Cueva de Chaves, el eslabón arrasado

La Cueva de Chaves se emplaza cerca del pueblo deshabitado de Bastarás, en el sur de la Sierra de Guara. Sus características hicieron de ella un lugar perfecto para el asentamiento de los hombres primitivos. La cueva abierta es de grandes dimensiones. Su abertura oscila entre los 30 metros de altura máxima y 2 metros en su parte más baja. Mientras que su anchura es de 60 metros. A medida que se avanza en su interior la altura va disminuyendo con un recorrido de más 225 metros, siendo en la primera parte donde se concentran los restos arqueológicos, ocupando una superficie de unos 3.000 m2. Su orientación hacia el sur la protege del cierzo y la iluminación solar se introduce 50 metros en su interior. Y además cuenta a sus pies con un barranco, lo que permite la disponibilidad de agua.

La primera excavación se llevó a cabo en 1975 por el director del Museo de Huesca, Vicente Baldellou. Durante los años siguientes fueron divulgados y publicados los restos encontrados pertenecientes al Neolítico. A partir del 1984 se sucedieron varias campañas hasta el año 1998, participando también Pilar Utrilla, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza. De los restos paleolíticos se encargó Pilar y de los neolíticos Vicente. Los trabajos se detuvieron a la espera de poder retirar unos bloques de piedra de grandes dimensiones que impedían continuar con la excavación. Hasta ese momento se había excavado aproximadamente un 10% del yacimiento.

Según los estudios realizados, los habitantes más antiguos de esta cueva datan del Paleolítico, documentado entre 12.950 y 12.020 años a.C. Seis mil años más tarde llegan nuevos colonos. Las investigaciones llegaron a la conclusión que el asentamiento neolítico de Chaves y del Alto Aragón era anterior al de Cataluña y del resto de Aragón. La explicación a la penetración al interior desde el Mediterráneo con anterioridad hace pensar que se introdujeron desde el sur de Francia a través de la cuenca del río Têt, y atravesando los Pirineos por las cuencas del Segre y Cinca. El hombre del Neolítico domestica animales, caza, cultiva cereales y se establece de manera permanente en la cueva. Tiene inquietudes artísticas, domina la cerámica y la talla del hueso. Su estancia se prolonga nada menos que 650 años, contribuyendo a la difusión de la cultura neolítica en el Prepirineo oscense, y creándose nuevos asentamientos en el territorio.

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La cueva poseía el yacimiento neolítico más importante de Aragón y uno de los mejores de España sólo comparable a las cuevas valencianas de Or y Cendres. Un establecimiento básico desde donde los primeros colonos introdujeron la agricultura y ganadería en todo el Prepirineo oscense. Entre los hallazgos más importantes por su singularidad está el centenar de ruellos* pintados, encontrados en los niveles neolíticos. Han sido estudiados más a fondo una treintena en los cuales aparecen pintados motivos complejos como antropomorfos, cruces, estrellas o líneas convergentes, mientras que en los demás muestran restos de pinturas. Además se han extraído 11.700 restos de animales, así como otros correspondientes al ajuar de sus habitantes: brazaletes, punzones, cucharas. Y también se encontró el cadáver de un hombre en posición fetal en una pequeña fosa.

*Ruello: Canto rodado.

Hace más de treinta años un grupo de empresarios, entre los que se encontraba la familia catalana Raventós, compraron el pueblo deshabitado de Bastarás y su antiguo término municipal, una superficie de unas 1.500 hectáreas. Lo convirtieron en un coto privado de caza donde soltaron ciervos, corzos y muflones. Entonces la Cueva de Chaves quedó recluida dentro del coto cuyo perímetro fue vallado en 1974. Se trata de uno de los pocos vallados en Aragón, ejecutado antes de que la ley prohibiera este tipo de explotaciones cinegéticas. Más tarde fue adquirido por la familia francesa Lafayet (la que comercializó los bolígrafos Bic). En 2006 se amplió el capital de la sociedad entrando Maderas Bodelón, que en la actualidad es máxima accionista de FIMBAS, la empresa propietaria. Su antigüedad le ha permitido unas condiciones que hoy serían incompatibles con la declaración del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara y con las figuras de protección LIC y ZEPA.

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Desde el principio el cletau* resultó polémico ya que atraviesa dos cauces, el barranco de Solencio y el barranco del Rebullón, de dominio público. De igual manera interrumpe el paso de un camino real proveniente de Used, y cercaba el acceso a un monte de utilidad pública de 270 hectáreas. A lo largo de estos años se han roturado más de 100 hectáreas, realizado desmontes y se han ejecutado 80 kilómetros de pistas. También se han construido medio centenar de balsas y llevado a cabo el represamiento del barranco de Solencio. Todas estas obras se han realizado sin permisos desfigurando el entorno natural y produciendo enormes cicatrices, dentro de un espacio natural de máxima protección. A ello se añaden las alteraciones del ecosistema por la introducción de fauna alóctona, ajena a esta zona. Entre 2003 y 2007, el Gobierno de Aragón  abrió cuatro expedientes sancionadores por afecciones al medio ambiente, y en 2009 habían aumentado ya a seis. Ecologistas en Acción llegó a presentar 30 denuncias en dos años. Sin embargo la actuación de la administración ha sido lenta y no ha evitado el daño producido en la amplia superficie afectada. En el año 2012 se llevó a cabo el primer logro, liberando el monte público “Las Foces de Rodellar” que había sido usurpado por la empresa durante más de tres décadas incorporándolo al resto de su finca. Para ello fue necesario el retranqueo del vallado, al cual pusieron numerosas trabas a pesar de las resoluciones judiciales. Y poco a poco la administración va avanzando en la recuperación de esta porción de la Sierra de Guara. En junio de 2009 el Gobierno de Aragón dictaminaba el cierre del coto de caza por la introducción de una especie de cabra africana  en su finca. La empresa recurrió el fallo y en febrero del 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Aragón lo desestimó, confirmando el cierre del coto e imponiéndole una sanción económica de 30.000 euros. La empresa recurrió entonces al Tribunal Constitucional, y todavía está el proceso abierto. Se espera que cuanto antes se emita una resolución definitiva y favorable, lo cual obligará a la retirada de toda la fauna introducida de manera ilegal, y acto seguido se retire el vallado de toda la propiedad.

*Cletau: Vallado.

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Al daño medioambiental se añade otra irregularidad. Las calles, los viales de acceso y los edificios públicos de Bastarás, como la iglesia, son de propiedad pública y pueden ser visitados libremente por cualquier persona. Sin embargo las placas de propiedad privada y las vallas en su acceso amenazan a cualquier visitante con la entrada, otra ilegalidad más a cargo de la empresa FIMBAS.

