Calatayud-Torrelapaja, el apéndice aragonés del Santander-Mediterráneo

Calatayud-Torrelapaja, el apéndice aragonés del Santander-Mediterráneo

El Santander-Mediterráneo fue el nombre común con el cual se denominó a la línea férrea que conectaba Calatayud con Cidad-Dosante, en la provincia de Burgos. Un proyecto inacabado que no llegó a tener conexión con Santander y cuya continuidad hacia el Mediterráneo se apoyaba en la línea férrea ya existente entre Calatayud, Caminreal y Sagunto.

Sin embargo en el tramo aragonés ya hubo un proyecto anterior de un ferrocarril de vía estrecha entre Torrelapaja y Calatayud, un trazado de unos 40 kilómetros. El objetivo era el traslado del carbón de las explotaciones de carbón de La Tejera, Carmen y María, además de otras. Con la conexión en Calatayud se facilitaba su traslado a través de la línea Madrid-Zaragoza y la de Calatayud-Caminreal en dirección a Sagunto. El proyecto fue redactado por Antonio González Echarte. Se constituyó la Sociedad Hullera de Torrelapaja y Ciria en el año 1900 con un capital de 7 millones de pesetas. En ese mismo año se autorizó por el Estado el proyecto de construcción de la línea sin subvenciones y declarado de interés público. Las obras comenzaron al año siguiente, pero sin embargo un informe desfavorable sobre el volumen del carbón a extraer hizo abandonar las obras del ferrocarril al no justificar la inversión, una vez gastado el 20% del presupuesto en 1901, liquidándose la sociedad. También se propuso realizar un ferrocarril entre Castejón de Ebro, Ólvega y Torrelapaja que fue autorizado por el Estado en 1902 y que tampoco llegó a ejecutarse.

Orígenes del Santander-Mediterráneo

El germen del Santander-Mediterráneo es una serie de proyectos que arrancan en 1865 con el proyecto ferroviario de César D. Allhard de Cadseneuve de unir Burgos y el Mediterráneo con final en Sagunto. También otros como el presentado por Antonio Álvarez de Burgos a Soria y el tramo de Burgos a Ontaneda elaborado por Manuel Gutiérrez Ballesteros que se quedaron en papel mojado. En 1879 se presenta el ferrocarril del Meridiano, cuya denominación responde a seguir su trazado la línea del Meridiano de Madrid. El proyecto fue elaborado por Emilio Riera y Antonio María Coll y Puig. El objetivo era plantear una nueva línea férrea Santander-Burgos-Madrid como alternativa al abuso de tarifas y mal servicio de la Compañía de Caminos de Hierro del Norte, que monopolizaba el servicio ferroviario a los puertos de Gijón, Santander, Bilbao y Pasajes en el último cuarto del siglo XIX. Al no salir adelante este proyecto surge la idea de una línea menos ambiciosa entre Santander y Burgos. Se redacta el proyecto siendo aprobada en 1898 la concesión del tramo de ferrocarril de vía estrecha entre las localidades cántabras de Astillero y Ontaneda, poniéndose en servicio cuatro años más tarde. Como la línea no parecía prolongarse las diputaciones provinciales de Santander, Burgos, Soria y Zaragoza proponer unir el Cantábrico con el Mediterráneo a través de una nueva línea que parta de Ontaneda y llegue a Calatayud. A este punto llegaba la línea la Compañía Central de Aragón con destino a Valencia, y también confluía con la línea entre Madrid y Zaragoza, de la Compañía de Madrid a Zaragoza a Alicante. Las diputaciones encargaron la redacción del proyecto a Ramón de Aguinaga y su hijo José de Aguinaga, siendo aprobado por el Ministerio de Fomento entre 1912 y 1913. Las obras se aplazaron por el comienzo de la Primera Guerra Mundial un año más tarde. El corredor Santander-Mediterráneo se planteaba así como una ruta en la que operarían tres compañías diferentes y que discurría entre ambos mares por una zona mucho menos poblada y con menos actividad económica que la que funcionaba ya entre el puertos de Bilbao y Barcelona y tratando de hacer competencia a la línea entre el puerto de Bilbao y Madrid pasando Valladolid. En 1921 se termina la redacción del proyecto. En 1924 se crea la sociedad Santander-Mediterráneo, Compañía del Ferrocarril Estratégico Santander-Burgos-Soria-Calatayud S.A., una filial española de sociedad Anglo Spanish Construction Company la cual se encargaría de ejecutar las obras. La sociedad de capital y dirección británica, asume todos los derechos y obligaciones que hasta la fecha tenían las diputaciones provinciales. El capital aportado, 87 millones de pesetas, era insuficiente para acometer las obras. Tras las negociaciones entre la compañía y el Estado en 1927 se modifican las condiciones iniciales de la concesión. El Estado obliga a la compañía a terminar las obras con una rebaja importante en el presupuesto, que sería al final de unos 270 millones de pesetas. Las nuevas condiciones supusieron una rápida inyección económica lo cual agilizó las obras, terminando en seis años el trazado completo, dos años antes de lo previsto en la concesión. Se ejecutaron entre los años 1925 y 1930, divididas seis tramos. Durante las obras en algunos puntos llegaron a trabajar hasta 5.000 personas a la vez. Para el tramo entre Calatayud y Soria se utilizó material de las pedreras* ubicadas en Torrelapaja, del paraje de la Huesera. La piedra extraída fue tallada y utilizada en edificios, andenes, túneles, alcantarillas y pasos subterráneos. Los trabajadores empleados se hospedaron en la misma localidad mientras duraron las obras.

*Pedrera: Cantera.

Inauguración del tramo aragonés

La inauguración del tramo entre Calatayud y Soria tuvo lugar el día 21 de octubre de 1929. A tal efecto partieron trenes inaugurales desde sendas capitales que se juntarían en un lugar intermedio, la estación de Torrelapaja. De la estación de Mediodía, como se conocía a la terminal Calatayud-Jalón, partió a las 15 horas el convoy formado por la locomotora SM-107 y tres coches de primera clase. Como maquinista don Víctor Vallejo y como fogonero don Manuel López. En su interior como invitados un numeroso grupo de representantes políticos, militares, religiosos, empresariales, técnicos de la empresa, periodistas y de la sociedad bilbilitana y zaragozana. La expectación a su paso por las estaciones fue mayúscula, sobretodo en Cervera de la Cañada. El día del servicio inaugural prestaron servicio los siguientes jefes de estación en el tramo aragonés: Calatayud, don Fortunato García; Cervera de la Cañada, don Julio Mínguez; Villarroya de la Sierra, don Alejo Urbano; Clarés, don Octavio Hernández; Malanquilla, don Ángel Gállego, y Torrelapaja, don Rafael Gutiérrez. El tren procedente de Soria llegó un poco antes. Estaba formado por la locomotora SM-105 que conducía don Lorenzo San José y el fogonero son Ricardo Muñoz. En él viajaron las personalidades sorianas y burgalesas. El andén de la estación de Torrelapaja se llenó con los convidaus* y los numerosos curiosos que acudieron a la celebración. Se obsequió a los presentes a un magnífico almuerzo que elaboró el Hotel Muro de Calatayud. Y a continuación hubo baile amenizado con la Banda de Soria. El acto se completó con la visita a la fábrica de harinas “La Esperanza” que acababa de instalarse en la localidad. Tras el brindis de los gobernadores de Soria y Zaragoza, y de los alcaldes de Soria y Calatayud volvieron a sus lugares de partida en el tren opuesto al que habían utilizado para llegar.

*Convidau: Invitado.

Inauguración de la estación de Torrelapaja. 21 de octubre de 1929

Puesta en servicio de la línea

La línea completa, con un trazado de 366,5 kilómetros, se puso en servicio para viajeros y mercancías a finales de 1930. Se mantuvo operativa hasta el 31 de diciembre de 1984. Los primeros años de explotación no fueron favorables. Tras la construcción del ramal entre Zaragoza y Caminreal, inaugurado en 1933, se desviaron trenes de pasajeros y mercancías reduciendo de manera notable el tráfico entre Caminreal y Calatayud. Ello afectó de manera notable a la conexión del Santander-Mediterráneo. Con la Guerra Civil la situación económica de la compañía mejoró pasando del déficit de los primeros años al superávit entre 1936 y 1939. Ello se debió al transporte de tropas franquistas y material bélico. A lo largo de la historia de la línea no fue posible recorrer en un mismo tren toda la línea. Se realizaban servicios independientes entre Cidad-Dosante y Burgos, y entre Burgos y Calatayud, incluso sin ser posible el trasbordo entre ambos trenes en Burgos. Entre Calatayud y Burgos había un tren correo diario en ambos sentidos. Los primeros años con las viejas locomotoras de vapor el trayecto de 250 kilómetros se realizaba en 5 horas y 36 minutos a una velocidad media de 45 km/h. Con el paso de la explotación a RENFE en 1941 se mantuvieron los servicios diarios reduciendo el tiempo del trayecto a lo largo de los años.

Estación de Cervera. Septiembre de 1965. Foto: Archivo 30937 Transport Photograph.

A principios de los ochenta había un servicio mixto entre Calatayud y Burgos que alcanzaba velocidades de 100 km/h. Se sustituyó el verano de 1984 por un automotor mejorando algo el servicio ya que alcanzaba una velocidad de 120 km/h. El tráfico de mercancías era mucho más numeroso pero sus circulaciones no estaban sujetas a horarios ni itinerarios establecidos. Uno de los materiales con mayor regularidad era el transporte de arena (caolín de excelente calidad) desde Santelices, procedente en camiones del embalse del Ebro, en dirección a Cataluña. Había circulaciones diarias de lunes a viernes. La madera era otra materia prima muy transportada, desde Oña y Trespaderne. La patata de siembra se trasladaba en temporada desde Peñahorada y Medina de Pomar con destino al Mediterráneo. Los cereales, con silos en Trespaderne y Medina de Pomar, se transportaban en otoño e invierno principalmente. También se cargaba combustible en dirección a Soria o Calatayud, abonos y otros servicios para uso militar.

Estación de Malanquilla. Mayo 1966. Foto: Familia Cisneros

Cierre de la línea

El 1 de enero de 1985 se clausuraron al tráfico todas aquellas líneas de RENFE deficitarias que no cubrían el 23% de los gastos de explotación. Tras el cierre, en diciembre de 1985 fue recorrida la línea de manera íntegra por el automotor diesel 590-162-4 y se aprovechó para hacer vídeo de todo el trazado desde la cabina. Diez años después, en 1995, se autorizó al levantamiento de las vías. En el tramo aragonés tuvo lugar en el verano del año 2012. Uno de los motivos fue el aprovechamiento de dicho material para las vías provisionales en la construcción de las líneas el AVE. En la actualidad se está ultimando el proyecto de Vía Verde del tramo entre la frontera soriana y Calatayud. Respecto a las estaciones, la mayor parte están en estado de abandono y de ruina. Todas menos la de Villarroya que fue demolida ya hace algunos años.

Características del Santander-Mediterráneo

La línea del Santander-Mediterráneo se llevó a cabo con la más alta tecnología de la época, siendo por aquel entonces la más puntera en señalización, comunicación y organización. Estaba dotada de vía única sin electrificar y todas las infraestructuras estaban preparadas para la implantación de doble vía. Los puentes metálicos fueron diseñados para un máximo de 22 toneladas por eje (en el resto de ferrocarriles la carga máxima era de 16 toneladas). Los carriles de acero eran de 45 kg/metro lineal. Se apoyaban sobre traviesas de pino (protegidas con sulfato de cobre) o de roble (creosotadas, es decir, tratadas con resinas naturales y derivados del alquitrán para su mejor conservación). Ésta última fue una de las novedades de esta línea que se extendió al resto de la red ferroviaria. Fueron necesarias entre 1500 (en rectas y curvas de suave trazado) y 1585 traviesas por kilómetro de trazado (curvas más acentuadas). Para la señalización la línea contaba con postes de hormigón que indicaban el kilómetro y hectómetro, colocados cada cien metros de manera altera. Inicialmente en madera y después en hormigón, se colocaron también postes indicando pendiente en milésimas, el tipo y la longitud de las mismas en metros. Éstos últimos fueron otra de las innovaciones que RENFE incorporó posteriormente en toda la red ferroviaria española. En el año 1933 se implantó otra novedad en la línea, la colocación de mojones de hormigón. Su objetivo era conservar la geometría de la línea. Colocados cada diez metros en las curvas y cada cien metros en las rectas, a un metro del carril exterior. Respecto a su trazado, las curvas de transición de 75 metros de longitud fueron ampliadas hasta 120 y 180 en enero de 1940, otra de las mejoras que fueron implantadas en el resto de la red ferroviaria del Estado. En cuanto a las pendientes, a pesar del complicado trazado, no superaban las 16 milésimas en todo el trazado, a excepción de las rampas de 20 milésimas entre Villarroya de la Sierra y Clarés, y entre Clarés y Malanquilla. Era la máxima autorizada teniendo en cuenta el uso de locomotoras de vapor, cuya carga podría verse reducida aumentando los costes de explotación. Con la creación de RENFE esta línea era la de mayor calidad de toda la red nacional, con estaciones dotadas de servicios de calidad tanto para los viajeros como para el personal ferroviario.

El recorrido aragonés

Calatayud constituyó un importante nudo de comunicaciones que servía para el intercambio de mercancías y viajeros entre tres líneas de ferrocarril. Por una parte la línea Madrid-Zaragoza gestionada por la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M.Z.A.) cuya estación se denominaba Calatayud-Jalón. En la actualidad se trata de la única línea que sigue en funcionamiento y la actual estación es una reforma de la original. La Compañía del Santander-Mediterráneo (S.M.) no contaba con estación propia de viajeros utilizando el edificio de la anterior. La terminal denominada Calatayud-Ribota si contaba con playa de vías propia y la infraestructura necesaria para el tráfico de mercancías. Se trataba del kilómetro cero de la línea, a 531,6 metros de altitud sobre el nivel del mar. A escasa distancia se emplazaba la estación Calatayud-Jiloca, que daba servicio a la línea entre Calatayud y Valencia, siendo gestionada por la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón (C.A.).

Sin perder de vista a la ciudad, el trazado pasa por el punto más bajo de la línea a 523 metros de altitud, en la confluencia con el río Jalón. La estructura metálica ha sido reformada para el paso de la vía verde, conservando en esencia el puente. La mayor parte de los puentes a lo largo del trazado de la línea son metálicos y de diseño homogéneos. Son del tipo “vigas de alma llena” y constan de una estructura de dos cuchillos dispuestos en paralelo.

En ligero ascenso el recorrido se interna en las fértiles tierras del valle del río Ribota. Una de las obras de mayor envergadura es el puente para salvar el Ribota, que se apoya en tres pilares centrales. Esta estructura metálica también ha sido restaurada gracias al paso de la vía verde, la cual se ve interrumpida al alcanzar el término municipal de Torralba de Ribota.

La primera de las estaciones, Cervera, está situada en el kilómetro 15,5 a una altitud de 664,3 metros. Daba servicio a Cervera de la Cañada, cuyo casco urbano se emplaza a unos trescientos metros de distancia. Se trataba de una estación de tercera categoría, cuyo edificio principal era destinado al servicio de los viajeros en su planta baja, siendo la planta superior ocupada por la vivienda del jefe de la estación. A escasa distancia está el almacén con muelle de carga y vía para la carga directa de mercancías al tren. El conjunto se complementa con otro edificio de menores dimensiones destinado a los aseos. En la actualidad se conservan los tres edificios en mal estado de conservación.

