Viaje al Centro Geográfico de Aragón

Emulando la mítica novela de Julio Verne, el dragón Chorche propone embarcarse en la aventura de viajar al centro geográfico de Aragón. Una empresa mucho menos arriesgada y apasionante, pero que descubrirá un punto escasamente conocido por los propios aragoneses.

En primer lugar, hay que saber a qué se refiere el término “centro geográfico”. Lo que primero viene a la cabeza a la hora de buscar el centro de Aragón es la ciudad de Zaragoza. Su posición en el mapa autonómico es aparentemente centrada. Ser el nodo de las principales carreteras y líneas de ferrocarril inclina a pensar a primera vista que es el punto más céntrico de Aragón. También hidrográficamente, su ubicación en el tramo central del río Ebro, en confluencia con dos grandes ríos provenientes uno del norte y otro del sur, Gállego y Huerva, hacen pensar que se trata del centro de Aragón. Además, históricamente, aglutina una dilatada historia de más de dos milenios. Su desarrollo demográfico la ha convertido en el punto más poblado de Aragón, donde viven más de la mitad de los aragoneses. Sin embargo, todos estos aspectos no son determinantes a la hora de averiguar dónde se encuentra el centro geográfico de Aragón, motivo de esta aventura.

Cálculo del Centro Geográfico de Aragón

En geografía, el centro geográfico de una superficie equivale a su centroide o baricentro. Este punto es el lugar donde se cruzan los hiperplanos que dividen la figura en partes de igual momento, es decir, su centro de simetría. El cálculo de estas coordenadas para una región física del tamaño de Aragón es bastante complicado. La primera cuestión a plantear es el establecimiento de unos criterios previos para simplificar el cálculo, ya que de otra manera podría llegar a ser imposible de realizar. Se parte de la base de que la densidad y el campo gravitatorio en todo el territorio es uniforme. Por otra parte, la superficie de Aragón tiene acusados relieves. Además, no se debe olvidar la condición de ser una superficie esférica, al ser una porción del globo terrestre. Con todas las consideraciones anteriores, lo que se hace es tomar una proyección cartográfica de esta superficie irregular, que permitirá calcular unas coordenadas en latitud y longitud que darán lugar a un punto.

Para iniciar el cálculo debe establecerse un sistema de coordenadas cuyo origen se ubica en el ángulo inferior izquierdo. El eje horizontal, que se ajusta al punto más meridional del mapa, mide las distancias hacia el Este. Y el eje vertical, ajustado al punto más occidental, en dirección al Norte. Una vez establecido, cualquier punto del mapa quedará determinado por una coordenada para el eje X (hacia el Este) y otra para el eje Y (hacia el Norte). En primer lugar, deberá establecerse un reticulado en el mapa. A mayor número de cuadrículas, abarcando éstas menor superficie, el cálculo del centro geográfico de Aragón se realizará con mayor precisión.

Vamos a realizar un ejemplo práctico con una malla muy sencilla para intentar comprender cómo se identifica el centro medio de todos los puntos de una superficie, es decir, su centro geométrico. En la parte inferior aparece el mapa geográfico de Aragón dividido en cuadrículas respecto a los dos ejes de coordenadas.

El valor numérico de las coordenadas de x e y de cada cuadrícula se le asigna al punto medio tal que: 0,5 1,5 2,5 3,5 4,5 …

Teniendo en cuenta que la superficie con la que contamos es irregular debemos de aplicar un criterio de ponderación. A las cuadrículas que corresponden de manera íntegra con superficie de Aragón les aplicaremos el valor de w=1 , mientras que, a las cuadrículas no completas que sólo contienen en parte la superficie de Aragón, les aplicaremos un valor de w=0,5 .

De esta manera la formulación quedará de la siguiente manera:

Para todas las filas y columnas de los ejes X e Y, realizaremos la suma de los valores de w asignados a cada una de las cuadrículas, obteniendo los respectivos w.

Después, calcularemos el producto de cada uno de los valores de x e y por su correspondiente valor w en cada eje.

∑ (x x w)

∑ ( y x w)

Restará calcular el punto medio en cada eje tras aplicar la ponderación, según sigue:

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ (x x w) / w

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ ( y x w) / w

Estas serán las coordenadas del centro geográfico correspondiente a la superficie.

Este cálculo matemático fue llevado a cabo hace algún tiempo por el Instituto Geográfico de Aragón. El resultado puede consultarse en la publicación de García (2011). Para ello se utilizó la malla correspondiente a un mapa de escala 1:5000. Con ella se parte de 10.579 cuadrículas, que responden a 149 filas y 71 columnas. En realidad, Aragón sólo ocupa 6.236 cuadrículas, que se corresponden con las respectivas fuellas* de 1:5000 que cubren toda su superficie. Siguiendo el procedimiento de cálculo antes expuesto, se llega al siguiente resultado.

*Fuellas: Hojas.

CENTRO GEOGRÁFICO DE ARAGÓN

Proyección UTM ETRS89 Huso 30 N

x:  694.962,57

y: 4.598.208,43

Coordenadas Geográficas ETRS89

Latitud:  41°  30′  42,44659″ N

Longitud:   0°  39′  49,44038″ W

Cómo llegar al Centro Geográfico de Aragón

Una vez realizados los cálculos, llega al fin el momento de comenzar la aventura. Nos trasladamos al pueblo de Fuentes de Ebro, situado a unos 27 kilómetros de Zaragoza. Emplazada en la carretera de Castellón, esta localidad es bien conocida por la cebolla de Fuentes, que desde hace un década es comercializada bajo la enseña de su propia denominación de origen. Aglutina a unos 4.500 habitantes. En lo artístico destaca su iglesia parroquial en advocación a San Miguel Arcángel. Fue construida en el siglo XVI por el conde de Fuentes, don Juan Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea, en estilo neoclásico. Se encargó la obra al arquitecto francés Quinto Pierres Vedel. A él se deben singulares obras en Aragón como el Acueducto de Teruel, la Mina de Daroca y la catedral de Santa María de Albarracín, donde está apedecato*. Sin embargo su elemento más llamativo, la torre de la iglesia, es de factura posterior ya que tiene poco más de un siglo de antigüedad. Debido al mal estado de la torre anterior se demolió en el año 1881. De nuevo un afamado arquitecto, el turiasonense Félix Navarro, se encarga de esta nueva obra. Esta singular torre recuerda a las torres de la lejana Venecia. Destacan los conjuntos escultóricos y el afilado chapitel con que se remata.

*Apedecar: Enterrar.

Torre de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro
Campanario de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro

Cercana está la plaza de la Constitución, presidida por la Casa de la Villa. Un edificio que evoca la estructura de los palacios renacentistas aragoneses, pero que fue construido en 1985. Cuenta con fachada de ladrillo, planta noble con balcones y galería de arcos doblados en su parte alta. La reciente urbanización de la plaza, llevada a cabo en 2018, ha incorporado en su parte central una referencia al centro geográfico de Aragón, reclamando así la titularidad que se le atribuye a esta localidad. En el pavimento aparece una placa metálica con topónimos de la geografía aragonesa, donde además se nombran elementos del patrimonio material e inmaterial de la localidad.

Plaza de la Constitucion. Fuentes de Ebro

Sin embargo, el punto no se encuentra en el casco urbano. El centro geográfico de la Comunidad Autónoma de Aragón se encuentra en el término municipal de Fuentes de Ebro, en un paraje yesífero denominado “Despeñaciegos”. Su acceso no es complicado. Un kilómetro antes de alcanzar el pueblo por la antigua carretera nacional, frente a la Finca La Dehesa, parte una pista. Éste es el punto de inicio de la hazaña (1).

Sin dejar la pista principal, tras haber recorrido 1,15 km, se pasa por debajo de la circunvalación de la carretera de Castellón. Tras un ligero ascenso se toma dirección a la izquierda (2), y poco más adelante por la pista principal se toma nuevamamente el ramal izquierdo (3), tras 1,4 km de recorrido. A los dos kilómetros aparece un nuevo cruce. En esta ocasión de nuevo debe tomarse una pista a mano izquierda (4). En este punto es recomendable dejar el vehículo y avanzar caminando.

El objetivo ya no está lejos, a unos 650 metros de distancia. Primero se recorre el trazado de la pista que discurre a la izquierda de los campos y que poco a poco se va degradando (5). En unos diez minutos andando se acaba la pista y se llega a una zona libre de cultivo salpicada de grandes bolos de alabastro. Debemos encaminarnos al pequeño barranco que se emplaza al frente, ligeramente a la derecha (6). Aunque la vegetación es abundante se puede avanzar por un sendero señalizado que cruza en varias ocasiones el pequeño reguero que lo recorre (7). En otros cinco minutos desde la pista se deja el barranco a mitad, a mano izquierda. Sólo resta remontar la ladera con menos vegetación (8) y tras alcanzar un pequeño llano girar a mano derecha para alcanzar la parte más alta donde se encuentra el objetivo.

El Centro Geográfico de Aragón se encuentra marcado con un poste que lo identifica con un anagrama y la bandera de Aragón. A su alrededor dos círculos concéntricos realizados con piedras de alabastro remarcan su ubicación.

El paisaje está dominado por vegetación esteparia de escaso porte. La panorámica en dirección al norte proporciona una vista del barranco por donde se asciende, con las vales cultivadas a media distancia. Al fondo destaca el constraste del color verde de las fértiles tierras del valle del Ebro delimitadas por los escarpes yesíferos. Si la visibilidad es buena se pueden divisar la Sierra de Alcubierre y en días muy claros incluso las sierras prepirenaicas y la cordillera de los Pirineos.

También es posible subir a la ladera opuesta desde donde hay una buena vista del centro geográfico. Desde el último poste de la senda aparece señalizado el acceso a este mirador.

Como de costumbre en nuestra tierra en muchas ocasiones no valoramos las cosas. Este lugar quizás no sea de importancia, pero debería contar con señalización oficial para acceder desde Fuentes de Ebro. Y debería divulgarse su existencia. Aunque sólo sea porque se ha realizado el cálculo por un órgano dependiente del Gobierno de Aragón, el Instituto Geográfico de Aragón. Precisamente en muchos países y regiones sus centros geográficos están perfectamente identificados y señalizados. El valor simbólico hace que se conviertan en lugares de interés para los más curiosos. Se pueden consultar en el siguiente enlace la localización de muchos de ellos como los de Polonia, Alemania, Portugal o Nueva Zelanda.

GEOGRAPHICAL CENTERS

En el caso de las comunidades autónomas españolas sólo en algunas de ellas se ha calculado su centro geográfico. Dos de ellas lo tienen señalizado y es fácil su visita, Cataluña y Cantabria. Y otras han realizado su cálculo pero no está señalizado sobre el terreno, como es el caso de Galicia, Andalucía, Navarra, País Vasco y Comunidad Valenciana.

Centro Geográfico de la Península Ibérica

En el caso de la Península Ibérica, el cálculo es complejo y no está determinado oficialmente. En el año 1561 se trasladó la capital de España a Madrid, una población que por aquel entonces tenía unos 20.000 habitantes. Se convirtió en la capital definitiva del estado. Su posición central en el mapa español puede hacer pensar que se trata del centro, pero no es así. Lo que sí posee es el Km 0 de las carreteras españolas. En el siglo XVIII se estableció la necesidad de crear una red de caminos que se adaptaría a la estructura centralizada del país. El mapa fue realizado entre 1739 y 1743 por los profesores jesuitas Carlos Martínez y Claudio de la Vega (información sobre la obra en la Biblioteca Nacional). Sin embargo, la designación actual de las carreteras nacionales, comarcales y locales se debe al Plan Peña, siendo ministro de Obras Públicas Alfonso Peña, entre 1937 y 1941 (ver documento plan de caminos). Este diseño radial de carreteras fijó el origen de las mismas en la Puerta del Sol de Madrid. 

El centro geográfico de la Península Ibérica actualmente está en pugna entre dos localidades de la Comunidad de Madrid, Getafe y Pinto. Tradicionalmente se ha pensado que este punto está situado en el Cerro de los Ángeles, ubicado al este del casco urbano de Getafe, una población de unos 180.000 habitantes. Alfonso IV tras la reconquista mandó edificar una ermita. Y en el siglo XIX el rey Alfonso XIII mandó construir la estatua del Sagrado Corazón, la cual tuvo que ser levantada de nuevo tras la guerra civil. El cerro se eleva a 666 metros de cota máxima marcada con un vértice geodésico.

Sin embargo, Pinto, una localidad del sur de región madrileña, también reivindica ser el centro. Exactamente a tan sólo 7,5 kilómetros al sur se encuentra este segundo punto. En este caso está ubicado en pleno casco urbano de la localidad, que cuenta con una población de 51.000 habitantes. En concreto en la confluencia de la calle Maestra María del Rosario y calle Egido de la Fuente. Un monolito colocado en los años sesenta marca el punto. Anteriormente hubo una piedra con un aspa colocada conocida como la “Exacta”. Según cuenta la leyenda, en este lugar estuvo enterrada un arca con los instrumentos empleados por los musulmanes para realizar las mediciones que determinaron que este punto era el lugar céntrico de la Península Ibérica. El topónimo de la localidad parece proceder del término “punctum”, punto de paso o cruce de caminos. Precisamente el escudo de Pinto representa la esfera terrestre con un punto marcado en rojo, haciendo una alegoría al centro de España.

Las dimensiones de la Península Ibérica, unos 480.000 km2, y la complejidad de su territorio físico hacen difícil establecer este punto de manera única y exacta. La principal variable es delimitar el límite de la superficie peninsular con respecto al continente europeo. La frontera política entre España y Francia no coincide con la zona más estrecha del istmo que separa la península del continente. Pero existen otras variables como son el límite costero, que varía según la situación de pleamar o bajamar. También las desembocaduras de los ríos crean zonas que hacen dudar de la divisoria exacta entre el mar y tierra. Y finalmente hay que tener en cuenta que se trata de una superficie esférica y con una orografía muy irregular, lo que complica todavía más los cálculos, al tener que extrapolar el centro geográfico a un punto de la superficie terrestre. Con todo ello, el geógrafo Javier Colomo, doctor en Geografía e Historia, se aventuró a realizar el cálculo en el año 2018. Como base del estudio de Colomo (2018) se estableció el límite de la Península Ibérica en la actual frontera entre España y Francia. Y respecto a la superficie esférica utilizó la representación tridimensional de la Tierra representada en Google Earth con coordenadas WGS84 que se corresponden con las ofrecidas por GPS. Tras dividir la superficie en miles de cuadrículas y realizar los cálculos matemáticos localizó el punto en medio del campo, a cuatro kilómetros del centro de Méntrida (Toledo). Esta población de 5.000 habitantes se emplaza al norte de la provincia toledana, muy cercana a la Comunidad de Madrid.

