Pozo de los Aines, un rincón tropical en el Moncayo

Cerca de la población de Grisel, a tan sólo tres kilómetros de Tarazona, se encuentra uno de los lugares más singulares del entorno del Moncayo. Quizás no sea muy conocido, pero su visita nos dejará un recuerdo imborrable. Se trata de un espectáculo natural siempre sorprendente, una dolina, conocida como el Pozo de los Aines. La primera mención documental tiene lugar en el libro “Itinerario del Reyno de Aragón”, cuyos datos fueron recogidos entre 1610 y 1615. Su autor es el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña. No se sabe exactamente el momento de su formación, aunque algunos geógrafos la sitúan entre los siglos XI y el XV. Sin embargo otras fuentes lo datan en una fecha anterior. La leyenda más conocida emplaza su formación sobre el año 1535. En aquella época la mayor parte de la población de Grisel era morisca, es decir, musulmanes que fueron obligados a convertirse al cristianismo en 1502 si querían quedarse en España. A pesar de ello muchos seguían profesando su religión en secreto. Uno de ellos, Hamet Ben Larbi, decidió salir al campo a trabajar junto con su criado en un día festivo, al parecer el día de la Virgen de Agosto. En la tarea de trillar, y tras un gran tramit*, la tierra se tragó al morisco, el trillo y las caballerías. Los habitantes de la localidad relacionaron este sorprendente accidente con un castigo divino por trabajar en un día festivo. Debido a su popularidad incluso forma parte del dance de Grisel en forma de verso. Otras leyendas hablan de ermitaños que vivieron en el pozo, y de pasadizos que lo conectaban con el pueblo.
*Tramit: Estruendo.

El fenómeno físico está claro que tiene su origen en el desgaste de los materiales calizos y yesosos situados bajo la superficie debido a la acción de las aguas subterráneas. Ello produjo un desplome de la parte superior del terreno, originándose un pozo de grandes dimensiones conocido como dolina. Las dimensiones de esta oquedad son considerables. Tiene un diámetro en su boca de 22 metros, siendo su profundidad variable entre los 23 metros en la zona central alcanzando los 32 metros en su zona más profunda.

El interior del pozo cuenta con una vegetación completamente diferente a la de su entorno. El campo de olivos en el que se emplaza contrasta con el microclima que guarda la dolina, debido a las condiciones particulares de humedad que emanan del fondo, así como de la temperatura media anual de 10º C. La exuberante vegetación cuelga de sus paredes en forma de enredaderas y plantas trepadoras. En el fondo incluso se forma de vez en cuando una pequeña lámina de agua, mientras que gran parte de la superficie de tierra es ocupada por un ejemplar de helecho conocido como lengua de ciervo. Pero también otros helechos como cabello de Venus, sardinera o el helecho hembra.

En cuanto al nombre de la cavidad, éste parece proceder del término árabe “ayn” que significa auguamanal* o fuente. El plural según algunos estudiosos se debe a ser un término mudéjar, adaptado con posterioridad al castellano. También existe otra interpretación más popular que hace referencia al Pozo de la Inés, una muchacha que perdió la vida al caer a su interior. De su nombre derivó el término actual.
*Auguamanal: Manantial.
El término donde está situado, un olivar, perteneció al Arcediano de Tarazona. En el año 2012 el ayuntamiento de Grisel compró la finca por 15.000 euros a través de una subasta en un portal de internet. Un año después, con la ayuda de un plan de competitividad turístico del Moncayo se ha procedido al acondicionamiento de su entorno.

El Pozo de los Aines está situado a un kilómetro del centro de la localidad de Grisel, y su acceso está perfectamente señalizado. De la plaza de la Iglesia parte la calle San Antón. Tras atravesar la carretera se pasa junto al pilón. Debe continuarse por un camino asfaltado y se pasa junto a unas bodegas. Después se atraviesa el cauce cementado de la acequia de Irués. Con vehículo se puede acceder hasta un aparcamiento. En el trayecto varios paneles ofrecen información sobre el entorno. Un corto paseo acerca al olivar, donde se ha acondicionado una zona de merendero. En medio del campo aparece la depresión, casi oculta por la vegetación, y cuyo perímetro está vallado. En un lateral se encuentra una bajada con escaleras talladas en la roca que conducen a un sorprendente mirador suspendido en el aire. Se trata de una pequeña cueva situada en la parte alta de la dolina. Una rejilla metálica en el extremo permite convertir el mirador en un balcón para contemplar mejor la maravilla natural oculta en su interior. Por la noche en la paredes del pozo hay instalados unos focos que iluminan su interior. El acceso al fondo del pozo sólo es posible mediante un equipo adecuado para descolgarse desde la boca o desde el mirador. El aprovechamiento humano a lo largo del tiempo ha quedado constatado por la existencia de un palomar excavado en una pared de la dolina.

El interior del pozo sorprende a cualquier visitante. El clima mediterráneo del entorno se convierte en apenas unos metros bajo tierra en un clima tropical. La vegetación tapiza tanto las paredes como el fondo ocultando casi por completo la roca. El silencio sólo roto por el sonido de las gotas de agua cayendo es capaz de embelesar a todos los visitantes de este lugar tan peculiar de la comarca de Tarazona y el Moncayo.

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Somontano del Moncayo, a los pies de la mítica montaña

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Toros de Osborne, una ganadería presente en las carreteras aragonesas

Una de las imágenes más singulares de las carreteras españolas cumplió hace poco los sesenta años de existencia. Se trata de unas enormes figuras de color negro conocidas como Toros de Osborne. Las siluetas se encuentran repartidas a lo largo de la geografía española, bien visibles desde carreteras generales. Su ubicación sobre cerros recorta el horizonte favoreciendo su visión. Aunque inicialmente su función era publicitaria, con el paso del tiempo se han convertido en un símbolo cultural de España.

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Osborne es el nombre de una de las bodegas familiares más importantes de nuestro país. Fue fundada en 1772 siendo a día de hoy de las empresas más antiguas de España. Su creación se debe a un comerciante inglés, Thomas Osborne Mann, procedente de Exeter (capital del condado Devon, en Inglaterra). Se estableció en Cádiz con el objetivo de exportar el vino de Jerez. Al poco tiempo estableció vínculos comerciales con Sir James Duff y su sobrino William Gordon, propietarios de varias bodegas en El Puerto de Santa María. En esta localidad funda su propia bodega. Después de todo este tiempo se ha convertido en un gran grupo empresarial, todavía de carácter familiar y de capital exclusivamente español. Sus marcas más afamadas son los brandys Veterano y Magno, entre otros muchos. También otras bebidas como Anís El Mono. Y además comercializa vinos con denominación de origen de Jerez, Rioja, Rueda y Oporto. Pero desde sus inicios también elabora productos procedentes de cerdo ibérico de bellota.