Poco más adelante se pasa a la margen derecha del río Ribota. La siguiente estación, Villarroya, se ubica en el kilómetro 21,2 a una altitud de 734,3 metros. A medio kilómetro se encuentra Villarroya de la Sierra. Se trataba de una estación de similares características e importancia a la anterior. Debido a su mal estado de conservación hace unos años de llevó a cabo el derribo de todos los edificios.

En su avance por el valle debe cruzar a la margen opuesta del cauce mediante un puente de similares características a los anteriores. A pesar de la desmantelación de las vías del ferrocarril, en los tramos correspondientes a los puentes todavía se conservan tanto travesaños con carriles metálicos.

A escasa distancia el trazado salva la carretera nacional entre Calatayud y Soria por encima gracias a otro puente metálico apoyado únicamente en los estribos.

A medida que se asciende el río Ribota se hace más joven. La cabecera está formada por el arroyo de la Vega, el cual deben atravesar las vías del ferrocarril. El trazado discurre por la margen izquierda del arroyo de Vallunquera, otro de los afluentes que alimentan al río Ribota. Al abrigo de los taludes creados por el trazado ferroviario surge la estación de Clarés. Ubicada en el kilómetro 31,4, a una altitud de 912,2. En esta ocasión se trata de un apeadero que consta de un edificio de una planta que integraba el servicio a los viajeros con una pequeña vivienda para el personal que atendía el servicio. Contaba además con un pequeño edificio de Vía y Obras, destinado a los trabajos de mantenimiento de la línea. El edificio es visible desde la carretera nacional y está en estado ruinoso. Se emplaza junto a la carretera de acceso a Clarés de Ribota, en cuya intersección todavía pueden apreciarse algunas vías del ferrocarril. El casco urbano está alejado, a unos dos kilómetros de distancia.

El valle ahora es mucho más amplio y los campos de labor circudan el pequeño cauce delimitado por la vegetación de ribera que lo acompaña en su sinuoso recorrido. El siguiente punto donde se detenía el tren era Malanquilla. Se alcanza el kilómetro 36,3 a una altitud de 1002,2 metros. De nuevo se trata de un apeadero, cuyo edificio guarda la misma fisonomía y distribución interior. En ambas estaciones la vía se desdoblaba para permitir el cruce de convoyes. Como particularidad algunas de ellas contaban con un vía adicional con final en topera para el estacionamiento de material y la descarga de mercancías en un muelle que carecía de almacén ampliaron los servicios con la posibilidad de recepción y facturación de mercancías, en el tráfico local y el combinado. En las cercanías todavía se conserva el edificio de Vía y Obras. Y un poco más adelante, junto al cruce de la antigua carretera hubo un edificio destinado a vivienda del guarda-agujas, el cual fue derruido hace ya décadas. Con la construcción de la nueva carretera de acceso al pueblo se destruyó parte del andén de la estación, así como el ramal de vía que terminaba en la topera. El pueblo se emplaza a dos kilómetros de distancia de la estación.

El trazado ferroviario discurre ahora en paralelo a la carretera nacional. De camino a la siguiente estación se atraviesa el túnel de túnel de Corrales de la Tejera, que mide 284 metros. Como el resto de los construidos en la línea cuenta con bóveda de hormigón recubierta de piedra en las bocas de entrada y salida. Sus dimensiones permitían la implantación de doble vía. Sin apenas ganar altura se alcanza última estación aragonesa del Santander-Mediterráneo. Ligeramente alejada del casco urbano está la estación de Torrelapaja. Ubicada en el kilómetro 43,9 a una altitud de 1004,8 metros. Está catalogada como estación de tercera categoría y es de similares características a las estaciones gemelas de Cervera y Villarroya son evidentes. Sin embargo la ubicación de la estación a media distancia entre Calatayud y Soria la convertía en un lugar estratégico, siendo dotada de mayor infraestructura logística. El edificio de viajeros, a pesar de su estado de abandono, parece conservarse algo mejor. También cuenta con almacén de carga y edificio de urinarios. Sin embargo uno de los elementos de mayor envergadura y que le aporta singularidad al complejo es el depósito de agua destinado a la carga de las locomotoras de vapor. También cuenta con otro edificio un poco más alejado junto a la vía. El pueblo al que da servicio se emplaza algo alejado, a más de un kilómetro. Ello a pesar de que las vías del ferrocarril pasan a poco más de trescientos metros del casco urbano. Desde este punto sólo restan dos kilómetros de trazado ferroviario para alcanzar tierras sorianas.

El tramo entre Calatayud y Torrelapaja supone una pequeña parte del Santander-Mediterráneo. Por su ubicación en uno de los extremos bien podría considerarse como el apéndice aragonés de una línea que atraviesa en su mayor parte tierras castellanas. Un trazado pendiente de convertirse en vía verde para uso ciclista y peatonal, dejando definitivamente para el recuerdo el tráfico ferroviario.

Sarrión, capital mundial de la trufa negra

Decían los romanos que las trufas nacían del rayo, por el aspecto exterior que parece quemado, y eran un regalo de los dioses. En la Edad Media llegaron a considerarse manifestaciones del diaple*, siendo prohibidas por la Inquisición. A partir del siglo XVIII recuperaron el valor gastronómico que ya tuvieron con los romanos. La recolección de la trufa silvestre en España comenzó en Cataluña, por recolectores franceses. En la provincia de Teruel se empezó a conocer por las gentes del lugar a principios de 1960, si bien hacía ya años que era recogida de manera discreta por buscadores catalanes. Con el tiempo, sabiendo ya la enorme riqueza, se fueron creando cotos en los respectivos municipios. El descenso en el aprovechamiento de la leña de carrasca y del pastoreo aumentó la vegetación en el carrascal. Este hecho unido a la abusiva recolección en zonas truferas naturales dio como resultado un descenso drástico de la producción. Ello impulsó la práctica de la truficultura. En 1987, un joven llamado Francisco Edo Navarrete, que había hecho su trabajo fin de carrera sobre el cultivo de la trufa, organizó un cursillo de formación laboral en Sarrión. Los asistentes a aquel curso se convirtieron en los primeros cultivadores. En 1997 varios truficultores acuerdan la constitución de la Asociación de Cultivadores y Recolectores de Trufa de la Provincia de Teruel, conocida con el acrónimo ATRUFER. Uno de los grandes logros fue el registro de la marca “Trufa Negra de Teruel” cuyo objetivo es la defensa de la calidad de la trufa turolense. En 2001, se celebró la I Edición de Feria Monográfica de la Trufa, FITRUF, organizada por el Ayuntamiento de Sarrión, con la colaboración de otras administraciones públicas, entidades financieras y asociaciones del sector. En aquella ocasión participaron 14 expositores y se trató de la primera feria monográfica en torno a la trufa a nivel nacional y posiblemente internacional. Desde esa primera edición han ido en aumento el número de expositores y los asistentes superando ya las veinte mil personas. Se trata de un escaparate donde poder dar a conocer todo lo relacionado con este hongo a través de productores y empresas relacionadas con el sector. En ella no falta la degustación gastronómica gracias a las tapas elaboradas por la Asociación de Mujeres así como las jornadas técnicas para atraen a expertos en la materia.

El siguiente reto es la puesta en marcha del Tuber Universum, el Centro de Interpretación de la Trufa de Sarrión que abrirá sus puertas en 2022. Situado en el polígono industrial El Bayo, junto a la autovía mudejar. En su interior se pretende dar a conocer la trufa y la tradición trufera de la localidad. Explicaciones sobre el hongo, su cultivo y comercialización articulan el espacio expositivo. Completan el centro de interpretación un espacio para las demostraciones culinarias. Esta es la primera fase un proyecto mucho más ambicioso que incluirá una zona de restauración, centro de investigación y un auditorio.

Para la potenciación de la trufa negra a nivel regional a finales del año 2021 se creó la marca “Trufa Negra d´Aragón”. Esta federación incluye la Asociación de Recolectores y Cultivadores de Trufa de Aragón (Huesca), la Asociación de Jóvenes Truficultores de Teruel y la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa Negra de las Comarcas de Zaragoza. Este proceso cuenta con el apoyo de instituciones y entidades como el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y el Centro de Investigación y Experimentación de Truficultura de Graus (CIET).

*Diaple: Diablo, demonio.

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Las trufas son el fruto de un hongo subterráneo que se fija a las raíces de los algunos árboles (roble, coscoja, avellano, carrasca) por medio de unos filamentos. Vive en simbiosis con el árbol: de él obtiene los hidratos de carbono que necesita y le aporta a cambio minerales y agua. Se encuentran debajo de la superficie del suelo a unos 20 centímetros de profundidad. En el mundo se conocen cerca de 90 variedades de trufa. De ellas son comestibles un tercio y sólo unas pocas son aprovechadas gracias su aroma o sabor. Entre ellas tenemos a la trufa negra (Tuber melanosporum). Recibe el nombre de trufa negra de Sarrión, trufa de Perigord, trufa de Norcia o trufa de Spoleto, según su procedencia. Esta es la más valorada y apreciada en la cocina, de aroma delicado y penetrante. Debe el nombre a su color negruzco o grisáceo. Tiene forma más o menos redondeada y su peso es variable, oscilando entre los 20 y los  300 gramos. Su corteza es de forma piramidal y el interior presenta numerosas venas muy finas de color blanco. Su época de recolección es de noviembre a marzo.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel
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Otra variedad es la trufa de verano (Tuber aestivum). Es considerada la hermana menor de la trufa negra por su aroma mucho más suave. Tiene igualmente forma redondeada y es de color marrón oscuro o negruzco, aunque con una corteza piramidal más acentuada. La mayor diferencia está en su interior, de color blanquecina o amarillenta, también con venas blancas numerosas y finas. Su época de recolección es de mayo a septiembre. También está la trufa de invierno (Tuber brumale). Es de color negro y muy similar a la trufa negra pero con un aroma muy profundo y de inferior cotización en el mercado. Y finalmente es necesario nombrar la trufa blanca (Tuber agnatum). Es la conocida como trufa blanca del Piamonte. Su ecosistema se localiza únicamente en Italia y en Istria. Sus ejemplares son cotizadísimos, pudiendo pagarse por kilogramo entre 3000 y 6000 euros por kilogramo. Según muchos entendidos es lo máximo en gastronomía. La trufa blanca es una rareza y a diferencia de las demás variedades pierde aroma al ser cocinada. Tienen formas irregulares, una piel fina de color ocre pálido, siendo su interior de color marrón rojizo o amarillento. Se recoge entre septiembre y enero.

La producción de trufa negra en Europa se concentra en tres zonas principalmente: España, Francia e Italia. De las 150 toneladas que se producen en todo el planeta 80 pertenecen a la comunidad aragonesa. Por ello Aragón supone más de 50 % de la producción mundial, siendo la mayor parte recogidas en el entorno de Sarrión lo que la convierte en la capital mundial de la trufa negra. El cultivo masivo de este preciado hongo ha impulsado el desarrollo de esta zona turolense. Aquí el paisaje se ha transformado, salpicado de campos de carrascas en los que se cultiva la trufa, que vive y crece en simbiosis con el árbol. El 90% de las trufas españolas se exportan a Francia, lo cual quiere decir que muchos productos de trufa francesa tienen su origen en Teruel. El precio se fija en el mercado trufero de la zona, que se celebra los sábados cuando se fa de nueis* y puede llegar a alcanzar los 600 euros el kilo, aunque una trufa de tamaño razonable puede costar unos 20 euros.

*Fer-se de nueis: Anochecer.

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Actualmente en Teruel cuenta con unas 10.000 hectáreas plantadas con trufa distribuidas por casi toda la provincia, aunque hay que puntualizar que todas ellas no están todavía en producción ya que se trata de plantaciones recientes. En cuanto a distribución geográfica, tres de cada cuatro hectáreas se concentran en la comarca Gúdar-Javalambre. También la trufa está muy implantada en comarcas como el Bajo Aragón, Matarraña, Maestrazgo, Cuencas Mineras y Sierra de Albarracín. La mayor parte de las plantaciones son de secano siendo menos del 10% la superficie de regadío, unas 800 hectáreas. A pesar de este porcentaje es pequeño, la provincia turolense cuenta con la mayor superficie irrigada lo que la convierte en la principal potencia mundial en la producción de trufa negra. Y con ello Sarrión se convierte en el epicentro mundial de la truficultura.

Esta práctica agrícola consiste en la plantación de árboles inoculados o infectados con el hongo de la Tuber melanosporum, procedentes de viveros de la misma localidad. La climatología de la zona es la ideal, con clima mediterráneo extremo, moderadamente cálido, seco y con inviernos fríos debido a la altitud. La primera etapa de formación, que puede durar aproximadamente entre seis y ocho años, corresponde a una fase en la que las micorrizas van invadiendo el terreno con el crecimiento de la raíz del árbol. En este proceso se van apreciando unos síntomas evidentes en la superficie ya que aparecen los denominados calveros o quemados. En estos calveros se seca la vegetación herbácea y la mayoría de las plantas, quedando el suelo prácticamente desnudo. Tras este largo periodo comenzaría la fase productiva. Es conveniente vallar el campo plantado  evitando de este modo la entrada de animales como el jabalí, del ganado mal controlado, de los recolectores furtivos y los individuos practicantes del vandalismo. También es necesario instalar un sistema de riego y así garantizar el riego necesario para la reproducción de los hongos. En cuanto a su recolección antiguamente se recogían con cerdos, aunque ese uso se ha abandonado por comodidad, ya que es difícil transportar y domesticar a este animal. Con los perros, estos problemas desaparecen, una vez adiestrados para esta tarea. Pueden ser perros de diferentes razas o cruces, de carácter afable y obediente, a ser posible de tamaño medio y pelo duro para resistir mejor las bajas temperaturas del invierno. El recolector extrae la trufa con ayuda de machetes que no sean punzantes, cavando cuidadosamente, desenterrando la trufa y volviendo a tapar el pozo formado con la misma tierra extraída.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel
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La distinción entre la trufa de plantación y la trufa silvestre es mínima ya que la variedad es la misma. Su diferencia primordial es que la trufa silvestre suele ser más pequeña, ya que no se riega cuando el hongo necesita agua. Además su tamaño suele ser más irregular ya que sale en terrenos más pedregosos. En cuanto a su valor nutricional, debido a las pequeñas cantidades que se consumen, es un aspecto ciertamente secundario. Es un alimento poco energético, que aporta unas 30 calorías/100 gr, muy digestivo, y al que se le atribuye un gran poder afrodisíaco. Una trufa está compuesta de agua en cantidades que pueden oscilar entre el 75 y el 90%, y como componentes destacar el potasio y el magnesio.

