7ª Excursión Joréate por Aragón a la Ribera Baja

Con el arranque del otoño llegaba la séptima Excursión de Joréate por Aragón. A pesar de la amenaza de lluvia, que al final no se cumplió, de nuevo pudieron disfrutar de una jornada en buena compañía, y en esta ocasión más cerca de la capital del Ebro. Eso es precisamente lo que sorprendió a los seguidores del dragón Chorche, que tan cerca de Zaragoza pudiera haber lugares con cosas tan interesantes que ver.
La quedada tuvo lugar en el ayuntamiento de Quinto, que no Quinto de Ebro. Históricamente el nombre oficial no ha contado con apellido, pero tras la guerra civil se comenzó a utilizar el nombre de Quinto de Ebro. Hace más de una década volvió a su nombre original debido a los problemas con el nuevo nombre y con el escudo, siendo aprobado por la corporación municipal. Tras la aclaración, poco a poco llegaron la veintena de asistentes a la excursión. Un café en el bar de la plaza esperando los rezagados, y con todos ya junticos tenían preparada una degustación de coca* de cabello de ángel y de nueces, miel y canela.
*Coca: Torta.

Comenzó el paseo por las calles del pueblo, adentrándose en el casco antiguo por el portal de San Antón, uno de los tres con los que conserva la localidad. Enseguida se llegó a la plaza Vieja, desde donde se apreciaba la Casa Rectoral, palacio renacentista aragonés en obras, y el portal de San Roque. Esta plaza fue el epicentro de la vida de los vecinos de Quinto, donde estaba el ayuntamiento y la iglesia parroquial. El paso de la guerra civil lo cambió todo. La casa consistorial desapareció y a la iglesia le cambiaron la fachada y la torre más tarde.

Continuaron el paseo por la calle Mayor, por que la antiguamente pasaba todo el tránsito entre Zaragoza y Alcañiz. Ahora paseaban plácidamente en grupo, con los chiquillos garimboliando*. Alcanzaron el portal de San Miguel. Otro bello portal en perfecto estado, ofreciendo al visitante un patrimonio cuidado con esmero y en el que no faltaba la placa informativa. Tomaron la calle Morería, haciendo referencia a la población morisca de la población, y alcanzaron el Piquete. Este monte es conocido así por los vecinos por tener forma de pequeño pico, en cuya parte más alta está la iglesia de la Asunción.
*Garimboliar: Corretear.

La iglesia muestra su mejor aspecto tras la restauración. Un edificio de ladrillo con su magnífica torre de ladrillo de preciosa decoración y la galería de arquillos de tradición aragonesa coronando la parte alta de la iglesia. Dentro les estaban esperando para comenzar con la visita guiada. Comenzó con un pequeño vídeo de introducción sobre la historia reciente de la creación del museo de momias. Y acto seguido el relato por una de las guías. Una hora y media de visita que no defraudó a nadie y eso que había mucha expectación previa por conocer las momias de Quinto. Las explicaciones comenzaron con la historia del pueblo. Después llegó el relato de la construcción del edificio y del por qué de su estado interior. La conservación de sus muros en muy mal estado, sin mobiliario religioso, eran la mejor manera de comprender el paso de la guerra civil por la iglesia y por el pueblo.

Y entonces llegó el momento de ver de cerca al primer cuerpo momificado. Su conservación sorprendió a todos y enseguida surgieron las dudas de cómo habían llegado así hasta nuestros días después de permanecer en un ataúd unos doscientos años. Los factores: fallecimiento por enfermedad de alta deshidratación, falta casi absoluta de humedad y conservación de temperatura constante. Tres causas que se dieron sólo en una treintena de cadáveres de los más de mil enterramientos documentados en el interior de esta iglesia. Una característica única en toda España y que lo convierte en el primer museo de momias y que cuenta con el mejor conjunto, con 15 cuerpos momificados de manera natural.

El resto de la visita fue dedicada a cada una de las momias, contando toda la información sobre los restos, la vida de los fallecidos, el ropaje que llevaban, así como de las características de los enterramientos. Mientras tanto se podían ver a escasos centímetros todos los detalles, depositadas en unas vitrinas de cristal para preservar los restos.

El trabajo de investigación había sido tan intenso que todo lo contado era capaz de saciar la curiosidad de los visitantes, que aún así tuvieron numerosas preguntas que hacer. Todos al final salieron muy satisfechos con la visita, en la que aprendieron mucho. Y otro aspecto a valorar era el respeto con el que contaba la historia de los fallecidos, muchos de ellos vecinos del pueblo, preservando su identidad.

Tras la visita todos ya habían hecho apetito, con lo que descendieron por las calles del pueblo en dirección a los coches. El siguiente destino era Fuentes de Ebro. El lugar elegido para comer era el parque de Santa Bárbara, que toma el nombre de la ermita allí situada, junto al colegio público. Desplegando toda la logística montaron un merendero provisional donde poder depositar las viandas que habían traído y que fueron compartiendo entre todos. Productos de huerta se mezclaron alegremente con otros manufacturados haciendo las delicias de los comensales. En el postre no faltaron los clásicos como las palmeritas de Massiel, que al final no pudo venir, hojaldre de cabello de ángel y de mermelada de melocotón de Marta, o el bizcocho de Bea, entre otros.

Y mejor postre para los más pequeños fueron los juegos infantiles situados en el parque. Ellos no se preocupaban de su digestión, y sus padres tampoco y decidieron dejarlos jugar bien tranquilos.


La tarde estaba fresca y apetecía un café bien calentito, un batido e incluso algún carajillo. Así que dieron un paseo por las calles del pueblo hasta llegar a la calle Mayor. Mientras la mayor parte de los vecinos todavía estaban comiendo ellos tomaron el bar Baden Baden como un tornado. Allí nos atendieron de maravilla. Mientras los niños jugaban a las cartas, los mayores templaban el cuerpo al ritmo de una animada conversación. Hasta la camarera pudo saborear los postres que habían elaborado.

De camino a los coches no faltó una visita a los edificios más importantes de la población: la iglesia de San Miguel, con su preciosa torre, y la plaza de Constitución cubierta con sus modernos toldos y su Casa de la Villa presidiéndola.
Ahora había que tomar de nuevo los vehículos para acercarse hasta la pequeña localidad de Rodén, situada a escasos kilómetros. Tras atravesar el puente del AVE, era necesario pasar por el pueblo nuevo. Una pista asfaltada remontaba la ladera hasta llegar a un lugar improvisado de aparcamiento. Un pequeño sendero les llevó hasta los restos de Rodén el Viejo. El dragón Chorche se encargó entonces de hacer de guía, contando la historia del pueblo, que albergaba unos doscientos habitantes justo antes de la guerra civil. En siete días el pueblo quedó arrasado, afortunadamente sin víctimas entre los vecinos ante su huída. A la vuelta la vida fue muy difícil, y los pocos que se quedaron se trasladaron al pueblo nuevo en la parte baja.

Visitaron las ruinas de la iglesia, que conservaba los muros recientemente afianzados para evitar su caída. También la torre, único elemento completamente restaurado. Y detrás estaba el castillo, apuntalado para evitar su ruina. Alrededor las ruinas de las casas que se apiñaban en las escarpadas laderas de monte elevado. Una de las peculiaridades del núcleo era su construcción a base de piedra de alabastro, irregular en el caso de las viviendas, unidas con argamasa y lucidas con yeso. Mientras la torre lucía sus piedras ligeramente talladas, con aspecto recio y sencillo a la vez.

La visita al lugar se completó con la explicación de la importancia del alabastro para esta zona. Su extracción a día de hoy convierte a Aragón como el primer productor mundial de este mineral muy característico de nuestra tierra. Un mineral usado desde la época de los griegos. Un material muy utilizado a lo largo de los siglos como así lo demuestran las murallas de Zaragoza, la fachada de Palacio de la Aljafería o los retablos de la Seo y el Pilar entre otros muchos otros. Hoy en día sigue siendo muy utilizado tanto en la construcción, así como elemento decorativo.

Un buen punto y final para una excursión más de Joréate por Aragón. Una escusa para pasar un buen día de excursión conociendo rincones de nuestra tierra en buena compañía.

Balneario de Panticosa, a punto de perder todo su encanto

El Balneario de Panticosa siempre ha sido un icono de los Pirineos. Ubicado en una cubeta glaciar a 1.636 metros de altitud su ubicación no puede ser más bucólica. Una gran planicie de unas 24 hectáreas de superficie modelada por la glaciación, atravesada por el río Caldarés que recoge las aguas provenientes de los ibones y cascadas que rodean al ibón de Baños, una laguna de 5 hectáreas.

Precisamente el nombre del río hace referencia al agua caliente que sale de los manantiales termales que manan en las inmediaciones. Los romanos ya conocieron su existencia. A pesar de su dificultoso acceso, fueron visitados por ciudadanos que dejaron allí monedas de Zaragoza, Velilla o Sagunto como exvotos por la curación de sus enfermedades. Entonces sólo se conocían los manantiales de Tiberio y Estómago. Hasta el siglo XVII cayeron en el olvido y fueron de nuevo redescubiertos gracias a que la aguas manan a 52º regalan* las abundantes nieves que cubren estas latitudes buena parte del año. El conjunto termal está formado por seis manantiales. En esta nueva etapa, inicialmente fueron usados los del Estómago e Hígado, en la década de 1780 se empezaron a utilizar los manantiales de Herpes y Laguna. En 1881 se descubrió el manantial de San Agustín y finalmente en 1951 se redescubrió del manantial de Tiberio, inutilizado desde la época romana por aludes y derrumbamientos.
*Regalar: Derretir.