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En el año 1956 las Bodegas Osborne encargan a la Agencia de Publicidad Azor un anuncio para promocionar su brandy Veterano, con el fin de poner vallas publicitarias en las carreteras españolas. El encargado del diseño será Manolo Prieto, el director artístico de la agencia publicitaria. El dibujante lleva a cabo la silueta de un toro bravo y desafiante mirando al frente. En un primer momento a las bodegas no les gustó ya que les parecía más apropiado para anunciar una ganadería. Sin embargo Manolo insistió y les convenció, aceptando al final. A modo de prueba fue colocada una maqueta del Toro de Osborne en la nacional 1, a la altura de Cabanillas de la Sierra. Su color blanco no superó la prueba de impacto visual de cara al director de publicidad de la empresa, que la presenció por sorpresa. Por ello se decidió pintarla de negro. Entonces fue colocada la primera valla publicitaria con la figura del toro en mayo de 1957, a la altura del kilómetro 55 de la carretera Madrid-Burgos, en el mismo emplazamiento que la maqueta. A ella se siguieron más ejemplares que inundaron las carreteras del país. Eran de madera y medían 4 metros de altura. Aquellos primeros toros eran ligeramente diferentes con respecto a los actuales. Tenían el cuerpo negro y los cuernos blancos. En su cuerpo tenían en grandes letras rojas perfiladas en blanco “Veterano Osborne”, con una copa de brandy dibujada sobre ellas. En el año 1961 comienzan a instalarse toros fabricados en metal, debido a que los anteriores eran poco resistentes a las inclemencias meteorológicas. En este nuevo formato se elimina el color blanco de los cuernos y se mantiene la leyenda publicitaria. Y de paso se aumenta su tamaño a los 7 metros, con una superficie de 40 m2. Sin embargo un año después se produce un cambio de legislación con respecto a los carteles publicitarios en las carreteras. Al ser obligados a alejarse de las vías se decide aumentar su tamaño para mantener su efectividad. Su tamaño, que ya no se modificará, tiene unas dimensiones de 13,80 metros de altura máxima en los cuernos (como un edificio de cuatro plantas) y la misma longitud en horizontal del pecho a la cola. Su superficie se amplía a 150 m2. Esta estructura se compone de cuatro torretas metálicas (que coinciden con las patas del animal) apoyadas en sendas zapatas de hormigón de tres metros de lado y dos metros de profundidad, que sustentan la estructura. En ella se apoyan sesenta chapas metálicas de acero galvanizado que componen la silueta del toro. Las estructuras metálicas y las chapas de la silueta del toro, cuyo peso ronda los 4.000 kilos, se fabrican en los talleres de la empresa Félix Tejada e hijos ubicados en El Puerto de Santa María y son montadas por personal de esa empresa. En los momentos de mayor expansión la Península Ibérica llegó a contar con más de quinientos Toros de Osborne.

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En julio del año 1988 se promulga la Ley General de Carreteras que obliga a retirar la publicidad visible desde cualquier carretera estatal, en los tramos interurbanos. Esta normativa se puso en marcha para evitar la distracción de los conductores. La publicidad tiene el claro objetivo de captar la atención, y las distracciones en general son uno de los factores más importantes de siniestralidad. Sin embargo las lagunas con las que cuenta esta ley provocan que las carreteras españolas estén salpicadas de anuncios en determinados tramos. Está prohibida la publicidad visible desde la calzada y sus inmediaciones, pero sólo afecta a las carreteras de titularidad estatal, el 15% del total. Y sólo para las vías interurbanas. En estos casos además están permitidas aquellas vallas autorizadas por el Ministerio de Fomento. Y también están permitidos los rótulos de establecimientos siempre que estos estén colocados sobre un edificio. Las zonas urbanas están exentas de la limitación, siempre que el plan general lo considere terreno urbanizable, el cual puede recalificarse con una aprobación municipal. En estos casos la velocidad de la vía es independiente, con lo que es fácil encontrar vallas publicitarias en vías de alta capacidad, con mayor factor de riesgo de accidentes. En el resto de las carreteras la regulación depende de las comunidades autónomas, siendo en cada una de ellas diferente. Las más restrictiva es la de Castilla León que incluso prohíbe la publicidad en zonas urbanas salvo en travesías de grandes ciudades. La más permisiva es Madrid donde la publicidad está permitida en general, siempre que las vallas se coloquen a 100 metros de la vía. En el caso de Aragón la norma coincide con la estatal en prohibir exclusivamente en las zonas interurbanas.

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A pesar de los vacíos de la ley un año después de la promulgación fueron retirados 5.000 carteles. Hubo gran resistencia por parte de las empresas que llegaron a acusar a la administración de coartar la libertad de expresión. Algunas taparon sus carteles con papel o pintura blanca. Las más rebeldes formularon querellas por cada valla retirada. El Grupo Osborne borró las letras “Veterano Osborne” de sus toros. En 1994, la publicación del Reglamento General de Carreteras ordenó retirar todos los Toros de Osborne. Se inició una campaña “Salvemos el toro” por comunidades autónomas y ayuntamientos. Argumentaban que se habían convertido en un bien cultural e incluso ofrecieron terrenos para poder recolocar a los toros sin infringir la ley. Además hubo recogida de firmas de miles de ciudadanos y el apoyo de numerosas personalidades de la cultura. Incluso Bigas Luna propuso que los colocaran todos en los Monegros. En 1997 el Tribunal Supremo los indultó definitivamente considerando que con el tiempo habían superado su sentido publicitario y estaban ya integrados en el paisaje.

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Mientras tanto se ampliaba internacionalmente la campaña de publicidad, colocando Toros de Osborne en Méjico a partir del año 1994. Se trata de unos 60 toros similares, aunque de menores dimensiones ya que no alcanzan los 6 metros de altura. Sobre el fondo negro aquí sí que conservan la leyenda publicitaria. En este caso anuncian el brandy Magno, con letras blancas o rojas de gran tamaño “Magno” y debajo en menor tamaño “Osborne”.

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En la actualidad en España se conservan 91 Toros de Osborne distribuidos de forma irregular. La mayor concentración está en torno a Jerez de la Frontera. En cuanto a comunidades autónomas Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Comunidad Valenciana son las que más poseen, mientras que algunas sólo disponen de uno como Baleares, Canarias, Melilla, Navarra y País Vasco. Y carecen de ellos Cantabria, Cataluña y Ceuta (aunque en éstas dos últimas los hubo). En cuanto a Aragón contamos con seis siluetas del famoso toro. Desde su indulto se han convertido en un símbolo nacional, repudiado por los antitaurinos y fundamentalmente por los independentistas. El único toro que se conservaba en Cataluña, en la localidad de Bruch, fue derribado por cuarta y última vez en el año 2009 (siendo levantado tres veces en diez años). También sufrió agresiones en 2008 uno de los toros ubicados en Galicia, en Abavides. En esta ocasión no fue derribado, pero si pintado de naranja. Entre 2011 y 2012 el único toro ubicado en Mallorca, en Son Real, fue agredido tres veces. Una vez pintado con la bandera gay y rancados* los testículos, una segunda pintado con la bandera de la paz y una tercera le cortaron los cuernos. También el único toro ubicado en Navarra, en la localidad de Tudela, fue derribado en 2015. Y con rachas de viento fueron abatidos en 2009 los de Villajoya (Alicante) y Tabernes de Valldigna (Valencia). Las pintadas de todo tipo son habituales en muchos de ellos debido a su posición privilegiada. En todos los casos menos en el catalán han sido reparados o reconstruidos por las Bodegas Osborne. Incluso se colocó uno en Melilla en 2011 por primera vez (por una iniciativa popular) y en 2014 otro en Murcia (por petición de su presidente).
*Rancar: Arrancar.

