8º Excursión Joréate por Aragón a Malanquilla

Después de casi dos años de parón debido a la pandemia, volvían de nuevo las excursiones de Joréate por Aragón. Desde aquella primera salida en el año 2015 en la que visitamos Susín, una pequeña aldea en Tierra Biescas, muchos han sido los rincones que hemos descubierto de Aragón y muchas las vivencias que conservamos en nuestra memoria y que se pueden consultar en los artículos publicados en este blog. Ésta en cuestión se esperaba con muchas ganas con la esperanza de ir poco a poco dejando atrás esta situación que todo había transformado y las expectativas no fallaron.

El destino de la octava excursión era Malanquilla, una pequeña población de la Comarca Comunidad de Calatayud rayana, es decir, ubicada en la frontera histórica entre los reinos de Castilla y Aragón. Un rincón de Aragón que pudimos comprobar que tiene mucho que ofrecer, y para ello contamos con la inestimable ayuda de un grupo de voluntarios. Malanquilla Rechita llevaba un año empeñado en poner en valor el patrimonio artístico del pueblo ofreciendo visitas guiadas, así como otras muchas acciones relacionadas con el fomento de la actividad económica en la localidad.

El punto de encuentro era el aparcamiento situado junto al parque municipal. Precisamente ésta fue la primera actuación que pudimos ver como resultado de su trabajo. Poco a fueron llegando los vehículos de la treintena de personas que acudieron a la cita, colocando el cartel de lleno en el parking. Tras los días de calor, últimos coletazos del verano, Malanquilla nos recibía con un día excelente. Fresco en sus inicios y soleado, que poco a poco se fue templando.

Tomamos el camino de San Pedro en coche. Una columna de vehículos surcaban los campos en dirección a uno de los lugares más queridos y conocidos por los malanquillanos. Alcanzamos el refugio de San Pedro donde nos agrupamos de nuevo. Todos ya preparados para dar un paseo y hacer cima. El interior del refugio tan bien acondicionado para poder hacer una chuletada, estaba rodeado de abundante arbolado, un entorno que gustó a todos.

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Comenzamos a andar atravesando la zona más frondosa de la ladera, en la que abundaban rosera silvestre*, lavanda, aliagas, enebros e incluso un pequeño bosquete de arces de Montpellier. Le sucedía una pequeña zona abrupta en la que algunos decidieron no arriesgar aunque la mayor parte del grupo llegó a lo más alto. Algunas como Reyes se lo tomaron con calma disfrutando de un café en la subida.

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Allí estaba el punto geodésico de La Cocuta, a 1.302 metros de altitud. Un día perfecto para disfrutar de las vistas. En dirección al norte el monte Entredicho, la zona más boscosa del término municipal, con El Capón como punto más elevado del municipio. Y tras él la Sierra del Tablado y el Moncayo, tierras de frontera entre las provincias de Zaragoza y Soria. Y hacia el sur un paisaje mucho menos agreste donde dominaban los campos de labor con el casco urbano de Malanquilla perfectamente visible.

Tras un animado descenso llegamos de nuevo al refugio de San Pedro. Lo primero fue echar un trago en la fuente de aguas frescas. Un lugar ideal para retomar fuerzas con unos hojaldrados del horno de Villarroya de la Sierra y las tradicionales palmeritas que había elaborado Massiel, una de las fijas en las excursiones de Joréate.

*Rosera silvestre: Rosal silvestre, escaramujo.

Comenzamos el descenso con los vehículos de camino al pueblo. Hicimos un pequeño alto ante otra de las actuaciones de Malanquilla Rechita, el centro geográfico de Malanquilla. Señalizado con un poste vertical, este punto era el punto más céntrico del término municipal. Este verano se había añadido iluminación con una placa solar que permitía visitarlo también de noche, a falta de concluir las obras con la señalización.

Continuamos ruta hasta el molino, donde a mediodía llegaba el plato fuerte de la excursión. De nuevo los vehículos llenaron otro aparcamiento. Otra pequeña intervención que habían realizado recientemente este grupo de voluntarios y que permitía regular el tráfico de los automóviles en el entorno del molino. Como éramos muchos se hicieron dos grupos. Uno de ellos quedó en manos de una de las guías de Malanquilla Rechita para visitar el Molino de viento de Malanquilla, emblema de la localidad. Tuvimos la suerte de poder contar la presencia de la molinera Tomasa y así disfrutar de una visita teatraliza, una de las novedades de este verano en Malanquilla. Una visita en la que se intercalaba a la perfección una visita guiada habitual con las intervenciones de la molinera vestida con su indumentaria tradicional. Meses de trabajo que trasladaban al visitante a los siglos XVI y XVII en los cuales estuvo en funcionamiento el molino de viento, el más grande de los molinos manchegos de la Península Ibérica. Además de aprender mucho sobre el molino de Malanquilla, sobretodo fue muy divertida. Sin duda la labor realizada por aquellos jóvenes que ganaron el concurso televisivo de Misión Rescate en el año 1976, fue una singularidad que marcaba la historia reciente de su reconstrucción en la que no faltó el Ayuntamiento de Malanquilla como otra de las piedras claves.

Mientras tanto el otro grupo se trasladaba a la nevera, situada en las inmediaciones. Ubicada junto al barranco del Regacho y con buenas vistas de la localidad, esta sencilla construcción fue importante para la localidad. La fabricación de hielo en el pueblo servía para curar dolencias y también para su venta lo cual generaba un recurso económico más. Tras la investigación llevada a cabo y su restauración hace más de una década por el ayuntamiento ahora sólo resta su acondicionamiento interior. En la visita nos enteramos tanto de la historia y funcionamiento como de otras muchas curiosidades sobre el uso del hielo en la medicina así como en la elaboración de bebidas refrescantes desde sus inicios hasta la actualidad.

El final de la mañana lo pusieron las fotos en torno al molino de viento, el lugar más fotografiado de Malanquilla.

Llegó la hora de comer y nos trasladamos hasta el parque municipal. Lo que en su día fue una basa* ya hace años se convirtió en un recoleto parque. Siempre presentes las restricciones del covid pudimos comer todos juntos, aunque con cierta distancia y sin poder compartir las viandas como era habitual en este tipo de citas. La sobremesa no fue calmada. Este agradable entorno verde estaba dotado de columpios para los más pequeños y una pista polideportiva que sirvió para un animado partido de futbito entre participantes de diferentes edades. 

*Basa: Balsa.

Llegó la hora del café y nos trasladamos a la plaza. Allí visitamos otro de los lugares de mayor reclamo de la localidad, el gastrobar Malanquilla Inédita, no sólo para los malanquillanos, si no para vecinos de poblaciones cercanas y visitantes. En su interior dos salas decoradas con motivos en torno a la vuelta al mundo. En el exterior una amplia terraza donde teníamos reservadas varias mesas para tomar nuestro café y una de las muchas especialidades de la casa, una de sus tartas. Fue el único momento de relax de la jornada donde pudimos echar la charradica con una temperatura estupenda y saborear las tartas de fresa que nos habían preparado de propio para la excursión.

Pero rápido retomamos la actividad ya que nos habían preparado desde Malanquilla Rechita un campeonato de birlos. Un juego tradicional de la localidad, que seguro será recordado por los participantes por mucho tiempo. A medida que comenzaron las primeras tiradas de ensayo todos fueron acudiendo y haciendo los primeros pinitos en este juego que cautivó a todos. Tras la explicación de las sencillas reglas comenzó el campeonato en el que participaron desde los más peques hasta la más veterana del grupo, Mary. A medida que avanzaban las tiradas se sucedieron las risas por la manera de tirar de algunos y la falta de habilidad de otros, pero no faltaron los aplausos para todos y la emoción por los plenos que hubo. Una hora de dura competición en la cual revolucionamos la plaza, no faltando los espectadores. El ganador, Samuel, obtuvo el trofeo del Campeonato de Birlos de Joréate de Malanquilla. Y se llevaron un pequeño recuerdo de Joréate los siguientes clasificados, Inés, Reyes y Mary.

La jornada no había terminado y todavía quedaban cosas por descubrir en Malanquilla. Los más deportistas no perdieron la oportunidad de jugar al frontón que presidía la plaza, uno de los lugares más concurridos por los malanquillanos. Animadas partidas se sucedieron durante más de una hora en el epicentro de la localidad. La otra opción era bajar hasta el barranco del Regacho para  disfrutar de otro de los atractivos locales. Malanquilla Inédita además de gestionar el bar y estar a punto de poner en marcha un establecimiento de turismo rural, contaba con un establo con varios burros y caballos los cuales ponía a disposición de sus clientes. Además de poder pasar un rato con ellos podían incluso dar un paseo por los alrededores, oportunidad que no desperdiciaron los más pequeños, incluso alguna que otra mayor.

En este lugar cercano al pueblo tampoco faltaron las fotos en el campo de girasoles, un lugar ideal para hacerse buenos retratos con el molino al fondo.

Poco a poco la excursión llegaba a su final. Todavía quedaba visitar la iglesia parroquial de la Asunción, otro de los elementos más notables del patrimonio malanquillano. Presidiendo la plaza, el edificio fue terminado de construir a principios del siglo XVII. Y fue bendecido por el obispo Pedro Cerbuna, fundador además de la Universidad de Zaragoza. En su interior la guía de Malanquilla Rechita nos mostró todos los elementos de interés entre los que destacaba el retablo mayor.

Y para finalizar nos dimos un paseo por los huertos puestos en marcha en torno a la calleja de la Fuente. Otra de las actuaciones impulsadas por Malanquilla Rechita este verano y donde ahora tomates, pimientos, calabacines y cebollas estaban en todo su esplendor. Y también nos mostraron el huerto de la calabazas con buenos ejemplares de color naranja ya preparados para su recolección, a la espera de la llegada de la Noche de Ánimas, la próxima cita festiva que este año se espera con muchas ganas en la localidad tras la suspensión el año pasado por la pandemia.

El punto final lo puso la visita a la fuente de los Tres Caños, de origen romano. En realidad seguro que era un punto y seguido ya que más uno vuelve más adelante, con amigos o familiares, para enseñar lo que puede ofrecer una localidad pequeña y modesta como Malanquilla, recordando la vivencias de esta 8º Excursión de Joréate a Malanquilla.

Desde el equipo de Joréate por Aragón, en nombre de todos los participantes en esta grata jornada, queremos agradecer y felicitar a Malanquilla Rechita su magnífica labor como guías en la visita, y al Ayuntamiento de Malanquilla por su colaboración en la organización, así como por el trabajo realizado día a día para impulsar y poner en valor todo el patrimonio malanquillano y poder compartirlo con todos los visitantes.

La Acequia de la Almozara, del río Jalón a Zaragoza

La Acequia de la Almozara, del río Jalón a Zaragoza

El Capítulo General de Herederos del Término de la Almozara surgió con la toma cristiana de la ciudad de Zaragoza. A lo largo de su historia los regantes de la Acequia de la Almozara han sido capaces de mantener la infraestructura salvando el paso de innumerables y graves inconvenientes como tamborinadas*, guerras y penurias económicas. Gracias al esfuerzo de todos ellos la acequia sigue regando estas tierras de la margen derecha del río Ebro entre la ribera baja del río Jalón y Zaragoza.

*Tamborinada: Inundación, riada.

Emblema tradicional del Capítulo General de Herederos del Término de la Almozara.

Origen del abastecimiento de agua a Zaragoza

El valle del Ebro, a pesar de ser vertebrado por el río más caudaloso de la Península Ibérica, tiene un clima con un índice de precipitaciones muy bajo. Ello obligó a sus habitantes a la búsqueda de soluciones para implantar el regadío como motor de desarrollo. A pesar de no contar con documentos de la época celtibérica, se presupone que esta cultura ya se apoyó en esta práctica. Con la llegada de los romanos el regadío se desarrolló de manera notable gracias a su potente ingeniería hidráulica. A ello se añade el derecho romano que creó reglamentos que favorecieron la organización y el reparto de las aguas mediante turnos (tandas). El primer documento que hace referencia al regadío en la zona del Bajo Jalón es la “Tabula Contrebienses”, más conocida como “segundo bronce de Botorrita”. Está fechado el 15 de mayo del año 87 a.C. En él se relata el conflicto entre los habitantes de Salduye (actual Zaragoza), los cuales pretendían comprar los terrenos para hacer una acequia, y los habitantes de Alavona (actual Alagón). El gobernador romano Cayo Valerio Flaco sentenció a favor de los salduienses dando el visto bueno a la construcción del canal. A pesar de las investigaciones no se puede constatar con seguridad que se trate del germen de la actual Acequia de la Almozara. Ello se debe a la existencia de otras acequias históricas que todavía perviven en la actualidad que tomaban las aguas del Bajo Jalón. Se trata de la acequia de Madriz y la acequia de Centén. Debido a la falta de datos concretos se desconoce en la época romana qué acequia es la que dio origen al conflicto documentado en el bronce de Botorrita. La documentación del trazado de todas estas acequias es posterior a la llegada de los cristianos. Durante siglos la ubicación de los azudes en el río Jalón y el trazado de las mismas fueron variando. Incluso en su discurrir hacia Zaragoza se unieron o intercambiaron algún tramo. De lo que no cabe duda es que, independientemente de cual fuera aquella acequia, el objetivo de su construcción era abastecer de agua a la ciudad celtibérica y dotar de riego a las tierras a su paso. En el trayecto también se recogía el agua de manantiales en La Joyosa y Marlofa. En el año 15 a.C. el emperador Caesar Augusto, en su plan de reorganización de Hispania, concede autorizar su nombre a una nueva colonia romana. Su ubicación se apoya en la ciudad celtíbera de Salduie, la cual era aliada, y una de la principales urbes del valle del Ebro. El abastecimiento de agua de la ciudad sería uno de los condicionantes necesarios para la nueva urbe, imprescindible para los baños públicos, las viviendas y los campos del entorno.

La acequia tomaba sus aguas del río Jalón, a través de un azud. Este lugar debía ser protegido y junto a él se construyó un edificio donde residían las personas encargadas de las labores de protección y mantenimiento. A lo largo de su trazado se produjo la colonización favoreciendo nuevos asentamientos donde residían los nuevos agricultores. Tras el paso de los romanos y hasta la llegada de los cristianos desaparecen las citas documentales de la acequia. La Acequia de la Almozara toma su actual nombre de un topónimo de origen musulmán. Entre las múltiples interpretaciones la acepción más apoyada es la “al-musara” o “zona de recreo”, en referencia a un espacio de ocio o hipódromo situado en las inmediaciones del palacio de la Aljafería. También la acepción del “campo de cereales” en referencia a la extensión que cubría la zona regable tiene bastante significado. La toma del control del regadío por parte de los musulmanes durante varios siglos dejó huella en el vocabulario: azud, acequia, alfarda, adula… y también con la consolidación de las infraestructuras y organización del riego.

Historia documentada de la Acequia de la Almozara

La toma de Zaragoza por Alfonso I El Batallador tuvo lugar en 1118. Un año después sus habitantes ya contaban con los Fueros de Zaragoza. Se produjo el reparto de las tierras entre los nuevos habitantes, primando aquellos que habían apoyado la campaña militar. Y se organizan los regadíos garantizando los ingresos para el mantenimiento de las acequias, entre ellas la “cequia antiqua Cesaraugustae” como aparece documentada. Tras los avances en los siglos XII y XIII, el siglo XIV supuso una etapa de crisis económica. La peste negra, el hambre y las inundaciones de 1348 provocaron durante décadas, dieron lugar a duras disputas por el agua del río Jalón. Los habitantes de Zaragoza estaban en una complicada situación ya que tomaban el agua del río Jalón en su tramo final, eran los coderos*. Entre todos los regantes la lucha por el agua era cruenta, motivada por su necesidad ante la situación de hambruna. El Término de la Almozara buscó una solución solicitando y construyendo un azud en el río Ebro en el año 1322, el cual fue arrasado por una avenida cinco años después. Una de las riadas más grandes que se conocen, en 1380, inundó una gran cantidad de campos y destrozó buena parte de las acequias. A partir de esa fecha se desestimó la idea de tomar aguas del Ebro para la acequia de la Almozara. El litigio por las aguas del Jalón continuaba y en 1443 se dictó una sentencia por la cual se fijó el caudal que recibiría a partir de entonces la acequia del río Jalón.

*Coderos: Últimos (en el riego).

