Momias de Quinto, de camino a la eternidad

Quinto es un pueblo situado en la Ribera Baja del río Ebro cuya población supera ligeramente los dos mil habitantes. Su topónimo proviene del término romano “quinto” que hace referencia al quinto miliario de la vía romana entre Celsa y Caesaragusta. A siete kilómetros y medio de la colonia romana de Celsa se estableció un punto de control militar, origen de la población. Ocupado después por los musulmanes, su primera mención documental tiene lugar con la toma cristiana por parte de Alfonso I el Batallador, en 1118. Durante la guerra civil el pueblo quedó seriamente afectado por la luita* entre los dos bandos, lo que obligó a una severa reconstrucción. Tomó el nombre de Quinto de Ebro tras la contienda, con el que es más conocido. Sin embargo hace poco más de una década recuperó su nombre histórico, Quinto, tras la decisión de la corporación municipal.

*Luita: Lucha.

Uno de los lugares más importantes de la historia de Quinto es el Cerro de la Corona. Es también conocido por sus vecinos como El Piquete, diminutivo de pequeña elevación de forma puntiaguda. En este lugar estuvo ubicado un punto de defensa musulmana y después fue elegido para levantar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. La construcción del edificio, en el siglo XV, se le atribuye al maestro Mahoma Ramí, arquitecto del célebre Papa Luna. En su primera etapa se levantó la nave, en cuyo ábside se abren ventanales góticos de gran belleza. El acceso original está ubicado en un lateral, con portada que luce dos escudos, uno del arzobispo de Zaragoza Francisco Clemente y el otro de Fadrique de Aragón, conde de Luna al cual perteneció la localidad. La torre fue erigida bajo un carácter marcadamente mudéjar. Destaca la decoración lazos de ocho así como los arcos apuntados encuadrados. El último cuerpo corresponde a una ampliación del siglo XVI y se culmina con almenas. En el mismo siglo se amplió la nave y se abrió una nueva portada a los pies. También se añadió a la nave, por el exterior, una galería de arquillos apuntados y de medio punto. Y finalmente en el siglo XVIII se construyó la capilla barroca en advocación a Santa Ana.

Durante la guerra civil sirvió de refugio para un grupo numeroso de vecinos, y la toma militar de la misma supuso una muerte masiva. También fue utilizado como punto de observación y defensa. Todo ello provocó la destrucción de parte del edificio. Se continuó empleando de manera puntual para ceremonias religiosas. El culto habitual fue trasladado a la iglesia situada en la plaza Vieja, y en los años sesenta a la nueva iglesia de la Asunción, construida junto a la carretera. Ya desacralizada estuvo abandonada, aunque fue empleada de manera temporal como zía* debido a la necesidad de almacenamiento de grano en años de excedentes. Finalmente pasó a manos del ayuntamiento de Quinto. Gracias a las ayudas de la Diputación de Zaragoza, a lo largo de más tres décadas de restauración, se recuperó el exterior del templo. Entonces se decidió intervenir en su interior para ser acondicionado como centro socio-cultural. Esa era la intención del ayuntamiento. Para ello fue levantado el pavimento de la nave principal donde se sabía que aparecerían restos de huesos, ya que fue habitual el enterramiento en las iglesias hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo lo que no se sabía es de los más de mil enterramientos documentados en esta iglesia, iban a aparecer algunos cuerpos momificados en un estado excepcional de conservación. En ellos no se había realizado ningún tratamiento de embalsamiento, es decir, se trataba de momificación natural. Un largo proceso de evaporación del agua de los tejidos de los cuerpos que impide el desarrollo de bacterias y la putrefacción de los mismos. Durante el mismo son imprescindibles varios factores: la falta de humedad y una temperatura constante en el subsuelo del edificio. El primer factor es primordial y para ello es muy importante que los difuntos sufrieran procesos de deshidratación previa a la muerte debido fundamentalmente a sus enfermedades; y ello se complementa con la sequedad en el lugar de enterramiento favorecida por el tipo de tierra de la zona. El resultado es el hallazgo de unos setenta enterramientos, entre los cuales una treintena de momias en un buen estado.

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*Zía: Almacén de grano.

Los restos encontrados en el interior corresponden a personas pudientes o relacionadas con la Iglesia, siendo relegadas todas los demás al espacio exterior situado en torno al templo. Así ocurría de manera general hasta que a mediados del siglo XIX se terminó de aplicar la orden del rey Carlos III que regulaba esta práctica debido a su insalubridad y se culminaba con la construcción y uso de los cementerios.