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En Aragón contamos con seis Toros de Osborne, todos ellos colocados en las marguins* de la A-2, la carretera que une Madrid con Barcelona. Cinco de ellos están en la provincia de Zaragoza y uno de ellos en la de Huesca. Provenientes de Madrid el primero de ellos aparece cerca de la localidad de Ariza, a la izquierda de la autovía, en el kilómetro 189. Una vez rebasada la ciudad de Calatayud aparece el segundo de ellos. Se emplaza más elevado, sobre la antigua carretera nacional, y una vez superada la salida de Aluenda, a la derecha. Se ubica en torno al kilómetro 243. El tercero de ellos conforma un paisaje ciertamente peculiar, rodeado de cientos de molinos de viento. Está enclavado en el altiplano de La Muela, en el kilómetro 295, a la izquierda de la autovía. Tras rodear Zaragoza avanza la carretera al borde de los Montes Blancos. Sobre ellos y poco antes de llegar a Alfajarín está bien visible la figura, a la altura del kilómetro 338. A partir de este momento la autovía se convierte en carretera. El quinto toro de lidia está junto a un acceso a la autopista del Nordeste a la altura de Pina de Ebro, en el kilómetro 365. Y para rematar la faena, entramos en tierras oscenses. Justo después de atravesar Peñalba aparece el sexto y último toro que se conserva en Aragón. Sobre un pequeño altozano está la valla publicitaria, junto al kilómetro 402.

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Precisamente el Toro de Osborne situado en la localidad oscense ha sido uno de los más famosos. Fue el escenario de la película “Jamón, jamón”, un drama romántico del que formaron parte actores de renombre como Javier Bardem y Penélope Cruz. Su director, Bigas Luna, escogió este emplazamiento para rodar una de las escenas más conocidas de la película. En ella uno de los protagonistas arranca de un puñetazo los testículos del toro bravo. El cartel de la película representa precisamente la silueta del toro con el nombre de la película sobre el mismo, a cuyos pies aparece la protagonista femenina. La película se rodó en las localidades de Fraga (bar de carretera), La Almolda (secadero de jamones), Monegrillo y Peñalba (Toro de Osborne), pero en toda la película la trama se acompaña de los paisajes monegrinos.
*Marguins: Márgenes.

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Queda claro que la figura creada por aquel dibujante ya no sólo representa la marca sino que se ha convertido uno de los símbolos con mayor acogida y representatividad del pueblo español. Desde su indulto la imagen del Toro de Osborne suele aparecer en otros muchos ámbitos de la vida diaria al margen del publicitario (pegatinas, gorras, llaveros e incluso sobreimpreso en la bandera española a modo de escudo). El Grupo Osborne decidió en el año 2009 integrar la silueta en el logotipo de la compañía de forma muy elegante. Y ante el uso masivo de este emblema decidió rentabilizarlo como nueva línea de negocio mediante la explotación comercial de la marca de El Toro de Osborne. Desde entonces cede el uso de su marca más conocida, mediante contratos de licencia, a empresas que fabrican los productos con el emblema y los distribuyen. Además crearon una nueva línea de tiendas oficiales en régimen de franquicia para vender sus productos oficiales. Al ser un logotipo comercial, ninguna empresa ajena a la empresa puede reproducir la imagen sin una autorización. En septiembre de 2005 una juez de Sevilla absolvió a varios comerciantes acusados de su utilización ilegal en artículos de regalo. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Sevilla, unos meses después revocó la primera sentencia y condenó a los comerciantes, aclarando que la carga cultural y simbólica que El Toro de Osborne no podía implicar un desapoderamiento de los derechos de Osborne sobre la marca. Numerosas sentencias, anteriores y posteriores a la citada, han confirmado la plena vigencia de los derechos del Grupo Osborne sobre el Toro de Osborne.

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Torre del Trovador de la Aljafería, escenario de la afamada ópera “Il Trovatore”

Uno de los edificios más importantes de Zaragoza, el palacio de la Aljafería, es de origen musulmán. Saraqusta, llamada la Ciudad Blanca por el color de sus casas, difiere mucho de la gran urbe que hoy conocemos. A las afueras, algo alejada de las murallas, había una explanada donde se llevaban a cabo ejercicios militares y desfiles ceremoniales. Era conocida como “al-musara”, y de ella deriva el nombre del actual barrio de La Almozara. En este lugar se levantó un gran torreón defensivo en los siglos IX y X, rodeado de un foso. Después éste fue integrado en un palacio fortificado levantado por iniciativa de Al-Muqtadir para residencia de los reyes hudíes que gobernaban la ciudad. Este palacio de recreo fue bautizado con el nombre de Palacio de la Alegría. Se trata de la muestra más importante del arte musulmán del norte de la Península Ibérica. Y es símbolo del poder alcanzado por la Taifa de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XI. Tras la reconquista cristiana fue convertido en residencia de los cristianos, adaptando y enriqueciendo el palacio. En siglos posteriores fue reutilizado como acuartelamiento militar. En las últimas décadas ha sido restaurado por completo mostrando ahora lo conservado de sus diferentes etapas constructivas.
El elemento más antiguo y más voluminoso es su gran torreón. Se trata de una torre de planta cuadrangular de cinco plantas situada en un costado, y que forma parte de recinto exterior. En sus muros se abren pequeños vanos, y se culmina con almenas. Su aspecto exterior no es muy atractivo. Edificada en su parte inferior con sillares de alabastro, y el resto con materiales más pobres, hormigón de yeso con cal y ladrillo. Tras el paso a manos cristianas se convirtió en la Torre del Homenaje. En 1486 fue utilizado como garchola* de la Inquisición española, manteniendo esta función hasta el siglo XIX.
*Garchola: Cárcel, calabozo.

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El acceso en su origen se realizaba a través de una pequeña puerta a la que sólo se llegaba a través de una escalera portátil. Estaba claramente condicionado por su uso militar. De la primera etapa constructiva se conserva la primera planta, que cuenta con dos naves y seis tramos entre pilares de los cuales arrancan arcos de herradura. La segunda planta sigue la misma configuración que la anterior y fue reconstruida en el siglo XI. La tercera planta, cuya estructura también sería del siglo XI, cuenta con arcos de herradura. En ella aparecen pintados en el techo motivos geométricos mudéjares donde se pueden leer los nombres de Eneas, Amor y Venus. Estos añadidos datan con toda probabilidad del siglo XIV. Esta planta está comunicada en la actualidad con los salones nobles del palacio, y es la única visitable. Tras la ocupación cristiana, Pedro IV amplía la torre con dos plantas más. Las nuevas estancias son de factura mudéjar, con arcos ligeramente apuntados que sustentan techumbres planas de madera decoradas.

interior_torretrovadorDurante el Romanticismo edificios y personajes de Zaragoza comenzaron a ser conocidos fuera de Aragón e incluso en el extranjero. Las descripciones, dibujos, pinturas y representaciones teatrales a lo largo del siglo XIX dieron a conocer las ixeras* de los Sitios de Zaragoza, así como el palacio de la Aljafería entre otros muchos edificios. El viejo y vetusto torreón entonces alcanzó gran fama por ser el escenario principal de la obra de teatro “El Trovador”. El autor fue Antonio García Gutiérrez, un joven gaditano de 22 años. Entregó el texto a los dos empresarios teatrales más importantes de Madrid, que no confiaron en él. Finalmente el actor zaragozano Juan Lombia lo valoró y posteriormente José de Espronceda recomendó su puesta en escena. Fue estrenada el 1 de marzo de 1836 en el teatro del Príncipe de Madrid. Tuvo un éxito inesperado y fue el más aclamado en la historia del teatro español. En el estreno el joven escritor tuvo que salir varias veces al escenario a recibir los aplausos del público, implantando en España una costumbre vigente en Francia. En Zaragoza fue estrenada el 13 de junio con sólo dos días de representación, aunque fue representada en años sucesivos. Al año siguiente del estreno de su obra más célebre terminó el drama histórico “El rey monje” que trata de la vida de Ramiro II de Aragón en la que representa el episodio de la Campana de Huesca. En la “Venganza Catalana” trata el asesinato de Roger de Flor y la venganza de los almogávares, montañeros aragoneses y catalanes, sobre los griegos. En cuanto al autor sorprende su conocimiento de la historia medieval de Aragón, así como de lugares que nunca visitó.
*Ixera: Hazaña.

