Lo que Aragón pudo ser, y no fue

El origen de Aragón se remonta al siglo IX. Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al Reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas del condado de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 se añadieron los condados de Sobrarbe y Ribagorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.
Aragón fue creciendo avanzando hacia el sur. Ramiro I estableció la capital del reino en Jaca, siendo su fillo* el que le dotara de fueros y estableciese la sede episcopal. Su sucesor, Pedro I de Aragón fue el encargado de tomar Huesca tras la batalla de Alcoraz en el año 1096. El hermano del mismo, Alfonso I el Batallador tomó la importante ciudad de Saraqusta, convirtiéndose Zaragoza en la nueva capital del reino de Aragón en 1118. Este rey consiguió grandes avances en el territorio, doblando la superficie conquistando no solo territorios de la actual Comunidad Autónoma sino también de las actuales provincias limítrofes de Soria, Guadalajara, Tarragona y Castellón. Su ambición le llevó a realizar incluso una incursión de un año en tierras musulmanas llegando a Granada y Málaga, volviendo con mozárabes necesarios para la repoblación de las nuevas tierras aragonesas. Su muerte sin descendencia supuso una etapa de inestabilidad política, obligando a su hermano Ramiro II el Monje a reinar. Se perdieron parte de las tierras ocupadas. Tras el nacimiento de su hija Petronila y el emparentamiento de ella con Ramón Berenguer IV se consiguió continuar el avance militar sobre Al-Andalus. El hijo de ambos, Alfonso II de Aragón toma el castillo de Villel y toda la ribera del Guadalaviar en 1180, completando la toma de todas las tierras que forman parte de la actual Comunidad Autónoma de Aragón.

*Fillo: Hijo.

El Reino de Aragón y el condado catalán fueron el germen de la futura Corona de Aragón, a los que se añadieron por la conquista de los territorios musulmanes los Reinos de Valencia y Mallorca, lo que limitaron su crecimiento territorial del reino aragonés por su parte más oriental. Más tarde se incorporaron los Reinos de Sicilia, Córcega, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria, llevando a su máximo apogeo esta expansión marítima. Durante los siglos en los que se fueron forjando los territorios del actual Aragón las fronteras fueron fluctuando producto de las continuas luchas con los reinos cristianos de Navarra y Castilla, así como con las taifas musulmanas. Pero hay muchos territorios que actualmente no forman parte de Aragón, que en su día lo fueron y que por diversas circunstancias dejaron de serlo.

Condado de Ribagorza

Con respecto al Condado de Ribagorza, éste pasó a manos de Sancho III el Mayor de Pamplona en el año 1018. Su hijo Gonzalo lo recibe en herencia en 1035, y diez años después tras su muerte este condado junto con el de Sobrarbe pasan a su hermano Ramiro, dando lugar al Reino de Aragón. Incluían los territorios formados por los valles del Ésera, Isábena y Noguera Ribagorzana, que se corresponden más o menos con las actuales comarcas de Ribagorza en Aragón, y Alta Ribagorza en Cataluña. Así se mantuvieron (con excepción de algunos pequeños periodos) hasta el establecimiento definitivo de la frontera entre Aragón y Cataluña mediante el río Noguera Ribagorzana en el año 1322.

Valle de Arán

Antes de la formación del reino de Aragón, el valle de Arán estaba vinculado al Condado de Ribagorza. Con la creación del reino este valle se incorporó a los dominios de Ramiro I. Precisamente en el ejercicio de su reinado Pedro I de Aragón falleció en 1104 en el valle de Arán. Durante los siglos XII y XIII el valle pirenaico cambió de manos entre los condes de Bigorra, condes de Cominges y los reyes de Aragón. Entre 1298 y 1313 fue integrado provisionalmente en el reino de Mallorca. En ese último año fue reintegrado al reino de Aragón por Jaime II el Justo, dotándolo de instituciones propias. Tras el Compromiso de Caspe, en 1412, la Generalitat de Cataluña emitió un decreto que lo incorporaba al Principado de Cataluña. Después de tres siglos de pertenencia a Aragón de forma no continuada el valle de Arán dejó de serlo.

Reino de Pamplona

El rey Sancho Garcés IV de Pamplona, hijo de Sancho III el Mayor, fue asesinado en 1076 durante una cacería, siendo arrojado a un precipicio en Peñalén por su hermano Ramón. Ante el vacío de poder Castilla y Aragón aprovecharon la situación para ocupar su territorio. El rey castellano tomó lo que ahora es el País Vasco y La Rioja. El rey aragonés Sancho Ramírez ocupó la mayor parte de las tierras de la actual Comunidad Foral de Navarra, proclamándose rey de Pamplona alegando derechos dinásticos con el visto bueno de la nobleza navarra. En 1087 Sancho Ramírez firmó varios tratados con Alfonso VI sobre las fronteras entre Navarra y Castilla para asegurarse un frente ante la presencia almorávide. Con ello se quedó el aragonés sólo con el Condado de Navarra, que comprendía Tafalla, Estella y Pamplona. Durante cincuenta y ocho años estos territorios permanecieron vinculados a Aragón. La muerte de Alfonso I el Batallador sin sucesor deja el reino en manos de las órdenes militares. Los nobles navarros deciden investir como rey de Pamplona a García Ramírez el Restaurador en 1134, dejando de ser aragonesas las tierras navarras.

Navarra, La Rioja y Soria

Con el avance imparable de las tropas de Alfonso I el Batallador, siendo rey de Aragón y Pamplona, fueron conquistadas tierras a los musulmanes pertenecientes actualmente al sur de Navarra, La Rioja y Soria. Entre 1109 y 1114 Soria fue repoblada por el rey aragonés. Un año después de la toma de Zaragoza, fueron reconquistadas a los musulmanes las localidades de Tudela, Ágreda y Alfaro. Tudela fue tomada el 1 de agosto de 1119. Se permitió a musulmanes y judíos mantener sus dreitos* y religión con la condición de trasladarse a vivir a extramuros de la ciudad. Ágreda fue tomada en 1119 por tropas aragonesas y francesas lo que dio lugar a una repoblación con los cruzados franceses. Alfaro también fue tomada por el rey aragonés, reconstruyendo las murallas y haciendo un primer reparto de aguas. Hacia el año 1129 conquista el valle alto del Jalón, con la localidad de Medinaceli.

*Dreitos: Derechos.

Estas tierras fueron reconquistadas en nombre del Reino de Aragón, pero sólo fueron aragonesas durante unos años. Se perdieron definitivamente con motivo de la muerte de Alfonso I el Batallador. Entonces el reino de Pamplona que se disgregó de nuevo y la tensión fue aprovechada por Alfonso VII para engrosar el resto de estas tierras al reino de Castilla.

