Universidad Sertoriana de Huesca, la primera universidad aragonesa

La primera universidad creada en Aragón fue la Universidad de Huesca. Y fue una de las pioneras en España, tan sólo después de Palencia (1208), Salamanca (1255) y Lérida (1300). El 12 de marzo de 1354 Pedro IV de Aragón en Alcañiz declaraba su creación. El denominado por aquel entonces Estudio General ofrecía la enseñanza de Teología, Cánones, Letes, Medicina y Filosofía. El privilegio le fue concedido a Huesca a pesar de la exclusividad con la que contaba la Universidad de Lérida. Ésta fue creada por Jaime II de Aragón medio siglo antes dictando que no se podrían crear universidades nuevas en la Corona de Aragón. La rivalidad entre ambas hizo que no se reconocieran los recíprocos títulos y grados que otorgaban.
Sin embargo los orígenes de los estudios en la capital oscense se remontan varios siglos antes. Quinto Sertorio fue el protagonista durante el siglo I a.C. de las guerras sertorianas en Hispania. Llegó a dominar la Península Ibérica estableciendo su capital en la ciudad íbera de Bolskan, denominada por los romanos Osca. Dentro de su estrategia decide crear una escuela en la que educaba según los fundamentos griegos y romanos a los hijos de los íberos aliados. Con ello se aseguraba la fidelidad de los padres. Gracias a la obra “Vidas Paralelas” se conocen todos estos hechos. Fue escrita en griego por el célebre autor Plutarco entre los siglos I y II d. C. Ésta permaneció oculta hasta finales del siglo XIV, cuanto se tradujo al aragonés con el patrocinio de Juan Fernández de Heredia en medio de la corriente humanista de la época. A partir del siglo XV se comienza a afianzar la fundación latina de la universidad, y se generaliza el nombre de Universidad Sertoriana de Huesca. La escuela latina sobrevivió a la muerte de su fundador, alcanzando la etapa más brillante bajo el mandato de Julio César y el emperador César Augusto, decayendo progresivamente después.
Al norte de la ciudad de Huesca, cerca de las murallas, estuvo ubicado el Palacio Real, destinado a residencia de los reyes aragoneses. El conjunto estaba formado por varios edificios en un gran patio rodeado por un muro. Se construyeron a finales del siglo XII y principios del XIII. De ellos se conservan los dos más importantes. Por una parte una gran torre hexagonal que en su origen pudo ser más alta y estuvo rematada con almenas. En su interior cuenta con dos plantas, en cada una de las calles cuenta interiormente con un ábside. La inferior es conocida como la sala de la Campana de Huesca, en la cual no pudo llevarse a cabo este afamado hecho ya que se construyó después de tener lugar. La leyenda cuenta que el rey Ramiro II el Monje mandó decapitar a los nobles desobedientes y con ello quiso dar ejemplo a todos los demás. En la parte superior está la sala de Doña Petronila, rodeada de arcos ciegos sostenidos por capiteles. El otro edificio, más grande y alargado, fue transformado profundamente en el siglo XVI. El resto de edificios de menor tamaño no se conservan en la actualidad.