Los siglos XV y XVI fueron de crecimiento económico y demográfico lo que posibilitaron las mejoras en las infraestructuras hidráulicas y agrarias. Fue el momento de retomar la empresa de tomar agua del río Ebro. El primer proyecto fue el de la Acequia Imperial, tras la concesión del rey Fernando el Católico de la toma de aguas del río Ebro. En el año 1512 el rey Carlos I le dio el impulso definitivo y se definió su trazado, con un azud a la altura de la población navarra de Fontellas, limítrofe con Aragón. Su desarrollo amplió de manera notable los campos de regadío hasta llegar al río Jalón. En este punto se proyectó un sifón para continuar su trazado hasta Zaragoza, pero se duda si dio servicio más allá. Si que aportó caudales al río Jalón y por consiguiente a la Acequia de la Almozara, que tomaba sus aguas río abajo. Los elevados costes de mantenimiento hicieron deteriorar la obra en el siglo XVII y en el año 1722 se rompió el azud en el Ebro dejando de dar servicio.

El siglo XVII fue una etapa de estancamiento económico. Se realizó la compilación y actualización de las ordenanzas que afectan al sistema de gobierno. Y se mantuvo el conflicto con los demás regantes del río Jalón. También tuvo lugar una de las históricas riadas, en el año 1643. El arranque del siglo XVIII estuvo marcado por la guerra de Sucesión. Tras ella se produjo una rápida recuperación. En paralelo la población aragonesa pasó de 300.000 habitantes a principios de siglo a 650.000 en el año 1800. En esta coyuntura, y tras el fracaso de la Acequia Imperial, fue presentado al rey Carlos III un nuevo proyecto para su transformación en un canal navegable que llegara hasta Quinto. En el año 1766 el Conde de Aranda fue nombrado presidente de Castilla, y seis años después nombró a Ramón de Pignatelli como protector de la obra. Él fue el encargado del impulso definitivo al Canal Imperial de Aragón. La nueva empresa tenía una gran envergadura. Fue necesaria la construcción de una nueva presa en el río Ebro, cerca de la anterior, y se incorporó el Canal de Tauste al proyecto. En 1782 se terminó el acueducto sobre el río Jalón, que sustituía al sifón proyectado en el proyecto anterior. En cuanto a la acequia de la Almozara, las aguas del canal imperial mejoraron de manera notable los problemas ocasionados por las frecuentes sequías del río Jalón. Ello fue debido gracias al aporte de aguas del Ebro al Jalón a través del canal imperial. 

El siglo XIX acusó el endeudamiento provocado por las grandes inversiones hidráulicas, no sólo el Canal Imperial de Aragón, sino también las llevadas a cabo en la Acequia de la Almozara. Zaragoza fue azotada por la invasión francesa y la Guerra de la Independencia. Ello provocó una crisis económica y demográfica sin precedentes. Tras la guerra fue necesaria la reconstrucción de la Casa del Azud y del Molino de Utebo. Este último edificio, que fue construido a finales del siglo XVII, aportaba gran cantidad de ingresos en concepto de arrendamientos. También fue necesaria la reconstrucción de la acequia. Sin embargo la recuperación posterior fue rápida e impulsada por la reforma liberal. La desamortización de Mendizábal provocó una reforma agraria que permitió la compra de numerosas tierras repartiendo las propiedades entre muchas familias modestas. La llegada del ferrocarril amplió las cuotas de mercado fuera del entorno del valle del Ebro. El Término de la Almozara se especializó en la producción de cereales, hortalizas y legumbres, dejando el viñedo que había sido introducido tras la llegada de los cristianos a estas tierras.

El siglo XX comenzó marcado por las políticas hidráulicas con dos planes hídricos y la creación posterior de la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1926. El paso de la Guerra Civil dio lugar a una etapa de recuperación que provocó el mayor crecimiento demográfico de la ciudad de Zaragoza. Ello conllevó asimismo la expansión de su espacio urbanizado, con la creación de un importante polo industrial en torno a la actual carretera de Logroño, a su vez, en torno al trazado de la acequia de la Almozara.

El Término de la Almozara en la actualidad

En la actualidad el Término de la Almozara agrupa a los propietarios de las tierras que forman el “Capítulo General de Herederos”. Se trata de 845 personas que se denominan históricamente “Herederos”. De ellos sólo 485 propietarios poseen más de un cahíz de tierra, equivalente a 3.814 m2. El resto tiene una propiedad menor a esta superficie. Como contrapunto la propiedad con mayor superficie cuenta con unas 31 hectáreas. La realidad a día de hoy es que sólo hay en activo 14 agricultores de tierras arables. En el término se cultiva principalmente alfalfa, trigo y maíz. En menor medida otros cereales, olivos, frutales, huertos y viveros de plantas ornamentales.

Mapa del Término de la Almozara

El sistema general de riegos es “a manta” y “por gravedad”. La acequia toma sus aguas del azud ubicado en el río Jalón. Su trazado recorre los municipios de Villarrapa, La Joyosa, Sobradiel, Casetas, Utebo y Monzalbarba. Hasta llegar a éste último no comienza la superficie regable, unas 1.200 hectáreas en total.  Las tierras están delimitadas al norte por el río Ebro, al sur por la carretera de Logroño, al este por la ciudad de Zaragoza y al oeste por el municipio de Utebo. La acequia Mayor tiene un trazado de 23 kilómetros, la cual está revestida de hormigón en casi todo su trazado. De ella parten acequias menores revestidas en parte. Ordenadas de mayor a menor longitud, entre cinco y un kilómetro, son las siguientes: El Soto, Mesones, Plana Baja, Ojo del Salz, Escorredero de Ochoa, Plana Alta, Quinto, Marconchel Bajo, Ferreruela, Brazal de Adentro, Escorredero de Barranas, Marconchel Alto y Ojo del Caño. El Término de la Almozara tiene las siguientes concesiones de agua: 780 l/seg del Canal Imperial de Aragón (que se toman a través del río Jalón), 232 l/seg del río Jalón (variable y que no se puede usar en época estival) y 65 l/seg de Mejana de Santa Catalina. A ello se suman concesiones por elevación: 235 l/seg del río Ebro y 300 l/seg. de pozos, las cuales no se suelen utilizar por su falta de rentabilidad. Diversos manantiales aportan también sus aguas sobrantes para el riego de unas 300 hectáreas.

Plano de la Acequia de la Almozara

Un recorrido visual por la acequia

Antes de recorrer el trazado actual de la Acequia de la Almozara hay que concretar que éste es el resultado de diferentes itinerarios cuyo objetivo fue llevar agua desde el río Jalón hasta la ciudad de Zaragoza. La ubicación del azud a través del cual toma sus aguas en el río ha cambiado en varias ocasiones a lo largo de la historia, lo que implica que su recorrido ha variado en el tiempo. A ello se une que comparte espacio físico con las acequias de Madriz y Centén, cuya historia documentada también se remonta a la llegada de los cristianos. A partir de entonces incluso han tenido algún tramo en común y se ha trasvasado agua de unas a otras según diferentes acuerdos entre las comunidades de regantes.

El azud sobre el río Jalón se considera el arranque de la acequia de la Almozara. Sin embargo hay que detallar que las aguas de las que se alimenta provienen del río propiamente dicho y del Canal Imperial de Aragón (tomadas a su vez del río Ebro) que las vierte cuatro kilómetros río arriba, en el acueducto del Jalón más conocido como Murallas de Grisén. El Azud está ubicado bajo la antigua carretera de Logroño, en las proximidades de la localidad de Alagón. La calzada supera el río a través de puente de cuatro arcos, dos rebajados correspondientes a los extremos y dos de arco de medio punto en la parte central. El basamento es de piedra sillar y el resto de la fábrica, así como los arcos, es de ladrillo. En paralelo se construyó un puente más moderno hace unas décadas al desdoblar la carretera y pasar a formar parte de la autovía del Ebro, más conocida como A-68.

Puente de la antigua carretera de Logroño sobre el río Jalón a la altura del azud de donde parte la Acequia de la Almozara
Puente sobre el río Jalón
Azud del Jalón de donde toma las aguas la Acequia de la Almozara
Azud del Jalón

El azud cuenta con una longitud de coronación de unos 170 en disposición oblicua respecto al cauce. Ello permite encauzar las aguas hacia el arranque de la acequia en la margen derecha. En el final del azud una alcantarilla permite desaguar si fuera necesario el tramo de agua embalsada y verterla al río nuevamente. Este puede considerarse el kilómetro cero de la acequia.

Azud del Jalón de donde toma las aguas la Acequia de la Almozara

Unos cien metros después está la Casa de las Compuertas. Este es uno de los puntos más importantes del trazado ya que permite la interrupción del caudal, que se realiza todos los años para la limpieza y mantenimiento de todo el conjunto de acequias.

Casa de Compuertas
Casa de Compuertas

Vista desde el interior de la Casa de las Compuertas con la Casa del Azud al fondo

En las inmediaciones está la Casa del Azud. Es un edificio que se asemeja al de un palacio aragonés, pero adaptado a su función defensiva y de conservación de la infraestructura hidráulica. Se levanta en planta rectangular mediante ladrillo, con tres alturas. En su parte trasera en el siglo XIX se adosó una construcción auxiliar. El acceso cuenta con una sencilla puerta situada en un lateral de la fachada principal. La planta noble cuenta con balcón y tres ventanas, y se corona con una galería de vanos adintelados.

Casa del Azud
Casa del Azud
Última planta del interior de la Casa del Azud
Última planta. Interior Casa del Azud
Vista desde una de las ventanas de la Casa del Azud

El azutero era una figura vital en el funcionamiento de la obra hidráulica. Era nombrado por la junta de gobierno del término. Desempeñaba su función de manera vitalicia, hasta que su salud se lo permitía. En la Casa del Azud se guardaban materiales necesarios para la reparación del azud, las acequias y demás instalaciones del término. Además de la vivienda el edificio servía de sede a las reuniones periódicas, en la llamada Sala Capitular ubicada en la planta noble. Y era el lugar de descanso de los oficiales encargados del mantenimiento de la acequia. El azutero y su familia tenían a su disposición 15 cahizadas (entre 5 y 6 hectáreas de tierra) en las inmediaciones para su subsistencia. Sus funciones eran la vigilancia del azud, así como la apertura y cierre de puertas almenara y tajaderas para garantizar el caudal adecuado. Con su vigilancia debía prever y avisar de los desperfectos causados en su ámbito de actuación. Tenía obligación de residir de manera permanente en la Casa del Azud. El último azutero que vivió en el edificio fue José Guillén. En 1988 se encontraba enfermo y abandonó su vivienda habitual dejándola vacía. Desde los años sesenta fueron numerosas las reformas en este edificio que dejaban claro las malas condiciones de habitabilidad. Otros condicionantes, como la facilidad de movimiento con la generalización de los vehículos a motor y estar ubicada en un lugar aislado, terminaron de decantar su abandono. A partir de entonces la junta de gobierno del término se debatió durante años entre su venta, arrendamiento o restauración. Finalmente, atendiendo a la importancia histórica para esta sociedad, se decide su restauración a partir del año 2010. Las obras rehabilitaron por completo el edificio. En su interior se han acondicionado espacios polivalentes para ser utilizados como oficinas, salones de reuniones o salas de exposiciones. En paralelo se ha creado la Fundación Término de Almozara para dotar a las instalaciones de una actividad cultural.

Desde este punto la acequia comienza un trazado en el cual no cuenta con derivaciones hasta la zona de Monzalbarba donde comienza la zona regable. Es curioso resaltar que a pesar de la lejanía de ciudad de Zaragoza, 22 kilómetros entre el azud y la plaza del Pilar, la superficie por la que discurre la acequia desde el azud hasta la gran urbe estuvo incluida en su término municipal. Ello parece estar vinculado a la necesidad de salvaguardar este trasvase de aguas necesario para abastecer a la ciudad.

Mapa del Término Municipal de Zaragoza con detalle de la zona por donde discurre la Acequia de la Almozara

El primer núcleo urbano por el cual pasa la acequia es Villarrapa, a unos tres kilómetros de distancia. Discurre por la parte baja del núcleo, a escasa distancia del eje principal que articula este pequeño barrio zaragozano, uno de los más alejados de la capital.

Acequia de la Almozara antes de alcanzar el casco urbano de Villarrapa
Acequia de la Almozara cerca de Villarrapa

A los cuatro kilómetros y medio pasa junto al acceso de Marlofa, pequeño enclave que pertenece al municipio de La Joyosa. A escasos metros hay una balsa que antaño sirvió de abastecimiento de boca y ahora se utiliza para el riego. A su alrededor se ha acondicionado un pequeño parque.

Acequia de la Almozara cerca de Marlofa
Acequia de la Almozara cerca de Marlofa

Superados los seis kilómetros y medio de trazado se alcanza la carretera de acceso a Sobradiel. A partir de este tramo la acequia divide dos paisajes totalmente opuestos. En su margen derecha se trata de suelos industriales, algunos de ellos ocupados por naves y otros sin uso. A la izquierda predomina el verde de los campos de cultivos, aunque estas tierras todavía no reciban las aguas de la Acequia de la Almozara.

Acequia de la Almozara cerca de Sobradiel
Acequia de la Almozara cerca de Sobradiel

A los ocho kilómetros se introduce en la trama urbana del barrio de Casetas, uno de los más populosos de la ciudad de Zaragoza.

Acequia de la Almozara a su paso por el barrio de Casetas
Acequia de la Almozara a su paso por Casetas

Superados los once kilómetros de recorrido se interna en Utebo. Esta población dependió históricamente de Zaragoza. Sin embargo en el siglo XVIII comenzó su andadura para conseguir la independencia municipal, hecho que se consumó en 1906. El término municipal de Zaragoza que llega hasta el azud se interrumpe tras esta segregación, siendo atravesado por la Acequia de la Almozara. El casco antiguo se emplaza a medio kilómetro hacia el norte. Su crecimiento urbanístico a finales del siglo XX  ha provocado que la acequia ahora discurra por el casco urbano.

Acequia de la Almozara a su paso por Utebo
Acequia de la Almozara a su paso por Utebo

La construcción más importante vinculada a la acequia después de la Casa del Azud era el Molino de Utebo. Fue mandando construir por el Término de la Almozara. Perteneció a esta sociedad durante tres siglos, hasta el año 1970. Se edificó cerca de la acequia, sobre el puente de San Ginés. En el Archivo notarial de Zaragoza se encuentran documentados todos los detalles de la construcción del nuevo molino. El conjunto estaba formado por el molino, la casa del molinero que contaba con corral y la almenara que permitía el acopio de agua. Alrededor del edificio contaba con una amplia plaza para la recepción de materia prima así como tierra cultivable. En su conjunto contaba con unos 3.000 m2 de superficie.

Maqueta del Molino de Utebo
Maqueta del Molino de Utebo

La obra se culminó a finales del año 1668 aunque tardó varios años en ponerse en funcionamiento debido a diversos desperfectos de la obra así como a lluvias torrenciales y una devastadora riada que afectó de manera notable a la economía zaragozana. Hasta el año 1680 no se tiene constancia documental del primer molinero, Lorenzo Lamasson, de origen francés. El molino contaba con tres muelas, dos para moler trigo y una para moler sal. Este proceso se abastecía del mineral extraído en el monte del Castellar y de las minas de Remolinos. A lo largo de su historia fueron numerosos los molineros que lo regentaron mediante arriendo. Su funcionamiento fue estable, aunque con numerosas dificultades en cuanto a su estado de mantenimiento que fueron resueltas según la situación económica de cada época. El peor momento fue el paso de la Guerra de la Independencia que obligó a realizar obras de reforma importantes. Ya en el siglo XX combinó su actividad de molienda con la de producción de energía eléctrica mediante un arrendamiento. Tras unos años de adaptación de las instalaciones, entre 1905 y 1930 Electra de Almozara se encargó de producir electricidad gracias a una turbina que aprovechaba las aguas de la Acequia de la Almozara. Durante el siglo XX y de manera exclusiva en los últimos años de funcionamiento se dedicó a la molienda de cereales para el pienso animal. En el año 1970 el Término de la Almozara vende el molino a Gabriel Pérez y Josefina Miguel, los últimos molineros. Dos años después cesó la actividad molinera. En los años ochenta, tras una década de abandono de las instalaciones, se decidió su derribo. Sólo se  conservaron los cárcavos y parte de la almenara. En la actualidad, tras la desaparición del edificio, se conservan los restos integrados en un centro sociocultural.

Centro Cultural El Molino que alberga los restos del Molino de Utebo
Centro Cultural el Molino. Utebo

Al abandonar esta población las aguas toman protagonismo ya que comienzan su labor de riego. Comienza a ramificarse mediante acequias para dar servicio a la zona regable entre el río Ebro y la carretera de Logroño. A los 13 kilómetros y medio alcanza el paraje del Recuenco, donde el trazado de la acequia da un cambio brusco de dirección. En las cercanías esta la antigua Casa del Guarda, a las afueras de Monzalbarba, otro barrio rural de Zaragoza. Este pequeño edificio es ahora la sede del Término de la Almozara.

