El Torico, lo más grande de Teruel

El Torico, lo más grande de Teruel

El origen de la ciudad de Teruel, tomando el mismo emplazamiento actual, se remonta a la época musulmana. En este cerro hubo posiblemente una construcción defensiva que llamaron Tirwal, cuyo significado en árabe es torre. Tras la toma de Zaragoza, los reyes aragoneses continuaron el avance de las tropas en dirección al sur, camino de Valencia. Con el objetivo de afianzar estas tierras era necesario establecer una plaza fuerte y el 1 de octubre de 1171 Alfonso II tomó este enclave fortificado musulmán. A la nueva villa, Teruel, la dotó de un fuero especial, un conjunto de privilegios que tenían por objetivo atraer a nuevos pobladores, favorecer el desarrollo económico y defender la nueva frontera del Reino de Aragón.

Son muy conocidas las leyendas sobre el origen de Teruel, en paralelo a la realidad histórica. Cuentan que las tropas del rey aragonés estuvieron acampadas en la zona y los caballeros que le acompañaban le instaron a fundar una villa para proteger las nuevas posesiones. Sin saber dónde situarla decidieron esperar una señal. Mientras tanto los musulmanes prepararon una emboscada enviando una manada de toros que llevaban las astas encendidas. Tras sofocar el ataque vieron un toro sobre un cerro, y sobre él una luz tenue que parecía una estrella. Interpretaron esta señal como el lugar elegido para ubicar el nuevo enclave. Otra interpretación de la misma leyenda habla de que las tropas aragonesas, desobedeciendo al rey, persiguieron un toro el cual avistaron sobre un cerro, ubicado por la noche bajo una estrella que parecía estar encima del mismo. Ese debía ser el lugar para levantar la nueva ciudad. Incluso dan la explicación del origen del topónimo como una contracción entre las palabras Toro y Actuel, nombre de la estrella, dando lugar a Toruel.

Sin embargo la relación entre Teruel y el toro puede ser anterior. Otra leyenda atribuye la fundación por parte de los fenicios. Dada la abundancia de toros en la zona bautizaron al río con el nombre de Turia, y al nuevo asentamiento Turba. Por otra parte existen monedas romanas en las cuales aparece un toro y dos estrellas. En todo caso, lo que está claro es que Teruel está ligado al símbolo de un toro y una estrella desde sus orígenes. Y ello queda de manifiesto en su escudo y bandera, así como en monumentos tan conocidos como el erigido en la plaza de Torico.
La ciudad se fue forjando con la constante necesidad de atrachinar* el agua para sus habitantes desde el río Turia hasta el cerro. Para facilitar el almacenamiento y recoger las aguas de lluvia se construyeron tres aljibes en la plaza Mayor a partir del año 1373. Dos de ellos se conservan actualmente y son visitables: el aljibe Fondero y el aljibe Somero. A partir del 1537 el ayuntamiento comienza a buscar una solución para el abastecimiento de agua a la ciudad. Tras el encargo al ingeniero francés Pierres Vedel, entre 1551 y 1559 se llevan a cabo las obras de traída de aguas desde la Peña El Macho, situada a una distancia de cuatro kilómetros y medio.

*Atrachinar: Acarrear, portear.

Tuvieron que construirse varios acueductos y túneles para la canalización que discurría por gravedad con una ligera inclinación. La obra más emblemática, el Acueducto de los Arcos, introduce el agua directamente en el casco urbano, donde fue necesaria la instalación de conductos subterráneos que llevaban el agua a varias fuentes distribuidas por la ciudad. De ellas sólo se conserva en la actualidad una, la fuente del Deán junto a la catedral, aunque su ubicación fuera en origen otra. Una de las fuentes más importantes fue ubicada en 1558 en la plaza mayor. Enclavada en la parte alta de la plaza, en las confluencias de la calle El Tozal con la calle Muñoz Degraín. Cuenta una descripción antigua que esta fuente ya contaba con una escultura en bronce del toro y una estrella entre las astas. Las obras de abastecimiento se completaron en años posteriores y fueron finalizadas en 1583, momento en que Teruel disponía de una docena de fuentes. Este complejo hidráulico estuvo en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo XX.

La antigua plaza mayor fue siempre el centro neurálgico de la ciudad. Precisamente fue el primer espacio en rullarse* de la ciudad. Su morfología responde al terreno donde está ubicada. Su forma triangular, o más concretamente trapezoidal, tiene que ver con las pendientes naturales por donde discurría el agua de lluvia. En el año 1858 tiene lugar un hecho significativo. Se levanta la nueva fuente del Torico situada en una zona más céntrica en sustitución de la diseñada por Pierres Vedel que entorpecía el tránsito de los carros por la plaza. Cuenta con vaso circular al cual manan cuatro chorros de agua a través de sendas cabezas de toro incrustadas en una columna de piedra anillada. En la parte alta del pedestal, a siete metros de altura, descansa la figura del Torico.
*Rullar: Empedrar, adoquinar.

La plaza mayor fue también conocida como plaza del Mercado. Desde la época medieval era el lugar público para la venta de alimentos y de otros productos de primera necesidad de la ciudad. Y también allí se ubicaron las casas de los gremios más pudientes. Se trata de un espacio urbano porticado, en el cual confluyen ocho calles. Hoy en día sigue concentrando la actividad comercial y financiera en los establecimientos ubicados en los soportales. Y entre los edificios destacan diversas casas modernistas erigidas a principios del siglo XX, que aportan encanto y singularidad a la plaza. Son la Casa del Torico y Casa La Madrileña, ambas del arquitecto Pau Monguió. La Casa del Torico se convirtió después en la sede de la Caja Rural de Teruel. Su fachada está marcada por la galería de columnas de la primera planta y dos balcones de vano circular en la parte alta. Casa La Madrileña, menos ostentosa que la anterior, destaca por los vanos compuestos por trazos curvos y decoración floral en la parte alta, típicos del “art nouveau”.

Años después, en 1929, fue aprobado por el pleno municipal el cambio de denominación de la plaza, pasando a llamarse Plaza de Carlos Castel. Este personaje fue nombrado hijo predilecto y adoptivo de Teruel. Abogado de profesión, fue diputado de las Cortes generales. Gracias a las gestiones y su influencia política se llevaron a cabo la Escalinata y el Viaducto, se iniciaron las obras del fallido ferrocarril Teruel-Alcañiz y se llevó a cabo de nueva traída de aguas a la ciudad. Y también fue partícipe del inicio de la declaración de monumentos nacionales de las torres mudéjares de San Martín y San Salvador.

La plaza ha ido evolucionando con el paso de tiempo. Tras el abandono del tráfico rodado llegó la recuperación para los peatones del espacio de manera integral en el año 2007. En esa fecha se llevó cabo una polémica e innovadora reforma que modificó el pavimento de todo el espacio, incrustando líneas luminosas en diferentes direcciones evocando las huellas del paso del agua a lo largo del tiempo. La tecnología permitía la posibilidad de cambiar de color y generar texturas variadas en momentos excepcionales, siendo de color blanco en su uso habitual. De manera paralela se reformó la iluminación del resto de la plaza, iluminando las fachadas desde las cornisas y realzando los edificios más singulares; mientras que el interior de los porches fue dotado con iluminación de manera difusa. Sin embargo, a pesar de una gran inversión, unos seis millones de euros, las polémicas luces del pavimento no llegaron a funcionar de manera correcta, y tuvieron que condenarse.

Pero sin duda alguna, el icono más representativo de Teruel es el Torico. Esa pequeña escultura de bronce fundido es maciza y pesa nada menos que 54,5 kilos. Se emplaza sobre una base rectangular de piedra. Las dimensiones de la estatua son 35 centímetros de largo por 20 centímetros de ancho, mientras que la altura máxima es de 37 centímetros. Desde el año 1858 en que fue colocado sólo dos veces ha sido bajado de su emplazamiento. En el año 1938 los propios vecinos, en concreto la familia Gómez Cordobés, lo quitaron para guardarlo en un lugar seguro y protegerlo de los duros avatares que sufrió la ciudad durante la Guerra Civil. En los años sesenta del siglo XX se cambió de orientación, y desde entonces el Torico está orientado a la calle El Tozal, en lugar de la calle Nueva como se colocó tras la contienda. Por segunda vez, en el año 2003, se volvió a bajar para realizar una restauración.