Los inicios de la Universidad de Huesca fueron precarios, siendo gobernada y patrocinada por los jurados de la ciudad. Para el comienzo de la actividad posiblemente fueron adaptadas aulas en las dependencias del Palacio Real, momento en que ya era poco utilizado por los reyes. Hubo numerosos problemas económicos que incluso provocaron la suspensión temporal de las clases en el año 1450. Su refundación fue impulsada en la década siguiente por el rey Juan II de Aragón, que realizó reformas encaminadas a su impulso. En el año 1464 la universidad fue avalada con la bula del Papa Paulo II. Posterior a esta fecha es el escudo de la universidad, en el cual se representa las figuras de un Cristo crucificado y a ambos lados los titulares de los santuarios oscenses de gran devoción de Pedro IV, Santa María de Salas y San Martín de la Val de Onsera. En la parte inferior aparecen representados el escudo real con las barras de Aragón, y los escudos de la Santa Sede y de la ciudad de Huesca.
Durante el siglo XVI tuvo lugar uno de los episodios más destacables. El duro conflicto entre Huesca y Zaragoza ante el surgimiento de una nueva universidad duró muchos años. Los oscenses se aferraban al privilegio real de exclusividad de los estudios en territorio aragonés, que por otra parte ya se habían violado en el conflicto anterior con Lérida. En el año 1542 el Emperador Carlos V otorgó el privilegio de creación de la Universidad de Zaragoza. Sin embargo la precaria situación económica dilató el proceso hasta el año 1583, gracias el empeño de Pedro de Cerbuna. En este momento el pleito entre ambas universidades llegó al momento más álgido. Desde Huesca se hacían valer de su antigüedad rememorando los estudios de Sertorio.
Respecto a las instalaciones, a principios del XVI, se reformaron los espacios que servían para la enseñanza. Las clases se impartían también en varios edificios de la ciudad. Durante este siglo la Universidad de Huesca se dotó de dos colegios mayores, a imitación de los de Salamanca. Se trataba de instituciones que daban formación universitaria de grados mayores (licenciatura y doctorado). Además de dar alox*, estaban destinados a los estudiantes de mérito pero con pocos medios económicos. En el año 1534 se fundó el Colegio Imperial y Mayor de Santiago, con trece plazas. Y en 1587 se fundó el Colegio Mayor de San Vicente Mártir. Tras la visita del rey Felipe II dos años antes, se reforma la provisión de las cátedras, estableciendo el sistema de concursos con una lección pública desarrollada ante bachilleres y estudiantes que al menos lleven tres años cursados.
Alox: Alojamiento.

A fines de ese siglo XVI entra en grave decadencia académica. Ligado a ello la entidad carecía de aulas suficientes, así como de espacios adecuados como un teatro, teniendo que usar la cercana iglesia del Hospital. Para paliar esta situación a principios del siglo XVII comenzaron las obras de reforma de uno de los edificios del Palacio Real. Fueron suprimidas las plantas y se convirtió en una gran sala, cuyas obras terminaron en 1638. El espacio principal era un gran salón, paraninfo o teatro, utilizado para los actos más solemnes de la institución académica. Presidiendo la sala desde el año 1768 hubo un cuadro de grandes dimensiones en el cual se presentaba a Quinto Sertorio montado a caballo, y al fondo la ciudad amurallada de Osca. En la parte inferior aparece la leyenda en latín que identifica al militar romano como fundador de la universidad oscense.

La Universidad Sertoriana de Huesca había alcanzando gran prestigio a finales del siglo XVII. Contaba con numerosos alumnos y los edificios donde se desarrollaba la actividad eran insuficientes. Fue necesario proyectar un nuevo edificio que fue diseñado por el arquitecto oscense Francisco de Artiga en 1690. Se ubicó sobre el gran patio del Palacio Real derribando algunos edificios y conservando el edificio palaciego que había sido transformado en teatro. La construcción de planta octogonal se disponía en torno a un patio porticado descubierto, alrededor del cual se estaban las cambras*. Francisco de Artiga fue un polifacético personaje que desarrolló dos proyectos principales en su vida: el edificio de la Universidad de Huesca y la presa de Arguis. En su proyecto original para el edificio académico no se llegó a materializar la monumental fachada que plasmó en un grabado. Al estilo clásico planteaba dos niveles separados por columnas y coronados por un frontón en cuya parte más alta estaba la figura ecuestre de Quinto Sertorio, afianzando el mito sertoriano de su fundación. En su lugar se realizó una más austera, en la línea de los edificios de la ciudad. Se trata de una portada barroca con piedra de arenisca. El resto de los muros exteriores no presenta decoración.
*Cambra: Estancia, sala, habitación.