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En cuanto a su uso gastronómico es necesario saber que para conservar las trufas frescas en el frigorífico (unos diez días, según grado de madurez), hay que envolverlas en papel absorbente de cocina y meterlas en un recipiente hermético. Una vez al día hay que secar el recipiente y cambiar el papel si está mojado. También se pueden congelar para usar fuera de la temporada, rallando lo que se vaya a necesitar, sin llegar a descongelarlas enteras. Las trufas no se pelan y son usadas para aromatizar alimentos para lo cual se necesitan al menos 24 horas en contacto. La trufa deja su aroma y sabor en alimentos más bien planos de sabor como en arroces, patatas, harinas y pierde intensidad con productos que tienen mucha mezcla de sabores. Si la trufa es fresca lo mejor es rallarla o laminarla sobre el alimento. En la cocina las principales cualidades de este hongo son el aroma y el sabor, con lo cual hay que añadirla a última hora de la cocción de los alimentos para que no desaparezcan sus cualidades.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel

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Vía Verde de Ojos Negros, surcando túneles y viaductos

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Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa. Pero volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas durante las fiestas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir más de 30 veces lo que recibieron. Al final han pagado unas cuatro veces la indemnización, pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Ni siquiera esa emblemática pareja que aguantó hasta el final. Emilio falleció en septiembre de 2011 cuando todavía no había comenzado la recuperación del pueblo. Su mujer, Francisca, nos dejó en julio de 2019. Ella si que pudo ver casi terminada la Casa Castillo. Sin embargo se fue sin saber qué significaba la palabra justicia. Ella decía que no entendía esta situación y que sólo esperaba que alguien le pidiera perdón pero no lo consiguió. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. Durante demasiado tiempo las actuaciones en Jánovas fueron de poco calado. Aún así los vecinos fueron realizando pequeñas obras. Primero fue recuperada la fuente. Después se reconstruyó por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se convirtió en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y también fue recuperado el antiguo horno, situado muy cerca.

Y mientras tanto la administración central ha dilatado excesivamente y sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. En el caso de Jánovas tras muchos años prácticamente todos los solicitantes ya han conseguido la reversión y son de nuevo suyas. Sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo cuatro edificios están recuperados o en obras. El primero de ellos fue la Casa del Pueblo. A otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, ha llegado la vida después de su finalización. Es la primera en ser habitada tras este triste episodio; se trata de la Casa Frechín. En la entrada del pueblo está Casa Agustín prácticamente terminada por fuera. Sus fachadas reproducen fielmente su aspecto exterior respetando los vanos. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa ya está prácticamente terminada. En proceso ya están Casa Carpintero, Casa Francho, Casa Felipe, Casa Piquero y Casa Garcés. Esta última es la que acogió a los últimos habitantes, que ahora quiere levantar su nieto. Y en breve está previsto que comiencen las obras en Casa Tejedor, Casa Puyolé, Casa Joaquina y Casa Dolores. Otros ya piensan en levantar de nuevo las casas de sus familias, constituyendo el momento más esperanzador en toda esta historia.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se llevaron a cabo las obras en el cauce del Ara para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa que nunca se llegó a levantar. Ahora el río discurre por donde siempre había ido. Para estas obras, todavía sin terminar, se construyó un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Afortunadamente los actuales representantes de las administraciones afectadas deben sentir vergüenza de las actuaciones de sus predecesores. En el caso de este vado se permite el uso por parte de los vecinos, siendo el mejor acceso actual, imprescindible para llevar a cabo todas las actuaciones. Y no parece que se vayan a terminar las obras de la atavía, lo que supondría la desaparición de este paso. Una complicidad de la administración con los vecinos, como un pequeño detalle que pueda compensar el daño sufrido.

Todavía queda esperar para que Jánovas cuente con una carretera de acceso. A quinientos metros de distancia discurre la carretera nacional N-260. El eje pirenaico tiene acondicionados los tramos entre Sabiñánigo y Fiscal, y entre Boltaña y Campo. Sin embargo el tramo en torno a Jánovas es una precaria carretera, estrecha y con abundante tráfico. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El actual acceso al pueblo es lamentable. Una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central todavía no ha compensado a Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano. Por parte de Fomento ya ha sido aprobado el estudio de impacto medioambiental de la mejora de este tramo de la nacional de 12,7 kilómetros, cinco años después de que fuera tumbado el anterior. Las obras costarán 57 millones de euros e incluyen un túnel de 1.740 metros que salvará el congosto de Jánovas. El nuevo acceso partirá de una intersección situada cerca de Lavelilla y cruzará el río Ara por un lugar que permite construir un puente que cumpla con las condiciones de seguridad, aguas arriba del actual vado. Pero este ramal de acceso deberá ser realizado por la administración autonómica, otro problema más que puede alargar más en el tiempo la precaria situación.

El 19 de diciembre de 2017 será recordado como una fecha muy importante en la recuperación del pueblo. Ese día se firmó el convenio entre Endesa y el ayuntamiento de Fiscal, en el cual se traspasaron los activos de los núcleos de Albella, Jánovas, Burgasé, Lacort, Lavelilla, Fiscal, San Felices-Santa Olaria, de la cual el ayuntamiento de Fiscal es su sucesor. Se trata del patrimonio afectado por la construcción del embalse de Jánovas que corresponde a 186 hectáreas de suelo rústico, 23.000 metros cuadrados de superficie urbana y más de 60 inmuebles, entre los que están las antiguas escuelas, el puente colgante sobre el río Ara, viales, calles, plazas, fuentes y abrevaderos. Por ello deberá pagar 50.000 euros a Endesa. Es lamentable que después de tanto daño a lo largo de todas estas décadas, y del abandono de todo este patrimonio se le haga pagar por ello al ayuntamiento de Fiscal. Pero por lo menos se libera de la propiedad a la hidroeléctrica y se facilita la recuperación de todas estas propiedades. Una de ellas como es el caso de las escuelas de Jánovas ya rehabilitadas por los propios vecinos.

Pero la piedra angular de la reconstrucción del pueblo es la restitución de la zona afectada por el fallido pantano por parte de la administración central con la redacción del Plan de Desarrollo Sostenible. Las inversiones incluidas en este gran proyecto servirían para dotar a las poblaciones de Jánovas, Lavelilla y Lacort de accesos por carretera, urbanización y dotación de servicios como iluminación, vertido y depuración, además de restauración del patrimonio histórico y cultural. Sin embargo tras las alegaciones presentadas por algunos vecinos más críticos el Gobierno central ha decidido continuar con el procedimiento ordinario lo que supone posponer las actuaciones hasta el año 2028. El ayuntamiento de Fiscal recurrió la sentencia por considerarla injusta e injustificada, pero fue desestimada. De nuevo queda de manifiesto que el Estado español, el único responsable de la destrucción del pueblo, sigue sin comprometerse con la recuperación.

Ello supone un duro revés para Jánovas, pero no la paralización del proyecto. Los vecinos llevan años movilizados para agilizar y adelantar la acometida de la luz, fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida al pueblo. De esta manera el gobierno autonómico en 2017 asumió con 100.000 euros la traída de la línea de media tensión. Tras más de cincuenta años de oscuridad, ha llegado la luz a Jánovas. La celebración de las fiestas en honor a San Miguel de 2018 fue otro motivo más para la esperanza, con una ilusión renovada día a día. La luz ha vuelto a iluminar las calles, y las viviendas todavía en obras. Todavía queda mucho por hacer, pero menos.

En cuanto a la acometida del agua potable, los propios vecinos fueron los que realizaron las primeras obras. Mediante la captación de un manantial y la construcción de un pequeño depósito de 1.000 litros, el suministro para la Casa del Pueblo y las viviendas ya es insuficiente. Desde el Departamento de Vertebración del Territorio del ente autonómico a lo largo de estos años han sido realizadas importantes obras de mejora. Por una parte la construcción de un nuevo depósito de agua. En el año 2018 se llevaron a cabo las obras de hormigonado en la calle San Roque y zonas limítrofes. Incluyen las canalizaciones de agua, vertido y telecomunicaciones previas a la futura urbanización cuando estén terminadas las fachadas de las calles, y se les pueda devolver el aspecto empedrado que tuvieron de siempre. Y en 2021 se han ampliado estas obras a cuatro calles más del pueblo. Todavía queda pendiente la estación depuradora para las aguas residuales, ya que en la actualidad se utilizan pozos ciegos. Queda de manifiesto que el empeño de los vecinos puede más que las trabas que pone la administración central a la recuperación de Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial y que ha servido para agilizar las obras que se van ejecutando gracias a las pequeñas partidas de la administración. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. Sin embargo la sorpresa llegó a finales de 2018 ya que la empresa hidroeléctrica con fondos propios consolidó una pared, tejado y campanario, gracias a la solicitud por parte de los vecinos. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla por completo, pero de momento se evitará su deterioro. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal, que esperemos que cuanto antes se vuelva a recolocar en su lugar de origen.

En junio de 2019 tuvo lugar la primera edición del festival Jánovas Insumergible, una cita cultural y lúdica que pretende ser un nuevo acicate para la vida social de pueblo y que recogió fondos para continuar con las obras. Al año siguiente la actividad fue frenética, con la Casa del Pueblo abierta de par en par a todos los visitantes ofreciendo un lugar donde tomar un refresco, un puesto de venta de objetos para sufragar gastos e incluso una exposición de obras en las que se reproducía detalles de la arquitectura popular.

Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero la vida en Jánovas poco a poco vuelve. Una de las últimas hazañas de sus vecinos ha sido devolver a su lugar de origen la campana de la torre de su iglesia. Con el abandono forzoso del pueblo se trasladó al pueblo de Guaso, donde fue colocada en la torre de San Salvador. Pocos se imaginaban que como dice la Ronda de Boltaña en una de sus canciones, “El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. Tras las conversaciones con los vecinos de Guaso y con la Iglesia, todo han sido facilidades para la devolución, lo que se ha convertido en un nuevo símbolo de la lucha de los vecinos de Jánvoas. En este caso, después de cincuenta años de exilio, la campana de Jánovas ha vuelto a su lugar de origen, a tiempo para celebrar las fiestas de San Miguel de 2019.

Y el 1 de febrero de 2020 fue entregado el Premio Cruz de Sobrarbe a título póstumo al recién fallecido Juan Luis Muriel, reconociendo su protagonismo especial en la Comarca del Sobrarbe. Este político andaluz fue secretario general de Medio Ambiente. Su gestión fue clave en la paralización del proyecto de la presa de Jánovas, ordenando la paralización de las obras con la firma de la declaración negativa del impacto medioambiental. Una decisión que le costó su dimisión y el fin de su carrera política. Un hecho fundamental en la historia reciente de Jánovas y que ya forma parte de la memoria colectiva.

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Triste paradoja la de este balneario, que fue engullido no por las aguas termales que le servían de actividad, sino por las de un pantano, el embalse de Yesa. Está situado en la Alta Zaragoza, en la confluencia de las provincias de Huesca y Zaragoza y ya muy cerca de Navarra. Aunque la mayor parte del tiempo yace bajo las aguas del Mar del Pirineo, como así es conocido debido a sus colosales dimensiones, en épocas de gran estiaje se descubren las ruinas que marcan el lugar donde estuvo ubicado. Entonces surge el milagro y brotan las aguas termales de entre los escombros.

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La historia del balneario de Tiermas se remonta a los romanos que explotaron este codiciado recurso natural. A su alrededor fue surgiendo un poblado, que siglos más tarde se trasladó a un pueyo* cercano debido a las numerosas guerras con navarros y franceses. En esta incierta etapa las termas tuvieron un hospital y las instalaciones atendían fundamentalmente a los pobres. Una vez superadas las contiendas tras la unificación de España comenzó una etapa de progreso. Los baños pasaron a pertenecer al municipio de Tiermas, y en el siglo XIX fueron arrendados, permitiendo el acceso gratuito a los vecinos de la localidad y a los pobres. Finalmente, ante el lamentable estado de las instalaciones, la villa decidió venderlo a Luis Casals, y posteriormente en 1918 pasó a unos vecinos de Ansó. En esa fecha el balneario contaba con un edificio de tres plantas, la casa alta de los baños, en la cual se encontraban las habitaciones, así como los servicios propios de un hotel. Junto a él estaba el edificio donde se encontraban los cuartos de baño, piscinas y gabinetes hidroterapeúticos. Y adosada estaba la casa baja de los baños, ésta de dos pisos. Completaba el conjunto el hotel Infanta Isabel, de tres plantas. Entre el hotel y el balneario existía un pasadizo de madera para facilitar el paso de los bañistas. Precisamente el hotel tomó el nombre de la Infanta Isabel de Borbón y Borbón, hermana de Alfonso XII, la cual visitó las instalaciones dando mayor renombre a las mismas. En los años 40 este edificio sufrió un incendio y no volvió a reconstruirse. El final de este balneario que llegó a acumular gran esplendor lo puso la construcción del pantano, expropiándose las instalaciones, y cubriéndose por las aguas en 1960, poco tiempo después de cesar su actividad.

*Pueyo: Colina.
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En la actualidad quedan sólo un montón de ruinas, junto a las surgencias de aguas que manan a 42ºC. Es posible descubrir este lugar cuando las aguas del embalse de Yesa descienden lo suficiente, lo cual sólo ocurre en determinados años pudiendo durar esta situación unos días o unas semanas a lo sumo. El paisaje es desolador, casi lunar. Una ladera sin vegetación en la cual yacen los escasos restos de los edificios, con la lámina del embalse amenazando con cubrirlo de nuevo en cuanto vuelvan las lluvias otoñales. El milagro surge del subsuelo y el agua mana de diferentes puntos de manera natural, una vez inutilizadas las conducciones del balneario. Donde antaño hubo una plaza a la cual llegaban los viajeros en carro e incluso en los viejos automotores, ahora mana la mayor parte del caudal de manera natural. En la primera balsa, la de mayores dimensiones, se perciben incluso las pequeñas burbujas. Aguas que emiten el suave y característico mal olor de las aguas termales. Es el punto de mayor temperatura y donde las aguas son más cristalinas. Con el paso de los años la gente ha creado pequeñas balsas de poca profundidad para facilitar el baño. Se forma en su recorrido un pequeño río que pasa entre las ruinas del antiguo hotel y balneario. Unos metros más abajo el agua de nuevo se diluye en las frías aguas del pantano, y unos días más tarde todo volverá a desaparecer. Un efímero recorrido que depende del nivel del pantano y de los días que permanece al descubierto, pero que es aprovechado por los bañistas al máximo.

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Otras de las surgencias parten de la parte trasera del edificio de los baños a través de un chorro a un metro de altura, un punto que hace las delicias del bañista. A su alrededor un pequeño barranco cubierto de lodo sirve también de improvisado lugar para tomar baños de barro. De un tono grisáceo, siendo oscuro cuando se impregna el cuerpo, al secarte toma un tono más suave, que hace que los cuerpos se mimeticen con el paisaje que los rodea.