A pesar de sus dimensiones, se trata del símbolo más importante de la ciudad. Al sustantivo toro se le añadió con el tiempo el sufijo –ico, muy habitual en Aragón. Lingüísticamente le aporta un valor diminutivo, pero también afectivo. Precisamente el Torico tiene un valor muy sentimental para los turolenses. En torno a su figura gira la fiesta de la Vaquilla, en la que todos los años durante el segundo fin de semana de julio un peñista tiene el honor de colocar el pañuelico rojo como inicio de las fiestas. Es el momento del año que los habitantes de esta ciudad viven con más intensidad. Por ello esta plaza conocida con diferentes denominaciones a lo largo de la historia es conocida como la plaza del Torico, y así lo seguirá siendo a pesar de que ese no sea su nombre oficial.

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Cutanda, escenario de una batalla trascendental en la historia de Aragón

Cutanda es una pequeña localidad turolense situada a doce kilómetros de Calamocha, en la Comarca del Jiloca. En la actualidad su censo no alcanza el centenar de habitantes. Se asienta la población a 1059 metros de altitud. El casco urbano se articula en torno a la carretera, que hace las veces de calle mayor. En un pequeño ensanche se encuentra uno de los numerosos peirones de la zona, acondicionado con el uso de fuente. En la otra acera el ayuntamiento, modesto edificio que tuvo lonja de dos vanos en la parte inferior, aunque ahora están cegados. Y a continuación la iglesia de la Asunción, obra terminada en 1624. Se accede a través de una portada adintelada sobre la cual aparece un frontón curvo partido con un escudo. En su interior se estructura mediante tres naves, bajo bóveda de medio cañón con lunetos, y sobre el crucero se dispone una cúpula vaída sobre pechinas. La torre de ladrillo cuenta con tres cuerpos y vanos rectangulares. Se culmina con tejadillo y chapitel.

En la parte alta es bien visible su castillo, aunque no por sus escasos restos, sino por su posición elevada y muy cercana a las viviendas. Ahora apenas queda un muro de sillería en el que se pueden observar restos de una bóveda de crucería. La fortaleza de origen musulmán fue destruida durante la batalla de Cutanda. Tras la reconquista fue cedida al Arzobispado de Zaragoza, siendo reedificado y utilizado como palacio señorial, manteniendo su carácter defensivo. Allí residía el alcaide de Cutanda, encargado de recaudar los impuestos para el arzobispo. Se trataba de las diezmas y primicias de la localidad, a lo que se añadía un porcentaje de lo recaudado en las localidades de la Comunidad de Aldeas de Daroca. Todo ello era guardado en el palacio y trasladado posteriormente a Zaragoza. A mediados del siglo XV el castillo recibió el ataque de los castellanos. Durante la segunda mitad del siglo XIX fue utilizado por un destacamento militar durante las guerras carlistas. Después de dicha contienda la fortaleza perdió uso militar y fue abandonado. A partir de este momento comienza su desmantelamiento; los materiales son reutilizados para la reformas de torre de la iglesia y principalmente para la construcción de nuevas viviendas en la población. Debido a su mal estado el ayuntamiento solicita el derribo del castillo, obras que se llevan a cabo en 1869. En ese momento se dejó la primera planta del edificio, con lo que el expolio de materiales continuó hasta dejarlo como se encuentra en la actualidad, prácticamente en los cimientos.

Aunque la primera cita documental de Cutanda data del año 1138, unos años antes tuvo lugar en las inmediaciones la batalla de Cutanda, una contienda transcendental en la historia del reino de Aragón. Los antecedentes a esta importante batalla se encuentran unos años antes. El monarca castellano Alfonso VI toma en 1085 la ciudad de Toledo y entonces el rey de la taifa de Sevilla solicita ayuda a los almorávides que ocupaban Marruecos. Al mando de Yusuf ibs Tasufin estos monjes-soldado extendieron su guerra santa al amparo del Islam y se apoderaron del sur de la Península Ibérica, quedando sólo los reinos de Taifas de Albarracín y Zaragoza. En 1104 cayó el primero de ellos y en 1110 se apoderaron de Zaragoza. Sin embargo pocos años pudieron disfrutar de la mítica Medina Albaida, como era conocida la Ciudad Blanca de Zaragoza. La gran ofensiva de Alfonso I el Batallador al valle medio del Ebro se afianzó con la toma de Zaragoza el 18 de diciembre de 1118. Entonces el avance del monarca aragonés fue imparable, con la toma de Tudela, Tarazona y llegando a reconstruir la ciudad de Soria en 1119. Después comenzó con el sitio de Calatayud, en 1120. Justo en este momento conoció el avance del ejército musulmán que tenía la intención de recuperar Zaragoza. Llevaban meses preparando la ofensiva musulmana a la que se añadieron los caudillos y sus guerreros de Sevilla, Granada, Murcia, Lérida y Molina de Aragón, bajo el mando del general Ibrahim Ibn Yusuf. Alfonso I el Batallador levantó el asedio de Calatayud y trasladó su ejército al encuentro. Se le añadieron las tropas de Imad al-Dawla, el regente musulmán expulsado diez años antes de Zaragoza por los almorávides, ahora vasallo del rey aragonés. También contó el apoyo militar con 600 caballeros del duque de Aquitania, Guillermo IX el Trovador. El ejército cristiano, que según las fuentes históricas contaba con 12.000 jinetes, sitió el castillo de Cutanda y aguardó la llegada de los musulmanes, con unos 5.000 jinetes. Ascendiendo por el valle del Jiloca o por Perales de Alfambra y Portalrubio, según las versiones de los historiadores, llegaron los musulmanes al encuentro en Cutanda.

Aquel 17 de junio de 1120 se libró una dura batalla. La ubicación exacta se desconoce ya que no se han encontrado restos. Se supone que fue en una vaguada situada a escasa distancia del casco urbano, cuya partida es conocida como Las Celadas. Precisamente “celada” significa emboscada entre gente armada, en la cual se ataca al enemigo desde una posición oculta con el fin de pillarlo desprevenido. En el arranque del camino de Nueros, frente al cementerio, hay un calvario situado sobre el lugar que conmemora la victoria cristiana. Según las crónicas francesas fallecieron 15.000 musulmanes y fueron capturados dos mil camellos. No parece que fueran ciertas las cifras de los participantes en la batalla ni de los fallecidos, pero lo que no se puede cuestionar que ésta se trata de una de las grandes victorias de Alfonso I el Batallador. Tan decisiva que si no se hubiese producido quizás los musulmanes podrían haber recuperado Zaragoza. Y tan dura debió ser que durante cientos de años después todavía se decía “peor fue la de Cutanda”, intentando quitar importancia a algún desastre o desgracia. El rey aragonés aprovechó la victoria para afianzar el territorio. En una semana entró en Calatayud, tomando numerosas plazas de camino. También tomó Daroca en ese mismo año. El avance de la Reconquista fue mucho más fácil en dirección al Levante ya que tras la derrota los musulmanes perdieron interés en este territorio, centrándose en otras plazas como Tortosa, Lérida o Fraga. Precisamente en el sitio a la última de ellas Alfonso I el Batallador sufrió un ataque sorpresa y tuvo que huir herido. El 7 de septiembre de 1134 espichó* en la pequeña localidad de Poleñino.
*Espichar: Fallecer, morir.

En junio del 2015 se creó la Asociación Batalla de Cutanda con el objetivo de poner el valor este importante hecho histórico. Para ello se buscó la participación de grupos de recreación histórica, estudiosos, particulares y asociaciones para la participación en este nuevo proyecto cultural. Desde el año 2016 se celebran anualmente jornadas conmemorando la batalla. Se representan escenas como la escaramuza de la Fuente Vieja, donde los cristianos son asaltados por los cutandinos musulmanes; pero la más espectacular es el asedio y conquista del castillo. Durante las jornadas las personas van ataviadas con la vestimenta de la época, a la que se acompañan arqueros y incluso una muestra de caballería. Y de manera paralela se lleva trabajando desde la asociación a lo largo de estos años en la búsqueda de la ubicación exacta del campo de batalla. Se parte de una superficie de más de 300 ha, en el entorno de la partida de Las Celadas. A diferencia del yacimiento arqueológico de un poblado, donde es más fácil de encontrar restos debido a que el asentamiento humano se ha prolongado durante años o siglos, los restos arqueológicos de una batalla son más escasos y difíciles de localizar. Es un hecho de gran intensidad pero de una corta duración en el tiempo, unas horas o unos días. Por ello se aspira a poder trobar* los restos de las fosas donde se enterraron a la gran cantidad de muertos en la contienda, o a restos del armamento como pueden ser puntas de flechas.
*Trobar: Encontrar.