Casa del Guarda. Sede del Término de la Almozara
Casa del Guarda. Monzalbarba

La acequia sigue su trazado siendo obligada a atravesar la autopista y las líneas férreas. Toma dirección a los depósitos de combustible de CLH, bordeando las instalaciones por la parte trasera tras 15 kilómetros de recorrido. Ahora es más complicado seguir su trazado, al discurrir por la parte trasera de los polígonos industriales ubicados a los pies de la carretera de Logroño. A los 17 kilómetros atraviesa pasa junto al polígono del Portazgo. En este entorno estuvo el Molino de la Abeja. Este molino harinero era de menor tamaño que el de Utebo y posiblemente sólo tuviese una muela. Durante las obras de canalización de este tramo de la acequia fueron descubiertos los restos del molino hace unos años. Para su conservación fueron trasladados a la Casa del Azud a la espera de una ubicación definitiva. Se trata de unos cuantos sillares del edificio y una de las muelas que se pudo recuperar.

Piedras pertenecientes al antiguo Molino de la Abeja
Sillares del Molino de la Abeja

La acequia de la Almozara avanza ya en su tramo final atravesando de nuevo carreteras, vías de ferrocarril y alimentando mediante pequeñas acequias una de las zonas más amplias de su término. El avance urbanístico en las últimas décadas de la gran ciudad ha modificado el final de su trazado. Antaño alcanzaba el palacio de la Aljafería desaguando en el río Ebro en las inmediaciones del actual puente de la Almozara. En la actualidad las aguas sobrantes de la acequia Mayor están conectadas al colector proveniente del polígono PLAZA. Por ello a día de hoy podemos decir que el final de la Acequia de la Almozara es un gran desagüe situado a 150 metros del acceso al antiguo Parque Deportivo Ebro.

Desembocadura de la Acequia de la Almozara en el río Ebro
Desembocadura de la acequia en el río Ebro

Bibliografía

García, F.J. (2017). La Acequia de la Almozara de la ciudad de Zaragoza: dos mil años de historia. Publicación número 3524 de la Institución «Fernando el Católico», Organismo autónomo de la Excma. Diputación de Zaragoza. Recuperado de: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/96/_ebook.pdf

Fuertes, M. (2014). El Molino de Utebo. Recuperado de:  https://drive.google.com/file/d/0B08Kv3FHza79a2FIQXVrcXFXS1k/view

(2011). Diagnóstico Capítulo General de Herederos Término de la Almozara. Ebrópolis. Marco Estratégico Zaragoza 2020. Recuperado de: http://www.ebropolis.es/files/File/Documentos/Diagnostico-termino-almozara.pdf

Viaje al Centro Geográfico de Aragón

Emulando la mítica novela de Julio Verne, el dragón Chorche propone embarcarse en la aventura de viajar al centro geográfico de Aragón. Una empresa mucho menos arriesgada y apasionante, pero que descubrirá un punto escasamente conocido por los propios aragoneses.

En primer lugar, hay que saber a qué se refiere el término “centro geográfico”. Lo que primero viene a la cabeza a la hora de buscar el centro de Aragón es la ciudad de Zaragoza. Su posición en el mapa autonómico es aparentemente centrada. Ser el nodo de las principales carreteras y líneas de ferrocarril inclina a pensar a primera vista que es el punto más céntrico de Aragón. También hidrográficamente, su ubicación en el tramo central del río Ebro, en confluencia con dos grandes ríos provenientes uno del norte y otro del sur, Gállego y Huerva, hacen pensar que se trata del centro de Aragón. Además, históricamente, aglutina una dilatada historia de más de dos milenios. Su desarrollo demográfico la ha convertido en el punto más poblado de Aragón, donde viven más de la mitad de los aragoneses. Sin embargo, todos estos aspectos no son determinantes a la hora de averiguar dónde se encuentra el centro geográfico de Aragón, motivo de esta aventura.

Cálculo del Centro Geográfico de Aragón

En geografía, el centro geográfico de una superficie equivale a su centroide o baricentro. Este punto es el lugar donde se cruzan los hiperplanos que dividen la figura en partes de igual momento, es decir, su centro de simetría. El cálculo de estas coordenadas para una región física del tamaño de Aragón es bastante complicado. La primera cuestión a plantear es el establecimiento de unos criterios previos para simplificar el cálculo, ya que de otra manera podría llegar a ser imposible de realizar. Se parte de la base de que la densidad y el campo gravitatorio en todo el territorio es uniforme. Por otra parte, la superficie de Aragón tiene acusados relieves. Además, no se debe olvidar la condición de ser una superficie esférica, al ser una porción del globo terrestre. Con todas las consideraciones anteriores, lo que se hace es tomar una proyección cartográfica de esta superficie irregular, que permitirá calcular unas coordenadas en latitud y longitud que darán lugar a un punto.

Para iniciar el cálculo debe establecerse un sistema de coordenadas cuyo origen se ubica en el ángulo inferior izquierdo. El eje horizontal, que se ajusta al punto más meridional del mapa, mide las distancias hacia el Este. Y el eje vertical, ajustado al punto más occidental, en dirección al Norte. Una vez establecido, cualquier punto del mapa quedará determinado por una coordenada para el eje X (hacia el Este) y otra para el eje Y (hacia el Norte). En primer lugar, deberá establecerse un reticulado en el mapa. A mayor número de cuadrículas, abarcando éstas menor superficie, el cálculo del centro geográfico de Aragón se realizará con mayor precisión.

Vamos a realizar un ejemplo práctico con una malla muy sencilla para intentar comprender cómo se identifica el centro medio de todos los puntos de una superficie, es decir, su centro geométrico. En la parte inferior aparece el mapa geográfico de Aragón dividido en cuadrículas respecto a los dos ejes de coordenadas.

El valor numérico de las coordenadas de x e y de cada cuadrícula se le asigna al punto medio tal que: 0,5 1,5 2,5 3,5 4,5 …

Teniendo en cuenta que la superficie con la que contamos es irregular debemos de aplicar un criterio de ponderación. A las cuadrículas que corresponden de manera íntegra con superficie de Aragón les aplicaremos el valor de w=1 , mientras que, a las cuadrículas no completas que sólo contienen en parte la superficie de Aragón, les aplicaremos un valor de w=0,5 .

De esta manera la formulación quedará de la siguiente manera:

Para todas las filas y columnas de los ejes X e Y, realizaremos la suma de los valores de w asignados a cada una de las cuadrículas, obteniendo los respectivos w.

Después, calcularemos el producto de cada uno de los valores de x e y por su correspondiente valor w en cada eje.

∑ (x x w)

∑ ( y x w)

Restará calcular el punto medio en cada eje tras aplicar la ponderación, según sigue:

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ (x x w) / w

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ ( y x w) / w

Estas serán las coordenadas del centro geográfico correspondiente a la superficie.

Este cálculo matemático fue llevado a cabo hace algún tiempo por el Instituto Geográfico de Aragón. El resultado puede consultarse en la publicación de García (2011). Para ello se utilizó la malla correspondiente a un mapa de escala 1:5000. Con ella se parte de 10.579 cuadrículas, que responden a 149 filas y 71 columnas. En realidad, Aragón sólo ocupa 6.236 cuadrículas, que se corresponden con las respectivas fuellas* de 1:5000 que cubren toda su superficie. Siguiendo el procedimiento de cálculo antes expuesto, se llega al siguiente resultado.

*Fuellas: Hojas.

CENTRO GEOGRÁFICO DE ARAGÓN

Proyección UTM ETRS89 Huso 30 N

x:  694.962,57

y: 4.598.208,43

Coordenadas Geográficas ETRS89

Latitud:  41°  30′  42,44659″ N

Longitud:   0°  39′  49,44038″ W

Cómo llegar al Centro Geográfico de Aragón

Una vez realizados los cálculos, llega al fin el momento de comenzar la aventura. Nos trasladamos al pueblo de Fuentes de Ebro, situado a unos 27 kilómetros de Zaragoza. Emplazada en la carretera de Castellón, esta localidad es bien conocida por la cebolla de Fuentes, que desde hace un década es comercializada bajo la enseña de su propia denominación de origen. Aglutina a unos 4.500 habitantes. En lo artístico destaca su iglesia parroquial en advocación a San Miguel Arcángel. Fue construida en el siglo XVI por el conde de Fuentes, don Juan Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea, en estilo neoclásico. Se encargó la obra al arquitecto francés Quinto Pierres Vedel. A él se deben singulares obras en Aragón como el Acueducto de Teruel, la Mina de Daroca y la catedral de Santa María de Albarracín, donde está apedecato*. Sin embargo su elemento más llamativo, la torre de la iglesia, es de factura posterior ya que tiene poco más de un siglo de antigüedad. Debido al mal estado de la torre anterior se demolió en el año 1881. De nuevo un afamado arquitecto, el turiasonense Félix Navarro, se encarga de esta nueva obra. Esta singular torre recuerda a las torres de la lejana Venecia. Destacan los conjuntos escultóricos y el afilado chapitel con que se remata.

*Apedecar: Enterrar.

Torre de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro
Campanario de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro

Cercana está la plaza de la Constitución, presidida por la Casa de la Villa. Un edificio que evoca la estructura de los palacios renacentistas aragoneses, pero que fue construido en 1985. Cuenta con fachada de ladrillo, planta noble con balcones y galería de arcos doblados en su parte alta. La reciente urbanización de la plaza, llevada a cabo en 2018, ha incorporado en su parte central una referencia al centro geográfico de Aragón, reclamando así la titularidad que se le atribuye a esta localidad. En el pavimento aparece una placa metálica con topónimos de la geografía aragonesa, donde además se nombran elementos del patrimonio material e inmaterial de la localidad.

Plaza de la Constitucion. Fuentes de Ebro

Sin embargo, el punto no se encuentra en el casco urbano. El centro geográfico de la Comunidad Autónoma de Aragón se encuentra en el término municipal de Fuentes de Ebro, en un paraje yesífero denominado “Despeñaciegos”. Su acceso no es complicado. Un kilómetro antes de alcanzar el pueblo por la antigua carretera nacional, frente a la Finca La Dehesa, parte una pista. Éste es el punto de inicio de la hazaña (1).

Sin dejar la pista principal, tras haber recorrido 1,15 km, se pasa por debajo de la circunvalación de la carretera de Castellón. Tras un ligero ascenso se toma dirección a la izquierda (2), y poco más adelante por la pista principal se toma nuevamamente el ramal izquierdo (3), tras 1,4 km de recorrido. A los dos kilómetros aparece un nuevo cruce. En esta ocasión de nuevo debe tomarse una pista a mano izquierda (4). En este punto es recomendable dejar el vehículo y avanzar caminando.

El objetivo ya no está lejos, a unos 650 metros de distancia. Primero se recorre el trazado de la pista que discurre a la izquierda de los campos y que poco a poco se va degradando (5). En unos diez minutos andando se acaba la pista y se llega a una zona libre de cultivo salpicada de grandes bolos de alabastro. Debemos encaminarnos al pequeño barranco que se emplaza al frente, ligeramente a la derecha (6). Aunque la vegetación es abundante se puede avanzar por un sendero señalizado que cruza en varias ocasiones el pequeño reguero que lo recorre (7). En otros cinco minutos desde la pista se deja el barranco a mitad, a mano izquierda. Sólo resta remontar la ladera con menos vegetación (8) y tras alcanzar un pequeño llano girar a mano derecha para alcanzar la parte más alta donde se encuentra el objetivo.

El Centro Geográfico de Aragón se encuentra marcado con un poste que lo identifica con un anagrama y la bandera de Aragón. A su alrededor dos círculos concéntricos realizados con piedras de alabastro remarcan su ubicación.

El paisaje está dominado por vegetación esteparia de escaso porte. La panorámica en dirección al norte proporciona una vista del barranco por donde se asciende, con las vales cultivadas a media distancia. Al fondo destaca el constraste del color verde de las fértiles tierras del valle del Ebro delimitadas por los escarpes yesíferos. Si la visibilidad es buena se pueden divisar la Sierra de Alcubierre y en días muy claros incluso las sierras prepirenaicas y la cordillera de los Pirineos.

También es posible subir a la ladera opuesta desde donde hay una buena vista del centro geográfico. Desde el último poste de la senda aparece señalizado el acceso a este mirador.

Como de costumbre en nuestra tierra en muchas ocasiones no valoramos las cosas. Este lugar quizás no sea de importancia, pero debería contar con señalización oficial para acceder desde Fuentes de Ebro. Y debería divulgarse su existencia. Aunque sólo sea porque se ha realizado el cálculo por un órgano dependiente del Gobierno de Aragón, el Instituto Geográfico de Aragón. Precisamente en muchos países y regiones sus centros geográficos están perfectamente identificados y señalizados. El valor simbólico hace que se conviertan en lugares de interés para los más curiosos. Se pueden consultar en el siguiente enlace la localización de muchos de ellos como los de Polonia, Alemania, Portugal o Nueva Zelanda.

GEOGRAPHICAL CENTERS

En el caso de las comunidades autónomas españolas sólo en algunas de ellas se ha calculado su centro geográfico. Dos de ellas lo tienen señalizado y es fácil su visita, Cataluña y Cantabria. Y otras han realizado su cálculo pero no está señalizado sobre el terreno, como es el caso de Galicia, Andalucía, Navarra, País Vasco y Comunidad Valenciana.

Centro Geográfico de la Península Ibérica

En el caso de la Península Ibérica, el cálculo es complejo y no está determinado oficialmente. En el año 1561 se trasladó la capital de España a Madrid, una población que por aquel entonces tenía unos 20.000 habitantes. Se convirtió en la capital definitiva del estado. Su posición central en el mapa español puede hacer pensar que se trata del centro, pero no es así. Lo que sí posee es el Km 0 de las carreteras españolas. En el siglo XVIII se estableció la necesidad de crear una red de caminos que se adaptaría a la estructura centralizada del país. El mapa fue realizado entre 1739 y 1743 por los profesores jesuitas Carlos Martínez y Claudio de la Vega (información sobre la obra en la Biblioteca Nacional). Sin embargo, la designación actual de las carreteras nacionales, comarcales y locales se debe al Plan Peña, siendo ministro de Obras Públicas Alfonso Peña, entre 1937 y 1941 (ver documento plan de caminos). Este diseño radial de carreteras fijó el origen de las mismas en la Puerta del Sol de Madrid. 

El centro geográfico de la Península Ibérica actualmente está en pugna entre dos localidades de la Comunidad de Madrid, Getafe y Pinto. Tradicionalmente se ha pensado que este punto está situado en el Cerro de los Ángeles, ubicado al este del casco urbano de Getafe, una población de unos 180.000 habitantes. Alfonso IV tras la reconquista mandó edificar una ermita. Y en el siglo XIX el rey Alfonso XIII mandó construir la estatua del Sagrado Corazón, la cual tuvo que ser levantada de nuevo tras la guerra civil. El cerro se eleva a 666 metros de cota máxima marcada con un vértice geodésico.

Sin embargo, Pinto, una localidad del sur de región madrileña, también reivindica ser el centro. Exactamente a tan sólo 7,5 kilómetros al sur se encuentra este segundo punto. En este caso está ubicado en pleno casco urbano de la localidad, que cuenta con una población de 51.000 habitantes. En concreto en la confluencia de la calle Maestra María del Rosario y calle Egido de la Fuente. Un monolito colocado en los años sesenta marca el punto. Anteriormente hubo una piedra con un aspa colocada conocida como la “Exacta”. Según cuenta la leyenda, en este lugar estuvo enterrada un arca con los instrumentos empleados por los musulmanes para realizar las mediciones que determinaron que este punto era el lugar céntrico de la Península Ibérica. El topónimo de la localidad parece proceder del término “punctum”, punto de paso o cruce de caminos. Precisamente el escudo de Pinto representa la esfera terrestre con un punto marcado en rojo, haciendo una alegoría al centro de España.

Las dimensiones de la Península Ibérica, unos 480.000 km2, y la complejidad de su territorio físico hacen difícil establecer este punto de manera única y exacta. La principal variable es delimitar el límite de la superficie peninsular con respecto al continente europeo. La frontera política entre España y Francia no coincide con la zona más estrecha del istmo que separa la península del continente. Pero existen otras variables como son el límite costero, que varía según la situación de pleamar o bajamar. También las desembocaduras de los ríos crean zonas que hacen dudar de la divisoria exacta entre el mar y tierra. Y finalmente hay que tener en cuenta que se trata de una superficie esférica y con una orografía muy irregular, lo que complica todavía más los cálculos, al tener que extrapolar el centro geográfico a un punto de la superficie terrestre. Con todo ello, el geógrafo Javier Colomo, doctor en Geografía e Historia, se aventuró a realizar el cálculo en el año 2018. Como base del estudio de Colomo (2018) se estableció el límite de la Península Ibérica en la actual frontera entre España y Francia. Y respecto a la superficie esférica utilizó la representación tridimensional de la Tierra representada en Google Earth con coordenadas WGS84 que se corresponden con las ofrecidas por GPS. Tras dividir la superficie en miles de cuadrículas y realizar los cálculos matemáticos localizó el punto en medio del campo, a cuatro kilómetros del centro de Méntrida (Toledo). Esta población de 5.000 habitantes se emplaza al norte de la provincia toledana, muy cercana a la Comunidad de Madrid.