A pesar de su complicada ubicación, en pleno corazón de la cordillera pirenaica, la afluencia al centro termal ha sido muy notable. Para llegar los viajeros de Madrid, Zaragoza o Pau empleaban diferentes medios de comunicación que con su modernización irían acortando los trayectos paulatinamente. En 1826 todavía no estaba terminada la carretera de Madrid a Zaragoza y el tramo final de Biescas al balneario costaba cinco días. Poco a poco fueron mejorándose las carreteras y se construyó un camino de acceso de cinco pies de ancho que sustituyó al sendero anterior. El 12 de julio de 1862 llegaron los primeros carruajes. La situación cambió notablemente con la llegada del ferrocarril, en 1864 a Huesca y 1893 a Sabiñánigo. Con estas mejoras se redujo el trayecto desde Madrid a menos de un día. Gracias a la modernización del ferrocarril en 1911 ya se podía alcanzar el balneario en tan sólo 14 horas de viaje. De manera paralela los automóviles comenzaban su aparición y en el verano de 1905 llegó el primer vehículo proveniente de Laruns. Al año siguiente, con sólo quinientos vehículos matriculados en España, uno de ellos ya realizaba el servicio entre la estación de Sabiñánigo y el balneario. En 1929 este servicio se realizaba con autobuses. Con las mejoras en ambos medios de comunicación ya se podía alcanzar el balneario en diez horas desde la capital. A partir de la década de los sesenta el vehículo particular se impuso y a día de hoy el trayecto desde Madrid puede realizarse en cinco horas.

El balneario fue explotado desde sus inicios por el quiñón de Panticosa, entidad administrativa que englobaba los núcleos de Panticosa, Hoz de Jaca y Pueyo de Jaca. Su utilización ya es notable en 1693. Entonces se construyó un primer edificio de dos plantas junto al manantial del Estómago, al que le sucedió más tarde otro junto a las fuente del Herpes. Se contaba con cincuenta plazas de modesto alojamiento, mientras que los baños se tomaban al aire libre. Ante una precaria gestión el rey Fernando VII opta por la concesión en 1826 a un rico propietario de Búbal, Nicolás Guallart. El empresario consiguió levantar un conjunto de ocho edificios y doscientas camas en tan sólo 27 años de gestión. Entre ellos la Casa de Abajo (la actual Casa Belio), la Casa de los Herpes (después Casa Balneario) y Casa de la Pradera. Éste último fue el primer hotel propiamente dicho con cuatro plantas, vestíbulo principal y una parte de habitaciones de alto nivel, que después pasó a denominarse Hotel Mediodía.

En 1854 se inyecta capital en la sociedad y en tres años se construyen seis nuevos edificios, duplicando la capacidad hotelera. Entre ellos la Fonda Nueva (luego llamado Hotel Victoria), la Casa de la Princesa (rebautizado como Hotel Embajadores), Casa Salón de la Sociedad (derribada en 1977) y Casa de la Laguna. Sin embargo era insuficiente para cubrir la demanda creciente y seguía sin poder competir con los balnearios franceses. En 1864 con la llegada del ferrocarril a Huesca aumenta todavía más la demanda, contando ya con setecientas camas en 1870. Con la llegada del ferrocarril a Huesca, en 1893 la afluencia desbordaba la capacidad, siendo constante la ampliación y construcción de nuevos hoteles. Entre ellos la nueva Casa de la Pradera, ubicada en el lado opuesto, junto al cauce del río Caldarés. Se convertiría en el hotel más grande e importante del conjunto balneario hasta la fecha. Entre la década de 1890 se vivió la “belle époque” en la cual el balneario de Panticosa conoció su máximo periodo de esplendor, con más de dos mil clientes por temporada. Se levantó el Gran Hotel, mejorando las instalaciones anteriores, dotado de electricidad y ascensor hidráulico. También la Fonda Franco-Española, edificio en forma de “L” alineado con el Hotel Embajadores y la nueva Casa de la Pradera. Y la iglesia del Carmen, utilizada los cinco primeros antes de consagrarse como alojamiento anta la falta de plazas hoteleras.

No solo se dedicó un gran esfuerzo económico al alojamiento de los clientes, sino también a las instalaciones termales convirtiendo el balneario en uno de los mejores equipados de España en el último cuarto del siglo XIX. En 1899 la sociedad Guallart y Compañía se convierte en Aguas de Panticosa S.A., formada por un 70% por los antiguos socios siendo el mayor accionista el conde de la Viñaza. En sus seis primeros años APSA realizó importantes mejoras con la construcción del Hotel Continental (sobre el solar de la Fonda Franco-Española tras sufrir un incendio que la destruyó), dotado de ascensor hidráulico y retretes modernos. Y se completó el conjunto con el emblemático edificio del Casino. Situado entre el Gran Hotel y la nueva Casa de la Pradera, con un gran jardín central. En su interior contaba con un teatro con 350 butacas, además de galerías y terrazas, constituyendo el lugar preferido de ocio de los residentes. La situación económica se vio afectada gravemente por los aludes de los años 1915 y 1917. El primero destruyó por completo el mayor hotel, la Casa de la Pradera. También destruyó la Casa de la Laguna y afectó a otros edificios, cuyos daños fueron valorados en un tercio del capital social del balneario. El alud de 1917 produjo desastres de menor consideración. Durante dos décadas estuvo gestionado por arrendatarios y después fue recuperando tímidamente la actividad hasta los años sesenta. Entonces cayó en una crisis creciente que acabaría con un cierre provisional del balneario en 1979.

Las últimas décadas para el balneario de Panticosa han supuesto la peor página de toda su historia. En el año 1880 era uno de los mayores y mejores balnearios de España, con capacidad hotelera para albergar a más de mil personas, comparable a la de San Sebastián o Santander. A principios de siglo XX el conjunto de construcciones estaba dotado de los mejores avances de la época en un entorno de alta montaña. De este esplendor se ha pasado al abandono y destrucción de la mayor parte de su patrimonio artístico. Esta triste etapa comenzó tras la intervención de las administraciones autonómica y local para rescatar del abandono unas instalaciones semiabandonadas y parcialmente en ruina. Se consiguió que el grupo empresarial Nozar se hiciera cargo del balneario, completando la compra de los edificios en el año 2000. Previamente, en junio de 1992, la Dirección General de Patrimonio Cultural y Educación del Gobierno de Aragón, declaró el Balneario de Panticosa como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de “conjunto histórico”. Con ello se pretendía la conservación de importantísimo del patrimonio arquitectónico y se impedía la demolición de los edificios históricos.

El proyecto de Panticosa Resort, impulsado por Luis Nozaleda, pretendía convertir el espacio en un complejo invernal de lujo enfocado a las grandes fortunas españolas y europeas. Un complejo pensado a lo grande desde el propio diseño, a cargo de dos premios Pritzkter (el Nobel de la Arquitectura) para diseñar los nuevos edificios. Rafael Moneo se encargó del proyecto del primer hotel de cinco estrellas del Pirineo Aragonés, el portugués Álvaro Siza diseñó un centro deportivo de alto rendimiento para dar servicio a deportistas de élite y que pretendía atraer equipos de fútbol como el Real Madrid o el F.C.Barcelona; y el prestigioso estudio de arquitectura Moneo & Brock realizó el proyecto de las Termas de Tiberio, las instalaciones balnearias propiamente dichas. A ello se añadía un restaurante de lujo de la mano del prestigioso cocinero Pedro Subijana y la reforma del Casino dotada de un salón de juegos de alto standing. Se completaba el conjunto con una villa de residencias de lujo. Un gran proyecto que generaría 400 puestos de trabajo.

Entre 2002 y 2008 el Balneario de Panticosa sufrió el conjunto de intervenciones más agresivas de su historia. Se derribó buena parte de las instalaciones de este conjunto histórico con el visto bueno del ayuntamiento de Panticosa y del Gobierno de Aragón, a pesar de la existencia del BIC. El Hotel Mediodía y el Hotel Continental fueron demolidos y se levantaron nuevas construcciones. El hotel Embajadores y la bella galería de madera que lo conectaba con el Hotel Mediodía, así como el Hotel Victoria también fueron derribados. Respecto al Gran Hotel fue completamente vaciado por dentro, respetando sólo la fachada original. Se respetaron el Casino y la iglesia del Carmen que fueron restaurados. En cuanto al resto de pequeños edificios del balneario, a pesar de su importancia histórica y de su encanto, siguen abandonados en avanzado estado de ruina.