Además de las prospecciones visuales y pequeñas catas arqueológicas, se han desarrollado varias intervenciones de mayor calado tecnológico. Las diferentes tecnologías empleadas en la búsqueda del lugar de la contienda están convirtiendo esta empresa en un referente a nivel nacional. Todas ellas coinciden en que para la inspección no se requiere de contacto directo con el terreno. La primera de ellas fue de la mano del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros nº 12 de Zaragoza en la que utilizaron sus sistemas de detección geofísica y magnética con el objetivo de hallar restos materiales. Intervinieron en un espacio de 800 metros cuadrados. Con estos métodos se pueden detectar estructuras (fosas o muros), así como otros vestigios sin realizar excavación alguna. Otro de los métodos utilizados, el Lidar, ha sido posible gracias a la colaboración de la empresa Vitruvian Technologies. Éste se apoya en un láser que barre de manera sincronizada el espacio a estudiar. Ello permite la generación de modelos digitales en 3D con el objetivo de explorar la orografía del terreno, que pueden dar alguna pista sobre su localización. Otra colaboración tuvo lugar gracias a la empresa Revolotear, a través del vuelo de drones dotados con una cámara multiespectral. Este sistema permitió la inspección de una superficie mucho más amplia, unas 300 ha. Además las fotografías captadas tienen una precisión muy superior a la de otros medios aéreos. Mediante cuatro vuelos en diferentes condiciones meteorológicas se pudieron extraer datos sobre el terreno relacionados con la humedad que puede acumular y la vegetación que crece en él. Ello puede dar indicios sobre zonas de tierra removida donde podrían encontrarse las fosas de enterramiento. La última de las intervenciones mediante métodos muy avanzados corresponde a la empresa GeoZone, una empresa especializada en trabajos de consultoría geofísica que mediante el georadar 3D ha realizado nuevos estudios sobre el terreno, haciendo énfasis en adaptar el método a la prospección de restos arqueológicos. Sin embargo hasta la fecha el hallazgo más importante no ha sido encontrado en el campo de batalla sino en el Museo del Louvre, en París. Gracias a un colaborador se ha descubierto que está expuesta en este importante museo una pieza en cuya ficha técnica deja bien claro que está relacionada con la batalla de Cutanda. Se trata de un preciosa pieza, un vaso de cristal de roca decorado en su base y empuñadura con piedras preciosas, perlas y plata nihelada. Mide 33 cm de altura. Fue donado por el rey al-Dawla, también enemigo de los almorávides, a Guillermo IX de Aquitania por su participación en la batalla, y puede proceder del botín tomado en la misma.

A toda esta labor de investigación se añade la realización de actividades tanto de divulgación histórica mediante charlas así como de participación en recreaciones de otras localidades. Y también se ha realizado un hermanamiento con el municipio de Santa Elena (Jaén), donde tropas castellanas, aragonesas y navarras vencieron a musulmanes en la conocida como batalla de las Navas de Tolosa, constituyendo el punto culminante de la reconquista de la Península Ibérica. Tras la realización de una torre en homenaje a la batalla de Cutanda en la población jienense, ahora se ha correspondido desde la población aragonesa con la construcción de un peirón en la parte alta del pueblo. Cuenta con decoración mudéjar y ha sido levantado por el ayuntamiento de Calamocha, del cual depende Cutanda.

Y todo ello con el reto de la celebración del noveno centenario de la batalla de Cutanda, que tendrá lugar el 17 de junio de 2020. Para esta fecha se espera ya esté abierto el Centro de Interpretación de la Batalla de Cutanda. Se ha conseguido una partida económica del FITE que servirá para acondicionar un antiguo almacén de cereal de la localidad. Y también se está trabajando para que a ese evento acudan personalidades relacionadas con los participantes en la batalla, así como de los territorios íntimamente ligados al proceso de reconquista cristiana por los aragoneses.

Lagarto de Riodeva, el gigante europeo

Riodeva es una pequeña localidad turolense situada a los pies de la Sierra de Javalambre y a escasa distancia del límite con las tierras valencianas del Rincón de Ademuz. Se accede desde la carretera nacional que une Teruel y Cuenca, a través de un ramal de once kilómetros que termina en la localidad. Aunque llegó a alcanzar los 800 habitantes, ahora su censo ronda los 150. Sus viviendas se agrupan en una ladera orientada a la vega formada por el río homónimo. Una plaza enaltece la iglesia de la Virgen de los Dolores, que data del siglo XVIII. Su torre con remate de cuerpos octogonales marca la silueta del pueblo. Tras recorrer la vega y rebasar la localidad, un desvío conduce a la ermita de la Inmaculada. El edificio neoclásico del siglo XIX se alza sobre un altozano cubierto por la vegetación. A los pies se abre un pórtico rodeado por un encantador parque recreativo. A escasos metros están el albergue, las piscinas municipales y una de las subsede de Dinópolis.

Titania es un centro expositivo que cuenta con 600 m2, cuyas obras fueron financiadas por el Fondo de Inversiones de Teruel y que superaron el millón de euros. Fue inaugurada en marzo del 2012. Como el resto de sedes de Territorio Dinópolis cuenta con su propia mascota, Riox, un simpático dinosaurio carnívoro. A partir del año 2002 se planificó la prospección de nuevos yacimientos fósiles en la zona. Un año más tarde llegó el hallazgo más importante, uno de los descubrimientos más importantes de la paleontología turolense. En la partida de Barrihonda, aquel 23 de mayo de 2003 Alberto Cobos y Rafael Royo fueros los investigadores afortunados. En un campo de labor se toparon con miles de fragmentos de huesos pertenecientes a un saurópodo chigán*. Estaban diseminados por el terreno, pero también formando parte un muro de piedras que separaba el campo. Los restos fueron trasladados al laboratorio y tras meses de trabajo se fueron recomponiendo los huesos. En el yacimiento se realizó una excavación que se ha prolongado en el tiempo alcanzado la recuperación del 55% del esqueleto del dinosaurio, que lo convierten en el conjunto más completo de un dinosaurio gigante encontrado hasta la fecha en la Península Ibérica.

*Chigán: Gigante.

Además del tamaño, la importancia del hallazgo radica en que pertenece a un clado nuevo, es decir, una nueva rama que incluye a una o varias especies. En el bautizo del nuevo dinosaurio se tomó como referencia al río Turia para el clado, mientras que la nueva especie honra al pueblo donde se ha encontrado: Turiasaurus riodevensis. Dentro de la misma rama se incluyen otros dinosaurios como el Lossillasaurus. En cuanto a su morfología, con los restos encontrados se sabe que es el dinosaurio más grande hallado en Europa hasta la fecha, y uno de los más grandes del mundo. Se trata de un enorme hervíboro de unos treinta metros de longitud entre la cabeza y la cola, y con una altura de unos cinco metros. En cuanto a su peso podría rondar las 40 toneladas. Otra de las importancias del descubrimiento es que se trata del conjunto de dinosaurio gigante muy completo. Cráneo, vértebras del cuello, costillas, una pata delantera, otra trasera, cadera, cola…. Y de dimensiones colosales; por ejemplo, la pata delantera mide tres metros y medio de altura. Resultado de las investigaciones se sabe que el animal vivió hace 145 millones de años, entre el Jurásico y el Cretácico. El paisaje estaba compuesto por un delta donde se acumulaban sedimentos los cuales facilitaron la conservación de los restos fósiles. Abundaba también la vegetación, que servía de alimento a estos dinosaurios.