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Además del daño medioambiental sufrido por este coto de cata en octubre de 2007 se puso la guinda al pastel. Entonces se realizaron las obras de una pista de más de ocho metros de anchura hasta la puerta de la cueva de Chaves, así como el acondicionamiento del interior de la cueva y la construcción de un embalse en el barranco. Para ello fue contratada la empresa Ferpi Transportes y Obras, que utilizó maquinaria de gran tonelaje para retirar unos bloques caídos del techo de la cueva. El yacimiento que se encontraba justo debajo quedó afectado de manera irreversible ya que fueron extraídos 2.247 metros cúbicos de sedimentos, la mitad de ellos correspondientes a los restos arqueológicos. Sin embargo hasta un año y medio después no supo que el yacimiento se había destruido por completo, con la visita de los responsables del Museo de Huesca en marzo del año 2009. Durante este tiempo se pusieron múltiples impedimentos para poder visitar la finca por parte de la empresa. A ello se añadió la pasividad y dejadez de las administraciones públicas que no ejercieron como debían sus competencias de control y protección del patrimonio histórico. Ni si quiera han llegado a catalogar el yacimiento en sí con la protección de Bien de Interés Cultural, sino que simplemente está amparado por la declaración de protección de las pinturas del Solencio de Bastarás, situadas en las inmediaciones.

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Para comprender de manera visual toda esta indignante historia es recomendable ver el documental “Chaves, la memoria expoliada”, realizado por Daniel Orte y María José Urraca coproducido por Ecologistas en Acción. A lo largo de una hora analiza a fondo a través de múltiples testimonios la triste historia de este coto de caza que nunca debió existir. Recibió el Premio al Mejor Documental en el Festival de Cine de Zaragoza 2009 y fue finalista Festival Internacional de Cine Arqueológico del Bidasoa 2010.

El día 21 de septiembre de 2016 comenzó el juicio por el arrasamiento del yacimiento del Neolítico más importante de Aragón. En la causa figuraban como responsables civiles subsidiarias las sociedades FIMBAS, que gestiona el coto de caza donde se ubicaba, Ferpi, empresa que acometió las obras, y la aseguradora Mapfre. En el banquillo se sentó como principal imputado Victorino Alonso, administrador único de Maderas Bodelón, máximo accionista de FIMBAS. La acusación particular fue ejercida por Apudepa (Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés) y Ecologistas en Acción. En el proceso además intervinieron como testigos Alejandro Millet, el encargado de la finca, Jesús Labata, conductor de la excavadora, y Conrado Muinos, trabajador del coto. Entre sus testimonios no dejaron claro quién dio la orden para llevar a cabo las obras, llegando a justificarlas porque el arqueólogo se lo había solicitado. En todo caso, sabiendo de la existencia del yacimiento bajo las losas retiradas, se excavaron entre tres y cuatro metros de tierra, que sirvieron para realizar una presa en el barranco cercano. Estos hechos manifiestan la profunda ignorancia de los acusados, todos ellos cómplices de la pérdida de unos restos arqueológicos de incalculable valor y que podrían haber ofrecido una información sobre nuestros antepasados perdida ya para siempre. Pero el hecho más grave es la permisividad de las administraciones. Al no solicitar permiso alguno se permitió que las obras se desarrollasen durante meses a pesar de las repetidas advertencias al Gobierno de Aragón por la acusación. De su absoluta pasividad y negligencia el resultado es asolador: la destrucción total del mejor y más completo yacimiento neolítico aragonés y uno de los más importantes de España. Por lo que debería asumir sus responsabilidades como máximo responsable del Patrimonio en Aragón.

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El 11 de noviembre de 2016 el titular del Juzgado de lo Penal de Huesca publicó la sentencia del juicio en la cual se condenaba a Victorino Alonso a dos años y medio de cárcel y al pago de una indemnización de 25,5 millones de euros por la destrucción de la cueva de Chaves. Se considera que el culpable conocía la existencia del yacimiento dentro de la cueva de Chaves así como su valor arqueológico. El juez reconoce que la destrucción de la cueva de Chaves ha causado daños por valor de 50,9 millones de euros, según valoró en su día Vicente Baldellou. Sin embargo reduce la indemnización a la mitad por la dejadez del Gobierno de Aragón en cuanto a la protección de este emplazamiento ya que con ello facilitó que la destrucción se llevara a consumar. Es significativo que tanto el ministerio fiscal como el Gobierno de Aragón solicitaran 15 millones de indemnización, y el juez haya resuelto al final 10 millones más para el acusado. También es importante que el magistrado hace responsable subsidiario del pago de la indemnización a FIMBAS, evitando que la posible insolvencia del acusado pueda dejar la sentencia en agua de borrajas. Finalmente absuelve a Victorino Alonso del delito contra el medio ambiente que se le imputaba por carecer de pruebas suficientes, y absuelve a la empresa Ferpi y a la compañía Mapfre de las responsabilidades civiles que se les pedían.

Pico Petrechema, testigo mudo del nacimiento de Aragón

El Pico Petrechema se emplaza en la cabecera del valle de Ansó, es decir, en el extremo más noroccidental de Aragón. Está enclavado en la actual frontera entre Francia y España. Y se alza a 2.371 metros de altitud. Desde su posición privilegiada fue testigo mudo del nacimiento de Aragón.

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El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales ha recibido el vasco numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Cualquiera que sea su origen, lo que sí está documentado es la primera vez que aparece escrito Aragón. Se trata de un documento del monasterio de San Pedro de Siresa datado entre los años 828 y 838. En él se hacía referencia al territorio gobernado por Aureolo. Este monasterio fundado hacia el año 820, estuvo articulando eclesiásticamente los nuevos territorios del incipiente Aragón. Pero también constituyó un centro cultural que influyó de manera determinante en los aspectos políticos, sociales y culturales.

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Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un amanamiento* al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramimo I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.

*Amanamiento: Acercamiento.

Una sencilla excursión permite el ascenso a esta cumbre para cualquier senderista. La ruta parte del refugio de Linza, emplazado en la cabecera del valle de Ansó. Desde la población parte la carretera que recorre el angosto valle surcado por el río Veral. Al alcanzar Zuriza se abre y surgen amplios pastizales. Desde este punto parte la pista forestal que conduce hasta el refugio. En sus instalaciones cuenta con alojamiento, bar y restaurante. La senda arranca desde el fondo del aparcamiento, ascendiendo por una ripa*.

*Ripa: Ladera.