 

En la actualidad se están llevando a cabo las obras de ampliación de recrecimiento de Yesa, polémicas debido al empeño de la administración de llevarlas a cabo con la justificación de que es la ampliación y consolidación de riegos así como el abastecimiento de agua a Zaragoza capital. Sin embargo su coste es elevadísimo, y aumenta día a día debido a las dificultades técnicas de construcción de la presa sobre unas laderas inestables y que crean un riesgo de seguridad inasumible. Con la obra terminada subiría la cota del pantano y los restos del balneario quedarían sumergidos posiblemente ta cutio*. Los antiguos vecinos de Tiermas hace tiempo que han solicitado la reversión de sus propiedades. Sin embargo se da la circunstancia de que en el año 1982 el vecino pueblo de Sigüés compró el pueblo por una cantidad ridícula, 3.754.250 pesetas, que consiguió de una subvención de la Diputación Provincial de Zaragoza. Tiene un proyecto de recuperación del pueblo de Tiermas, el cual incluye la utilización de las aguas termales gracias a una conducción desde el fondo del pantano hasta el pueblo. A pesar de que lleva años medio paralizado, éste sirve de impedimento para la posible devolución de las propiedades a sus legítimos herederos. Otra triste paradoja más que junto a la del balneario habla de la historia reciente de una próspera y prestigiosa localidad zaragozana que se truncó por la construcción del embalse de Yesa. Con ello se dio la vida a las Cinco Villas con la construcción de nuevos regadíos y pueblos de colonización. Y se la quitó a la Canal de Berdún, expropiando y obligando a marcharse a vecinos de Escó, Ruesta y Tiermas, e hipotecando el desarrollo de parte de la comarca de la Jacetania.

*Pa cutio: Para siempre.

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Alta Zaragoza, una tierra mutilada por el embalse de Yesa

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8º Excursión Joréate por Aragón a Malanquilla

Después de casi dos años de parón debido a la pandemia, volvían de nuevo las excursiones de Joréate por Aragón. Desde aquella primera salida en el año 2015 en la que visitamos Susín, una pequeña aldea en Tierra Biescas, muchos han sido los rincones que hemos descubierto de Aragón y muchas las vivencias que conservamos en nuestra memoria y que se pueden consultar en los artículos publicados en este blog. Ésta en cuestión se esperaba con muchas ganas con la esperanza de ir poco a poco dejando atrás esta situación que todo había transformado y las expectativas no fallaron.

El destino de la octava excursión era Malanquilla, una pequeña población de la Comarca Comunidad de Calatayud rayana, es decir, ubicada en la frontera histórica entre los reinos de Castilla y Aragón. Un rincón de Aragón que pudimos comprobar que tiene mucho que ofrecer, y para ello contamos con la inestimable ayuda de un grupo de voluntarios. Malanquilla Rechita llevaba un año empeñado en poner en valor el patrimonio artístico del pueblo ofreciendo visitas guiadas, así como otras muchas acciones relacionadas con el fomento de la actividad económica en la localidad.

El punto de encuentro era el aparcamiento situado junto al parque municipal. Precisamente ésta fue la primera actuación que pudimos ver como resultado de su trabajo. Poco a fueron llegando los vehículos de la treintena de personas que acudieron a la cita, colocando el cartel de lleno en el parking. Tras los días de calor, últimos coletazos del verano, Malanquilla nos recibía con un día excelente. Fresco en sus inicios y soleado, que poco a poco se fue templando.

Tomamos el camino de San Pedro en coche. Una columna de vehículos surcaban los campos en dirección a uno de los lugares más queridos y conocidos por los malanquillanos. Alcanzamos el refugio de San Pedro donde nos agrupamos de nuevo. Todos ya preparados para dar un paseo y hacer cima. El interior del refugio tan bien acondicionado para poder hacer una chuletada, estaba rodeado de abundante arbolado, un entorno que gustó a todos.

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Comenzamos a andar atravesando la zona más frondosa de la ladera, en la que abundaban rosera silvestre*, lavanda, aliagas, enebros e incluso un pequeño bosquete de arces de Montpellier. Le sucedía una pequeña zona abrupta en la que algunos decidieron no arriesgar aunque la mayor parte del grupo llegó a lo más alto. Algunas como Reyes se lo tomaron con calma disfrutando de un café en la subida.

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Allí estaba el punto geodésico de La Cocuta, a 1.302 metros de altitud. Un día perfecto para disfrutar de las vistas. En dirección al norte el monte Entredicho, la zona más boscosa del término municipal, con El Capón como punto más elevado del municipio. Y tras él la Sierra del Tablado y el Moncayo, tierras de frontera entre las provincias de Zaragoza y Soria. Y hacia el sur un paisaje mucho menos agreste donde dominaban los campos de labor con el casco urbano de Malanquilla perfectamente visible.

Tras un animado descenso llegamos de nuevo al refugio de San Pedro. Lo primero fue echar un trago en la fuente de aguas frescas. Un lugar ideal para retomar fuerzas con unos hojaldrados del horno de Villarroya de la Sierra y las tradicionales palmeritas que había elaborado Massiel, una de las fijas en las excursiones de Joréate.

*Rosera silvestre: Rosal silvestre, escaramujo.

Comenzamos el descenso con los vehículos de camino al pueblo. Hicimos un pequeño alto ante otra de las actuaciones de Malanquilla Rechita, el centro geográfico de Malanquilla. Señalizado con un poste vertical, este punto era el punto más céntrico del término municipal. Este verano se había añadido iluminación con una placa solar que permitía visitarlo también de noche, a falta de concluir las obras con la señalización.

Continuamos ruta hasta el molino, donde a mediodía llegaba el plato fuerte de la excursión. De nuevo los vehículos llenaron otro aparcamiento. Otra pequeña intervención que habían realizado recientemente este grupo de voluntarios y que permitía regular el tráfico de los automóviles en el entorno del molino. Como éramos muchos se hicieron dos grupos. Uno de ellos quedó en manos de una de las guías de Malanquilla Rechita para visitar el Molino de viento de Malanquilla, emblema de la localidad. Tuvimos la suerte de poder contar la presencia de la molinera Tomasa y así disfrutar de una visita teatraliza, una de las novedades de este verano en Malanquilla. Una visita en la que se intercalaba a la perfección una visita guiada habitual con las intervenciones de la molinera vestida con su indumentaria tradicional. Meses de trabajo que trasladaban al visitante a los siglos XVI y XVII en los cuales estuvo en funcionamiento el molino de viento, el más grande de los molinos manchegos de la Península Ibérica. Además de aprender mucho sobre el molino de Malanquilla, sobretodo fue muy divertida. Sin duda la labor realizada por aquellos jóvenes que ganaron el concurso televisivo de Misión Rescate en el año 1976, fue una singularidad que marcaba la historia reciente de su reconstrucción en la que no faltó el Ayuntamiento de Malanquilla como otra de las piedras claves.

Mientras tanto el otro grupo se trasladaba a la nevera, situada en las inmediaciones. Ubicada junto al barranco del Regacho y con buenas vistas de la localidad, esta sencilla construcción fue importante para la localidad. La fabricación de hielo en el pueblo servía para curar dolencias y también para su venta lo cual generaba un recurso económico más. Tras la investigación llevada a cabo y su restauración hace más de una década por el ayuntamiento ahora sólo resta su acondicionamiento interior. En la visita nos enteramos tanto de la historia y funcionamiento como de otras muchas curiosidades sobre el uso del hielo en la medicina así como en la elaboración de bebidas refrescantes desde sus inicios hasta la actualidad.

El final de la mañana lo pusieron las fotos en torno al molino de viento, el lugar más fotografiado de Malanquilla.

Llegó la hora de comer y nos trasladamos hasta el parque municipal. Lo que en su día fue una basa* ya hace años se convirtió en un recoleto parque. Siempre presentes las restricciones del covid pudimos comer todos juntos, aunque con cierta distancia y sin poder compartir las viandas como era habitual en este tipo de citas. La sobremesa no fue calmada. Este agradable entorno verde estaba dotado de columpios para los más pequeños y una pista polideportiva que sirvió para un animado partido de futbito entre participantes de diferentes edades. 

*Basa: Balsa.

Llegó la hora del café y nos trasladamos a la plaza. Allí visitamos otro de los lugares de mayor reclamo de la localidad, el gastrobar Malanquilla Inédita, no sólo para los malanquillanos, si no para vecinos de poblaciones cercanas y visitantes. En su interior dos salas decoradas con motivos en torno a la vuelta al mundo. En el exterior una amplia terraza donde teníamos reservadas varias mesas para tomar nuestro café y una de las muchas especialidades de la casa, una de sus tartas. Fue el único momento de relax de la jornada donde pudimos echar la charradica con una temperatura estupenda y saborear las tartas de fresa que nos habían preparado de propio para la excursión.

Pero rápido retomamos la actividad ya que nos habían preparado desde Malanquilla Rechita un campeonato de birlos. Un juego tradicional de la localidad, que seguro será recordado por los participantes por mucho tiempo. A medida que comenzaron las primeras tiradas de ensayo todos fueron acudiendo y haciendo los primeros pinitos en este juego que cautivó a todos. Tras la explicación de las sencillas reglas comenzó el campeonato en el que participaron desde los más peques hasta la más veterana del grupo, Mary. A medida que avanzaban las tiradas se sucedieron las risas por la manera de tirar de algunos y la falta de habilidad de otros, pero no faltaron los aplausos para todos y la emoción por los plenos que hubo. Una hora de dura competición en la cual revolucionamos la plaza, no faltando los espectadores. El ganador, Samuel, obtuvo el trofeo del Campeonato de Birlos de Joréate de Malanquilla. Y se llevaron un pequeño recuerdo de Joréate los siguientes clasificados, Inés, Reyes y Mary.

La jornada no había terminado y todavía quedaban cosas por descubrir en Malanquilla. Los más deportistas no perdieron la oportunidad de jugar al frontón que presidía la plaza, uno de los lugares más concurridos por los malanquillanos. Animadas partidas se sucedieron durante más de una hora en el epicentro de la localidad. La otra opción era bajar hasta el barranco del Regacho para  disfrutar de otro de los atractivos locales. Malanquilla Inédita además de gestionar el bar y estar a punto de poner en marcha un establecimiento de turismo rural, contaba con un establo con varios burros y caballos los cuales ponía a disposición de sus clientes. Además de poder pasar un rato con ellos podían incluso dar un paseo por los alrededores, oportunidad que no desperdiciaron los más pequeños, incluso alguna que otra mayor.

En este lugar cercano al pueblo tampoco faltaron las fotos en el campo de girasoles, un lugar ideal para hacerse buenos retratos con el molino al fondo.

Poco a poco la excursión llegaba a su final. Todavía quedaba visitar la iglesia parroquial de la Asunción, otro de los elementos más notables del patrimonio malanquillano. Presidiendo la plaza, el edificio fue terminado de construir a principios del siglo XVII. Y fue bendecido por el obispo Pedro Cerbuna, fundador además de la Universidad de Zaragoza. En su interior la guía de Malanquilla Rechita nos mostró todos los elementos de interés entre los que destacaba el retablo mayor.

Y para finalizar nos dimos un paseo por los huertos puestos en marcha en torno a la calleja de la Fuente. Otra de las actuaciones impulsadas por Malanquilla Rechita este verano y donde ahora tomates, pimientos, calabacines y cebollas estaban en todo su esplendor. Y también nos mostraron el huerto de la calabazas con buenos ejemplares de color naranja ya preparados para su recolección, a la espera de la llegada de la Noche de Ánimas, la próxima cita festiva que este año se espera con muchas ganas en la localidad tras la suspensión el año pasado por la pandemia.

El punto final lo puso la visita a la fuente de los Tres Caños, de origen romano. En realidad seguro que era un punto y seguido ya que más uno vuelve más adelante, con amigos o familiares, para enseñar lo que puede ofrecer una localidad pequeña y modesta como Malanquilla, recordando la vivencias de esta 8º Excursión de Joréate a Malanquilla.

Desde el equipo de Joréate por Aragón, en nombre de todos los participantes en esta grata jornada, queremos agradecer y felicitar a Malanquilla Rechita su magnífica labor como guías en la visita, y al Ayuntamiento de Malanquilla por su colaboración en la organización, así como por el trabajo realizado día a día para impulsar y poner en valor todo el patrimonio malanquillano y poder compartirlo con todos los visitantes.

Tremedales y ríos de piedra en Orihuela

Orihuela del Tremedal es una pintoresca población de la Sierra de Albarracín. Esta localidad está íntimamente ligada al término tremedal, el cual da nombre al pueblo, a la sierra y a su virgen. Se define como un “terreno pantanoso, abundante en turba, cubierto de hierba o césped, y que por lo escaso de su consistencia retiembla cuando se anda sobre él”. Los tremedales se originan en zonas de gran altitud como ésta, con la acumulación de la nieve sobre sustratos no permeables que dificultan la filtración del agua. Suelen estar ubicados en laderas o bancales de escasa inclinación. Están compuestos principalmente por turba, material vegetal producto de la azitadura* de la vegetación. La formación de una turbera es generalmente lenta como consecuencia de una escasa actividad microbiana, debida a la acidez del agua o la baja concentración de oxígeno. Este proceso es la primera etapa de la lenta transformación de la vegetación en carbón vegetal. Con el tiempo las turberas se cubren de musgos que absorben el agua y mantienen la humedad así como de otras plantas. Cuando la capa es suficientemente sólida, arraigan en su esponjosa superficie arbustos y más tarde árboles.

*Azitadura: Putrefacción.

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En el año 2011 los “Tremedales de Orihuela” fueron incluidos en la lista Ramsar como uno de los humedales de importancia internacional. Ubicados en el centro de los Montes Universales cuentan con una superficie protegida de casi unas 1.800 ha, siendo sólo 5 ha las correspondientes a humedales propiamente dichos. Este tipo de ecosistemas son abundantes en el norte de Europa. Sin embargo en España sólo se presentan en las cadenas montañosas del norte, así como estas sierras turolenses, siendo los más meridionales de la Península Ibérica. Además de los de Orihuela del Tremedal se pueden encontrar en otras poblaciones cercanas como Bronchales, Noguera de Albarracín, Albarracín así como en zonas cercanas de Guadalajara.

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Este hábitat cuenta con una gran riqueza natural, como así lo demuestran las 600 especies de flora inventariadas. En el paisaje domina el pino silvestre que deja paso a los pastizales donde se acumula la humedad. Los tremedales albergan hasta 141 especies de musgos y 26 de hepáticas. Además de ello una variada representación de plantas vasculares, de carácter acuático o semiacuático. Uno de los más bellos ejemplos es la Drosera rotundifolia. Se trata de una planta carnívora de pequeñas dimensiones, unos diez centímetros. Buena parte de su sustento lo obtiene al atrapar insectos y artrópodos. Cuenta con láminas de las cuales parten pelillos de color rojo. Los insectos son atraídos por el color, el olor y las sustancias dulces que produce la planta, quedando atrapados por la sustancia pegajosa que la recubre. Los enzimas digestivos con los que cuenta permiten extraer de sus presas nitratos y otros nutrientes.

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Otra de las singularidades de la Sierra del Tremedal son sus ríos de piedra. Las Islas Malvinas poseen el conjunto de ríos de piedra mejor conocido del planeta por su excepcional diversidad y por su tamaño. En la Isla Soledad se encuentra el más largo, de 5 kilómetros de longitud, formado por cuarcita dura y que contrasta con el paisaje circundante de cerros redondeados por el viento. Similares a éstos tenemos importantes ejemplos cerca de Orihuela del Tremedal. El más accesible se encuentra junto a la carretera de acceso al Santuario de la Virgen del Tremedal. Varios son los ejemplos en esta sierra turolense que llegan a alcanzar los 2,65 kilómetros de longitud y los 250 metros de anchura situándose entre los más importantes del mundo.