El hilo conductor de esta subsede de Dinópolis es el “Gigantismo en la naturaleza”, y para ello se introduce al visitante mostrando las especies de animales más grandes tanto de la actualidad como de la época de los dinosaurios. La segunda sala habla de la geología, los estratos que componían el paisaje donde habitaron estos dinosaurios. En la parte central se expone una espectacular reproducción a tamaño natural de la mitad anterior del esqueleto de Lagarto de Riodeva. También se muestran reproducciones de algunos huesos del gran saurópodo: fémur derecho, radio izquierdo, pubis y húmero izquierdo. Pero la pieza más impactante es la reconstrucción ideal de la cabeza, a tamaño real. En la muestra de Titania también se exponen réplicas de huesos de otros dinosaurios cuyos restos se han encontrado en los yacimientos de Riodeva, diplodócidos, estegosáuridos, ornitópodos y dinosaurios carnívoros, así como reconstrucciones a escala inferior de estos dinosarios.

En cuanto a la lista de récord de dinosaurios gigantes, hay que tomarla con pesguarda*, ya que son datos estimados y dependen mucho de los restos encontrados. Según la wikipedia (la cual basa sus datos en publicaciones científicas revisadas por pares) tenemos dos clasificaciones según la longitud o el peso del saurópodo.

*Pesguarda: Cautela.

Los dinosarios más largos:

1 Amphicoelias fragillimus 58 m América Norte 145-150 millones
2 Argentinosaurus huinculensis 30-39,7 m América Sur 93-97 millones
3 Turiasaurus riodevensis 30 m Aragón 150 millones
4 Mamenchisaurus sinocanadorum 26-35 m Asia 145-163 millones
5 Supersaurus vivianae 33-34 m América Norte 150-155 millones
6 Futalognkosaurus dukei 26-34 m América Sur 85-93 millones
7 Diplodocus hallorum 30-33,5 m América Norte 145-155 millones
8 Antarctosaurus giganteus 30-33 m América Sur 70-93 millones
9 Xinjiangtitan shanshanesis 30-32 m Asia 163-174 millones
10 Paralititan stromeri 20-32 m Africa 93-96 millones

Los dinosaurios más pesados:

1 Amphicoelias fragillimus 122 Ta América Norte 145-150 millones
2 Argentinosaurus huinculensis 73-90 Ta América Sur 93-97 millones
3 Antarctosaurus giganteus 69-80 Ta América Sur 70-93 millones
4 Apatosaurus sp. 36-80 Ta América Norte 155-150 millones
5 Mamenchisaurus sinocanadorum 75 Ta Asia 145-163 millones
6 Dreadnoughtus schrani 59 Ta América Sur 84-66 millones
7 Paralititan stromeri 59 Ta América Norte 145-155 millones
8 Espécimen sin nombrar 58 Ta
9 Brachiosaurus altithorax 28-56 Ta América Norte 153-154 millones
10 Turiasaurus riodevensis 40 Ta Aragón 150 millones

Ababuj, el primero de la lista

Esta pequeña localidad turolense ostenta el primer puesto en la lista de municipios aragoneses por orden alfabético. Y sin tener en cuenta los 24 primeros municipios que incluyen el artículo en gallego, como A Coruña, Ababuj también es el primero de los municipios españoles.

Está situado en la cabecera del río Alfambra, y al borde gran barranco formado por el río Seco, afluente del anterior. En las cercanías se alza la Sierra del Pobo y un poco más al sur la Sierra de Gúdar. El enclave se alza a 1.368 metros de altitud, uno de los más altos de Aragón. Su casco urbano se asienta de manera longitudinal en torno a la quebrada travesía de la carretera carretera TE-V-8001 que parte del Puerto de Cabigordo y comunica con Aguilar de Alfambra. La distancia a la capital turolense es de 37 kilómetros.

El origen del actual asentamiento pudo ser una fortificación de la cual se conservan todavía algunos restos y su antigua torre vigía. En el año 1177 el rey Alfonso II de Aragón otorgó los Fueros de Teruel a la ciudad recién conquistada. El objetivo era reforzar la frontera sur del reino de Aragón frente a la amenaza musulmana. Para asentar la población en la extremadura aragonesa fueron surgiendo aldeas en torno a la ciudad, que una vez se fueron desvinculando de la misma se integraron en la Comunidad de Aldeas de Teruel. La primera referencia documental de la comunidad es de 1277, contando entonces con 80 aldeas agrupadas en sesmas. En la Sesma de Monteagudo estaba incluida Fabbatux, como entonces era conocida Ababuj. Las aldeas debían pagar una cantidad de 7.000 sueldos anuales al Rey además de otras cantidades adicionales al Concejo de Teruel. Su órgano de gobierno era la plega general, donde se reunían los oficiales de la Comunidad y los procuradores invitados por los concejos de las aldeas. El nombre de la localidad fue sufriendo diferentes modificaciones con el paso de los siglos. En el año 1385, reinando Pedro IV el Ceremonioso, figura como Ababuix. En 1543 es nombrada como Fabaux, bajo el reinado del emperador Carlos V. Y finalmente en 1722 figura documentalmente como Ababuj sin producirse cambios hasta la actualidad.

En lo jurisdiccional Ababuj era un pueblo de realengo, dependiendo del Reino de Aragón. No tuvo ayuntamiento independiente hasta 1834, siendo hasta entonces representado por un alcalde pedáneo nombrado por la Comunidad de Aldeas de Teruel. En lo eclesiástico perteneció al Arzobispado de Zaragoza hasta 1577. Tras la creación de la diócesis de Teruel en esa fecha Ababuj se integró en ella. En cuanto a su población no fue muy numerosa debido a sus condiciones geográficas, tierra de labor poco productiva y agreste ubicada a gran altitud, más idónea para situar en ella un lugar defensivo. Por ello su mayor población se alcanzó en 1857, cuando aparecen censados 455 habitantes según los datos de diccionario de Madoz. Su regresión ha sido continua hasta alcanzar en el censo de 2016 una población de 76 habitantes.

Antes de alcanzar las primeras casas se pasa junto a la ermita de Santa Ana. Es un edificio de mampostería y cantería levantado en el siglo XVII. Se compone de una nave que se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos, con el altar cubierto con bóveda en forma de concha. Se antecede de loncheta* sobre columnas de piedra, con alero de madera, conservando el pavimento de cantos rodados de río.

*Loncheta: Atrio, porche.

El casco urbano se agrupa a los pies de la peña donde se ubica el castillo. La carretera serpentea hasta alcanzar la calle Mayor, con la que coincide una vez gira bruscamente en torno al edificio del ayuntamiento. A escasa distancia se alza la iglesia de Santa Ana, levantada en el siglo XVI. Este edificio está compuesto de tres naves y se culmina con cabecera poligonal. Las naves se cubren con bóveda de medio cañón con lunetos. Destaca entre las capillas laterales una llevada a cabo en el siglo XVIII, de planta octogonal. La portada responde al estilo plateresco y se guarece con un arco de medio punto. Se compone de dos cuerpos, con arco de medio punto de dovelas decoradas flanqueado por pilastras; el cuerpo superior tiene tres hornacinas que se cubren con frontón. La torre es de factura reciente. Cuenta con planta cuadrada y se alza en dos cuerpos. El inferior y de mayor altura es de mampostería. El superior es de ladrillo, y en cada uno de sus costados se abren tres estrechos vanos de medio punto bozaus*.

*Bozar: Tapar, cegar.

Desde la parte baja de la parroquial parte una calle que se encamina a una zona rocosa. Allí se ubican las ruinas de la ermita de Santa Bárbara, y una magnífica torre defensiva. En cuanto a la ermita se trata de una construcción de mampostería de planta rectangular, fechable en el siglo XVI. La techumbre de madera se apoyaba en arcos fajones de los cuales se conservan únicamente los arranques tras el desplome de la cubierta.

Respecto a torre vigía, se situa a escasos metros. Fue construida en piedra de sillar en el siglo XIV. Se alza en planta cuadrada, de seis metros y medio de lado. Se corona a 15 metros de altura con restos de las almenas. Al interior ya no conserva las cubiertas ni los suelos de las diferentes plantas. Si que conserva una puerta en alto, de arco ligeramente apuntado, así como vanos de medio punto en la parte alta, uno por costado excepto uno que tiene dos.