Tras las campañas arqueológicas en el interior del templo que comenzaron en 2011 se fueron almacenando los restos. En 2014, después de la difusión de las momias en el programa de televisión Cuarto Milenio, se interesó por ellas Mercedes González. Ella es la directora del Instituto de Estudios Científicos en Momias y lleva décadas dedicada a estudiar cuerpos momificados en España, Egipto, Perú o Chile. Desde entonces ha liderado el equipo científico para la conservación preventiva de los cuerpos realizando las tareas de limpieza minuciosa de los cuerpos y de su indumentaria eliminando todos los elementos externos como polvo, piedras e insectos. Pero también analizando todos los detalles en busca de la identidad y causas de fallecimiento de los cadáveres. Un largo y complicado proceso de investigación y documentación en el que también han participado documentalistas como Antonio Jardiel, además de otros muchos arqueólogos, antropólogos, restauradores, médicos y científicos. La investigación llegó al punto de que varias momias fueron trasladadas al Hospital Royo Villanova de Zaragoza para ampliar el conocimiento sobre la patológica de los fallecidos. El último de los pasos para su conservación fue la adquisición de unas urnas acristaladas. Disponen de una tecnología avanzada dotada de un sistema de clima pasivo que no requiere de corriente eléctrica en su funcionamiento permaneciendo su interior completamente aislado de fenómenos exteriores como bacterias y hongos así como de los elementos nocivos de la luz.

En el verano de 2015 se expusieron por primera vez seis momias con una acogida magnífica, más de dos mil personas. El consistorio recabó ayudas para la creación del museo que llegaron a través de los fondos del Centro para el Desarrollo de las Comarcas del Mar de Aragón y Ribera Baja (CEDEMAR), Diputación de Zaragoza y del Ayuntamiento de Quinto. Finalmente el museo fue inaugurado el 1 de junio de 2018. En su primer año ha acogido más de 8.000 visitantes, superando todas las expectativas.

El Museo de las Momias de Quinto es el museo más importante de momias de España por la cantidad y estado de conservación de sus momias, con el valor añadido de exponer los cuerpos en el mismo lugar de su inhumación. Es un proyecto que se basa en el trabajo científico y en la divulgación de un proceso natural, la muerte. En todo momento la visita se aleja del simple morbo, motivo que pudiera atraer a algunos visitantes. Durante las explicaciones se hace énfasis en la historia que cuentan las momias, su vida y los motivos que le llevaron a la muerte. Pero además es muy respetuoso con los restos humanos y sus historias. Al fin y al cabo buena parte de los enterrados son vecinos de Quinto y posiblemente los antepasados de algunos quintanos. Por ello, y a pesar de conocer la identidad completa de tres de ellos, no se desvela a los visitantes.

El proyecto sigue avanzando y es mucho el trabajo que queda por delante. La investigación continúa con los cuerpos ya expuestos. Se está a la espera del pase de varias momias más por el scanner del hospital para averiguar más datos sobre las dolencias que les llevaron al fallecimiento. Enfermedades que dan muestra de las patologías que se sufrían hace dos siglos y que en la actualidad ya no se dan debido a los avances en la medicina. Pero hay otras vías de investigación abiertas como la posible germinación de una pepita de uva ingerida por una fallecida, que podría determinar qué tipo de uvas había en la zona hace dos siglos. A corto plazo también se trabaja en la conservación del resto de momias que se encontraron para seguir con su investigación. También se podría ampliar la zona de catas arqueológicas en el interior de la iglesia, ya que todavía queda por examinar el subsuelo de la capilla de Santa Ana. El trabajo divulgativo se pretende ampliar al ámbito científico, debido al interés a nivel internacional que está suscitando el descubrimiento de las momias de Quinto. De hecho ya han acudido científicos interesados por el proyecto.

El descubrimiento de las momias hace ya ocho años está marcando la historia reciente de la localidad de Quinto. Y quizás su gran impulsor ha sido el joven alcalde, Jesús Morales. Desde su posición en el ayuntamiento se dio cuenta de la importancia de este hallazgo y ha trabajado duro con mucha ilusión y esfuerzo para sacar el proyecto adelante. Desde hace un año es habitual encontrar “turistas” en la localidad, algo impensable hace años. Grupos de familias o amigos vienen a ver el museo, y de paso dan un paseo por la localidad. El pueblo cuenta con tres portales de origen medieval que sirven de buen complemento a la visita. Tres antiguos portales que se encuentran en perfecto estado tras la restauración y cuentan con paneles informativos. Por la localidad hay indicaciones para los visitantes en dirección al Piquete, objetivo final de la visita. Y de camino la población cuenta con una red de comerciantes comprometidos que ofrecen sus servicios al visitante. La sinergia producida por la apertura del museo influye de manera paulatina en la actividad comercial y económica de la población. Y desde el Ayuntamiento de Quinto se debe trabajar en afianzar los beneficios para dar mayor vitalidad al comercio de la localidad. En esta línea de trabajo se está trabajando también con la restauración de la casa parroquial situada en pleno centro de la localidad. Se trata de un típico palacio aragonés con una fachada de ladrillo culminada con galería de arquillos. El acondicionamiento interior con otro espacio museístico añadiría valor a la visita a la localidad siendo un fundamento más para la llegada de más visitantes. Un motivo de alegría para la localidad que celebró el primer aniversario de su apertura con circo al aire libre, actuaciones pirotécnicas y el concierto de Carmen París, además de una conferencia sobre momias a cargo de Mercedes González.