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La obra cumbre que le dio la fama es un drama romántico en verso y prosa. Su sencillez se combina con un desenlace trágico que rompía con los tradicionales finales virtuosos del teatro clásico. Se desarrolla en cinco actos: El duelo, El convento, La gitana, La revelación y El suplicio. Toma como personajes aragoneses con apellidos ilustres y como escenario principal la torre de la Aljafería. La obra se sitúa en el Reino de Aragón en torno al año 1410. Tras el fallecimiento de Martín I el Humano sin descendencia directa se produjo una serie de enfrentamientos políticos que concluirían con el famoso Compromiso de Caspe. En este contexto sitúa al protagonista Manrique, culto y refinado trovador, criado por una gitana llamada Azucena. Está enamorado de Doña Leonor de Sesé, pretendida también por Don Nuño de Artal, conde de Luna. La primera escena tiene lugar en uno de los salones del palacio de la Aljafería. Posteriormente en un convento aparece la amada dispuesta a convertirse en monja tras creer muerto a Manrique. Sin embargo aparece su amado y se escapan. Las tropas del conde Artal los apresan y encierran al trovador en la cárcel situada en la torre que después tomaría su nombre. Entonces Leonor se ofrece al conde con tal de salvar a Manrique. Acepta el trato pero antes se envenena y el conde ordena decapitar a Manrique al enterarse. Tras el final sangriento la gitana Azucena desvela que el conde y el trovador eran hermanos. De esta manera culmina la venganza que prometió a su madre, que fue quemada por la familia del conde tras el rapto de su hijo. Con el éxito nacional e internacional de esta obra, la antigua torre fue poco a poco conociéndose como la Torre del Trovador.

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Si aún resuena la fama del Trovador no es por la obra original, sino por la adaptación operística de otro romántico, el compositor italiano Giuseppe Verdi. Le impresionó la novedad y la extravagancia de la historia de Antonio García Gutiérrez, y la tomó como argumento de una de sus óperas más famosas. Le puso el título “Il trovatore”, que junto con “Rigoletto” y “La Traviata”, dan lugar a la trilogía operística más escuchada en aquella época. Verdi puso música sinfónica a esta apasionada historia romántica según el libreto de Salvatore Cammarano. Las principales escenas tienen lugar en el palacio de la Aljafería: en el atrio del palacio, en el jardín, en una ala del palacio y en un calabozo. La ópera se estrenó el 19 de enero de 1853 en el Teatro Apollo de Roma. A pesar del éxito del estreno el compositor hubiera preferido a los mejores cantantes para su estreno. El triunfo le obligó a quedarse cuatro noches en la ciudad, recibiendo numerosas muestras de agradecimiento. En los primeros tres años tuvo 229 producciones en todo el mundo. Apenas un año después se estrenó en el Teatro Real de Madrid, donde será un éxito continuo con 350 representaciones hasta el año 1925. Se representó fundamentalmente en italiano, pero también se tradujo al francés como “Le trouvère”. Con esta ópera la Aljafería alcanzó gran fama y se descubrió este edificio, cuyos encantos por aquel entonces estaban ocultos dentro de un caduco acuartelamiento militar.

Alabastro, el mineral aragonés más internacional

El alabastro tiene su origen etimológico en el término αλάϐαστρος, procedente del griego antiguo. Con este nombre, Alabastron, los griegos renombraron una ciudad egipcia cercana a Tebas donde se extraía este material. Se utilizó éste para elaborar a partir del siglo XI a.C. unas pequeñas vasijas, que tomaron el nombre los alabastrones. Generalmente eran estrechas y de cuerpo redondeado, y no tenían ansas*. En ellas se portaban perfumes o ungüentos. Inicialmente se hacían con calcita, el alabastro de los antiguos, aunque después se fabricaron con terracota. Su uso se extendió a la Antigua Grecia a partir del siglo VII a. C, y también a otros puntos del mundo antiguo y de la cultura clásica. Desde su origen, se denomina alabastro a dos minerales totalmente diferentes: la calcita y el yeso. Sin embargo su composición y sus propiedades físicas no tienen nada en común. El alabastro calcáreo está constituido fundamentalmente por calcita (CaCO3) y se presenta en masas fibrosas, translúcidas, formadas por capas de crecimiento paralelas o concéntricas. Su dureza ronda el valor 3 en la escala de Mohs. En cuanto al alabastro yesoso, es el conocido en la actualidad como alabastro. Se trata de una rara variedad de yeso (CaSO4.2h2O). Tiene una dureza de 1,5 a 2 en la escala de Mohs, es decir, se raya con la uña. Su aspecto es compacto y está constituido por diminutos cristales de yeso, de entre 10 y 80 micras. Este tipo de yeso se presenta en masas compactas y homogéneas, de grano fino, y color blanco o ligeramente gris. Los alabastros más puros y constituidos por cristales más finos son los de mayor calidad.
*Ansa: Asa.
Sus propiedades físicas (translucidez, densidad, dureza, color, etc.) le confieren unas peculiares características ornamentales. Sus tonalidades entre blanquecinas y grisáceas, además de permitir el paso de la luz son los motivos por los cuales el alabastro es valorado como piedra decorativa. Debido a la textura que le confiere el pequeño tamaño de grano, similar al mármol pulimentado, es apreciado para el uso en la construcción así como en numerosos trabajos de arte. Además su blandura permite tallarlo con formas muy elaboradas con cierta facilidad. Sin embargo también tiene propiedades que han limitado su empleo. El alabastro es menos resistente a compresión (200 kg/cm2) que otras piedras naturales de uso equiparable como el mármol (de 600 a 1000 kg/cm2). Además cuando se expone a altas temperaturas, pierde moléculas de agua, y por lo tanto su translucidez. Debido a ello se aconseja para la decoración de interiores. También es soluble con el agua, por lo que puede sufrir serias erosiones superficiales el alabastro expuesto a este agente.
Una de las peculiaridades es su procedencia. La mayor parte de la producción mundial procede de Aragón. Esta variedad de yeso se extrae en menor medida en otras canteras españolas así como de Italia, Grecia, Inglaterra, Alemania, Libia o Egipto. Los yacimientos aragoneses se concentran en dos zonas: en el entorno del valle del Ebro, en la Ribera Baja del Ebro y Bajo Martín, y en la zona de Calatayud, en concreto en la cuenca baja del Jiloca. En la actualidad son 8 las empresas que llevan a cabo la extracción de este mineral en 10 explotaciones activas que ocupan una superficie cercana a las 180 hectáreas. El sector emplea de manera aproximada a unos 200 trabajadores. La formación de este mineral comenzó en la Era Terciaria, gracias a depósitos que tienen una antigüedad de entre veinte y treinta millones de años. En la zona del valle del Ebro las capas de alabastro suelen ser de entre uno y dos metros de espesor, cuyos estratos horizontales se intercalan con capas de arcilla, areniscas y margas. También en forma de grandes bolos rodeados de arcillas. En la zona de Calatayud los bancos de yesos tienen espesores de entre 4 y 12 metros. Uno de los inconvenientes es el impacto medioambiental que provoca su extracción. La explotación se realiza a cielo abierto y de todo el material extraído sólo se aprovecha el 10% una vez eliminadas las impurezas. La actividad de las sernas* causa un grave impacto en el paisaje, difícil de restaurar en un clima tan árido. A ello se añade que el mineral es muy soluble en agua y el relieve se erosiona con facilidad.
*Serna: Cantera de piedra.
Aragón cuenta con seis centros de tratamiento para la elaboración industrial y artesanal. Se ubican en las localidades de Quinto, Sástago y Zaragoza, en esta provincia, y Azaila, Albalate del Arzobispo y La Puebla de Híjar, en Teruel. La producción que es apta para su comercialización, oscila entre las 25.000 y las 40.000 toneladas al año. Tras la extracción se procede a su tratamiento. La piedra en bruto es limpiada y cortada en placas de distintas medidas y grosores. Es necesario un dispositivo especial de enfriamiento para impedir que durante el corte las láminas se vuelvan opacas bajo el efecto del calor. También se prepara el alabastro en cilindros tubulares para su comercialización. Aragón está a la cabeza de la producción mundial y su alabastro se comercializa en diferentes mercados como el de Estados Unidos o países asiáticos.
El Gobierno de Aragón, a través del Departamento de Industria e Innovación y de su Dirección General de Energía y Minas, ha apoyado durante los últimos años la promoción, el desarrollo y la expansión de la producción de alabastro. En diciembre de 1999 se creó la Asociación para el Desarrollo del Alabastro en Aragón. El objetivo es la mejora de las técnicas empleadas, la restauración de los terrenos afectados, la transformación en nuestro territorio y la comercialización en busca de nuevos mercados. De igual modo, entre los objetivos públicos compartidos con el sector empresarial y la Universidad de Zaragoza se encuentra obtener una certificación para el alabastro de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) con el fin de permitir la exportación del alabastro como material de construcción y abrir de esta forma nuevos mercados en el extranjero.