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Tras media hora de ascenso se alcanza una depresión atravesada por el arroyo de Linza. Siguiendo las marcas del sendero de gran recorrido se supera una zona rocosa. A la hora y media de caminata se alcanza el Cuello de Linza. Desde este punto las vistas son espectaculares, con la vista al frente de la Mesa de los Tres Reyes, punto en el cual coinciden los territorios de Aragón, Navarra y Francia.

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A la derecha parte el sendero que se encamina al Pico Petrechema. En un primer tramo el trazado es tendido y suave. Al llegar a un pequeño collado se gira a la izquierda. Sólo resta subir por la amplia loma a cuyos lados hay laderas bastante empinadas que permiten vistas muy amplias. Después de tres horas de caminata se alcanza la cumbre, a 2371 metros. La sorpresa queda justo a unos metros. Separado de un descomunal desfiladero muy profundo se alza la aguja de Ansabere, un gigantesco mallo de similar altura, prácticamente inaccesible, y que se descuelga sobre un valle posterior mucho más deprimido. Su altura es ligeramente superior, 2377 metros. El nombre de Petrechema proviene del término piedra gemelas (pietragema), en referencia a las dos cumbres cercanas aunque no iguales. Desde la cumbre las vistas son amplias en todas las direcciones. Los montañas más elevadas están en dirección al este, con el Bisaurín, el Aspe y el Midi d´Ossau. Y desde este punto fronterizo entre Francia y España se divisan tierras francesas, aragonesas y navarras.

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Ricardo Magdalena, el gran arquitecto zaragozano

Ricardo Magdalena puede pasar desapercibido para las actuales generaciones de zaragozanos. Pero tras analizar su legado artístico, urbanístico y fundamentalmente arquitectónico es evidente que sin su trabajo e implicación la ciudad de Zaragoza hoy no sería la misma. Nació el 3 de febrero de 1849 y se quedó sin padres a los pocos años. Tuvo que estudiar en una escuela municipal, recibiendo beca del ayuntamiento para completar sus estudios, así como para cursar la carrera de arquitectura, licenciándose en Madrid en 1873. Su gran oportunidad profesional le llegó en el año 1874 al presentarse al concurso para el proyecto de la iglesia parroquial de Garrapinillos. El premio era la plaza de arquitecto municipal en Zaragoza, que había quedado vacante tras el fallecimiento de Segundo Díaz. Tras resultar ganador, desde el año 1876 ejerció de arquitecto municipal hasta su muerte en 1910. A su entierro acudieron unas seis mil personas, recibiendo grandes honores por parte del Ayuntamiento de Zaragoza. Ello da una muestra del reconocimiento a su trabajo por parte de la ciudad. Su compromiso con Zaragoza fue indudable, agradeciendo de esta manera al ayuntamiento el apoyo para poder llevar a cabo sus estudios, y siendo un fiel servidor a la institución hasta su muerte.

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A pesar de que la mayor parte de su obra arquitectónica fue desarrollada en Zaragoza también trabajó en otras ciudades españolas como Tarragona, Cádiz, Madrid, Vitoria y San Sebastián. Y además participó en proyectos de esbielladura* del patrimonio como fueron la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud, iglesia San Pedro el Viejo de Huesca, monasterio de San Juan de la Peña, monasterio de Poblet y monasterio de Santes Creus.

*Esbiellar: Renovar, Restaurar.

Ricardo vivió en una época en la que ciudad de Zaragoza estaba todavía recuperándose de la devastación sufrida por los Sitios y en la que desde entonces apenas se habían realizado obras arquitectónicas de interés. Fue el artífice de la recuperación urbanística y arquitectónica que sufrió la ciudad entre los siglos XIX y XX. Para ello recurrió a un estilo con el cual los zaragozanos se vieron rápidamente identificados. El uso del ladrillo como elemento constructivo y decorativo, las reminiscencias del uso mudéjar de la cerámica, el remate de fachadas con grandes ráfels*…. Todo ello recordaba al arte mudéjar y al arte renacentista aragonés, y por lo tanto a Aragón. Constituyó como una reinterpretación de estos estilos en clave de eclecticismo, una corriente dominante en el siglo XIX de la que fue el máximo artífice en Zaragoza y uno de los más importantes a nivel nacional.

*Ráfel: Alero.

Pero también supo añadir a su estilo otras influencias como la modernista, tan de moda por aquella época, con claros ejemplos en la arquitectura efímera llevada a cabo con motivo de de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. E incluso añadió elementos decorativos poco usuales a sus obras inspiradas en el antiguo Egipto cuyo más notable ejemplo es la decoración la Confitería Fantoba, todavía abierta al público.

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Magdalena se dedicó a reformar la imagen de la capital aragonesa, que por aquel entonces tenía unos 80.000 habitantes. Todo ello sin abandonar su actividad profesional privada, regentando el primer despacho de arquitectura moderno de la ciudad. Su cargo como arquitecto municipal tenía competencias muy extensas, lo que le permitió remodelar por completo la ciudad. Fue él quién gestionó muchos proyectos de ampliación y alineación de calles en el centro histórico. Entre las más destacadas fue la reforma del entorno del actual Mercado Central o las bases para la construcción años más tarde de unificación de la plaza del Pilar con la plaza de La Seo. Pero también fue el artífice de planes de urbanización muy importantes en la expansión de la ciudad, siendo el más relevante la urbanización de la Huerta de Santa Engracia, el espacio situado entre el Coso, paseo de la Mina, paseo Constitución y el paseo Independencia. Otro proyecto que modernizó la ciudad fue la urbanización del paseo de Sagasta. Contaba con un boulevard central peatonal, y las vías del tranvía a ambos lados. También intervino en la creación del paseo de Pamplona.

En cuanto a las intervenciones arquitectónicas más importantes, la primera de ellas fue la iglesia de Garrapinillos, con proyecto de 1874. Su aspecto exterior viene marcado por el uso del ladrillo cara vista. Diseña una iglesia de nave única la cual se apoya en columnas lisas. Su siguiente trabajo, del año 1882, es el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. De nuevo el ladrillo marca la estética primordialmente, con un virtuosismo técnico en cornisas y aleros, adaptándolo a las exigencias de la construcción moderna.

La obra que le otorgó su primer gran éxito fue el Matadero Municipal, que se comenzó a construir en 1878. Con motivo de su inauguración en el año 1885 se celebró una exposición regional a iniciativa de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Al evento acudieron 1.300 expositores nacionales y del extranjero. Las instalaciones situadas a las afueras de la ciudad contaban con una extensión de más de 25.000 m2 siendo de ellos cubiertos 11.230 m2. De la construcción sobresalen tres naves construidas en piedra, mampostería y ladrillo con estructuras de columnas de hierro y techumbres de madera. Tuvo gran reconocimiento en la época y muchos mataderos de España imitaron su diseño.

