la coordillera pirenaica.

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La senda comienza suave atravesando bosques umbríos donde afloran camparols* por doquier en estas fechas, y atravesando pastizales que permiten divisar el coloso rocoso que me dispongo a conquistar. El flanco sur es su punto débil. Una senda lo bordea y lo ataca por una ladera empinada en forma de embudo. Esta avanzadilla permite la incursión en la fortaleza natural alcanzando un collado. Es como si hubiese superado la primera línea defensiva de este castillo natural. Ante mí surge el llano del Castillo Mayor, una gran depresión tapizada de verde. Un lugar bucólico para poder descansar y contemplar lo que queda de ascensión. Resta el obstáculo final, una gran ladera rocosa. Pero he elegido la mejor época. En pleno verano el calor sería un obstáculo, y en invierno la nieve facilitaría su defensa natural. Después de tres horas de ascenso conquisto el Castillo Mayor, y puedo colocar mi bandera de Aragón en la cumbre.

*Camparol: Seta.

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Merece la pena subir sólo por las vistas que se disfrutan desde la parte alta. Al norte se abren en un plano inferior la Gargantas de Escuaín/Garona Escuaín. Y como telón de fondo las grandes cumbres pirenaicas de las Tres Sorores/Treserols y las Tres Marías. Al oeste se aprecian las paredes de los valles de Ordesa y Añisclo, y las características cumbres de los Sestrales. Y al este el Cotiella rodeado de otras muchas cumbres, y el conjunto del Posets-Maladeta, máxima elevación de los Pirineos con el Aneto. Y las vistas al sur, las cuales he disfrutado en todo momento, ofrecen el valle del Cinca/Zinca escoltado por la cumbre de Peña Montañesa/Picón d´o Libro.

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Una de las singularidades de esta montaña son las formaciones rocosas que cubren la parte alta de la montaña. La formación de los lapiaces se debe al modelado kárstico, es decir, a la disolución de la roca caliza por efecto del agua. El proceso comienza por pequeños surcos que se convierten en canales y más tarde en grietas. A medida que el proceso avanza se origina un paisaje resquebrajado por el cual es difícil caminar, y en cuyas hendiduras la vegetación coloniza los orificios creando auténticos laberintos de roca y vegetación. La lenera* donde se aloja el lapiaz, debido a su inclinación, favorece la circulación del agua que da lugar a la formación de coladas en las rocas. Un atractivo más de esta fortaleza natural, conquistada todos los años por muchos a los que nos gusta disfrutar de la naturaleza y conocer los rincones tan bellos con los que cuenta Aragón.

*Lenera: Ladera rocosa.

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