Desde este punto se divisa la magnitud del desfiladero formado por el río Seco, de trazado sinuoso en torno al casco urbano. Los materiales calizos que lo forman se combinan con las riberas de chopos en el fondo del valle. Tanto en este río como en su afluente, el río Alfambra, se localizan los chopos cabeceros. Se trata de ejemplares de chopo negro, los cuales mediante la práctica del trasmocho, ofrecen un singular aspecto. La poda periódica por parte del hombre ha creado árboles con troncos de gran diámetro, a partir de los cuales crecen tras el corte ramas rectilínias de gran longitud utilizadas para la construcción entre otros muchos usos.

Otro de los puntos de interés de la localidad es su yacimiento de icnitas, descubierto hace dos décadas siendo uno de los primeros yacimientos de icnitas descritos en Aragón. Está situado a unos dos kilómetros de Ababuj, a ambos lados de la carretera que conduce a Aguilar de Alfambra. Allí se pueden encontrar 25 huellas de dinosaurios fosilizadas, fechables hace 145 millones de años en la historia, entre los periodos Jurásico y Cretácico. Una veintena son de forma ovalada y corresponden probablemente a saurópodos. Son de diferente tamaño, lo cual evidencia que aunque algunas responden al rastro de un mismo individuo, el resto corresponden a diferentes ejemplares. Otras 5 huellas son tridáctilas y responden a terópodos.

Central Térmica de Aliaga, el despertar de un gigante

En el año 1949 Eléctricas Reunidas de Zaragoza, hoy Endesa, comenzó las obras de la primera fábrica de electricidad a partir del carbón en España, que sería durante años el complejo energético más grande del país. El lugar elegido fue la localidad turolense de Aliaga, inaugurándose en 1952. El conjunto arquitectónico estaba compuesto por un imponente edificio, al que le acompañaban talleres, almacenes, depósitos de agua, tolvas para el carbón y un embalse. Sus edificaciones fueron construidas a base de ladrillo y cemento, siendo funcionales pero sin renunciar a la elegancia en sus líneas.

El edificio principal de la central térmica, que responde al estilo historicista, está compuesto por tres naves de planta rectangular adosadas en paralelo. La nave de mayores dimensiones cuenta con 76 metros de longitud y 36 de altura. Está coronada por un frontal donde figuran las letras “CENTRAL TÉRMICA DE ALIAGA”, mientras que en su costado mayor se puede leer “ELÉCTRICAS REUNIDAS DE ZARAGOZA S.A.”. Sus muros aparecen rasgados por grandes vanos de iluminación verticales, separados por pilastras. En su interior albergaba la gran nave de calderas, donde se cremaba* el carbón, proceso en el cual se producía energía eléctrica. Inicialmente contaba con una gran caldera Mercier, construida en Zaragoza, y otras dos más pequeñas Babcock Wilcox, produciendo en total 20 MW. En el año 1958 se añadió una caldera Walther de 25 MW, con lo que la producción de la central térmica alcanzó los 45 MW. Comenzó así su periodo de máxima producción, con 280 millones de kW/hora al año. Tras el desmantelamiento de la maquinaria sólo se conservan las chimeneas de las tres calderas con las que se puso en funcionamiento la central. A continuación aparece otra nave rectangular de menor altura, conocida como la de máquinas, donde se instalaron inicialmente dos grupos de generadores, al cual se le añadió un tercero con la puesta en marcha de la última caldera. Finalmente aparece una nave más pequeña, conocida como sala de condensadores, y que se comunicaba con las torres refrigeradoras, ya desaparecidas. Las dos naves menores se cierran con sendos frontones, de similitud a los templos griegos.

*Cremar: Quemar.

En un principio la central cubría sus necesidades de carbón con las minas subterráneas de la zona. Éstas pertenecían a Minas e Industrias de Aliaga S.A., empresa filial de Eléctricas Reunidas de Zaragoza. Se trataba de Hoya Marina, Campos y Las Eras. El transporte directo desde las minas se llevaba a cabo por un tendido aéreo mediante vagonetas de 13 kilómetros de longitud salvando así las dificultades orográficas, contando incluso con túneles. El carbón trasladado se recogía en unas tolvas grandes. Un cable sinfín lo introducía en el edificio alimentando las calderas. Con su combustión se calentaba el agua procedente del embalse de Aliaga a elevadas temperaturas, lo cual producía la energía necesaria para impulsar las turbinas. Ésta pasaba al parque de transformación obteniéndose la energía de alta tensión. El agua utilizada se enfriaba en las torres de refrigeración, volviendo al embalse y completando el circuito cerrado. Precisamente este embalse fue construido sobre el río Guadalope con ésta única función.

Debido a la voracidad de la central térmica, 900 Tm, las explotaciones mineras se agotaron y en el 1962 fue cerrada la última de ellas. Comenzó el traslado por carretera de otras zonas de la provincia turolense que encareció notablemente los costes de producción. En el año 1982 cesó la actividad definitivamente, ya que para la empresa eléctrica era más rentable quemar el carbón en las centrales de Escucha y Andorra, que ya estaban en funcionamiento.

Con la apertura de la central térmica Aliaga la población pasó de unos pocos centenares hasta los 2.000 habitantes, muchos de los cuales vivían directa o indirectamente de la producción energética y de las minas de carbón. Para alojar a los trabajadores y sus familias fue necesario construir dos barrios nuevos: Santa Bárbara, para aquellos que trabajaban en las minas, y La Aldehuela, para los que lo hacían en la central. Llegó así la etapa más floreciente de Aliaga en la que la población contaba con un cine, un economato, una fonda para los solteros y unas escuelas. Pero el desarrollo fue efímero y sólo duró tres décadas. Las calderas se apagaron y con el cierre la empresa ofreció 250.000 pesetas a sus 85 trabajadores para su traslado a Zaragoza, donde la compañía les dio otros puestos. Con la pérdida del motor económico de Aliaga, la población cayó en picado y en la actualidad el censo cuenta con unos 350 vecinos.

Tras el desmantelamiento y la venta de toda la maquinaria por parte de Endesa durante los tres años siguientes al cierre, llegó el abandono. El terreno y sus edificios fueron adquiridos por unos empresarios turolenses que lo compraron a muy bajo coste. Y poco a poco llegó el deterioro de las instalaciones. El imponente edificio se yergue en pie con sus muros exteriores, salpicados de grandes finestras* con los cristales rotos. Y en su interior restos de materiales desprendidos de su estructura. Todo cubierto por el color negro de toneladas de carbonilla que salieron por sus gigantescas chimeneas. En las oficinas situadas en la parte alta cientos de papeles desperdigados hablan de cifras y del registro de sus empleados. Y en los montes cercanos todavía se conservan los restos del entramado aéreo por donde llegaba el carbón a la central.

*Finestra: Ventana.

Este fue el lugar elegido para grabar el anuncio de Sónar 2012. Se trata del Festival Internacional de Música Avanzada y New Media Art de Barcelona, pionero en su formato. Constituye un referente internacional gracias a a la oferta cultural en la que se conjugan lo lúdico y lo artístico, así como las tendencias de músicas electrónicas así como sus interacciones con otros géneros. El cortometraje trata la historia de un robo en una central térmica en Siberia, mediante el asalto a dicha central por parte de tres enanos. El edificio abandonado rodeado de un paisaje singular durante el crudo invierno turolense evoca sin lugar a dudas la estepa siberiana.

Ver vídeo Sónar 2012 “La Distancia”

Pero también ha sido un polo de atracción de innumerables fotógrafos tanto profesionales como aficionados atraídos por sus ruinas.

Tras décadas de abandono parece que ha comenzado un movimiento que pretende recuperar su imponente estructura. En el año 2016 comenzaron a movilizarse el alcalde de Aliaga, Sergio Uche, y la Fundación Iberoamericanas de las Industrias Culturales y Creativas (FIBICC), especializada en el impulso de proyectos vinculados a la arquitectura industrial. El objetivo es convertirlo en un museo sobre el ciclo del carbón, que serviría además como centro de actividades culturales. También un espacio abierto a los artistas para fomentar su creatividad y para exponer sus obras. Se convertiría así en un punto de referencia de la arqueología industrial, que podría dinamizar la zona a través de un turismo industrial. Lo cual sería un aliciente al turismo cultural y de naturaleza con el que ya cuenta. Pero el objetivo es implicar también al resto de administraciones desde la Comarca de Cuencas Mineras, pasando por el Gobierno de Aragón y llegando al Gobierno central y la Unión Europea. En el proyecto se plantea involucrar también a las empresas energéticas que operan en el pueblo en la actualidad. Por una parte la central de cogeneración de Cinca Verde que produce electricidad con la quema de gas natural, y el parque eólico de Comiolica. Además sería lógico que Endesa se sumase al proyecto, ya que Eléctricas Reunidas de Zaragoza fue quien construyó la central.