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Su obra capital fue la nueva Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza. El edificio de dimensiones monumentales está compuesto por varios módulos, y rinde homenaje a la arquitectura renacentista aragonesa. A ello se añade una decoración modernista sin desvirtuar la obra. El año 1892 fue terminada su construcción y al año siguiente asistieron a la inauguración unos diez mil ciudadanos. La obra tuvo tal reconocimiento que la Revista de arquitectura, una publicación de gran prestigio de la época, le dedicó un número monográfico.

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Con motivo del primer centenario de los Sitios de Zaragoza se preparó la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Su labor como arquitecto director de la exposición convirtieron esta empresa en la más ambiciosa de su carrera profesional. Se encargó personalmente de diseñar los edificios más significativos de la muestra, con una marcada estética modernista. El Arco de Entrada respondía al estilo predominante en aquella época. El Museo Provincial de Bellas Artes, único de los edificios que se conserva en la actualidad, lo realizó en colaboración con el arquitecto Julio Bravo. En sus formas se retoma de nuevo el estilo renacentista aragonés. Una de las joyas más significativas de la arquitectura modernista fue el Gran Casino. En su interior contaba con un gran salón teatro y en él se desarrolló una frenética actividad a lo largo de  la exposición.

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Su enorme capacidad de trabajo, sabiendo rodearse de los mejores artesanos y artistas de la época, no se quedó exclusivamente en el proyecto de grandes edificios. Otras de sus obras relevantes son Monumento a los Mártires (1904), situado en la plaza España, así como la Capilla de las Heroínas de Zaragoza (1908), en la iglesia del Portillo. O la reforma del Teatro Principal llevada a cabo entre 1884 y 1891. Proyectó asimismo la fachada de la Casa de Amparo (1905), así como los chapiteles que rematan las torres de la Basílica del Pilar. Diseñó la decoración del Palacio de la Ilusión (1905), el primer cine estable de la ciudad. También llevó a cabo la decoración del Puente de América sobre el Canal Imperial de Aragón (1904). Durante la visita del monarca Alfonso XII a Zaragoza fue el artífice del arco triunfal para su recibimiento. Y dejó también su impronta en el diseño de los faroles del Rosario de Cristal, que todavía están en uso hoy. Incluso proyectó mobiliario urbano desde verjas a fuentes. Pero su gran vitalidad y compromiso con la ciudad le permitió dar forma a actos sociales como la organización de una gran cabalgata para la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios en 1895.

Después de realizar un recorrido por buena parte de su obra no cabe duda que Ricardo Magdalena fue el gran arquitecto zaragozano. Gracias a su trabajo la ciudad de Zaragoza renovó su imagen dejando atrás el duro varapalo que supusieron los Sitios de Zaragoza. Buena parte de su obra todavía puede contemplarse hoy en día en todo su esplendor. Otros edificios pervivirán en la memoria de los que tuvieron la oportunidad de visitar la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Para el resto nos queda el recuerdo a través de las fotografías que se conservan y que denotan el gran esfuerzo para sacar adelante esta ambiciosa empresa para aquella época. Qué mejor reconocimiento hacia tan ilustre zaragozano que pasear por la ciudad y reconocer sus obras, hoy integradas en una ciudad moderna, y que conforman la Zaragoza actual.

Corona de los Muertos, un poblado de hace 5.000 años en el Pirineo

Con este curioso nombre se conoce un yacimiento situado en la val d´Echo, uno de los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. En el paraje conocido como Selva de Oza se encuentran los restos de más de un centenar de círculos de piedras que según los estudiosos podrían corresponder a un poblado de gran tamaño, cuyos orígenes se remontan hace 5.000 años. Si así fuera podríamos constatar que en este lugar estuvo uno de los primeros asentamientos del Pirineo. A pesar de la importancia del hallazgo las investigaciones han sido insuficientes. Una asignatura pendiente para la administración que nos permitiría conocer más detalles y seguro que despejar muchas dudas respecto a este enigmático rincón de Aragón.

El megalitismo tiene su origen etimológico en la unión de dos palabras griegas que significan literalmente cantal*. Este término define un fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica. Se trata de un proceso constructivo llevado a cabo por el hombre primitivo que se inició a finales del Neolítico y se dilató hasta la Edad del Bronce, es decir desde el siglo V a.C hasta el siglo II a.C. En este periodo se construyeron innumerables construcciones, a base de grandes bloques de piedra prácticamente sin labrar, pero también con piedras de menor tamaño. Los focos más importantes se encuentran en Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda, así como el sur de España y Portugal. Se trata de monumentos funerarios, tumbas monumentales, cuyo tipo más extendido y mejor conservado es el dolmen. En su interior se enterraban sucesivamente a los fallecidos de un grupo humano, apartándose cuidadosamente los huesos de los anteriores difuntos. Los dólmenes pueden ser simples o formados por una galería. En la actualidad sólo se conservan los grandes bloques de piedra, pero la mayoría estuvieron cubiertos por un túmulo de tierra o piedras. Otro tipo de construcción megalítica, en este caso de carácter no funeraria es el menhir, monolito hincado en el suelo que puede aparecer aislado o formando alineaciones. Y finalmente los crómlechs, círculos de piedras más o menos grandes que rodeaban el túmulo de un dolmen.

*Cantal: Piedra grande.

Dentro de todo este fenómeno, en la val d´Echo, en concreto en la Selva de Oza y Guarrinza, se localiza la mayor concentración de monumentos megalíticos de los Pirineos. Se han encontrado unas 170 estructuras, que nos demuestran que hace unos 5.000 años este valle aragonés ya estaba poblado. La zona donde se concentran los restos es la cabecera del río Aragón Subordán, protegido de manera natural por montañas de más de dos mil metros de altitud. Una zona de difícil acceso también desde el sur ya que aguas abajo el río atraviesa la Boca del Infierno, un desfiladero de varios kilómetros de longitud. Hasta aquí llegaron los primeros hombres a cazar y en busca de pasto para sus rebaños. Este cubillar* natural fue también elegido para levantar construcciones funerarias caracterizadas por el uso de grandes piedras, destacando dólmenes y crómlechs, con los que alimentaban creencias sobrenaturales que necesitaban para sus ritos. Servían para enterrar a la gente, pero también tenían la función de marcas del territorio donde poco a poco se fueron asentando.

*Cubillar: Refugio.