Entre el centro geográfico de la Península Ibérica calculado por Javier Colomo y el centro geográfico de Pinto hay 45,8 kilómetros de distancia. Y respecto al centro geográfico del Cerro de los Ángeles de Getafe la distancia es de 47,6 kilómetros.

Bibliografía

García, M.L. (2011). Centro geográfico de Aragón. En Delimitación comarcal de Zaragoza (1ª ed., pp.70-72). Zaragoza: Gobierno de Aragón. Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior. Recuperado de: http://mov-brs-01.aragon.es/cgi-bin/IDOT/BRSCGI?CMD=VEROBJ&MLKOB=839719975858

Colomo, J. (2018). Centro Geográfico de la superficie de la península Ibérica. Recuperado de:  https://www.javiercolomo.com/index_archivos/Iberia/Iberia.htm

Puilatos, un pueblo de colonización efímero

El Instituto Nacional de Colonización  (INC) fue una institución franquista que influyó notablemente el paisaje aragonés. Se creó en el año 1939 y estuvo en funcionamiento hasta 1971, cuando se integró en el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). Su objetivo fundamental fue una política agraria basada en la puesta en regadío de amplias zonas, dotándolas de los servicios necesarios para su cultivo. Y para ponerlas en marcha cuanto antes era necesario acercar a los agricultores a estas zonas mayoritariamente despobladas, con la construcción de nuevos asentamientos. Las actuaciones llevadas a cabo en Aragón, fundamentalmente en las provincias de Huesca y Zaragoza, fueron muy importantes. Y ello se debe a lo avanzado del estado de las obras hidráulicas que se habían planeado décadas antes, así como a la abundancia de zonas de secano. En el año 1906 ya fueron inauguradas las obras del canal de Aragón y Cataluña, que gracias a las aguas del Ésera riega 98.000 ha entre las provincias de Huesca ( la mayor parte) y Lérida. El Plan de Riegos del Alto Aragón fue aprobado en 1912. Tomando aguas del río Gállego y del Cinca, a través de los canales de Monegros y del Cinca, dan servicio en la actualidad a 110.000 ha. En el año 1932 se aprueba el Plan Bardenas, que toma las aguas del río Aragón con una superficie regable de 88.000 ha, fundamentalmente en Aragón. En total fueron 30 los pueblos de colonización construidos en Aragón, la mitad en la provincia de Huesca. El encargado de su diseño fue el arquitecto zaragozano José Borobio. Los colonos llegaron a las diferentes poblaciones de manera escalonada entre los años cuarenta y sesenta.

Cuando surge el INC las obras hidráulicas del primer tramo del Canal de Monegros estaban muy adelantadas; sus aguas regarían el desierto de la Violada. Un territorio llano y seco que no contaba con poblaciones a lo largo de 26 kilómetros entre Zuera y Almudévar. Su nombre proviene de la vía romana entre Osca y Caesaraugusta conocida como Vía Lata. El primer proyecto del Plan General de Colonización de la Zona de la Violada fue redactado en 1943. Se estudió la ubicación de media docena de pueblos ubicados en el centro de las zonas de cultivo y situados a una distancia entre sí de entre 4 y 6 kilómetros. Los cascos urbanos deberían estar en zonas de poco balgua* agrícola, sobre terrenos saneados. Para llevar a cabo los planes era necesaria la adquisición de grandes fincas, las situadas al sur de la Violada pertenecientes a Zuera. La primera de ellas fue “Llanos de Camarera” donde se estableció el primer pueblo, Ontinar del Salz. Se fue avanzando en el desarrollo de otros sectores, uno de ellos el denominado “Regordín”,  donde se proyectaba un pueblo con el mismo nombre. Éste posteriormente pasó a llamarse Puilato. Durante los estudios se pensó en eliminar este asentamiento y sustituirse por la ampliación de la barriada del Portazgo, situada junto a la estación de ferrocarril de Zuera. Al final se decantaron por la idea inicial de nuevo pueblo situado en el camino de Zuera a la Sarda y Pilatos, ya que daría mejor servicio a las nuevas zonas de cultivo. El número de viviendas fue más reducido que en los pueblos de Ontinar o El Temple, ya que corresponde a un sector de menor superficie.

*Balgua: Valor.

El monte Pilatos, proveniente del término Puig Alto o Monte Alto, es el que dio nombre a la nueva población. La construcción de Puilatos se llevó a cabo en 1955, llegando los primeros colonos en el año 1956, completando prácticamente el pueblo en el año 1958. Los inicios fueron duros ya que no contaron con luz eléctrica y agua en las viviendas durante el primer año y medio. Se trataba en total de 45 viviendas de similares características a las de otros pueblos de colonización. En ellas se alojaron 35 colonos con sus respectivas familias, además de obreros. Las familias llegaron todas ellas de Zuera a excepción de una procedente de Juslibol. A todas las ofrecieron un lote de tierra, vivienda y dependencias anexas para la cría de animales domésticos también incluidos en la aportación inicial. Todo ello lo fueron pagando con parte de la cullida* durante un número determinado de años. Las viviendas eran de diferentes tipologías, con una o dos plantas, y de entre tres y cinco dormitorios, con el fin de adaptarse el número de personas que componían cada unidad familiar. En el centro de la población estaba la iglesia de San José Obrero, con festividad el 1 de mayo que era celebrada por los vecinos. Era la fiesta mayor y para ello se vaciaba de manera temporal el almacén agrícola ubicado en la calle de la Hermandad, a escasa distancia de la plaza principal, que recibía el nombre de plaza del Caudillo. El edificio de la iglesia diseñado por el arquitecto José Borobio estaba formado por la capilla de planta circular y la sacristía anexa. El presbiterio de planta rectangular albergaba una pintura mural obra del pintor zaragozano José Baqué. Se trata de uno de máximos exponentes de la pintura aragonesa contemporánea. Su obra está marcada por la simplificación de las figuras, pero  respetando el tema tratado y de fácil interpretación por parte del feligrés. En este caso se trata de un tríptico de la Sagrada Familia en su casa de Nazaret; San José Obrero en el centro aparece trabajando de carpintero y a su derecha está María sentada con el niño Jesús en su regazo, mientras que a la izquierda se ve a través de una ventana el paisaje rural que rodea la vivienda. La torre de planta igualmente circular estaba ligeramente desligada. En la parte alta se abría el campanario entre columnas que sostenían la cubierta. Formando parte del mismo conjunto estaban las escuelas de niños y niñas. La iglesia estaba rodeada de un espacio amplio rodeado de viviendas y de otros edificios donde se localizaba la administración, la casa de los maestros, la hermandad sindical y los comercios.

*Cullida: Cosecha.

Sin embargo la historia de Puilatos fue efímera, en concreto poco más de veinte años. El terreno elegido no fue el adecuado debido a la existencia de rocas sedimentarias solubles en el subsuelo. Su composición a base de yesos sufre una disolución progresiva con las corrientes del agua creando oquedades subterráneas que van creciendo poco a poco y que afectan a la superficie del terreno. Sin duda alguna la llegada del regadío aceleró este proceso formando simas y dolinas en el subsuelo que comenzaron a afectar la estabilidad de los edificios. Las viviendas más afectadas eran las situadas al sur. En esta zona se realizaron prospecciones que comprobaron la existencia de corrientes subterráneas. A 700 metros del casco urbano hay una zona que tradicionalmente ha tenido acumulación de agua y que pudiera tener relación con esta circulación de agua. Tras la llegada del regadío se ha creado una pequeña laguna de más de una hectárea de lámina libre de agua rodeada por carrizos. Con el paso de los años las grietas en los edificios se hicieron más evidentes, sin afectar a la seguridad de los colonos, pero que poco a poco fueron generando más preocupación. Los vecinos tuvieron que viajar a Madrid en varias ocasiones solicitando una solución al problema de habitabilidad. Finalmente el IRYDA decidió el desalojo total y la construcción de nuevas viviendas en Zuera y Ontinar del Salz para proceder al traslado de los vecinos. Los primeros se trasladaron a Ontinar del Salz en el año 1975. En pocos años el pueblo estaba completamente desalojado. Los últimos habitantes se fueron en el año 1981 y poco después se procedió a la demolición de todos los edificios para evitar el peligro de posible derrumbe.

En Ontinar del Salz las primeras viviendas en terminarse y ocuparse están ubicadas en la calle del Viento, cuatro de ellas. El resto hasta completar quince están ubicadas en la calle Puilatos, constituyendo un recuerdo permanente del pueblo que estaba a punto de desaparecer. A pesar del origen de los colonos más de la mitad decidieron trasladarse a este pueblo de colonización debido a que las tierras de cultivo, las cuales siguieron trabajando, estaban más cerca de Ontinar que de Zuera.

En cuanto a los colonos que decidieron volver a Zuera, éstos fueron reubicados en las calles Ontinar y Puilatos. De nuevo el nombre de una de las calles hacía referencia al pueblo en el que apenas pudieron vivir dos décadas. Las viviendas están ubicadas en la intersección de ambas calles, alejadas del centro de la localidad. Con el crecimiento de la población ahora están integradas en la malla urbana. Hay cuatro viviendas en la calle Ontinar y diez en la calle Puilatos. Del resto de colonos, algunos prefirieron el solar para construirse ellos mismos la vivienda y otros se trasladaron fuera de estas poblaciones.

Del pueblo lo único que se salvó fue el retablo de la iglesia parroquial, trasladado a Ontinar del Salz. Fue instalado en la capilla bautismal de la iglesia de la Virgen del Salz. El resto son las ruinas de Puilatos. Se accede a ellas tomando la salida de la autovía mudéjar que conduce a Ontinar. En paralelo a la autovía en dirección a Huesca un amplio camino toma dirección a un pinar. A los pies parte la antigua carretera de acceso al núcleo de colonización, uno de los pocos restos originales que se conservan. Un bosque de pinos y una carretera que conduce al solar donde antaño se levantó un pequeño pueblo.

Allí ahora yacen los restos de las viviendas a los que se han ido añadiendo restos de obras que se llevaron a cabo en la autovía, así como escombros y basuras de todo tipo. Y mientras la naturaleza contribuye a aliviar la tétrica visión de un pueblo arruinado con árboles de pequeño porte salpicados por todo el espacio. Una mezcla caótica. Una pista accede a la zona central del núcleo, único lugar donde se conserva el nivel de terreno original por donde discurrían las calles. Allí precisamente todavía se puede apreciar un pequeño trazado de las aceras, gracias al bordillo existente que parece corresponder a uno de los extremos de la plaza principal de la localidad.

Un camino rodea el solar donde se levantaba el casco urbano. En el resto de la superficie se cubre por montones de escombros tapizados por la vegetación haciendo imposible reconocer el trazado de las calles y menos aún de los edificios que allí se levantaban.

El único elemento constructivo que todavía se conserva es el aljibe ubicado en el extremo opuesto del acceso a la localidad, situado junto al camino perimetral. Se trata de un depósito de agua subterráneo del cual sobresale la parte alta de la cubierta. Está ubicado junto a una acequia de la cual tomaba el agua. Una tapa metálica permite ver su interior, así como la tubería que conectaba con una bomba manual ya desaparecida. Este era el lugar donde se traía a abrevar a los animales que poseían los colonos.

Atravesando el pinar se conserva otro camino que discurre en paralelo al acceso a la localidad.  Servía de acceso a los huertos de los colonos, en dirección a la carretera de Huesca. La construcción de la autovía hizo desaparecer de un plumazo la tierra de los hortelanos. Si que se que mantienen en cultivo el resto de campos que rodean el núcleos, tierra de regadío que siguen trabajando los colonos. 

Han pasado poco menos de cuarenta años de la desaparición de Puilatos. Hasta hace unos años los antiguos vecinos se reunían para celebrar la antigua festividad de la localidad como un día de reencuentro. Un día de comida popular en los pinares que rodean el pueblo. Sin embargo la tradición ya ha caído en el olvido. El recuerdo del pueblo languidece mientras el espacio físico donde se levantó el pueblo sigue en continua degradación. Sería necesaria una restitución moral para evitar la completa desaparición de la historia de este pueblo. Una actuación que dignificase el lugar, sin más aspiraciones que mantener el recuerdo de un pueblo cuya historia duró apenas poco más de dos décadas, pero que se merece un espacio en la reciente historia de Aragón.

25 años reclamando los bienes de las parroquias orientales de Aragón

Con el surgimiento de los condados cristianos de Sobrarbe y Ribagorza en el siglo IX se creó una iglesia carolingia encargada de la cristianización de los territorios que poco a poco iban arrebatándose a los musulmanes. En el siglo X se establece la sede del Obispado de Roda en la catedral de San Vicente de Roda de Isábena. Tras la creación del Reino de Aragón se produce la reforma en la liturgia pasando al rito romano. La conquista avanza hacia el sur y en el año 1100 Pedro I de Aragón toma Barbastro. El obispo Poncio de Roda traslada entonces su sede a Barbastro. El obispado de Roda-Barbastro pasó de nuevo a la sede original por una disputa entre los obispos de Huesca-Jaca y el de Roda-Barbastro. Y finalmente en el año 1149 fue suprimido e incorporadas todas las parroquias al obispado de Lérida. Hasta el año 1573 no vuelve a surgir el obispado de Barbastro. En el siglo XX se produce la ampliación de la diócesis con la incorporación de parroquias pertenecientes al obispado de Lérida situadas en territorio aragonés. En concreto, en 1955 se recuperan 17 parroquias y en los años 1995 y 1998 se traspasan el resto de parroquias aragonesas que hasta entonces formaban parte del obispado catalán. En estas tres fases se pasa de 153 a 264 parroquias completando la actual diócesis de Barbastro-Monzón.

Durante la pertenencia de las parroquias aragonesas a la diócesis de Lérida se produjo el traslado de bienes religiosos entre los siglos XIX y XX. El lugar de destino de las obras fue el museo diocesano de Lérida con el objetivo de servir de aprendizaje a los seminaristas que allí estudiaban. Se trataba de una cesión al obispo en cuyo proceso no se firmó ningún contrato, como así se ha constatado al no encontrarse documento alguno en archivos parroquiales, registros o en la Santa Sede. Se trataba por tanto de un depósito de obras en la sede de la diócesis como figura en todos los documentos. En algunos casos el obispo entregó a las parroquias regalos (de mucho menos valor) en compensación por la cesión, que de raso* se pueden interpretar como un intercambio de obras de arte.

*De raso: En absoluto.

En cuanto a los bienes en litigio, en su origen fueron 125 aunque algunos de ellos fueron perdidos por los depositarios con lo que el proceso sólo contempla la devolución de 111 piezas. Pertenecen a 43 parroquias aragonesas: Abenozas, Bafaluy, Buira, Capella, El Soler Erdao, Gabarret, Güel, La Puebla de Mon, Montanuy, Portaspana, Tolva, Torrente de Cinca, Ballobar, Roda de Isábena, Ardanué, Benavente de Ribagorza, Binaced, Caserras, Castillonroy, Centenera, Chalamera, Cirés, Egea, Entenza, Fraga, Iscles, Laguarrés, Merli, Monzón, Nachá, La Puebla de Fantova, Pueyo de Santa Cruz, Santaliestra, Sopeira, Tamarite de Litera, Torruella, Treserra, Valcarca, Villacarli, Zaidín, Castigaleu, Lascuarre y Morillo de Liena.

Esta lista de obras de arte incluye fundamentalmente pinturas, esculturas, fragmentos de retablos, arquetas, capas pluviales y casullas, además de una cruz procesional o un sagrario. De todas ellas las más valiosas son diez: la arqueta de Buira (Bonansa, siglo XV), el frontal de San Vicente de Treserra (Arén, siglo XV), el frontal de San Hilario de Buira (Bonansa, siglo XII), retablo de San Cristóbal (Santaliestra, siglo XV), retablo de San Antonio (Villanueva de Sigena, siglo XV), tabla de San Juan Bautista (Zaidín, siglo XV), tabla del nacimiento y epifanía de Binaced (siglo XV), escultura de la Virgen (Zaidín, siglo XIV), tabla de San Martín (Lascuarre, siglo XV) y tabla del Calvario (Tamarite de Litera, siglo XV). El resto de las piezas son de menor valor siendo las más sencillas copones, campanitas, candelabros, cálices, cajitas y un cortador de hostias, platos para candelabros, una concha de bautizar, etc.