Entre el centro geográfico de la Península Ibérica calculado por Javier Colomo y el centro geográfico de Pinto hay 45,8 kilómetros de distancia. Y respecto al centro geográfico del Cerro de los Ángeles de Getafe la distancia es de 47,6 kilómetros.

Bibliografía

García, M.L. (2011). Centro geográfico de Aragón. En Delimitación comarcal de Zaragoza (1ª ed., pp.70-72). Zaragoza: Gobierno de Aragón. Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior. Recuperado de: http://mov-brs-01.aragon.es/cgi-bin/IDOT/BRSCGI?CMD=VEROBJ&MLKOB=839719975858

Colomo, J. (2018). Centro Geográfico de la superficie de la península Ibérica. Recuperado de:  https://www.javiercolomo.com/index_archivos/Iberia/Iberia.htm

Puilatos, un pueblo de colonización efímero

El Instituto Nacional de Colonización  (INC) fue una institución franquista que influyó notablemente el paisaje aragonés. Se creó en el año 1939 y estuvo en funcionamiento hasta 1971, cuando se integró en el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). Su objetivo fundamental fue una política agraria basada en la puesta en regadío de amplias zonas, dotándolas de los servicios necesarios para su cultivo. Y para ponerlas en marcha cuanto antes era necesario acercar a los agricultores a estas zonas mayoritariamente despobladas, con la construcción de nuevos asentamientos. Las actuaciones llevadas a cabo en Aragón, fundamentalmente en las provincias de Huesca y Zaragoza, fueron muy importantes. Y ello se debe a lo avanzado del estado de las obras hidráulicas que se habían planeado décadas antes, así como a la abundancia de zonas de secano. En el año 1906 ya fueron inauguradas las obras del canal de Aragón y Cataluña, que gracias a las aguas del Ésera riega 98.000 ha entre las provincias de Huesca ( la mayor parte) y Lérida. El Plan de Riegos del Alto Aragón fue aprobado en 1912. Tomando aguas del río Gállego y del Cinca, a través de los canales de Monegros y del Cinca, dan servicio en la actualidad a 110.000 ha. En el año 1932 se aprueba el Plan Bardenas, que toma las aguas del río Aragón con una superficie regable de 88.000 ha, fundamentalmente en Aragón. En total fueron 30 los pueblos de colonización construidos en Aragón, la mitad en la provincia de Huesca. El encargado de su diseño fue el arquitecto zaragozano José Borobio. Los colonos llegaron a las diferentes poblaciones de manera escalonada entre los años cuarenta y sesenta.

Cuando surge el INC las obras hidráulicas del primer tramo del Canal de Monegros estaban muy adelantadas; sus aguas regarían el desierto de la Violada. Un territorio llano y seco que no contaba con poblaciones a lo largo de 26 kilómetros entre Zuera y Almudévar. Su nombre proviene de la vía romana entre Osca y Caesaraugusta conocida como Vía Lata. El primer proyecto del Plan General de Colonización de la Zona de la Violada fue redactado en 1943. Se estudió la ubicación de media docena de pueblos ubicados en el centro de las zonas de cultivo y situados a una distancia entre sí de entre 4 y 6 kilómetros. Los cascos urbanos deberían estar en zonas de poco balgua* agrícola, sobre terrenos saneados. Para llevar a cabo los planes era necesaria la adquisición de grandes fincas, las situadas al sur de la Violada pertenecientes a Zuera. La primera de ellas fue “Llanos de Camarera” donde se estableció el primer pueblo, Ontinar del Salz. Se fue avanzando en el desarrollo de otros sectores, uno de ellos el denominado “Regordín”,  donde se proyectaba un pueblo con el mismo nombre. Éste posteriormente pasó a llamarse Puilato. Durante los estudios se pensó en eliminar este asentamiento y sustituirse por la ampliación de la barriada del Portazgo, situada junto a la estación de ferrocarril de Zuera. Al final se decantaron por la idea inicial de nuevo pueblo situado en el camino de Zuera a la Sarda y Pilatos, ya que daría mejor servicio a las nuevas zonas de cultivo. El número de viviendas fue más reducido que en los pueblos de Ontinar o El Temple, ya que corresponde a un sector de menor superficie.

*Balgua: Valor.

El monte Pilatos, proveniente del término Puig Alto o Monte Alto, es el que dio nombre a la nueva población. La construcción de Puilatos se llevó a cabo en 1955, llegando los primeros colonos en el año 1956, completando prácticamente el pueblo en el año 1958. Los inicios fueron duros ya que no contaron con luz eléctrica y agua en las viviendas durante el primer año y medio. Se trataba en total de 45 viviendas de similares características a las de otros pueblos de colonización. En ellas se alojaron 35 colonos con sus respectivas familias, además de obreros. Las familias llegaron todas ellas de Zuera a excepción de una procedente de Juslibol. A todas las ofrecieron un lote de tierra, vivienda y dependencias anexas para la cría de animales domésticos también incluidos en la aportación inicial. Todo ello lo fueron pagando con parte de la cullida* durante un número determinado de años. Las viviendas eran de diferentes tipologías, con una o dos plantas, y de entre tres y cinco dormitorios, con el fin de adaptarse el número de personas que componían cada unidad familiar. En el centro de la población estaba la iglesia de San José Obrero, con festividad el 1 de mayo que era celebrada por los vecinos. Era la fiesta mayor y para ello se vaciaba de manera temporal el almacén agrícola ubicado en la calle de la Hermandad, a escasa distancia de la plaza principal, que recibía el nombre de plaza del Caudillo. El edificio de la iglesia diseñado por el arquitecto José Borobio estaba formado por la capilla de planta circular y la sacristía anexa. El presbiterio de planta rectangular albergaba una pintura mural obra del pintor zaragozano José Baqué. Se trata de uno de máximos exponentes de la pintura aragonesa contemporánea. Su obra está marcada por la simplificación de las figuras, pero  respetando el tema tratado y de fácil interpretación por parte del feligrés. En este caso se trata de un tríptico de la Sagrada Familia en su casa de Nazaret; San José Obrero en el centro aparece trabajando de carpintero y a su derecha está María sentada con el niño Jesús en su regazo, mientras que a la izquierda se ve a través de una ventana el paisaje rural que rodea la vivienda. La torre de planta igualmente circular estaba ligeramente desligada. En la parte alta se abría el campanario entre columnas que sostenían la cubierta. Formando parte del mismo conjunto estaban las escuelas de niños y niñas. La iglesia estaba rodeada de un espacio amplio rodeado de viviendas y de otros edificios donde se localizaba la administración, la casa de los maestros, la hermandad sindical y los comercios.

*Cullida: Cosecha.

Sin embargo la historia de Puilatos fue efímera, en concreto poco más de veinte años. El terreno elegido no fue el adecuado debido a la existencia de rocas sedimentarias solubles en el subsuelo. Su composición a base de yesos sufre una disolución progresiva con las corrientes del agua creando oquedades subterráneas que van creciendo poco a poco y que afectan a la superficie del terreno. Sin duda alguna la llegada del regadío aceleró este proceso formando simas y dolinas en el subsuelo que comenzaron a afectar la estabilidad de los edificios. Las viviendas más afectadas eran las situadas al sur. En esta zona se realizaron prospecciones que comprobaron la existencia de corrientes subterráneas. A 700 metros del casco urbano hay una zona que tradicionalmente ha tenido acumulación de agua y que pudiera tener relación con esta circulación de agua. Tras la llegada del regadío se ha creado una pequeña laguna de más de una hectárea de lámina libre de agua rodeada por carrizos. Con el paso de los años las grietas en los edificios se hicieron más evidentes, sin afectar a la seguridad de los colonos, pero que poco a poco fueron generando más preocupación. Los vecinos tuvieron que viajar a Madrid en varias ocasiones solicitando una solución al problema de habitabilidad. Finalmente el IRYDA decidió el desalojo total y la construcción de nuevas viviendas en Zuera y Ontinar del Salz para proceder al traslado de los vecinos. Los primeros se trasladaron a Ontinar del Salz en el año 1975. En pocos años el pueblo estaba completamente desalojado. Los últimos habitantes se fueron en el año 1981 y poco después se procedió a la demolición de todos los edificios para evitar el peligro de posible derrumbe.

En Ontinar del Salz las primeras viviendas en terminarse y ocuparse están ubicadas en la calle del Viento, cuatro de ellas. El resto hasta completar quince están ubicadas en la calle Puilatos, constituyendo un recuerdo permanente del pueblo que estaba a punto de desaparecer. A pesar del origen de los colonos más de la mitad decidieron trasladarse a este pueblo de colonización debido a que las tierras de cultivo, las cuales siguieron trabajando, estaban más cerca de Ontinar que de Zuera.

En cuanto a los colonos que decidieron volver a Zuera, éstos fueron reubicados en las calles Ontinar y Puilatos. De nuevo el nombre de una de las calles hacía referencia al pueblo en el que apenas pudieron vivir dos décadas. Las viviendas están ubicadas en la intersección de ambas calles, alejadas del centro de la localidad. Con el crecimiento de la población ahora están integradas en la malla urbana. Hay cuatro viviendas en la calle Ontinar y diez en la calle Puilatos. Del resto de colonos, algunos prefirieron el solar para construirse ellos mismos la vivienda y otros se trasladaron fuera de estas poblaciones.

Del pueblo lo único que se salvó fue el retablo de la iglesia parroquial, trasladado a Ontinar del Salz. Fue instalado en la capilla bautismal de la iglesia de la Virgen del Salz. El resto son las ruinas de Puilatos. Se accede a ellas tomando la salida de la autovía mudéjar que conduce a Ontinar. En paralelo a la autovía en dirección a Huesca un amplio camino toma dirección a un pinar. A los pies parte la antigua carretera de acceso al núcleo de colonización, uno de los pocos restos originales que se conservan. Un bosque de pinos y una carretera que conduce al solar donde antaño se levantó un pequeño pueblo.

Allí ahora yacen los restos de las viviendas a los que se han ido añadiendo restos de obras que se llevaron a cabo en la autovía, así como escombros y basuras de todo tipo. Y mientras la naturaleza contribuye a aliviar la tétrica visión de un pueblo arruinado con árboles de pequeño porte salpicados por todo el espacio. Una mezcla caótica. Una pista accede a la zona central del núcleo, único lugar donde se conserva el nivel de terreno original por donde discurrían las calles. Allí precisamente todavía se puede apreciar un pequeño trazado de las aceras, gracias al bordillo existente que parece corresponder a uno de los extremos de la plaza principal de la localidad.

Un camino rodea el solar donde se levantaba el casco urbano. En el resto de la superficie se cubre por montones de escombros tapizados por la vegetación haciendo imposible reconocer el trazado de las calles y menos aún de los edificios que allí se levantaban.

El único elemento constructivo que todavía se conserva es el aljibe ubicado en el extremo opuesto del acceso a la localidad, situado junto al camino perimetral. Se trata de un depósito de agua subterráneo del cual sobresale la parte alta de la cubierta. Está ubicado junto a una acequia de la cual tomaba el agua. Una tapa metálica permite ver su interior, así como la tubería que conectaba con una bomba manual ya desaparecida. Este era el lugar donde se traía a abrevar a los animales que poseían los colonos.

Atravesando el pinar se conserva otro camino que discurre en paralelo al acceso a la localidad.  Servía de acceso a los huertos de los colonos, en dirección a la carretera de Huesca. La construcción de la autovía hizo desaparecer de un plumazo la tierra de los hortelanos. Si que se que mantienen en cultivo el resto de campos que rodean el núcleos, tierra de regadío que siguen trabajando los colonos. 

Han pasado poco menos de cuarenta años de la desaparición de Puilatos. Hasta hace unos años los antiguos vecinos se reunían para celebrar la antigua festividad de la localidad como un día de reencuentro. Un día de comida popular en los pinares que rodean el pueblo. Sin embargo la tradición ya ha caído en el olvido. El recuerdo del pueblo languidece mientras el espacio físico donde se levantó el pueblo sigue en continua degradación. Sería necesaria una restitución moral para evitar la completa desaparición de la historia de este pueblo. Una actuación que dignificase el lugar, sin más aspiraciones que mantener el recuerdo de un pueblo cuya historia duró apenas poco más de dos décadas, pero que se merece un espacio en la reciente historia de Aragón.

25 años reclamando los bienes de las parroquias orientales de Aragón

Con el surgimiento de los condados cristianos de Sobrarbe y Ribagorza en el siglo IX se creó una iglesia carolingia encargada de la cristianización de los territorios que poco a poco iban arrebatándose a los musulmanes. En el siglo X se establece la sede del Obispado de Roda en la catedral de San Vicente de Roda de Isábena. Tras la creación del Reino de Aragón se produce la reforma en la liturgia pasando al rito romano. La conquista avanza hacia el sur y en el año 1100 Pedro I de Aragón toma Barbastro. El obispo Poncio de Roda traslada entonces su sede a Barbastro. El obispado de Roda-Barbastro pasó de nuevo a la sede original por una disputa entre los obispos de Huesca-Jaca y el de Roda-Barbastro. Y finalmente en el año 1149 fue suprimido e incorporadas todas las parroquias al obispado de Lérida. Hasta el año 1573 no vuelve a surgir el obispado de Barbastro. En el siglo XX se produce la ampliación de la diócesis con la incorporación de parroquias pertenecientes al obispado de Lérida situadas en territorio aragonés. En concreto, en 1955 se recuperan 17 parroquias y en los años 1995 y 1998 se traspasan el resto de parroquias aragonesas que hasta entonces formaban parte del obispado catalán. En estas tres fases se pasa de 153 a 264 parroquias completando la actual diócesis de Barbastro-Monzón.

Durante la pertenencia de las parroquias aragonesas a la diócesis de Lérida se produjo el traslado de bienes religiosos entre los siglos XIX y XX. El lugar de destino de las obras fue el museo diocesano de Lérida con el objetivo de servir de aprendizaje a los seminaristas que allí estudiaban. Se trataba de una cesión al obispo en cuyo proceso no se firmó ningún contrato, como así se ha constatado al no encontrarse documento alguno en archivos parroquiales, registros o en la Santa Sede. Se trataba por tanto de un depósito de obras en la sede de la diócesis como figura en todos los documentos. En algunos casos el obispo entregó a las parroquias regalos (de mucho menos valor) en compensación por la cesión, que de raso* se pueden interpretar como un intercambio de obras de arte.

*De raso: En absoluto.