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El Centro de Interpretación del Megalitismo Pirenaico y de la Val d’Hecho tiene como finalidad la puesta en valor del patrimonio megalítico de esta zona pirenaica. Se ubica  a ocho kilómetros de Echo, al inicio de la Boca del Infierno. Al pie de la carretera que conduce a la Selva de Oza, una antigua caseta forestal alberga las instalaciones. En su interior introduce en el apasionante mundo de los antiguos moradores del valle a través de una proyección, reproducciones y paneles interpretativos. Además el centro cuenta con una cafetería y restaurante en su parte baja. Entre sus propuestas ofrece al visitante la posibilidad de aproximarse a la gran riqueza de la arquitectura megalítica. Se organizan visitas guiadas por diferentes circuitos diseñados para conocer in situ los restos megalíticos de la zona, entre los que destacan dólmenes, crómlechs y el yacimiento de la Corona de los Muertos. Y todo ello con el complemento del magnífico paisaje que los envuelve, y que bien supieron elegir los primeros habitantes de la Val d´Echo.

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Pero sin duda uno de los lugares más importantes en el aspecto arqueológico es la Corona de los Muertos. Está ubicado en plena Selva de Oza, a unos diez minutos de la carretera. Frente a las instalaciones del antiguo camping, parte la pista de la Espata. Por ella se asciende unos minutos hasta encontrar un cartel a la izquierda, donde arranca un pequeño sendero que conduce al yacimiento. En medio del hayedo se pueden ver varios círculos de piedras con un panel informativo. Los estudios de los investigadores han constatado que en realidad de trata de una agrupación de 120 círculos de piedra, ahora casi ocultos por el denso bosque. Tras las investigaciones se sabe que comenzaron a construirse a finales del Neolítico (3.000 a.C). En la parte baja del yacimiento se concentran los ejemplares más recientes que son de finales de la primera Edad del Hierro (500 a.C). En principio se les atribuyó un carácter funerario. Sin embargo la ausencia de restos de cenizas, y las huellas de postes encontradas han obligado a los arqueólogos a seguir haciendo hipótesis. Parece ser que la explicación más razonable es que se trate de los restos de cabañas, cuya parte baja era de piedra y que se completaban con madera y pieles. Un poblado de gran tamaño que facilitara la estancia durante el verano, cuando se trasladaban a este valle a pastar con su ganado. Los círculos son de tamaño variable entre los 4 y los 10 metros. Las piedras utilizadas son de dos tipos. Por una parte las más redondeadas cuya procedencia es el cauce del río Aragón Subordán, y otras más irregulares que fueron extraídas de alguna cantera cercana. En el mismo yacimiento se han encontrado hasta cinco mil piezas de sílex: puntas de flecha, raspadores… que tienen 9.000 años de antigüedad, lo cual demuestra la presencia humana miles de años antes.

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Una nueva etapa para la Cartuja de Aula Dei

El origen de la Cartuja de Aula Dei hay que buscarlo en los Monegros. A cuatro kilómetros de la población de Lanaja los monjes de la Orden de San Bruno decidieron instalar un monasterio. En medio de un paisaje estepario llegaron a levantar buena parte de aquel monasterio, no con ciertas dificultades económicas. Sin embargo la insalubridad del agua de boca y su mala ubicación hicieron que tuvieran que abandonarlo. Buscaron un sitio más apto y lo encontraron a orillas del río Gállego, cerca de la ciudad de Zaragoza. Juan de Alagón facilitó la compra de la torre María de Cariñena, junto al azud de donde nace la acequia de la Urdana. Una de la condiciones del contrato decía que la torre, edificio de dos plantas con oratorio, debía mantenerse así. De hecho en la actualidad sigue en pie. El 14 de agosto de 1563 llegaban los nueve monjes. A los seis meses comenzaron las obras según los planos de Martín de Miteca y dos padres de la orden. Don Hernando de Aragón fue el fundador y principal benefactor de las obras de la cartuja, donando rentas proporcionadas de su cargo de virrey.

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La cartuja de Aula Dei cuenta con veinticinco hectáreas de cultivo, siendo tres hectáreas lo que ocupan las instalaciones en sí, rodeadas de un recinto amurallado. El edificio más importante es la iglesia, a cuyos lados se abren dos pequeños claustros. En uno de ellos se abren dieciocho capillas que datan del año 1566, y sirve de acceso a la sala capitular. En el otro se encuentran estancias como el refectorio y la biblioteca. Y en la parte trasera de la iglesia se abre el gran claustro compuesto por una treintena de celdas dispuestas alrededor de un espacio central donde se ubica el cementerio. La vida monástica de la orden de San Bruno combina el fraile de comunidad con la vida de ermitaño. Para ello necesita de un lugar de recogimiento, la celda. Allí el fraile tiene un espacio para comer y estudiar, para dormir y rezar, y también un taller y un pequeño huerto. Esta disposición fue pionera y sirvió de modelo para la posterior construcción de las cartujas de Scala Coeli (Évora, Portugal), Ara Christi (Valencia), Cartuja Baja (Zaragoza), Nuestra Señora de las Fuentes (Huesca), y Jesús Nazareno de Valldemosa (Mallorca).

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Desde la carretera parte un delicioso paseo flanqueado por centenarios plataneros. Al fondo está la portería, por donde se accede al recinto monacal. A continuación surge el patio de Honor, en torno al cual se levantan dos edificios de ladrillo con galería de arcos de medio punto en la parte superior. Uno estaba destinado a la hospedería y el otro a las habitaciones de los hermanos, religiosos que estaban en contacto con el exterior. Al frente está la iglesia, levantada entre 1564 y 1567. Su única nave se cubre con bóvedas de crucería estrellada. Un siglo después fue levantada la torre, en 1686. De ladrillo, se alza en planta cuadrada y se remata con un cuerpo octogonal. Un chapitel bulboso y elegante culmina el elemento más visible de la cartuja. La portada fue realizada por Manuel Ramírez de Arellano en el año 1722. Se trata de una fachada en yeso de estilo rococó. En 1757 se elaboró por el mismo maestro el retablo mayor, de madera policromada en estilo barroco. En 1774 se encarga a Francisco de Goya pintar los muros altos de la iglesia. Se trató de once grandes frescos que representan escenas de la vida de la Virgen. Debido a las malas condiciones de humedad cuatro de ellos fueron tresbatitos*. Sin duda, son el elemento artístico más importante con que cuenta la cartuja.

*Tresbatir: Perder.