Para seguir adelante con el proyecto lo primero ha sido la adquisición de la central y de solar de su alrededor, cuya compra se hizo efectiva en la primavera del 2017. También sería importante la declaración de enclave como bien de interés cultural, lo cual facilitaría la concesión de subvenciones. Precisamente éstas serían fundamentales para acometer la fase más complicada, la adecuación de las instalaciones y sus alrededores. Ello podría dinamizar el empleo de la zona, en compensación al desarrollo de España gracias a la energía generada en la central durante tres décadas. Los trabajos serían complejos y costosos debido a los materiales contaminantes que deberían ser tratados por empresas especializadas. En primer lugar la descontaminación de los terrenos, así como la retirada del amianto de la cubierta de uralita. Y después debería llevarse a cabo la rehabilitación del edificio de grandes dimensiones.

Un ambicioso proyecto que comienza a andar y que esperemos que llegue a buen puerto para revitalizar un pueblo con muchos atractivos naturales y artísticos. De esta manera se recuperaría parte de su historia más reciente, y pondría en valor unas instalaciones que a pesar de su estado provocan hoy en día admiración a todos aquellos que se acercan hasta ellas.

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Aliaga, un paraíso de la geología

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3ª Excursión Joréate por Aragón a Aliaga

Y llegaba la tercera excursión de Joréate, y este año nos tocaba recorrer tierras turolenses. La localidad elegida por el dragón Chorche fue Aliaga, un pueblo en declive económico por el cierre de las minas y de su central térmica. Después de haber superado ampliamente los dos mil habitantes ahora rondaba los trescientos habitantes. Pero en las últimas décadas el reconocimiento de su parque geológico y la potenciación de su entorno natural podía abrir una puerta a su futuro, mucho más respetuosa con el medio ambiente.

La quedada tenía lugar el sábado 20 de mayo en el Santuario de la Virgen de la Zarza, uno de los rincones más bonitos de la localidad. A la excursión se apuntaron 33 personas, en progresión ascendente año tras año. A medida que fueron llegando el almuerzo fue lo primero. El día era estupendo, soleado y fresco, pero poco a poco la temperatura templó el día. Tras la llegada de los más rezagados a mediodía comenzó la caminata, un sencillo paseo por el Sendero Fluvial del Guadalope.

En su primer tramo, y sin perder de vista las cristalinas aguas de este río, una cómoda senda estaba escoltada por los chopos cabeceros. Tras el cruce a la otra margen se pasaba junto a las últimas casas de la población. Poco a poco nos fuimos acercando al desfiladero de Aldehuela, donde el paisaje mostraba las formaciones rocosas más agrestes. Fueron necesarias las primeras pasarelas para sortear un pequeño resalte recoso. Más adelante el valle se estrechaba, en algunos tramos con paredes rocosas verticales. La vegetación de ribera cubría todo el fondo del valle junto al río. Nuevos tramos de palancas* metálicas, cuyo acondicionamiento ha sido llevado a cabo hace menos de un año, permitía descubrir este entorno natural andando.

*Palanca: Pasarela.

Y llegó el tramo más espectacular, donde la senda se elevaba sobre el cauce y atravesaba un tramo adosado a la roca. Un recorrido sinuoso y de gran belleza, no apto para los que tienen vértigo. De nuevo junto al cauce del río, la senda se adentraba en el valle donde abundaban los troncos secos de los árboles muertos, junto a los abundantes chopos que tapizaban el paisaje.

Más adelante la senda ascendía rápidamente hasta un pequeño collado. Desde la parte se abría un nuevo paisaje que sorprendió a todos. Ante nosotros el embalse de Aliaga, con aguas de color marrón salpicado de carrizal, y al fondo la enorme fábrica de la Central Térmica de Aliaga. Sólo restaba rodear el embalse, cruzar por debajo de la presa a través de un puente, y acercarse hasta el edificio.

Sus enormes dimensiones y su estado de abandono nos dejó enluzernaus a todos. A pesar del peligro de acceso fue inevitable echar un vistazo y tomar alguna foto, con precaución. Se trató de la primera y más moderna central térmica de España, y cesó su actividad en los años ochenta por los costes de producción y la mala calidad del carbón de la zona. Tras el desmantelamiento de sus elementos de mayor valor ahora quedaba su estructura en avanzado estado de ruina, pero en pie.

*Enluzernau: Perplejo.

El camino de vuelta fue mucho más rápido, en una hora, ya que había hambre. Junto al santuario había un merendero con abundantes mesas. Allí comimos con postres bien variados. Cerezas del Bajo Gállego traídas por Chorche, una torta buenísima de la panadería de Utrillas, palmeritas de Massiel e incluso una empanada de cabello de ángel de Rosi. Después hubo tiempo para todo. Tomar un café en el bar cercano del camping, echarse una siesta, tomar el sol, tocar el ukelele e incluso demostrar las habilidades con el diábolo.

A mitad de tarde decidimos dar un paseo por el pueblo. En primer lugar nos hicimos la tradicional foto de grupo ante la fachada del santuario. Después entramos y nos quedamos boquiabiertos ante la belleza de su interior. Bóvedas y columnas cubiertas con esgrafiados, dibujos de color azul sobre fondo blanco. Todo ello acompañado de preciosos retablos, grandes lienzos y el altar donde se entronizaba la virgen titular. Su magnífico estado se debía en gran parte al trabajo de restauración de Julián Cruz, que nos contó en vivo y en directo cómo había llevado a cabo estos trabajos durante años con gran maestría y perfección. Pero también nos contó la historia de la aparición de la virgen y de la construcción del santuario. Y la visita se completó con muchas hazañas de su azarosa vida, entre ellas trabajador de la central térmica.

A continuación dimos un paseo por el pueblo, atravesando el puente sobre el río Guadalope, en dirección a la iglesia parroquial. Más adelante entramos en la calle principal de la localidad, escoltada por los porches que embellecían este tramo de la travesía. Por cierto la treintena de participantes en la excursión ocupaba la calzada sin riesgo, como si fueran las fiestas del pueblo ante la ausencia de vehículos. El paseo se prolongó por las calles altas, hasta descender de nuevo, y volver hasta el santuario. Una magnífica tarde de verano a juzgar por la temperatura, en la que parecía estar nevando por las bolisas de algodón que portaban las semillas de los chopos que eran trasladadas por la suave brisa. Un espectáculo natural precioso, pero molesto para la mayoría.

En este momento comenzaron las despedidas. Era el final para la gente que había venido a pasar el día. Todos estaban contentos por la jornada de convivencia en la cual habían conocido a gente nueva y habían pasado un día estupendo descubriendo una localidad que no conocían. Y para los demás sólo quedaba trasladarse hasta el cercano barrio de Santa Bárbara, donde estaba situado el Albergue de Aliaga. Nos recibió Raquel, nos tomó nota y enseguida comenzó la distribución de las habitaciones. El antiguo edificio había tenido diversos usos entre ellos el de escuela. Tras su rehabilitación ahora era un albergue con unas instalaciones modernas y funcionales, pero llenas de pequeños detalles. Hasta la cena pudimos disfrutar de la tranquilidad y del frescor de la noche en la terraza mientras tomábamos una cerveza. Cenamos en el comedor, que hacía las veces de bar, con una comida muy bien elaborada por Pablo, el cocinero. Y tras la cena pudimos ver tres pequeños documentales en gran pantalla sobre lo pequeño que es nuestro planeta en comparación con el universo conocido. Media hora en la cual Raquel, una enamorada de las estrellas, nos contagió su entusiasmo y sus conocimientos. Y todo ello dentro de un proyecto que hacía singular a este establecimiento. Forma parte del movimiento Starlight, cuyo fin principal es la difusión de la astronomía. Precisamente las condiciones ambientales de esta zona, sin apenas contaminación lumínica, lo convierte en un lugar ideal para la observación de estrellas. Y para completar el proyecto estaban a la espera de un sofisticado aparato que permitirá el visionado de estrellas, con lo que dentro de poco cumplirán este sueño personal.