En cuanto a los bienes en litigio, en su origen fueron 125 aunque algunos de ellos fueron perdidos por los depositarios con lo que el proceso sólo contempla la devolución de 111 piezas. Pertenecen a 43 parroquias aragonesas: Abenozas, Bafaluy, Buira, Capella, El Soler Erdao, Gabarret, Güel, La Puebla de Mon, Montanuy, Portaspana, Tolva, Torrente de Cinca, Ballobar, Roda de Isábena, Ardanué, Benavente de Ribagorza, Binaced, Caserras, Castillonroy, Centenera, Chalamera, Cirés, Egea, Entenza, Fraga, Iscles, Laguarrés, Merli, Monzón, Nachá, La Puebla de Fantova, Pueyo de Santa Cruz, Santaliestra, Sopeira, Tamarite de Litera, Torruella, Treserra, Valcarca, Villacarli, Zaidín, Castigaleu, Lascuarre y Morillo de Liena.

Esta lista de obras de arte incluye fundamentalmente pinturas, esculturas, fragmentos de retablos, arquetas, capas pluviales y casullas, además de una cruz procesional o un sagrario. De todas ellas las más valiosas son diez: la arqueta de Buira (Bonansa, siglo XV), el frontal de San Vicente de Treserra (Arén, siglo XV), el frontal de San Hilario de Buira (Bonansa, siglo XII), retablo de San Cristóbal (Santaliestra, siglo XV), retablo de San Antonio (Villanueva de Sigena, siglo XV), tabla de San Juan Bautista (Zaidín, siglo XV), tabla del nacimiento y epifanía de Binaced (siglo XV), escultura de la Virgen (Zaidín, siglo XIV), tabla de San Martín (Lascuarre, siglo XV) y tabla del Calvario (Tamarite de Litera, siglo XV). El resto de las piezas son de menor valor siendo las más sencillas copones, campanitas, candelabros, cálices, cajitas y un cortador de hostias, platos para candelabros, una concha de bautizar, etc.

Entre los argumentos históricos para no devolver los bienes religiosos de las parroquias aragonesas está que Aragón no hubiera sido competente a la hora de conservarlos. Una justificación despreciable, cuando se ha constatado que muchas de estas obras están en almacenes del museo ilerdense en unas condiciones deplorables. De hecho sólo 16 de las obras de arte están expuestas en el museo diocesano. Otra es decir que pertenecen a la “franja”, un territorio que no existe administrativamente y cuya identidad ha sido creada desde Cataluña con el afán colonizador de un territorio perteneciente indiscutiblemente a Aragón. Un argumento más agresivo supone decir que la petición de la vuelta de los bienes supone una declaración de guerra de Aragón a Cataluña, cuando en realidad lo único que se pide es la devolución de un conjunto de obras de arte de gran valor que se retienen en el museo de Lérida a pesar de las sentencias tanto eclesiásticas como civiles que obligan a su devolución inmediata. Queda claro que no existe ningún conflicto social y ello se demuestra por la buena relación histórica entre los vecinos de los pueblos situados a ambos lados de la frontera.


15 de junio de 1995

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En esa fecha la Santa Sede modifica los límites diocesanos con el fin de hacerlos coincidir con los límites provinciales. Así todas las parroquias aragonesas englobadas en la diócesis de Lérida pasan a pertenecer a la diócesis de Barbastro-Monzón. Con ello se solicita la vuelta de los bienes de dichas parroquias a la nueva diócesis. Una y otra vez desde la parte catalana se niegan a dicha devolución con diferentes argumentos y acciones: que forman parte de una colección indivisible en 1999, inclusión de los bienes aragoneses en un “catálogo de patrimonio cultural catalán” en 1999, creación del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal (formado por la Generalitat de Cataluña, Diputación Provincial de Lérida, Ayuntamiento de Lérida, Comarca del Segre y Obispado de Lérida) en 1999 y presentación en el año 2004 de actas notariales por el bispe Francesc Xavier Ciuraneta que no justifican la propiedad.

*Bispe: Obispo.

Las sentencias eclesiásticas dictadas a favor de la parte aragonesa no fueron cumplidas. El 8 de septiembre de 2005 hay un decreto de la congregación que ordena los bienes a las parroquias aragonesas. El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en septiembre de 2006 no admite los recursos presentados por la defensa catalana. El 28 de abril de 2007 se dicta el decreto definitivo que reconoce la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en Lérida y la obligación de su devolución. El 23 de diciembre del mismo año se redacta un comunicado para su lectura en las misas asumiendo las resoluciones de la Iglesia a favor de la diócesis de Barbastro-Monzón.

30 de junio de 2008

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Este día se firma el acuerdo en la sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid a la que asisten el Nuncio del Papa, Monteiro de Castro, el obispo Xavier Salinas de Lérida y el obispo Alfonso Millán de Barbastro-Monzón. En este tratado se determina que debe darse cumplimiento a los decretos eclesiásticos previos, reconociendo la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en el Museo de Lérida y la obligación de la entrega de los bienes. “Roma locuta, causa finita”, es decir, “Roma ha hablado, el caso está cerrado”. Esta expresión significa que el asunto había quedado zanjado por la autoridad incuestionable. Sin embargo el plazo dado de 30 días para la devolución de nuevo se incumple. El obispo está dispuesto a devolver los bienes, pero ahora la justificación es que el Museo de Lérida no quiere devolverlos.

El obispado de Barbastro-Monzón y el Gobierno de Aragón solicitan al Juzgado de Barbastro el exequátur en la causa. En mayo de 2010 es rechazada por el juez ya que considera que no es necesaria la intervención de la jurisdicción ordinaria y declara competentes a los tribunales eclesiásticos en la causa. Aunque la resolución sirve para recordar a la Iglesia el cumplimiento de su sentencia, ésta no se materializa. En la realidad no tiene una fuerza policial para hacer cumplir esta sentencia. El obispo no considera tampoco salirse del consorcio junto con los bienes diocesanos, y tampoco puede obligar al consorcio a la devolución de los bienes.

El 27 de octubre de 2010 tiene lugar la última reunión eclesiástica. En ella los obispos Joan Piris de Lérida y Alfonso Milián de Barbastro-Monzón ratifican el acuerdo de 2008 ante el Nuncio del Papa. Y manifiestan de manera conjunta el propósito de colaborar en el estudio, conservación y exposición de las obras de arte. Para ello acuerdan realizar copias de las obras, organizar exposiciones temporales en ambos territorios, solicitar el apoyo de las instituciones públicas para la conservación así como favorecer la difusión de este patrimonio. Por enésima vez no se cumplió dicho acuerdo.

Ante esta situación se decide recurrir a la Justicia civil con el fin de obligar no sólo al obispado sino también al museo, y por ende a todas administraciones que forman parte de su patronato, al retorno de los bienes. El incumplimiento de las sentencias judiciales podría incurrir en responsabilidades penales. Desde la parte catalana también mueven ficha y crean la Asociación de Amigos del Museo de Lérida. Esta entidad inicia el juicio civil contra el obispo de Lérida con el fin de que el obispado declare la propiedad de los bienes más valiosos. Mientras el obispado de Barbastro-Monzón confía su defensa al abogado Hipólito Gómez de las Roces, expresidente de la comunidad autónoma. La sentencia del juzgado de primera instancia de Lérida del 6 de septiembre de 2010 desestima las intenciones del obispo y ratifica todas las sentencias eclesiásticas previas.

En octubre del 2011 la Audiencia de Lérida niega la legitimidad de la Asociación de Amigos del Museo de Lérida a promover el bloqueo de los bienes en el museo. A ello le sucedió otra sentencia del Tribunal Superior de Cataluña el 22 de marzo de 2012 desestimando el recurso de casación presentado por la parte catalana.

Mientras tanto el Gobierno de Aragón cataloga los 111 bienes como Patrimonio Aragonés el 28 de enero de 2011. Esta decisión es recurrida por la Generalitat de Cataluña y el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida iniciándose un juicio contencioso-administrativo. El 26 de mayo de 2015 el Tribunal Supremo dicta sentencia a favor de la parte aragonesa. Anula la catalogación de los bienes como patrimonio cultural catalán ratificando la propiedad aragonesa. Deja claro que sólo se pueden catalogar como catalanes los bienes catalanes, y los bienes del litigio son aragoneses. Y también recuerda que las obras de arte deben volver a Aragón.

Con la intervención del abogado Joaquín Guerrero y el apoyo de un equipo profesional y de Alberto Gimeno, letrado de la DGA, se inicia un nuevo proceso judicial. El planteamiento de defensa sólo considera una salida al conflicto: únicamente es admisible la devolución a los legítimos propietarios sin la posibilidad de propiedad ni conservación compartida entre ambas diócesis. Se comienza con un acto de conciliación el 31 de octubre de 2017 al que se presenta el obispado de Lérida, pero no asisten representantes del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida. En dicho acto el obispo reconoce la propiedad aragonesa, el estado de depósito y ratifica la imposibilidad de ejecutar la devolución por impedimento del Consorcio.

Se avanza por la única vía posible, una demanda reivindicatoria interpuesta por la Diócesis de Barbastro-Monzón, en representación de las parroquias aragonesas, contra el Obispado de Lérida, depositario de las obras, y el Consorcio del Museo Diocesano Comarcal de Lérida, el cual impide la devolución. Se solicita que se condene al obispado y al consorcio a la devolución inmediata de los bienes, así como que paguen las costas del juicio. Mientras el Obispado de Lérida presenta una demanda reconvencional en la cual asume la propiedad de 23 bienes como aragoneses, pero reclama la propiedad de 88, los de mayor valor. Desde la parte catalana se continua con la táctica de retrasar al máximo el proceso judicial interponiendo excepciones procesales de poca consistencia tales como la litispendencia (imposibilidad de juzgar algo que todavía está pendiente resolución en otro juicio abierto), cosa ya juzgada, falta de legitimación, incompetencia territorial o incompetencia de jurisdicción. Todas ellas son desestimadas, recurridas por recursos de reposición y de nuevo desestimadas.

16 de diciembre de 2019

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En esta importante fecha se publica la sentencia del juzgado de primera instancia de Barbastro que condena a los demandados a la devolución inmediata de los 111 bienes en litigio desestimando la demanda reconvencional en la que el obispado de Lérida reclamaba la propiedad de parte de las obras. También condena a pagar las costas del juicio a los demandados. La decisión del juez ratifica la propiedad aragonesa al no haber aportado títulos de compraventa, permuta o donación que demuestre su propiedad por la parte catalana y que en todo momento permanecieron allí en depósito. La misma sentencia también concluye que los costes económicos de mantenimiento, conservación y restauración de las piezas son una obligación que debía cumplir el depositario provisional de los bienes. Incluso el juez reprocha la reclamación planteada por el Museo de Lérida en este aspecto, sin detallar las acciones en tareas de restauración ni los costes de las mismas.

En junio de 2020 se cumplen 25 años del largo conflicto de los bienes de las parroquias aragonesas en poder del Museo de Lérida. Sin embargo y a pesar de la sentencia judicial el obispado y el consorcio sigue dilatando el proceso. Su primera estrategia fue alegar errores tipográficos en la redacción de la sentencia, que fue desestimada ya que no afectaba al contenido de la resolución. Presentaron recurso de apelación de la sentencia a la Audiencia de Huesca, que han sido contestados por la parte aragonesa. Y también recurrieron en enero al Tribunal de Conflictos entre comunidades autónomas, que finalmente dejó en manos del juez la competencia de la devolución, y no en manos de la Generalitat como solicitaba la parte catalana.

17 de diciembre de 2020

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A finales de noviembre de 2020, el Obispado de Barbastro-Monzón y Gobierno de Aragón solicitaron la ejecución provisional de la sentencia ante el Juzgado número 1 de Barbastro. Un mes después, el 17 de diciembre la juez ordena la devolución de las 111 piezas, advirtiendo que en caso de incumplirse habrá multas coercitivas y mensuales además de responsabilidades penales por su incumplimiento. El traslado debe acometerse antes del 15 de febrero de 2021, siendo depositados en el Museo Diocesano de Barbastro y de manera que no se produzcan daños a las obras de arte. Ante la sentencia provisional la parte catalana podrá presentar recurso de casación ante la Audiencia de Huesca. Y en el caso de que vuelva a ser favorable a la parte aragonesa podrían presentar recurso de casación ante el Tribunal Supremo. La sentencia en firme puede llevar años de tramitación teniendo en cuenta que Cataluña va a agotar todas las vías a su alcance.

Sin embargo, tras el precedente en 2017 de los bienes de Sigena en el que los consejeros Lluís Puig y Santi Vila están siendo juzgados por desobediencia, parece que las autoridades catalanas han reaccionado en esta ocasión con menos soberbia. Entonces la Guardia Civil tuvo que intervenir en el Museo de Lérida para recoger 96 que retornaron al Monasterio de Sigena. En esta ocasión el traslado ha sido llevado a cabo en varias fases, incumpliendo los plazos marcado por la juez intructora, pero de manera voluntaria.

El 15 de febrero, último día para la devolución, se produjo el traslado de 23 piezas al Museo Diocesano de Barbastro. Se trataba de pequeños objetos de culto: candelabros, copones y hostiarios y una corona de latón de la virgen. Objetos de poco valor que nunca habían llegado a exponerse y que se encontraban despositados en los almacenes del museo leridano.

El 22 de febrero llegaron otras 5 piezas más. En este viaje llegaron dos retablos, un sagrario de madera dorada, restos de un artesonado y un talla de madera.  

El 5 de marzo tuvo lugar la tercera entrega. Fueron trasladadas 42 obras de arte. Se trataba de 27 casullas, dalmáticas y capas pluviales, procedentes de Roda de Isábena, así como 13 tablas góticas y 2 pinturas sobre telas. Coincidiendo con este día el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Barbastro desestimó las alegaciones catalanas, ratificando la sentencia y obligando a la devolución de las piezas.   

10 de marzo de 2021

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El punto y final a este largo proceso tuvo lugar el 10 de marzo de 2021, con la entrega de las 41 piezas restantes, las de mayor valor. Entre ellas el frontal de Teserra, la arqueta de Buira, el retablo de San Antón de Monzón, tablas del Nacimiento y la Epifanía de Binaced y la Virgen de Zaidín.

Casi 26 años se ha requerido para que las autoridades civiles y eclesiásticas catalanas devolvieran un conjunto de obras artísticas aragonesas depositadas en Lérida. Un proceso con un alto coste en el cual la parte catalana ha recurrido a todos y cada uno de las alegaciones posibles sin resultado alguno, ya que en todos los casos la justicia tanto eclesiástica como civil han dado la razón a Aragón. Por parte de Aragón las cosas se han hecho con mesura, paciencia y responsabilidad, demasiada vista la cantidad de manifestaciones y calumnias que hemos tenido que soportar a lo largo de este cuarto de siglo.