El alabastro ha sido considerado la piedra del arte por excelencia desde la antigüedad clásica hasta hoy en día siendo uno de los materiales más utilizados por arquitectos y escultores debido a sus peculiares características geológicas. En cuanto a Aragón, debido a disponer de abundante material, ha tenido un uso muy amplio. Su empleo se remonta a la época romana, con la reconstrucción de las murallas de Zaragoza sobre el siglo III d. C. En época musulmana este material fue empleado tanto en la muralla del Palacio de la Aljafería como en la decoración interior. El arte románico lo aplica fundamentalmente en ventanas de iglesias y ermitas, aprovechando su propiedad traslúcida. Sin embargo la utilización del alabastro toma mayor impulso durante el periodo gótico y renacentista, no sólo en la arquitectura religiosa sino también en la arquitectura civil e institucional. En cuanto al alabastro aragonés ya gozaba de prestigio fuera de nuestras fronteras en el siglo XVI, siendo entonces citadas las canteras de Gelsa y Fuentes de Ebro, sin olvidar otras situadas en Fuentes de Jiloca y Borja.

aljaferia_alabastroLa lista de obras en las que se ha utilizado el alabastro en Aragón es interminable. Una de las ejecuciones más tempranas y sobresalientes es el sepulcro del arzobispo Lope Fernández de Luna (1382), en la Seo de Zaragoza. Un siglo después en la misma catedral se llevó a cabo el gran retablo mayor (1488), una de las mejores y más influyentes obras góticas aragonesas. En ella participaron Pere Johan, Hans de Suabia, Francisco Gomar y Gil Morlanes el Viejo. Sus dimensiones son de 16 metros de alto por 10 metros de ancho. El alabastro en esta ocasión fue policromado, con detalles en color dorado, dejando zonas con la blancura de este material, estableciendo un bello contraste. Precisamente Gil Morlanes fue el encargado de llevar cabo el retablo del monasterio de Montearagón (1509), el cual ahora se encuentra depositado en la catedral de Huesca. Unas décadas después fue encargado a Damián Forment el retablo del altar mayor de la entonces colegiata de Nuestra Señora del Pilar (1518) de Zaragoza. Su única condición era que fuera tan bueno o mejor que el de la Seo. Por aquel entonces también se culminaba otra de las joyas del renacimiento aragonés, la portada del monasterio de Santa Engracia de Zaragoza (1517). Fue iniciada por Gil Morlanes El Viejo y terminada por su hijo Gil Morlanes El Joven. Calatayud también cuenta con la magnífica portada de la colegiata de Santa María (1528) ejecutada por Esteban de Obray y Juan de Talavera. Ambas portadas tuvieron que protegerse de las inclemencias meteorológicas, ya que el alabastro es sensible a la lluvia.

portadacolegiatasantamariacalatayud_alabastroDamián Forment también ejecutó el encargo del retablo mayor de la catedral de Huesca (1534), nada menos que por cinco mil ducados de oro.  Pero el alabastro también dejó la huella en la arquitectura civil, con uno de los conjuntos artísticos más representativos del arte renacentista aragonés, el Patio de la Infanta (1550). Formaba parte del Palacio de Gabriel Zaporta, que fue desmontado por la ruina del edificio. Tras ser comprado y trasladado a París por un anticuario, volvió a Zaragoza instalándose en la sede central de Ibercaja, cerca de su anterior ubicación. El retablo de la Catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro fue encargado a Damián Forment y su discípulo Juan de Liceyre dejando terminada la parte inferior en 1560. Hasta 1602 no se completó el retablo en un estilo completamente distinto. Uno de los últimos retablos de esta floreciente etapa es el retablo del monasterio de Rueda (1609) ejecutado por los maestros Esteban y Borunda. Tras la desamortización de Mendizábal el retablo cruzó el Ebro, y se trasladó a la iglesia parroquial de Escatrón.

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En los últimos años este material ha sido utilizado en Aragón en obras tan emblemáticas como el antiguo Pabellón de Aragón en la Expo de Sevilla (1992), o en el Auditorio de Zaragoza (1994). Pero el alabastro aragonés también ha sido utilizado fuera de nuestras fronteras formando parte del Museo de la Fundación Miró de Palma de Mallorca (1992), el edificio de la Asamblea de Madrid (1998) o la Catedral de Los Ángeles (2002), en Estados Unidos, obra del afamado arquitecto Rafael Moneo. No sólo los arquitectos lo incorporan a sus obras, también es la materia prima para escultores como Eduardo Chillida. Entre sus numerosas obras se puede destacar “Lo profundo es el aire” (1996), que se encuentra en el museo de Guggenheim de Bilbao. Y también José Miguel Abril, escultor turolense con diversas obras realizadas con alabastro, entre ellas “Velocitauro” (2009).

velocitauro_alabastroFoto cedida por José Miguel Abril

Además de toda la obra artística, en el siglo XX el alabastro comenzó a ser utilizado en el diseño de interiores residenciales por diseñadores del Art Deco y Art Nouveau. El resultado es crear espacios personales y únicos aportando una iluminación agradable y acogedora tanto con luz artificial como con luz natural. También se ha incorporado al diseño de mobiliario, como muebles para baños, dormitorios, puertas, mesas e incluso sillas realizadas en su totalidad con alabastro. Todo ello añadido a la tradicional fabricación de aparatos de luz decorativos, como tulipas y plafones.