A cambio se han levantado modernas instalaciones de una tipología radicalmente diferente a la anterior. En concreto el Hotel Continental, Hotel Continental II, Termas de Tiberio y Centro de Alto Rendimiento. Éste último no ha llegado a funcionar y se encuentra abandonado. A pesar del prestigio de los arquitectos, el diseño de los mismos ha sido desastroso. Los materiales empleados, no aptos para resistir la dura climatología del lugar, sufren un deterioro evidente pocos años después de su inauguración. A ello se añade una falta absoluta de mantenimiento de las instalaciones. Su coste ha sido muy elevado y todo ello ha supuesto un lastre económico imposible de sobrellevar.
*Embeleco: Encanto.

En el 2008 se inauguraron las instalaciones tras la polémica y un año después, con las obras inacabadas, cerraron provisionalmente. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y un proyecto completamente inviable llevó a la quiebra multimillonaria de Nozar. Durante las obras se llevaron actuaciones que aumentaron las brutales heridas medioambientales y paisajísticas. La construcción de cuatro plantas subterráneas bajo el centro de alto rendimiento removió las capas freáticas modificando uno de los elementos naturales más valiosos del lugar, los manantiales medicinales, alterando gravemente el caudal y la temperatura de las aguas termales. En superficie quedaron obras inacabadas, que incrementan la barbarie urbanística llevada a cabo: el centro de alto rendimiento, la urbanización de las viviendas de lujo e incluso un pequeño helipuerto para la llegada de los huéspedes VIP. Pero también quedó sin terminar un aparcamiento situado a la entrada del complejo. Una gran estructura de hormigón que yace abandonada y que sirve de recibimiento a las visitantes. Junto a ella la planta embotelladora de agua mineral que fue cerrada como consecuencia de la situación económica de la sociedad inmobiliaria. Después de tanto desatino, hablar del mobiliario histórico y de la documentación desaparecida que se acumulaba en los edificios históricos es un tema casi menor. Y todo ello con el consentimiento cómplice de los responsables políticos, tan culpables como los nuevos propietarios del balneario de Panticosa.

Tras una situación incierta se volvieron a abrir las instalaciones del Panticosa Resort. Aunque sigue manteniéndose la propiedad por parte de Nozar, se cambió el enfoque de negocio. Ahora está orientado a un turismo más popular. Se rebajaron la categoría de los hoteles, con la reducción drástica del personal, y se recortaron los costes de mantenimiento al mínimo. Las instalaciones están en funcionamiento de manera parcial y ofrecen plazas hoteleras según las necesidades. El casino perdió licencia de juego y ahora se abre para eventos familiares.

Las numerosas acciones por parte de la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA) no han servido para paliar el desastre. Los edificios del conjunto arquitectónico abandonados avanzan en su ruina. Los responsables de la administración no han conseguido que Nozar cumpla con sus compromisos de rehabilitación. Otro tema en el cual los incumplimientos son vitales se refiere a la instalación de barreras anti aludes requeridas por la ley para la protección de personas y del patrimonio. Se trata de una ubicación de alto riesgo, que ha sufrido a lo largo de su historia numerosos aludes como el que destruyó por completo el mayor hotel del balneario en 1915. Fenómenos naturales habituales que recientemente han provocado muertes en 1960 y 1970 y que hacen que periódicamente los alojados queden incomunicados. A pesar de ello no se han colocado las protecciones por la propietaria y la actividad invernal se mantiene cuando debería ser clausurada por las administraciones para evitar estos riesgos.

A día de hoy la visita al balneario de Panticosa produce una sensación de tristeza e indignación, sobretodo a aquellos que lo ya lo habían visitado. Ver cómo ha desaparecido la mayor parte de los edificios históricos, sustituidos por otros de estilo moderno. Apreciar el lamentable estado que muestran las nuevas construcciones pocos años después de su construcción. O ver el abandono de los edificios más antiguos y con mayor encanto del balneario.

 

La visita deja muchas dudas en cuanto a la gestión. La afluencia de los visitantes en vehículo particular no está regulada en absoluto. Se permite el tránsito por las zonas arboladas y aparcamiento en las orillas del ibón de los Baños y en explanadas en medio de la zona monumental. Y todo ello viendo pasar un aparcamiento a medio terminar que mejoraría notablemente este importante aspecto. La oferta hotelera y de ocio es utilizada por un mínimo porcentaje de visitantes, ya que el resto acude por los atractivos paisajísticos y monumentales, que en este último caso defraudan al visitante. Hay una falta absoluta de información en cuanto a los atractivos que ofrece el balneario de Panticosa, tanto artísticos como naturales.
Y como muestra tres pequeñas propuestas que podrían hacer que el turista se llevase un mejor sabor de boca. Es indudable que la oferta montañera con este punto de partida es amplia y gran valor natural. Sin embargo tres paseos aptos para todos los públicos permitirían descubrir el entorno inmediato del balneario de Panticosa. Paseos que a día de hoy no cuentan con señalización. Hablamos del recorrido circular que parte junto a la Casa del Piedra, en ascenso al balcón de la Reina, con magníficas vistas del balneario. Tras cruzar el río Caldarés se pasa por el mirador de la Cascada del Pino. Y el descenso para pasar por las fuentes del Hígado y San Agustín.

Otro de los paseos podría acercar a las fuentes termales las cuales cuentan con construcciones y cuya visita además de un agradable paseo sirve para conocer los orígenes del centro termal. Estamos hablando de las fuentes de Herpes, San Agustín, Hígado y Estómago en la ladera oriental, y la fuente de la Laguna en la ladera occidental. En estos casos cuentan con pistas de acceso en mal estado, en algunos puntos con árboles derrumbados que complican su acceso.

Finalmente el recorrido más sencillo de esta oferta sería el recorrido circular al ibón de los Baños, uno de los atractivos del entorno. Una regulación del uso de sus orillas así como el aprovechamiento turístico regulado permitiría una imagen más agradable al visitante. El sendero actual cuenta con un tramo complicado junto a la entrada de acceso al balneario. Y en su perímetro junto a la carretera, el aparcamiento de los vehículos impide el paso de peatones para disfrutar de la gran lámina de agua. También se permite el aparcamiento en el lado que linda con la arboleda, lo cual da una imagen poco atractiva y no invita al bucólico paseo.

En cuanto a estas propuestas de ocio paisajístico entendemos que corresponden al Gobierno de Aragón, y que podrían ejecutarse con un presupuesto no muy alto. Dignificarían la visita a corto plazo de este punto, uno de los más emblemáticos de la geografía aragonesa. Y de manera paralela sería necesario sentarse con Nozar para requerir a la empresa sus obligaciones como propietaria en cuanto a la restauración de los edificios históricos que todavía quedan, para no terminar de perder todo el patrimonio que todavía resta. Se trata de un mínimo de compromiso por ambas partes para paliar la incompetencia de las administraciones y las irregularidades por parte de la propiedad con el fin de rescatar la dignidad perdida por ambas partes, que por otra parte seguro que podrían terminar en los tribunales. El daño ya está hecho, pero es necesario ponerse a trabajar para evitar un mayor desastre y devolver al balneario de Panticosa una pequeña parte del esplendor que tuvo.

Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa. Pero volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir más de 30 veces lo que recibieron. Al final han pagado unas cuatro veces la indemnización, pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Ni siquiera esa emblemática pareja que aguantó hasta el final. Emilio falleció en septiembre de 2011 cuando todavía no había comenzado la recuperación del pueblo. Su mujer, Francisca, nos dejó en julio de 2019. Ella si que pudo ver casi terminada la Casa Castillo. Sin embargo se fue sin saber qué significaba la palabra justicia. Ella decía que no entendía esta situación y que sólo esperaba que alguien le pidiera perdón pero no lo consiguió. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. En todo este tiempo las actuaciones en Jánovas han sido de poco calado. Aún así los vecinos han ido realizando pequeñas obras. Hace años fue recuperada la fuente. Y en los últimos años ha sido reconstruido por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se ha convertido en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y también ha sido recuperado el antiguo horno, situado muy cerca.

Y mientras tanto la administración central ha dilatado excesivamente y sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. Tras muchos años el 92% ya han terminado con la tramitación y son de nuevo suyas. En el caso de Jánovas prácticamente todos los solicitantes ya han conseguido la reversión, pero sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo cuatro edificios están recuperados o en obras. El primero de ellos fue la Casa del Pueblo. A otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, ha llegado la vida después de su finalización. Es la primera en ser habitada tras este triste episodio; se trata de la Casa Frechín. En la entrada del pueblo está Casa Agustín, con las fachadas de piedra terminadas, en las que se ha reproducido fielmente su aspecto exterior respetando los vanos, y en breve se espera realizar la cubierta. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa ya está prácticamente terminada. En otras se han llevado las tareas de desescombro previas a las obras. En concreto se espera que en unos meses puedan comenzar las obras en Casa Garcés y Casa Piquero. Se trata de dos inmuebles situados anexos, situados en el arranque de la calle San Sebastián en esquina con la calle San Roque, la calle que aglutina la mayor actividad en cuanto a la recuperación del núcleo. También parece que los descendientes de Casa Alsegot puedan comenzar en breve las obras. Otros ya piensan en levantar de nuevo las casas de sus familias, constituyendo el momento más esperanzador en toda esta historia.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se han llevado a cabo las obras en el cauce del Ara para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa que nunca se llegó a levantar. Ahora el río discurre por donde siempre había ido. Para estas obras, todavía sin terminar, se construyó un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Afortunadamente los actuales representantes de las administraciones afectadas deben sentir vergüenza de las actuaciones de sus predecesores. En el caso de este vado se permite el uso por parte de los vecinos, siendo el mejor acceso actual, imprescindible para llevar a cabo todas las actuaciones. Y no parece que se vayan a terminar las obras de la atavía, lo que supondría la desaparición de este paso. Una complicidad de la administración con los vecinos, como un pequeño detalle que pueda compensar el daño sufrido.