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La vida religiosa se vio interrumpida durante el siglo XIX. Entre los años 1809 y 1814 la cartuja fue desalojada debido a la entrada de las tropas francesas, durante la guerra de la Independencia. En este periodo fue utilizada como cuartel de caballería y artillería. Tras la desamortización de Mendizábal fue nuevamente abandonado a la fuerza. En este caso se vendió y se ubicó una fábrica de sedas, donde también se alojaban los operarios. Hasta 1901 no volvió nuevamente la vida monacal al ser comprada por la Cartuja de Grenoble. La nueva comunidad restauró el monasterio y se repintaron algunos frescos de Goya totalmente perdidos.

cartujaauladei_jardinclaustroUna de las curiosidades de la cartuja fue la polémica por la prohibición del acceso al recinto monástico a las mulleres* debido a las rígidas normas de la orden de San Bruno. En el año 1996, con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Goya, el Gobierno de Aragón organizó visitas a los frescos de Aula Dei, pero sólo a los hombres. Ello generó una polémica que obligó a la orden religiosa dos años después a permitir el acceso a mujeres a través de un pasadizo evitando las interferencias con la comunidad religiosa. Con anterioridad sólo tres mujeres habían pisado la cartuja, gracias a la bula papal: la infanta Isabel, en 1913, la restauradora Teresa Grasa en 1978 y la secretaria judicial Inés Lafuente en 1995. El 11 de noviembre de 1998 la reina Doña Sofía fue la primera mujer en acceder al recinto por la puerta de entrada sin bula papal por cortesía de los cartujos. Posteriormente fue necesario ampliar el horario de visitas, que resultaban insuficientes.

*Muller: Mujer.

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En la actualidad ya no viven cartujos. Su avanzada edad y las dificultades para mantener las instalaciones debido a su reducido número les obligaron a trasladarse en 2011 a las cartujas de Porta Coeli en Valencia y Miraflores en Burgos. Para asegurarse el futuro religioso de la cartuja se llamó a la Comunidad Chemin Neuf para confiarles su uso. Esta congregación nació hace tan sólo unas décadas, en 1973, como un grupo de oración en Lyon (Francia). En la actualidad cuenta con dos mil miembros en 27 países, mujeres y hombres consagrados con Dios que hacen votos de castidad, así como matrimonios y familias. La comunidad agrupa a hermanos y hermanas que han optado por vivir, rezar y evangelizar juntos. Actualmente en la Cartuja de Aula Dei continua la vida comunitaria de oración a través de un centro internacional de formación cristiana.  Se proponen ciclos de formación bíblica, teológica y comunitaria de tres meses orientado a todas las personas. Otros servicios que ofrecen son los encuentros Caná, que a lo largo de seis días permiten a matrimonios y familias un tiempo de pausa y encuentro conyugal a través del diálogo y la reconciliación. También se ofertan retiros de ocho días según los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Todo ello se complementa con un grupo de oración carismática todos los martes y eucaristía con la comunidad los domingos.

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Y finalmente los sábados se realizan visitas que permiten conocer la Cartuja de Aula Dei, con un nuevo recorrido desde el año 2013. El visitante entra a través de la portería y el patio de Honor, admirando en la iglesia las pinturas de Goya. Después puede adentrarse en el claustro de las capillas y ver la sala capitular. Y también puede acceder a una de las celdas conservada tal y como era usada por los cartujos.  Afortunadamente la cartuja ha preservado la mayor parte de la riqueza artística y arquitectónica atesorada durante más de cuatro siglos de historia, y de la cual ahora vela la Comunidad Chemin Neuf, con un nuevo proyecto más abierto y acorde a la sociedad actual.

Los entresijos del Quijote y su relación con Aragón

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547, y falleció en Madrid en 1616. Su vida fue itinerante, en sus inicios por la profesión de su padre, médico, y después por su azarosa y desdichada vida como soldado, cobrador de deudas, novelista, poeta y dramaturgo. Ello le llevó a realizar largas estancias en Italia, Argelia y Portugal, así como en Andalucía y Castilla principalmente. Sin embargo no se tiene constancia fehaciente de llegase a visitar tierras aragonesas. Quizás en uno de sus viajes hacia el Mediterráneo pudiera alojarse en el Palacio de los Villahermosa de Pedrola. Su única relación documentada con Aragón fue el momento en que ganó el certamen poético convocado por los Dominicos de Zaragoza en 1595 con motivo de la canonización de San Jacinto. El modesto premio, tres cucharillas de plata, no parece que llegara a recogerlo.

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En el año 1605 publicó la primera parte de “ El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha “,  más conocido como Don Quijote de la Mancha, teniendo una gran acogida del público de la época. En el año 1615 salió a la luz la segunda parte. Se trata de la obra cumbre de la literatura española y una de las principales de la literatura universal, siendo el libro más editado y traducido de la historia tras la Biblia. La obra la concibió como una parodia de los libros de caballerías, siendo un retrato de la realidad mísera, como un reflejo de la España imperial de los Austrias. Y terminó convirtiéndose en la primera novela moderna.

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En 1614 aparece impreso el “Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” también conocido como Quijote de Avellaneda. Su autor fue Alonso Fernández de Avellaneda. La mayor parte de los estudiosos coincide en que se trata de un pseudónimo y tras él se especula entre varios autores sin una teoría que predomine sobre las demás. Incluso se puede distinguir por su redacción que son varios autores los que escriben la obra, diferenciando el prólogo del resto del libro. En todo caso es evidente la descripción de un Quijote anticervantino, completamente loco y desamorado de Dulcinea, lo cual cabreó mucho a Cervantes. Abundan además los aragonesismos lo cual delata a alguno de los autores, y donde seguramente participase Lope de Vega o los lopistas, en su afán de desprestigiar a Cervantes. Entre ellos había una evidente enemistad por motivos profesionales. A pesar de no ser la única imitación de la obra de Cervantes en su época, sí es la más importante siendo incluso citada por el propio autor en su segunda parte que salió un año después. Esta reacción fue contraproducente ya que ha puesto en valor para el lector moderno la obra del Quijote de Avellaneda que quizás ahora estaría casi olvidada. Pero también pudo ser un acicate para que terminase la segunda parte, que debía llevar años detenida.

La publicación del Quijote de Avellaneda tuvo gran popularidad en Zaragoza. Parece ser que en la ciudad abundaba el anticervantismo temiendo que la visita de Don Quijote fuera aprovechada por Cervantes para dejar en mal lugar a las clases altas aragonesas y ridiculizar sus festejos. Se dice incluso que en las fiestas de octubre de 1614 una cabalgata recorrió el Coso ridiculizando a Miguel de Cervantes, así como a Don Quijote y Sancho. A su paso por Aragón Cervantes describe los tópicos aragoneses, acentuados por el desconocimiento de esta tierra que posiblemente nunca pisó. El tratamiento de los duques, los cuales son protagonistas durante numerosos capítulos de la segunda parte y que se dedican a perder el tiempo mofándose de un estorbau*, se contrapone a su función social. Ello se ha interpretado como una burla a la nobleza aragonesa, y puede ser la explicación por la cual el segundo tomo no se publicó en Aragón durante todo el siglo XVII.

*Estorbau: Loco, perturbado.