Petilla de Aragón, de Navarra por una deuda no saldada

En el extremo noroccidental de Aragón, es decir, en la parte superior izquierda del mapa, aparecen dos pequeños puntos que corresponden a Petilla de Aragón. Su peculiaridad radica en que se trata de un municipio navarro rodeado de tierras aragonesas. El término municipal tiene una superficie de 27,55 km2, y está compuesto por dos islas: la principal donde se emplaza el pueblo y otra menor conocida como Baztán de Petilla o Los Bastanes. A la de mayor tamaño se accede por una única carretera de acceso que parte de Navardún. Está surcada por el barranco de la Rinconera, afluente del río Onsella, por cuya parte baja se introduce la carretera. El casco urbano se emplaza a unos 17 kilómetros de Sos del Rey Católico, en una ladera a media altura. El territorio que lo circunda esta formado por laderas escarpadas cubiertas de arbolado, sin apenas espacio para las tierras de cultivo. Como divisoria al sur se alza una pequeña cordillera coronada por molinos eólicos y cuyo punto más elevado es el monte Selva con 1159 metros de altitud.  vistageneral_petillaaragon

Con respecto al término de los Bastanes, se accede a éste desde la carretera que une Uncastillo con Sos del Rey Católico, a unos 11 kilómetros de éste último. Una pista surca el barranco de Bastanes, mucho menos agreste que el anterior.

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Su escudo heráldico usado desde el año 1953 demuestra la situación del municipio entre Aragón y Navarra. Representa el escudo de Aragón, con las armas de Navarra superpuestas en su parte central. Petilla perteneció a Aragón hasta el siglo XIII. Entonces tuvo lugar el hecho que marcó su historia. El rey Pedro II de Aragón pidió un préstamo de 20.000 maravedíes al rey navarro Sancho VII El Fuerte. A cambio dejó como señal los castillos de Peña, Gallur, Ascó y Petilla. Las tierras y posesiones se quedaron en manos de Ximeno de Rada hasta que los aragoneses no devolviesen la deuda contraída con un plazo de veinte años. Jaime I El Conquistador no pudo devolver el préstamo, y en 1231 Petilla pasó a formar parte del reino de Navarra. En el año 1312 Aragón intenta recuperar por la fuerza el enclave. Los habitantes aguantaron el asedio y con la ayuda de los de Sangüesa consiguieron repeler el ataque. Fueron recompensados por su fidelidad como navarros por el rey Carlos II de Navarra con la reducción de impuestos. A lo largo de la historia Petilla de Aragón siempre ha mantenido sus privilegios necesarios por su condición geográfica y administrativa, perteneciente a Navarra, pero aislada en territorio aragonés. Sin ellos hubiera sido inviable el mantenimiento del asentamiento. Aún así la peor situación se ha dado en los últimos siglos. Petilla de Aragón ha sufrido un descenso demográfico alarmante, pasando de los 662 habitantes en 1860 a los 35 censados en el año 2014. En los últimos años la población se ha estabilizado a la vez que se han realizado mejoras notables en las infraestructuras de la población.

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El hecho más notable en la historia reciente de la población fue el nacimiento de su más ilustre vecino, Don Santiago Ramón y Cajal. Sin embargo este hecho fue puramente accidental. Su padre Justo Ramón Casasús era natural de Larrés, población cercana a Sabiñánigo. Tuvo que ayudar a sus padres desde pequeño y con tan sólo 16 años, se desplazó a Javierrelatre donde se puso a trabajar como aprendiz de un cirujano. Este primer contacto con la medicina marcó la trayectoria profesional para toda su vida. Completó sus estudios en Zaragoza y Barcelona regresando a su población natal. En 1849 se casa con Antonia Cajal y la pareja se establece en Petilla de Aragón, donde Justo consiguió plaza de merico*. En esta localidad navarra es donde tendrán a su primer hijo, el 1 de mayo de 1852. Santiago residió en su población natal tan sólo 17 meses, ya que en octubre de 1853 la familia regresa a Larrés donde Justo trabaja durante dos años. En este periodo nace su hermano Pedro. Después se trasladan a Luna, en la provincia de Zaragoza; y más tarde a Valpalmas, donde nacerán sus hermanas Pabla y Jorja. Tras sacarse el título de Medicina y Cirugía en Madrid solicita el partido médico de Ayerbe. Se lo conceden y se trasladan a vivir a esta localidad de la provincia de Huesca. Finalmente la familia Ramón y Cajal se traslada a Zaragoza en 1870 donde Justo obtiene el puesto de médico de la Beneficencia Provincial y el cargo de Profesor Interino de Disección en la Universidad de Zaragoza.

*Merico: Médico.

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Santiago Ramón y Cajal tuvo una personalidad muy despierta en sus primeros años de vida. Activo, ingenioso y asombrado por los espectáculos de la naturaleza y los nuevos avances de las ciencias. A ello se unía una intensa afición a la lectura y una gran capacidad para el dibujo y la pintura. Su padre, muy estricto y pragmático, ejerció una notable influencia para que estudiase Medicina. En 1869 obtuvo su título de bachiller y se trasladó a Zaragoza. Al año siguiente comenzó sus estudios universitarios de Medicina, licenciándose en 1873. Entre 1887 y 1903 lleva a cabo sus más espectaculares descubrimientos sobre las estructuras nerviosas. Precisamente su “año cumbre” fue 1888, demostrando por primera vez la relación de contigüidad y no de continuidad entre las células nerviosas. Desde entonces se sucedieron premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Santiago Ramón y Cajal recibe en 1906 el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la fisiología de las células nerviosas. Durante toda su vida se dedicó a la investigación, así como la formación de sus continuadores. Su figura representa la cota más alta alcanzada por la ciencia española.

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Ramón y Cajal se consideró siempre aragonés. Se trasladó a tierras aragonesas ya de muy niño, y toda su infancia está íntimamente ligada a la tierra y al carácter aragonés. Se educó y realizó sus estudios superiores en Aragón. A todo ello se añade la procedencia de sus padres, que lo vincularon afectivamente para siempre con su tierra de adopción. En su libro “Páginas de mi vida” relata la única visita que realizó a su pueblo natal. Lo describe como “uno de los pueblos más pobres y abandonados del Alto Aragón, sin carreteras ni caminos vecinales que lo enlacen con las vecinas villas aragonesas de Sos y Uncastillo”. El viaje de tres etapas le condujo a Jaca y después a Berdún y Tiermas. Su última etapa sobre un macho* le permitió llegar a la “aldehuela humilde donde nací”, de la cual no tenía recuerdo alguno. A pesar de que pensaba que nadie le conocería una anciana al llegar lo identificó por el parecido con su padre. Y el cura y los representantes municipales le esperaban en la plaza ya que habían barruntado su visita. La hospitalidad de sus paisanos hizo agradable su breve estancia. Le llevaron a ver las ruinas el castillo, los bosques de la sierra y la ermita donde le agasajaron con una merienda. También le enseñaron la casa donde nació “fábrica ruinosa casi abandonada, albergue hoy de gente pordiosera y trashumante”. “Al despedirme de los rudos pero honrados montañeses, mis paisanos, oprimióseme el corazón: había satisfecho un anhelo de mi alma, pero llevábame una gran tristeza. Cierta voz secreta me decía que no volvería más por aquellos lugares; que aquella decoración romántica que acarició mis ojos y mi cerebro al abrirse por primera vez al espectáculo del mundo no impresionaría nuevamente mi retina; que aquellas manos de ancianos, ennoblecidas con los honrosos callos del trabajo, no volverían a ser estrechadas con efusión entre las mías”.

*Macho: Mulo.