Todavía queda esperar para que Jánovas cuente con una carretera de acceso. A quinientos metros de distancia discurre la carretera nacional N-260. El eje pirenaico tiene acondicionados los tramos entre Sabiñánigo y Fiscal, y entre Boltaña y Campo. Sin embargo el tramo en torno a Jánovas es una precaria carretera, estrecha y con abundante tráfico. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El actual acceso al pueblo es lamentable. Una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central todavía no ha compensado a Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano, presupuestada por un importe de 180.000. Por parte de Fomento ya ha sido aprobado el estudio de impacto medioambiental de la mejora de este tramo de la nacional de 12,7 kilómetros, cinco años después de que fuera tumbado el anterior. Las obras costarán 57 millones de euros e incluyen un túnel de 1.740 metros que salvará el congosto de Jánovas. Si para el año 2022 se terminan las obras como está previsto, el nuevo acceso partirá de una intersección situada cerca de Lavelilla y cruzará el río Ara por un lugar que permite construir un puente que cumpla con las condiciones de seguridad, aguas arriba del actual vado. Pero este ramal de acceso deberá ser realizado por la administración autonómica, otro problema más que puede alargar más en el tiempo la precaria situación.

El 19 de diciembre de 2017 será recordado como una fecha muy importante en la recuperación del pueblo. Ese día se firmó el convenio entre Endesa y el ayuntamiento de Fiscal, en el cual se traspasaron los activos de los núcleos de Albella, Jánovas, Burgasé, Lacort, Lavelilla, Fiscal, San Felices-Santa Olaria, de la cual el ayuntamiento de Fiscal es su sucesor. Se trata del patrimonio afectado por la construcción del embalse de Jánovas que corresponde a 186 hectáreas de suelo rústico, 23.000 metros cuadrados de superficie urbana y más de 60 inmuebles, entre los que están las antiguas escuelas, el puente colgante sobre el río Ara, viales, calles, plazas, fuentes y abrevaderos. Por ello deberá pagar 50.000 euros a Endesa. Es lamentable que después de tanto daño a lo largo de todas estas décadas, y del abandono de todo este patrimonio se le haga pagar por ello al ayuntamiento de Fiscal. Pero por lo menos se libera de la propiedad a la hidroeléctrica y se facilita la recuperación de todas estas propiedades. Una de ellas como es el caso de las escuelas de Jánovas ya rehabilitadas por los propios vecinos.

Pero la piedra angular de la reconstrucción del pueblo es la restitución de la zona afectada por el fallido pantano por parte de la administración central con la redacción del Plan de Desarrollo Sostenible. Las inversiones incluidas en este gran proyecto servirían para dotar a las poblaciones de Jánovas, Lavelilla y Lacort de accesos por carretera, urbanización y dotación de servicios como iluminación, vertido y depuración, además de restauración del patrimonio histórico y cultural. Sin embargo tras las alegaciones presentadas por algunos vecinos más críticos el Gobierno central ha decidido continuar con el procedimiento ordinario lo que supone posponer las actuaciones hasta el año 2028. El ayuntamiento de Fiscal recurrió la sentencia por considerarla injusta e injustificada, pero fue desestimada. De nuevo queda de manifiesto que el Estado español, el único responsable de la destrucción del pueblo, sigue sin comprometerse con la recuperación.

Ello supone un duro revés para Jánovas, pero no la paralización del proyecto. Los vecinos llevan años movilizados para agilizar y adelantar la acometida de la luz, fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida al pueblo. De esta manera el gobierno autonómico en 2017 asumió con 100.000 euros la traída de la línea de media tensión. Tras más de cincuenta años de oscuridad, ha llegado la luz a Jánovas. La celebración de las fiestas en honor a San Miguel de 2018 fue otro motivo más para la esperanza, con una ilusión renovada día a día. La luz ha vuelto a iluminar las calles, y las viviendas todavía en obras. Todavía queda mucho por hacer, pero menos.

En cuanto a la acometida del agua potable, los propios vecinos fueron los que realizaron las obras. Mediante la captación de un manantial y la construcción de un pequeño depósito de 1.000 litros, el suministro para la Casa del Pueblo y las viviendas ya es insuficiente y se plantean ellos mismos ampliar el depósito. Otro gesto de compromiso por parte del ente autonómico ha sido otra partida sufragada por el Departamento de Vertebración del Territorio. Con la subvención se han llevando a cabo obras de hormigonado en la calle San Roque y zonas limítrofes, previas a la futura urbanización cuando estén terminadas las fachadas de las calles, y se les pueda devolver el aspecto empedrado que tuvieron de siempre. Con ello se ha realizado el vertido y permitirá la conexión de los edificios del entorno. Pero es necesaria la construcción de la estación depuradora para las aguas residuales, ya que en la actualidad se utilizan pozos ciegos. Queda de manifiesto que el empeño de los vecinos puede más que las trabas que pone la administración central a la recuperación de Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial y que ha servido para agilizar las obras que se van ejecutando gracias a las pequeñas partidas de la administración. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. Sin embargo la sorpresa llegó a finales de 2018 ya que la empresa hidroeléctrica con fondos propios consolidó una pared, tejado y campanario, gracias a la solicitud por parte de los vecinos. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla por completo, pero de momento se evitará su deterioro. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal, que esperemos que cuanto antes se vuelva a recolocar en su lugar de origen. Así como la campana, que fue trasladada a la iglesia de Guaso.

En junio de 2019 tuvo lugar la primera edición del festival Jánovas Insumergible, una cita cultural y lúdica que pretende ser un nuevo acicate para la vida social de pueblo y que recogió fondos para continuar con las obras. Y este verano la actividad ha sido frenética, con la Casa del Pueblo abierta de par en par a todos los visitantes ofreciendo un lugar donde tomar un refresco, un puesto de venta de objetos para sufragar gastos e incluso una exposición de obras en las que se reproducía detalles de la arquitectura popular.

Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero la vida en Jánovas poco a poco vuelve. Y la última de las hazañas de sus vecinos ha sido devolver a su lugar de origen la campana de la torre de su iglesia. Con el abandono forzoso del pueblo se trasladó al pueblo de Guaso, donde fue colocada en la torre de San Salvador. Pocos se imaginaban que como dice la Ronda de Boltaña en una de sus canciones, “El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. Tras las conversaciones con los vecinos de Guaso y con la Iglesia, todo han sido facilidades para la devolución, lo que se ha convertido en un nuevo símbolo de la lucha de los vecinso de Jánvoas. En este caso, después de cincuenta años de exilio, la campana de Jánovas ha vuelto a su lugar de origen, a tiempo para celebrar las fiestas de San Miguel de 2019.

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

6ª Excursión Joréate por Aragón a Mequinenza

El lugar elegido para la 6º Excursión de Joréate por Aragón fue Mequinenza. Muy conocido por sus enormes siluros, pero que ofrecía muchas más cosas que el dragón Chorche nos iba a descubrir en este fin de semana.

El punto de encuentro fue el albergue ” Camí de Sirga” de Mequinenza. Allí acudieron todos y tras llevar las mochilas al moderno y bien equipado albergue comenzamos la visita a los museos de Mequinenza. El primero de ellos estaba situado en los bajos del edificio. Lo primero era ubicarse con una maqueta del pueblo viejo, cuyo único edificio en pie eran las escuelas, donde ahora estábamos. En el Museo de Historia nos contaron la historia de este pueblo, que llegó a acoger a más de 4.000 almas debido a llegada de trabajadores a las minas y a la construcción de la presa de Mequinenza. Sin embargo la construcción de la presa de Ribarroja obligó al desplazamiento del pueblo. Las aguas anegarían la parte baja del casco urbano, donde se alojaba la zona comercial de la villa, los muelles y un gran número de viviendas. Fueron vendidas a ENHER  una a una y acto seguido fueron dinamitándose. Incluso la iglesia fue derruida. Sus vecinos se trasladaron al pueblo nuevo, situado en la desembocadura del río Segre. A través de un audiovisual y de varias salas se completaba la visión durante la historia de esta localidad.

Se completaba con un pequeño espacio donde se mostraba las obras pictóricas de Jesús Moncada que pone de manifiesto el vacío dejado en sus habitantes por el abandono de su pueblo. Precisamente este autor escribió el libro “Camí de sirga”, un libro de gran difusión que cuenta la historia de los últimos años del pueblo viejo.

El resto de la mañana lo dedicamos a la visita del Museo de la Mina, situado a escasa distancia. En su interior recorrimos poco más de un kilómetro de galerías bajo la sierra donde se alza el flamante castillo de Mequinenza. Un recorrido por la historia de las minas de la zona, que llegaron a extraer el 30% de la producción nacional. En varios de los puntos se mostraban la evolución en los procesos de extracción del lignito, mostrando la dureza del trabajo realizado por los mineros, y que constituyó el medio de subsistencia de buena parte de la comarca.

