Un rayo de esperanza para Moriello de Sampietro

Hace unos meses, tras veinte años de andadura, culminé el reto más ambicioso que me he planteado en mi vida: conocer todos los pueblos de Aragón. En realidad he visitado 1.758 núcleos, y todavía me quedan algunas aldeas y multitud de pardinas, casas de campo y mases. La visita al zaguero* de ellos, Moriello de Sampietro, fue muy emotiva. Este precioso enclave está situado a unos doce kilómetros de Boltaña, encaramado en la divisoria de aguas de los río Ara y Yesa, y frente al macizo calcáreo más alto de Europa, el Monte Perdido.

* Zaguero: Último.

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Cuenta con pista de acceso, pero su estado es tan malo que tuve que realizar el recorrido a pie. Un largo paseo, mientras los nervios poco a poco iban apoderándose de mí. Cada vez estaba más cerca de llevar a cabo mi sueño. Al fin llegué a la aldea, que parecía anclada en el pasado conservando intacta la arquitectura pirenaica. A pesar de estar situada en un lugar bastante inaccesible, sus antiguos moradores se han esforzado en mantener las viviendas. Tanto los propietarios como la Asociación As Gabarderas lucha para que este pueblo no tenga el mismo destino que los cientos de pueblos aragoneses que dentro de unas décadas serán sólo ruinas. Han levantado el tejado de la herrería y la iglesia está restaurada. Y unas cuantas casas están rehabilitadas, mientras que en otras se han realizado trabajos.

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En la década de los sesenta, en esta aldea compuesta por nueve viviendas, todavía residían una veintena de personas. El descenso demográfico hizo que casi llegase a despoblarse, pero esto sólo ocurrió de manera esporádica. Una de las claves para evitarlo es contar con una buena comunicación. La pista de acceso fue construida en el año 1982, y fue un factor imprescindible para la  pervivencia de este pueblo. Sin embargo su falta de mantenimiento ha hecho que se encuentre en un estado lamentable que la hace sólamente practicable para vehículos todo terreno. Tras varios años de protestas al fin se han licitado las obras para mejorar el firme y reforzar los puntos donde es más facil su deterioro.

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Además en los últimos meses un rayo de esperanza alumbra Moriello de Sampietro. Sara y Agustín han elegido este lugar para vivir y para desarrollar su actividad. En Francia ya han llevado a cabo trabajos relacionados con la producción de quesos, y Agustín es pastor. Tienen claro que quieren vivir en un lugar como éste, apartado y bello, y son conscientes de las limitaciones. Pero también tienen claro la actividad que van a desarrollar, la agropecuaria, íntimamente ligada con el medio elegido, la misma que ha permitido la existencia de este pueblo durante siglos.

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Al llegar al pueblo recorrí la calle empedrada que conduce a la plazoleta donde se ubica la iglesia. Allí me encontré a la joven pareja y un amigo suyo. Enseguida entablamos una conversación y les conté lo especial para mí de la visita a este pueblo, y su hospitalidad fue instantánea. Me invitaron a celebrar juntos la culminación de mi reto, y sacaron una botella de cava con la que brindamos. Allí me encontraba en medio del Sobrarbe, rodeado de un paisaje espectacular, con tres nuevos amigos y disfrutando de este inolvidable momento. Durante la charrada* también compartieron conmigo la experiencia de la llegada a este nuevo lugar. Me contaron su proyecto, y enseguida me contagiaron las ilusiones en él despositadas.

* Charrada: Conversación, charla.

celebración_moriellosampietroEl broche final a mi reto no podía haber sido mejor, encontrarme con gente que es capaz de llevar a cabo un proyecto ilusionante y personal. Una esperanza para núcleos como Moriello de Sampietro, que necesitan gente como ellos, que devuelvan la vida a pequeños pueblos manteniendo la riqueza arquitectónica sin alterar el valor paisajístico que los rodean.

Aragon en Suiza

Este verano he tenido la posibilidad de jorearme por tierras suizas. Me he quedado prendado de este país, donde he podido disfrutar de unos paisajes maravillosos. Buena parte del territorio está salpicado por los Alpes, una coordillera mucho más potente que nuestros Pirineos, pero con muchas similitudes en cuanto a vegetación y orografía. Sin embargo aquí todo es más grande. El mayor glaciar de Europa con 24 kilómetros de longitud entre otros muchos. Cascadas encadenadas con trescientros metros de desnivel, otras que discurren por oquedades que producen un ruido atronador. Ríos de color grisáceo, procedentes del deshielo permanente durante todo el verano, como si se tratase de un mayenco* constante. Y por supuesto montañas altivas y verdes valles verdes salpicados de las tradicionales casas de madera llenas de flores.

*Mayenco: crecida de un río por deshielo.

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Durante mi estancia me llamó la atención en un mapa la presencia de un núcleo llamado Aragon. Me pudo la curiosidad y me acerqué a esta urbanización turística que llevaba este nombre, aunque más me hubiera gustado encontrar un pueblo con más historia. Sin embargo no dejaba de ser curioso que un lugar tuviese el nombre de Aragón en Suiza, y situado a nada menos que 1.300 kilómetros de distancia. Desconozco a qué se debe la denominación de esta urbanización. Se trata de un conjunto de apartamentos turísticos construidos no hace muchos años. Está compuesto por unas cuarenta casas típicas de montaña recubiertas de madera, rodeadas de espacios peatonales.

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Su ubicación no puede ser más bucólica, a menos de un kilómetro del pequeño pueblo de Ernen perteneciente al cantón de Valais, al sur de Suiza. En una suave ladera donde abundan los pastos salpicados de vacas, y en cuyo fondo discurre el Ródano, unos de los ríos más importantes de Europa. A unos cincuenta kilómetros está su nacimiento, en el glaciar del Ródano. Es bien conocido por los turistas ya que todos los años se talla dentro de él una galería de unos cien metros de longitud que permite introducirse en el hielo, y que ofrece una visión espectacular del interior del glaciar con paredes de color azulado y brillante.

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No merece la pena ir de propio* a Aragon en Suiza, pero sí visitar su entorno. Un lugar privilegiado en medio de los Alpes donde poder deleitarse con un paisaje y una arquitectura de la que bien pueden presumir los suizos.

*De propio: Ex profeso.