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Su formación se debe al clima periglaciar que acompañó a estas montañas durante las fases más frías de Cuaternario. Los abundantes ciclos de hielo-deshielo provocaron la fractura de las rocas formando gleras* y laderas de bloques de cuarcita. Las grandes pendientes entre la cumbre y los valles favorecieron la creación de estos ríos de piedras cubiertos por bloques principalmente de 25 a 50 cm que cubren la superficie visible. Entre ellos y a mayor profundidad se encuentran bloques de menor tamaño. Con el efecto de la gravedad y el lento movimiento de las piedras sobre el hielo se iba produciendo su desplazamiento ladera abajo llegando al fondo de los valles, dando lugar a estos peculiares ríos. La masa de rocas carente de vegetación destaca por su tono grisáceo en contraste con el tapiz verde del arbolado que lo bordea, y que cubre laderas y el fondo de los valles.

*Glera: Pedregal.

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Un atractivo más para la población de Orihuela del Tremedal que atesora un precioso casco urbano con una rica arquitectura tradicional muy bien conservada. Sus casas se asientan en calles escalonadas sobre una pequeña elevación orientada al sur. En la parte alta su iglesia, de aspecto catedralicio, sobresale sobre los tejados rojos sus viviendas, donde destacan un buen número de casas nobiliarias. Otro de los lugares de obligada visita es el Santuario de la Virgen del Tremedal, emplazado en la parte alta de la sierra rodeado de bosques y con excelentes vistas del entorno.

Tras los pasos de San Úrbez

La devoción a San Úrbez en el Altoaragón desde su paso por estas tierras en el siglo VIII se ha mantenido hasta nuestros días. Numerosas son las ermitas y advocaciones religiosas de este santo de origen francés. En la actualidad también hay un resurgimiento en torno a su figura retomando el itinerario vital de su vida en la provincia. A finales de año 2013 se publicó el libro “El Camino de San Úrbez” gracias al trabajo de Óscar Ballarín y Arturo González. En él se realiza una descripción detallada de los senderos que unen los lugares donde dejó su huella este santo de origen francés, y que aparecen también ligados a las peregrinaciones, en especial a los romeros de Albella. La ruta urbeciana enlaza el Cañón de Añisclo con Huesca capital y cuenta con un recorrido de 92 kilómetros. El trazado se divide en seis etapas debido a su longitud. De San Úrbez, donde enlaza con la GR-15, hasta Buerba la primera. La segunda termina en Albella. La tercera alcanza Laguarta, en la Guarguera. Al valle de Nocito llega la cuarta etapa. En la quinta se llega a Chibluco y la sexta etapa se alcanza Huesca.

Óscar y Arturo han completado su trabajo durante años siguiendo la racada* del santo ermitaño editando otro libro, “A pies descalzos”. A través de sus páginas ofrecen el resultado de la investigación en torno a la vida de San Úrbez y de su devoción. Una árdua tarea en la que también ha colaborado mucha gente. Pero con la publicación de los dos libros el trabajo no se detiene ya que la pretensión es poner en valor la vida de San Úrbez a través de la creación del itinerario propuesto. Y para ello también tienen un portal en internet http://www.apiesdescalzos.es. Como culminación de sueños y trabajos de mucha gente, de manera física o intelectual, se culminaron los trabajos de acondicionamiento del sendero de gran recorrido GR-268 a finales de 2019. Las obras han sido posibles gracias a la profesionalidad de empleados e ingenieros de Prames, cuya ejecución ha sido sobresaliente, con la financiación de la administración. En la señalización figura el relieve de la pila bautismal de San Úrbez de Nocito, el mismo que ya usaron los autores del proyecto bibliográfico. Una nueva opción senderista en Aragón que rescata la memoria etnológica de la devoción a un santo, uno de los de mayor tradición montañesa durante siglos.

*Racada. Estela, huella.

San Urbicio, conocido en Aragón como San Úrbez, nació en Burdeos a principios del siglo VIII. Su madre influyó determinantemente en la educación cristiana de su hijo. Cuando tenía quince años una guerra entre los aquitanos y los gallegos del Sil arrebata la libertad a la familia, y obliga a ser trasladados a la madre y el hijo a la fuerza a Galicia. En este periodo y con el avance de los musulmanes esta zona es conquistada, y San Úrbez y su madre pasar a ser propiedad del cabecilla moro. Su madre consiguió la libertad y volvió a Burdeos, pero el hijo no tuvo la misma suerte y siguió prisionero.

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Tras numerosos ruegos consiguió la libertad. De camino a su tierra pasó por Complutum, la actual Alcalá de Henares. Desde niño su madre le había inculcado la fe en los santos Justo y Pastor. Entre los siglos III y IV fueron martirizados y muertos dos niños en esta localidad. Allí reposaban sus reliquias, las cuales se llevó San Úrbez, con el fin de protegerlas de los musulmanes que ocupaban estas tierras. A los treinta años de edad al fin vuelve a su casa, después de media vida prisionero. Estuvo muy poco con su familia, ya que decidió marchar hacia Aragón. Atravesó los Pirineos y su primera toma de contacto fue con los habitantes del pequeño pueblo de Sercué, situado en la ribera del río Bellós. Allí resistían los cristianos los envites de los musulmanes en plena ocupación de la Península Ibérica. Se ofreció a trabajar de pastor, y rápidamente comenzaron a dar que hablar sus hechos milagrosos en el ejercicio de su labor. Sin embargo ello no le gustaba, y lo que buscaba era la soledad con el fin del acercamiento a Dios. Por ello se trasladó a la población cercana de Vió donde continuó con su trabajo de pastor para otra casa del lugar. En esta época frecuentó una cueva situada en la entrada el Cañón de Añisclo conocida según la tradición como la Cueva de Sastral. Posteriormente en este lugar se construyó la ermita de San Úrbez, la cual ha llegado hasta nuestros días.

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Su fama de santidad, acrecentada por sus milagros le obligaron a abandonar esta zona y desplazarse hacia el sur. Llegó a Albella, en la ribera del río Fiscal, donde comenzó a trabajar para una de las casas más importantes de esta localidad. En su estancia de nuevo fueron numerosos los milagros que llevó a cabo con el reconocimiento por parte de los habitantes de la zona de su santidad. En esta época construyó una ermita donde acudía a rezar. De ella no se conservan restos, pero posteriormente fue levantada otra por los vecinos de la zona, lugar de devoción al santo desde entonces hasta la actualidad. Tras otros quince años de pastor por tierras aragonesas, y acosado por su fama, decide de nuevo trasladarse.

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Sigue su andadura hacia el sur y tras atravesar la sierra de Gabardón se adentra en la Guarguera. En la zona central del valle encuentra cobijo una cueva cercana al río conocida como Cueva de Salillas. Allí pudo ejercer con tranquilidad la vida eremítica que había elegido. Subsistía de una manera precaria tanto de lo que plantaba como de alguna oveja que tuvo, pero dejando el oficio de pastor. A pesar de su reclusión seguía recibiendo visitas de sus fieles.

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Cinco años después se trasladó al monasterio de San Martín de la Val d´Onsera. Emplazado en el corazón de la Sierra de Guara, su ubicación en el fondo de un barranco de paredes vertiginosas lo convierte en un lugar de lo más recóndito. Cuándo llegó San Úrbez lo habitaba una comunidad de monjes al cargo del abad Martín. Vivió como monje, aunque posiblemente realizara también retiros espirituales.

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Tras la ordenación como mosén* es enviado al valle de Nocito para fortalecer la fe cristiana en esta zona menguada de población cristiana. Se establece en una cueva situado en el monte Ayrial. Estaba situada bajo la peña O Santo, donde hace unas décadas los devotos de San Úrbez colocaron una cruz. Durante el final de su vida combinó su condición de ermitaño con el servicio religioso a los fieles de la zona. Para ello construyó una ermita en advocación a la Virgen María, situada junto al actual santuario de San Úrbez. Allí daba misa y éste fue el lugar elegido para custodiar y venerar los restos de los Santos Justo y Pastor, que llevó encima durante toda su vida desde que los tomó de Alcalá de Henares.

*Mosén: Cura, sacerdote. 

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Cuando ya contaba con ochenta años tuvo que trasladarse al entorno de la ermita ya que sus condiciones físicas no le permitían seguir viviendo en la cueva. Falleció con unos cien años, el 15 de diciembre de año 802. Su cuerpo incorrupto fue depositado junto con los restos de los santos que veneró durante toda su vida. En el año 1701 fueron trasladados al santuario. Finalmente durante la guerra civil fueron profanados y quemados.

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Nocito, un encantador valle tras el Tozal de Guara

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La Acequia de la Almozara, del río Jalón a Zaragoza

La Acequia de la Almozara, del río Jalón a Zaragoza

El Capítulo General de Herederos del Término de la Almozara surgió con la toma cristiana de la ciudad de Zaragoza. A lo largo de su historia los regantes de la Acequia de la Almozara han sido capaces de mantener la infraestructura salvando el paso de innumerables y graves inconvenientes como tamborinadas*, guerras y penurias económicas. Gracias al esfuerzo de todos ellos la acequia sigue regando estas tierras de la margen derecha del río Ebro entre la ribera baja del río Jalón y Zaragoza.

*Tamborinada: Inundación, riada.

Emblema tradicional del Capítulo General de Herederos del Término de la Almozara.

Origen del abastecimiento de agua a Zaragoza

El valle del Ebro, a pesar de ser vertebrado por el río más caudaloso de la Península Ibérica, tiene un clima con un índice de precipitaciones muy bajo. Ello obligó a sus habitantes a la búsqueda de soluciones para implantar el regadío como motor de desarrollo. A pesar de no contar con documentos de la época celtibérica, se presupone que esta cultura ya se apoyó en esta práctica. Con la llegada de los romanos el regadío se desarrolló de manera notable gracias a su potente ingeniería hidráulica. A ello se añade el derecho romano que creó reglamentos que favorecieron la organización y el reparto de las aguas mediante turnos (tandas). El primer documento que hace referencia al regadío en la zona del Bajo Jalón es la “Tabula Contrebienses”, más conocida como “segundo bronce de Botorrita”. Está fechado el 15 de mayo del año 87 a.C. En él se relata el conflicto entre los habitantes de Salduye (actual Zaragoza), los cuales pretendían comprar los terrenos para hacer una acequia, y los habitantes de Alavona (actual Alagón). El gobernador romano Cayo Valerio Flaco sentenció a favor de los salduienses dando el visto bueno a la construcción del canal. A pesar de las investigaciones no se puede constatar con seguridad que se trate del germen de la actual Acequia de la Almozara. Ello se debe a la existencia de otras acequias históricas que todavía perviven en la actualidad que tomaban las aguas del Bajo Jalón. Se trata de la acequia de Madriz y la acequia de Centén. Debido a la falta de datos concretos se desconoce en la época romana qué acequia es la que dio origen al conflicto documentado en el bronce de Botorrita. La documentación del trazado de todas estas acequias es posterior a la llegada de los cristianos. Durante siglos la ubicación de los azudes en el río Jalón y el trazado de las mismas fueron variando. Incluso en su discurrir hacia Zaragoza se unieron o intercambiaron algún tramo. De lo que no cabe duda es que, independientemente de cual fuera aquella acequia, el objetivo de su construcción era abastecer de agua a la ciudad celtibérica y dotar de riego a las tierras a su paso. En el trayecto también se recogía el agua de manantiales en La Joyosa y Marlofa. En el año 15 a.C. el emperador Caesar Augusto, en su plan de reorganización de Hispania, concede autorizar su nombre a una nueva colonia romana. Su ubicación se apoya en la ciudad celtíbera de Salduie, la cual era aliada, y una de la principales urbes del valle del Ebro. El abastecimiento de agua de la ciudad sería uno de los condicionantes necesarios para la nueva urbe, imprescindible para los baños públicos, las viviendas y los campos del entorno.

La acequia tomaba sus aguas del río Jalón, a través de un azud. Este lugar debía ser protegido y junto a él se construyó un edificio donde residían las personas encargadas de las labores de protección y mantenimiento. A lo largo de su trazado se produjo la colonización favoreciendo nuevos asentamientos donde residían los nuevos agricultores. Tras el paso de los romanos y hasta la llegada de los cristianos desaparecen las citas documentales de la acequia. La Acequia de la Almozara toma su actual nombre de un topónimo de origen musulmán. Entre las múltiples interpretaciones la acepción más apoyada es la “al-musara” o “zona de recreo”, en referencia a un espacio de ocio o hipódromo situado en las inmediaciones del palacio de la Aljafería. También la acepción del “campo de cereales” en referencia a la extensión que cubría la zona regable tiene bastante significado. La toma del control del regadío por parte de los musulmanes durante varios siglos dejó huella en el vocabulario: azud, acequia, alfarda, adula… y también con la consolidación de las infraestructuras y organización del riego.

Historia documentada de la Acequia de la Almozara

La toma de Zaragoza por Alfonso I El Batallador tuvo lugar en 1118. Un año después sus habitantes ya contaban con los Fueros de Zaragoza. Se produjo el reparto de las tierras entre los nuevos habitantes, primando aquellos que habían apoyado la campaña militar. Y se organizan los regadíos garantizando los ingresos para el mantenimiento de las acequias, entre ellas la “cequia antiqua Cesaraugustae” como aparece documentada. Tras los avances en los siglos XII y XIII, el siglo XIV supuso una etapa de crisis económica. La peste negra, el hambre y las inundaciones de 1348 provocaron durante décadas, dieron lugar a duras disputas por el agua del río Jalón. Los habitantes de Zaragoza estaban en una complicada situación ya que tomaban el agua del río Jalón en su tramo final, eran los coderos*. Entre todos los regantes la lucha por el agua era cruenta, motivada por su necesidad ante la situación de hambruna. El Término de la Almozara buscó una solución solicitando y construyendo un azud en el río Ebro en el año 1322, el cual fue arrasado por una avenida cinco años después. Una de las riadas más grandes que se conocen, en 1380, inundó una gran cantidad de campos y destrozó buena parte de las acequias. A partir de esa fecha se desestimó la idea de tomar aguas del Ebro para la acequia de la Almozara. El litigio por las aguas del Jalón continuaba y en 1443 se dictó una sentencia por la cual se fijó el caudal que recibiría a partir de entonces la acequia del río Jalón.

*Coderos: Últimos (en el riego).

Los siglos XV y XVI fueron de crecimiento económico y demográfico lo que posibilitaron las mejoras en las infraestructuras hidráulicas y agrarias. Fue el momento de retomar la empresa de tomar agua del río Ebro. El primer proyecto fue el de la Acequia Imperial, tras la concesión del rey Fernando el Católico de la toma de aguas del río Ebro. En el año 1512 el rey Carlos I le dio el impulso definitivo y se definió su trazado, con un azud a la altura de la población navarra de Fontellas, limítrofe con Aragón. Su desarrollo amplió de manera notable los campos de regadío hasta llegar al río Jalón. En este punto se proyectó un sifón para continuar su trazado hasta Zaragoza, pero se duda si dio servicio más allá. Si que aportó caudales al río Jalón y por consiguiente a la Acequia de la Almozara, que tomaba sus aguas río abajo. Los elevados costes de mantenimiento hicieron deteriorar la obra en el siglo XVII y en el año 1722 se rompió el azud en el Ebro dejando de dar servicio.