Ya de nuevo a la luz del día nos fuimos al albergue donde comimos. Una buena sobremesa y una siesta para los más cansados, mientras los más inquietos no dudaron en seguir indagando en la historia de Mequinenza. Los restos del pueblo viejo estaban situados a escasa distancia. Un paseo entre las ruinas, por las calles recuperadas trasladaba tristeza. Carteles indicaban el nombre de las calles más importantes, flanqueados por el arranque de los muros de las casas inexistentes. También la plaza de Armas, de la que quedaban sus farolas como único testigo.

Y lo que quedaba de la  iglesia, la cual sucumbió a la piqueta por la decisión del clero que también quería una compensación económica por su derribo. Y en cuatro años un pueblo con siglos de historia desapareció.

También quedó tiempo para ver otro espacio museístico, éste al aire libre, situado tras el albergue. Mostraba el paseo prehistórico de los habitantes de la zona, con la reproducción de algunas construcciones de diferentes épocas, así como de animales que entonces habitaron con los humanos.

Por la tarde nos trasladamos a conocer el pueblo nuevo de Mequinenza, donde ahora viven unas 2.500 personas. Un pueblo vivo y activo, bien dotado de equipamientos, y que se extiende en paralelo al muelle situado junto al río Segre, poco antes de desembocar en el Ebro. Las aguas inundadas de ambos convierten todo este espacio en una gran lámina de agua utilizada por deportistas y pescadores principalmente.

Lo primero fue visitar al castillo, una muestra del poder de Endesa, responsable de la destrucción del pueblo viejo, y que apenas ha hecho nada por mitigar el daño moral causado en la localidad, ni tiene intención de hacerlo. El imponente castillo, monumento histórico, es de su propiedad y sólo es posible visitarlo los martes. De devolverlo o cederlo nada de nada. Subimos por una pista sin apenas señalización que nos hizo tomar otro itinerario entre campos de cultivo que nos proporcionó una de las mejores estampas de Mequinenza.

Ya en las inmediaciones tuvimos que sortear las amenazantes señales de prohibido el paso y propiedad particular para acercarnos al precipicio y poder disfrutar de las vistas desde el punto elevado, junto a uno de los lienzos del recinto fortificado y un torreón.

Bajamos al pueblo y fuimos hasta la plaza principal, con el ayuntament al frente. Sin embargo la lluvia nos obligó a guarecernos en uno de los bares de la plaza, donde nos deleitamos con un helado mientras veíamos como descargaba la tormenta. Una vez paró, como los caracoles, salimos a dar un paseo por el pueblo. Nos acercamos hasta el paseo fluvial donde la luz tamizada entre las nubes y la humedad nos ofrecía un marco perfecto para hacer bonitas fotos.

Continuamos la visita y subimos a la moderna iglesia, nada que ver con la antigua situada en el pueblo viejo. Un par de vecinos encargados de su mantenimiento nos explicaron con todo detalle las piezas que se habían restaurado y que mostraban orgullosos, pero también nos contaron que todos los retablos y piezas estaban desmontados en un almacén todavía esperando, cuarenta años después de su traslado. Cuántas situaciones incomprensibles alrededor de un pueblo.

De camino al albergue tuvimos una visión fugaz, tres corzos en la margen derecha del río Ebro correteaban sin miedo. Era la hora del corzo, las 20:18 horas exactamente, como bien nos aclaró el experto naturalista que nos acompañaba en esta excursión. Poco a poco llegaba la clucada* y las nubes permitieron el paso de los últimos rayos solares ofreciendo imágenes bien bonitas del maravilloso entorno del albergue que fueron captadas por los excursionistas.

*Clucada: Atardecer.

Tras el descanso y la cena llegó el momento de llevar a cabo las votaciones del concurso fotográfico, este año con dos categorías: una general a la mejor fotografía y otra al mejor selfie. Al estilo de Eurovisión se procedió al visionado acompañado de palomitas, tortas de Villanueva y palmeras de Massiel. Y después llegaron las votaciones y los sumatorios, y ahí va el resultado….

Primer premio (Alodia)

Segundo premio (Juan)

Tercer premio (Irene)

Y el dragón decidió otorgar el accésit la foto 27 de Jesús, por su insistencia.

A la mañana siguiente amaneció un día resplandeciente, soleado y con una ligera y fresca brisa. Tras desayunar y recoger todo el albergue a las diez de la mañana ya estábamos preparados para continuar la marcha. Nos despedimos de las responsables de los museos y del albergue que nos habían atendido estupendamente. Se añadieron más personas hasta completar las 21 personas, y tomamos dirección a Fayón. Atravesando campos de frutales llegamos a esta localidad y nos dirigimos a la ermita del Pilar. Una parada obligatoria para deleitarnos con unas impresionantes vistas. Junto a la ermita, un mirador perfectamente acondicionado permitía una amplia visión embalse de Ribarroja, con las aguas del río Ebro entre sierras, y la desembocadura del río Matarraña también embalsadas. El elemento más singular era la torre del antiguo pueblo de Fayón como único testigo, junto con las ruinas del castillo.

Con el coche bajamos y nos desplazamos al embarcadero de la Reixada donde el dragón Chorche nos había preparado un crucero por el embalse. Allí nos esperaban el guía, Aitor, y el capitán de la embarcación, Teddy. Todos teníamos muchas ganas de comenzar la visita y ya en el llaut comenzamos a navegar plácidamente, mientras la brisa y alguna gota de agua que salpicaba amortiguaban el sol que estaba cayendo. Pero íbamos bien provistos de gorras y de crema solar. La primera parada la hicimos en la boca del antiguo túnel ferroviario, cuya línea procedente de Zaragoza atravesaba la montaña y salía a los pies de Fayón. Los buitres no perdieron detalle de nuestra presencia, mientras el guía nos contaba los avatares de este punto de la línea afectada por los derrumbes y las guerras que dejaron inservible el puente sobre el río Matarraña.

Continuamos navegando hasta alcanzar la desembocadura. Precisamente en este punto se juntan los límites de las provincias de Lérida, Tarragona y Zaragoza. Sin pasar a tierras catalanas seguimos navegando junto a la margen aragonesa sobrepasando el antiguo cementerio, ahora convertido en lugar de memoria de los antepasados fayonenses tras el traslado de los restos. También junto a las viviendas de los ferroviarios, el único resto de una de las estaciones más importantes de la línea, todo ello ahora anegado. En este punto se procedía a la carga del carbón de toda la comarca que se traía en llauts por el río.

Pero todavía restaba llegar a la torre de Fayón. Allí Aitor nos contó con todo detalle el cruel final del antiguo pueblo de Fayón, una localidad floreciente gracias al tráfico fluvial y al paso del ferrocarril durante el siglo XX. De nuevo los intereses de la empresa hidroeléctrica ENHER obligaron a desalojar el pueblo que quedaría anegado por las aguas del pantano de Ribarroja sin compasión alguna. Ante la negativa de los vecinos se procedió al llenado del embalse obligando a sacar los enseres mientras el agua ascendía y cubría las calles. Fue incluso imposible sacar el patrimonio artístico de la iglesia, que se decía muy rico. Apenas unas pocas figuras fueron sacadas por el óculo de la fachada principal. Uno de los jóvenes que participaron en esta hazaña era el abuelo de Aitor, nuestro guía. Mientras rodeábamos la torre, mucho más grande de lo que parecía de lejos, el silencio acompañó el dramático relato. Muchos más fueron las agravantes, el no poder llevarse todos los enseres personales, el tener que vivir en barracones en el pueblo nuevo ya que las casas no estaban todavía construidas tras la inundación fortuita y provocada, el desplazamiento de muchos vecinos a otros lugares de España ya que resultaba más rentable que comprar una casa en el pueblo nuevo, la destrucción de los edificios que quedaban fuera de las aguas coincidiendo con la celebración de una romería y para rematar, ser el último pueblo al que ha llegado el regadío por elevación de las aguas del Ebro, mermando las posibilidades de desarrollo de la localidad. Quizás lo que más impactó al dragón fue imaginar el hecho de que desde la ermita del Pilar, años después los vecinos vieran una sombra en forma de cruz en las inmediaciones de iglesia, que fue fotografiada, y que según dicen correspondía al Cristo de madera que debió emerger y que fue visto sólo un momento antes de volver a sumergirse en el fondo del pantano.

Llegamos al embarcadero y después de pasar un rato en los malecones haciéndonos fotos nos fuimos de nuevo al pueblo viejo de Mequinenza.

Comimos en el restaurante situado junto al albergue. Tras la sobremesa nos encaminamos al punto final de la excursión. Una pista asfaltada que partía entre Torrente de Cinca y Fraga nos elevó hasta la ermita de San Salvador. Junto al edificio que fue también monasterio pudimos disfrutar de otro mirador de primer orden. La claridad del día gracias al aire permitía apreciar con toda nitidez los detalles del valle del Cinca, con Fraga en medio del vergel. Y a lo lejos también pudimos apreciar las cumbres prepirenaicas y pirenaicas: el Congost de Mont-Rebei, Peña Montañesa, el Turbón y las Tres Sorores. Un buen colofón a esta sexta excursión de Joréate por Aragón, que iba recorriendo esos rincones desconocidos para muchos de nuestra geografía aragonesa, haciendo compartir momentos inolvidables para todos aquellos que los vivían.

