Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Triste paradoja la de este balneario, que fue engullido no por las aguas termales que le servían de actividad, sino por las de un pantano, el embalse de Yesa. Está situado en la Alta Zaragoza, en la confluencia de las provincias de Huesca y Zaragoza y ya muy cerca de Navarra. Aunque la mayor parte del tiempo yace bajo las aguas del Mar del Pirineo, como así es conocido debido a sus colosales dimensiones, en épocas de gran estiaje se descubren las ruinas que marcan el lugar donde estuvo ubicado. Entonces surge el milagro y brotan las aguas termales de entre los escombros.

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La historia del balneario de Tiermas se remonta a los romanos que explotaron este codiciado recurso natural. A su alrededor fue surgiendo un poblado, que siglos más tarde se trasladó a un pueyo* cercano debido a las numerosas guerras con navarros y franceses. En esta incierta etapa las termas tuvieron un hospital y las instalaciones atendían fundamentalmente a los pobres. Una vez superadas las contiendas tras la unificación de España comenzó una etapa de progreso. Los baños pasaron a pertenecer al municipio de Tiermas, y en el siglo XIX fueron arrendados, permitiendo el acceso gratuito a los vecinos de la localidad y a los pobres. Finalmente, ante el lamentable estado de las instalaciones, la villa decidió venderlo a Luis Casals, y posteriormente en 1918 pasó a unos vecinos de Ansó. En esa fecha el balneario contaba con un edificio de tres plantas, la casa alta de los baños, en la cual se encontraban las habitaciones, así como los servicios propios de un hotel. Junto a él estaba el edificio donde se encontraban los cuartos de baño, piscinas y gabinetes hidroterapeúticos. Y adosada estaba la casa baja de los baños, ésta de dos pisos. Completaba el conjunto el hotel Infanta Isabel, de tres plantas. Entre el hotel y el balneario existía un pasadizo de madera para facilitar el paso de los bañistas. Precisamente el hotel tomó el nombre de la Infanta Isabel de Borbón y Borbón, hermana de Alfonso XII, la cual visitó las instalaciones dando mayor renombre a las mismas. En los años 40 este edificio sufrió un incendio y no volvió a reconstruirse. El final de este balneario que llegó a acumular gran esplendor lo puso la construcción del pantano, expropiándose las instalaciones, y cubriéndose por las aguas en 1960, poco tiempo después de cesar su actividad.

*Pueyo: Colina.
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En la actualidad quedan sólo un montón de ruinas, junto a las surgencias de aguas que manan a 42ºC. Es posible descubrir este lugar cuando las aguas del embalse de Yesa descienden lo suficiente, lo cual sólo ocurre en determinados años pudiendo durar esta situación unos días o unas semanas a lo sumo. El paisaje es desolador, casi lunar. Una ladera sin vegetación en la cual yacen los escasos restos de los edificios, con la lámina del embalse amenazando con cubrirlo de nuevo en cuanto vuelvan las lluvias otoñales. El milagro surge del subsuelo y el agua mana de diferentes puntos de manera natural, una vez inutilizadas las conducciones del balneario. Donde antaño hubo una plaza a la cual llegaban los viajeros en carro e incluso en los viejos automotores, ahora mana la mayor parte del caudal de manera natural. En la primera balsa, la de mayores dimensiones, se perciben incluso las pequeñas burbujas. Aguas que emiten el suave y característico mal olor de las aguas termales. Es el punto de mayor temperatura y donde las aguas son más cristalinas. Con el paso de los años la gente ha creado pequeñas balsas de poca profundidad para facilitar el baño. Se forma en su recorrido un pequeño río que pasa entre las ruinas del antiguo hotel y balneario. Unos metros más abajo el agua de nuevo se diluye en las frías aguas del pantano, y unos días más tarde todo volverá a desaparecer. Un efímero recorrido que depende del nivel del pantano y de los días que permanece al descubierto, pero que es aprovechado por los bañistas al máximo.

