Balneario de Panticosa, a punto de perder todo su encanto

El Balneario de Panticosa siempre ha sido un icono de los Pirineos. Ubicado en una cubeta glaciar a 1.636 metros de altitud su ubicación no puede ser más bucólica. Una gran planicie de unas 24 hectáreas de superficie modelada por la glaciación, atravesada por el río Caldarés que recoge las aguas provenientes de los ibones y cascadas que rodean al ibón de Baños, una laguna de 5 hectáreas.

Precisamente el nombre del río hace referencia al agua caliente que sale de los manantiales termales que manan en las inmediaciones. Los romanos ya conocieron su existencia. A pesar de su dificultoso acceso, fueron visitados por ciudadanos que dejaron allí monedas de Zaragoza, Velilla o Sagunto como exvotos por la curación de sus enfermedades. Entonces sólo se conocían los manantiales de Tiberio y Estómago. Hasta el siglo XVII cayeron en el olvido y fueron de nuevo redescubiertos gracias a que la aguas manan a 52º regalan* las abundantes nieves que cubren estas latitudes buena parte del año. El conjunto termal está formado por seis manantiales. En esta nueva etapa, inicialmente fueron usados los del Estómago e Hígado, en la década de 1780 se empezaron a utilizar los manantiales de Herpes y Laguna. En 1881 se descubrió el manantial de San Agustín y finalmente en 1951 se redescubrió del manantial de Tiberio, inutilizado desde la época romana por aludes y derrumbamientos.
*Regalar: Derretir.

A pesar de su complicada ubicación, en pleno corazón de la cordillera pirenaica, la afluencia al centro termal ha sido muy notable. Para llegar los viajeros de Madrid, Zaragoza o Pau empleaban diferentes medios de comunicación que con su modernización irían acortando los trayectos paulatinamente. En 1826 todavía no estaba terminada la carretera de Madrid a Zaragoza y el tramo final de Biescas al balneario costaba cinco días. Poco a poco fueron mejorándose las carreteras y se construyó un camino de acceso de cinco pies de ancho que sustituyó al sendero anterior. El 12 de julio de 1862 llegaron los primeros carruajes. La situación cambió notablemente con la llegada del ferrocarril, en 1864 a Huesca y 1893 a Sabiñánigo. Con estas mejoras se redujo el trayecto desde Madrid a menos de un día. Gracias a la modernización del ferrocarril en 1911 ya se podía alcanzar el balneario en tan sólo 14 horas de viaje. De manera paralela los automóviles comenzaban su aparición y en el verano de 1905 llegó el primer vehículo proveniente de Laruns. Al año siguiente, con sólo quinientos vehículos matriculados en España, uno de ellos ya realizaba el servicio entre la estación de Sabiñánigo y el balneario. En 1929 este servicio se realizaba con autobuses. Con las mejoras en ambos medios de comunicación ya se podía alcanzar el balneario en diez horas desde la capital. A partir de la década de los sesenta el vehículo particular se impuso y a día de hoy el trayecto desde Madrid puede realizarse en cinco horas.

El balneario fue explotado desde sus inicios por el quiñón de Panticosa, entidad administrativa que englobaba los núcleos de Panticosa, Hoz de Jaca y Pueyo de Jaca. Su utilización ya es notable en 1693. Entonces se construyó un primer edificio de dos plantas junto al manantial del Estómago, al que le sucedió más tarde otro junto a las fuente del Herpes. Se contaba con cincuenta plazas de modesto alojamiento, mientras que los baños se tomaban al aire libre. Ante una precaria gestión el rey Fernando VII opta por la concesión en 1826 a un rico propietario de Búbal, Nicolás Guallart. El empresario consiguió levantar un conjunto de ocho edificios y doscientas camas en tan sólo 27 años de gestión. Entre ellos la Casa de Abajo (la actual Casa Belio), la Casa de los Herpes (después Casa Balneario) y Casa de la Pradera. Éste último fue el primer hotel propiamente dicho con cuatro plantas, vestíbulo principal y una parte de habitaciones de alto nivel, que después pasó a denominarse Hotel Mediodía.