Y ya está abierta la inscripción para la siguiente, la seisena* excursión en otoño a un lugar de la provincia de Teruel. ¿Te apuntas?

*Seisena: Séptima.

Salvatierra de Esca, Zaragoza a las puertas del valle de Roncal

Los límites de la provincia de Zaragoza se extienden al norte hasta alcanzar las puertas del valle de Roncal, en Navarra. El municipio que ocupa el extremo de la provincia zaragozana es Salvatierra de Esca. Situado lejos de Zaragoza, cuya ruta más corta por carretera son 160 kilómetros, mientras que tan sólo dista 73 km a Pamplona. Su situación muy cercana a los Pirineos la hacen poseedora de una arquitectura completamente diferente a la de la mayor parte de los pueblos de la provincia.

Su antiguo asentamiento, Ovelba, fue abandonado para construir uno de más fácil defensa. De esta manera se levantó el actual Salvatierra, en la confluencia de los ríos Esca y Gabarri, sobre una pequeña elevación. Se fundó en el año 1208 por Pedro II al llamamiento de poblar la tierra salva, o libre de impuestos. Éste le concedió el fuero de Ejea y libertades con el fin de asentar la población, en una zona fronteriza en continuo enfrentamiento con Navarra. La población experimentó gran auge entre los siglos XV y XVI, lo cual queda de manifiesto en su sobrebuena* arquitectura civil correspondiente a estos siglos. Los edificios se construyeron a base de sillar con portadas doveladas, escudos nobiliarios en sus claves y ventanas geminadas.

*Sobrebueno: Excelente.

El casco urbano se organiza en torno a dos calles paralelas que recorren la loma, origen del asentamiento. Una plaza con recholau* aloja a varios edificios, entre ellos el ayuntamiento. Junto a ella otra plaza, excelente mirador del valle, sirve de antesala a la iglesia de San Salvador. La obra de piedra de sillería es de factura gótica del siglo XVI. Sobresale la torre con almenas que le confiere un aire defensivo, como muestra de la difícil etapa inicial de su historia, frontera entre tierras aragonesas y navarras. En la parte alta de la población, junto a las últimas casas, se levanta la ermita del Pilar, un sencillo edificio que conserva la decoración pictórica interior perteneciente a la segunda mitad del siglo XVI. Otro de los edificios de gran importancia en la historia del enclave es el monasterio de Fuenfría. Está situado a escasa distancia del casco urbano, en el arranque de la carretera a Castillonuevo. Fue fundado en el año 850 por el rey García García Íñiguez de Pamplona, el obispo Guilesindo de Pamplona y el abad Fortún de Leyre. Sólo quedan los robustos muros de la nave de la iglesia, que todavía conservan un arco fajón sobre la que descansaba la cubierta de madera original.

*Recholau, trinquete: Frontón.

Del municipio forma parte otro enclave más pequeño, la población situada más al norte de la provincia de Zaragoza. Lorbés está situado a una distancia de doce kilómetros, cuya carretera de acceso recorre el valle del río Gabarri. Ya aparece documentado en el siglo IX, con motivo del pago de diezmas al monasterio de Fuenfría. Su arquitectura también responde a la tipología pirenaica, con casas de piedra blasonadas, algunos rincones pintorescos y una modesta iglesia en la parte alta.

Uno de los lugares más espectaculares de su término municipal es la ermita de la Virgen de la Peña. Una vez abandonada la población en dirección a Burgui parte una pista de acceso restringido que recorre las faldas del monte hasta llegar a los pies del santuario. Después de recorrer el primer kilómetro, parte la senda señalizada con un poste metálico. El recorrido en constante ascenso atraviesa una zona donde se alterna matorral y árboles de mayor porte. Toma dirección al escarpe sobre el cual se ubica la ermita. En la parte intermedia comienza un pronunciado zigzagueo para salvar la elevada pendiente, ya en zona mucho más boscosa cubierta fundamentalmente por carrascas. Con ello se supera los riscos de la parte más elevada. En todo momento las vistas hacia el sur son amplias. Ya en la parte alta se comienzan a divisar los Pirineos. Sólo resta el tramo final de senda, compartiendo un pequeño tramo con la pista de acceso, para alcanzar la ermita por senda de nuevo.

La ermita de la Virgen de la Peña fue erigida en lo más alto de las sierra. En el año 1521 se creó una cofradía con el fin de poner paz entre los pastores aragoneses y navarros, cuyas disputas llegaron a provocar muertos. La Cofradía de la Virgen de la Peña estaba formada por 20 miembros de Salvatierra y 10 de Burgui. En 1628 surge la Cofradía de San José, en la cual también había integrantes de ambas localidades. La primera de ellas se extingue a mitad del siglo XX. La segunda cofradía es la sucesora y hoy en día cuenta con 25 miembros. Celebra la romería el fin de semana más cercano al 8 de septiembre, coincidiendo con las fiestas de Salvatierra de Esca. A ella se añaden otras romerías de Salvatierra de Esca, Burgui, Castillonuevo y Lorbés a lo largo del año.

El edificio actual es una construcción terminada en el año 1677, sobre otro anterior. De la fábrica despunta una sencilla espadaña. La puerta de arco de medio punto, sobre la cual hay una pequeña hornacina con la virgen, está protegida por el atrio de reciente construcción. Al interior presenta nave cubierta con bóveda de medio cañón decorada al gusto barroco. De manera anexa se encuentran las dependencias de la cofradía. Frente a la ermita se levanta otro edificio que era la antigua hospedería.

A escasos metros del santuario está el punto más elevado de la Sierra de Beldú. Marca la divisoria entre Navarra y Aragón, aunque el santuario se asiente en tierra aragonesa. La cota más alta, 1294 metros de altitud, se emplaza al borde de la foz de Burgui, surcada por el río Esca. Al otro lado, como continuación, está la Sierra de Ollate. Desde este punto las vistas son privilegiadas. Hacia el sur el valle formado por el Esca, con Salvatierra de Esca y Castillonuevo, así como la foz de Sigüés. También la sierra de Leyre y al fondo el Moncayo. Hacia el norte la cordillera pirenaica con las cumbres más elevadas del Pirineo occidental aragonés, y los valles de Roncal, Ansó y Hecho. Y hacia el este las sierras de Peña Oroel y San Juan de la Peña, además de la Canal de Berdún. Una atalaya que cuenta con unas vistas que no defraudan al visitante.

El Torico, lo más grande de Teruel

El Torico, lo más grande de Teruel

El origen de la ciudad de Teruel, tomando el mismo emplazamiento actual, se remonta a la época musulmana. En este cerro hubo posiblemente una construcción defensiva que llamaron Tirwal, cuyo significado en árabe es torre. Tras la toma de Zaragoza, los reyes aragoneses continuaron el avance de las tropas en dirección al sur, camino de Valencia. Con el objetivo de afianzar estas tierras era necesario establecer una plaza fuerte y el 1 de octubre de 1171 Alfonso II tomó este enclave fortificado musulmán. A la nueva villa, Teruel, la dotó de un fuero especial, un conjunto de privilegios que tenían por objetivo atraer a nuevos pobladores, favorecer el desarrollo económico y defender la nueva frontera del Reino de Aragón.

Son muy conocidas las leyendas sobre el origen de Teruel, en paralelo a la realidad histórica. Cuentan que las tropas del rey aragonés estuvieron acampadas en la zona y los caballeros que le acompañaban le instaron a fundar una villa para proteger las nuevas posesiones. Sin saber dónde situarla decidieron esperar una señal. Mientras tanto los musulmanes prepararon una emboscada enviando una manada de toros que llevaban las astas encendidas. Tras sofocar el ataque vieron un toro sobre un cerro, y sobre él una luz tenue que parecía una estrella. Interpretaron esta señal como el lugar elegido para ubicar el nuevo enclave. Otra interpretación de la misma leyenda habla de que las tropas aragonesas, desobedeciendo al rey, persiguieron un toro el cual avistaron sobre un cerro, ubicado por la noche bajo una estrella que parecía estar encima del mismo. Ese debía ser el lugar para levantar la nueva ciudad. Incluso dan la explicación del origen del topónimo como una contracción entre las palabras Toro y Actuel, nombre de la estrella, dando lugar a Toruel.