Entre los argumentos históricos para no devolver los bienes religiosos de las parroquias aragonesas está que Aragón no hubiera sido competente a la hora de conservarlos. Una justificación despreciable, cuando se ha constatado que muchas de estas obras están en almacenes del museo ilerdense en unas condiciones deplorables. De hecho sólo 16 de las obras de arte están expuestas en el museo diocesano. Otra es decir que pertenecen a la “franja”, un territorio que no existe administrativamente y cuya identidad ha sido creada desde Cataluña con el afán colonizador de un territorio perteneciente indiscutiblemente a Aragón. Un argumento más agresivo supone decir que la petición de la vuelta de los bienes supone una declaración de guerra de Aragón a Cataluña, cuando en realidad lo único que se pide es la devolución de un conjunto de obras de arte de gran valor que se retienen en el museo de Lérida a pesar de las sentencias tanto eclesiásticas como civiles que obligan a su devolución inmediata. Queda claro que no existe ningún conflicto social y ello se demuestra por la buena relación histórica entre los vecinos de los pueblos situados a ambos lados de la frontera.


15 de junio de 1995

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En esa fecha la Santa Sede modifica los límites diocesanos con el fin de hacerlos coincidir con los límites provinciales. Así todas las parroquias aragonesas englobadas en la diócesis de Lérida pasan a pertenecer a la diócesis de Barbastro-Monzón. Con ello se solicita la vuelta de los bienes de dichas parroquias a la nueva diócesis. Una y otra vez desde la parte catalana se niegan a dicha devolución con diferentes argumentos y acciones: que forman parte de una colección indivisible en 1999, inclusión de los bienes aragoneses en un “catálogo de patrimonio cultural catalán” en 1999, creación del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal (formado por la Generalitat de Cataluña, Diputación Provincial de Lérida, Ayuntamiento de Lérida, Comarca del Segre y Obispado de Lérida) en 1999 y presentación en el año 2004 de actas notariales por el bispe Francesc Xavier Ciuraneta que no justifican la propiedad.

*Bispe: Obispo.

Las sentencias eclesiásticas dictadas a favor de la parte aragonesa no fueron cumplidas. El 8 de septiembre de 2005 hay un decreto de la congregación que ordena los bienes a las parroquias aragonesas. El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en septiembre de 2006 no admite los recursos presentados por la defensa catalana. El 28 de abril de 2007 se dicta el decreto definitivo que reconoce la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en Lérida y la obligación de su devolución. El 23 de diciembre del mismo año se redacta un comunicado para su lectura en las misas asumiendo las resoluciones de la Iglesia a favor de la diócesis de Barbastro-Monzón.

30 de junio de 2008

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Este día se firma el acuerdo en la sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid a la que asisten el Nuncio del Papa, Monteiro de Castro, el obispo Xavier Salinas de Lérida y el obispo Alfonso Millán de Barbastro-Monzón. En este tratado se determina que debe darse cumplimiento a los decretos eclesiásticos previos, reconociendo la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en el Museo de Lérida y la obligación de la entrega de los bienes. “Roma locuta, causa finita”, es decir, “Roma ha hablado, el caso está cerrado”. Esta expresión significa que el asunto había quedado zanjado por la autoridad incuestionable. Sin embargo el plazo dado de 30 días para la devolución de nuevo se incumple. El obispo está dispuesto a devolver los bienes, pero ahora la justificación es que el Museo de Lérida no quiere devolverlos.

El obispado de Barbastro-Monzón y el Gobierno de Aragón solicitan al Juzgado de Barbastro el exequátur en la causa. En mayo de 2010 es rechazada por el juez ya que considera que no es necesaria la intervención de la jurisdicción ordinaria y declara competentes a los tribunales eclesiásticos en la causa. Aunque la resolución sirve para recordar a la Iglesia el cumplimiento de su sentencia, ésta no se materializa. En la realidad no tiene una fuerza policial para hacer cumplir esta sentencia. El obispo no considera tampoco salirse del consorcio junto con los bienes diocesanos, y tampoco puede obligar al consorcio a la devolución de los bienes.

El 27 de octubre de 2010 tiene lugar la última reunión eclesiástica. En ella los obispos Joan Piris de Lérida y Alfonso Milián de Barbastro-Monzón ratifican el acuerdo de 2008 ante el Nuncio del Papa. Y manifiestan de manera conjunta el propósito de colaborar en el estudio, conservación y exposición de las obras de arte. Para ello acuerdan realizar copias de las obras, organizar exposiciones temporales en ambos territorios, solicitar el apoyo de las instituciones públicas para la conservación así como favorecer la difusión de este patrimonio. Por enésima vez no se cumplió dicho acuerdo.

Ante esta situación se decide recurrir a la Justicia civil con el fin de obligar no sólo al obispado sino también al museo, y por ende a todas administraciones que forman parte de su patronato, al retorno de los bienes. El incumplimiento de las sentencias judiciales podría incurrir en responsabilidades penales. Desde la parte catalana también mueven ficha y crean la Asociación de Amigos del Museo de Lérida. Esta entidad inicia el juicio civil contra el obispo de Lérida con el fin de que el obispado declare la propiedad de los bienes más valiosos. Mientras el obispado de Barbastro-Monzón confía su defensa al abogado Hipólito Gómez de las Roces, expresidente de la comunidad autónoma. La sentencia del juzgado de primera instancia de Lérida del 6 de septiembre de 2010 desestima las intenciones del obispo y ratifica todas las sentencias eclesiásticas previas.

En octubre del 2011 la Audiencia de Lérida niega la legitimidad de la Asociación de Amigos del Museo de Lérida a promover el bloqueo de los bienes en el museo. A ello le sucedió otra sentencia del Tribunal Superior de Cataluña el 22 de marzo de 2012 desestimando el recurso de casación presentado por la parte catalana.

Mientras tanto el Gobierno de Aragón cataloga los 111 bienes como Patrimonio Aragonés el 28 de enero de 2011. Esta decisión es recurrida por la Generalitat de Cataluña y el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida iniciándose un juicio contencioso-administrativo. El 26 de mayo de 2015 el Tribunal Supremo dicta sentencia a favor de la parte aragonesa. Anula la catalogación de los bienes como patrimonio cultural catalán ratificando la propiedad aragonesa. Deja claro que sólo se pueden catalogar como catalanes los bienes catalanes, y los bienes del litigio son aragoneses. Y también recuerda que las obras de arte deben volver a Aragón.

Con la intervención del abogado Joaquín Guerrero y el apoyo de un equipo profesional y de Alberto Gimeno, letrado de la DGA, se inicia un nuevo proceso judicial. El planteamiento de defensa sólo considera una salida al conflicto: únicamente es admisible la devolución a los legítimos propietarios sin la posibilidad de propiedad ni conservación compartida entre ambas diócesis. Se comienza con un acto de conciliación el 31 de octubre de 2017 al que se presenta el obispado de Lérida, pero no asisten representantes del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida. En dicho acto el obispo reconoce la propiedad aragonesa, el estado de depósito y ratifica la imposibilidad de ejecutar la devolución por impedimento del Consorcio.

Se avanza por la única vía posible, una demanda reivindicatoria interpuesta por la Diócesis de Barbastro-Monzón, en representación de las parroquias aragonesas, contra el Obispado de Lérida, depositario de las obras, y el Consorcio del Museo Diocesano Comarcal de Lérida, el cual impide la devolución. Se solicita que se condene al obispado y al consorcio a la devolución inmediata de los bienes, así como que paguen las costas del juicio. Mientras el Obispado de Lérida presenta una demanda reconvencional en la cual asume la propiedad de 23 bienes como aragoneses, pero reclama la propiedad de 88, los de mayor valor. Desde la parte catalana se continua con la táctica de retrasar al máximo el proceso judicial interponiendo excepciones procesales de poca consistencia tales como la litispendencia (imposibilidad de juzgar algo que todavía está pendiente resolución en otro juicio abierto), cosa ya juzgada, falta de legitimación, incompetencia territorial o incompetencia de jurisdicción. Todas ellas son desestimadas, recurridas por recursos de reposición y de nuevo desestimadas.

16 de diciembre de 2019

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En esta importante fecha se publica la sentencia del juzgado de primera instancia de Barbastro que condena a los demandados a la devolución inmediata de los 111 bienes en litigio desestimando la demanda reconvencional en la que el obispado de Lérida reclamaba la propiedad de parte de las obras. También condena a pagar las costas del juicio a los demandados. La decisión del juez ratifica la propiedad aragonesa al no haber aportado títulos de compraventa, permuta o donación que demuestre su propiedad por la parte catalana y que en todo momento permanecieron allí en depósito. La misma sentencia también concluye que los costes económicos de mantenimiento, conservación y restauración de las piezas son una obligación que debía cumplir el depositario provisional de los bienes. Incluso el juez reprocha la reclamación planteada por el Museo de Lérida en este aspecto, sin detallar las acciones en tareas de restauración ni los costes de las mismas.

En junio de 2020 se cumplen 25 años del largo conflicto de los bienes de las parroquias aragonesas en poder del Museo de Lérida. Sin embargo y a pesar de la sentencia judicial el obispado y el consorcio sigue dilatando el proceso. Su primera estrategia fue alegar errores tipográficos en la redacción de la sentencia, que fue desestimada ya que no afectaba al contenido de la resolución. Presentaron recurso de apelación de la sentencia a la Audiencia de Huesca, que han sido contestados por la parte aragonesa. Y también recurrieron en enero al Tribunal de Conflictos entre comunidades autónomas, que finalmente dejó en manos del juez la competencia de la devolución, y no en manos de la Generalitat como solicitaba la parte catalana.

17 de diciembre de 2020

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A finales de noviembre de 2020, el Obispado de Barbastro-Monzón y Gobierno de Aragón solicitaron la ejecución provisional de la sentencia ante el Juzgado número 1 de Barbastro. Un mes después, el 17 de diciembre la juez ordena la devolución de las 111 piezas, advirtiendo que en caso de incumplirse habrá multas coercitivas y mensuales además de responsabilidades penales por su incumplimiento. El traslado debe acometerse antes del 15 de febrero de 2021, siendo depositados en el Museo Diocesano de Barbastro y de manera que no se produzcan daños a las obras de arte. Ante la sentencia provisional la parte catalana podrá presentar recurso de casación ante la Audiencia de Huesca. Y en el caso de que vuelva a ser favorable a la parte aragonesa podrían presentar recurso de casación ante el Tribunal Supremo. La sentencia en firme puede llevar años de tramitación teniendo en cuenta que Cataluña va a agotar todas las vías a su alcance.

Sin embargo, tras el precedente en 2017 de los bienes de Sigena en el que los consejeros Lluís Puig y Santi Vila están siendo juzgados por desobediencia, parece que las autoridades catalanas han reaccionado en esta ocasión con menos soberbia. Entonces la Guardia Civil tuvo que intervenir en el Museo de Lérida para recoger 96 que retornaron al Monasterio de Sigena. En esta ocasión el traslado ha sido llevado a cabo en varias fases, incumpliendo los plazos marcado por la juez intructora, pero de manera voluntaria.

El 15 de febrero, último día para la devolución, se produjo el traslado de 23 piezas al Museo Diocesano de Barbastro. Se trataba de pequeños objetos de culto: candelabros, copones y hostiarios y una corona de latón de la virgen. Objetos de poco valor que nunca habían llegado a exponerse y que se encontraban despositados en los almacenes del museo leridano.

El 22 de febrero llegaron otras 5 piezas más. En este viaje llegaron dos retablos, un sagrario de madera dorada, restos de un artesonado y un talla de madera.  

El 5 de marzo tuvo lugar la tercera entrega. Fueron trasladadas 42 obras de arte. Se trataba de 27 casullas, dalmáticas y capas pluviales, procedentes de Roda de Isábena, así como 13 tablas góticas y 2 pinturas sobre telas. Coincidiendo con este día el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Barbastro desestimó las alegaciones catalanas, ratificando la sentencia y obligando a la devolución de las piezas.   

10 de marzo de 2021

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El punto y final a este largo proceso tuvo lugar el 10 de marzo de 2021, con la entrega de las 41 piezas restantes, las de mayor valor. Entre ellas el frontal de Teserra, la arqueta de Buira, el retablo de San Antón de Monzón, tablas del Nacimiento y la Epifanía de Binaced y la Virgen de Zaidín.

Casi 26 años se ha requerido para que las autoridades civiles y eclesiásticas catalanas devolvieran un conjunto de obras artísticas aragonesas depositadas en Lérida. Un proceso con un alto coste en el cual la parte catalana ha recurrido a todos y cada uno de las alegaciones posibles sin resultado alguno, ya que en todos los casos la justicia tanto eclesiástica como civil han dado la razón a Aragón. Por parte de Aragón las cosas se han hecho con mesura, paciencia y responsabilidad, demasiada vista la cantidad de manifestaciones y calumnias que hemos tenido que soportar a lo largo de este cuarto de siglo.

El camino está allanado para conseguir el objetivo de recuperar todas aquellas obras de arte que están despositadas en Cataluña de manera ilegal. En 2017 retornaron los bienes de Sigena y en 2021 han vuelto los bienes de las parroquias aragonesas del obispado Basbastro-Monzón. En un proceso ya muy avanzado está la futura devolución de las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sigena. Consideradas las más importantes del románico español, están expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Y acaba de comenzar un nuevo proceso para reclamar los bienes de las parroquias aragonesas del obispado de Huesca que formaron parte de la diócesis de Lérida hasta 1954. Se trata de  importantes obras de arte pertenecientes a las parroquias de Peralta de Alcofea, Berbegal y El Tormillo.  

Lo que Aragón pudo ser, y no fue

El origen de Aragón se remonta al siglo IX. Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al Reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas del condado de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 se añadieron los condados de Sobrarbe y Ribagorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.
Aragón fue creciendo avanzando hacia el sur. Ramiro I estableció la capital del reino en Jaca, siendo su fillo* el que le dotara de fueros y estableciese la sede episcopal. Su sucesor, Pedro I de Aragón fue el encargado de tomar Huesca tras la batalla de Alcoraz en el año 1096. El hermano del mismo, Alfonso I el Batallador tomó la importante ciudad de Saraqusta, convirtiéndose Zaragoza en la nueva capital del reino de Aragón en 1118. Este rey consiguió grandes avances en el territorio, doblando la superficie conquistando no solo territorios de la actual Comunidad Autónoma sino también de las actuales provincias limítrofes de Soria, Guadalajara, Tarragona y Castellón. Su ambición le llevó a realizar incluso una incursión de un año en tierras musulmanas llegando a Granada y Málaga, volviendo con mozárabes necesarios para la repoblación de las nuevas tierras aragonesas. Su muerte sin descendencia supuso una etapa de inestabilidad política, obligando a su hermano Ramiro II el Monje a reinar. Se perdieron parte de las tierras ocupadas. Tras el nacimiento de su hija Petronila y el emparentamiento de ella con Ramón Berenguer IV se consiguió continuar el avance militar sobre Al-Andalus. El hijo de ambos, Alfonso II de Aragón toma el castillo de Villel y toda la ribera del Guadalaviar en 1180, completando la toma de todas las tierras que forman parte de la actual Comunidad Autónoma de Aragón.

*Fillo: Hijo.

El Reino de Aragón y el condado catalán fueron el germen de la futura Corona de Aragón, a los que se añadieron por la conquista de los territorios musulmanes los Reinos de Valencia y Mallorca, lo que limitaron su crecimiento territorial del reino aragonés por su parte más oriental. Más tarde se incorporaron los Reinos de Sicilia, Córcega, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria, llevando a su máximo apogeo esta expansión marítima. Durante los siglos en los que se fueron forjando los territorios del actual Aragón las fronteras fueron fluctuando producto de las continuas luchas con los reinos cristianos de Navarra y Castilla, así como con las taifas musulmanas. Pero hay muchos territorios que actualmente no forman parte de Aragón, que en su día lo fueron y que por diversas circunstancias dejaron de serlo.

Condado de Ribagorza

Con respecto al Condado de Ribagorza, éste pasó a manos de Sancho III el Mayor de Pamplona en el año 1018. Su hijo Gonzalo lo recibe en herencia en 1035, y diez años después tras su muerte este condado junto con el de Sobrarbe pasan a su hermano Ramiro, dando lugar al Reino de Aragón. Incluían los territorios formados por los valles del Ésera, Isábena y Noguera Ribagorzana, que se corresponden más o menos con las actuales comarcas de Ribagorza en Aragón, y Alta Ribagorza en Cataluña. Así se mantuvieron (con excepción de algunos pequeños periodos) hasta el establecimiento definitivo de la frontera entre Aragón y Cataluña mediante el río Noguera Ribagorzana en el año 1322.