El camino está allanado para conseguir el objetivo de recuperar todas aquellas obras de arte que están despositadas en Cataluña de manera ilegal. En 2017 retornaron los bienes de Sigena y en 2021 han vuelto los bienes de las parroquias aragonesas del obispado Basbastro-Monzón. En un proceso ya muy avanzado está la futura devolución de las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sigena. Consideradas las más importantes del románico español, están expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Y acaba de comenzar un nuevo proceso para reclamar los bienes de las parroquias aragonesas del obispado de Huesca que formaron parte de la diócesis de Lérida hasta 1954. Se trata de  importantes obras de arte pertenecientes a las parroquias de Peralta de Alcofea, Berbegal y El Tormillo.  

Lo que Aragón pudo ser, y no fue

El origen de Aragón se remonta al siglo IX. Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al Reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas del condado de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 se añadieron los condados de Sobrarbe y Ribagorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.
Aragón fue creciendo avanzando hacia el sur. Ramiro I estableció la capital del reino en Jaca, siendo su fillo* el que le dotara de fueros y estableciese la sede episcopal. Su sucesor, Pedro I de Aragón fue el encargado de tomar Huesca tras la batalla de Alcoraz en el año 1096. El hermano del mismo, Alfonso I el Batallador tomó la importante ciudad de Saraqusta, convirtiéndose Zaragoza en la nueva capital del reino de Aragón en 1118. Este rey consiguió grandes avances en el territorio, doblando la superficie conquistando no solo territorios de la actual Comunidad Autónoma sino también de las actuales provincias limítrofes de Soria, Guadalajara, Tarragona y Castellón. Su ambición le llevó a realizar incluso una incursión de un año en tierras musulmanas llegando a Granada y Málaga, volviendo con mozárabes necesarios para la repoblación de las nuevas tierras aragonesas. Su muerte sin descendencia supuso una etapa de inestabilidad política, obligando a su hermano Ramiro II el Monje a reinar. Se perdieron parte de las tierras ocupadas. Tras el nacimiento de su hija Petronila y el emparentamiento de ella con Ramón Berenguer IV se consiguió continuar el avance militar sobre Al-Andalus. El hijo de ambos, Alfonso II de Aragón toma el castillo de Villel y toda la ribera del Guadalaviar en 1180, completando la toma de todas las tierras que forman parte de la actual Comunidad Autónoma de Aragón.

*Fillo: Hijo.

El Reino de Aragón y el condado catalán fueron el germen de la futura Corona de Aragón, a los que se añadieron por la conquista de los territorios musulmanes los Reinos de Valencia y Mallorca, lo que limitaron su crecimiento territorial del reino aragonés por su parte más oriental. Más tarde se incorporaron los Reinos de Sicilia, Córcega, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria, llevando a su máximo apogeo esta expansión marítima. Durante los siglos en los que se fueron forjando los territorios del actual Aragón las fronteras fueron fluctuando producto de las continuas luchas con los reinos cristianos de Navarra y Castilla, así como con las taifas musulmanas. Pero hay muchos territorios que actualmente no forman parte de Aragón, que en su día lo fueron y que por diversas circunstancias dejaron de serlo.

Condado de Ribagorza

Con respecto al Condado de Ribagorza, éste pasó a manos de Sancho III el Mayor de Pamplona en el año 1018. Su hijo Gonzalo lo recibe en herencia en 1035, y diez años después tras su muerte este condado junto con el de Sobrarbe pasan a su hermano Ramiro, dando lugar al Reino de Aragón. Incluían los territorios formados por los valles del Ésera, Isábena y Noguera Ribagorzana, que se corresponden más o menos con las actuales comarcas de Ribagorza en Aragón, y Alta Ribagorza en Cataluña. Así se mantuvieron (con excepción de algunos pequeños periodos) hasta el establecimiento definitivo de la frontera entre Aragón y Cataluña mediante el río Noguera Ribagorzana en el año 1322.

Valle de Arán

Antes de la formación del reino de Aragón, el valle de Arán estaba vinculado al Condado de Ribagorza. Con la creación del reino este valle se incorporó a los dominios de Ramiro I. Precisamente en el ejercicio de su reinado Pedro I de Aragón falleció en 1104 en el valle de Arán. Durante los siglos XII y XIII el valle pirenaico cambió de manos entre los condes de Bigorra, condes de Cominges y los reyes de Aragón. Entre 1298 y 1313 fue integrado provisionalmente en el reino de Mallorca. En ese último año fue reintegrado al reino de Aragón por Jaime II el Justo, dotándolo de instituciones propias. Tras el Compromiso de Caspe, en 1412, la Generalitat de Cataluña emitió un decreto que lo incorporaba al Principado de Cataluña. Después de tres siglos de pertenencia a Aragón de forma no continuada el valle de Arán dejó de serlo.

Reino de Pamplona

El rey Sancho Garcés IV de Pamplona, hijo de Sancho III el Mayor, fue asesinado en 1076 durante una cacería, siendo arrojado a un precipicio en Peñalén por su hermano Ramón. Ante el vacío de poder Castilla y Aragón aprovecharon la situación para ocupar su territorio. El rey castellano tomó lo que ahora es el País Vasco y La Rioja. El rey aragonés Sancho Ramírez ocupó la mayor parte de las tierras de la actual Comunidad Foral de Navarra, proclamándose rey de Pamplona alegando derechos dinásticos con el visto bueno de la nobleza navarra. En 1087 Sancho Ramírez firmó varios tratados con Alfonso VI sobre las fronteras entre Navarra y Castilla para asegurarse un frente ante la presencia almorávide. Con ello se quedó el aragonés sólo con el Condado de Navarra, que comprendía Tafalla, Estella y Pamplona. Durante cincuenta y ocho años estos territorios permanecieron vinculados a Aragón. La muerte de Alfonso I el Batallador sin sucesor deja el reino en manos de las órdenes militares. Los nobles navarros deciden investir como rey de Pamplona a García Ramírez el Restaurador en 1134, dejando de ser aragonesas las tierras navarras.

Navarra, La Rioja y Soria

Con el avance imparable de las tropas de Alfonso I el Batallador, siendo rey de Aragón y Pamplona, fueron conquistadas tierras a los musulmanes pertenecientes actualmente al sur de Navarra, La Rioja y Soria. Entre 1109 y 1114 Soria fue repoblada por el rey aragonés. Un año después de la toma de Zaragoza, fueron reconquistadas a los musulmanes las localidades de Tudela, Ágreda y Alfaro. Tudela fue tomada el 1 de agosto de 1119. Se permitió a musulmanes y judíos mantener sus dreitos* y religión con la condición de trasladarse a vivir a extramuros de la ciudad. Ágreda fue tomada en 1119 por tropas aragonesas y francesas lo que dio lugar a una repoblación con los cruzados franceses. Alfaro también fue tomada por el rey aragonés, reconstruyendo las murallas y haciendo un primer reparto de aguas. Hacia el año 1129 conquista el valle alto del Jalón, con la localidad de Medinaceli.

*Dreitos: Derechos.

Estas tierras fueron reconquistadas en nombre del Reino de Aragón, pero sólo fueron aragonesas durante unos años. Se perdieron definitivamente con motivo de la muerte de Alfonso I el Batallador. Entonces el reino de Pamplona que se disgregó de nuevo y la tensión fue aprovechada por Alfonso VII para engrosar el resto de estas tierras al reino de Castilla.

Molina de Aragón

También Alfonso I el Batallador reconquistó tierras de Guadalajara en su avance contra los sarracenos. En el año 1129 tomó la importante plaza de Molina de Aragón, aunque estas tierras fueron repobladas por los castellanos. Las disputas entre ambas reyes por este territorio se solucionaron aceptando la creación del señorío de Molina. Su regente, Manrique Pérez de Lara, hizo de mediador sellándose la concordia de Carrión en 1137. Fue independiente de Castilla y Aragón durante siglo y medio y poseyó fuero propio. A partir de 1321 pasa a formar parte de la Corona de Castilla. Durante la guerra de los Pedros, entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla, fallece el rey castellano en 1369. Enrique de Trastámara le sucede y decide entregar el señorío de Molina al monje francés Bertrand du Guesclin. Los molinenses no aceptaron a su nuevo señor y se entregaron a Pedro IV de Aragón. Durante seis años perteneció a Aragón, volviendo de nuevo al poder castellano en 1375 con la firma de la Paz de Almazán. Con motivo de este periodo de la historia de Molina de los Caballeros pasó a llamarse Molina de Aragón, así hasta nuestros días.

Marquesados de Tortosa y Lérida

Tras la muerte de Alfonso I el Batallador sin descendencia su testamento otorgaba el reino a las Ordenes de los Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro de Jerusalén. Los nobles aragoneses llegaron al acuerdo de que reinase su hermano Ramiro II el Monje. Con el nacimiento de su hija Petronila de Aragón en 1136 se garantizaba la sucesión dinástica. Un año después se decidió el casamiento con Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, que se hizo cargo del gobierno del reino como Príncipe de Aragón. Éste reanuda las conquistas militares de tierras musulmanas. El enlace matrimonial se formalizó en 1150, al cumplir Petronila los 14 años.

Ramón Berenguer IV conquistó las plazas de Tortosa, Lérida y Fraga, ésta última donde fracasó Alfonso I el Batallador. El objetivo era unir el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona. Tortosa fue tomada en 1148. En el asedio participaron tropas aragonesas y catalanas, a las que se sumaron una flota fluvial con contingentes de Montpellier y Génova. Con los nuevos territorios se creó el Marquesado de Tortosa. Un año después, el 24 de octubre de 1149 cayeron las plazas de Fraga y Lérida, en el mismo día. La ciudad de Lérida fue tomada por las tropas de Ramón Berenguer IV y el conde Ermengol VI de Urgell. Con ello se creó el Marquesado de Lérida con la ciudad y las tierras limítrofes conquistadas.

El motivo de la creación de ambos marquesados se debe a la situación geográfica, en territorios que estaban en la frontera del reino (marca del reino). No se dejó claro con la conquista de ambas zonas si éstas formaban parte del Reino de Aragón o del Condado de Barcelona. Tampoco ni las tropas que participaron en la conquista de cada ciudad ni el origen de gente que las repobló clarifican una posesión clara. Por ello simplemente fueron un territorio conquistado más, bajo el título de un marquesado. Ramón Berenguer IV a partir de entonces se convierte en Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón y Marqués de Tortosa y Lérida.
Después se sucedieron las disputas entre aragoneses y catalanes por los nuevos territorios, solicitados desde las cortes de ambos territorios interpelando a los respectivos reyes, que adoptaron las diferentes imposiciones según las circunstancias políticas. Así se puede decir que la frontera entre Aragón y Cataluña fluctuó entre los ríos Cinca y Segre. En el año 1300 Jaime II aprobó en las Cortes celebradas en Zaragoza la pertenencia a Aragón del antiguo Condado de Ribagorza, incluidas las tierras catalanas, mientras Fraga se mantuvo en manos catalanas. En el año 1322 se estableció definitivamente la frontera mediante el río Noguera-Ribagorzana. En cuanto a Fraga, a pesar de la complejidad de los documentos se puede considerar que pasó a manos aragonesas a lo largo del siglo XIV.

Occitania

Al otro lado de los Pirineos se encontraba un vasto territorio conocido como Occitania y que se corresponde en gran parte con la actual región de Mediodía francés. Estas tierras estuvieron divididas en multitud de condados y vizcondados interrelacionados por multitud de acuerdos feudales entre los que se firmaban alianzas según los intereses del momento. Tras la unión de los territorios aragoneses y catalanes, en el siglo XII, la Corona de Aragón tuvo en crecimiento espectacular. Al norte de la coordillera pirenaica ambos tenían vasallos gracias a los enlaces matrimoniales que se habían llevado a cabo. Alfonso II de Aragón poseyó los condados de Rosellón y Provenza. Además buena parte de los condes y señores de la Occitania eran vasallos suyos. Su hijo, Pedro II de Aragón, mantuvo la influencia y posesiones al otro lado de la cordillera pirenaica. Se casó con María de Montpellier incorporando este señorío a la Corona de Aragón. En el siglo XIII toma fuerza la llamada herejía cátara, conociéndose sus seguidores como albigenses (de la ciudad Albí perteneciente a los condes de Tolosa). El papa Inocencio III denunció esta situación y como no se resolvió animó a los reinos cristianos a acudir en una cruzada contra Toulouse. Esta situación es aprovechada por Felipe II de Francia para avanzar hacia el sur de Francia. Las partes se enfrentaron en la batalla de Muret en el año 1213. Al otro lado estaban Pedro II de Aragón, apoyado por sus vasallos y aliados Raimundo VI de Tolosa, Bernardo IV de Cominges y Raimundo Roger de Foix. El triunfo de las fuerzas francesas dejó numerosas bajas en las tropas aragonesas y occitanas, entre ellas la muerte del rey aragonés. A partir de este momento la expansión aragonesa se dirigió hacia Valencia y las Islas Baleares.

Reino de Valencia

Los inicios del reinado de Jaime I el Conquistador fueron complicados con la nobleza aragonesa. En el año 1224 los nobles lo llegaron a encarcelar. Un nuevo alzamiento tuvo que solucionarse con la intervención del obispo de Tortosa y la firma de la Concordia de Alcalá en 1227 que apaciguó a nobles y obispos. Al mismo tiempo que los nobles catalanes solicitaron la toma de Mallorca, los aragoneses pidieron al rey la toma de las tierras valencianas en una reunión en Lérida. En el año 1231 el noble Blasco de Alagón y Hugo de Folcalquier, maestre de la Orden Militar del Hospital se reunieron en Alcañiz para diseñar el plan de ataque. En 1232 se toma el importante bastión de Morella. Un año después cayeron Burriana, Peñíscola y Castellón. Finalmente en el año 1238 tuvo lugar la capitulación de la ciudad de Valencia. Avanzaron las tropas aragonesas hacia el río Júcar tomando Alcira en 1242. Desde 1243 a 1245 se alcanzaron los límites firmados entre el Alfonso X de Castilla y Jaime I el Conquistador. En el Tratado de Almizra de 1244 se marcó la línea entre Biar y Villajoyosa como límite entre Aragón y Castilla para las tierras tomadas a los musulmanes.
Sin embargo la ansiada oportunidad histórica de poder ampliar el Reino de Aragón hasta el mar Mediterráneo fue truncada por Jaime I el Conquistador. Su decisión de crear el Reino de Valencia con las nuevas tierras conquistadas provocó fuerte indignación entre la nobleza aragonesa. Primero les otorga el Fuero de Aragón y finalmente en 1239 se elaboró la primera redacción de los Fueros de Valencia, lo que supuso la existencia legal del nuevo reino con un marco jurídico y legislativo propio.