En 1854 se inyecta capital en la sociedad y en tres años se construyen seis nuevos edificios, duplicando la capacidad hotelera. Entre ellos la Fonda Nueva (luego llamado Hotel Victoria), la Casa de la Princesa (rebautizado como Hotel Embajadores), Casa Salón de la Sociedad (derribada en 1977) y Casa de la Laguna. Sin embargo era insuficiente para cubrir la demanda creciente y seguía sin poder competir con los balnearios franceses. En 1864 con la llegada del ferrocarril a Huesca aumenta todavía más la demanda, contando ya con setecientas camas en 1870. Con la llegada del ferrocarril a Huesca, en 1893 la afluencia desbordaba la capacidad, siendo constante la ampliación y construcción de nuevos hoteles. Entre ellos la nueva Casa de la Pradera, ubicada en el lado opuesto, junto al cauce del río Caldarés. Se convertiría en el hotel más grande e importante del conjunto balneario hasta la fecha. Entre la década de 1890 se vivió la “belle époque” en la cual el balneario de Panticosa conoció su máximo periodo de esplendor, con más de dos mil clientes por temporada. Se levantó el Gran Hotel, mejorando las instalaciones anteriores, dotado de electricidad y ascensor hidráulico. También la Fonda Franco-Española, edificio en forma de “L” alineado con el Hotel Embajadores y la nueva Casa de la Pradera. Y la iglesia del Carmen, utilizada los cinco primeros antes de consagrarse como alojamiento anta la falta de plazas hoteleras.

No solo se dedicó un gran esfuerzo económico al alojamiento de los clientes, sino también a las instalaciones termales convirtiendo el balneario en uno de los mejores equipados de España en el último cuarto del siglo XIX. En 1899 la sociedad Guallart y Compañía se convierte en Aguas de Panticosa S.A., formada por un 70% por los antiguos socios siendo el mayor accionista el conde de la Viñaza. En sus seis primeros años APSA realizó importantes mejoras con la construcción del Hotel Continental (sobre el solar de la Fonda Franco-Española tras sufrir un incendio que la destruyó), dotado de ascensor hidráulico y retretes modernos. Y se completó el conjunto con el emblemático edificio del Casino. Situado entre el Gran Hotel y la nueva Casa de la Pradera, con un gran jardín central. En su interior contaba con un teatro con 350 butacas, además de galerías y terrazas, constituyendo el lugar preferido de ocio de los residentes. La situación económica se vio afectada gravemente por los aludes de los años 1915 y 1917. El primero destruyó por completo el mayor hotel, la Casa de la Pradera. También destruyó la Casa de la Laguna y afectó a otros edificios, cuyos daños fueron valorados en un tercio del capital social del balneario. El alud de 1917 produjo desastres de menor consideración. Durante dos décadas estuvo gestionado por arrendatarios y después fue recuperando tímidamente la actividad hasta los años sesenta. Entonces cayó en una crisis creciente que acabaría con un cierre provisional del balneario en 1979.

Las últimas décadas para el balneario de Panticosa han supuesto la peor página de toda su historia. En el año 1880 era uno de los mayores y mejores balnearios de España, con capacidad hotelera para albergar a más de mil personas, comparable a la de San Sebastián o Santander. A principios de siglo XX el conjunto de construcciones estaba dotado de los mejores avances de la época en un entorno de alta montaña. De este esplendor se ha pasado al abandono y destrucción de la mayor parte de su patrimonio artístico. Esta triste etapa comenzó tras la intervención de las administraciones autonómica y local para rescatar del abandono unas instalaciones semiabandonadas y parcialmente en ruina. Se consiguió que el grupo empresarial Nozar se hiciera cargo del balneario, completando la compra de los edificios en el año 2000. Previamente, en junio de 1992, la Dirección General de Patrimonio Cultural y Educación del Gobierno de Aragón, declaró el Balneario de Panticosa como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de “conjunto histórico”. Con ello se pretendía la conservación de importantísimo del patrimonio arquitectónico y se impedía la demolición de los edificios históricos.

El proyecto de Panticosa Resort, impulsado por Luis Nozaleda, pretendía convertir el espacio en un complejo invernal de lujo enfocado a las grandes fortunas españolas y europeas. Un complejo pensado a lo grande desde el propio diseño, a cargo de dos premios Pritzkter (el Nobel de la Arquitectura) para diseñar los nuevos edificios. Rafael Moneo se encargó del proyecto del primer hotel de cinco estrellas del Pirineo Aragonés, el portugués Álvaro Siza diseñó un centro deportivo de alto rendimiento para dar servicio a deportistas de élite y que pretendía atraer equipos de fútbol como el Real Madrid o el F.C.Barcelona; y el prestigioso estudio de arquitectura Moneo & Brock realizó el proyecto de las Termas de Tiberio, las instalaciones balnearias propiamente dichas. A ello se añadía un restaurante de lujo de la mano del prestigioso cocinero Pedro Subijana y la reforma del Casino dotada de un salón de juegos de alto standing. Se completaba el conjunto con una villa de residencias de lujo. Un gran proyecto que generaría 400 puestos de trabajo.