En el año 1516 Cervantes publica la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. A pesar de que el autor expresase en el final del primer tomo la intención del hidalgo de combatir en unas justas celebradas en Zaragoza, la publicación del Quijote de Avellaneda le hace cambiar de opinión. ” No pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira de ese historiador moderno “, dice el propio personaje cuando averigua la existencia de una copia suya.

La ruta de Don Quijote y Sancho Panza por Aragón arranca en la Sierra de Albarracín, y pasando por Daroca llega al río Ebro. En su entorno tendrán lugar los episodios más célebres. Finalmente continuará hacia el este, pasando por Fraga en dirección a Cataluña. Cervantes menciona a Aragón en el 30% de la primera parte y en el 45 % de la segunda parte alto u baxo*. En cuanto a la localización de los lugares en su segundo tomo, éstos no son definidos por el autor en su obra. Pero a día de hoy se ha generalizado la ubicación de la casa de los duques y gobernación de Sancho en Pedrola y la Ínsula Barataria con Alcalá de Ebro. Ello se debe a una interpretación, o más bien una invención, de Juan Antonio Pellicer, cuyas especulaciones son descritas detenidamente en una obra publicada en 1797. Unas décadas antes hubo un intento de localización topográfica llevado a cabo por Tomás López, geógrafo del rey Carlos III. El mapa realizado que acompañó a varias ediciones del Quijote situaba la corte ducal en la localidad de Osera y la Ínsula Barataria en Castejón de Monegros.

*Alto u baxo: Aproximadamente.

Con motivo del IV centenario de muerte de este genial escritor en el palacio de Sástago de Zaragoza tuvo lugar la interesante exposición “Cervantes y Aragón. Zaragoza, Patrimonio de Don Quijote”. Organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza, con ella se pretende descubrir la estrecha relación entre el Quijote y la provincia de Zaragoza. Se ha acompañado de diez ilustraciones creadas para la ocasión llevadas a cabo por Arantxa Recio, una dibujante zaragozana. Una excelente manera de acompañar los paneles explicativos en los se desgranan los episodios, lugares y los personajes que aparecen en sus libros relacionados con Aragón.

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Analizando el segundo tomo, en el capítulo 26 habla de una fantasía zaragozana cuyo escenario son las torres del palacio de la Aljafería. El Ebro marca el paisaje cervantino donde tiene lugar una de las aventuras más célebres de la segunda obra, que sucede en el capítulo 29. Se trata de la aventura del barco encantado, que supone una burla a los episodios habituales de los libros de caballerías, y que termina con un naufragio estrellándose con las ruedas de un molino. A partir del capítulo 30 se sucede la larga estancia en el castillo de los duques. Don Quijote y Sancho Panza se encuentran con unos cazadores, entre ellos una duquesa. Son muy bien acogidos por los duques. Supone un primer contacto de los protagonistas con la alta nobleza, y sus anfitriones por otra parte los utilizan como bufones para divertimento propio.

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Entre los capítulos 40 y 41 sucede la aventura de Clavileño, un caballo de madera, al cual los duques les invitan a subir con el fin de volar en busca de una princesa. La aventura acaba en el suelo de manera súbita, todo ello organizado por los duques para pasárselo bien a costa de los infelices protagonistas. Entre los capítulos 45 al 53 se sucede otra de las farsas más memorables. Don Quijote encandiló a Sancho Panza con la posibilidad de ser gobernador y gracias a los duques le fue entregada la Ínsula Barataria. Acudió a la localidad y le fueron entregadas las llaves. Al frente del cargo demostró su inteligencia y su valía por su carácter sencillo y pacífico. Redactó nuevas ordenaciones dando fe de su buen gobierno.  Sin embargo a lo largo de diez días que duró el mandato no tuvo descanso y lo que antes había sido un sueño ahora se había convertido en una tortura.  Así que dejó el puesto y se volvió a reencontrar con su asno y con la vida que hasta entonces tenía de la mano de su hidalgo. Al despedirse de los duques, Don Quijote y Sancho Panza se dirigen a Zaragoza para participar en unas justas que allí se celebran. Se entera de camino que ha sido publicado el Quijote de Avellaneda, en cuya obra presenta al protagonista como como un loco de atar. Entonces decide cambiar de rumbo y dirigirse a Barcelona.

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En resumen, a pesar de que Miguel de Cervantes no llegase a pisar tierras aragonesas, centra buena parte de las aventuras del hidalgo manchego en Aragón. Sin conocer estas tierras realiza una descripción que fue interpretada de manera negativa en su tiempo, y causó malestar en la sociedad aragonesa. La publicación del Quijote de Avellaneda está relacionada tanto con el anticervantismo que se respiraba en Aragón por aquel motivo como por el generado por Lope de Vega y sus seguidores. Una copia que tuvo gran repercusión llegando a ofender tanto a Cervantes como para citarla y criticarla en su segunda parte. Uno de los libros más universalmente conocidos  que tiene una relación con Aragón tanto en el argumento de la propia obra, como en la historia que rodeó en la realidad social en la que se vieron envueltos tanto los autores de la época como sus publicaciones.

Molina de Aragón, entre Castilla y Aragón

La población de Molina de Aragón pertenece a la provincia de Guadalajara, la cual forma parte de Castilla La Mancha. ¿Pero por qué un pueblo castellano tiene como apellido Aragón? La respuesta está en un hecho histórico ocurrido hace casi siete siglos. En plena ocupación musulmana de la Península Ibérica, a principios del siglo XI se desintegra el Califato de Córdoba. Entonces surge un Reino de Taifa en Molina de Aragón y se construye una pequeña fortaleza. Tras la toma de Toledo por las tropas de Alfonso VI de Castilla en el 1085, el castillo molinés pagará tributos a Castilla. Con el avance de la Reconquista el rey aragonés Alfonso I el Batallador en 1129 toma la ciudad aunque después la repoblación corrió a cargo del Reino de Castilla. Ante las disputas de castellanos y aragoneses por el territorio molinés, Manrique Pérez de Lara, hizo de mediador siñándose* la concordia de Carrión de 1137. Entonces Castilla devolvió a Aragón las plazas de Calatayud y Daroca, y todas las tierras de Molina fueron entregadas al nuevo señor, naciendo así en 1138 el señorío de Molina, independiente de ambos reinos durante más de siglo y medio.

*Siñar: Firmar.