  

Sus momias yacen expuestas camino de la eternidad en el Piquete. Mientras tanto Quinto y los quintanos acogen con esperanza e ilusión todo lo relacionado con el hallazgo y los nuevos proyectos que están revitalizando social y económicamente su pueblo. Una oportunidad como ésta que no deben desaprovechar sus representantes municipales en el ayuntamiento de Quinto.

7ª Excursión Joréate por Aragón a la Ribera Baja

Con el arranque del otoño llegaba la séptima Excursión de Joréate por Aragón. A pesar de la amenaza de lluvia, que al final no se cumplió, de nuevo pudieron disfrutar de una jornada en buena compañía, y en esta ocasión más cerca de la capital del Ebro. Eso es precisamente lo que sorprendió a los seguidores del dragón Chorche, que tan cerca de Zaragoza pudiera haber lugares con cosas tan interesantes que ver.
La quedada tuvo lugar en el ayuntamiento de Quinto, que no Quinto de Ebro. Históricamente el nombre oficial no ha contado con apellido, pero tras la guerra civil se comenzó a utilizar el nombre de Quinto de Ebro. Hace más de una década volvió a su nombre original debido a los problemas con el nuevo nombre y con el escudo, siendo aprobado por la corporación municipal. Tras la aclaración, poco a poco llegaron la veintena de asistentes a la excursión. Un café en el bar de la plaza esperando los rezagados, y con todos ya junticos tenían preparada una degustación de coca* de cabello de ángel y de nueces, miel y canela.
*Coca: Torta.

Comenzó el paseo por las calles del pueblo, adentrándose en el casco antiguo por el portal de San Antón, uno de los tres con los que conserva la localidad. Enseguida se llegó a la plaza Vieja, desde donde se apreciaba la Casa Rectoral, palacio renacentista aragonés en obras, y el portal de San Roque. Esta plaza fue el epicentro de la vida de los vecinos de Quinto, donde estaba el ayuntamiento y la iglesia parroquial. El paso de la guerra civil lo cambió todo. La casa consistorial desapareció y a la iglesia le cambiaron la fachada y la torre más tarde.

Continuaron el paseo por la calle Mayor, por que la antiguamente pasaba todo el tránsito entre Zaragoza y Alcañiz. Ahora paseaban plácidamente en grupo, con los chiquillos garimboliando*. Alcanzaron el portal de San Miguel. Otro bello portal en perfecto estado, ofreciendo al visitante un patrimonio cuidado con esmero y en el que no faltaba la placa informativa. Tomaron la calle Morería, haciendo referencia a la población morisca de la población, y alcanzaron el Piquete. Este monte es conocido así por los vecinos por tener forma de pequeño pico, en cuya parte más alta está la iglesia de la Asunción.
*Garimboliar: Corretear.

La iglesia muestra su mejor aspecto tras la restauración. Un edificio de ladrillo con su magnífica torre de ladrillo de preciosa decoración y la galería de arquillos de tradición aragonesa coronando la parte alta de la iglesia. Dentro les estaban esperando para comenzar con la visita guiada. Comenzó con un pequeño vídeo de introducción sobre la historia reciente de la creación del museo de momias. Y acto seguido el relato por una de las guías. Una hora y media de visita que no defraudó a nadie y eso que había mucha expectación previa por conocer las momias de Quinto. Las explicaciones comenzaron con la historia del pueblo. Después llegó el relato de la construcción del edificio y del por qué de su estado interior. La conservación de sus muros en muy mal estado, sin mobiliario religioso, eran la mejor manera de comprender el paso de la guerra civil por la iglesia y por el pueblo.

Y entonces llegó el momento de ver de cerca al primer cuerpo momificado. Su conservación sorprendió a todos y enseguida surgieron las dudas de cómo habían llegado así hasta nuestros días después de permanecer en un ataúd unos doscientos años. Los factores: fallecimiento por enfermedad de alta deshidratación, falta casi absoluta de humedad y conservación de temperatura constante. Tres causas que se dieron sólo en una treintena de cadáveres de los más de mil enterramientos documentados en el interior de esta iglesia. Una característica única en toda España y que lo convierte en el primer museo de momias y que cuenta con el mejor conjunto, con 15 cuerpos momificados de manera natural.