Entre 2002 y 2008 el Balneario de Panticosa sufrió el conjunto de intervenciones más agresivas de su historia. Se derribó buena parte de las instalaciones de este conjunto histórico con el visto bueno del ayuntamiento de Panticosa y del Gobierno de Aragón, a pesar de la existencia del BIC. El Hotel Mediodía y el Hotel Continental fueron demolidos y se levantaron nuevas construcciones. El hotel Embajadores y la bella galería de madera que lo conectaba con el Hotel Mediodía, así como el Hotel Victoria también fueron derribados. Respecto al Gran Hotel fue completamente vaciado por dentro, respetando sólo la fachada original. Se respetaron el Casino y la iglesia del Carmen que fueron restaurados. En cuanto al resto de pequeños edificios del balneario, a pesar de su importancia histórica y de su encanto, siguen abandonados en avanzado estado de ruina.

A cambio se han levantado modernas instalaciones de una tipología radicalmente diferente a la anterior. En concreto el Hotel Continental, Hotel Continental II, Termas de Tiberio y Centro de Alto Rendimiento. Éste último no ha llegado a funcionar y se encuentra abandonado. A pesar del prestigio de los arquitectos, el diseño de los mismos ha sido desastroso. Los materiales empleados, no aptos para resistir la dura climatología del lugar, sufren un deterioro evidente pocos años después de su inauguración. A ello se añade una falta absoluta de mantenimiento de las instalaciones. Su coste ha sido muy elevado y todo ello ha supuesto un lastre económico imposible de sobrellevar.
*Embeleco: Encanto.

En el 2008 se inauguraron las instalaciones tras la polémica y un año después, con las obras inacabadas, cerraron provisionalmente. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y un proyecto completamente inviable llevó a la quiebra multimillonaria de Nozar. Durante las obras se llevaron actuaciones que aumentaron las brutales heridas medioambientales y paisajísticas. La construcción de cuatro plantas subterráneas bajo el centro de alto rendimiento removió las capas freáticas modificando uno de los elementos naturales más valiosos del lugar, los manantiales medicinales, alterando gravemente el caudal y la temperatura de las aguas termales. En superficie quedaron obras inacabadas, que incrementan la barbarie urbanística llevada a cabo: el centro de alto rendimiento, la urbanización de las viviendas de lujo e incluso un pequeño helipuerto para la llegada de los huéspedes VIP. Pero también quedó sin terminar un aparcamiento situado a la entrada del complejo. Una gran estructura de hormigón que yace abandonada y que sirve de recibimiento a las visitantes. Junto a ella la planta embotelladora de agua mineral que fue cerrada como consecuencia de la situación económica de la sociedad inmobiliaria. Después de tanto desatino, hablar del mobiliario histórico y de la documentación desaparecida que se acumulaba en los edificios históricos es un tema casi menor. Y todo ello con el consentimiento cómplice de los responsables políticos, tan culpables como los nuevos propietarios del balneario de Panticosa.

Tras una situación incierta se volvieron a abrir las instalaciones del Panticosa Resort. Aunque sigue manteniéndose la propiedad por parte de Nozar, se cambió el enfoque de negocio. Ahora está orientado a un turismo más popular. Se rebajaron la categoría de los hoteles, con la reducción drástica del personal, y se recortaron los costes de mantenimiento al mínimo. Las instalaciones están en funcionamiento de manera parcial y ofrecen plazas hoteleras según las necesidades. El casino perdió licencia de juego y ahora se abre para eventos familiares.