Valle de Arán

Antes de la formación del reino de Aragón, el valle de Arán estaba vinculado al Condado de Ribagorza. Con la creación del reino este valle se incorporó a los dominios de Ramiro I. Precisamente en el ejercicio de su reinado Pedro I de Aragón falleció en 1104 en el valle de Arán. Durante los siglos XII y XIII el valle pirenaico cambió de manos entre los condes de Bigorra, condes de Cominges y los reyes de Aragón. Entre 1298 y 1313 fue integrado provisionalmente en el reino de Mallorca. En ese último año fue reintegrado al reino de Aragón por Jaime II el Justo, dotándolo de instituciones propias. Tras el Compromiso de Caspe, en 1412, la Generalitat de Cataluña emitió un decreto que lo incorporaba al Principado de Cataluña. Después de tres siglos de pertenencia a Aragón de forma no continuada el valle de Arán dejó de serlo.

Reino de Pamplona

El rey Sancho Garcés IV de Pamplona, hijo de Sancho III el Mayor, fue asesinado en 1076 durante una cacería, siendo arrojado a un precipicio en Peñalén por su hermano Ramón. Ante el vacío de poder Castilla y Aragón aprovecharon la situación para ocupar su territorio. El rey castellano tomó lo que ahora es el País Vasco y La Rioja. El rey aragonés Sancho Ramírez ocupó la mayor parte de las tierras de la actual Comunidad Foral de Navarra, proclamándose rey de Pamplona alegando derechos dinásticos con el visto bueno de la nobleza navarra. En 1087 Sancho Ramírez firmó varios tratados con Alfonso VI sobre las fronteras entre Navarra y Castilla para asegurarse un frente ante la presencia almorávide. Con ello se quedó el aragonés sólo con el Condado de Navarra, que comprendía Tafalla, Estella y Pamplona. Durante cincuenta y ocho años estos territorios permanecieron vinculados a Aragón. La muerte de Alfonso I el Batallador sin sucesor deja el reino en manos de las órdenes militares. Los nobles navarros deciden investir como rey de Pamplona a García Ramírez el Restaurador en 1134, dejando de ser aragonesas las tierras navarras.

Navarra, La Rioja y Soria

Con el avance imparable de las tropas de Alfonso I el Batallador, siendo rey de Aragón y Pamplona, fueron conquistadas tierras a los musulmanes pertenecientes actualmente al sur de Navarra, La Rioja y Soria. Entre 1109 y 1114 Soria fue repoblada por el rey aragonés. Un año después de la toma de Zaragoza, fueron reconquistadas a los musulmanes las localidades de Tudela, Ágreda y Alfaro. Tudela fue tomada el 1 de agosto de 1119. Se permitió a musulmanes y judíos mantener sus dreitos* y religión con la condición de trasladarse a vivir a extramuros de la ciudad. Ágreda fue tomada en 1119 por tropas aragonesas y francesas lo que dio lugar a una repoblación con los cruzados franceses. Alfaro también fue tomada por el rey aragonés, reconstruyendo las murallas y haciendo un primer reparto de aguas. Hacia el año 1129 conquista el valle alto del Jalón, con la localidad de Medinaceli.

*Dreitos: Derechos.

Estas tierras fueron reconquistadas en nombre del Reino de Aragón, pero sólo fueron aragonesas durante unos años. Se perdieron definitivamente con motivo de la muerte de Alfonso I el Batallador. Entonces el reino de Pamplona que se disgregó de nuevo y la tensión fue aprovechada por Alfonso VII para engrosar el resto de estas tierras al reino de Castilla.

Molina de Aragón

También Alfonso I el Batallador reconquistó tierras de Guadalajara en su avance contra los sarracenos. En el año 1129 tomó la importante plaza de Molina de Aragón, aunque estas tierras fueron repobladas por los castellanos. Las disputas entre ambas reyes por este territorio se solucionaron aceptando la creación del señorío de Molina. Su regente, Manrique Pérez de Lara, hizo de mediador sellándose la concordia de Carrión en 1137. Fue independiente de Castilla y Aragón durante siglo y medio y poseyó fuero propio. A partir de 1321 pasa a formar parte de la Corona de Castilla. Durante la guerra de los Pedros, entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla, fallece el rey castellano en 1369. Enrique de Trastámara le sucede y decide entregar el señorío de Molina al monje francés Bertrand du Guesclin. Los molinenses no aceptaron a su nuevo señor y se entregaron a Pedro IV de Aragón. Durante seis años perteneció a Aragón, volviendo de nuevo al poder castellano en 1375 con la firma de la Paz de Almazán. Con motivo de este periodo de la historia de Molina de los Caballeros pasó a llamarse Molina de Aragón, así hasta nuestros días.

Marquesados de Tortosa y Lérida

Tras la muerte de Alfonso I el Batallador sin descendencia su testamento otorgaba el reino a las Ordenes de los Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro de Jerusalén. Los nobles aragoneses llegaron al acuerdo de que reinase su hermano Ramiro II el Monje. Con el nacimiento de su hija Petronila de Aragón en 1136 se garantizaba la sucesión dinástica. Un año después se decidió el casamiento con Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, que se hizo cargo del gobierno del reino como Príncipe de Aragón. Éste reanuda las conquistas militares de tierras musulmanas. El enlace matrimonial se formalizó en 1150, al cumplir Petronila los 14 años.

Ramón Berenguer IV conquistó las plazas de Tortosa, Lérida y Fraga, ésta última donde fracasó Alfonso I el Batallador. El objetivo era unir el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona. Tortosa fue tomada en 1148. En el asedio participaron tropas aragonesas y catalanas, a las que se sumaron una flota fluvial con contingentes de Montpellier y Génova. Con los nuevos territorios se creó el Marquesado de Tortosa. Un año después, el 24 de octubre de 1149 cayeron las plazas de Fraga y Lérida, en el mismo día. La ciudad de Lérida fue tomada por las tropas de Ramón Berenguer IV y el conde Ermengol VI de Urgell. Con ello se creó el Marquesado de Lérida con la ciudad y las tierras limítrofes conquistadas.

El motivo de la creación de ambos marquesados se debe a la situación geográfica, en territorios que estaban en la frontera del reino (marca del reino). No se dejó claro con la conquista de ambas zonas si éstas formaban parte del Reino de Aragón o del Condado de Barcelona. Tampoco ni las tropas que participaron en la conquista de cada ciudad ni el origen de gente que las repobló clarifican una posesión clara. Por ello simplemente fueron un territorio conquistado más, bajo el título de un marquesado. Ramón Berenguer IV a partir de entonces se convierte en Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón y Marqués de Tortosa y Lérida.
Después se sucedieron las disputas entre aragoneses y catalanes por los nuevos territorios, solicitados desde las cortes de ambos territorios interpelando a los respectivos reyes, que adoptaron las diferentes imposiciones según las circunstancias políticas. Así se puede decir que la frontera entre Aragón y Cataluña fluctuó entre los ríos Cinca y Segre. En el año 1300 Jaime II aprobó en las Cortes celebradas en Zaragoza la pertenencia a Aragón del antiguo Condado de Ribagorza, incluidas las tierras catalanas, mientras Fraga se mantuvo en manos catalanas. En el año 1322 se estableció definitivamente la frontera mediante el río Noguera-Ribagorzana. En cuanto a Fraga, a pesar de la complejidad de los documentos se puede considerar que pasó a manos aragonesas a lo largo del siglo XIV.

Occitania

Al otro lado de los Pirineos se encontraba un vasto territorio conocido como Occitania y que se corresponde en gran parte con la actual región de Mediodía francés. Estas tierras estuvieron divididas en multitud de condados y vizcondados interrelacionados por multitud de acuerdos feudales entre los que se firmaban alianzas según los intereses del momento. Tras la unión de los territorios aragoneses y catalanes, en el siglo XII, la Corona de Aragón tuvo en crecimiento espectacular. Al norte de la coordillera pirenaica ambos tenían vasallos gracias a los enlaces matrimoniales que se habían llevado a cabo. Alfonso II de Aragón poseyó los condados de Rosellón y Provenza. Además buena parte de los condes y señores de la Occitania eran vasallos suyos. Su hijo, Pedro II de Aragón, mantuvo la influencia y posesiones al otro lado de la cordillera pirenaica. Se casó con María de Montpellier incorporando este señorío a la Corona de Aragón. En el siglo XIII toma fuerza la llamada herejía cátara, conociéndose sus seguidores como albigenses (de la ciudad Albí perteneciente a los condes de Tolosa). El papa Inocencio III denunció esta situación y como no se resolvió animó a los reinos cristianos a acudir en una cruzada contra Toulouse. Esta situación es aprovechada por Felipe II de Francia para avanzar hacia el sur de Francia. Las partes se enfrentaron en la batalla de Muret en el año 1213. Al otro lado estaban Pedro II de Aragón, apoyado por sus vasallos y aliados Raimundo VI de Tolosa, Bernardo IV de Cominges y Raimundo Roger de Foix. El triunfo de las fuerzas francesas dejó numerosas bajas en las tropas aragonesas y occitanas, entre ellas la muerte del rey aragonés. A partir de este momento la expansión aragonesa se dirigió hacia Valencia y las Islas Baleares.

Reino de Valencia

Los inicios del reinado de Jaime I el Conquistador fueron complicados con la nobleza aragonesa. En el año 1224 los nobles lo llegaron a encarcelar. Un nuevo alzamiento tuvo que solucionarse con la intervención del obispo de Tortosa y la firma de la Concordia de Alcalá en 1227 que apaciguó a nobles y obispos. Al mismo tiempo que los nobles catalanes solicitaron la toma de Mallorca, los aragoneses pidieron al rey la toma de las tierras valencianas en una reunión en Lérida. En el año 1231 el noble Blasco de Alagón y Hugo de Folcalquier, maestre de la Orden Militar del Hospital se reunieron en Alcañiz para diseñar el plan de ataque. En 1232 se toma el importante bastión de Morella. Un año después cayeron Burriana, Peñíscola y Castellón. Finalmente en el año 1238 tuvo lugar la capitulación de la ciudad de Valencia. Avanzaron las tropas aragonesas hacia el río Júcar tomando Alcira en 1242. Desde 1243 a 1245 se alcanzaron los límites firmados entre el Alfonso X de Castilla y Jaime I el Conquistador. En el Tratado de Almizra de 1244 se marcó la línea entre Biar y Villajoyosa como límite entre Aragón y Castilla para las tierras tomadas a los musulmanes.
Sin embargo la ansiada oportunidad histórica de poder ampliar el Reino de Aragón hasta el mar Mediterráneo fue truncada por Jaime I el Conquistador. Su decisión de crear el Reino de Valencia con las nuevas tierras conquistadas provocó fuerte indignación entre la nobleza aragonesa. Primero les otorga el Fuero de Aragón y finalmente en 1239 se elaboró la primera redacción de los Fueros de Valencia, lo que supuso la existencia legal del nuevo reino con un marco jurídico y legislativo propio.

Desde el siglo XV Aragón quedó delimitado por unas fronteras que prácticamente no han variado hasta nuestros días. Un territorio perfectamente definido desde hace más de seis siglos, y que surgió como reino independiente en el siglo XII. Un historia escrita y documentada que convierte a nuestra tierra en uno de los estados más importantes y con mayor historia de toda Europa.

Ibón de Escalar, kilómetro cero del río Aragón

El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales el vasco ha recibido numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón. Con el avance de la reconquista se tomaron las tierras que dieron lugar a Aragón. Más adelante se creó la Corona de Aragón, producto de la confederación de varios reinos y condados que llevaron el nombre de Aragón recorriendo el Mar Mediterráneo hasta el mismo Partenón de Atenas, en Grecia.

El río Aragón dio nombre al condado, reino, corona y actual comunidad autónoma, una tierra con entidad propia desde hace doce siglos hasta la actualidad. Es el segundo afluente más caudaloso del Ebro, después del Cinca, y nace en el ibón de Escalar. En sus inicios se le incorporan las aguas del barranco de Astún y de varios arroyos, conformando el valle de Astún. Este pequeño valle de alta montaña pertenece paradójicamente al término municipal de Jaca, a pesar de estar situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. El Puerto Astún pertenece a Jaca por lo menos desde el siglo XIV. En esta época se llegó a un acuerdo con el valle del Aspe para el aprovechamiento común de este valle y de terrenos comunales del valle francés bajo unas determinadas normas. Este tratado se mantuvo entre ambos valles incluso en épocas políticamente inestables entre ambos países. En la actualidad todavía se siguen celebrando arrocladas* para ratificar estos acuerdos de manera festiva. El valle limita al sur por el Pico La Raca (2.277 m), al este por la Punta Mala Cara (2.268 m) y por el Pico de Astún (2.283 m). Al norte haciendo frontera con Francia se alzan la Punta del Escalar (2.283 m), el Pico Escalar o Pic de Belonseiche (2.297 m) y el Pic Bénou (2.267 m).
*Arroclada: Reunión.

Debido a las buenas condiciones meteorológicas el ayuntamiento de Jaca promovió el establecimiento de una estación invernal, gracias al empeño de un grupo de pirineístas, entre los que se encontraba Santiago Marraco y José Manuel Pantoja. En diciembre de 1976 se puso en marcha la Estación de Astún. Ocupa terrenos situados entre los 1.700 y los 2.300 metros de altitud. La Casa de Astún, bloque en forma de pirámide, fue durante muchos años el único edificio. En él había apartamentos, dependencias de la estación y un pequeño comercio. Posteriormente se fue ampliando la oferta hostelera con más apartamentos. En cuanto a las instalaciones propias para el esquí alpino, cuentan con 16 remontes y 50 kilómetros de pistas balizadas.

La construcción de la estación de esquí ha supuesto un gran impacto medioambiental en un ecosistema de alta montaña, en el fondo de un precioso valle pirenaico. A pesar de que no se trata de una gran estación, sus edificios alcanzan una docena de plantas, ocupando una superficie de 10.000 m2. Su tono rojizo contrasta con el verde de sus laderas, salpicadas por arbolado en el costado norte. Mayor afección suponen las áreas de aparcamiento, ya que no existe una alternativa al automóvil o autobús para acudir a este enclave, con el consiguiente efecto de contaminación y de ruido. Ocupan una superficie de 4 hectáreas de superficie y la mayor parte del mismo se disponen a cielo raso. Y para acondicionar toda esta superficie de asfalto fue necesario cubrir parte de las galoxas* que descienden de los ibones de Escalar y Astún, cuyas aguas se unen bajo los aparcamientos, y que discurren ocultas 600 metros hasta abandonar las instalaciones. Pero el mayor daño medioambiental fue la construcción de los numerosos kilómetros de pistas que surcan las laderas del valle, acribilladas por los postes de los remontes, los postes de tendidos eléctricos, los puntos de innivación artificial, así como de otras pequeñas construcciones. Una realidad oculta por el rendimiento económico para el valle y disfrute de los esquiadores que se deslizan por sus laderas en invierno cuando hay nieve, unos cuatro meses al año. El resto del año el precioso manto blanco deja paso al degradante aspecto de unas instalaciones vacías y sin prácticamente actividad.
*Galoxa: Arroyo.

El ascenso hasta el nacimiento del río Aragón es una excursión clásica. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, hay que aproximarse al arranque de la senda. Ésta parte junto al desagüe donde se introducen las cristalinas aguas del barranco de Escalar en el túnel que atraviesa las instalaciones. Un sendero con pronunciado desnivel en su primer tramo y que discurre cerca del cauce. Tras unos veinte minutos la pendiente se suaviza y se atraviesa una zona cubierta por pastizales salpicados de flores. Más adelante el ascenso se vuelve más acentuado, a la vez que el cauce se encaja en un tramo más angosto con sucesivos saltos. Tras una hora de caminata se alcanza la cuenca donde se asienta el Ibón del Escalar, también conocido como Ibón de las Ranas. Sus aguas turbias y anaranjadas son debidas a la presencia de oxido de hierro disuelto en sus aguas, en claro contraste con las praderas tapizadas de color verde a su alrededor. La lámina de agua está a 2.078 metros de altitud. Ocupa una superficie de 3,6 hectáreas y su profundidad no supera los tres metros. En su extremo derecho, en alto, termina una pista que sirve de conexión con el segundo ibón. Poco más de un kilómetro sin desnivel que ofrece una vista amplia de las cumbres que bordean el valle de Astún y la zona de Candanchú, así como otros vértices más altos, el Pico Anayet y el Pico Aspe. Se alcanza el final del telesilla de los Lagos, a donde se puede ascender desde la estación de Astún en verano. A escasos metros se divisa a una cota inferior el Ibón de Astún, también conocido como Ibón de Astún. Se asienta a 2.144 metros de altitud. Con una superficie de 2 hectáreas, cuenta con una profundidad de casi cinco metros. El nombre hace referencia a las truchas que lo habitan debido a su introducción para la pesca, que amenazan el hábitat original de este lago pirenaico. Sus aguas alimentan el cauce del barranco de Astún que junto a las del barranco de Escalar dan forma al joven río Aragón.