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El título fue pasando de padres a hijos hasta que cayó en manos del rey de Castilla. Lo heredó Pedro I en 1350, el cual se enfrentó al rey Pedro IV de Aragón, en la conocida como guerra de los Dos Pedros, en la que el señorío de Molina estuvo profundamente inmerso. Con la muerte de Pedro I en 1369 de manos de su hermanastro, éste se convirtió en el rey Enrique II de Trastámara. El nuevo monarca le entrega el señorío de Molina al monje francés Bertrand du Guesclin, en compensación a su violenta ascensión al trono de Castilla. Los molineses no lo aceptaron como su señor y se entregaron a Pedro IV de Aragón, al que reconocieron como señor de Molina. Hasta entonces la villa siempre que había sido conocida como Molina de los Caballeros pasó a denominarse Molina de Aragón, de donde ha quedado su nombre hasta nuestros días. En 1375 un hijo de Enrique II de Trastámara, el infante don Juan, se casa con Leonor de Aragón. Con ello se firma la Paz de Almazán en el mismo año y el señorío es devuelto al rey de Castilla. En 1475 la reina Isabel la Católica les concede un privilegio por el cual el Señorío de Molina estará siempre en poder del rey castellano.

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Salvo este corto espacio de tiempo de seis años en el cual perteneció al reino de Aragón, Molina de Aragón siempre ha ido de la mano del reino de Castilla. Sin embargo las relaciones políticas, sociales y económicas con Aragón han sido muy estrechas a lo largo de los siglos, dado su cercanía, unos treinta kilómetros. Y a ello se añaden las semejanzas tanto en sus costumbres como en su folklore. Las necesidades de los molineses no sólo se cubren en Castilla La Mancha, sino también en Aragón, debido fundamentalmente a que los equipamientos se encuentran más cerca. En el aspecto educativo acuden a los centros universitarios de Zaragoza o Teruel. Para realizar sus compras van a los grandes centros comerciales de Zaragoza. Pero fundamentalmente en la asistencia sanitaria sus necesidades están cubiertas con los hospitales de Calatayud, Teruel y Zaragoza. En este campo no hay mugas* entre las dos comunidades, como así se ratificó en un acuerdo entre los consejeros de Sanidad hace unos años firmado precisamente en esta localidad. Además, en virtud del acuerdo, los gobiernos de ambas comunidades colaboran en la coordinación de las urgencias y las emergencias. El convenio beneficia a 26 municipios de Guadalajara y supone para los castellanos ahorrarse unos cien kilómetros de media en sus desplazamientos.

*Frontera: Muga.

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El factor geográfico es determinante. La comarca de Molina está situada al este de Guadalajara, a 140 kilómetros de la capital de provincia. Sin embargo Teruel dista cien kilómetros y Zaragoza está a 160 kilómetros de Molina de Aragón. Hace unos diez años surgió allí una plataforma ciudadana llamada “La Otra Guadalajara”, inspirada en “Teruel Existe”, referente en la lucha contra la despoblación y el abandono institucional. La plataforma castellana que se ha convertido en el altavoz de una comarca deprimida y acosada por los mismos problemas que afectan a gran parte de la España interior. Precisamente una de las reivindicaciones que comparten es la construcción de la autovía entre Monreal del Campo y Alcolea, la cual comunicaría la comarca de Molina de Aragón con la autovía de Madrid y la autovía mudéjar, y abriría una conexión rápida entre Teruel y Madrid.

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Otra de las iniciativas que han surgido en los últimos años y que une la comarca de Molina de Aragón con nuestra comunidad es la creación de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica, impulsada por el catedrático de la Universidad de Zaragoza Francisco Burillo. Un territorio que se basa en el sustrato histórico-arqueológico de hace dos mil años que comparten diez provincias de cinco regiones: Aragón, con la práctica totalidad de Teruel y las comarcas occidentales de Zaragoza, las dos Castillas con Soria, Cuenca y Guadalajara fundamentalmente, y algunas zonas de la Comunidad Valenciana y La Rioja. Engloba una superficie como el doble que Bélgica, pero su población censada no llega al medio millón de habitantes que sigue en descenso año tras año. Su densidad es de 7,72 hab/km2 lo convierte en la denominada como Laponia del Sur. Cuenta con el índice de envejecimiento mayor de la Unión Europea y la tasa de natalidad más baja. Se trata de un desierto demográfico rodeado de 22 millones de personas. Este territorio, el más desarticulado de la Unión Europea por su carácter multiprovincial, impide que Bruselas lo reconozca como una zona que tenga acceso a fondos específicos. El objetivo de este proyecto es impulsar el desarrollo sostenible a partir del rico patrimonio natural y cultural, de los extraordinarios productos agroalimentarios y turísticos de esta zona.

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Y para finalizar uno de los factores que liga Molina de Aragón con las comarcas turolenses cercanas es el climático. De sobras conocido por todos es el frío que hace en estas tierras. Los inviernos son bastante fríos y rigurosos, teniendo heladas más de un centenar de noches de promedio. En contraste los veranos son agradables y se superan los 30 °C de manera habitual. Coincidiendo con el 50 aniversario del registro de la temperatura más baja alcanzada en una zona habitada en España se editó el libro que “El Triángulo de Hielo”. En sus páginas realiza un estudio climático de una de las zonas más singulares de España, el triángulo geográfico Teruel-Calamocha-Molina de Aragón, considerado el Polo del Frío español. El libro de Vicente Aupí supone la mayor recopilación de datos climáticos de esta zona, incluyendo documentos históricos de los siglos XIX y XX, así como una valiosa colección de fotografías. La obra cuenta también con numerosos testimonios de los observadores que se encargan de esta labor actualmente en diferentes puntos del Polo del Frío, y también de quienes lo hicieron en los crudos inviernos de los años 50 y 60 del siglo XX.

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El 17 de diciembre de 1963 es una fecha que quedó grabada en la memoria de los habitantes de Calamocha. Ese día el observatorio situado entre Calamocha y Fuentes Claras registró el récord de temperatura más baja en una zona habitada de la historia de España, 30 grados bajo cero. Las bajísimas temperaturas se debieron al enfriamiento sobre el suelo nevado de la serena madrugada de aquel día con el cielo despejado. En el ranking le sigue Molina de Aragón, que registró 28,2 grados bajo cero el 28 de enero de 1952. En Teruel y otras poblaciones del triángulo se han producido numerosos episodios con registros inferiores a los -20 C, alcanzando la capital 22 grados bajo cero en 1945.
Con todo lo relatado la comarca de Molina de Aragón se puede definir como una zona con entidad propia, más allá de pertenecer a Aragón o Castilla. Administrativamente englobada en la provincia de Guadalajara, pero situada en su extremo oriental y muy cercana geográficamente a las provincias de Zaragoza y Teruel, a la que le unen muchos lazos políticos, sociales, culturales y económicos. Lo de su nombre se debe a un hecho histórico muy concreto en el tiempo, pero delata una realidad que se mantiene todavía en el día de hoy.