Las numerosas acciones por parte de la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA) no han servido para paliar el desastre. Los edificios del conjunto arquitectónico abandonados avanzan en su ruina. Los responsables de la administración no han conseguido que Nozar cumpla con sus compromisos de rehabilitación. Otro tema en el cual los incumplimientos son vitales se refiere a la instalación de barreras anti aludes requeridas por la ley para la protección de personas y del patrimonio. Se trata de una ubicación de alto riesgo, que ha sufrido a lo largo de su historia numerosos aludes como el que destruyó por completo el mayor hotel del balneario en 1915. Fenómenos naturales habituales que recientemente han provocado muertes en 1960 y 1970 y que hacen que periódicamente los alojados queden incomunicados. A pesar de ello no se han colocado las protecciones por la propietaria y la actividad invernal se mantiene cuando debería ser clausurada por las administraciones para evitar estos riesgos.

A día de hoy la visita al balneario de Panticosa produce una sensación de tristeza e indignación, sobretodo a aquellos que lo ya lo habían visitado. Ver cómo ha desaparecido la mayor parte de los edificios históricos, sustituidos por otros de estilo moderno. Apreciar el lamentable estado que muestran las nuevas construcciones pocos años después de su construcción. O ver el abandono de los edificios más antiguos y con mayor encanto del balneario.

 

La visita deja muchas dudas en cuanto a la gestión. La afluencia de los visitantes en vehículo particular no está regulada en absoluto. Se permite el tránsito por las zonas arboladas y aparcamiento en las orillas del ibón de los Baños y en explanadas en medio de la zona monumental. Y todo ello viendo pasar un aparcamiento a medio terminar que mejoraría notablemente este importante aspecto. La oferta hotelera y de ocio es utilizada por un mínimo porcentaje de visitantes, ya que el resto acude por los atractivos paisajísticos y monumentales, que en este último caso defraudan al visitante. Hay una falta absoluta de información en cuanto a los atractivos que ofrece el balneario de Panticosa, tanto artísticos como naturales.
Y como muestra tres pequeñas propuestas que podrían hacer que el turista se llevase un mejor sabor de boca. Es indudable que la oferta montañera con este punto de partida es amplia y gran valor natural. Sin embargo tres paseos aptos para todos los públicos permitirían descubrir el entorno inmediato del balneario de Panticosa. Paseos que a día de hoy no cuentan con señalización. Hablamos del recorrido circular que parte junto a la Casa del Piedra, en ascenso al balcón de la Reina, con magníficas vistas del balneario. Tras cruzar el río Caldarés se pasa por el mirador de la Cascada del Pino. Y el descenso para pasar por las fuentes del Hígado y San Agustín.

Otro de los paseos podría acercar a las fuentes termales las cuales cuentan con construcciones y cuya visita además de un agradable paseo sirve para conocer los orígenes del centro termal. Estamos hablando de las fuentes de Herpes, San Agustín, Hígado y Estómago en la ladera oriental, y la fuente de la Laguna en la ladera occidental. En estos casos cuentan con pistas de acceso en mal estado, en algunos puntos con árboles derrumbados que complican su acceso.

Finalmente el recorrido más sencillo de esta oferta sería el recorrido circular al ibón de los Baños, uno de los atractivos del entorno. Una regulación del uso de sus orillas así como el aprovechamiento turístico regulado permitiría una imagen más agradable al visitante. El sendero actual cuenta con un tramo complicado junto a la entrada de acceso al balneario. Y en su perímetro junto a la carretera, el aparcamiento de los vehículos impide el paso de peatones para disfrutar de la gran lámina de agua. También se permite el aparcamiento en el lado que linda con la arboleda, lo cual da una imagen poco atractiva y no invita al bucólico paseo.

En cuanto a estas propuestas de ocio paisajístico entendemos que corresponden al Gobierno de Aragón, y que podrían ejecutarse con un presupuesto no muy alto. Dignificarían la visita a corto plazo de este punto, uno de los más emblemáticos de la geografía aragonesa. Y de manera paralela sería necesario sentarse con Nozar para requerir a la empresa sus obligaciones como propietaria en cuanto a la restauración de los edificios históricos que todavía quedan, para no terminar de perder todo el patrimonio que todavía resta. Se trata de un mínimo de compromiso por ambas partes para paliar la incompetencia de las administraciones y las irregularidades por parte de la propiedad con el fin de rescatar la dignidad perdida por ambas partes, que por otra parte seguro que podrían terminar en los tribunales. El daño ya está hecho, pero es necesario ponerse a trabajar para evitar un mayor desastre y devolver al balneario de Panticosa una pequeña parte del esplendor que tuvo.

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