Molina de Aragón

También Alfonso I el Batallador reconquistó tierras de Guadalajara en su avance contra los sarracenos. En el año 1129 tomó la importante plaza de Molina de Aragón, aunque estas tierras fueron repobladas por los castellanos. Las disputas entre ambas reyes por este territorio se solucionaron aceptando la creación del señorío de Molina. Su regente, Manrique Pérez de Lara, hizo de mediador sellándose la concordia de Carrión en 1137. Fue independiente de Castilla y Aragón durante siglo y medio y poseyó fuero propio. A partir de 1321 pasa a formar parte de la Corona de Castilla. Durante la guerra de los Pedros, entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla, fallece el rey castellano en 1369. Enrique de Trastámara le sucede y decide entregar el señorío de Molina al monje francés Bertrand du Guesclin. Los molinenses no aceptaron a su nuevo señor y se entregaron a Pedro IV de Aragón. Durante seis años perteneció a Aragón, volviendo de nuevo al poder castellano en 1375 con la firma de la Paz de Almazán. Con motivo de este periodo de la historia de Molina de los Caballeros pasó a llamarse Molina de Aragón, así hasta nuestros días.

Marquesados de Tortosa y Lérida

Tras la muerte de Alfonso I el Batallador sin descendencia su testamento otorgaba el reino a las Ordenes de los Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro de Jerusalén. Los nobles aragoneses llegaron al acuerdo de que reinase su hermano Ramiro II el Monje. Con el nacimiento de su hija Petronila de Aragón en 1136 se garantizaba la sucesión dinástica. Un año después se decidió el casamiento con Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, que se hizo cargo del gobierno del reino como Príncipe de Aragón. Éste reanuda las conquistas militares de tierras musulmanas. El enlace matrimonial se formalizó en 1150, al cumplir Petronila los 14 años.

Ramón Berenguer IV conquistó las plazas de Tortosa, Lérida y Fraga, ésta última donde fracasó Alfonso I el Batallador. El objetivo era unir el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona. Tortosa fue tomada en 1148. En el asedio participaron tropas aragonesas y catalanas, a las que se sumaron una flota fluvial con contingentes de Montpellier y Génova. Con los nuevos territorios se creó el Marquesado de Tortosa. Un año después, el 24 de octubre de 1149 cayeron las plazas de Fraga y Lérida, en el mismo día. La ciudad de Lérida fue tomada por las tropas de Ramón Berenguer IV y el conde Ermengol VI de Urgell. Con ello se creó el Marquesado de Lérida con la ciudad y las tierras limítrofes conquistadas.

El motivo de la creación de ambos marquesados se debe a la situación geográfica, en territorios que estaban en la frontera del reino (marca del reino). No se dejó claro con la conquista de ambas zonas si éstas formaban parte del Reino de Aragón o del Condado de Barcelona. Tampoco ni las tropas que participaron en la conquista de cada ciudad ni el origen de gente que las repobló clarifican una posesión clara. Por ello simplemente fueron un territorio conquistado más, bajo el título de un marquesado. Ramón Berenguer IV a partir de entonces se convierte en Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón y Marqués de Tortosa y Lérida.
Después se sucedieron las disputas entre aragoneses y catalanes por los nuevos territorios, solicitados desde las cortes de ambos territorios interpelando a los respectivos reyes, que adoptaron las diferentes imposiciones según las circunstancias políticas. Así se puede decir que la frontera entre Aragón y Cataluña fluctuó entre los ríos Cinca y Segre. En el año 1300 Jaime II aprobó en las Cortes celebradas en Zaragoza la pertenencia a Aragón del antiguo Condado de Ribagorza, incluidas las tierras catalanas, mientras Fraga se mantuvo en manos catalanas. En el año 1322 se estableció definitivamente la frontera mediante el río Noguera-Ribagorzana. En cuanto a Fraga, a pesar de la complejidad de los documentos se puede considerar que pasó a manos aragonesas a lo largo del siglo XIV.

Occitania

Al otro lado de los Pirineos se encontraba un vasto territorio conocido como Occitania y que se corresponde en gran parte con la actual región de Mediodía francés. Estas tierras estuvieron divididas en multitud de condados y vizcondados interrelacionados por multitud de acuerdos feudales entre los que se firmaban alianzas según los intereses del momento. Tras la unión de los territorios aragoneses y catalanes, en el siglo XII, la Corona de Aragón tuvo en crecimiento espectacular. Al norte de la coordillera pirenaica ambos tenían vasallos gracias a los enlaces matrimoniales que se habían llevado a cabo. Alfonso II de Aragón poseyó los condados de Rosellón y Provenza. Además buena parte de los condes y señores de la Occitania eran vasallos suyos. Su hijo, Pedro II de Aragón, mantuvo la influencia y posesiones al otro lado de la cordillera pirenaica. Se casó con María de Montpellier incorporando este señorío a la Corona de Aragón. En el siglo XIII toma fuerza la llamada herejía cátara, conociéndose sus seguidores como albigenses (de la ciudad Albí perteneciente a los condes de Tolosa). El papa Inocencio III denunció esta situación y como no se resolvió animó a los reinos cristianos a acudir en una cruzada contra Toulouse. Esta situación es aprovechada por Felipe II de Francia para avanzar hacia el sur de Francia. Las partes se enfrentaron en la batalla de Muret en el año 1213. Al otro lado estaban Pedro II de Aragón, apoyado por sus vasallos y aliados Raimundo VI de Tolosa, Bernardo IV de Cominges y Raimundo Roger de Foix. El triunfo de las fuerzas francesas dejó numerosas bajas en las tropas aragonesas y occitanas, entre ellas la muerte del rey aragonés. A partir de este momento la expansión aragonesa se dirigió hacia Valencia y las Islas Baleares.