Con la nueva sede, en el siglo XVIII, tiene lugar la época más floreciente de la Universidad de Huesca. En aquellos años acudían numerosos alumnos catalanes tras el cierre de la universidades catalanas ordenado por Felipe V. Esta medida fue tomada por su postura durante la Guerra de Sucesión. Años después se creó una nueva universidad catalana en la localidad leridana de Cervera que sí había guardado fidelidad al nuevo rey. Sin embargo al acercarse el final del siglo se agrava la situación de la universidad, con una situación económica muy compleja. El plan universitario de Caballero en 1807 dio lugar a la desaparición de la mitad las universidades españolas, aunque la de Huesca superó esta prueba. Sin embargo el plan universitario de Calomarde en 1824 eliminó la enseñanza de Medicina de la universidad sertoriana. El motivo es que no se adaptó a la reforma académica que propugnó la utilización de la medicina práctica y el estudio de la anatomía. La Guerra de la Independencia supuso el golpe final a la universidad oscense. En el año 1845 cierra definitivamente sus puertas.


A partir del año 1850 se valora la posibilidad de crear un museo aprovechando los fondos universitarios. Uno de sus promotores, el pintor Valentín Carderera, donó gran parte de su colección privada. En el año 1873 tiene lugar la inauguración oficial. De manera paralela el edificio mantuvo su labor educativa convirtiéndose en Instituto de Segunda Enseñanza. Casi cien años después de su supresión, en 1940, el Patronato Provincial para el Fomento de los Archivos, Bibliotecas y Museos acordó solicitar el traslado de los fondos documentales de la universidad al Archivo Histórico Provincial de Huesca, donde se encuentran en la actualidad. Respecto a las instalaciones de la antigua universidad fueron adaptadas como sede del Museo Provincial de Huesca en 1968. En los años 1993 y 1999 se llevaron a cabo sucesivas reformas de las instalaciones museísticas.


En el año 1967 surgió una nueva universidad en Huesca. En ese año comienza la andadura de la Universidad Laboral “Quinto Sertorio” de Huesca. Fue una de las veintiuna que se crearon en toda España durante el régimen franquista. Eran calificadas como universidades para los hijos de obreros, y fueron diseñadas para acoger a la población rural en éxodo a las ciudades. El resultado eran grandes centros educativos de alumnos internos donde se les dotaba de formación integral, primando las enseñanzas de química, mecánica y electricidad. También se crearon universidades laborales femeninas, como la de Zaragoza, inaugurada el mismo año. Con ello se reconocía el derecho de las mujeres trabajadoras a una adecuada educación laboral. El edificio de la Universidad Laboral del Huesca se levantó en una parcela situada cuatro kilómetros al sur del casco urbano, cerca de la carretera de Zaragoza. Los autores del proyecto fueron los arquitectos José López y Luis Laorga. Los edificios de escasa altura, a excepción de la residencia y el edificio principal, ocupan 30 hectáreas. Su elemento más significativo es la pirámide, situada al frente del acceso de las instalaciones. En su interior alberga un gran salón de actos con capacidad para 1.200 personas. El bloque educativo está compuesto por aulas interconectadas por pasillos y separadas por patios interiores. La capacidad de la universidad fue de 1.800 alumnos, de los cuales 1.200 tenían régimen de internado. Las enseñanzas que se impartieron fueron Formación Profesional Industrial (rama química), Ingeniería Técnica Industrial (rama química) y Curso Preparatorio. Con la transición política tras la muerte de Franco este modelo educativo es cuestionado, y se cierran todas las universidades laborales siendo el 1977-1978 el último curso. Se reconvierten en centros de enseñanzas integradas. En la actualidad las antiguas instalaciones en Huesca albergan el Instituto de Enseñanza Secundaria Pirámide.