A la mañana siguiente no madrugamos mucho. Hasta las nueve no desayunamos. En una hora ya estábamos en marcha. En el Centro de Interpretación del Parque Geológico de Aliaga nos esperaba Julia para darnos una lección de sus conocimientos. A lo largo de muchos años ha sido una ferviente protectora del legado geológico y natural de Aliaga, gracias a su divulgación como informadora turística. Un audiovisual sirvió de introducción, y después nos contó todo lo necesario para entender la formación del actual paisaje que rodea a Alulgha, término musulmán que significa valle torcido, origen del nombre de Aliaga. Un complejo proceso de formación de millones de años, ahora estudiado por los geólogos y que atrae todos los años a muchos visitantes de todo el mundo debido a sus peculiaridades y su importancia internacional.

A continuación llegó el almuerzo mientras los niños jugaban en el parque. Un rato de asueto para dar paso al ascenso del castillo de Aliaga. Tras buscar el camino de ascenso por las quebradas calles de la localidad llegamos a la parte alta. Un sendero nos llevaba ya en menos de diez minutos a través de las laderas cubiertas por un tapiz vegetal de flores, propio de la primavera. En la parte alta unas pasarelas metálicas facilitaban el ascenso hasta el punto más alto, donde estaba ubicada la cruz, bien visible desde todo el pueblo. A sus pies se disponía el casco urbano, del cual despuntaba la torre de la iglesia. A su alrededor la huerta y la vega del río Guadalope. Y el resto del paisaje lo completaban las caprichosas formas rocosas que formaban el parque geológico, un espacio único de singular belleza.

El final de la mañana lo puso el mirador de Alto Camarillas. Hasta este punto elevado había que subir en coche, a unos dos kilómetros de distancia de la localidad. Desde este lugar se podía ver otra vista diferente del entorno de Aliaga. La torre de la iglesia se veía rodeada de un caos de rocas en todas las direcciones, resultado de los movimientos tectónicos y de la erosión a lo largo de doscientos millones de años.

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Aliaga, un paraíso de la geología

A la llegada al alberge nos reunimos en la sala de proyección para la resolución del segundo concurso fotográfico de Joréate. En la jornada de ayer todos los participantes tuvieron la oportunidad de hacer fotografías de manera libre. Buena parte de ellos nos enviaron dos de ellas, y entre todas íbamos a valorar cuáles serían las ganadoras. Este año pusimos dos categorías, una de adultos cuyo premio era un lote de productos ecológicos y de temporada del huerto de Chorche. Y para los niños habíamos preparado una mochila para acompañar en las rutas senderistas.

Tras más de media hora de visionado de fotos y votaciones llegaron llegaron los premiados:

Categoría Adultos

1º Premio (Raúl)

2º Premio (Eva)

3º Premio (Vanesa)

Accesit (Ruth)

Categoría Niños

1º Premio (Ruth)

2º Premio (Alodia)

3º Premio (Irene)

Y a las dos y media, nuestro cocinero Pablo, nos deleitó con dos paellas, una de marisco y una de pollo y verduras, a cual más buena. Con el café y la tertulia posterior fue poco a poco terminando un fin de semana para recordar, y que seguro se volvería a repetir, pero en otro rincón de Aragón. El dragón Chorche ponía un grano de arena más en su proyecto de Joréate por Aragón. Una excursión en la cual cabía destacar el buen ambiente de convivencia descubriendo uno de esos rincones con mucho encanto de nuestra tierra, pero que todavía tiene que conocer mucha más gente.

Cárceles del Mezquín-Matarraña, un macabro viaje en el tiempo

La comarca del Matarraña/Matarranya aglutina uno de los conjuntos urbanísticos más notables y mejor conservados de Aragón. Todo ello enmarcado por un paisaje mediterráneo con grandes atractivos naturales como los Puertos de Beceite/Ports de Beseit. Pero también conserva un macabro conjunto de cárceles en perfecto estado de conservación. Un viaje en el tiempo a la penosa estancia de los presos que allí estuvieron recluidos entre los siglos XVI y XIX.

A finales del siglo XVI comenzó la edificación de las casas consistoriales de la comarca, bellos ejemplos de arquitectura civil que se han conservado hasta nuestros días. Estos magníficos edificios pretendían reivindicar el poder municipal frente al poder de la Iglesia y las Órdenes Militares que habían imperado hasta entonces. Se diseñaron para albergar servicios esenciales para sus habitantes. Como elemento más característico en casi todos ellos cuentan á ran* de la calle con una lonja para el mercado, que también era utilizada como trinquete, para el juego de pelota. Pero también albergaban una sala destinada a  la medida y peso de productos para el control de los ingresos municipales, además de carnicería, granero y pósito para almacenarlos. En la planta noble estaba el salón de reuniones para el concejo, así como el archivo de documentos. El grupo de personas que regían el concejo, además de velar los intereses de los vecinos, tenían la potestad de impartir justicia. Por ello también se crearon espacios reservados para los presos. Su ubicación en estos edificios tan sólidos, y su abandono durante más de un siglo sin apenas uso, ha permitido que se conserven de manera excepcional ya que no se han realizado reformas en su interior.

*Á ran: Al nivel.

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El catálogo de cárceles del Mezquín-Matarraña alberga once ejemplos, no todos ellos de las mismas características. Casi todas están ubicadas en la planta baja de las casas consistoriales, o por debajo del nivel de la calle. La excepción la pone el caso de Fuentespalda/Fontdespatla, ubicada en una torre defensiva conocida como la Torreta. Sus características comunes responden a espacios pequeños, con escasa o nula iluminación y ventilación. Contaban con una o varias estancias para presos. En algunos casos otra era destinada a vivienda del carcelero, la cual estaba dotada de la puerta de acceso al exterior y una pequeña ventana enrejada. Y casi todos los casos eran lugares lúgubres, con la única excepción de la sala destinada a reclusos de la primera planta del ayuntamiento de La Fresneda/La Freixneda. Los muros estaban revestidos de yeso, y en algunas cárceles se han conservado grafitis, dibujos e inscripciones llevados a cabo por los presos que las ocuparon. Fueron realizados por objetos punzantes realizando hendiduras generalmente en las paredes, aunque también en el suelo. A través de estas manifestaciones se puede conocer el pensamiento de los reos. Abundan las representaciones religiosas (cruces, nombres de santos), de carácter bélico (armas), mujeres, siluetas de manos, pájaros, barcos, inscripciones numerales, juegos y frases.

Los presos que eran recluidos quedaban a la espera de una sentencia. En estas mazmorras las condiciones eran penosas, sin apenas luz o ventilación, tremendamente húmedas y frías, pasando hambre y seteguera*. El castigo aparte de la reclusión incluía la inmovilización física. Para ello se utilizaban cadenas, argollas cepos o grilletes con los cuales se ataban los pies, las manos o el cuello. Durante los siglos XVI y XVII la justicia dependía directamente de los concejos. Algunos procesos han quedado guardados en archivos y reflejan claramente que el sistema penitenciario tenía carácter municipal. Cada pueblo contaba con unos estatutos criminales propios. Y estaba dotado de un procurador de la villa, responsable de la acusación, los jurados encargados de capturar a los acusados y un verdugo que se encargaba de ejecutar la sentencia. Todos los gastos eran sufragados por el municipio. En los estatutos criminales estaban penados múltiples delitos como asesinato, robo, secuestro de mujeres, adulterio, fornicación, incesto, sodomía, falsificación de moneda, resistencia a la autoridad, incendio provocado, brujería, hechicería, etc. Las penas impuestas variaban y entre ellas las más habituales eran ahorcamiento, con descuartizamiento y exposición del cadáver posterior, destierro, trabajos para la Corona o multas económicas. Los jueces de los municipios no tenían conocimientos jurídicos y aplicaban las penas de manera desproporcionada. El objetivo general era escarmentar al acusado y atemorizar a la población, con lo que aplicaban en público. Con la entrada de los Borbones, fue impuesto el centralismo y comienza un cambio en los procesos judiciales. Las cárceles de la villa pasan entonces a denominarse Reales cárceles. Con el liberalismo en el siglo XIX se produjo un cambio drástico. En 1843 se crearon por decreto las provincias, y al año siguiente los partidos judiciales. En ellos se establecieron juzgados de primera instancia y la cárcel del partido. De esta manera las cárceles del Mezquín-Matarraña dejaron de emplearse como hasta entonces, y se convirtieron en calabozos provisionales a la espera de llevar a los reos a las nuevas cárceles. En la comarca la cárcel de Valderrobres acogió a todos los presos del partido judicial a partir de entonces, convirtiéndose en cárcel nacional.