Reino de Valencia

Los inicios del reinado de Jaime I el Conquistador fueron complicados con la nobleza aragonesa. En el año 1224 los nobles lo llegaron a encarcelar. Un nuevo alzamiento tuvo que solucionarse con la intervención del obispo de Tortosa y la firma de la Concordia de Alcalá en 1227 que apaciguó a nobles y obispos. Al mismo tiempo que los nobles catalanes solicitaron la toma de Mallorca, los aragoneses pidieron al rey la toma de las tierras valencianas en una reunión en Lérida. En el año 1231 el noble Blasco de Alagón y Hugo de Folcalquier, maestre de la Orden Militar del Hospital se reunieron en Alcañiz para diseñar el plan de ataque. En 1232 se toma el importante bastión de Morella. Un año después cayeron Burriana, Peñíscola y Castellón. Finalmente en el año 1238 tuvo lugar la capitulación de la ciudad de Valencia. Avanzaron las tropas aragonesas hacia el río Júcar tomando Alcira en 1242. Desde 1243 a 1245 se alcanzaron los límites firmados entre el Alfonso X de Castilla y Jaime I el Conquistador. En el Tratado de Almizra de 1244 se marcó la línea entre Biar y Villajoyosa como límite entre Aragón y Castilla para las tierras tomadas a los musulmanes.
Sin embargo la ansiada oportunidad histórica de poder ampliar el Reino de Aragón hasta el mar Mediterráneo fue truncada por Jaime I el Conquistador. Su decisión de crear el Reino de Valencia con las nuevas tierras conquistadas provocó fuerte indignación entre la nobleza aragonesa. Primero les otorga el Fuero de Aragón y finalmente en 1239 se elaboró la primera redacción de los Fueros de Valencia, lo que supuso la existencia legal del nuevo reino con un marco jurídico y legislativo propio.

Desde el siglo XV Aragón quedó delimitado por unas fronteras que prácticamente no han variado hasta nuestros días. Un territorio perfectamente definido desde hace más de seis siglos, y que surgió como reino independiente en el siglo XII. Un historia escrita y documentada que convierte a nuestra tierra en uno de los estados más importantes y con mayor historia de toda Europa.

Ibón de Escalar, kilómetro cero del río Aragón

El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales el vasco ha recibido numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón. Con el avance de la reconquista se tomaron las tierras que dieron lugar a Aragón. Más adelante se creó la Corona de Aragón, producto de la confederación de varios reinos y condados que llevaron el nombre de Aragón recorriendo el Mar Mediterráneo hasta el mismo Partenón de Atenas, en Grecia.

El río Aragón dio nombre al condado, reino, corona y actual comunidad autónoma, una tierra con entidad propia desde hace doce siglos hasta la actualidad. Es el segundo afluente más caudaloso del Ebro, después del Cinca, y nace en el ibón de Escalar. En sus inicios se le incorporan las aguas del barranco de Astún y de varios arroyos, conformando el valle de Astún. Este pequeño valle de alta montaña pertenece paradójicamente al término municipal de Jaca, a pesar de estar situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. El Puerto Astún pertenece a Jaca por lo menos desde el siglo XIV. En esta época se llegó a un acuerdo con el valle del Aspe para el aprovechamiento común de este valle y de terrenos comunales del valle francés bajo unas determinadas normas. Este tratado se mantuvo entre ambos valles incluso en épocas políticamente inestables entre ambos países. En la actualidad todavía se siguen celebrando arrocladas* para ratificar estos acuerdos de manera festiva. El valle limita al sur por el Pico La Raca (2.277 m), al este por la Punta Mala Cara (2.268 m) y por el Pico de Astún (2.283 m). Al norte haciendo frontera con Francia se alzan la Punta del Escalar (2.283 m), el Pico Escalar o Pic de Belonseiche (2.297 m) y el Pic Bénou (2.267 m).
*Arroclada: Reunión.

Debido a las buenas condiciones meteorológicas el ayuntamiento de Jaca promovió el establecimiento de una estación invernal, gracias al empeño de un grupo de pirineístas, entre los que se encontraba Santiago Marraco y José Manuel Pantoja. En diciembre de 1976 se puso en marcha la Estación de Astún. Ocupa terrenos situados entre los 1.700 y los 2.300 metros de altitud. La Casa de Astún, bloque en forma de pirámide, fue durante muchos años el único edificio. En él había apartamentos, dependencias de la estación y un pequeño comercio. Posteriormente se fue ampliando la oferta hostelera con más apartamentos. En cuanto a las instalaciones propias para el esquí alpino, cuentan con 16 remontes y 50 kilómetros de pistas balizadas.

La construcción de la estación de esquí ha supuesto un gran impacto medioambiental en un ecosistema de alta montaña, en el fondo de un precioso valle pirenaico. A pesar de que no se trata de una gran estación, sus edificios alcanzan una docena de plantas, ocupando una superficie de 10.000 m2. Su tono rojizo contrasta con el verde de sus laderas, salpicadas por arbolado en el costado norte. Mayor afección suponen las áreas de aparcamiento, ya que no existe una alternativa al automóvil o autobús para acudir a este enclave, con el consiguiente efecto de contaminación y de ruido. Ocupan una superficie de 4 hectáreas de superficie y la mayor parte del mismo se disponen a cielo raso. Y para acondicionar toda esta superficie de asfalto fue necesario cubrir parte de las galoxas* que descienden de los ibones de Escalar y Astún, cuyas aguas se unen bajo los aparcamientos, y que discurren ocultas 600 metros hasta abandonar las instalaciones. Pero el mayor daño medioambiental fue la construcción de los numerosos kilómetros de pistas que surcan las laderas del valle, acribilladas por los postes de los remontes, los postes de tendidos eléctricos, los puntos de innivación artificial, así como de otras pequeñas construcciones. Una realidad oculta por el rendimiento económico para el valle y disfrute de los esquiadores que se deslizan por sus laderas en invierno cuando hay nieve, unos cuatro meses al año. El resto del año el precioso manto blanco deja paso al degradante aspecto de unas instalaciones vacías y sin prácticamente actividad.
*Galoxa: Arroyo.

El ascenso hasta el nacimiento del río Aragón es una excursión clásica. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, hay que aproximarse al arranque de la senda. Ésta parte junto al desagüe donde se introducen las cristalinas aguas del barranco de Escalar en el túnel que atraviesa las instalaciones. Un sendero con pronunciado desnivel en su primer tramo y que discurre cerca del cauce. Tras unos veinte minutos la pendiente se suaviza y se atraviesa una zona cubierta por pastizales salpicados de flores. Más adelante el ascenso se vuelve más acentuado, a la vez que el cauce se encaja en un tramo más angosto con sucesivos saltos. Tras una hora de caminata se alcanza la cuenca donde se asienta el Ibón del Escalar, también conocido como Ibón de las Ranas. Sus aguas turbias y anaranjadas son debidas a la presencia de oxido de hierro disuelto en sus aguas, en claro contraste con las praderas tapizadas de color verde a su alrededor. La lámina de agua está a 2.078 metros de altitud. Ocupa una superficie de 3,6 hectáreas y su profundidad no supera los tres metros. En su extremo derecho, en alto, termina una pista que sirve de conexión con el segundo ibón. Poco más de un kilómetro sin desnivel que ofrece una vista amplia de las cumbres que bordean el valle de Astún y la zona de Candanchú, así como otros vértices más altos, el Pico Anayet y el Pico Aspe. Se alcanza el final del telesilla de los Lagos, a donde se puede ascender desde la estación de Astún en verano. A escasos metros se divisa a una cota inferior el Ibón de Astún, también conocido como Ibón de Astún. Se asienta a 2.144 metros de altitud. Con una superficie de 2 hectáreas, cuenta con una profundidad de casi cinco metros. El nombre hace referencia a las truchas que lo habitan debido a su introducción para la pesca, que amenazan el hábitat original de este lago pirenaico. Sus aguas alimentan el cauce del barranco de Astún que junto a las del barranco de Escalar dan forma al joven río Aragón.