Sin embargo la relación entre Teruel y el toro puede ser anterior. Otra leyenda atribuye la fundación por parte de los fenicios. Dada la abundancia de toros en la zona bautizaron al río con el nombre de Turia, y al nuevo asentamiento Turba. Por otra parte existen monedas romanas en las cuales aparece un toro y dos estrellas. En todo caso, lo que está claro es que Teruel está ligado al símbolo de un toro y una estrella desde sus orígenes. Y ello queda de manifiesto en su escudo y bandera, así como en monumentos tan conocidos como el erigido en la plaza de Torico.
La ciudad se fue forjando con la constante necesidad de atrachinar* el agua para sus habitantes desde el río Turia hasta el cerro. Para facilitar el almacenamiento y recoger las aguas de lluvia se construyeron tres aljibes en la plaza Mayor a partir del año 1373. Dos de ellos se conservan actualmente y son visitables: el aljibe Fondero y el aljibe Somero. A partir del 1537 el ayuntamiento comienza a buscar una solución para el abastecimiento de agua a la ciudad. Tras el encargo al ingeniero francés Pierres Vedel, entre 1551 y 1559 se llevan a cabo las obras de traída de aguas desde la Peña El Macho, situada a una distancia de cuatro kilómetros y medio.

*Atrachinar: Acarrear, portear.

Tuvieron que construirse varios acueductos y túneles para la canalización que discurría por gravedad con una ligera inclinación. La obra más emblemática, el Acueducto de los Arcos, introduce el agua directamente en el casco urbano, donde fue necesaria la instalación de conductos subterráneos que llevaban el agua a varias fuentes distribuidas por la ciudad. De ellas sólo se conserva en la actualidad una, la fuente del Deán junto a la catedral, aunque su ubicación fuera en origen otra. Una de las fuentes más importantes fue ubicada en 1558 en la plaza mayor. Enclavada en la parte alta de la plaza, en las confluencias de la calle El Tozal con la calle Muñoz Degraín. Cuenta una descripción antigua que esta fuente ya contaba con una escultura en bronce del toro y una estrella entre las astas. Las obras de abastecimiento se completaron en años posteriores y fueron finalizadas en 1583, momento en que Teruel disponía de una docena de fuentes. Este complejo hidráulico estuvo en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo XX.

La antigua plaza mayor fue siempre el centro neurálgico de la ciudad. Precisamente fue el primer espacio en rullarse* de la ciudad. Su morfología responde al terreno donde está ubicada. Su forma triangular, o más concretamente trapezoidal, tiene que ver con las pendientes naturales por donde discurría el agua de lluvia. En el año 1858 tiene lugar un hecho significativo. Se levanta la nueva fuente del Torico situada en una zona más céntrica en sustitución de la diseñada por Pierres Vedel que entorpecía el tránsito de los carros por la plaza. Cuenta con vaso circular al cual manan cuatro chorros de agua a través de sendas cabezas de toro incrustadas en una columna de piedra anillada. En la parte alta del pedestal, a siete metros de altura, descansa la figura del Torico.
*Rullar: Empedrar, adoquinar.

La plaza mayor fue también conocida como plaza del Mercado. Desde la época medieval era el lugar público para la venta de alimentos y de otros productos de primera necesidad de la ciudad. Y también allí se ubicaron las casas de los gremios más pudientes. Se trata de un espacio urbano porticado, en el cual confluyen ocho calles. Hoy en día sigue concentrando la actividad comercial y financiera en los establecimientos ubicados en los soportales. Y entre los edificios destacan diversas casas modernistas erigidas a principios del siglo XX, que aportan encanto y singularidad a la plaza. Son la Casa del Torico y Casa La Madrileña, ambas del arquitecto Pau Monguió. La Casa del Torico se convirtió después en la sede de la Caja Rural de Teruel. Su fachada está marcada por la galería de columnas de la primera planta y dos balcones de vano circular en la parte alta. Casa La Madrileña, menos ostentosa que la anterior, destaca por los vanos compuestos por trazos curvos y decoración floral en la parte alta, típicos del “art nouveau”.

Años después, en 1929, fue aprobado por el pleno municipal el cambio de denominación de la plaza, pasando a llamarse Plaza de Carlos Castel. Este personaje fue nombrado hijo predilecto y adoptivo de Teruel. Abogado de profesión, fue diputado de las Cortes generales. Gracias a las gestiones y su influencia política se llevaron a cabo la Escalinata y el Viaducto, se iniciaron las obras del fallido ferrocarril Teruel-Alcañiz y se llevó a cabo de nueva traída de aguas a la ciudad. Y también fue partícipe del inicio de la declaración de monumentos nacionales de las torres mudéjares de San Martín y San Salvador.

La plaza ha ido evolucionando con el paso de tiempo. Tras el abandono del tráfico rodado llegó la recuperación para los peatones del espacio de manera integral en el año 2007. En esa fecha se llevó cabo una polémica e innovadora reforma que modificó el pavimento de todo el espacio, incrustando líneas luminosas en diferentes direcciones evocando las huellas del paso del agua a lo largo del tiempo. La tecnología permitía la posibilidad de cambiar de color y generar texturas variadas en momentos excepcionales, siendo de color blanco en su uso habitual. De manera paralela se reformó la iluminación del resto de la plaza, iluminando las fachadas desde las cornisas y realzando los edificios más singulares; mientras que el interior de los porches fue dotado con iluminación de manera difusa. Sin embargo, a pesar de una gran inversión, unos seis millones de euros, las polémicas luces del pavimento no llegaron a funcionar de manera correcta, y tuvieron que condenarse.

Pero sin duda alguna, el icono más representativo de Teruel es el Torico. Esa pequeña escultura de bronce fundido es maciza y pesa nada menos que 54,5 kilos. Se emplaza sobre una base rectangular de piedra. Las dimensiones de la estatua son 35 centímetros de largo por 20 centímetros de ancho, mientras que la altura máxima es de 37 centímetros. Desde el año 1858 en que fue colocado sólo dos veces ha sido bajado de su emplazamiento. En el año 1938 los propios vecinos, en concreto la familia Gómez Cordobés, lo quitaron para guardarlo en un lugar seguro y protegerlo de los duros avatares que sufrió la ciudad durante la Guerra Civil. En los años sesenta del siglo XX se cambió de orientación, y desde entonces el Torico está orientado a la calle El Tozal, en lugar de la calle Nueva como se colocó tras la contienda. Por segunda vez, en el año 2003, se volvió a bajar para realizar una restauración.

A pesar de sus dimensiones, se trata del símbolo más importante de la ciudad. Al sustantivo toro se le añadió con el tiempo el sufijo –ico, muy habitual en Aragón. Lingüísticamente le aporta un valor diminutivo, pero también afectivo. Precisamente el Torico tiene un valor muy sentimental para los turolenses. En torno a su figura gira la fiesta de la Vaquilla, en la que todos los años durante el segundo fin de semana de julio un peñista tiene el honor de colocar el pañuelico rojo como inicio de las fiestas. Es el momento del año que los habitantes de esta ciudad viven con más intensidad. Por ello esta plaza conocida con diferentes denominaciones a lo largo de la historia es conocida como la plaza del Torico, y así lo seguirá siendo a pesar de que ese no sea su nombre oficial.

Cutanda, escenario de una batalla trascendental en la historia de Aragón

Cutanda es una pequeña localidad turolense situada a doce kilómetros de Calamocha, en la Comarca del Jiloca. En la actualidad su censo no alcanza el centenar de habitantes. Se asienta la población a 1059 metros de altitud. El casco urbano se articula en torno a la carretera, que hace las veces de calle mayor. En un pequeño ensanche se encuentra uno de los numerosos peirones de la zona, acondicionado con el uso de fuente. En la otra acera el ayuntamiento, modesto edificio que tuvo lonja de dos vanos en la parte inferior, aunque ahora están cegados. Y a continuación la iglesia de la Asunción, obra terminada en 1624. Se accede a través de una portada adintelada sobre la cual aparece un frontón curvo partido con un escudo. En su interior se estructura mediante tres naves, bajo bóveda de medio cañón con lunetos, y sobre el crucero se dispone una cúpula vaída sobre pechinas. La torre de ladrillo cuenta con tres cuerpos y vanos rectangulares. Se culmina con tejadillo y chapitel.

En la parte alta es bien visible su castillo, aunque no por sus escasos restos, sino por su posición elevada y muy cercana a las viviendas. Ahora apenas queda un muro de sillería en el que se pueden observar restos de una bóveda de crucería. La fortaleza de origen musulmán fue destruida durante la batalla de Cutanda. Tras la reconquista fue cedida al Arzobispado de Zaragoza, siendo reedificado y utilizado como palacio señorial, manteniendo su carácter defensivo. Allí residía el alcaide de Cutanda, encargado de recaudar los impuestos para el arzobispo. Se trataba de las diezmas y primicias de la localidad, a lo que se añadía un porcentaje de lo recaudado en las localidades de la Comunidad de Aldeas de Daroca. Todo ello era guardado en el palacio y trasladado posteriormente a Zaragoza. A mediados del siglo XV el castillo recibió el ataque de los castellanos. Durante la segunda mitad del siglo XIX fue utilizado por un destacamento militar durante las guerras carlistas. Después de dicha contienda la fortaleza perdió uso militar y fue abandonado. A partir de este momento comienza su desmantelamiento; los materiales son reutilizados para la reformas de torre de la iglesia y principalmente para la construcción de nuevas viviendas en la población. Debido a su mal estado el ayuntamiento solicita el derribo del castillo, obras que se llevan a cabo en 1869. En ese momento se dejó la primera planta del edificio, con lo que el expolio de materiales continuó hasta dejarlo como se encuentra en la actualidad, prácticamente en los cimientos.