Tras la disputa entre las universidades de Huesca y Zaragoza con motivo de la creación de ésta última, 128 años después de la desaparición de la universidad sertoriana volvieron los estudios universitarios a la capital oscense. La paradoja hizo que fuera de la mano de la Universidad de Zaragoza. En octubre de 1973 nace el Colegio Universitario de Huesca, adscrito a la universidad zaragozana. En ella se impartían Filosofía y Letras y Medicina, ocupando diferentes edificios en la ciudad. Con la transferencia de las competencias educativas a Aragón, en 1996 se transforma en la Facultad de Huesca, albergando el primer ciclo de Medicina y la Licenciatura de Humanidades. En el año 2001 se reestructura el Campus de Huesca y se crean la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación, y la Facultad Ciencias de la Salud y del Deporte. En esta última se han ido ampliando las licenciaturas y a día de hoy cuenta con Grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Grado de Odontología, además del Grado de Medicina. Y finalmente la Facultad de Empresa y Gestión Pública. A las facultades se suman la Escuela Politécnica Superior en la cual se imparten los Grados de Ciencias Ambientales e Ingeniería Agroalimentaria. Y también la Escuela Universitaria de Enfermería.


La tradición universitaria oscense no termina ahí, ya que más recientemente se ha creado una nueva universidad. La Universidad Ciudadana de Huesca no se basa en las enseñanzas regladas. Versa sobre el intercambio del conocimiento entre personas. En el año 2012 nace esta escuela abierta y cívica con la idea de servicio a los ciudadanos. El fundamento tiene como base la certeza de que todas las personas tienen conocimientos singulares que aportar, inquietudes que mostrar, sentimientos y emociones que transmitir, solidaridades que realizar y también acciones que llevar a cabo. Nuestros vecinos nos pueden enseñar mil cosas: desde cómo tejer un lienzo hasta cómo construir un circuito electrónico, una casa, un generador de viento o cómo modelar nuestra mente o saber cuándo hay que sembrar o plantar hortalizas. En las actividades propuestas un día uno puede enseñar y otro día aprender, o todo al mismo tiempo. Esta manera de enseñar es completamente diferente a la enseñanza reglada, ya que el coste para los asistentes es nulo o escaso. Y por ello la financiación no es un problema, basándose en la autosuficiencia sin necesidad de la petición de subvenciones. Entre las propuestas que en la actualidad ofrecen destacan cursos y talleres de diferentes temas, como literatura, fotografía. Y también senderismo con paseos por los alrededores de Huesca. Una visión diferente de la universidad, basada en el mismo fundamento, aprender conocimientos.

Bibliografía:

Carlos Garcés Manau. Quinto Sertorio, fundador de la Universidad de Huesca. El mito sertoriano oscense.

Anabel Bonsón Aventín. 25 años de un centro universitario en Huesca. 1999. Ed. Universidad de Zaragoza.

Enrique Satué Oliván. Una pirámide en el carrascal.
“Huesca siglo XVIII”, de Antonio y Joaquín Naval Más.

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Pozo de los Aines, un rincón tropical en el Moncayo

Cerca de la población de Grisel, a tan sólo tres kilómetros de Tarazona, se encuentra uno de los lugares más singulares del entorno del Moncayo. Quizás no sea muy conocido, pero su visita nos dejará un recuerdo imborrable. Se trata de un espectáculo natural siempre sorprendente, una dolina, conocida como el Pozo de los Aines. La primera mención documental tiene lugar en el libro “Itinerario del Reyno de Aragón”, cuyos datos fueron recogidos entre 1610 y 1615. Su autor es el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña. No se sabe exactamente el momento de su formación, aunque algunos geógrafos la sitúan entre los siglos XI y el XV. Sin embargo otras fuentes lo datan en una fecha anterior. La leyenda más conocida emplaza su formación sobre el año 1535. En aquella época la mayor parte de la población de Grisel era morisca, es decir, musulmanes que fueron obligados a convertirse al cristianismo en 1502 si querían quedarse en España. A pesar de ello muchos seguían profesando su religión en secreto. Uno de ellos, Hamet Ben Larbi, decidió salir al campo a trabajar junto con su criado en un día festivo, al parecer el día de la Virgen de Agosto. En la tarea de trillar, y tras un gran tramit*, la tierra se tragó al morisco, el trillo y las caballerías. Los habitantes de la localidad relacionaron este sorprendente accidente con un castigo divino por trabajar en un día festivo. Debido a su popularidad incluso forma parte del dance de Grisel en forma de verso. Otras leyendas hablan de ermitaños que vivieron en el pozo, y de pasadizos que lo conectaban con el pueblo.
*Tramit: Estruendo.