Chodes, doce lados tiene su plaza

El río Jalón, el mayor afluente del Ebro por su margen derecha, nace en tierras castellanas y recorriendo Aragón conduce sus aguas al valle del Ebro. En el tramo medio debe atravesar el Sistema Ibérico dando lugar a un trazado agreste y sinuoso, conocido como las Fozes* del Jalón. Enclavado en este paisaje está Chodes, junto a una de las vegas más amplias de esta zona montañosa, lo que favorece el cultivo de frutales.

*Foz: Hoz, desfiladero.

Sin embargo su asentamiento fue otro hasta tan sólo trescientos años. El origen estuvo en una fortaleza situada en la peña de Lodos, a un kilómetro de distancia del actual enclave. Desde este punto estratégico se controlaba el estrecho valle del río Jalón. La primera cita documental del castillo se remonta al año 1131. Alrededor de la fortaleza se forjó una pequeña población, que en 1495 contaba con 17 fuegos o familias. La población era fundamentalmente morisca, quedando muy mermada tras el decreto de expulsión de los moriscos en 1610. En cuanto a la construcción defensiva, se ubica en un peñasco de difícil acceso, de forma ovalada con 30 metros de eje mayor. De su estructura sólo se conservan restos de una torre cuadrada, en el lado que mira al río, así como de pequeños lienzos de la muralla.

En el siglo XVII el antiguo pueblo estaba en una situación decadente. Viviendas en mal estado y con escasos vecinos situados lejos de las tierras de cultivo lo que hacía peligrar la población. El Conde de Morata, Francisco Sáenz de Cortes decidió construir un pueblo de nueva planta en la vega, en la partida de Capurnos. Para ello contrató al arquitecto Juan de Marca, el cual también estaba llevando a cabo la obra de su palacio situado en Morata de Jalón, a menos de dos kilómetros de distancia. Entre 1675 y 1681 se levantó por el mismo arquitecto el puente de Capurnos, que servía para salvar el río Jalón y comunicar ambas localidades. En el año 1676 se firmaron los documentos para llevar a cabo la obra de la plaza, y dos años después ya estaba terminada. Se trata de un conjunto urbanístico de gran importancia, tanto por su diseño planificado previamente como por su singularidad. En el año 2001 fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico.

La plaza de Chodes tiene forma poligonal de doce lados. Ocho de ellos son iguales y los cuatro restantes ligeramente más largos. En su perímetro interior se encajan las fachadas de las 24 viviendas formando un puzzle perfecto y armónico. Cada uno de los lados se corresponde con dos viviendas, excepto los lados mayores que albergan dos viviendas y un pasadizo que sirve de acceso al interior. Estos pasos se ubican en disposición ortogonal. Todos ellos menos uno, cuyo espacio se reservó inicialmente para albergar la iglesia parroquial. Estos accesos se abren con arcos de ladrillo tanto al interior como al exterior, ocupando dos tercios de la altura de los edificios, lo que permite un espacio habitable entre el arco y el tejado. Los pasadizos se cubrían con bóveda de lunetos, cuya estructura sólo se conserva en uno de ellos, siendo los restantes cubiertos por techumbre. Los dos accesos enfrentados, fueron durante muchos años el paso de la carretera autonómica A-2302 que conecta Morata de Jalón con el valle del río Isuela. Afortunadamente en el año 2021 se puso en marcha la travesía que evita el paso del tráfico rodado por la plaza, en especial de los camiones de alto tonelaje. Su volumen fue motivo de desperfectos de manera habitual en los arcos de ladrillo de los pasos. El tercer acceso conduce a la huerta. Tiene la singularidad de contar con un sencillo frontón triangular con un óculo central. Se ubica en la fachada interior, rompiendo la línea del tejado. Enfrentado a éste se alza la iglesia de San Miguel.

El diseño planteaba 24 viviendas de similares características, y para ello se tomó como patrón la vivienda que Juan de Yarza tenía en Morata de Jalón, uno de los técnicos que participó en la construcción de la obra. Contaban con dos alturas, acceso de arco de medio punto, balcón y pequeños ventanucos en la parte alta. Su fachada está delimitada por pilastras de ladrillo desde el suelo hasta el tejado, rematadas con bolas de piedra decorativas. Los tejados se cubren a dos aguas, unidos entre sí, y dando lugar a la misma forma poligonal. Al interior todas tenían la misma configuración, contando con las estancias, chimenea, bodega y corral.

La estructura planteada inicialmente se ha conservado casi en su totalidad. Sólo dos de las viviendas fueron ampliadas en altura con dos solanares*, rompiendo la línea del tejado. Curiosamente las dos bolas situadas en el tejado fueron recolocadas en la parte baja de la fachada, a ambos lados del acceso a una de las viviendas. Otra modificación fue la conversión de una de las viviendas en el ayuntamiento de la localidad. En su fachada luce reloj y sobre el tejado un pequeño campanil. Finalmente, y con el paso del tiempo, han sido modificados los vanos de buena parte de las viviendas, adaptándolos al uso de las viviendas y de sus propietarios. En la planta baja es donde son más evidentes estas modificaciones, con las puertas de las viviendas y las cocheras. Destacan otros detalles como dos relojes de sol, uno de ellos sobre uno de los arcos de acceso, y el otro en la vivienda contigua a la iglesia.

*Solanar: Solana, galería orientada al sol.

En cuanto a la iglesia de San Miguel, no se sabe exactamente el año de su construcción. Su estrecha fachada de ladrillo cuenta con portada de arco de medio punto elevada respecto a la plaza, a la que se accede por una sencilla escalinata. Encima una hornacina y más alto un óculo. Sobre el tejado y alineado con la fachada se alza la torre, con dos arcos de medio punto cegados, y en la parte alta dos más que albergan las campanas. Se culmina con un sencillo frontón triangular. En el  interior se compone de una nave cubierta con bóveda de lunetos, capillas entre los contrafuertes y cúpula sobre el crucero. La cabecera es plana.

Una de las peculiaridades de esta plaza es la celebración de una de las carreras de pollos más famosas de Aragón. Cada año, para las fiestas de San Miguel a finales de septiembre, se celebra esta carrera popular que se remonta documentalmente al año 1907, pero que se celebraría ya en el siglo XIX. Conocida como el “Mundial del Pollo”, debe su nombre al premio que inicialmente se daba en este tipo de carreras, tres pollos al ganador, dos para el segundo, uno para el tercero y una cebolla para el último clasificado. Después fueron sustituidos por premios en metálico. La prueba consiste en completar 120 vueltas a la plaza, realizando entre 10 y 11 kilómetros. La pista discurre entre las fachadas de las viviendas y los alcorques de los árboles. De manera previa se celebra una carrera para corredores menos experimentados de 60 vueltas. La prueba deportiva es amenizada por una banda de música que interpreta melodías tradicionales de carreras de pollos. Y para dar más emoción a la carrera se ofrecen primas, premios a mitad de la prueba, que suponen un aliciente y un complemento a los premios finales.

Entre los corredores que han participado en la prueba cabe destacar la presencia de Mariano Haro (campeón de España de diferentes especialidades), Fermín Cacho (campeón olímpico en 1500 metros) y de Abel Antón (doble campeón  mundial de maratón) que quedó segundo en el año 1985. En el año 2017 se homenajeó a éste último y se le dedicó uno de los arcos de la plaza. El récord lo posee el corredor marroquí Said Aitadi con 35 minutos y 2 segundos, marca conseguida en la carrera de 2011. El mismo corredor ha ganado la prueba en numerosas ocasiones.

Ramón y Cajal, de ruta por Aragón hacia el Nobel

Ramón y Cajal fue un médico y científico que se especializó en la histología y anatomía patológica. Asentó las bases de la historia moderna de la neurociencia, cuyos conceptos científicos siguen todavía vigentes hoy en día. Por todo ello Cajal es considerado el padre de la neurociencia moderna. Desde niño tuvo la mente abierta, siendo travieso y muy activo. Aficionado a la lectura tuvo una gran capacidad para el dibujo y la pintura. A pesar de no poderse dedicar de pleno a esta faceta artística, entre otras cosas por la oposición de su padre, pudo desarrollar esta habilidad innata en su actividad profesional como médico e investigador. En su juventud y adolescencia desarrolló afición a la montaña y al contacto con la naturaleza. Pero también destacó por su faceta como escritor y fotero*.
*Fotero: Fotógrafo.

Su nombre completo fue Santiago Felipe Ramón Cajal, aunque él usaba Santiago Ramón Cajal. Fue universalmente conocido sin embargo como Santiago Ramón y Cajal, con la unión de los dos apellidos para distinguir su primer apellido de un hipotético segundo nombre de pila, práctica generalizada y legislada en España en el siglo XIX. Otra de las curiosidades hace referencia a su origen. El 1 de mayo de 1852 nació en Petilla de Aragón, una pequeña localidad de Navarra. Este núcleo perteneció al reino aragonés desde el siglo XI, pero pasó a manos navarras tras el incumplimiento de un préstamo de Pedro II de Aragón a Sancho VII el fuerte de Navarra. Desde 1209 su término municipal es una isla geográfica navarra en medio de territorio aragonés. Santiago Ramón y Cajal sólo vivió allí sus dos primeros años de vida, debido al destino como médico-cirujano de su padre, Justo Ramón Casasús. Él siempre se sintió aragonés tanto por la procedencia de sus padres, Justo y Antonia, naturales de Larrés (Huesca), como por su educación familiar y la vida en tierras aragonesas buena parte de su vida.

En el año 1854 se trasladan a Larrés, donde fue destinado su padre. Se trasladaron por la ilusión paterna de ejercer la medicina en su pueblo natal. Los bisabuelos de Cajal procedían de los pueblos cercanos de Isín, Larrés, Aso de Sobremonte, Acumuer y Senegüé, lo que jusfifica sus orígenes propiamente aragoneses. Allí nació también su hermano Pedro. Su estancia fue corta debido a unas desavenencias de su padre con el ayuntamiento.

Al año siguiente la familia se fue a Luna, donde ejerció su padre durante un año.


Y en 1856 el nuevo destino de su padre será Valpalmas, donde permanecen hasta el año 1960. Cuatro años de estancia en los que comenzó su aprendizaje y su pasión por la naturaleza.

Su plaza de médico rural les obliga a trasladarse a Ayerbe. En esta población termina su primera enseñanza. Sus estudios de segunda enseñanza los cursa en los Escolapios de Jaca y en el Instituto de Huesca, volviendo en las vacaciones escolares al pueblo. Su rebeldía y condición de mal estudiante hace que su padre lo ponga de aprendiz de zapatero dejando temporalmente sus estudios en 1866. Finalmente en 1869 obtiene su título de bachiller.

En el mismo año se trasladó a Zaragoza al obtener su padre la plaza de profesor de Disección y Osteología en la Escuela Libre y Regional de Medicina. A la vez su hijo inicia sus estudios universitarios de Medicina. Su padre ya le había iniciado en el estudio de la disección unos años antes en Ayerbe, con el robo de calabres* del cementerio. En Zaragoza le acompañaba en sus trabajos de disección en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Una vez licenciado en junio de 1873 fue llamado para cumplir con el servicio militar obligatorio. En unos meses obtiene plaza en el Cuerpo de Sanidad Militar siendo destinado a Lérida. Un año después asciende a capitán y marcha a Cuba. Su ideal aventurero atraído por los paisajes tropicales choca frontalmente por la realidad del país dominada por el caos administrativo y las enfermedades debido a las condiciones insalubres de su destino, que le hacen contraer el paludismo. Su situación de gravedad le obliga a solicitar la licencia para volver a España en 1875, en un estado grave de deterioro físico. Cuidado por su madre y hermanas logra recuperar la salud y retoma la actividad académica como profesor en la Universidad de Zaragoza. Con sus ahorros Cajal se compra un microscopio con el que acondicionó su propio laboratorio donde inició sus investigaciones histológicas. Sus habilidades artísticas le permiten dibujar con todo lujo de detalles lo que veía a través del instrumento óptico. Y comienza a elaborar un álbum fotográfico que es utilizado posteriormente para el aprendizaje en la Universidad de Zaragoza, así como para demostrar sus investigaciones científicas. En el año 1879 contrajo matrimonio con Silveria Fañanás en la iglesia de San Pablo de Zaragoza, estando ausentes sus padres no conformes con este enlace. Tuvieron siete hijos: Santiago, Felina, Pabla Vicenta, Jorge, Enriqueta, Pilar y Luis. En el año 1885 con motivo de epidemia de cólera que castigó especialmente a Zaragoza, la Diputación de Zaragoza le regala un microscopio de alta calidad y le encarga un estudio sobre el bacilo causante de la enfermedad. Sus investigaciones no trascendieron aunque fueron anteriores al desarrollo de una vacuna unos años después por dos médicos americanos.
*Calabre: Cadáver.

En lo profesional trabajó como médico y ocupó cátedras en universidades de Valencia, Barcelona y Madrid. El año 1888 fue clave en su desarrollo como investigador. Entonces descubrió los mecanismos de conexión entre las neuronas determinando que eran células independientes cuya relación daba lugar a los impulsos nerviosos. Al año siguiente su teoría de la “doctrina de la neurona” fue aceptada en un congreso científico en Alemania. A partir de entonces comienza su reconocimiento internacional. En el año 1892 se traslada a Madrid y en 1901 establece un Laboratorio de Investigaciones Biológicas. En el año 1906 le llega el reconocimiento más importante de su vida, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Uno de los ocho españoles que han logrado este galardón, siendo el único aragonés. El premio fue compartido con Camillo Golgi. Gracias al método desarrollado por el científico italiano se podían teñir las neuronas y así poder conocer su forma exacta. Se da la paradoja de que el descubrimiento de Cajal demostró que la teoría sobre las neuronas de Golgi no era cierta, determinando así que el tejido cerebral está compuesto por células individuales. Tras abandonar la docencia universitaria, en 1922 funda el Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, en el cual estuvo trabajando hasta su fallecimiento el 17 de octubre de 1934. Cuatro años antes le había dejado su mujer, lo cual supuso un importante golpe afectivo.

Además de sus investigaciones, trabajó intensamente en vida como docente para que su labor fuera continuada por los alumnos. A su muerte dejó cuatro legados de 25.000 pesetas cada uno para fomentar los estudios en la Universidad de Zaragoza. Legó un importantísimo fondo documental compuesto por documentos, dibujos y pinturas científicas, preparaciones histológicas y fotografías realizadas a lo largo de su carrera profesional. Entre ellos cabe destacar las 2.900 ilustraciones de sistema nervioso. Verdaderas obras de arte dibujadas a lápiz y pintadas con tinta india, que reflejan con exactitud la complejidad de las estructuras cerebrales. Todo ello está depositado en el Instituto Cajal, con sede en Madrid, que conserva el legado Cajal para ser visitado previa solicitud. Parece mentira que a pesar de la transcendencia internacional de sus investigaciones, todo ello esté guardado en un pequeño espacio. Sin duda alguna queda la asignatura pendiente de crear un museo para poder divulgar de manera permanente estos valiosísimos materiales, y facilitar la interacción con el mundo académico para poder realizar investigaciones, trabajos, tesis doctorales, cursos, conferencias y reuniones científicas.

Un molino de viento, el caballo de Troya de Malanquilla

El despertar de Malanquilla comenzó en el año 1975 con motivo de la renovación de las cubiertas de la iglesia parroquial mediante suscripción popular, lo que dio lugar a las primeras apariciones en los medios de comunicación. La unión de los vecinos ya había sido fundamental en la construcción del almacén de grano en 1954 y el cementado de la plaza en 1955. Pero el azar quiso que el 26 de julio de 1976 tuviera lugar un hecho que marcó la historia reciente de la localidad. Seis jóvenes de entre 9 y 18 años que pasaban el verano en el pueblo avistaron un ovni en el paraje del Aguadero, a siete kilómetros del casco urbano. A plena luz del día quedaron sorprendidos por un objeto cuyo centro era de color rojo, con dos platos unidos que giraban y destelleban brillos amarillos. Llegó a gran velocidad, se detuvo sobre ellos y después se fue rápidamente. Nunca se supo de qué se trataba, pero eso es lo dijeron que habían visto. La noticia saltó a los medios de comunicación de manera fulminante, y ello puso a Malanquilla de actualidad. A la vez salió a la luz su decadencia económica pero también su valioso patrimonio artístico. La difusión nacional e internacional animó a estos jóvenes a dinamizar la vida cultural de Malanquilla. El monumento más singular, su molino, se convirtió en su caballo de Troya en esta lucha por la recuperación del pueblo. En unos meses se consiguió que su dueño lo donase al ayuntamiento. Para conseguir su objetivo contactaron de manera directa con los responsables de los museos provinciales de Zaragoza y Soria, Museo de Arqueología Nacional, Museo del Prado, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como la Diputación de Zaragoza, el Obispado de Tarazona y hasta la Embajada de Méjico.