El siglo XVII fue una etapa de estancamiento económico. Se realizó la compilación y actualización de las ordenanzas que afectan al sistema de gobierno. Y se mantuvo el conflicto con los demás regantes del río Jalón. También tuvo lugar una de las históricas riadas, en el año 1643. El arranque del siglo XVIII estuvo marcado por la guerra de Sucesión. Tras ella se produjo una rápida recuperación. En paralelo la población aragonesa pasó de 300.000 habitantes a principios de siglo a 650.000 en el año 1800. En esta coyuntura, y tras el fracaso de la Acequia Imperial, fue presentado al rey Carlos III un nuevo proyecto para su transformación en un canal navegable que llegara hasta Quinto. En el año 1766 el Conde de Aranda fue nombrado presidente de Castilla, y seis años después nombró a Ramón de Pignatelli como protector de la obra. Él fue el encargado del impulso definitivo al Canal Imperial de Aragón. La nueva empresa tenía una gran envergadura. Fue necesaria la construcción de una nueva presa en el río Ebro, cerca de la anterior, y se incorporó el Canal de Tauste al proyecto. En 1782 se terminó el acueducto sobre el río Jalón, que sustituía al sifón proyectado en el proyecto anterior. En cuanto a la acequia de la Almozara, las aguas del canal imperial mejoraron de manera notable los problemas ocasionados por las frecuentes sequías del río Jalón. Ello fue debido gracias al aporte de aguas del Ebro al Jalón a través del canal imperial. 

El siglo XIX acusó el endeudamiento provocado por las grandes inversiones hidráulicas, no sólo el Canal Imperial de Aragón, sino también las llevadas a cabo en la Acequia de la Almozara. Zaragoza fue azotada por la invasión francesa y la Guerra de la Independencia. Ello provocó una crisis económica y demográfica sin precedentes. Tras la guerra fue necesaria la reconstrucción de la Casa del Azud y del Molino de Utebo. Este último edificio, que fue construido a finales del siglo XVII, aportaba gran cantidad de ingresos en concepto de arrendamientos. También fue necesaria la reconstrucción de la acequia. Sin embargo la recuperación posterior fue rápida e impulsada por la reforma liberal. La desamortización de Mendizábal provocó una reforma agraria que permitió la compra de numerosas tierras repartiendo las propiedades entre muchas familias modestas. La llegada del ferrocarril amplió las cuotas de mercado fuera del entorno del valle del Ebro. El Término de la Almozara se especializó en la producción de cereales, hortalizas y legumbres, dejando el viñedo que había sido introducido tras la llegada de los cristianos a estas tierras.

El siglo XX comenzó marcado por las políticas hidráulicas con dos planes hídricos y la creación posterior de la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1926. El paso de la Guerra Civil dio lugar a una etapa de recuperación que provocó el mayor crecimiento demográfico de la ciudad de Zaragoza. Ello conllevó asimismo la expansión de su espacio urbanizado, con la creación de un importante polo industrial en torno a la actual carretera de Logroño, a su vez, en torno al trazado de la acequia de la Almozara.

El Término de la Almozara en la actualidad

En la actualidad el Término de la Almozara agrupa a los propietarios de las tierras que forman el “Capítulo General de Herederos”. Se trata de 845 personas que se denominan históricamente “Herederos”. De ellos sólo 485 propietarios poseen más de un cahíz de tierra, equivalente a 3.814 m2. El resto tiene una propiedad menor a esta superficie. Como contrapunto la propiedad con mayor superficie cuenta con unas 31 hectáreas. La realidad a día de hoy es que sólo hay en activo 14 agricultores de tierras arables. En el término se cultiva principalmente alfalfa, trigo y maíz. En menor medida otros cereales, olivos, frutales, huertos y viveros de plantas ornamentales.

Mapa del Término de la Almozara

El sistema general de riegos es “a manta” y “por gravedad”. La acequia toma sus aguas del azud ubicado en el río Jalón. Su trazado recorre los municipios de Villarrapa, La Joyosa, Sobradiel, Casetas, Utebo y Monzalbarba. Hasta llegar a éste último no comienza la superficie regable, unas 1.200 hectáreas en total.  Las tierras están delimitadas al norte por el río Ebro, al sur por la carretera de Logroño, al este por la ciudad de Zaragoza y al oeste por el municipio de Utebo. La acequia Mayor tiene un trazado de 23 kilómetros, la cual está revestida de hormigón en casi todo su trazado. De ella parten acequias menores revestidas en parte. Ordenadas de mayor a menor longitud, entre cinco y un kilómetro, son las siguientes: El Soto, Mesones, Plana Baja, Ojo del Salz, Escorredero de Ochoa, Plana Alta, Quinto, Marconchel Bajo, Ferreruela, Brazal de Adentro, Escorredero de Barranas, Marconchel Alto y Ojo del Caño. El Término de la Almozara tiene las siguientes concesiones de agua: 780 l/seg del Canal Imperial de Aragón (que se toman a través del río Jalón), 232 l/seg del río Jalón (variable y que no se puede usar en época estival) y 65 l/seg de Mejana de Santa Catalina. A ello se suman concesiones por elevación: 235 l/seg del río Ebro y 300 l/seg. de pozos, las cuales no se suelen utilizar por su falta de rentabilidad. Diversos manantiales aportan también sus aguas sobrantes para el riego de unas 300 hectáreas.

Plano de la Acequia de la Almozara

Un recorrido visual por la acequia

Antes de recorrer el trazado actual de la Acequia de la Almozara hay que concretar que éste es el resultado de diferentes itinerarios cuyo objetivo fue llevar agua desde el río Jalón hasta la ciudad de Zaragoza. La ubicación del azud a través del cual toma sus aguas en el río ha cambiado en varias ocasiones a lo largo de la historia, lo que implica que su recorrido ha variado en el tiempo. A ello se une que comparte espacio físico con las acequias de Madriz y Centén, cuya historia documentada también se remonta a la llegada de los cristianos. A partir de entonces incluso han tenido algún tramo en común y se ha trasvasado agua de unas a otras según diferentes acuerdos entre las comunidades de regantes.

El azud sobre el río Jalón se considera el arranque de la acequia de la Almozara. Sin embargo hay que detallar que las aguas de las que se alimenta provienen del río propiamente dicho y del Canal Imperial de Aragón (tomadas a su vez del río Ebro) que las vierte cuatro kilómetros río arriba, en el acueducto del Jalón más conocido como Murallas de Grisén. El Azud está ubicado bajo la antigua carretera de Logroño, en las proximidades de la localidad de Alagón. La calzada supera el río a través de puente de cuatro arcos, dos rebajados correspondientes a los extremos y dos de arco de medio punto en la parte central. El basamento es de piedra sillar y el resto de la fábrica, así como los arcos, es de ladrillo. En paralelo se construyó un puente más moderno hace unas décadas al desdoblar la carretera y pasar a formar parte de la autovía del Ebro, más conocida como A-68.

Puente de la antigua carretera de Logroño sobre el río Jalón a la altura del azud de donde parte la Acequia de la Almozara
Puente sobre el río Jalón
Azud del Jalón de donde toma las aguas la Acequia de la Almozara
Azud del Jalón

El azud cuenta con una longitud de coronación de unos 170 en disposición oblicua respecto al cauce. Ello permite encauzar las aguas hacia el arranque de la acequia en la margen derecha. En el final del azud una alcantarilla permite desaguar si fuera necesario el tramo de agua embalsada y verterla al río nuevamente. Este puede considerarse el kilómetro cero de la acequia.

Azud del Jalón de donde toma las aguas la Acequia de la Almozara

Unos cien metros después está la Casa de las Compuertas. Este es uno de los puntos más importantes del trazado ya que permite la interrupción del caudal, que se realiza todos los años para la limpieza y mantenimiento de todo el conjunto de acequias.

Casa de Compuertas
Casa de Compuertas

Vista desde el interior de la Casa de las Compuertas con la Casa del Azud al fondo

En las inmediaciones está la Casa del Azud. Es un edificio que se asemeja al de un palacio aragonés, pero adaptado a su función defensiva y de conservación de la infraestructura hidráulica. Se levanta en planta rectangular mediante ladrillo, con tres alturas. En su parte trasera en el siglo XIX se adosó una construcción auxiliar. El acceso cuenta con una sencilla puerta situada en un lateral de la fachada principal. La planta noble cuenta con balcón y tres ventanas, y se corona con una galería de vanos adintelados.

Casa del Azud
Casa del Azud
Última planta del interior de la Casa del Azud
Última planta. Interior Casa del Azud
Vista desde una de las ventanas de la Casa del Azud

El azutero era una figura vital en el funcionamiento de la obra hidráulica. Era nombrado por la junta de gobierno del término. Desempeñaba su función de manera vitalicia, hasta que su salud se lo permitía. En la Casa del Azud se guardaban materiales necesarios para la reparación del azud, las acequias y demás instalaciones del término. Además de la vivienda el edificio servía de sede a las reuniones periódicas, en la llamada Sala Capitular ubicada en la planta noble. Y era el lugar de descanso de los oficiales encargados del mantenimiento de la acequia. El azutero y su familia tenían a su disposición 15 cahizadas (entre 5 y 6 hectáreas de tierra) en las inmediaciones para su subsistencia. Sus funciones eran la vigilancia del azud, así como la apertura y cierre de puertas almenara y tajaderas para garantizar el caudal adecuado. Con su vigilancia debía prever y avisar de los desperfectos causados en su ámbito de actuación. Tenía obligación de residir de manera permanente en la Casa del Azud. El último azutero que vivió en el edificio fue José Guillén. En 1988 se encontraba enfermo y abandonó su vivienda habitual dejándola vacía. Desde los años sesenta fueron numerosas las reformas en este edificio que dejaban claro las malas condiciones de habitabilidad. Otros condicionantes, como la facilidad de movimiento con la generalización de los vehículos a motor y estar ubicada en un lugar aislado, terminaron de decantar su abandono. A partir de entonces la junta de gobierno del término se debatió durante años entre su venta, arrendamiento o restauración. Finalmente, atendiendo a la importancia histórica para esta sociedad, se decide su restauración a partir del año 2010. Las obras rehabilitaron por completo el edificio. En su interior se han acondicionado espacios polivalentes para ser utilizados como oficinas, salones de reuniones o salas de exposiciones. En paralelo se ha creado la Fundación Término de Almozara para dotar a las instalaciones de una actividad cultural.

Desde este punto la acequia comienza un trazado en el cual no cuenta con derivaciones hasta la zona de Monzalbarba donde comienza la zona regable. Es curioso resaltar que a pesar de la lejanía de ciudad de Zaragoza, 22 kilómetros entre el azud y la plaza del Pilar, la superficie por la que discurre la acequia desde el azud hasta la gran urbe estuvo incluida en su término municipal. Ello parece estar vinculado a la necesidad de salvaguardar este trasvase de aguas necesario para abastecer a la ciudad.

Mapa del Término Municipal de Zaragoza con detalle de la zona por donde discurre la Acequia de la Almozara

El primer núcleo urbano por el cual pasa la acequia es Villarrapa, a unos tres kilómetros de distancia. Discurre por la parte baja del núcleo, a escasa distancia del eje principal que articula este pequeño barrio zaragozano, uno de los más alejados de la capital.

Acequia de la Almozara antes de alcanzar el casco urbano de Villarrapa
Acequia de la Almozara cerca de Villarrapa

A los cuatro kilómetros y medio pasa junto al acceso de Marlofa, pequeño enclave que pertenece al municipio de La Joyosa. A escasos metros hay una balsa que antaño sirvió de abastecimiento de boca y ahora se utiliza para el riego. A su alrededor se ha acondicionado un pequeño parque.

Acequia de la Almozara cerca de Marlofa
Acequia de la Almozara cerca de Marlofa

Superados los seis kilómetros y medio de trazado se alcanza la carretera de acceso a Sobradiel. A partir de este tramo la acequia divide dos paisajes totalmente opuestos. En su margen derecha se trata de suelos industriales, algunos de ellos ocupados por naves y otros sin uso. A la izquierda predomina el verde de los campos de cultivos, aunque estas tierras todavía no reciban las aguas de la Acequia de la Almozara.

Acequia de la Almozara cerca de Sobradiel
Acequia de la Almozara cerca de Sobradiel

A los ocho kilómetros se introduce en la trama urbana del barrio de Casetas, uno de los más populosos de la ciudad de Zaragoza.

Acequia de la Almozara a su paso por el barrio de Casetas
Acequia de la Almozara a su paso por Casetas

Superados los once kilómetros de recorrido se interna en Utebo. Esta población dependió históricamente de Zaragoza. Sin embargo en el siglo XVIII comenzó su andadura para conseguir la independencia municipal, hecho que se consumó en 1906. El término municipal de Zaragoza que llega hasta el azud se interrumpe tras esta segregación, siendo atravesado por la Acequia de la Almozara. El casco antiguo se emplaza a medio kilómetro hacia el norte. Su crecimiento urbanístico a finales del siglo XX  ha provocado que la acequia ahora discurra por el casco urbano.

Acequia de la Almozara a su paso por Utebo
Acequia de la Almozara a su paso por Utebo

La construcción más importante vinculada a la acequia después de la Casa del Azud era el Molino de Utebo. Fue mandando construir por el Término de la Almozara. Perteneció a esta sociedad durante tres siglos, hasta el año 1970. Se edificó cerca de la acequia, sobre el puente de San Ginés. En el Archivo notarial de Zaragoza se encuentran documentados todos los detalles de la construcción del nuevo molino. El conjunto estaba formado por el molino, la casa del molinero que contaba con corral y la almenara que permitía el acopio de agua. Alrededor del edificio contaba con una amplia plaza para la recepción de materia prima así como tierra cultivable. En su conjunto contaba con unos 3.000 m2 de superficie.

Maqueta del Molino de Utebo
Maqueta del Molino de Utebo

La obra se culminó a finales del año 1668 aunque tardó varios años en ponerse en funcionamiento debido a diversos desperfectos de la obra así como a lluvias torrenciales y una devastadora riada que afectó de manera notable a la economía zaragozana. Hasta el año 1680 no se tiene constancia documental del primer molinero, Lorenzo Lamasson, de origen francés. El molino contaba con tres muelas, dos para moler trigo y una para moler sal. Este proceso se abastecía del mineral extraído en el monte del Castellar y de las minas de Remolinos. A lo largo de su historia fueron numerosos los molineros que lo regentaron mediante arriendo. Su funcionamiento fue estable, aunque con numerosas dificultades en cuanto a su estado de mantenimiento que fueron resueltas según la situación económica de cada época. El peor momento fue el paso de la Guerra de la Independencia que obligó a realizar obras de reforma importantes. Ya en el siglo XX combinó su actividad de molienda con la de producción de energía eléctrica mediante un arrendamiento. Tras unos años de adaptación de las instalaciones, entre 1905 y 1930 Electra de Almozara se encargó de producir electricidad gracias a una turbina que aprovechaba las aguas de la Acequia de la Almozara. Durante el siglo XX y de manera exclusiva en los últimos años de funcionamiento se dedicó a la molienda de cereales para el pienso animal. En el año 1970 el Término de la Almozara vende el molino a Gabriel Pérez y Josefina Miguel, los últimos molineros. Dos años después cesó la actividad molinera. En los años ochenta, tras una década de abandono de las instalaciones, se decidió su derribo. Sólo se  conservaron los cárcavos y parte de la almenara. En la actualidad, tras la desaparición del edificio, se conservan los restos integrados en un centro sociocultural.