Chodes, doce lados tiene su plaza

El río Jalón, el mayor afluente del Ebro por su margen derecha, nace en tierras castellanas y recorriendo Aragón conduce sus aguas al valle del Ebro. En el tramo medio debe atravesar el Sistema Ibérico dando lugar a un trazado agreste y sinuoso, conocido como las Fozes* del Jalón. Enclavado en este paisaje está Chodes, junto a una de las vegas más amplias de esta zona montañosa, lo que favorece el cultivo de frutales.

*Foz: Hoz, desfiladero.

Sin embargo su asentamiento fue otro hasta tan sólo trescientos años. El origen estuvo en una fortaleza situada en la peña de Lodos, a un kilómetro de distancia del actual enclave. Desde este punto estratégico se controlaba el estrecho valle del río Jalón. La primera cita documental del castillo se remonta al año 1131. Alrededor de la fortaleza se forjó una pequeña población, que en 1495 contaba con 17 fuegos o familias. La población era fundamentalmente morisca, quedando muy mermada tras el decreto de expulsión de los moriscos en 1610. En cuanto a la construcción defensiva, se ubica en un peñasco de difícil acceso, de forma ovalada con 30 metros de eje mayor. De su estructura sólo se conservan restos de una torre cuadrada, en el lado que mira al río, así como de pequeños lienzos de la muralla.

En el siglo XVII el antiguo pueblo estaba en una situación decadente. Viviendas en mal estado y con escasos vecinos situados lejos de las tierras de cultivo lo que hacía peligrar la población. El Conde de Morata, Francisco Sáenz de Cortes decidió construir un pueblo de nueva planta en la vega, en la partida de Capurnos. Para ello contrató al arquitecto Juan de Marca, el cual también estaba llevando a cabo la obra de su palacio situado en Morata de Jalón, a menos de dos kilómetros de distancia. Entre 1675 y 1681 se levantó por el mismo arquitecto el puente de Capurnos, que servía para salvar el río Jalón y comunicar ambas localidades. En el año 1676 se firmaron los documentos para llevar a cabo la obra de la plaza, y dos años después ya estaba terminada. Se trata de un conjunto urbanístico de gran importancia, tanto por su diseño planificado previamente como por su singularidad. En el año 2001 fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico.

La plaza de Chodes tiene forma poligonal de doce lados. Ocho de ellos son iguales y los cuatro restantes ligeramente más largos. En su perímetro interior se encajan las fachadas de las 24 viviendas formando un puzzle perfecto y armónico. Cada uno de los lados se corresponde con dos viviendas, excepto los lados mayores que albergan dos viviendas y un pasadizo que sirve de acceso al interior. Estos pasos se ubican en disposición ortogonal. Todos ellos menos uno, cuyo espacio se reservó inicialmente para albergar la iglesia parroquial. Estos accesos se abren con arcos de ladrillo tanto al interior como al exterior, ocupando dos tercios de la altura de los edificios, lo que permite un espacio habitable entre el arco y el tejado. Los pasadizos se cubrían con bóveda de lunetos, cuya estructura sólo se conserva en uno de ellos, siendo los restantes cubiertos por techumbre. Los dos accesos enfrentados, todavía a día de hoy, siguen siendo el paso de la carretera autonómica A-2302 que conecta Morata de Jalón con el valle del río Isuela. Urge una solución para eliminar el tráfico rodado por la plaza, en especial de los camiones de alto tonelaje. Precisamente su volumen produce desperfectos de manera habitual en los arcos de ladrillo de los pasos. El tercer acceso conduce a la huerta. Tiene la singularidad de contar con un sencillo frontón triangular con un óculo central. Se ubica en la fachada interior, rompiendo la línea del tejado. Enfrentado a éste se alza la iglesia de San Miguel.

El diseño planteaba 24 viviendas de similares características, y para ello se tomó como patrón la vivienda que Juan de Yarza tenía en Morata de Jalón, uno de los técnicos que participó en la construcción de la obra. Contaban con dos alturas, acceso de arco de medio punto, balcón y pequeños ventanucos en la parte alta. Su fachada está delimitada por pilastras de ladrillo desde el suelo hasta el tejado, rematadas con bolas de piedra decorativas. Los tejados se cubren a dos aguas, unidos entre sí, y dando lugar a la misma forma poligonal. Al interior todas tenían la misma configuración, contando con las estancias, chimenea, bodega y corral.

La estructura planteada inicialmente se ha conservado casi en su totalidad. Sólo dos de las viviendas fueron ampliadas en altura con dos solanares*, rompiendo la línea del tejado. Curiosamente las dos bolas situadas en el tejado fueron recolocadas en la parte baja de la fachada, a ambos lados del acceso a una de las viviendas. Otra modificación fue la conversión de una de las viviendas en el ayuntamiento de la localidad. En su fachada luce reloj y sobre el tejado un pequeño campanil. Finalmente, y con el paso del tiempo, han sido modificados los vanos de buena parte de las viviendas, adaptándolos al uso de las viviendas y de sus propietarios. En la planta baja es donde son más evidentes estas modificaciones, con las puertas de las viviendas y las cocheras. Destacan otros detalles como dos relojes de sol, uno de ellos sobre uno de los arcos de acceso, y el otro en la vivienda contigua a la iglesia.

*Solanar: Solana, galería orientada al sol.

En cuanto a la iglesia de San Miguel, no se sabe exactamente el año de su construcción. Su estrecha fachada de ladrillo cuenta con portada de arco de medio punto elevada respecto a la plaza, a la que se accede por una sencilla escalinata. Encima una hornacina y más alto un óculo. Sobre el tejado y alineado con la fachada se alza la torre, con dos arcos de medio punto cegados, y en la parte alta dos más que albergan las campanas. Se culmina con un sencillo frontón triangular. En el  interior se compone de una nave cubierta con bóveda de lunetos, capillas entre los contrafuertes y cúpula sobre el crucero. La cabecera es plana.