Ricardo Magdalena, el gran arquitecto zaragozano

Ricardo Magdalena puede pasar desapercibido para las actuales generaciones de zaragozanos. Pero tras analizar su legado artístico, urbanístico y fundamentalmente arquitectónico es evidente que sin su trabajo e implicación la ciudad de Zaragoza hoy no sería la misma. Nació el 3 de febrero de 1849 y se quedó sin padres a los pocos años. Tuvo que estudiar en una escuela municipal, recibiendo beca del ayuntamiento para completar sus estudios, así como para cursar la carrera de arquitectura, licenciándose en Madrid en 1873. Su gran oportunidad profesional le llegó en el año 1874 al presentarse al concurso para el proyecto de la iglesia parroquial de Garrapinillos. El premio era la plaza de arquitecto municipal en Zaragoza, que había quedado vacante tras el fallecimiento de Segundo Díaz. Tras resultar ganador, desde el año 1876 ejerció de arquitecto municipal hasta su muerte en 1910. A su entierro acudieron unas seis mil personas, recibiendo grandes honores por parte del Ayuntamiento de Zaragoza. Ello da una muestra del reconocimiento a su trabajo por parte de la ciudad. Su compromiso con Zaragoza fue indudable, agradeciendo de esta manera al ayuntamiento el apoyo para poder llevar a cabo sus estudios, y siendo un fiel servidor a la institución hasta su muerte.

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A pesar de que la mayor parte de su obra arquitectónica fue desarrollada en Zaragoza también trabajó en otras ciudades españolas como Tarragona, Cádiz, Madrid, Vitoria y San Sebastián. Y además participó en proyectos de esbielladura* del patrimonio como fueron la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud, iglesia San Pedro el Viejo de Huesca, monasterio de San Juan de la Peña, monasterio de Poblet y monasterio de Santes Creus.

*Esbiellar: Renovar, Restaurar.

Ricardo vivió en una época en la que ciudad de Zaragoza estaba todavía recuperándose de la devastación sufrida por los Sitios y en la que desde entonces apenas se habían realizado obras arquitectónicas de interés. Fue el artífice de la recuperación urbanística y arquitectónica que sufrió la ciudad entre los siglos XIX y XX. Para ello recurrió a un estilo con el cual los zaragozanos se vieron rápidamente identificados. El uso del ladrillo como elemento constructivo y decorativo, las reminiscencias del uso mudéjar de la cerámica, el remate de fachadas con grandes ráfels*…. Todo ello recordaba al arte mudéjar y al arte renacentista aragonés, y por lo tanto a Aragón. Constituyó como una reinterpretación de estos estilos en clave de eclecticismo, una corriente dominante en el siglo XIX de la que fue el máximo artífice en Zaragoza y uno de los más importantes a nivel nacional.

*Ráfel: Alero.

Pero también supo añadir a su estilo otras influencias como la modernista, tan de moda por aquella época, con claros ejemplos en la arquitectura efímera llevada a cabo con motivo de de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. E incluso añadió elementos decorativos poco usuales a sus obras inspiradas en el antiguo Egipto cuyo más notable ejemplo es la decoración la Confitería Fantoba, todavía abierta al público.

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Magdalena se dedicó a reformar la imagen de la capital aragonesa, que por aquel entonces tenía unos 80.000 habitantes. Todo ello sin abandonar su actividad profesional privada, regentando el primer despacho de arquitectura moderno de la ciudad. Su cargo como arquitecto municipal tenía competencias muy extensas, lo que le permitió remodelar por completo la ciudad. Fue él quién gestionó muchos proyectos de ampliación y alineación de calles en el centro histórico. Entre las más destacadas fue la reforma del entorno del actual Mercado Central o las bases para la construcción años más tarde de unificación de la plaza del Pilar con la plaza de La Seo. Pero también fue el artífice de planes de urbanización muy importantes en la expansión de la ciudad, siendo el más relevante la urbanización de la Huerta de Santa Engracia, el espacio situado entre el Coso, paseo de la Mina, paseo Constitución y el paseo Independencia. Otro proyecto que modernizó la ciudad fue la urbanización del paseo de Sagasta. Contaba con un boulevard central peatonal, y las vías del tranvía a ambos lados. También intervino en la creación del paseo de Pamplona.

En cuanto a las intervenciones arquitectónicas más importantes, la primera de ellas fue la iglesia de Garrapinillos, con proyecto de 1874. Su aspecto exterior viene marcado por el uso del ladrillo cara vista. Diseña una iglesia de nave única la cual se apoya en columnas lisas. Su siguiente trabajo, del año 1882, es el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. De nuevo el ladrillo marca la estética primordialmente, con un virtuosismo técnico en cornisas y aleros, adaptándolo a las exigencias de la construcción moderna.

La obra que le otorgó su primer gran éxito fue el Matadero Municipal, que se comenzó a construir en 1878. Con motivo de su inauguración en el año 1885 se celebró una exposición regional a iniciativa de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Al evento acudieron 1.300 expositores nacionales y del extranjero. Las instalaciones situadas a las afueras de la ciudad contaban con una extensión de más de 25.000 m2 siendo de ellos cubiertos 11.230 m2. De la construcción sobresalen tres naves construidas en piedra, mampostería y ladrillo con estructuras de columnas de hierro y techumbres de madera. Tuvo gran reconocimiento en la época y muchos mataderos de España imitaron su diseño.

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Su obra capital fue la nueva Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza. El edificio de dimensiones monumentales está compuesto por varios módulos, y rinde homenaje a la arquitectura renacentista aragonesa. A ello se añade una decoración modernista sin desvirtuar la obra. El año 1892 fue terminada su construcción y al año siguiente asistieron a la inauguración unos diez mil ciudadanos. La obra tuvo tal reconocimiento que la Revista de arquitectura, una publicación de gran prestigio de la época, le dedicó un número monográfico.

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Con motivo del primer centenario de los Sitios de Zaragoza se preparó la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Su labor como arquitecto director de la exposición convirtieron esta empresa en la más ambiciosa de su carrera profesional. Se encargó personalmente de diseñar los edificios más significativos de la muestra, con una marcada estética modernista. El Arco de Entrada respondía al estilo predominante en aquella época. El Museo Provincial de Bellas Artes, único de los edificios que se conserva en la actualidad, lo realizó en colaboración con el arquitecto Julio Bravo. En sus formas se retoma de nuevo el estilo renacentista aragonés. Una de las joyas más significativas de la arquitectura modernista fue el Gran Casino. En su interior contaba con un gran salón teatro y en él se desarrolló una frenética actividad a lo largo de  la exposición.

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Su enorme capacidad de trabajo, sabiendo rodearse de los mejores artesanos y artistas de la época, no se quedó exclusivamente en el proyecto de grandes edificios. Otras de sus obras relevantes son Monumento a los Mártires (1904), situado en la plaza España, así como la Capilla de las Heroínas de Zaragoza (1908), en la iglesia del Portillo. O la reforma del Teatro Principal llevada a cabo entre 1884 y 1891. Proyectó asimismo la fachada de la Casa de Amparo (1905), así como los chapiteles que rematan las torres de la Basílica del Pilar. Diseñó la decoración del Palacio de la Ilusión (1905), el primer cine estable de la ciudad. También llevó a cabo la decoración del Puente de América sobre el Canal Imperial de Aragón (1904). Durante la visita del monarca Alfonso XII a Zaragoza fue el artífice del arco triunfal para su recibimiento. Y dejó también su impronta en el diseño de los faroles del Rosario de Cristal, que todavía están en uso hoy. Incluso proyectó mobiliario urbano desde verjas a fuentes. Pero su gran vitalidad y compromiso con la ciudad le permitió dar forma a actos sociales como la organización de una gran cabalgata para la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios en 1895.

Después de realizar un recorrido por buena parte de su obra no cabe duda que Ricardo Magdalena fue el gran arquitecto zaragozano. Gracias a su trabajo la ciudad de Zaragoza renovó su imagen dejando atrás el duro varapalo que supusieron los Sitios de Zaragoza. Buena parte de su obra todavía puede contemplarse hoy en día en todo su esplendor. Otros edificios pervivirán en la memoria de los que tuvieron la oportunidad de visitar la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Para el resto nos queda el recuerdo a través de las fotografías que se conservan y que denotan el gran esfuerzo para sacar adelante esta ambiciosa empresa para aquella época. Qué mejor reconocimiento hacia tan ilustre zaragozano que pasear por la ciudad y reconocer sus obras, hoy integradas en una ciudad moderna, y que conforman la Zaragoza actual.