Centro Cultural El Molino que alberga los restos del Molino de Utebo
Centro Cultural el Molino. Utebo

Al abandonar esta población las aguas toman protagonismo ya que comienzan su labor de riego. Comienza a ramificarse mediante acequias para dar servicio a la zona regable entre el río Ebro y la carretera de Logroño. A los 13 kilómetros y medio alcanza el paraje del Recuenco, donde el trazado de la acequia da un cambio brusco de dirección. En las cercanías esta la antigua Casa del Guarda, a las afueras de Monzalbarba, otro barrio rural de Zaragoza. Este pequeño edificio es ahora la sede del Término de la Almozara.

Casa del Guarda. Sede del Término de la Almozara
Casa del Guarda. Monzalbarba

La acequia sigue su trazado siendo obligada a atravesar la autopista y las líneas férreas. Toma dirección a los depósitos de combustible de CLH, bordeando las instalaciones por la parte trasera tras 15 kilómetros de recorrido. Ahora es más complicado seguir su trazado, al discurrir por la parte trasera de los polígonos industriales ubicados a los pies de la carretera de Logroño. A los 17 kilómetros atraviesa pasa junto al polígono del Portazgo. En este entorno estuvo el Molino de la Abeja. Este molino harinero era de menor tamaño que el de Utebo y posiblemente sólo tuviese una muela. Durante las obras de canalización de este tramo de la acequia fueron descubiertos los restos del molino hace unos años. Para su conservación fueron trasladados a la Casa del Azud a la espera de una ubicación definitiva. Se trata de unos cuantos sillares del edificio y una de las muelas que se pudo recuperar.

Piedras pertenecientes al antiguo Molino de la Abeja
Sillares del Molino de la Abeja

La acequia de la Almozara avanza ya en su tramo final atravesando de nuevo carreteras, vías de ferrocarril y alimentando mediante pequeñas acequias una de las zonas más amplias de su término. El avance urbanístico en las últimas décadas de la gran ciudad ha modificado el final de su trazado. Antaño alcanzaba el palacio de la Aljafería desaguando en el río Ebro en las inmediaciones del actual puente de la Almozara. En la actualidad las aguas sobrantes de la acequia Mayor están conectadas al colector proveniente del polígono PLAZA. Por ello a día de hoy podemos decir que el final de la Acequia de la Almozara es un gran desagüe situado a 150 metros del acceso al antiguo Parque Deportivo Ebro.

Desembocadura de la Acequia de la Almozara en el río Ebro
Desembocadura de la acequia en el río Ebro

Bibliografía

García, F.J. (2017). La Acequia de la Almozara de la ciudad de Zaragoza: dos mil años de historia. Publicación número 3524 de la Institución «Fernando el Católico», Organismo autónomo de la Excma. Diputación de Zaragoza. Recuperado de: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/96/_ebook.pdf

Fuertes, M. (2014). El Molino de Utebo. Recuperado de:  https://drive.google.com/file/d/0B08Kv3FHza79a2FIQXVrcXFXS1k/view

(2011). Diagnóstico Capítulo General de Herederos Término de la Almozara. Ebrópolis. Marco Estratégico Zaragoza 2020. Recuperado de: http://www.ebropolis.es/files/File/Documentos/Diagnostico-termino-almozara.pdf

Viaje al Centro Geográfico de Aragón

Emulando la mítica novela de Julio Verne, el dragón Chorche propone embarcarse en la aventura de viajar al centro geográfico de Aragón. Una empresa mucho menos arriesgada y apasionante, pero que descubrirá un punto escasamente conocido por los propios aragoneses.

En primer lugar, hay que saber a qué se refiere el término “centro geográfico”. Lo que primero viene a la cabeza a la hora de buscar el centro de Aragón es la ciudad de Zaragoza. Su posición en el mapa autonómico es aparentemente centrada. Ser el nodo de las principales carreteras y líneas de ferrocarril inclina a pensar a primera vista que es el punto más céntrico de Aragón. También hidrográficamente, su ubicación en el tramo central del río Ebro, en confluencia con dos grandes ríos provenientes uno del norte y otro del sur, Gállego y Huerva, hacen pensar que se trata del centro de Aragón. Además, históricamente, aglutina una dilatada historia de más de dos milenios. Su desarrollo demográfico la ha convertido en el punto más poblado de Aragón, donde viven más de la mitad de los aragoneses. Sin embargo, todos estos aspectos no son determinantes a la hora de averiguar dónde se encuentra el centro geográfico de Aragón, motivo de esta aventura.

Cálculo del Centro Geográfico de Aragón

En geografía, el centro geográfico de una superficie equivale a su centroide o baricentro. Este punto es el lugar donde se cruzan los hiperplanos que dividen la figura en partes de igual momento, es decir, su centro de simetría. El cálculo de estas coordenadas para una región física del tamaño de Aragón es bastante complicado. La primera cuestión a plantear es el establecimiento de unos criterios previos para simplificar el cálculo, ya que de otra manera podría llegar a ser imposible de realizar. Se parte de la base de que la densidad y el campo gravitatorio en todo el territorio es uniforme. Por otra parte, la superficie de Aragón tiene acusados relieves. Además, no se debe olvidar la condición de ser una superficie esférica, al ser una porción del globo terrestre. Con todas las consideraciones anteriores, lo que se hace es tomar una proyección cartográfica de esta superficie irregular, que permitirá calcular unas coordenadas en latitud y longitud que darán lugar a un punto.

Para iniciar el cálculo debe establecerse un sistema de coordenadas cuyo origen se ubica en el ángulo inferior izquierdo. El eje horizontal, que se ajusta al punto más meridional del mapa, mide las distancias hacia el Este. Y el eje vertical, ajustado al punto más occidental, en dirección al Norte. Una vez establecido, cualquier punto del mapa quedará determinado por una coordenada para el eje X (hacia el Este) y otra para el eje Y (hacia el Norte). En primer lugar, deberá establecerse un reticulado en el mapa. A mayor número de cuadrículas, abarcando éstas menor superficie, el cálculo del centro geográfico de Aragón se realizará con mayor precisión.

Vamos a realizar un ejemplo práctico con una malla muy sencilla para intentar comprender cómo se identifica el centro medio de todos los puntos de una superficie, es decir, su centro geométrico. En la parte inferior aparece el mapa geográfico de Aragón dividido en cuadrículas respecto a los dos ejes de coordenadas.

El valor numérico de las coordenadas de x e y de cada cuadrícula se le asigna al punto medio tal que: 0,5 1,5 2,5 3,5 4,5 …

Teniendo en cuenta que la superficie con la que contamos es irregular debemos de aplicar un criterio de ponderación. A las cuadrículas que corresponden de manera íntegra con superficie de Aragón les aplicaremos el valor de w=1 , mientras que, a las cuadrículas no completas que sólo contienen en parte la superficie de Aragón, les aplicaremos un valor de w=0,5 .

De esta manera la formulación quedará de la siguiente manera:

Para todas las filas y columnas de los ejes X e Y, realizaremos la suma de los valores de w asignados a cada una de las cuadrículas, obteniendo los respectivos w.

Después, calcularemos el producto de cada uno de los valores de x e y por su correspondiente valor w en cada eje.

∑ (x x w)

∑ ( y x w)

Restará calcular el punto medio en cada eje tras aplicar la ponderación, según sigue:

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ (x x w) / w

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ ( y x w) / w

Estas serán las coordenadas del centro geográfico correspondiente a la superficie.

Este cálculo matemático fue llevado a cabo hace algún tiempo por el Instituto Geográfico de Aragón. El resultado puede consultarse en la publicación de García (2011). Para ello se utilizó la malla correspondiente a un mapa de escala 1:5000. Con ella se parte de 10.579 cuadrículas, que responden a 149 filas y 71 columnas. En realidad, Aragón sólo ocupa 6.236 cuadrículas, que se corresponden con las respectivas fuellas* de 1:5000 que cubren toda su superficie. Siguiendo el procedimiento de cálculo antes expuesto, se llega al siguiente resultado.

*Fuellas: Hojas.

CENTRO GEOGRÁFICO DE ARAGÓN

Proyección UTM ETRS89 Huso 30 N

x:  694.962,57

y: 4.598.208,43

Coordenadas Geográficas ETRS89

Latitud:  41°  30′  42,44659″ N

Longitud:   0°  39′  49,44038″ W

Cómo llegar al Centro Geográfico de Aragón

Una vez realizados los cálculos, llega al fin el momento de comenzar la aventura. Nos trasladamos al pueblo de Fuentes de Ebro, situado a unos 27 kilómetros de Zaragoza. Emplazada en la carretera de Castellón, esta localidad es bien conocida por la cebolla de Fuentes, que desde hace un década es comercializada bajo la enseña de su propia denominación de origen. Aglutina a unos 4.500 habitantes. En lo artístico destaca su iglesia parroquial en advocación a San Miguel Arcángel. Fue construida en el siglo XVI por el conde de Fuentes, don Juan Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea, en estilo neoclásico. Se encargó la obra al arquitecto francés Quinto Pierres Vedel. A él se deben singulares obras en Aragón como el Acueducto de Teruel, la Mina de Daroca y la catedral de Santa María de Albarracín, donde está apedecato*. Sin embargo su elemento más llamativo, la torre de la iglesia, es de factura posterior ya que tiene poco más de un siglo de antigüedad. Debido al mal estado de la torre anterior se demolió en el año 1881. De nuevo un afamado arquitecto, el turiasonense Félix Navarro, se encarga de esta nueva obra. Esta singular torre recuerda a las torres de la lejana Venecia. Destacan los conjuntos escultóricos y el afilado chapitel con que se remata.

*Apedecar: Enterrar.

Torre de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro
Campanario de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro

Cercana está la plaza de la Constitución, presidida por la Casa de la Villa. Un edificio que evoca la estructura de los palacios renacentistas aragoneses, pero que fue construido en 1985. Cuenta con fachada de ladrillo, planta noble con balcones y galería de arcos doblados en su parte alta. La reciente urbanización de la plaza, llevada a cabo en 2018, ha incorporado en su parte central una referencia al centro geográfico de Aragón, reclamando así la titularidad que se le atribuye a esta localidad. En el pavimento aparece una placa metálica con topónimos de la geografía aragonesa, donde además se nombran elementos del patrimonio material e inmaterial de la localidad.

Plaza de la Constitucion. Fuentes de Ebro

Sin embargo, el punto no se encuentra en el casco urbano. El centro geográfico de la Comunidad Autónoma de Aragón se encuentra en el término municipal de Fuentes de Ebro, en un paraje yesífero denominado “Despeñaciegos”. Su acceso no es complicado. Un kilómetro antes de alcanzar el pueblo por la antigua carretera nacional, frente a la Finca La Dehesa, parte una pista. Éste es el punto de inicio de la hazaña (1).

Sin dejar la pista principal, tras haber recorrido 1,15 km, se pasa por debajo de la circunvalación de la carretera de Castellón. Tras un ligero ascenso se toma dirección a la izquierda (2), y poco más adelante por la pista principal se toma nuevamamente el ramal izquierdo (3), tras 1,4 km de recorrido. A los dos kilómetros aparece un nuevo cruce. En esta ocasión de nuevo debe tomarse una pista a mano izquierda (4). En este punto es recomendable dejar el vehículo y avanzar caminando.

El objetivo ya no está lejos, a unos 650 metros de distancia. Primero se recorre el trazado de la pista que discurre a la izquierda de los campos y que poco a poco se va degradando (5). En unos diez minutos andando se acaba la pista y se llega a una zona libre de cultivo salpicada de grandes bolos de alabastro. Debemos encaminarnos al pequeño barranco que se emplaza al frente, ligeramente a la derecha (6). Aunque la vegetación es abundante se puede avanzar por un sendero señalizado que cruza en varias ocasiones el pequeño reguero que lo recorre (7). En otros cinco minutos desde la pista se deja el barranco a mitad, a mano izquierda. Sólo resta remontar la ladera con menos vegetación (8) y tras alcanzar un pequeño llano girar a mano derecha para alcanzar la parte más alta donde se encuentra el objetivo.

El Centro Geográfico de Aragón se encuentra marcado con un poste que lo identifica con un anagrama y la bandera de Aragón. A su alrededor dos círculos concéntricos realizados con piedras de alabastro remarcan su ubicación.

El paisaje está dominado por vegetación esteparia de escaso porte. La panorámica en dirección al norte proporciona una vista del barranco por donde se asciende, con las vales cultivadas a media distancia. Al fondo destaca el constraste del color verde de las fértiles tierras del valle del Ebro delimitadas por los escarpes yesíferos. Si la visibilidad es buena se pueden divisar la Sierra de Alcubierre y en días muy claros incluso las sierras prepirenaicas y la cordillera de los Pirineos.

También es posible subir a la ladera opuesta desde donde hay una buena vista del centro geográfico. Desde el último poste de la senda aparece señalizado el acceso a este mirador.

Como de costumbre en nuestra tierra en muchas ocasiones no valoramos las cosas. Este lugar quizás no sea de importancia, pero debería contar con señalización oficial para acceder desde Fuentes de Ebro. Y debería divulgarse su existencia. Aunque sólo sea porque se ha realizado el cálculo por un órgano dependiente del Gobierno de Aragón, el Instituto Geográfico de Aragón. Precisamente en muchos países y regiones sus centros geográficos están perfectamente identificados y señalizados. El valor simbólico hace que se conviertan en lugares de interés para los más curiosos. Se pueden consultar en el siguiente enlace la localización de muchos de ellos como los de Polonia, Alemania, Portugal o Nueva Zelanda.

GEOGRAPHICAL CENTERS

En el caso de las comunidades autónomas españolas sólo en algunas de ellas se ha calculado su centro geográfico. Dos de ellas lo tienen señalizado y es fácil su visita, Cataluña y Cantabria. Y otras han realizado su cálculo pero no está señalizado sobre el terreno, como es el caso de Galicia, Andalucía, Navarra, País Vasco y Comunidad Valenciana.

Centro Geográfico de la Península Ibérica

En el caso de la Península Ibérica, el cálculo es complejo y no está determinado oficialmente. En el año 1561 se trasladó la capital de España a Madrid, una población que por aquel entonces tenía unos 20.000 habitantes. Se convirtió en la capital definitiva del estado. Su posición central en el mapa español puede hacer pensar que se trata del centro, pero no es así. Lo que sí posee es el Km 0 de las carreteras españolas. En el siglo XVIII se estableció la necesidad de crear una red de caminos que se adaptaría a la estructura centralizada del país. El mapa fue realizado entre 1739 y 1743 por los profesores jesuitas Carlos Martínez y Claudio de la Vega (información sobre la obra en la Biblioteca Nacional). Sin embargo, la designación actual de las carreteras nacionales, comarcales y locales se debe al Plan Peña, siendo ministro de Obras Públicas Alfonso Peña, entre 1937 y 1941 (ver documento plan de caminos). Este diseño radial de carreteras fijó el origen de las mismas en la Puerta del Sol de Madrid. 