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Otras de las surgencias parten de la parte trasera del edificio de los baños a través de un chorro a un metro de altura, un punto que hace las delicias del bañista. A su alrededor un pequeño barranco cubierto de lodo sirve también de improvisado lugar para tomar baños de barro. De un tono grisáceo, siendo oscuro cuando se impregna el cuerpo, al secarte toma un tono más suave, que hace que los cuerpos se mimeticen con el paisaje que los rodea.

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En cuanto a los restos de los edificios principales, apenas quedan los arranques de los muros del hotel, que quedó destruido años antes de la inundación por un incendio. El edificio de los baños es el mejor conservado. Se mantienen en pie los muros de la primera planta, donde se abren los vanos rectangulares que conservan incluso los marcos de madera. Por donde antes pasaba la carretera, ahora discurre el río termal salpicado de pequeñas piscinas repletas de personas disfrutando de las aguas termales. También es posible acceder al interior, donde se pueden apreciar las cabinas de baño, con puertas decoradas, y donde el lodo no ha conseguido cubrir todo su interior. Es posible incluso ver los restos de una de las bañeras de piedra, así como los azulejos que cubrían las paredes de las estancias. Un pequeño recuerdo del esplendor de un balneario, ahora convertido en un lugar de recreo gratuito.

En el barrio de los Baños, además del balneario, hubo muchos más edificios salpicados de manera dispersa en torno a la carretera. Este punto era un cruce vital de carreteras, ya cruzaba el río la antigua vía romana que recorría el valle del Aragón.

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El puente era una fábrica medieval y estuvo en uso hasta la inundación. Desde entonces en contadas ocasiones ha podido verse ya que para ello es necesario que el embalse está muy bajo. Una de las últimas ocasiones fue en el año 2001. Pero el 20 de septiembre de 2022, con una cota del embalse de 459 metros (sobre el nivel del mar) y un porcentaje del 15% del volumen del embalse, volvió a aflorar. Se trata de un puente de piedra con tres vanos con tres arcadas originales de piedra, tajamares y pretiles para proteger la calzada. Se le añaden en dirección a la margen izquierda tres tramos más de tablas, seguro que recontruidos después de alguna avenida.

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En la actualidad se están llevando a cabo las obras de ampliación de recrecimiento de Yesa, polémicas debido al empeño de la administración de llevarlas a cabo con la justificación de que es la ampliación y consolidación de riegos así como el abastecimiento de agua a Zaragoza capital. Sin embargo su coste es elevadísimo, y aumenta día a día debido a las dificultades técnicas de construcción de la presa sobre unas laderas inestables y que crean un riesgo de seguridad inasumible. Con la obra terminada subiría la cota del pantano y los restos del balneario quedarían sumergidos posiblemente ta cutio*. Los antiguos vecinos de Tiermas hace tiempo que han solicitado la reversión de sus propiedades. Sin embargo se da la circunstancia de que en el año 1982 el vecino pueblo de Sigüés compró el pueblo por una cantidad ridícula, 3.754.250 pesetas, que consiguió de una subvención de la Diputación Provincial de Zaragoza. Tiene un proyecto de recuperación del pueblo de Tiermas, el cual incluye la utilización de las aguas termales gracias a una conducción desde el fondo del pantano hasta el pueblo. A pesar de que lleva años medio paralizado, éste sirve de impedimento para la posible devolución de las propiedades a sus legítimos herederos. Otra triste paradoja más que junto a la del balneario habla de la historia reciente de una próspera y prestigiosa localidad zaragozana que se truncó por la construcción del embalse de Yesa. Con ello se dio la vida a las Cinco Villas con la construcción de nuevos regadíos y pueblos de colonización. Y se la quitó a la Canal de Berdún, expropiando y obligando a marcharse a vecinos de Escó, Ruesta y Tiermas, e hipotecando el desarrollo de parte de la comarca de la Jacetania.

*Pa cutio: Para siempre.