Aunque la primera cita documental de Cutanda data del año 1138, unos años antes tuvo lugar en las inmediaciones la batalla de Cutanda, una contienda transcendental en la historia del reino de Aragón. Los antecedentes a esta importante batalla se encuentran unos años antes. El monarca castellano Alfonso VI toma en 1085 la ciudad de Toledo y entonces el rey de la taifa de Sevilla solicita ayuda a los almorávides que ocupaban Marruecos. Al mando de Yusuf ibs Tasufin estos monjes-soldado extendieron su guerra santa al amparo del Islam y se apoderaron del sur de la Península Ibérica, quedando sólo los reinos de Taifas de Albarracín y Zaragoza. En 1104 cayó el primero de ellos y en 1110 se apoderaron de Zaragoza. Sin embargo pocos años pudieron disfrutar de la mítica Medina Albaida, como era conocida la Ciudad Blanca de Zaragoza. La gran ofensiva de Alfonso I el Batallador al valle medio del Ebro se afianzó con la toma de Zaragoza el 18 de diciembre de 1118. Entonces el avance del monarca aragonés fue imparable, con la toma de Tudela, Tarazona y llegando a reconstruir la ciudad de Soria en 1119. Después comenzó con el sitio de Calatayud, en 1120. Justo en este momento conoció el avance del ejército musulmán que tenía la intención de recuperar Zaragoza. Llevaban meses preparando la ofensiva musulmana a la que se añadieron los caudillos y sus guerreros de Sevilla, Granada, Murcia, Lérida y Molina de Aragón, bajo el mando del general Ibrahim Ibn Yusuf. Alfonso I el Batallador levantó el asedio de Calatayud y trasladó su ejército al encuentro. Se le añadieron las tropas de Imad al-Dawla, el regente musulmán expulsado diez años antes de Zaragoza por los almorávides, ahora vasallo del rey aragonés. También contó el apoyo militar con 600 caballeros del duque de Aquitania, Guillermo IX el Trovador. El ejército cristiano, que según las fuentes históricas contaba con 12.000 jinetes, sitió el castillo de Cutanda y aguardó la llegada de los musulmanes, con unos 5.000 jinetes. Ascendiendo por el valle del Jiloca o por Perales de Alfambra y Portalrubio, según las versiones de los historiadores, llegaron los musulmanes al encuentro en Cutanda.

Aquel 17 de junio de 1120 se libró una dura batalla. La ubicación exacta se desconoce ya que no se han encontrado restos. Se supone que fue en una vaguada situada a escasa distancia del casco urbano, cuya partida es conocida como Las Celadas. Precisamente “celada” significa emboscada entre gente armada, en la cual se ataca al enemigo desde una posición oculta con el fin de pillarlo desprevenido. En el arranque del camino de Nueros, frente al cementerio, hay un calvario situado sobre el lugar que conmemora la victoria cristiana. Según las crónicas francesas fallecieron 15.000 musulmanes y fueron capturados dos mil camellos. No parece que fueran ciertas las cifras de los participantes en la batalla ni de los fallecidos, pero lo que no se puede cuestionar que ésta se trata de una de las grandes victorias de Alfonso I el Batallador. Tan decisiva que si no se hubiese producido quizás los musulmanes podrían haber recuperado Zaragoza. Y tan dura debió ser que durante cientos de años después todavía se decía “peor fue la de Cutanda”, intentando quitar importancia a algún desastre o desgracia. El rey aragonés aprovechó la victoria para afianzar el territorio. En una semana entró en Calatayud, tomando numerosas plazas de camino. También tomó Daroca en ese mismo año. El avance de la Reconquista fue mucho más fácil en dirección al Levante ya que tras la derrota los musulmanes perdieron interés en este territorio, centrándose en otras plazas como Tortosa, Lérida o Fraga. Precisamente en el sitio a la última de ellas Alfonso I el Batallador sufrió un ataque sorpresa y tuvo que huir herido. El 7 de septiembre de 1134 espichó* en la pequeña localidad de Poleñino.
*Espichar: Fallecer, morir.

En junio del 2015 se creó la Asociación Batalla de Cutanda con el objetivo de poner el valor este importante hecho histórico. Para ello se buscó la participación de grupos de recreación histórica, estudiosos, particulares y asociaciones para la participación en este nuevo proyecto cultural. Desde el año 2016 se celebran anualmente jornadas conmemorando la batalla. Se representan escenas como la escaramuza de la Fuente Vieja, donde los cristianos son asaltados por los cutandinos musulmanes; pero la más espectacular es el asedio y conquista del castillo. Durante las jornadas las personas van ataviadas con la vestimenta de la época, a la que se acompañan arqueros y incluso una muestra de caballería. Y de manera paralela se lleva trabajando desde la asociación a lo largo de estos años en la búsqueda de la ubicación exacta del campo de batalla. Se parte de una superficie de más de 300 ha, en el entorno de la partida de Las Celadas. A diferencia del yacimiento arqueológico de un poblado, donde es más fácil de encontrar restos debido a que el asentamiento humano se ha prolongado durante años o siglos, los restos arqueológicos de una batalla son más escasos y difíciles de localizar. Es un hecho de gran intensidad pero de una corta duración en el tiempo, unas horas o unos días. Por ello se aspira a poder trobar* los restos de las fosas donde se enterraron a la gran cantidad de muertos en la contienda, o a restos del armamento como pueden ser puntas de flechas.
*Trobar: Encontrar.

Además de las prospecciones visuales y pequeñas catas arqueológicas, se han desarrollado varias intervenciones de mayor calado tecnológico. Las diferentes tecnologías empleadas en la búsqueda del lugar de la contienda están convirtiendo esta empresa en un referente a nivel nacional. Todas ellas coinciden en que para la inspección no se requiere de contacto directo con el terreno. La primera de ellas fue de la mano del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros nº 12 de Zaragoza en la que utilizaron sus sistemas de detección geofísica y magnética con el objetivo de hallar restos materiales. Intervinieron en un espacio de 800 metros cuadrados. Con estos métodos se pueden detectar estructuras (fosas o muros), así como otros vestigios sin realizar excavación alguna. Otro de los métodos utilizados, el Lidar, ha sido posible gracias a la colaboración de la empresa Vitruvian Technologies. Éste se apoya en un láser que barre de manera sincronizada el espacio a estudiar. Ello permite la generación de modelos digitales en 3D con el objetivo de explorar la orografía del terreno, que pueden dar alguna pista sobre su localización. Otra colaboración tuvo lugar gracias a la empresa Revolotear, a través del vuelo de drones dotados con una cámara multiespectral. Este sistema permitió la inspección de una superficie mucho más amplia, unas 300 ha. Además las fotografías captadas tienen una precisión muy superior a la de otros medios aéreos. Mediante cuatro vuelos en diferentes condiciones meteorológicas se pudieron extraer datos sobre el terreno relacionados con la humedad que puede acumular y la vegetación que crece en él. Ello puede dar indicios sobre zonas de tierra removida donde podrían encontrarse las fosas de enterramiento. La última de las intervenciones mediante métodos muy avanzados corresponde a la empresa GeoZone, una empresa especializada en trabajos de consultoría geofísica que mediante el georadar 3D ha realizado nuevos estudios sobre el terreno, haciendo énfasis en adaptar el método a la prospección de restos arqueológicos. Sin embargo hasta la fecha el hallazgo más importante no ha sido encontrado en el campo de batalla sino en el Museo del Louvre, en París. Gracias a un colaborador se ha descubierto que está expuesta en este importante museo una pieza en cuya ficha técnica deja bien claro que está relacionada con la batalla de Cutanda. Se trata de un preciosa pieza, un vaso de cristal de roca decorado en su base y empuñadura con piedras preciosas, perlas y plata nihelada. Mide 33 cm de altura. Fue donado por el rey al-Dawla, también enemigo de los almorávides, a Guillermo IX de Aquitania por su participación en la batalla, y puede proceder del botín tomado en la misma.

A toda esta labor de investigación se añade la realización de actividades tanto de divulgación histórica mediante charlas así como de participación en recreaciones de otras localidades. Y también se ha realizado un hermanamiento con el municipio de Santa Elena (Jaén), donde tropas castellanas, aragonesas y navarras vencieron a musulmanes en la conocida como batalla de las Navas de Tolosa, constituyendo el punto culminante de la reconquista de la Península Ibérica. Tras la realización de una torre en homenaje a la batalla de Cutanda en la población jienense, ahora se ha correspondido desde la población aragonesa con la construcción de un peirón en la parte alta del pueblo. Cuenta con decoración mudéjar y ha sido levantado por el ayuntamiento de Calamocha, del cual depende Cutanda.

Y todo ello con el reto de la celebración del noveno centenario de la batalla de Cutanda, que tendrá lugar el 17 de junio de 2020. Para esta fecha se espera ya esté abierto el Centro de Interpretación de la Batalla de Cutanda. Se ha conseguido una partida económica del FITE que servirá para acondicionar un antiguo almacén de cereal de la localidad. Y también se está trabajando para que a ese evento acudan personalidades relacionadas con los participantes en la batalla, así como de los territorios íntimamente ligados al proceso de reconquista cristiana por los aragoneses.