Una nueva etapa para la Cartuja de Aula Dei

El origen de la Cartuja de Aula Dei hay que buscarlo en los Monegros. A cuatro kilómetros de la población de Lanaja los monjes de la Orden de San Bruno decidieron instalar un monasterio. En medio de un paisaje estepario llegaron a levantar buena parte de aquel monasterio, no con ciertas dificultades económicas. Sin embargo la insalubridad del agua de boca y su mala ubicación hicieron que tuvieran que abandonarlo. Buscaron un sitio más apto y lo encontraron a orillas del río Gállego, cerca de la ciudad de Zaragoza. Juan de Alagón facilitó la compra de la torre María de Cariñena, junto al azud de donde nace la acequia de la Urdana. Una de la condiciones del contrato decía que la torre, edificio de dos plantas con oratorio, debía mantenerse así. De hecho en la actualidad sigue en pie. El 14 de agosto de 1563 llegaban los nueve monjes. A los seis meses comenzaron las obras según los planos de Martín de Miteca y dos padres de la orden. Don Hernando de Aragón fue el fundador y principal benefactor de las obras de la cartuja, donando rentas proporcionadas de su cargo de virrey.

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La cartuja de Aula Dei cuenta con veinticinco hectáreas de cultivo, siendo tres hectáreas lo que ocupan las instalaciones en sí, rodeadas de un recinto amurallado. El edificio más importante es la iglesia, a cuyos lados se abren dos pequeños claustros. En uno de ellos se abren dieciocho capillas que datan del año 1566, y sirve de acceso a la sala capitular. En el otro se encuentran estancias como el refectorio y la biblioteca. Y en la parte trasera de la iglesia se abre el gran claustro compuesto por una treintena de celdas dispuestas alrededor de un espacio central donde se ubica el cementerio. La vida monástica de la orden de San Bruno combina el fraile de comunidad con la vida de ermitaño. Para ello necesita de un lugar de recogimiento, la celda. Allí el fraile tiene un espacio para comer y estudiar, para dormir y rezar, y también un taller y un pequeño huerto. Esta disposición fue pionera y sirvió de modelo para la posterior construcción de las cartujas de Scala Coeli (Évora, Portugal), Ara Christi (Valencia), Cartuja Baja (Zaragoza), Nuestra Señora de las Fuentes (Huesca), y Jesús Nazareno de Valldemosa (Mallorca).

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Desde la carretera parte un delicioso paseo flanqueado por centenarios plataneros. Al fondo está la portería, por donde se accede al recinto monacal. A continuación surge el patio de Honor, en torno al cual se levantan dos edificios de ladrillo con galería de arcos de medio punto en la parte superior. Uno estaba destinado a la hospedería y el otro a las habitaciones de los hermanos, religiosos que estaban en contacto con el exterior. Al frente está la iglesia, levantada entre 1564 y 1567. Su única nave se cubre con bóvedas de crucería estrellada. Un siglo después fue levantada la torre, en 1686. De ladrillo, se alza en planta cuadrada y se remata con un cuerpo octogonal. Un chapitel bulboso y elegante culmina el elemento más visible de la cartuja. La portada fue realizada por Manuel Ramírez de Arellano en el año 1722. Se trata de una fachada en yeso de estilo rococó. En 1757 se elaboró por el mismo maestro el retablo mayor, de madera policromada en estilo barroco. En 1774 se encarga a Francisco de Goya pintar los muros altos de la iglesia. Se trató de once grandes frescos que representan escenas de la vida de la Virgen. Debido a las malas condiciones de humedad cuatro de ellos fueron tresbatitos*. Sin duda, son el elemento artístico más importante con que cuenta la cartuja.

*Tresbatir: Perder.

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La vida religiosa se vio interrumpida durante el siglo XIX. Entre los años 1809 y 1814 la cartuja fue desalojada debido a la entrada de las tropas francesas, durante la guerra de la Independencia. En este periodo fue utilizada como cuartel de caballería y artillería. Tras la desamortización de Mendizábal fue nuevamente abandonado a la fuerza. En este caso se vendió y se ubicó una fábrica de sedas, donde también se alojaban los operarios. Hasta 1901 no volvió nuevamente la vida monacal al ser comprada por la Cartuja de Grenoble. La nueva comunidad restauró el monasterio y se repintaron algunos frescos de Goya totalmente perdidos.

cartujaauladei_jardinclaustroUna de las curiosidades de la cartuja fue la polémica por la prohibición del acceso al recinto monástico a las mulleres* debido a las rígidas normas de la orden de San Bruno. En el año 1996, con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Goya, el Gobierno de Aragón organizó visitas a los frescos de Aula Dei, pero sólo a los hombres. Ello generó una polémica que obligó a la orden religiosa dos años después a permitir el acceso a mujeres a través de un pasadizo evitando las interferencias con la comunidad religiosa. Con anterioridad sólo tres mujeres habían pisado la cartuja, gracias a la bula papal: la infanta Isabel, en 1913, la restauradora Teresa Grasa en 1978 y la secretaria judicial Inés Lafuente en 1995. El 11 de noviembre de 1998 la reina Doña Sofía fue la primera mujer en acceder al recinto por la puerta de entrada sin bula papal por cortesía de los cartujos. Posteriormente fue necesario ampliar el horario de visitas, que resultaban insuficientes.

*Muller: Mujer.

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En la actualidad ya no viven cartujos. Su avanzada edad y las dificultades para mantener las instalaciones debido a su reducido número les obligaron a trasladarse en 2011 a las cartujas de Porta Coeli en Valencia y Miraflores en Burgos. Para asegurarse el futuro religioso de la cartuja se llamó a la Comunidad Chemin Neuf para confiarles su uso. Esta congregación nació hace tan sólo unas décadas, en 1973, como un grupo de oración en Lyon (Francia). En la actualidad cuenta con dos mil miembros en 27 países, mujeres y hombres consagrados con Dios que hacen votos de castidad, así como matrimonios y familias. La comunidad agrupa a hermanos y hermanas que han optado por vivir, rezar y evangelizar juntos. Actualmente en la Cartuja de Aula Dei continua la vida comunitaria de oración a través de un centro internacional de formación cristiana.  Se proponen ciclos de formación bíblica, teológica y comunitaria de tres meses orientado a todas las personas. Otros servicios que ofrecen son los encuentros Caná, que a lo largo de seis días permiten a matrimonios y familias un tiempo de pausa y encuentro conyugal a través del diálogo y la reconciliación. También se ofertan retiros de ocho días según los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Todo ello se complementa con un grupo de oración carismática todos los martes y eucaristía con la comunidad los domingos.

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Y finalmente los sábados se realizan visitas que permiten conocer la Cartuja de Aula Dei, con un nuevo recorrido desde el año 2013. El visitante entra a través de la portería y el patio de Honor, admirando en la iglesia las pinturas de Goya. Después puede adentrarse en el claustro de las capillas y ver la sala capitular. Y también puede acceder a una de las celdas conservada tal y como era usada por los cartujos. Afortunadamente la cartuja ha preservado la mayor parte de la riqueza artística y arquitectónica atesorada durante más de cuatro siglos de historia, y de la cual ahora vela la Comunidad Chemin Neuf, con un nuevo proyecto más abierto y acorde a la sociedad actual.