El centro geográfico de la Península Ibérica actualmente está en pugna entre dos localidades de la Comunidad de Madrid, Getafe y Pinto. Tradicionalmente se ha pensado que este punto está situado en el Cerro de los Ángeles, ubicado al este del casco urbano de Getafe, una población de unos 180.000 habitantes. Alfonso IV tras la reconquista mandó edificar una ermita. Y en el siglo XIX el rey Alfonso XIII mandó construir la estatua del Sagrado Corazón, la cual tuvo que ser levantada de nuevo tras la guerra civil. El cerro se eleva a 666 metros de cota máxima marcada con un vértice geodésico.

Sin embargo, Pinto, una localidad del sur de región madrileña, también reivindica ser el centro. Exactamente a tan sólo 7,5 kilómetros al sur se encuentra este segundo punto. En este caso está ubicado en pleno casco urbano de la localidad, que cuenta con una población de 51.000 habitantes. En concreto en la confluencia de la calle Maestra María del Rosario y calle Egido de la Fuente. Un monolito colocado en los años sesenta marca el punto. Anteriormente hubo una piedra con un aspa colocada conocida como la “Exacta”. Según cuenta la leyenda, en este lugar estuvo enterrada un arca con los instrumentos empleados por los musulmanes para realizar las mediciones que determinaron que este punto era el lugar céntrico de la Península Ibérica. El topónimo de la localidad parece proceder del término “punctum”, punto de paso o cruce de caminos. Precisamente el escudo de Pinto representa la esfera terrestre con un punto marcado en rojo, haciendo una alegoría al centro de España.

Las dimensiones de la Península Ibérica, unos 480.000 km2, y la complejidad de su territorio físico hacen difícil establecer este punto de manera única y exacta. La principal variable es delimitar el límite de la superficie peninsular con respecto al continente europeo. La frontera política entre España y Francia no coincide con la zona más estrecha del istmo que separa la península del continente. Pero existen otras variables como son el límite costero, que varía según la situación de pleamar o bajamar. También las desembocaduras de los ríos crean zonas que hacen dudar de la divisoria exacta entre el mar y tierra. Y finalmente hay que tener en cuenta que se trata de una superficie esférica y con una orografía muy irregular, lo que complica todavía más los cálculos, al tener que extrapolar el centro geográfico a un punto de la superficie terrestre. Con todo ello, el geógrafo Javier Colomo, doctor en Geografía e Historia, se aventuró a realizar el cálculo en el año 2018. Como base del estudio de Colomo (2018) se estableció el límite de la Península Ibérica en la actual frontera entre España y Francia. Y respecto a la superficie esférica utilizó la representación tridimensional de la Tierra representada en Google Earth con coordenadas WGS84 que se corresponden con las ofrecidas por GPS. Tras dividir la superficie en miles de cuadrículas y realizar los cálculos matemáticos localizó el punto en medio del campo, a cuatro kilómetros del centro de Méntrida (Toledo). Esta población de 5.000 habitantes se emplaza al norte de la provincia toledana, muy cercana a la Comunidad de Madrid.

Entre el centro geográfico de la Península Ibérica calculado por Javier Colomo y el centro geográfico de Pinto hay 45,8 kilómetros de distancia. Y respecto al centro geográfico del Cerro de los Ángeles de Getafe la distancia es de 47,6 kilómetros.

Bibliografía

García, M.L. (2011). Centro geográfico de Aragón. En Delimitación comarcal de Zaragoza (1ª ed., pp.70-72). Zaragoza: Gobierno de Aragón. Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior. Recuperado de: http://mov-brs-01.aragon.es/cgi-bin/IDOT/BRSCGI?CMD=VEROBJ&MLKOB=839719975858

Colomo, J. (2018). Centro Geográfico de la superficie de la península Ibérica. Recuperado de:  https://www.javiercolomo.com/index_archivos/Iberia/Iberia.htm

Puilatos, un pueblo de colonización efímero

El Instituto Nacional de Colonización  (INC) fue una institución franquista que influyó notablemente el paisaje aragonés. Se creó en el año 1939 y estuvo en funcionamiento hasta 1971, cuando se integró en el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). Su objetivo fundamental fue una política agraria basada en la puesta en regadío de amplias zonas, dotándolas de los servicios necesarios para su cultivo. Y para ponerlas en marcha cuanto antes era necesario acercar a los agricultores a estas zonas mayoritariamente despobladas, con la construcción de nuevos asentamientos. Las actuaciones llevadas a cabo en Aragón, fundamentalmente en las provincias de Huesca y Zaragoza, fueron muy importantes. Y ello se debe a lo avanzado del estado de las obras hidráulicas que se habían planeado décadas antes, así como a la abundancia de zonas de secano. En el año 1906 ya fueron inauguradas las obras del canal de Aragón y Cataluña, que gracias a las aguas del Ésera riega 98.000 ha entre las provincias de Huesca ( la mayor parte) y Lérida. El Plan de Riegos del Alto Aragón fue aprobado en 1912. Tomando aguas del río Gállego y del Cinca, a través de los canales de Monegros y del Cinca, dan servicio en la actualidad a 110.000 ha. En el año 1932 se aprueba el Plan Bardenas, que toma las aguas del río Aragón con una superficie regable de 88.000 ha, fundamentalmente en Aragón. En total fueron 30 los pueblos de colonización construidos en Aragón, la mitad en la provincia de Huesca. El encargado de su diseño fue el arquitecto zaragozano José Borobio. Los colonos llegaron a las diferentes poblaciones de manera escalonada entre los años cuarenta y sesenta.

Cuando surge el INC las obras hidráulicas del primer tramo del Canal de Monegros estaban muy adelantadas; sus aguas regarían el desierto de la Violada. Un territorio llano y seco que no contaba con poblaciones a lo largo de 26 kilómetros entre Zuera y Almudévar. Su nombre proviene de la vía romana entre Osca y Caesaraugusta conocida como Vía Lata. El primer proyecto del Plan General de Colonización de la Zona de la Violada fue redactado en 1943. Se estudió la ubicación de media docena de pueblos ubicados en el centro de las zonas de cultivo y situados a una distancia entre sí de entre 4 y 6 kilómetros. Los cascos urbanos deberían estar en zonas de poco balgua* agrícola, sobre terrenos saneados. Para llevar a cabo los planes era necesaria la adquisición de grandes fincas, las situadas al sur de la Violada pertenecientes a Zuera. La primera de ellas fue “Llanos de Camarera” donde se estableció el primer pueblo, Ontinar del Salz. Se fue avanzando en el desarrollo de otros sectores, uno de ellos el denominado “Regordín”,  donde se proyectaba un pueblo con el mismo nombre. Éste posteriormente pasó a llamarse Puilato. Durante los estudios se pensó en eliminar este asentamiento y sustituirse por la ampliación de la barriada del Portazgo, situada junto a la estación de ferrocarril de Zuera. Al final se decantaron por la idea inicial de nuevo pueblo situado en el camino de Zuera a la Sarda y Pilatos, ya que daría mejor servicio a las nuevas zonas de cultivo. El número de viviendas fue más reducido que en los pueblos de Ontinar o El Temple, ya que corresponde a un sector de menor superficie.

*Balgua: Valor.

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El monte Pilatos deriva de los vocablos latinos “pui”, alto y de “lato” amplio. Se trata de un monte de suave orografía situado al norte del término municipal de Zuera. Su punto más alto está señalizado por un punto geodésico a 343 metros de altitud. Este monte dio nombre a la nueva población enclavada a dos kilometros de distancia que en su origen se llamó Puilato, y que posteriormente derivó en la denominación de Puilatos. Su construcción se llevó a cabo en 1955, llegando los primeros colonos en el año 1956, completando prácticamente el pueblo en el año 1958. Los inicios fueron duros ya que no contaron con luz eléctrica y agua en las viviendas durante el primer año y medio. Se trataba en total de 45 viviendas de similares características a las de otros pueblos de colonización. En ellas se alojaron 35 colonos con sus respectivas familias, además de obreros. Las familias llegaron todas ellas de Zuera a excepción de una procedente de Juslibol. A todas las ofrecieron un lote de tierra, vivienda y dependencias anexas para la cría de animales domésticos también incluidos en la aportación inicial. Todo ello lo fueron pagando con parte de la cullida* durante un número determinado de años. Las viviendas eran de diferentes tipologías, con una o dos plantas, y de entre tres y cinco dormitorios, con el fin de adaptarse el número de personas que componían cada unidad familiar.

*Cullida: Cosecha.

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En el centro de la población estaba la iglesia de San José Obrero, con festividad el 1 de mayo que era celebrada por los vecinos. Era la fiesta mayor y para ello se vaciaba de manera temporal el almacén agrícola ubicado en la calle de la Hermandad, a escasa distancia de la plaza principal, que recibía el nombre de plaza del Caudillo. El edificio de la iglesia diseñado por el arquitecto José Borobio estaba formado por la capilla de planta circular y la sacristía anexa. El presbiterio de planta rectangular albergaba una pintura mural obra del pintor zaragozano José Baqué. Se trata de uno de máximos exponentes de la pintura aragonesa contemporánea. Su obra está marcada por la simplificación de las figuras, pero  respetando el tema tratado y de fácil interpretación por parte del feligrés. En este caso se trata de un tríptico de la Sagrada Familia en su casa de Nazaret; San José Obrero en el centro aparece trabajando de carpintero y a su derecha está María sentada con el niño Jesús en su regazo, mientras que a la izquierda se ve a través de una ventana el paisaje rural que rodea la vivienda. La torre de planta igualmente circular estaba ligeramente desligada. En la parte alta se abría el campanario entre columnas que sostenían la cubierta. Formando parte del mismo conjunto estaban las escuelas de niños y niñas. La iglesia estaba rodeada de un espacio amplio rodeado de viviendas y de otros edificios donde se localizaba la administración, la casa de los maestros, la hermandad sindical y los comercios.

 

Sin embargo la historia de Puilatos fue efímera, en concreto poco más de veinte años. El terreno elegido no fue el adecuado debido a la existencia de rocas sedimentarias solubles en el subsuelo. Su composición a base de yesos sufre una disolución progresiva con las corrientes del agua creando oquedades subterráneas que van creciendo poco a poco y que afectan a la superficie del terreno. Sin duda alguna la llegada del regadío aceleró este proceso formando simas y dolinas en el subsuelo que comenzaron a afectar la estabilidad de los edificios. Las viviendas más afectadas eran las situadas al sur. En esta zona se realizaron prospecciones que comprobaron la existencia de corrientes subterráneas. A 700 metros del casco urbano hay una zona que tradicionalmente ha tenido acumulación de agua y que pudiera tener relación con esta circulación de agua. Tras la llegada del regadío se ha creado una pequeña laguna de más de una hectárea de lámina libre de agua rodeada por carrizos. Con el paso de los años las grietas en los edificios se hicieron más evidentes, sin afectar a la seguridad de los colonos, pero que poco a poco fueron generando más preocupación. Los vecinos tuvieron que viajar a Madrid en varias ocasiones solicitando una solución al problema de habitabilidad. Finalmente el IRYDA decidió el desalojo total y la construcción de nuevas viviendas en Zuera y Ontinar del Salz para proceder al traslado de los vecinos. Los primeros se trasladaron a Ontinar del Salz en el año 1975. En pocos años el pueblo estaba completamente desalojado. Los últimos habitantes se fueron en el año 1981 y poco después se procedió a la demolición de todos los edificios para evitar el peligro de posible derrumbe.

En Ontinar del Salz las primeras viviendas en terminarse y ocuparse están ubicadas en la calle del Viento, cuatro de ellas. El resto hasta completar quince están ubicadas en la calle Puilatos, constituyendo un recuerdo permanente del pueblo que estaba a punto de desaparecer. A pesar del origen de los colonos más de la mitad decidieron trasladarse a este pueblo de colonización debido a que las tierras de cultivo, las cuales siguieron trabajando, estaban más cerca de Ontinar que de Zuera.

En cuanto a los colonos que decidieron volver a Zuera, éstos fueron reubicados en las calles Ontinar y Puilatos. De nuevo el nombre de una de las calles hacía referencia al pueblo en el que apenas pudieron vivir dos décadas. Las viviendas están ubicadas en la intersección de ambas calles, alejadas del centro de la localidad. Con el crecimiento de la población ahora están integradas en la malla urbana. Hay cuatro viviendas en la calle Ontinar y diez en la calle Puilatos. Del resto de colonos, algunos prefirieron el solar para construirse ellos mismos la vivienda y otros se trasladaron fuera de estas poblaciones.

Del pueblo lo único que se salvó fue el retablo de la iglesia parroquial, trasladado a Ontinar del Salz. Fue instalado en la capilla bautismal de la iglesia de la Virgen del Salz. El resto son las ruinas de Puilatos. Se accede a ellas tomando la salida de la autovía mudéjar que conduce a Ontinar. En paralelo a la autovía en dirección a Huesca un amplio camino toma dirección a un pinar. A los pies parte la antigua carretera de acceso al núcleo de colonización, uno de los pocos restos originales que se conservan. Un bosque de pinos y una carretera que conduce al solar donde antaño se levantó un pequeño pueblo.

Allí ahora yacen los restos de las viviendas a los que se han ido añadiendo restos de obras que se llevaron a cabo en la autovía, así como escombros y basuras de todo tipo. Y mientras la naturaleza contribuye a aliviar la tétrica visión de un pueblo arruinado con árboles de pequeño porte salpicados por todo el espacio. Una mezcla caótica. Una pista accede a la zona central del núcleo, único lugar donde se conserva el nivel de terreno original por donde discurrían las calles. Allí precisamente todavía se puede apreciar un pequeño trazado de las aceras, gracias al bordillo existente que parece corresponder a uno de los extremos de la plaza principal de la localidad.

Un camino rodea el solar donde se levantaba el casco urbano. En el resto de la superficie se cubre por montones de escombros tapizados por la vegetación haciendo imposible reconocer el trazado de las calles y menos aún de los edificios que allí se levantaban.

El único elemento constructivo que todavía se conserva es el aljibe ubicado en el extremo opuesto del acceso a la localidad, situado junto al camino perimetral. Se trata de un depósito de agua subterráneo del cual sobresale la parte alta de la cubierta. Está ubicado junto a una acequia de la cual tomaba el agua. Una tapa metálica permite ver su interior, así como la tubería que conectaba con una bomba manual ya desaparecida. Este era el lugar donde se traía a abrevar a los animales que poseían los colonos.

Atravesando el pinar se conserva otro camino que discurre en paralelo al acceso a la localidad.  Servía de acceso a los huertos de los colonos, en dirección a la carretera de Huesca. La construcción de la autovía hizo desaparecer de un plumazo la tierra de los hortelanos. Si que se que mantienen en cultivo el resto de campos que rodean el núcleos, tierra de regadío que siguen trabajando los colonos. 

Han pasado poco menos de cuarenta años de la desaparición de Puilatos. Hasta hace unos años los antiguos vecinos se reunían para celebrar la antigua festividad de la localidad como un día de reencuentro. Un día de comida popular en los pinares que rodean el pueblo. Sin embargo la tradición ya ha caído en el olvido. El recuerdo del pueblo languidece mientras el espacio físico donde se levantó el pueblo sigue en continua degradación. Sería necesaria una restitución moral para evitar la completa desaparición de la historia de este pueblo. Una actuación que dignificase el lugar, sin más aspiraciones que mantener el recuerdo de un pueblo cuya historia duró apenas poco más de dos décadas, pero que se merece un espacio en la reciente historia de Aragón.