El resto de la visita fue dedicada a cada una de las momias, contando toda la información sobre los restos, la vida de los fallecidos, el ropaje que llevaban, así como de las características de los enterramientos. Mientras tanto se podían ver a escasos centímetros todos los detalles, depositadas en unas vitrinas de cristal para preservar los restos.

El trabajo de investigación había sido tan intenso que todo lo contado era capaz de saciar la curiosidad de los visitantes, que aún así tuvieron numerosas preguntas que hacer. Todos al final salieron muy satisfechos con la visita, en la que aprendieron mucho. Y otro aspecto a valorar era el respeto con el que contaba la historia de los fallecidos, muchos de ellos vecinos del pueblo, preservando su identidad.

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Tras la visita todos ya habían hecho apetito, con lo que descendieron por las calles del pueblo en dirección a los coches. El siguiente destino era Fuentes de Ebro. El lugar elegido para comer era el parque de Santa Bárbara, que toma el nombre de la ermita allí situada, junto al colegio público. Desplegando toda la logística montaron un merendero provisional donde poder depositar las viandas que habían traído y que fueron compartiendo entre todos. Productos de huerta se mezclaron alegremente con otros manufacturados haciendo las delicias de los comensales. En el postre no faltaron los clásicos como las palmeritas de Massiel, que al final no pudo venir, hojaldre de cabello de ángel y de mermelada de melocotón de Marta, o el bizcocho de Bea, entre otros.

Y mejor postre para los más pequeños fueron los juegos infantiles situados en el parque. Ellos no se preocupaban de su digestión, y sus padres tampoco y decidieron dejarlos jugar bien tranquilos.


La tarde estaba fresca y apetecía un café bien calentito, un batido e incluso algún carajillo. Así que dieron un paseo por las calles del pueblo hasta llegar a la calle Mayor. Mientras la mayor parte de los vecinos todavía estaban comiendo ellos tomaron el bar Baden Baden como un tornado. Allí nos atendieron de maravilla. Mientras los niños jugaban a las cartas, los mayores templaban el cuerpo al ritmo de una animada conversación. Hasta la camarera pudo saborear los postres que habían elaborado.

De camino a los coches no faltó una visita a los edificios más importantes de la población: la iglesia de San Miguel, con su preciosa torre, y la plaza de Constitución cubierta con sus modernos toldos y su Casa de la Villa presidiéndola.
Ahora había que tomar de nuevo los vehículos para acercarse hasta la pequeña localidad de Rodén, situada a escasos kilómetros. Tras atravesar el puente del AVE, era necesario pasar por el pueblo nuevo. Una pista asfaltada remontaba la ladera hasta llegar a un lugar improvisado de aparcamiento. Un pequeño sendero les llevó hasta los restos de Rodén el Viejo. El dragón Chorche se encargó entonces de hacer de guía, contando la historia del pueblo, que albergaba unos doscientos habitantes justo antes de la guerra civil. En siete días el pueblo quedó arrasado, afortunadamente sin víctimas entre los vecinos ante su huída. A la vuelta la vida fue muy difícil, y los pocos que se quedaron se trasladaron al pueblo nuevo en la parte baja.

Visitaron las ruinas de la iglesia, que conservaba los muros recientemente afianzados para evitar su caída. También la torre, único elemento completamente restaurado. Y detrás estaba el castillo, apuntalado para evitar su ruina. Alrededor las ruinas de las casas que se apiñaban en las escarpadas laderas de monte elevado. Una de las peculiaridades del núcleo era su construcción a base de piedra de alabastro, irregular en el caso de las viviendas, unidas con argamasa y lucidas con yeso. Mientras la torre lucía sus piedras ligeramente talladas, con aspecto recio y sencillo a la vez.

La visita al lugar se completó con la explicación de la importancia del alabastro para esta zona. Su extracción a día de hoy convierte a Aragón como el primer productor mundial de este mineral muy característico de nuestra tierra. Un mineral usado desde la época de los griegos. Un material muy utilizado a lo largo de los siglos como así lo demuestran las murallas de Zaragoza, la fachada de Palacio de la Aljafería o los retablos de la Seo y el Pilar entre otros muchos otros. Hoy en día sigue siendo muy utilizado tanto en la construcción, así como elemento decorativo.

Un buen punto y final para una excursión más de Joréate por Aragón. Una escusa para pasar un buen día de excursión conociendo rincones de nuestra tierra en buena compañía.