Una de las peculiaridades de esta plaza es la celebración de una de las carreras de pollos más famosas de Aragón. Cada año, para las fiestas de San Miguel a finales de septiembre, se celebra esta carrera popular que se remonta documentalmente al año 1907, pero que se celebraría ya en el siglo XIX. Conocida como el “Mundial del Pollo”, debe su nombre al premio que inicialmente se daba en este tipo de carreras, tres pollos al ganador, dos para el segundo, uno para el tercero y una cebolla para el último clasificado. Después fueron sustituidos por premios en metálico. La prueba consiste en completar 120 vueltas a la plaza, realizando entre 10 y 11 kilómetros. La pista discurre entre las fachadas de las viviendas y los alcorques de los árboles. De manera previa se celebra una carrera para corredores menos experimentados de 60 vueltas. La prueba deportiva es amenizada por una banda de música que interpreta melodías tradicionales de carreras de pollos. Y para dar más emoción a la carrera se ofrecen primas, premios a mitad de la prueba, que suponen un aliciente y un complemento a los premios finales.

Entre los corredores que han participado en la prueba cabe destacar la presencia de Mariano Haro (campeón de España de diferentes especialidades), Fermín Cacho (campeón olímpico en 1500 metros) y de Abel Antón (doble campeón  mundial de maratón) que quedó segundo en el año 1985. En el año 2017 se homenajeó a éste último y se le dedicó uno de los arcos de la plaza. El récord lo posee el corredor marroquí Said Aitadi con 35 minutos y 2 segundos, marca conseguida en la carrera de 2011. El mismo corredor ha ganado la prueba en numerosas ocasiones.

Ramón y Cajal, de ruta por Aragón hacia el Nobel

Ramón y Cajal fue un médico y científico que se especializó en la histología y anatomía patológica. Asentó las bases de la historia moderna de la neurociencia, cuyos conceptos científicos siguen todavía vigentes hoy en día. Por todo ello Cajal es considerado el padre de la neurociencia moderna. Desde niño tuvo la mente abierta, siendo travieso y muy activo. Aficionado a la lectura tuvo una gran capacidad para el dibujo y la pintura. A pesar de no poderse dedicar de pleno a esta faceta artística, entre otras cosas por la oposición de su padre, pudo desarrollar esta habilidad innata en su actividad profesional como médico e investigador. En su juventud y adolescencia desarrolló afición a la montaña y al contacto con la naturaleza. Pero también destacó por su faceta como escritor y fotero*.
*Fotero: Fotógrafo.

Su nombre completo fue Santiago Felipe Ramón Cajal, aunque él usaba Santiago Ramón Cajal. Fue universalmente conocido sin embargo como Santiago Ramón y Cajal, con la unión de los dos apellidos para distinguir su primer apellido de un hipotético segundo nombre de pila, práctica generalizada y legislada en España en el siglo XIX. Otra de las curiosidades hace referencia a su origen. El 1 de mayo de 1852 nació en Petilla de Aragón, una pequeña localidad de Navarra. Este núcleo perteneció al reino aragonés desde el siglo XI, pero pasó a manos navarras tras el incumplimiento de un préstamo de Pedro II de Aragón a Sancho VII el fuerte de Navarra. Desde 1209 su término municipal es una isla geográfica navarra en medio de territorio aragonés. Santiago Ramón y Cajal sólo vivió allí sus dos primeros años de vida, debido al destino como médico-cirujano de su padre, Justo Ramón Casasús. Él siempre se sintió aragonés tanto por la procedencia de sus padres, Justo y Antonia, naturales de Larrés (Huesca), como por su educación familiar y la vida en tierras aragonesas buena parte de su vida.

En el año 1854 se trasladan a Larrés, donde fue destinado su padre. Se trasladaron por la ilusión paterna de ejercer la medicina en su pueblo natal. Los bisabuelos de Cajal procedían de los pueblos cercanos de Isín, Larrés, Aso de Sobremonte, Acumuer y Senegüé, lo que jusfifica sus orígenes propiamente aragoneses. Allí nació también su hermano Pedro. Su estancia fue corta debido a unas desavenencias de su padre con el ayuntamiento.

Al año siguiente la familia se fue a Luna, donde ejerció su padre durante un año.


Y en 1856 el nuevo destino de su padre será Valpalmas, donde permanecen hasta el año 1960. Cuatro años de estancia en los que comenzó su aprendizaje y su pasión por la naturaleza.

Su plaza de médico rural les obliga a trasladarse a Ayerbe. En esta población termina su primera enseñanza. Sus estudios de segunda enseñanza los cursa en los Escolapios de Jaca y en el Instituto de Huesca, volviendo en las vacaciones escolares al pueblo. Su rebeldía y condición de mal estudiante hace que su padre lo ponga de aprendiz de zapatero dejando temporalmente sus estudios en 1866. Finalmente en 1869 obtiene su título de bachiller.

En el mismo año se trasladó a Zaragoza al obtener su padre la plaza de profesor de Disección y Osteología en la Escuela Libre y Regional de Medicina. A la vez su hijo inicia sus estudios universitarios de Medicina. Su padre ya le había iniciado en el estudio de la disección unos años antes en Ayerbe, con el robo de calabres* del cementerio. En Zaragoza le acompañaba en sus trabajos de disección en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Una vez licenciado en junio de 1873 fue llamado para cumplir con el servicio militar obligatorio. En unos meses obtiene plaza en el Cuerpo de Sanidad Militar siendo destinado a Lérida. Un año después asciende a capitán y marcha a Cuba. Su ideal aventurero atraído por los paisajes tropicales choca frontalmente por la realidad del país dominada por el caos administrativo y las enfermedades debido a las condiciones insalubres de su destino, que le hacen contraer el paludismo. Su situación de gravedad le obliga a solicitar la licencia para volver a España en 1875, en un estado grave de deterioro físico. Cuidado por su madre y hermanas logra recuperar la salud y retoma la actividad académica como profesor en la Universidad de Zaragoza. Con sus ahorros Cajal se compra un microscopio con el que acondicionó su propio laboratorio donde inició sus investigaciones histológicas. Sus habilidades artísticas le permiten dibujar con todo lujo de detalles lo que veía a través del instrumento óptico. Y comienza a elaborar un álbum fotográfico que es utilizado posteriormente para el aprendizaje en la Universidad de Zaragoza, así como para demostrar sus investigaciones científicas. En el año 1879 contrajo matrimonio con Silveria Fañanás en la iglesia de San Pablo de Zaragoza, estando ausentes sus padres no conformes con este enlace. Tuvieron siete hijos: Santiago, Felina, Pabla Vicenta, Jorge, Enriqueta, Pilar y Luis. En el año 1885 con motivo de epidemia de cólera que castigó especialmente a Zaragoza, la Diputación de Zaragoza le regala un microscopio de alta calidad y le encarga un estudio sobre el bacilo causante de la enfermedad. Sus investigaciones no trascendieron aunque fueron anteriores al desarrollo de una vacuna unos años después por dos médicos americanos.
*Calabre: Cadáver.