Desde el siglo XV Aragón quedó delimitado por unas fronteras que prácticamente no han variado hasta nuestros días. Un territorio perfectamente definido desde hace más de seis siglos, y que surgió como reino independiente en el siglo XII. Un historia escrita y documentada que convierte a nuestra tierra en uno de los estados más importantes y con mayor historia de toda Europa.

Ibón de Escalar, kilómetro cero del río Aragón

El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales el vasco ha recibido numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón. Con el avance de la reconquista se tomaron las tierras que dieron lugar a Aragón. Más adelante se creó la Corona de Aragón, producto de la confederación de varios reinos y condados que llevaron el nombre de Aragón recorriendo el Mar Mediterráneo hasta el mismo Partenón de Atenas, en Grecia.

El río Aragón dio nombre al condado, reino, corona y actual comunidad autónoma, una tierra con entidad propia desde hace doce siglos hasta la actualidad. Es el segundo afluente más caudaloso del Ebro, después del Cinca, y nace en el ibón de Escalar. En sus inicios se le incorporan las aguas del barranco de Astún y de varios arroyos, conformando el valle de Astún. Este pequeño valle de alta montaña pertenece paradójicamente al término municipal de Jaca, a pesar de estar situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. El Puerto Astún pertenece a Jaca por lo menos desde el siglo XIV. En esta época se llegó a un acuerdo con el valle del Aspe para el aprovechamiento común de este valle y de terrenos comunales del valle francés bajo unas determinadas normas. Este tratado se mantuvo entre ambos valles incluso en épocas políticamente inestables entre ambos países. En la actualidad todavía se siguen celebrando arrocladas* para ratificar estos acuerdos de manera festiva. El valle limita al sur por el Pico La Raca (2.277 m), al este por la Punta Mala Cara (2.268 m) y por el Pico de Astún (2.283 m). Al norte haciendo frontera con Francia se alzan la Punta del Escalar (2.283 m), el Pico Escalar o Pic de Belonseiche (2.297 m) y el Pic Bénou (2.267 m).
*Arroclada: Reunión.

Debido a las buenas condiciones meteorológicas el ayuntamiento de Jaca promovió el establecimiento de una estación invernal, gracias al empeño de un grupo de pirineístas, entre los que se encontraba Santiago Marraco y José Manuel Pantoja. En diciembre de 1976 se puso en marcha la Estación de Astún. Ocupa terrenos situados entre los 1.700 y los 2.300 metros de altitud. La Casa de Astún, bloque en forma de pirámide, fue durante muchos años el único edificio. En él había apartamentos, dependencias de la estación y un pequeño comercio. Posteriormente se fue ampliando la oferta hostelera con más apartamentos. En cuanto a las instalaciones propias para el esquí alpino, cuentan con 16 remontes y 50 kilómetros de pistas balizadas.

La construcción de la estación de esquí ha supuesto un gran impacto medioambiental en un ecosistema de alta montaña, en el fondo de un precioso valle pirenaico. A pesar de que no se trata de una gran estación, sus edificios alcanzan una docena de plantas, ocupando una superficie de 10.000 m2. Su tono rojizo contrasta con el verde de sus laderas, salpicadas por arbolado en el costado norte. Mayor afección suponen las áreas de aparcamiento, ya que no existe una alternativa al automóvil o autobús para acudir a este enclave, con el consiguiente efecto de contaminación y de ruido. Ocupan una superficie de 4 hectáreas de superficie y la mayor parte del mismo se disponen a cielo raso. Y para acondicionar toda esta superficie de asfalto fue necesario cubrir parte de las galoxas* que descienden de los ibones de Escalar y Astún, cuyas aguas se unen bajo los aparcamientos, y que discurren ocultas 600 metros hasta abandonar las instalaciones. Pero el mayor daño medioambiental fue la construcción de los numerosos kilómetros de pistas que surcan las laderas del valle, acribilladas por los postes de los remontes, los postes de tendidos eléctricos, los puntos de innivación artificial, así como de otras pequeñas construcciones. Una realidad oculta por el rendimiento económico para el valle y disfrute de los esquiadores que se deslizan por sus laderas en invierno cuando hay nieve, unos cuatro meses al año. El resto del año el precioso manto blanco deja paso al degradante aspecto de unas instalaciones vacías y sin prácticamente actividad.
*Galoxa: Arroyo.

El ascenso hasta el nacimiento del río Aragón es una excursión clásica. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, hay que aproximarse al arranque de la senda. Ésta parte junto al desagüe donde se introducen las cristalinas aguas del barranco de Escalar en el túnel que atraviesa las instalaciones. Un sendero con pronunciado desnivel en su primer tramo y que discurre cerca del cauce. Tras unos veinte minutos la pendiente se suaviza y se atraviesa una zona cubierta por pastizales salpicados de flores. Más adelante el ascenso se vuelve más acentuado, a la vez que el cauce se encaja en un tramo más angosto con sucesivos saltos. Tras una hora de caminata se alcanza la cuenca donde se asienta el Ibón del Escalar, también conocido como Ibón de las Ranas. Sus aguas turbias y anaranjadas son debidas a la presencia de oxido de hierro disuelto en sus aguas, en claro contraste con las praderas tapizadas de color verde a su alrededor. La lámina de agua está a 2.078 metros de altitud. Ocupa una superficie de 3,6 hectáreas y su profundidad no supera los tres metros. En su extremo derecho, en alto, termina una pista que sirve de conexión con el segundo ibón. Poco más de un kilómetro sin desnivel que ofrece una vista amplia de las cumbres que bordean el valle de Astún y la zona de Candanchú, así como otros vértices más altos, el Pico Anayet y el Pico Aspe. Se alcanza el final del telesilla de los Lagos, a donde se puede ascender desde la estación de Astún en verano. A escasos metros se divisa a una cota inferior el Ibón de Astún, también conocido como Ibón de Astún. Se asienta a 2.144 metros de altitud. Con una superficie de 2 hectáreas, cuenta con una profundidad de casi cinco metros. El nombre hace referencia a las truchas que lo habitan debido a su introducción para la pesca, que amenazan el hábitat original de este lago pirenaico. Sus aguas alimentan el cauce del barranco de Astún que junto a las del barranco de Escalar dan forma al joven río Aragón.

Chodes, doce lados tiene su plaza

El río Jalón, el mayor afluente del Ebro por su margen derecha, nace en tierras castellanas y recorriendo Aragón conduce sus aguas al valle del Ebro. En el tramo medio debe atravesar el Sistema Ibérico dando lugar a un trazado agreste y sinuoso, conocido como las Fozes* del Jalón. Enclavado en este paisaje está Chodes, junto a una de las vegas más amplias de esta zona montañosa, lo que favorece el cultivo de frutales.

*Foz: Hoz, desfiladero.

Sin embargo su asentamiento fue otro hasta tan sólo trescientos años. El origen estuvo en una fortaleza situada en la peña de Lodos, a un kilómetro de distancia del actual enclave. Desde este punto estratégico se controlaba el estrecho valle del río Jalón. La primera cita documental del castillo se remonta al año 1131. Alrededor de la fortaleza se forjó una pequeña población, que en 1495 contaba con 17 fuegos o familias. La población era fundamentalmente morisca, quedando muy mermada tras el decreto de expulsión de los moriscos en 1610. En cuanto a la construcción defensiva, se ubica en un peñasco de difícil acceso, de forma ovalada con 30 metros de eje mayor. De su estructura sólo se conservan restos de una torre cuadrada, en el lado que mira al río, así como de pequeños lienzos de la muralla.

En el siglo XVII el antiguo pueblo estaba en una situación decadente. Viviendas en mal estado y con escasos vecinos situados lejos de las tierras de cultivo lo que hacía peligrar la población. El Conde de Morata, Francisco Sáenz de Cortes decidió construir un pueblo de nueva planta en la vega, en la partida de Capurnos. Para ello contrató al arquitecto Juan de Marca, el cual también estaba llevando a cabo la obra de su palacio situado en Morata de Jalón, a menos de dos kilómetros de distancia. Entre 1675 y 1681 se levantó por el mismo arquitecto el puente de Capurnos, que servía para salvar el río Jalón y comunicar ambas localidades. En el año 1676 se firmaron los documentos para llevar a cabo la obra de la plaza, y dos años después ya estaba terminada. Se trata de un conjunto urbanístico de gran importancia, tanto por su diseño planificado previamente como por su singularidad. En el año 2001 fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico.

La plaza de Chodes tiene forma poligonal de doce lados. Ocho de ellos son iguales y los cuatro restantes ligeramente más largos. En su perímetro interior se encajan las fachadas de las 24 viviendas formando un puzzle perfecto y armónico. Cada uno de los lados se corresponde con dos viviendas, excepto los lados mayores que albergan dos viviendas y un pasadizo que sirve de acceso al interior. Estos pasos se ubican en disposición ortogonal. Todos ellos menos uno, cuyo espacio se reservó inicialmente para albergar la iglesia parroquial. Estos accesos se abren con arcos de ladrillo tanto al interior como al exterior, ocupando dos tercios de la altura de los edificios, lo que permite un espacio habitable entre el arco y el tejado. Los pasadizos se cubrían con bóveda de lunetos, cuya estructura sólo se conserva en uno de ellos, siendo los restantes cubiertos por techumbre. Los dos accesos enfrentados, todavía a día de hoy, siguen siendo el paso de la carretera autonómica A-2302 que conecta Morata de Jalón con el valle del río Isuela. Urge una solución para eliminar el tráfico rodado por la plaza, en especial de los camiones de alto tonelaje. Precisamente su volumen produce desperfectos de manera habitual en los arcos de ladrillo de los pasos. El tercer acceso conduce a la huerta. Tiene la singularidad de contar con un sencillo frontón triangular con un óculo central. Se ubica en la fachada interior, rompiendo la línea del tejado. Enfrentado a éste se alza la iglesia de San Miguel.

El diseño planteaba 24 viviendas de similares características, y para ello se tomó como patrón la vivienda que Juan de Yarza tenía en Morata de Jalón, uno de los técnicos que participó en la construcción de la obra. Contaban con dos alturas, acceso de arco de medio punto, balcón y pequeños ventanucos en la parte alta. Su fachada está delimitada por pilastras de ladrillo desde el suelo hasta el tejado, rematadas con bolas de piedra decorativas. Los tejados se cubren a dos aguas, unidos entre sí, y dando lugar a la misma forma poligonal. Al interior todas tenían la misma configuración, contando con las estancias, chimenea, bodega y corral.

La estructura planteada inicialmente se ha conservado casi en su totalidad. Sólo dos de las viviendas fueron ampliadas en altura con dos solanares*, rompiendo la línea del tejado. Curiosamente las dos bolas situadas en el tejado fueron recolocadas en la parte baja de la fachada, a ambos lados del acceso a una de las viviendas. Otra modificación fue la conversión de una de las viviendas en el ayuntamiento de la localidad. En su fachada luce reloj y sobre el tejado un pequeño campanil. Finalmente, y con el paso del tiempo, han sido modificados los vanos de buena parte de las viviendas, adaptándolos al uso de las viviendas y de sus propietarios. En la planta baja es donde son más evidentes estas modificaciones, con las puertas de las viviendas y las cocheras. Destacan otros detalles como dos relojes de sol, uno de ellos sobre uno de los arcos de acceso, y el otro en la vivienda contigua a la iglesia.

*Solanar: Solana, galería orientada al sol.

En cuanto a la iglesia de San Miguel, no se sabe exactamente el año de su construcción. Su estrecha fachada de ladrillo cuenta con portada de arco de medio punto elevada respecto a la plaza, a la que se accede por una sencilla escalinata. Encima una hornacina y más alto un óculo. Sobre el tejado y alineado con la fachada se alza la torre, con dos arcos de medio punto cegados, y en la parte alta dos más que albergan las campanas. Se culmina con un sencillo frontón triangular. En el  interior se compone de una nave cubierta con bóveda de lunetos, capillas entre los contrafuertes y cúpula sobre el crucero. La cabecera es plana.

Una de las peculiaridades de esta plaza es la celebración de una de las carreras de pollos más famosas de Aragón. Cada año, para las fiestas de San Miguel a finales de septiembre, se celebra esta carrera popular que se remonta documentalmente al año 1907, pero que se celebraría ya en el siglo XIX. Conocida como el “Mundial del Pollo”, debe su nombre al premio que inicialmente se daba en este tipo de carreras, tres pollos al ganador, dos para el segundo, uno para el tercero y una cebolla para el último clasificado. Después fueron sustituidos por premios en metálico. La prueba consiste en completar 120 vueltas a la plaza, realizando entre 10 y 11 kilómetros. La pista discurre entre las fachadas de las viviendas y los alcorques de los árboles. De manera previa se celebra una carrera para corredores menos experimentados de 60 vueltas. La prueba deportiva es amenizada por una banda de música que interpreta melodías tradicionales de carreras de pollos. Y para dar más emoción a la carrera se ofrecen primas, premios a mitad de la prueba, que suponen un aliciente y un complemento a los premios finales.

Entre los corredores que han participado en la prueba cabe destacar la presencia de Mariano Haro (campeón de España de diferentes especialidades), Fermín Cacho (campeón olímpico en 1500 metros) y de Abel Antón (doble campeón  mundial de maratón) que quedó segundo en el año 1985. En el año 2017 se homenajeó a éste último y se le dedicó uno de los arcos de la plaza. El récord lo posee el corredor marroquí Said Aitadi con 35 minutos y 2 segundos, marca conseguida en la carrera de 2011. El mismo corredor ha ganado la prueba en numerosas ocasiones.

Ramón y Cajal, de ruta por Aragón hacia el Nobel

Ramón y Cajal fue un médico y científico que se especializó en la histología y anatomía patológica. Asentó las bases de la historia moderna de la neurociencia, cuyos conceptos científicos siguen todavía vigentes hoy en día. Por todo ello Cajal es considerado el padre de la neurociencia moderna. Desde niño tuvo la mente abierta, siendo travieso y muy activo. Aficionado a la lectura tuvo una gran capacidad para el dibujo y la pintura. A pesar de no poderse dedicar de pleno a esta faceta artística, entre otras cosas por la oposición de su padre, pudo desarrollar esta habilidad innata en su actividad profesional como médico e investigador. En su juventud y adolescencia desarrolló afición a la montaña y al contacto con la naturaleza. Pero también destacó por su faceta como escritor y fotero*.
*Fotero: Fotógrafo.