El fenómeno físico está claro que tiene su origen en el desgaste de los materiales calizos y yesosos situados bajo la superficie debido a la acción de las aguas subterráneas. Ello produjo un desplome de la parte superior del terreno, originándose un pozo de grandes dimensiones conocido como dolina. Las dimensiones de esta oquedad son considerables. Tiene un diámetro en su boca de 22 metros, siendo su profundidad variable entre los 23 metros en la zona central alcanzando los 32 metros en su zona más profunda.

El interior del pozo cuenta con una vegetación completamente diferente a la de su entorno. El campo de olivos en el que se emplaza contrasta con el microclima que guarda la dolina, debido a las condiciones particulares de humedad que emanan del fondo, así como de la temperatura media anual de 10º C. La exuberante vegetación cuelga de sus paredes en forma de enredaderas y plantas trepadoras. En el fondo incluso se forma de vez en cuando una pequeña lámina de agua, mientras que gran parte de la superficie de tierra es ocupada por un ejemplar de helecho conocido como lengua de ciervo. Pero también otros helechos como cabello de Venus, sardinera o el helecho hembra.

En cuanto al nombre de la cavidad, éste parece proceder del término árabe “ayn” que significa auguamanal* o fuente. El plural según algunos estudiosos se debe a ser un término mudéjar, adaptado con posterioridad al castellano. También existe otra interpretación más popular que hace referencia al Pozo de la Inés, una muchacha que perdió la vida al caer a su interior. De su nombre derivó el término actual.
*Auguamanal: Manantial.
El término donde está situado, un olivar, perteneció al Arcediano de Tarazona. En el año 2012 el ayuntamiento de Grisel compró la finca por 15.000 euros a través de una subasta en un portal de internet. Un año después, con la ayuda de un plan de competitividad turístico del Moncayo se ha procedido al acondicionamiento de su entorno.

El Pozo de los Aines está situado a un kilómetro del centro de la localidad de Grisel, y su acceso está perfectamente señalizado. De la plaza de la Iglesia parte la calle San Antón. Tras atravesar la carretera se pasa junto al pilón. Debe continuarse por un camino asfaltado y se pasa junto a unas bodegas. Después se atraviesa el cauce cementado de la acequia de Irués. Con vehículo se puede acceder hasta un aparcamiento. En el trayecto varios paneles ofrecen información sobre el entorno. Un corto paseo acerca al olivar, donde se ha acondicionado una zona de merendero. En medio del campo aparece la depresión, casi oculta por la vegetación, y cuyo perímetro está vallado. En un lateral se encuentra una bajada con escaleras talladas en la roca que conducen a un sorprendente mirador suspendido en el aire. Se trata de una pequeña cueva situada en la parte alta de la dolina. Una rejilla metálica en el extremo permite convertir el mirador en un balcón para contemplar mejor la maravilla natural oculta en su interior. Por la noche en la paredes del pozo hay instalados unos focos que iluminan su interior. El acceso al fondo del pozo sólo es posible mediante un equipo adecuado para descolgarse desde la boca o desde el mirador. El aprovechamiento humano a lo largo del tiempo ha quedado constatado por la existencia de un palomar excavado en una pared de la dolina.

El interior del pozo sorprende a cualquier visitante. El clima mediterráneo del entorno se convierte en apenas unos metros bajo tierra en un clima tropical. La vegetación tapiza tanto las paredes como el fondo ocultando casi por completo la roca. El silencio sólo roto por el sonido de las gotas de agua cayendo es capaz de embelesar a todos los visitantes de este lugar tan peculiar de la comarca de Tarazona y el Moncayo.