En lo profesional trabajó como médico y ocupó cátedras en universidades de Valencia, Barcelona y Madrid. El año 1888 fue clave en su desarrollo como investigador. Entonces descubrió los mecanismos de conexión entre las neuronas determinando que eran células independientes cuya relación daba lugar a los impulsos nerviosos. Al año siguiente su teoría de la “doctrina de la neurona” fue aceptada en un congreso científico en Alemania. A partir de entonces comienza su reconocimiento internacional. En el año 1892 se traslada a Madrid y en 1901 establece un Laboratorio de Investigaciones Biológicas. En el año 1906 le llega el reconocimiento más importante de su vida, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Uno de los ocho españoles que han logrado este galardón, siendo el único aragonés. El premio fue compartido con Camillo Golgi. Gracias al método desarrollado por el científico italiano se podían teñir las neuronas y así poder conocer su forma exacta. Se da la paradoja de que el descubrimiento de Cajal demostró que la teoría sobre las neuronas de Golgi no era cierta, determinando así que el tejido cerebral está compuesto por células individuales. Tras abandonar la docencia universitaria, en 1922 funda el Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, en el cual estuvo trabajando hasta su fallecimiento el 17 de octubre de 1934. Cuatro años antes le había dejado su mujer, lo cual supuso un importante golpe afectivo.

Además de sus investigaciones, trabajó intensamente en vida como docente para que su labor fuera continuada por los alumnos. A su muerte dejó cuatro legados de 25.000 pesetas cada uno para fomentar los estudios en la Universidad de Zaragoza. Legó un importantísimo fondo documental compuesto por documentos, dibujos y pinturas científicas, preparaciones histológicas y fotografías realizadas a lo largo de su carrera profesional. Entre ellos cabe destacar las 2.900 ilustraciones de sistema nervioso. Verdaderas obras de arte dibujadas a lápiz y pintadas con tinta india, que reflejan con exactitud la complejidad de las estructuras cerebrales. Todo ello está depositado en el Instituto Cajal, con sede en Madrid, que conserva el legado Cajal para ser visitado previa solicitud. Parece mentira que a pesar de la transcendencia internacional de sus investigaciones, todo ello esté guardado en un pequeño espacio. Sin duda alguna queda la asignatura pendiente de crear un museo para poder divulgar de manera permanente estos valiosísimos materiales, y facilitar la interacción con el mundo académico para poder realizar investigaciones, trabajos, tesis doctorales, cursos, conferencias y reuniones científicas.

Un molino de viento, el caballo de Troya de Malanquilla

El despertar de Malanquilla comenzó en el año 1975 con motivo de la renovación de las cubiertas de la iglesia parroquial mediante suscripción popular, lo que dio lugar a las primeras apariciones en los medios de comunicación. La unión de los vecinos ya había sido fundamental en la construcción del almacén de grano en 1954 y el cementado de la plaza en 1955. Pero el azar quiso que el 26 de julio de 1976 tuviera lugar un hecho que marcó la historia reciente de la localidad. Seis jóvenes de entre 9 y 18 años que pasaban el verano en el pueblo avistaron un ovni en el paraje del Aguadero, a siete kilómetros del casco urbano. A plena luz del día quedaron sorprendidos por un objeto cuyo centro era de color rojo, con dos platos unidos que giraban y destelleban brillos amarillos. Llegó a gran velocidad, se detuvo sobre ellos y después se fue rápidamente. Nunca se supo de qué se trataba, pero eso es lo dijeron que habían visto. La noticia saltó a los medios de comunicación de manera fulminante, y ello puso a Malanquilla de actualidad. A la vez salió a la luz su decadencia económica pero también su valioso patrimonio artístico. La difusión nacional e internacional animó a estos jóvenes a dinamizar la vida cultural de Malanquilla. El monumento más singular, su molino, se convirtió en su caballo de Troya en esta lucha por la recuperación del pueblo. En unos meses se consiguió que su dueño lo donase al ayuntamiento. Para conseguir su objetivo contactaron de manera directa con los responsables de los museos provinciales de Zaragoza y Soria, Museo de Arqueología Nacional, Museo del Prado, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como la Diputación de Zaragoza, el Obispado de Tarazona y hasta la Embajada de Méjico.

A finales de 1976 surgió la idea de crear una Patrulla de Rescate, para formar parte del programa escolar “Misión Rescate” de Radio Televisión Española en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Artístico. Al mando de su capitán, el profesor Miguel Velilla, le acompañaban Antonio, José María, Javier, Enrique, Marcelino y una veintena de componentes más. La Patrulla núm. 26 “Ciudad de Malanca” aparecía todos los sábados en RNE. Incluso TVE mandó un equipo de reporteros desde los estudios de Prado del Rey al pueblo grabando a los jóvenes en cada uno de los monumentos que se quería poner en valor. Fue una jornada histórica, más cuando fueron emitidas las imágenes del pequeño pueblo al sábado siguiente para toda España. Después de meses de intenso trabajo, en octubre de 1977 TVE otorgó el Trofeo de Oro por “la completa revalorización artística, arqueológica, documental y etnográfica” llevada a cabo por el grupo. Se trataba de un premio anual que recaía por primera vez en Aragón. La entrega tuvo lugar en noviembre en el palacio de Exposiciones del Paseo de la Castellana, a cuyo acto acudieron vecinos de la localidad en un autocar. El premio fue de 75.000 pesetas destinadas a la compra de columpios para el parque municipal creado poco tiempo después por iniciativa de estos jóvenes una vez desecada una balsa gracias a la aportación de la Diputación Provincial de Zaragoza. Además cinco miembros junto con el profesor disfrutaron de un viaje cultural por Andalucía. Y el trofeo: una estatuilla que interpreta la “Victoria de Samotracia”. Sin embargo el principal premio, la reconstrucción del monumento elegido por los participantes, el molino, no llegó. La organización se justificó diciendo que el premio fue otorgado en reconocimiento al conjunto monumental y a su intensa labor de difusión. Ante tal batacazo el grupo dimitió de Misión Rescate anunciándolo de manera pública en Huesca. La campaña de desprestigio hacia la organización pudo influir en la desaparición del programa un año después.