Su nombre completo fue Santiago Felipe Ramón Cajal, aunque él usaba Santiago Ramón Cajal. Fue universalmente conocido sin embargo como Santiago Ramón y Cajal, con la unión de los dos apellidos para distinguir su primer apellido de un hipotético segundo nombre de pila, práctica generalizada y legislada en España en el siglo XIX. Otra de las curiosidades hace referencia a su origen. El 1 de mayo de 1852 nació en Petilla de Aragón, una pequeña localidad de Navarra. Este núcleo perteneció al reino aragonés desde el siglo XI, pero pasó a manos navarras tras el incumplimiento de un préstamo de Pedro II de Aragón a Sancho VII el fuerte de Navarra. Desde 1209 su término municipal es una isla geográfica navarra en medio de territorio aragonés. Santiago Ramón y Cajal sólo vivió allí sus dos primeros años de vida, debido al destino como médico-cirujano de su padre, Justo Ramón Casasús. Él siempre se sintió aragonés tanto por la procedencia de sus padres, Justo y Antonia, naturales de Larrés (Huesca), como por su educación familiar y la vida en tierras aragonesas buena parte de su vida.

En el año 1854 se trasladan a Larrés, donde fue destinado su padre. Se trasladaron por la ilusión paterna de ejercer la medicina en su pueblo natal. Los bisabuelos de Cajal procedían de los pueblos cercanos de Isín, Larrés, Aso de Sobremonte, Acumuer y Senegüé, lo que jusfifica sus orígenes propiamente aragoneses. Allí nació también su hermano Pedro. Su estancia fue corta debido a unas desavenencias de su padre con el ayuntamiento.

Al año siguiente la familia se fue a Luna, donde ejerció su padre durante un año.


Y en 1856 el nuevo destino de su padre será Valpalmas, donde permanecen hasta el año 1960. Cuatro años de estancia en los que comenzó su aprendizaje y su pasión por la naturaleza.

Su plaza de médico rural les obliga a trasladarse a Ayerbe. En esta población termina su primera enseñanza. Sus estudios de segunda enseñanza los cursa en los Escolapios de Jaca y en el Instituto de Huesca, volviendo en las vacaciones escolares al pueblo. Su rebeldía y condición de mal estudiante hace que su padre lo ponga de aprendiz de zapatero dejando temporalmente sus estudios en 1866. Finalmente en 1869 obtiene su título de bachiller.

En el mismo año se trasladó a Zaragoza al obtener su padre la plaza de profesor de Disección y Osteología en la Escuela Libre y Regional de Medicina. A la vez su hijo inicia sus estudios universitarios de Medicina. Su padre ya le había iniciado en el estudio de la disección unos años antes en Ayerbe, con el robo de calabres* del cementerio. En Zaragoza le acompañaba en sus trabajos de disección en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Una vez licenciado en junio de 1873 fue llamado para cumplir con el servicio militar obligatorio. En unos meses obtiene plaza en el Cuerpo de Sanidad Militar siendo destinado a Lérida. Un año después asciende a capitán y marcha a Cuba. Su ideal aventurero atraído por los paisajes tropicales choca frontalmente por la realidad del país dominada por el caos administrativo y las enfermedades debido a las condiciones insalubres de su destino, que le hacen contraer el paludismo. Su situación de gravedad le obliga a solicitar la licencia para volver a España en 1875, en un estado grave de deterioro físico. Cuidado por su madre y hermanas logra recuperar la salud y retoma la actividad académica como profesor en la Universidad de Zaragoza. Con sus ahorros Cajal se compra un microscopio con el que acondicionó su propio laboratorio donde inició sus investigaciones histológicas. Sus habilidades artísticas le permiten dibujar con todo lujo de detalles lo que veía a través del instrumento óptico. Y comienza a elaborar un álbum fotográfico que es utilizado posteriormente para el aprendizaje en la Universidad de Zaragoza, así como para demostrar sus investigaciones científicas. En el año 1879 contrajo matrimonio con Silveria Fañanás en la iglesia de San Pablo de Zaragoza, estando ausentes sus padres no conformes con este enlace. Tuvieron siete hijos: Santiago, Felina, Pabla Vicenta, Jorge, Enriqueta, Pilar y Luis. En el año 1885 con motivo de epidemia de cólera que castigó especialmente a Zaragoza, la Diputación de Zaragoza le regala un microscopio de alta calidad y le encarga un estudio sobre el bacilo causante de la enfermedad. Sus investigaciones no trascendieron aunque fueron anteriores al desarrollo de una vacuna unos años después por dos médicos americanos.
*Calabre: Cadáver.

En lo profesional trabajó como médico y ocupó cátedras en universidades de Valencia, Barcelona y Madrid. El año 1888 fue clave en su desarrollo como investigador. Entonces descubrió los mecanismos de conexión entre las neuronas determinando que eran células independientes cuya relación daba lugar a los impulsos nerviosos. Al año siguiente su teoría de la “doctrina de la neurona” fue aceptada en un congreso científico en Alemania. A partir de entonces comienza su reconocimiento internacional. En el año 1892 se traslada a Madrid y en 1901 establece un Laboratorio de Investigaciones Biológicas. En el año 1906 le llega el reconocimiento más importante de su vida, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Uno de los ocho españoles que han logrado este galardón, siendo el único aragonés. El premio fue compartido con Camillo Golgi. Gracias al método desarrollado por el científico italiano se podían teñir las neuronas y así poder conocer su forma exacta. Se da la paradoja de que el descubrimiento de Cajal demostró que la teoría sobre las neuronas de Golgi no era cierta, determinando así que el tejido cerebral está compuesto por células individuales. Tras abandonar la docencia universitaria, en 1922 funda el Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, en el cual estuvo trabajando hasta su fallecimiento el 17 de octubre de 1934. Cuatro años antes le había dejado su mujer, lo cual supuso un importante golpe afectivo.

Además de sus investigaciones, trabajó intensamente en vida como docente para que su labor fuera continuada por los alumnos. A su muerte dejó cuatro legados de 25.000 pesetas cada uno para fomentar los estudios en la Universidad de Zaragoza. Legó un importantísimo fondo documental compuesto por documentos, dibujos y pinturas científicas, preparaciones histológicas y fotografías realizadas a lo largo de su carrera profesional. Entre ellos cabe destacar las 2.900 ilustraciones de sistema nervioso. Verdaderas obras de arte dibujadas a lápiz y pintadas con tinta india, que reflejan con exactitud la complejidad de las estructuras cerebrales. Todo ello está depositado en el Instituto Cajal, con sede en Madrid, que conserva el legado Cajal para ser visitado previa solicitud. Parece mentira que a pesar de la transcendencia internacional de sus investigaciones, todo ello esté guardado en un pequeño espacio. Sin duda alguna queda la asignatura pendiente de crear un museo para poder divulgar de manera permanente estos valiosísimos materiales, y facilitar la interacción con el mundo académico para poder realizar investigaciones, trabajos, tesis doctorales, cursos, conferencias y reuniones científicas.

Un molino de viento, el caballo de Troya de Malanquilla

El despertar de Malanquilla comenzó en el año 1975 con motivo de la renovación de las cubiertas de la iglesia parroquial mediante suscripción popular, lo que dio lugar a las primeras apariciones en los medios de comunicación. La unión de los vecinos ya había sido fundamental en la construcción del almacén de grano en 1954 y el cementado de la plaza en 1955. Pero el azar quiso que el 26 de julio de 1976 tuviera lugar un hecho que marcó la historia reciente de la localidad. Seis jóvenes de entre 9 y 18 años que pasaban el verano en el pueblo avistaron un ovni en el paraje del Aguadero, a siete kilómetros del casco urbano. A plena luz del día quedaron sorprendidos por un objeto cuyo centro era de color rojo, con dos platos unidos que giraban y destelleban brillos amarillos. Llegó a gran velocidad, se detuvo sobre ellos y después se fue rápidamente. Nunca se supo de qué se trataba, pero eso es lo dijeron que habían visto. La noticia saltó a los medios de comunicación de manera fulminante, y ello puso a Malanquilla de actualidad. A la vez salió a la luz su decadencia económica pero también su valioso patrimonio artístico. La difusión nacional e internacional animó a estos jóvenes a dinamizar la vida cultural de Malanquilla. El monumento más singular, su molino, se convirtió en su caballo de Troya en esta lucha por la recuperación del pueblo. En unos meses se consiguió que su dueño lo donase al ayuntamiento. Para conseguir su objetivo contactaron de manera directa con los responsables de los museos provinciales de Zaragoza y Soria, Museo de Arqueología Nacional, Museo del Prado, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como la Diputación de Zaragoza, el Obispado de Tarazona y hasta la Embajada de Méjico.

A finales de 1976 surgió la idea de crear una Patrulla de Rescate, para formar parte del programa escolar “Misión Rescate” de Radio Televisión Española en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Artístico. Al mando de su capitán, el profesor Miguel Velilla, le acompañaban Antonio, José María, Javier, Enrique, Marcelino y una veintena de componentes más. La Patrulla núm. 26 “Ciudad de Malanca” aparecía todos los sábados en RNE. Incluso TVE mandó un equipo de reporteros desde los estudios de Prado del Rey al pueblo grabando a los jóvenes en cada uno de los monumentos que se quería poner en valor. Fue una jornada histórica, más cuando fueron emitidas las imágenes del pequeño pueblo al sábado siguiente para toda España. Después de meses de intenso trabajo, en octubre de 1977 TVE otorgó el Trofeo de Oro por “la completa revalorización artística, arqueológica, documental y etnográfica” llevada a cabo por el grupo. Se trataba de un premio anual que recaía por primera vez en Aragón. La entrega tuvo lugar en noviembre en el palacio de Exposiciones del Paseo de la Castellana, a cuyo acto acudieron vecinos de la localidad en un autocar. El premio fue de 75.000 pesetas destinadas a la compra de columpios para el parque municipal creado poco tiempo después por iniciativa de estos jóvenes una vez desecada una balsa gracias a la aportación de la Diputación Provincial de Zaragoza. Además cinco miembros junto con el profesor disfrutaron de un viaje cultural por Andalucía. Y el trofeo: una estatuilla que interpreta la “Victoria de Samotracia”. Sin embargo el principal premio, la reconstrucción del monumento elegido por los participantes, el molino, no llegó. La organización se justificó diciendo que el premio fue otorgado en reconocimiento al conjunto monumental y a su intensa labor de difusión. Ante tal batacazo el grupo dimitió de Misión Rescate anunciándolo de manera pública en Huesca. La campaña de desprestigio hacia la organización pudo influir en la desaparición del programa un año después.

Mientras se iban recogiendo los apoyos necesarios de los vecinos, instituciones y medios de comunicación, se creó la Junta de reconstrucción del molino. Entre los donantes hubo nombres como Paco Martínez Soria, Víctor Ullate o Montserrat Caballé. Y de manera paralela se llevó a cabo una intensa labor de investigación, revisando a fondo tanto los archivos municipales como los parroquiales, con datos desde 1338. Entre ellos sobresale el descubrimiento de un documento censal de 1550, un pergamino de grandes dimensiones que fue restaurado a través del Centro Nacional de Restauración de Libros y Documentos del CSIC. Realizaron además un inventario de todas las obras y objetos sacros de la iglesia parroquial. Durante la revisión de documentos se encontró una mención al molino del año 1665, así como el origen de la fuente romana, considerada neoclásica hasta entonces. También se desplazaron a La Mancha para recabar información de los especialistas en molinos de viento.

En 1981 se crea la Asociación Cultural “Miguel Martínez del Villar”, honrando al regente de la Corona de Aragón e historiador natural de Munébrega. Supuso la consolidación del movimiento cultural. El 4 de julio de 1981 se colocó la primera piedra de la reconstrucción del molino. A partir de 1982, durante el verano, se organizaron las Jornadas Culturales de Malanquilla con talleres, exposiciones, conferencias, representaciones teatrales o proyecciones de cine. Y surgieron nuevos proyectos como la creación de la biblioteca municipal con un fondo de libros dedicados, entre otros, por Henry Kissinger, Gerardo Diego y Sofía Loren, a los que se unió la donación de mil ejemplares por parte del Ministerio de Cultura.

En 1983 se nombra como Cronista oficial de Malanquilla a Antonio Sánchez Molledo, el cual se ha encargado de representar y de divulgar la localidad en numerosos actos y eventos, también desde internet a través del portal Desde Malanquilla donde es posible bucear en la historia reciente de la localidad. Además se publicaron varios números del Boletín informativo de la Asociación Martínez del Villar, así como el libro “Crónica Sentimental de Malanquilla”, de Jesús Marín Rubio. Hasta se recopiló una galería de fotografías dedicadas por personalidades como Manuel Fraga, Raphael o Felipe González. Más de un centenar de artículos en prensa y entrevistas en la radio divulgaron este movimiento cultural. Alberto Montaner, José María y Antonio Sánchez Molledo se encargan del diseño del escudo municipal, autorizado en 1991 por la DGA. En él figura un molino de viento, un haz de espigas y las barras del reino de Aragón, cerrado por corona real española. Tras la desaparición en 2000 de la asociación, en el año 2007 se crea la Asociación Cultural “La Cocuta”, que pretende dar continuidad al movimiento cultural tan arraigado en la localidad. Tres años después dejó su actividad. En la actualidad existen dos asociaciones en el pueblo, una de mayores y otra de mujeres que organizan diferentes actividades a lo largo del año y sirven para afianzar la relación social entre los malanquillanos. A ellas se añade una comisión de festejos que organiza las fiestas todos los años durante el verano.


En cuanto al molino de viento la reconstrucción del mismo tardó más de una década en hacerse realidad, y las obras no se ejecutaron de una manera correcta, pero al final se completó. En el año 2003 se rompió el asiento donde se apoya el eje y se cayeron las aspas. Tanto para la reconstrucción inicial como en esta reparación puntual las aspas fueron traídas de Mota del Cuervo. En marzo de 2008, los fuertes vientos causaron graves desperfectos en el palo central, arrancando de nuevo las aspas. Finalmente el 21 de agosto de 2010 tuvo lugar la inauguración oficial del monumento, en cuya reconstrucción integral han colaborado la Diputación Provincial de Zaragoza, el ADRI Calatayud-Aranda y la comarca Comunidad de Calatayud, además del propio Ayuntamiento de Malanquilla. Prames fue la empresa encargada de llevar a buen término el proyecto.