A finales de 1976 surgió la idea de crear una Patrulla de Rescate, para formar parte del programa escolar “Misión Rescate” de Radio Televisión Española en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Artístico. Al mando de su capitán, el profesor Miguel Velilla, le acompañaban Antonio, José María, Javier, Enrique, Marcelino y una veintena de componentes más. La Patrulla núm. 26 “Ciudad de Malanca” aparecía todos los sábados en RNE. Incluso TVE mandó un equipo de reporteros desde los estudios de Prado del Rey al pueblo grabando a los jóvenes en cada uno de los monumentos que se quería poner en valor. Fue una jornada histórica, más cuando fueron emitidas las imágenes del pequeño pueblo al sábado siguiente para toda España. Después de meses de intenso trabajo, en octubre de 1977 TVE otorgó el Trofeo de Oro por “la completa revalorización artística, arqueológica, documental y etnográfica” llevada a cabo por el grupo. Se trataba de un premio anual que recaía por primera vez en Aragón. La entrega tuvo lugar en noviembre en el palacio de Exposiciones del Paseo de la Castellana, a cuyo acto acudieron vecinos de la localidad en un autocar. El premio fue de 75.000 pesetas destinadas a la compra de columpios para el parque municipal creado poco tiempo después por iniciativa de estos jóvenes una vez desecada una balsa gracias a la aportación de la Diputación Provincial de Zaragoza. Además cinco miembros junto con el profesor disfrutaron de un viaje cultural por Andalucía. Y el trofeo: una estatuilla que interpreta la “Victoria de Samotracia”. Sin embargo el principal premio, la reconstrucción del monumento elegido por los participantes, el molino, no llegó. La organización se justificó diciendo que el premio fue otorgado en reconocimiento al conjunto monumental y a su intensa labor de difusión. Ante tal batacazo el grupo dimitió de Misión Rescate anunciándolo de manera pública en Huesca. La campaña de desprestigio hacia la organización pudo influir en la desaparición del programa un año después.

Mientras se iban recogiendo los apoyos necesarios de los vecinos, instituciones y medios de comunicación, se creó la Junta de reconstrucción del molino. Entre los donantes hubo nombres como Paco Martínez Soria, Víctor Ullate o Montserrat Caballé. Y de manera paralela se llevó a cabo una intensa labor de investigación, revisando a fondo tanto los archivos municipales como los parroquiales, con datos desde 1338. Entre ellos sobresale el descubrimiento de un documento censal de 1550, un pergamino de grandes dimensiones que fue restaurado a través del Centro Nacional de Restauración de Libros y Documentos del CSIC. Realizaron además un inventario de todas las obras y objetos sacros de la iglesia parroquial. Durante la revisión de documentos se encontró una mención al molino del año 1665, así como el origen de la fuente romana, considerada neoclásica hasta entonces. También se desplazaron a La Mancha para recabar información de los especialistas en molinos de viento.

En 1981 se crea la Asociación Cultural “Miguel Martínez del Villar”, honrando al regente de la Corona de Aragón e historiador natural de Munébrega. Supuso la consolidación del movimiento cultural. El 4 de julio de 1981 se colocó la primera piedra de la reconstrucción del molino. A partir de 1982, durante el verano, se organizaron las Jornadas Culturales de Malanquilla con talleres, exposiciones, conferencias, representaciones teatrales o proyecciones de cine. Y surgieron nuevos proyectos como la creación de la biblioteca municipal con un fondo de libros dedicados, entre otros, por Henry Kissinger, Gerardo Diego y Sofía Loren, a los que se unió la donación de mil ejemplares por parte del Ministerio de Cultura.

En 1983 se nombra como Cronista oficial de Malanquilla a Antonio Sánchez Molledo, el cual se ha encargado de representar y de divulgar la localidad en numerosos actos y eventos, también desde internet a través del portal Desde Malanquilla donde es posible bucear en la historia reciente de la localidad. Además se publicaron varios números del Boletín informativo de la Asociación Martínez del Villar, así como el libro “Crónica Sentimental de Malanquilla”, de Jesús Marín Rubio. Hasta se recopiló una galería de fotografías dedicadas por personalidades como Manuel Fraga, Raphael o Felipe González. Más de un centenar de artículos en prensa y entrevistas en la radio divulgaron este movimiento cultural. Alberto Montaner, José María y Antonio Sánchez Molledo se encargan del diseño del escudo municipal, autorizado en 1991 por la DGA. En él figura un molino de viento, un haz de espigas y las barras del reino de Aragón, cerrado por corona real española. Tras la desaparición en 2000 de la asociación, en el año 2007 se crea la Asociación Cultural «La Cocuta», que pretende dar continuidad al movimiento cultural tan arraigado en la localidad. Tres años después dejó su actividad. En la actualidad existen dos asociaciones en el pueblo, una de mayores y otra de mujeres que organizan diferentes actividades a lo largo del año y sirven para afianzar la relación social entre los malanquillanos. A ellas se añade una comisión de festejos que organiza las fiestas todos los años durante el verano.


En cuanto al molino de viento la reconstrucción del mismo tardó más de una década en hacerse realidad, y las obras no se ejecutaron de una manera correcta, pero al final se completó. En el año 2003 se rompió el asiento donde se apoya el eje y se cayeron las aspas. Tanto para la reconstrucción inicial como en esta reparación puntual las aspas fueron traídas de Mota del Cuervo. En marzo de 2008, los fuertes vientos causaron graves desperfectos en el palo central, arrancando de nuevo las aspas. Finalmente el 21 de agosto de 2010 tuvo lugar la inauguración oficial del monumento, en cuya reconstrucción integral han colaborado la Diputación Provincial de Zaragoza, el ADRI Calatayud-Aranda y la comarca Comunidad de Calatayud, además del propio Ayuntamiento de Malanquilla. Prames fue la empresa encargada de llevar a buen término el proyecto.


La localidad de Malanquilla cuenta con uno los molinos de viento más grandes de la geografía española. De tipología manchega, su diámetro de 6,7 metros es ligeramente mayor al del resto de los molinos de La Mancha (6 metros). Respondiendo a su clasificación, pertenece al tipo C de Kruger, molinos de viento del tipo Mediterráneo, dispersos por Sicilia, Ibiza, La Mancha y Aragón. Su ubicación es además la más septentrional dentro de este tipo de molinos, siendo uno de los pocos ejemplos dentro de Aragón. El molino de Ojos Negros, en la provincia de Teruel, fue restaurado años después a iniciativa del grupo de Malanquilla y también conserva la misma tipología. El resto se localizan en la provincia de Zaragoza. De todos ellos el de Tabuenca es el único que fue restaurado aunque sin proveerle de aspas, mientras que el resto se encuentran en ruinas: Sestrica, Aguilón, Used, Torralba de Ribota o Bujaraloz. El origen de los molinos de viento está en Oriente próximo, en el siglo VII. Traídos posiblemente por las Cruzadas, pasaron por Europa y llegaron a España. La construcción del molino de Malanquilla data del siglo XVI, cayendo en desuso a partir de 1733, cuando Bijuesca autorizó a los de Malanquilla el uso de los molinos de agua del río Manubles, que permitían su uso de manera más regular que éste que depende del viento.

Consta de planta circular, con tres plantas cuya altura es de unos nueve metros, a lo que se añaden tres más de cubierta de madera. En la parte baja se abren dos accesos adintelados, uno enfrente del otro. En la planta primera se abren varias ventanas, y en la segunda planta se abren al exterior con doce pequeñas ventanas adinteladas en todo su perímetro. En esta planta se encuentran las piedras de molturar el grano, de dos metros de diámetro. Para conexión entre las plantas cuenta con una escalera de caracol. El movimiento de las aspas de doce metros de longitud se transmite a las dos piedras, volandera y solera, entre las cuales se muele el grano. Se cierra en la parte alta con la cubierta en donde se acoplan las aspas, y de donde parte una gran viga de madera que llega al suelo. La techumbre de madera es móvil y se accionaba por un palo de gobierno desde el exterior, con el fin de orientar las aspas a la dirección de viento existente. En su interior se molían cereales como trigo, ordio*, avena o centeno.
*Ordio: Cebada.

Malanquilla está ubicada en las estribaciones de la Comarca de Calatayud, próxima a la provincia de Soria. Situada en las cercanías de la Sierra de la Virgen, y junto al nacimiento de la rambla del Ribota, a 1.052 metros de altitud. El origen de Malanquilla es incierto, si bien se han localizado en su término municipal varios asentamientos ibero-romanos y medievales. Repoblado por Alfonso I, la primera cita documental nos sitúa en 1264. Entre los años 1325 y 1330 Jaime II mandó construir el castillo, del que apenas resta un lienzo de pared. El paso de la guerra junto con la peste hizo diezmar de tal manera la población, que en el año 1429 quedó despoblada por completo. Se repobló pocos años después. También hubo otros pequeños lugarons* a su alrededor que no sobrevivieron a la Edad Media. Fue lugar de realengo, y perteneció a la comunidad de aldeas de Calatayud hasta el año 1837, en que desapareció dicha organización. En el año 1910 se alcanzó la máxima población censada al alcanzar los 628 habitantes. En el siglo XX llegó el ferrocarril a la población gracias a la construcción de la línea Santander-Mediterráneo. Pasó el primer tren en octubre de 1929. En el año 1985 la línea dejó de funcionar. Todavía resta la estación en ruinas, junto a la carretera de acceso.
*Lugarón: Aldea.

Antes de alcanzar el casco urbano, con acceso por un corto camino desde la carretera, está la nevera. Está acostada en la parte alta de la ladera del barranco del Regacho. Este pozo de hielo puede datar del siglo XVII. Parece ser que dejó de utilizarse en el primer tercio del siglo XIX por falta de nieve. En el año 2010 fue restaurada por el ayuntamiento gracias a una subvención del Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón, y en el año 2018 fue colocado un panel interpretativo en tres idiomas, castellano, inglés y aragonés. La documentación procede del estudio llevado a cabo por Javier Martínez Aznar y Miguel Ángel Solà Martín. Se trata de una construcción excavada en la roca, de planta circular y reforzada con mampostería, y cuya parte alta sobresale del terreno levantada con la misma estructura. En su interior su perímetro es de cinco metros, y su altura de ocho metros. Cuenta con dos aberturas: la puerta de acceso, abierta en la actualidad, por donde se extraía el hielo, y una ventana de menores dimensiones en el lado opuesto, ahora cegada, por donde se introducía la nieve directamente del ventisquero. Su objetivo era la recogida de la nieve en invierno que tras su conservación se convertía en hielo, el cual era extraído en primavera o verano. El destino del hielo era la propia localidad, así como los pueblos más cercanos carentes de nevera. Pero también pudo dar servicio a localidades imporantes como Calatayud o Ateca. El uso primordial era terapeútico, además de gastronómico para conservación de alimentos y elaboración de refrescos.

A escasa distancia de la nevera, y más cerca de la carretera, se alza la ermita románica de Santa María Magdalena. En la actualidad es la única construcción románica que se conserva en Malanquilla. La ermita data de finales del siglo XII o principios del XIII. Tras su estado avanzado de ruina, cuando sólo se conservaba parte del ábside, fue llevado a cabo su restauración, en 2015. En la actuación se ha reconstruido únicamente el espacio del ábside conservando los sillares originales, enluciendo el resto, y cubriendo el espacio con techumbre. Los restos de la ermita conservan el ábside semicircular. Conserva cuatro de los doce canecillos lisos con los que contaba. La nave pudo contar con unos veinte metros de largo, pero el abandono anterior redujo la ermita a una sencilla capilla.

En el centro de la localidad se haya la iglesia parroquial de la Asunción. La actual fábrica sustituyó a otra anterior. Se llevó a cabo la obra entre 1588 y 1604, siendo consagrada el 10 de septiembre de 1594 a las 10 horas por el obispo Pedro Cerbuna. Se construyó con piedra sillar en su fachada, y sillarejo en el resto. El templo cuenta con planta de salón con bóvedas de crucería y se remata con cabecera semihexagonal; entre los contrafuertes se abren capillas laterales. A la plaza se abre su portada, formada por pórtico que se cubre con bóveda de crucería. El acceso está formado por un arco de medio punto flanqueado por pilastras adosadas que se culmina con esferas de gusto herreriano. Sobre ella una hornacina con la figura de la virgen de madera. Se culmina con frontón triangular con volutas. A los pies se alza la torre, en planta rectangular. Su último cuerpo sirve para albergar las campanas, 1816, 1848 y dos de 1987, con cuatro vanos de medio punto, uno en cada dirección. Se remata con chapitel realizado en ladrillo y piedra sillar. En el lado opuesto se puede observar el arranque de una torre proyectada que no se llegó a ejecutar. En su interior conserva un conjunto de retablos de los siglos XVI y XVII, muestra de la escultura aragonesa de influencias castellanas. El retablo mayor de estilo renacentista data del siglo XVI. Consta de cinco calles y cuatro cuerpos con escenas de la vida de María con catorce relieves policromados. En la parte central destaca un precioso sagrario con la escena del nacimiento de Jesús. Otro conjunto de gran valor es el retablo de Nuestra Señora del Rosario, ubicado en una capilla lateral. Data de finales del siglo XVI y está compuesto por catorce pinturas sobre tabla de escuela aragonesa con fuerte influencia del pintor italiano Bassano. Fue restaurado en el año 2003 por el taller de restauración de la Diputación Provincial de Zaragoza. A los pies de la nave se alza el coro, que se apoya en arco de diafragma apuntado y siendo cubierto el espacio inferior por bóveda de crucería. Una balaustrada de piedra cierra el espacio en su parte superior.

A las afueras de la población, junto al camino del cementerio se alza la ermita del Cristo del Humilladero. La sencilla construcción de planta rectangular cuenta a los pies con porche cubierto de techumbre de madera. Una portada adintelada le sirve de acceso. Se trata de una sencilla construcción de planta rectangular. En su interior el altar está presidido por un retablo con la figura del titular de la ermita, de gran veneración entre los malanquillanos.

Junto a la carretera, en dirección opuesta al casco urbano está el parque municipal y a escasos metros parte el camino que conduce a la Fuente de los Tres Caños. Tras la revisión de los archivos municipales se descubrió el origen romano de la fuente. La actual obra es de sillería en planta de “L” producto de una remodelación en la Edad Moderna de la fuente romana, que data de los siglos I-III d. C. De aquella época se conserva una inscripción “ST FONSAQUE PFVF”, cuya transcripción todavía no se ha podido descifrar por completo. Uno de los caños de figura de animal también es de la obra original. La fuente se alimenta mediante una canalización de una cisterna, que forma parte de la infraestructura romana. Cabe la posibilidad de que hubiera podido dar servicio a una villa romana. Con reforma siglos después se le añadió abrevadero y lavadero, remodelado hace unos años.

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A poco menos de tres kilómetros del casco urbano, junto a la carretera que conduce a Aranda de Moncayo y Ciria, se alza la Torre de los Moros. En también conocida por los vecinos como la Casa de los Moros. Se trata de la torre defensiva de la aldea llamada Torre de la Calderuela, establecida en ese paraje en 1263 por vecinos de Aranda de Moncayo. De planta rectangular, con dimensiones de 7 por 5 metros de lado, fue construída en mampostería. En la actualidad sus muros no son elevados debido a su estado de ruina, pero todavía conserva algunas saeteras.

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Manubles y Ribota, riberas de castillos y mudéjar

Las últimas actuaciones llevadas a cabo en Malanquilla son las obras de conversión de la ruinosa ermita de San Pedro, ubicada en el cerro de la Cocuta, en un refugio forestal. También la restauración y embellecimiento del altar del Santo Cristo del Humilladero. Pero no faltan proyectos para el futuro. Ha sido aprobado por el ayuntamiento el proyecto presentado por Miguel Ángel Solà, Javier Martínez Aznar y Antonio Sánchez Molledo para la creación del Sendero del Agua, la Nieve y el Viento de Malanquilla. Se trata de un sendero de corto recorrido, 3,8 km. y presenta escaso desnivel. El punto de inicio y final del trazado circular parte de la plaza mayor. Su objetivo es servir de conexión del patrimonio del municipio, para su puesta en valor y divulgación. Se inicia con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y se acerca al cercano solar donde estuvo el antiguo castillo. Después abandona el casco urbano en dirección a la ermita del Santo Cristo del Humilladero. Asciende entre carrascas para visitar la nevera y la ermita románica de Santa María Magdalena. Cruza la carretera y pasa por el molino de viento. Toma el camino del Cerro y desciende hasta la antigua cisterna que abastece a la Fuente de los Tres Caños, volviendo al casco urbano.