Mientras se iban recogiendo los apoyos necesarios de los vecinos, instituciones y medios de comunicación, se creó la Junta de reconstrucción del molino. Entre los donantes hubo nombres como Paco Martínez Soria, Víctor Ullate o Montserrat Caballé. Y de manera paralela se llevó a cabo una intensa labor de investigación, revisando a fondo tanto los archivos municipales como los parroquiales, con datos desde 1338. Entre ellos sobresale el descubrimiento de un documento censal de 1550, un pergamino de grandes dimensiones que fue restaurado a través del Centro Nacional de Restauración de Libros y Documentos del CSIC. Realizaron además un inventario de todas las obras y objetos sacros de la iglesia parroquial. Durante la revisión de documentos se encontró una mención al molino del año 1665, así como el origen de la fuente romana, considerada neoclásica hasta entonces. También se desplazaron a La Mancha para recabar información de los especialistas en este tipo de construcciones.

En 1981 se crea la Asociación Cultural “Miguel Martínez del Villar”, honrando al regente de la Corona de Aragón e historiador natural de Munébrega. Supuso la consolidación del movimiento cultural. El 4 de julio de 1981 se colocó la primera piedra de la reconstrucción del molino. A partir de 1982, durante el verano, se organizaron las Jornadas Culturales de Malanquilla con talleres, exposiciones, conferencias, representaciones teatrales o proyecciones de cine. Y surgieron nuevos proyectos como la creación de la biblioteca municipal con un fondo de libros dedicados, entre otros, por Henry Kissinger, Gerardo Diego y Sofía Loren, a los que se unió la donación de mil ejemplares por parte del Ministerio de Cultura.

En 1983 se nombra como Cronista oficial de Malanquilla a Antonio Sánchez Molledo, el cual se ha encargado de representar y de divulgar la localidad en numerosos actos y eventos, también desde internet a través del portal Desde Malanquilla donde es posible bucear en la historia reciente de la localidad. Además se publicaron varios números del Boletín informativo de la Asociación Martínez del Villar, así como el libro “Crónica Sentimental de Malanquilla”, de Jesús Marín Rubio. Hasta se recopiló una galería de fotografías dedicadas por personalidades como Manuel Fraga, Raphael o Felipe González. Más de un centenar de artículos en prensa y entrevistas en la radio divulgaron este movimiento cultural. Alberto Montaner, José María y Antonio Sánchez Molledo se encargan del diseño del escudo municipal, autorizado en 1991 por la DGA. En él figura un molino de viento, un haz de espigas y las barras del reino de Aragón, cerrado por corona real española. Tras la desaparición en 2000 de la asociación, en el año 2007 se crea la Asociación Cultural “La Cocuta”, que pretende dar continuidad al movimiento cultural tan arraigado en la localidad. Tres años después dejó su actividad. En la actualidad existen dos asociaciones en el pueblo, una de mayores y otra de mujeres que organizan diferentes actividades a lo largo del año y sirven para afianzar la relación social entre los malanquillanos. A ellas se añade una comisión de festejos que organiza las fiestas todos los años durante el verano.


En cuanto al molino de viento la reconstrucción del mismo tardó más de una década en hacerse realidad, y las obras no se ejecutaron de una manera correcta, pero al final se completó. En el año 2003 se rompió el asiento donde se apoya el eje y se cayeron las aspas. Tanto para la reconstrucción inicial como en esta reparación puntual las aspas fueron traídas de Mota del Cuervo. En marzo de 2008, los fuertes vientos causaron graves desperfectos en el palo central, arrancando de nuevo las aspas. Finalmente el 21 de agosto de 2010 tuvo lugar la inauguración oficial del monumento, en cuya reconstrucción integral han colaborado la Diputación Provincial de Zaragoza, el ADRI Calatayud-Aranda y la comarca Comunidad de Calatayud, además del propio Ayuntamiento de Malanquilla. Prames fue la empresa encargada de llevar a buen término el proyecto.


La localidad de Malanquilla cuenta con uno los molinos de viento más grandes de la geografía española. De tipología manchega, su diámetro de 6,7 metros es ligeramente mayor al del resto de los molinos de La Mancha (6 metros). Respondiendo a su clasificación, pertenece al tipo C de Kruger, molinos de viento del tipo Mediterráneo, dispersos por Sicilia, Ibiza, La Mancha y Aragón. Su ubicación es además la más septentrional dentro de este tipo de molinos, siendo uno de los pocos ejemplos dentro de Aragón. El molino de Ojos Negros, en la provincia de Teruel, fue restaurado años después a iniciativa del grupo de Malanquilla y también conserva la misma tipología. El resto se localizan en la provincia de Zaragoza. De todos ellos el de Tabuenca es el único que fue restaurado aunque sin proveerle de aspas, mientras que el resto se encuentran en ruinas: Sestrica, Aguilón, Used, Torralba de Ribota o Bujaraloz. El origen de los molinos de viento está en Oriente próximo, en el siglo VII. Traídos posiblemente por las Cruzadas, pasaron por Europa y llegaron a España. La construcción del molino de Malanquilla data del siglo XVI, cayendo en desuso a partir de 1733, cuando Bijuesca autorizó a los de Malanquilla el uso de los molinos de agua del río Manubles, que permitían su uso de manera más regular que éste que depende del viento.

Consta de planta circular, con tres plantas cuya altura es de unos nueve metros, a lo que se añaden tres más de cubierta de madera. En la parte baja se abren dos accesos adintelados, uno enfrente del otro. En la planta primera se abren varias ventanas, y en la segunda planta se abren al exterior con doce pequeñas ventanas adinteladas en todo su perímetro. En esta planta se encuentran las piedras de molturar el grano, de dos metros de diámetro. Para conexión entre las plantas cuenta con una escalera de caracol. El movimiento de las aspas de doce metros de longitud se transmite a las dos piedras, volandera y solera, entre las cuales se muele el grano. Se cierra en la parte alta con la cubierta en donde se acoplan las aspas, y de donde parte una gran viga de madera que llega al suelo. La techumbre de madera es móvil y se accionaba por un palo de gobierno desde el exterior, con el fin de orientar las aspas a la dirección de viento existente. En su interior se molían cereales como trigo, ordio*, avena o centeno.
*Ordio: Cebada.