La localidad de Malanquilla cuenta con uno los molinos de viento más grandes de la geografía española. De tipología manchega, su diámetro de 6,7 metros es ligeramente mayor al del resto de los molinos de La Mancha (6 metros). Respondiendo a su clasificación, pertenece al tipo C de Kruger, molinos de viento del tipo Mediterráneo, dispersos por Sicilia, Ibiza, La Mancha y Aragón. Su ubicación es además la más septentrional dentro de este tipo de molinos, siendo uno de los pocos ejemplos dentro de Aragón. El molino de Ojos Negros, en la provincia de Teruel, fue restaurado años después a iniciativa del grupo de Malanquilla y también conserva la misma tipología. El resto se localizan en la provincia de Zaragoza. De todos ellos el de Tabuenca es el único que fue restaurado aunque sin proveerle de aspas, mientras que el resto se encuentran en ruinas: Sestrica, Aguilón, Used, Torralba de Ribota o Bujaraloz. El origen de los molinos de viento está en Oriente próximo, en el siglo VII. Traídos posiblemente por las Cruzadas, pasaron por Europa y llegaron a España. La construcción del molino de Malanquilla data del siglo XVI, cayendo en desuso a partir de 1733, cuando Bijuesca autorizó a los de Malanquilla el uso de los molinos de agua del río Manubles, que permitían su uso de manera más regular que éste que depende del viento.

Consta de planta circular, con tres plantas cuya altura es de unos nueve metros, a lo que se añaden tres más de cubierta de madera. En la parte baja se abren dos accesos adintelados, uno enfrente del otro. En la planta primera se abren varias ventanas, y en la segunda planta se abren al exterior con doce pequeñas ventanas adinteladas en todo su perímetro. En esta planta se encuentran las piedras de molturar el grano, de dos metros de diámetro. Para conexión entre las plantas cuenta con una escalera de caracol. El movimiento de las aspas de doce metros de longitud se transmite a las dos piedras, volandera y solera, entre las cuales se muele el grano. Se cierra en la parte alta con la cubierta en donde se acoplan las aspas, y de donde parte una gran viga de madera que llega al suelo. La techumbre de madera es móvil y se accionaba por un palo de gobierno desde el exterior, con el fin de orientar las aspas a la dirección de viento existente. En su interior se molían cereales como trigo, ordio*, avena o centeno.
*Ordio: Cebada.

Malanquilla está ubicada en las estribaciones de la Comarca de Calatayud, próxima a la provincia de Soria. Situada en las cercanías de la Sierra de la Virgen, y junto al nacimiento de la rambla del Ribota, a 1.052 metros de altitud. El origen de Malanquilla es incierto, si bien se han localizado en su término municipal varios asentamientos ibero-romanos y medievales. Repoblado por Alfonso I, la primera cita documental nos sitúa en 1264. Entre los años 1325 y 1330 Jaime II mandó construir el castillo, del que apenas resta un lienzo de pared. El paso de la guerra junto con la peste hizo diezmar de tal manera la población, que en el año 1429 quedó despoblada por completo. Se repobló pocos años después. También hubo otros pequeños lugarons* a su alrededor que no sobrevivieron a la Edad Media. Fue lugar de realengo, y perteneció a la comunidad de aldeas de Calatayud hasta el año 1837, en que desapareció dicha organización. En el año 1910 se alcanzó la máxima población censada al alcanzar los 628 habitantes. En el siglo XX llegó el ferrocarril a la población gracias a la construcción de la línea Santander-Mediterráneo. Pasó el primer tren en octubre de 1929. En el año 1985 la línea dejó de funcionar. Todavía resta la estación en ruinas, junto a la carretera de acceso.
*Lugarón: Aldea.

Antes de alcanzar el casco urbano, con acceso por un corto camino desde la carretera, está la nevera. Está acostada en la parte alta de la ladera del barranco del Regacho. Este pozo de hielo puede datar del siglo XVII. Parece ser que dejó de utilizarse en el primer tercio del siglo XIX por falta de nieve. En el año 2010 fue restaurada por el ayuntamiento gracias a una subvención del Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón, y en el año 2018 fue colocado un panel interpretativo en tres idiomas, castellano, inglés y aragonés. La documentación procede del estudio llevado a cabo por Javier Martínez Aznar y Miguel Ángel Solà Martín. Se trata de una construcción excavada en la roca, de planta circular y reforzada con mampostería, y cuya parte alta sobresale del terreno levantada con la misma estructura. En su interior su perímetro es de cinco metros, y su altura de ocho metros. Cuenta con dos aberturas: la puerta de acceso, abierta en la actualidad, por donde se extraía el hielo, y una ventana de menores dimensiones en el lado opuesto, ahora cegada, por donde se introducía la nieve directamente del ventisquero. Su objetivo era la recogida de la nieve en invierno que tras su conservación se convertía en hielo, el cual era extraído en primavera o verano. El destino del hielo era la propia localidad, así como los pueblos más cercanos carentes de nevera. Pero también pudo dar servicio a localidades imporantes como Calatayud o Ateca. El uso primordial era terapeútico, además de gastronómico para conservación de alimentos y elaboración de refrescos.

A escasa distancia de la nevera, y más cerca de la carretera, se alza la ermita románica de Santa María Magdalena. En la actualidad es la única construcción románica que se conserva en Malanquilla. La ermita data de finales del siglo XII o principios del XIII. Tras su estado avanzado de ruina, cuando sólo se conservaba parte del ábside, fue llevado a cabo su restauración, en 2015. En la actuación se ha reconstruido únicamente el espacio del ábside conservando los sillares originales, enluciendo el resto, y cubriendo el espacio con techumbre. Los restos de la ermita conservan el ábside semicircular. Conserva cuatro de los doce canecillos lisos con los que contaba. La nave pudo contar con unos veinte metros de largo, pero el abandono anterior redujo la ermita a una sencilla capilla.

En el centro de la localidad se haya la iglesia parroquial de la Asunción. La actual fábrica sustituyó a otra anterior. Se llevó a cabo la obra entre 1588 y 1604, siendo consagrada el 10 de septiembre de 1594 a las 10 horas por el obispo Pedro Cerbuna. Se construyó con piedra sillar en su fachada, y sillarejo en el resto. El templo cuenta con planta de salón con bóvedas de crucería y se remata con cabecera semihexagonal; entre los contrafuertes se abren capillas laterales. A la plaza se abre su portada, formada por pórtico que se cubre con bóveda de crucería. El acceso está formado por un arco de medio punto flanqueado por pilastras adosadas que se culmina con esferas de gusto herreriano. Sobre ella una hornacina con la figura de la virgen de madera. Se culmina con frontón triangular con volutas. A los pies se alza la torre, en planta rectangular. Su último cuerpo sirve para albergar las campanas, 1816, 1848 y dos de 1987, con cuatro vanos de medio punto, uno en cada dirección. Se remata con chapitel realizado en ladrillo y piedra sillar. En el lado opuesto se puede observar el arranque de una torre proyectada que no se llegó a ejecutar. En su interior conserva un conjunto de retablos de los siglos XVI y XVII, muestra de la escultura aragonesa de influencias castellanas. El retablo mayor de estilo renacentista data del siglo XVI. Consta de cinco calles y cuatro cuerpos con escenas de la vida de María con catorce relieves policromados. En la parte central destaca un precioso sagrario con la escena del nacimiento de Jesús. Otro conjunto de gran valor es el retablo de Nuestra Señora del Rosario, ubicado en una capilla lateral. Data de finales del siglo XVI y está compuesto por catorce pinturas sobre tabla de escuela aragonesa con fuerte influencia del pintor italiano Bassano. Fue restaurado en el año 2003 por el taller de restauración de la Diputación Provincial de Zaragoza. A los pies de la nave se alza el coro, que se apoya en arco de diafragma apuntado y siendo cubierto el espacio inferior por bóveda de crucería. Una balaustrada de piedra cierra el espacio en su parte superior.

A las afueras de la población, junto al camino del cementerio se alza la ermita del Cristo del Humilladero. La sencilla construcción de planta rectangular cuenta a los pies con porche cubierto de techumbre de madera. Una portada adintelada le sirve de acceso. Se trata de una sencilla construcción de planta rectangular. En su interior el altar está presidido por un retablo con la figura del titular de la ermita, de gran veneración entre los malanquillanos.

Junto a la carretera, en dirección opuesta al casco urbano está el parque municipal y a escasos metros parte el camino que conduce a la Fuente de los Tres Caños. Tras la revisión de los archivos municipales se descubrió el origen romano de la fuente. La actual obra es de sillería en planta de “L” producto de una remodelación en la Edad Moderna de la fuente romana, que data de los siglos I-III d. C. De aquella época se conserva una inscripción “ST FONSAQUE PFVF”, cuya transcripción todavía no se ha podido descifrar por completo. Uno de los caños de figura de animal también es de la obra original. La fuente se alimenta mediante una canalización de una cisterna, que forma parte de la infraestructura romana. Cabe la posibilidad de que hubiera podido dar servicio a una villa romana. Con reforma siglos después se le añadió abrevadero y lavadero, remodelado hace unos años.

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A poco menos de tres kilómetros del casco urbano, junto a la carretera que conduce a Aranda de Moncayo y Ciria, se alza la Torre de los Moros. En también conocida por los vecinos como la Casa de los Moros. Se trata de la torre defensiva de la aldea llamada Torre de la Calderuela, establecida en ese paraje en 1263 por vecinos de Aranda de Moncayo. De planta rectangular, con dimensiones de 7 por 5 metros de lado, fue construída en mampostería. En la actualidad sus muros no son elevados debido a su estado de ruina, pero todavía conserva algunas saeteras.

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Manubles y Ribota, riberas de castillos y mudéjar

Las últimas actuaciones llevadas a cabo en Malanquilla son las obras de conversión de la ruinosa ermita de San Pedro, ubicada en el cerro de la Cocuta, en un refugio forestal. También la restauración y embellecimiento del altar del Santo Cristo del Humilladero. Pero no faltan proyectos para el futuro. Ha sido aprobado por el ayuntamiento el proyecto presentado por Miguel Ángel Solà, Javier Martínez Aznar y Antonio Sánchez Molledo para la creación del Sendero del Agua, la Nieve y el Viento de Malanquilla. Se trata de un sendero de corto recorrido, 3,8 km. y presenta escaso desnivel. El punto de inicio y final del trazado circular parte de la plaza mayor. Su objetivo es servir de conexión del patrimonio del municipio, para su puesta en valor y divulgación. Se inicia con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y se acerca al cercano solar donde estuvo el antiguo castillo. Después abandona el casco urbano en dirección a la ermita del Santo Cristo del Humilladero. Asciende entre carrascas para visitar la nevera y la ermita románica de Santa María Magdalena. Cruza la carretera y pasa por el molino de viento. Toma el camino del Cerro y desciende hasta la antigua cisterna que abastece a la Fuente de los Tres Caños, volviendo al casco urbano.

Momias de Quinto, de camino a la eternidad

Quinto es un pueblo situado en la Ribera Baja del río Ebro cuya población supera ligeramente los dos mil habitantes. Su topónimo proviene del término romano “quinto” que hace referencia al quinto miliario de la vía romana entre Celsa y Caesaragusta. A siete kilómetros y medio de la colonia romana de Celsa se estableció un punto de control militar, origen de la población. Ocupado después por los musulmanes, su primera mención documental tiene lugar con la toma cristiana por parte de Alfonso I el Batallador, en 1118. Durante la guerra civil el pueblo quedó seriamente afectado por la luita* entre los dos bandos, lo que obligó a una severa reconstrucción. Tomó el nombre de Quinto de Ebro tras la contienda, con el que es más conocido. Sin embargo hace poco más de una década recuperó su nombre histórico, Quinto, tras la decisión de la corporación municipal.

*Luita: Lucha.

Uno de los lugares más importantes de la historia de Quinto es el Cerro de la Corona. Es también conocido por sus vecinos como El Piquete, diminutivo de pequeña elevación de forma puntiaguda. En este lugar estuvo ubicado un punto de defensa musulmana y después fue elegido para levantar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. La construcción del edificio, en el siglo XV, se le atribuye al maestro Mahoma Ramí, arquitecto del célebre Papa Luna. En su primera etapa se levantó la nave, en cuyo ábside se abren ventanales góticos de gran belleza. El acceso original está ubicado en un lateral, con portada que luce dos escudos, uno del arzobispo de Zaragoza Francisco Clemente y el otro de Fadrique de Aragón, conde de Luna al cual perteneció la localidad. La torre fue erigida bajo un carácter marcadamente mudéjar. Destaca la decoración lazos de ocho así como los arcos apuntados encuadrados. El último cuerpo corresponde a una ampliación del siglo XVI y se culmina con almenas. En el mismo siglo se amplió la nave y se abrió una nueva portada a los pies. También se añadió a la nave, por el exterior, una galería de arquillos apuntados y de medio punto. Y finalmente en el siglo XVIII se construyó la capilla barroca en advocación a Santa Ana.

Durante la guerra civil sirvió de refugio para un grupo numeroso de vecinos, y la toma militar de la misma supuso una muerte masiva. También fue utilizado como punto de observación y defensa. Todo ello provocó la destrucción de parte del edificio. Se continuó empleando de manera puntual para ceremonias religiosas. El culto habitual fue trasladado a la iglesia situada en la plaza Vieja, y en los años sesenta a la nueva iglesia de la Asunción, construida junto a la carretera. Ya desacralizada estuvo abandonada, aunque fue empleada de manera temporal como zía* debido a la necesidad de almacenamiento de grano en años de excedentes. Finalmente pasó a manos del ayuntamiento de Quinto. Gracias a las ayudas de la Diputación de Zaragoza, a lo largo de más tres décadas de restauración, se recuperó el exterior del templo. Entonces se decidió intervenir en su interior para ser acondicionado como centro socio-cultural. Esa era la intención del ayuntamiento. Para ello fue levantado el pavimento de la nave principal donde se sabía que aparecerían restos de huesos, ya que fue habitual el enterramiento en las iglesias hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo lo que no se sabía es de los más de mil enterramientos documentados en esta iglesia, iban a aparecer algunos cuerpos momificados en un estado excepcional de conservación. En ellos no se había realizado ningún tratamiento de embalsamiento, es decir, se trataba de momificación natural. Un largo proceso de evaporación del agua de los tejidos de los cuerpos que impide el desarrollo de bacterias y la putrefacción de los mismos. Durante el mismo son imprescindibles varios factores: la falta de humedad y una temperatura constante en el subsuelo del edificio. El primer factor es primordial y para ello es muy importante que los difuntos sufrieran procesos de deshidratación previa a la muerte debido fundamentalmente a sus enfermedades; y ello se complementa con la sequedad en el lugar de enterramiento favorecida por el tipo de tierra de la zona. El resultado es el hallazgo de unos setenta enterramientos, entre los cuales una treintena de momias en un buen estado.