*Seteguera: Sed.

La ruta de las cárceles del Mezquín-Matarraña comienza en Mazaleón/Massalió, la población situada más al norte. Su antigua cárcel, construida a finales del siglo XVI a la vez que la casa consistorial, se ha conservado intacta. En la lonja situada en su parte baja, se abre una pequeña puerta adintelada que todavía conserva el cerrojo original. Junto a ella hay un pequeño vano o aspillera. En su interior la estancia es de pequeñas dimensiones, con suelo de tierra original y paredes de mampostería revocadas en parte. Tiene una pilastra de ladrillo con un agujero en la parte inferior que hizo las veces de letrina. Y de su mobiliario conserva un cepo original compuesto por dos maderos que servían para atrapar los tobillos del preso. Se añadía un madero intermedio donde se sentaba con orificios para hacer sus necesidades, y dos maderos más para apoyar los brazos. En el mismo edificio, en la planta superior contaba con otra cárcel, que también data de la misma fecha, aunque ha sufrido importantes reformas. La sala tiene unas dimensiones de 16 m2 y se accede a través de un vano adintelado con dos ventanas rectangulares a ambos lados. En uno de los muros conserva un conjunto excepcional de grafitis, casi todos datados en el siglo XVIII.

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La siguiente es la antigua cárcel de Calaceite/Calaceit. Situada en los bajos de la casa consistorial, data de principios del siglo XVII. Se accede desde el patio del ayuntamiento. La sala de unos 12 m2 tiene una puerta adintelada. No conserva el pavimento original y los muros han sido repicados. Se cubre con bóveda de cañón.

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La antigua cárcel de Torre del Compte/La Torre del Comte se localiza en la planta baja de la casa consistorial, obra que fue terminada en 1574. Se accede a su interior a través de una puerta adintelada, con una pequeña ventana cuadrada y enrejada. Después se suceden tres estancias, la primera utilizada como vivienda del carcelero, y las dos siguientes como calabozos, de unos 5 m2 de superficie cada uno. Los suelos son de tierra, muros de mampostería y cubiertas de bóveda rebajada. De su mobiliario se conserva una argolla en uno de los calabozos.

Posteriormente se llega a una de las poblaciones más importantes, La Fresneda/La Freixneda. El magnífico edificio de la casa consistorial fue construido en 1576. En la planta primera alberga la cárcel de la zona que mejores condiciones ofrecía a los reos, destinada a gente de alto nivel social como religiosos, militares o personas de alto rango. La sala tiene una superficie de unos 20 m2, y está bien ventilada e iluminada. Se accede a través de una puerta adintelada, con una gran ventana enrejada y otra menor a modo de aspillera. Se conserva el suelo original embaldosado. Su cubierta es plana sobre vigas de madera. Y las paredes, enlucidas en parte, conservan un conjunto magnífico de grafitis con iconografía variada y en excelente estado. Con acceso por la calle Mayor, pero también integrada en el mismo edificio, hay otra cárcel. El acceso es a través de una puerta adintelada, con una ventana cuadrada superior enrejada. Correspondía a la vivienda del carcelero. Desde allí una escalera subía a otra pequeña sala. En ella aparecía un agujero de acceso a un pozo de unos siete metros de profundidad, donde se encerraba a los presos más peligrosos. Las salas cuentan con suelo de tierra, paredes revocadas en parte y techos planos. Carecían ambas de ventilación e iluminación. Se conservan abundantes grafitis, así como una argolla junto al pozo. Se trata del calabozo más macabro de toda la ruta.

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En la capital de la comarca, Valderrobres/Vall de Roures, se localiza otro importante ejemplo de la arquitectura civil para uso municipal, llevado a cabo a finales del siglo XVI. A través de patio del ayuntamiento se accede al sótano donde se ubica la antigua cárcel. Conserva la puerta original, pero han sido reformados el pavimento y la cubierta, con muros repicados. En el edificio hubo más recintos destinados a cárcel, y en esta localidad se ubicó la cárcel del partido tras la reforma judicial del siglo XIX.

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Valderrobres y Beceite, a cuál más encantadora

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Se alcanza Ráfales/Ráfels, cuya antigua cárcel estaba situada en la casa consistorial, como era habitual. El edificio municipal está situado junto al portal de San Roque, y fue construido en el último tercio del siglo XVI. Desde la lonja, el acceso adintelado con puerta y cerrojo originales  da paso a unas escaleras empinadas. De nuevo una puerta y se accede a las dos estancias. En la primera de ellas un agujero en el suelo comunica con un pozo, siendo esta segunda sala angosta y lúgubre. Allí se conserva la letrina y una argolla.

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En la localidad de Fuentespalda/Fontdespatla la cárcel está ubicada en la Torreta. Se trata una torre defensiva emplazada en la muralla. Su uso como recinto carcelario data de fechas más recientes, entre los siglos XIX y XX. Ocupaba la planta baja de la torre con acceso a través de un arco de medio punto. En sus muros tenía pequeñas aspilleras. Con la rehabilitación de la torre no se han conservado ni pavimentos ni el techo originales. Conserva una cadena con grilletes originales.

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En la población de Peñarroya de Tastavins/Pena-roja de Tastavins la cárcel se localiza en la planta baja de su ayuntamiento, erigido a finales del siglo XVI. Se accede desde la calle a través de una puerta con dibujo conopial, y cuenta con una pequeña ventana cuadrada dotada de una reja. En su interior se suceden tres estancias, siendo la primera la utilizada por el carcelero. Las dos siguientes corresponden a los calabozos, con acceso a la última a través de un estrecho pasadizo excavado en la roca. Todas ellas conservan sus características originales, pavimento de tierra, cubierta abovedada y muros de mampostería carentes de enlucido. Cuentan con algún grafiti y una argolla en uno de los calabozos.

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Peñarroya de Tastavins, entre el Masmut y el Tastavins

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Ya en las estribaciones de la comarca se alcanza la localidad de Monroyo/Montroig. La cárcel se emplaza en la casa consistorial, de bella fachada, edificada en el año 1588. A escasos metros de la puerta principal, en la lonja, se abre el arco rebajado de acceso al recinto carcelario. Le acompaña una pequeña ventana enrejada. La primera sala era destinada al carcelero. Le suceden otras dos con acceso de arco rebajado, ya sin ventilación. Los suelos son de tierra y se cubren con bóveda de cañón ligeramente apuntada. Se conserva únicamente una letrina en cada una de las estancias.

Alcanzando la frontera con la Comunidad Valenciana, se alcanza Torre de Arcas/Torredarques. Su casa consistorial construida en el siglo XVII conserva la lonja en la parte inferior, habiéndose transformado el resto del  edificio. A su antigua cárcel, ubicada en la planta baja, se accede desde la lonja. Una puerta adintelada y una pequeña ventana cerrada por una reja sirven de acceso y ventilación a la primera sala. Después le sucede otra, ambas de unos 8 m2 de superficie. El pavimento es de tierra, cubierta plana y paredes de mampostería y sillería. Conserva grafitis y una madera con una cadena.

La ruta de las cárceles termina en la cercana población de la ribera del río Mezquín, Belmonte de San José/Bellmunt de Mesquí. Su casa consistorial es el edificio más modesto de la ruta, y fue construido en 1575. A través de la lonja se accede a la cárcel, con una estancia de unos 6 m2. Cuenta con una puerta adintelada que conserva su cerrojo original. Un pequeño vano con reja y ventano exterior permite pasar la luz y la ventilación. El suelo es de tierra, las paredes de mampostería y el techo plano sobre vigas de madera. Conserva como una cadena con un gran grillete, destinado al cuello de los presos.