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Meandros del Ebro, el tramo más sinuoso del río

*Zía: Almacén de grano.

Los restos encontrados en el interior corresponden a personas pudientes o relacionadas con la Iglesia, siendo relegadas todas los demás al espacio exterior situado en torno al templo. Así ocurría de manera general hasta que a mediados del siglo XIX se terminó de aplicar la orden del rey Carlos III que regulaba esta práctica debido a su insalubridad y se culminaba con la construcción y uso de los cementerios.

Tras las campañas arqueológicas en el interior del templo que comenzaron en 2011 se fueron almacenando los restos. En 2014, después de la difusión de las momias en el programa de televisión Cuarto Milenio, se interesó por ellas Mercedes González. Ella es la directora del Instituto de Estudios Científicos en Momias y lleva décadas dedicada a estudiar cuerpos momificados en España, Egipto, Perú o Chile. Desde entonces ha liderado el equipo científico para la conservación preventiva de los cuerpos realizando las tareas de limpieza minuciosa de los cuerpos y de su indumentaria eliminando todos los elementos externos como polvo, piedras e insectos. Pero también analizando todos los detalles en busca de la identidad y causas de fallecimiento de los cadáveres. Un largo y complicado proceso de investigación y documentación en el que también han participado documentalistas como Antonio Jardiel, además de otros muchos arqueólogos, antropólogos, restauradores, médicos y científicos. La investigación llegó al punto de que varias momias fueron trasladadas al Hospital Royo Villanova de Zaragoza para ampliar el conocimiento sobre la patológica de los fallecidos. El último de los pasos para su conservación fue la adquisición de unas urnas acristaladas. Disponen de una tecnología avanzada dotada de un sistema de clima pasivo que no requiere de corriente eléctrica en su funcionamiento permaneciendo su interior completamente aislado de fenómenos exteriores como bacterias y hongos así como de los elementos nocivos de la luz.

En el verano de 2015 se expusieron por primera vez seis momias con una acogida magnífica, más de dos mil personas. El consistorio recabó ayudas para la creación del museo que llegaron a través de los fondos del Centro para el Desarrollo de las Comarcas del Mar de Aragón y Ribera Baja (CEDEMAR), Diputación de Zaragoza y del Ayuntamiento de Quinto. Finalmente el museo fue inaugurado el 1 de junio de 2018. En su primer año ha acogido más de 8.000 visitantes, superando todas las expectativas.

El Museo de las Momias de Quinto es el museo más importante de momias de España por la cantidad y estado de conservación de sus momias, con el valor añadido de exponer los cuerpos en el mismo lugar de su inhumación. Es un proyecto que se basa en el trabajo científico y en la divulgación de un proceso natural, la muerte. En todo momento la visita se aleja del simple morbo, motivo que pudiera atraer a algunos visitantes. Durante las explicaciones se hace énfasis en la historia que cuentan las momias, su vida y los motivos que le llevaron a la muerte. Pero además es muy respetuoso con los restos humanos y sus historias. Al fin y al cabo buena parte de los enterrados son vecinos de Quinto y posiblemente los antepasados de algunos quintanos. Por ello, y a pesar de conocer la identidad completa de tres de ellos, no se desvela a los visitantes.

El proyecto sigue avanzando y es mucho el trabajo que queda por delante. La investigación continúa con los cuerpos ya expuestos. Se está a la espera del pase de varias momias más por el scanner del hospital para averiguar más datos sobre las dolencias que les llevaron al fallecimiento. Enfermedades que dan muestra de las patologías que se sufrían hace dos siglos y que en la actualidad ya no se dan debido a los avances en la medicina. Pero hay otras vías de investigación abiertas como la posible germinación de una pepita de uva ingerida por una fallecida, que podría determinar qué tipo de uvas había en la zona hace dos siglos. A corto plazo también se trabaja en la conservación del resto de momias que se encontraron para seguir con su investigación. También se podría ampliar la zona de catas arqueológicas en el interior de la iglesia, ya que todavía queda por examinar el subsuelo de la capilla de Santa Ana. El trabajo divulgativo se pretende ampliar al ámbito científico, debido al interés a nivel internacional que está suscitando el descubrimiento de las momias de Quinto. De hecho ya han acudido científicos interesados por el proyecto.

El descubrimiento de las momias hace ya ocho años está marcando la historia reciente de la localidad de Quinto. Y quizás su gran impulsor ha sido el joven alcalde, Jesús Morales. Desde su posición en el ayuntamiento se dio cuenta de la importancia de este hallazgo y ha trabajado duro con mucha ilusión y esfuerzo para sacar el proyecto adelante. Desde hace un año es habitual encontrar “turistas” en la localidad, algo impensable hace años. Grupos de familias o amigos vienen a ver el museo, y de paso dan un paseo por la localidad. El pueblo cuenta con tres portales de origen medieval que sirven de buen complemento a la visita. Tres antiguos portales que se encuentran en perfecto estado tras la restauración y cuentan con paneles informativos. Por la localidad hay indicaciones para los visitantes en dirección al Piquete, objetivo final de la visita. Y de camino la población cuenta con una red de comerciantes comprometidos que ofrecen sus servicios al visitante. La sinergia producida por la apertura del museo influye de manera paulatina en la actividad comercial y económica de la población. Y desde el Ayuntamiento de Quinto se debe trabajar en afianzar los beneficios para dar mayor vitalidad al comercio de la localidad. En esta línea de trabajo se está trabajando también con la restauración de la casa parroquial situada en pleno centro de la localidad. Se trata de un típico palacio aragonés con una fachada de ladrillo culminada con galería de arquillos. El acondicionamiento interior con otro espacio museístico añadiría valor a la visita a la localidad siendo un fundamento más para la llegada de más visitantes. Un motivo de alegría para la localidad que celebró el primer aniversario de su apertura con circo al aire libre, actuaciones pirotécnicas y el concierto de Carmen París, además de una conferencia sobre momias a cargo de Mercedes González.

  

Sus momias yacen expuestas camino de la eternidad en el Piquete. Mientras tanto Quinto y los quintanos acogen con esperanza e ilusión todo lo relacionado con el hallazgo y los nuevos proyectos que están revitalizando social y económicamente su pueblo. Una oportunidad como ésta que no deben desaprovechar sus representantes municipales en el ayuntamiento de Quinto.

7ª Excursión Joréate por Aragón a la Ribera Baja

Con el arranque del otoño llegaba la séptima Excursión de Joréate por Aragón. A pesar de la amenaza de lluvia, que al final no se cumplió, de nuevo pudieron disfrutar de una jornada en buena compañía, y en esta ocasión más cerca de la capital del Ebro. Eso es precisamente lo que sorprendió a los seguidores del dragón Chorche, que tan cerca de Zaragoza pudiera haber lugares con cosas tan interesantes que ver.
La quedada tuvo lugar en el ayuntamiento de Quinto, que no Quinto de Ebro. Históricamente el nombre oficial no ha contado con apellido, pero tras la guerra civil se comenzó a utilizar el nombre de Quinto de Ebro. Hace más de una década volvió a su nombre original debido a los problemas con el nuevo nombre y con el escudo, siendo aprobado por la corporación municipal. Tras la aclaración, poco a poco llegaron la veintena de asistentes a la excursión. Un café en el bar de la plaza esperando los rezagados, y con todos ya junticos tenían preparada una degustación de coca* de cabello de ángel y de nueces, miel y canela.
*Coca: Torta.

Comenzó el paseo por las calles del pueblo, adentrándose en el casco antiguo por el portal de San Antón, uno de los tres con los que conserva la localidad. Enseguida se llegó a la plaza Vieja, desde donde se apreciaba la Casa Rectoral, palacio renacentista aragonés en obras, y el portal de San Roque. Esta plaza fue el epicentro de la vida de los vecinos de Quinto, donde estaba el ayuntamiento y la iglesia parroquial. El paso de la guerra civil lo cambió todo. La casa consistorial desapareció y a la iglesia le cambiaron la fachada y la torre más tarde.

Continuaron el paseo por la calle Mayor, por que la antiguamente pasaba todo el tránsito entre Zaragoza y Alcañiz. Ahora paseaban plácidamente en grupo, con los chiquillos garimboliando*. Alcanzaron el portal de San Miguel. Otro bello portal en perfecto estado, ofreciendo al visitante un patrimonio cuidado con esmero y en el que no faltaba la placa informativa. Tomaron la calle Morería, haciendo referencia a la población morisca de la población, y alcanzaron el Piquete. Este monte es conocido así por los vecinos por tener forma de pequeño pico, en cuya parte más alta está la iglesia de la Asunción.
*Garimboliar: Corretear.

La iglesia muestra su mejor aspecto tras la restauración. Un edificio de ladrillo con su magnífica torre de ladrillo de preciosa decoración y la galería de arquillos de tradición aragonesa coronando la parte alta de la iglesia. Dentro les estaban esperando para comenzar con la visita guiada. Comenzó con un pequeño vídeo de introducción sobre la historia reciente de la creación del museo de momias. Y acto seguido el relato por una de las guías. Una hora y media de visita que no defraudó a nadie y eso que había mucha expectación previa por conocer las momias de Quinto. Las explicaciones comenzaron con la historia del pueblo. Después llegó el relato de la construcción del edificio y del por qué de su estado interior. La conservación de sus muros en muy mal estado, sin mobiliario religioso, eran la mejor manera de comprender el paso de la guerra civil por la iglesia y por el pueblo.

Y entonces llegó el momento de ver de cerca al primer cuerpo momificado. Su conservación sorprendió a todos y enseguida surgieron las dudas de cómo habían llegado así hasta nuestros días después de permanecer en un ataúd unos doscientos años. Los factores: fallecimiento por enfermedad de alta deshidratación, falta casi absoluta de humedad y conservación de temperatura constante. Tres causas que se dieron sólo en una treintena de cadáveres de los más de mil enterramientos documentados en el interior de esta iglesia. Una característica única en toda España y que lo convierte en el primer museo de momias y que cuenta con el mejor conjunto, con 15 cuerpos momificados de manera natural.

El resto de la visita fue dedicada a cada una de las momias, contando toda la información sobre los restos, la vida de los fallecidos, el ropaje que llevaban, así como de las características de los enterramientos. Mientras tanto se podían ver a escasos centímetros todos los detalles, depositadas en unas vitrinas de cristal para preservar los restos.

El trabajo de investigación había sido tan intenso que todo lo contado era capaz de saciar la curiosidad de los visitantes, que aún así tuvieron numerosas preguntas que hacer. Todos al final salieron muy satisfechos con la visita, en la que aprendieron mucho. Y otro aspecto a valorar era el respeto con el que contaba la historia de los fallecidos, muchos de ellos vecinos del pueblo, preservando su identidad.

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Meandros del Ebro, el tramo más sinuoso del río

Tras la visita todos ya habían hecho apetito, con lo que descendieron por las calles del pueblo en dirección a los coches. El siguiente destino era Fuentes de Ebro. El lugar elegido para comer era el parque de Santa Bárbara, que toma el nombre de la ermita allí situada, junto al colegio público. Desplegando toda la logística montaron un merendero provisional donde poder depositar las viandas que habían traído y que fueron compartiendo entre todos. Productos de huerta se mezclaron alegremente con otros manufacturados haciendo las delicias de los comensales. En el postre no faltaron los clásicos como las palmeritas de Massiel, que al final no pudo venir, hojaldre de cabello de ángel y de mermelada de melocotón de Marta, o el bizcocho de Bea, entre otros.

Y mejor postre para los más pequeños fueron los juegos infantiles situados en el parque. Ellos no se preocupaban de su digestión, y sus padres tampoco y decidieron dejarlos jugar bien tranquilos.


La tarde estaba fresca y apetecía un café bien calentito, un batido e incluso algún carajillo. Así que dieron un paseo por las calles del pueblo hasta llegar a la calle Mayor. Mientras la mayor parte de los vecinos todavía estaban comiendo ellos tomaron el bar Baden Baden como un tornado. Allí nos atendieron de maravilla. Mientras los niños jugaban a las cartas, los mayores templaban el cuerpo al ritmo de una animada conversación. Hasta la camarera pudo saborear los postres que habían elaborado.

De camino a los coches no faltó una visita a los edificios más importantes de la población: la iglesia de San Miguel, con su preciosa torre, y la plaza de Constitución cubierta con sus modernos toldos y su Casa de la Villa presidiéndola.
Ahora había que tomar de nuevo los vehículos para acercarse hasta la pequeña localidad de Rodén, situada a escasos kilómetros. Tras atravesar el puente del AVE, era necesario pasar por el pueblo nuevo. Una pista asfaltada remontaba la ladera hasta llegar a un lugar improvisado de aparcamiento. Un pequeño sendero les llevó hasta los restos de Rodén el Viejo. El dragón Chorche se encargó entonces de hacer de guía, contando la historia del pueblo, que albergaba unos doscientos habitantes justo antes de la guerra civil. En siete días el pueblo quedó arrasado, afortunadamente sin víctimas entre los vecinos ante su huída. A la vuelta la vida fue muy difícil, y los pocos que se quedaron se trasladaron al pueblo nuevo en la parte baja.

Visitaron las ruinas de la iglesia, que conservaba los muros recientemente afianzados para evitar su caída. También la torre, único elemento completamente restaurado. Y detrás estaba el castillo, apuntalado para evitar su ruina. Alrededor las ruinas de las casas que se apiñaban en las escarpadas laderas de monte elevado. Una de las peculiaridades del núcleo era su construcción a base de piedra de alabastro, irregular en el caso de las viviendas, unidas con argamasa y lucidas con yeso. Mientras la torre lucía sus piedras ligeramente talladas, con aspecto recio y sencillo a la vez.

La visita al lugar se completó con la explicación de la importancia del alabastro para esta zona. Su extracción a día de hoy convierte a Aragón como el primer productor mundial de este mineral muy característico de nuestra tierra. Un mineral usado desde la época de los griegos. Un material muy utilizado a lo largo de los siglos como así lo demuestran las murallas de Zaragoza, la fachada de Palacio de la Aljafería o los retablos de la Seo y el Pilar entre otros muchos otros. Hoy en día sigue siendo muy utilizado tanto en la construcción, así como elemento decorativo.

Un buen punto y final para una excursión más de Joréate por Aragón. Una escusa para pasar un buen día de excursión conociendo rincones de nuestra tierra en buena compañía.