Malanquilla está ubicada en las estribaciones de la Comarca de Calatayud, próxima a la provincia de Soria. Situada en las cercanías de la Sierra de la Virgen, y junto al nacimiento de la rambla del Ribota, a 1.052 metros de altitud. El origen de Malanquilla es incierto, si bien se han localizado en su término municipal varios asentamientos ibero-romanos y medievales. Repoblado por Alfonso I, la primera cita documental nos sitúa en 1264. Entre los años 1325 y 1330 Jaime II mandó construir el castillo, del que apenas resta un lienzo de pared. El paso de la guerra junto con la peste hizo diezmar de tal manera la población, que en el año 1429 quedó despoblada por completo. Se repobló pocos años después. También hubo otros pequeños lugarons* a su alrededor que no sobrevivieron a la Edad Media. Fue lugar de realengo, y perteneció a la comunidad de aldeas de Calatayud hasta el año 1837, en que desapareció dicha organización. En el año 1910 se alcanzó la máxima población censada al alcanzar los 628 habitantes. En el siglo XX llegó el ferrocarril a la población gracias a la construcción de la línea Santander-Mediterráneo. Pasó el primer tren en octubre de 1929. En el año 1985 la línea dejó de funcionar. Todavía resta la estación en ruinas, junto a la carretera de acceso.
*Lugarón: Aldea.

Antes de alcanzar el casco urbano, con acceso por un corto camino desde la carretera, está la nevera. Está acostada en la parte alta de la ladera del barranco del Regacho. Este pozo de hielo puede datar del siglo XVII. Parece ser que dejó de utilizarse en el primer tercio del siglo XIX por falta de nieve. En el año 2010 fue restaurada por el ayuntamiento gracias a una subvención del Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón, y en el año 2018 fue colocado un panel interpretativo en tres idiomas, castellano, inglés y aragonés. La documentación procede del estudio llevado a cabo por Javier Martínez Aznar y Miguel Ángel Solà Martín. Se trata de una construcción excavada en la roca, de planta circular y reforzada con mampostería, y cuya parte alta sobresale del terreno levantada con la misma estructura. En su interior su perímetro es de cinco metros, y su altura de ocho metros. Cuenta con dos aberturas: la puerta de acceso, abierta en la actualidad, por donde se extraía el hielo, y una ventana de menores dimensiones en el lado opuesto, ahora cegada, por donde se introducía la nieve directamente del ventisquero. Su objetivo era la recogida de la nieve en invierno que tras su conservación se convertía en hielo, el cual era extraído en primavera o verano. Sirvió para abastecer a Calatayud, y sus usos eran fundamentalmente medicinales.

A escasa distancia de la nevera, y más cerca de la carretera, se alza la ermita románica de Santa María Magdalena. En la actualidad es la única construcción románica que se conserva en Malanquilla. La ermita data de finales del siglo XII o principios del XIII. Tras su estado avanzado de ruina, cuando sólo se conservaba parte del ábside, fue llevado a cabo su restauración, en 2015. En la actuación se ha reconstruido únicamente el espacio del ábside conservando los sillares originales, enluciendo el resto, y cubriendo el espacio con techumbre. Los restos de la ermita conservan el ábside semicircular. Conserva cinco de los doce canecillos lisos con los que contaba. La nave pudo contar con unos veinte metros de largo, pero el abandono anterior redujo la ermita a una sencilla capilla.

En el centro de la localidad se haya la iglesia parroquial de la Asunción. La actual fábrica sustituyó a otra anterior. Se llevó a cabo la obra entre 1588 y 1604, siendo consagrada el 10 de septiembre de 1594 a las 10 horas por el obispo Pedro Cerbuna. Se construyó con piedra sillar en su fachada, y sillarejo en el resto. El templo cuenta con planta de salón con bóvedas de crucería y se remata con cabecera semihexagonal; entre los contrafuertes se abren capillas laterales. A la plaza se abre su portada, formada por pórtico que se cubre con bóveda de crucería. El acceso está formado por un arco de medio punto flanqueado por pilastras adosadas que se culmina con esferas de gusto herreriano. Sobre ella una hornacina con la figura de la virgen de madera. Se culmina con frontón triangular con volutas. A los pies se alza la torre, en planta rectangular. Su último cuerpo sirve para albergar las campanas, 1816, 1848 y dos de 1987, con cuatro vanos de medio punto, uno en cada dirección. Se remata con chapitel realizado en ladrillo y piedra sillar. En el lado opuesto se puede observar el arranque de una torre proyectada que no se llegó a ejecutar. En su interior conserva un conjunto de retablos de los siglos XVI y XVII, muestra de la escultura aragonesa de influencias castellanas. El retablo mayor de estilo renacentista data del siglo XVI. Consta de cinco calles y cuatro cuerpos con escenas de la vida de María con catorce relieves policromados. En la parte central destaca un precioso sagrario con la escena del nacimiento de Jesús. Otro conjunto de gran valor es el retablo de Nuestra Señora del Rosario, ubicado en una capilla lateral. Data de finales del siglo XVI y está compuesto por catorce pinturas sobre tabla de escuela aragonesa con fuerte influencia del pintor italiano Bassano. Fue restaurado en el año 2003 por el taller de restauración de la Diputación Provincial de Zaragoza. A los pies de la nave se alza el coro, que se apoya en arco de diafragma apuntado y siendo cubierto el espacio inferior por bóveda de crucería. Una balaustrada de piedra cierra el espacio en su parte superior.

A las afueras de la población, junto al camino del cementerio se alza la ermita del Cristo del Humilladero. La sencilla construcción de planta rectangular cuenta a los pies con porche cubierto de techumbre de madera. Una portada adintelada le sirve de acceso. Se trata de una sencilla construcción de planta rectangular. En su interior el altar está presidido por un retablo con la figura del titular de la ermita, de gran veneración entre los malanquillanos.

Junto a la carretera, en dirección opuesta al casco urbano está el parque municipal y a escasos metros parte el camino que conduce a la Fuente de los Tres Caños. Tras la revisión de los archivos municipales se descubrió el origen romano de la fuente. La actual obra es de sillería en planta de “L” producto de una remodelación en la Edad Moderna de la fuente romana, que data de los siglos I-III d. C. De aquella época se conserva una inscripción “FONSAQUE PFVF”. Uno de los caños de figura de animal también es de la obra original. La fuente se alimenta mediante una canalización de una cisterna, que forma parte de la infraestructura romana. Cabe la posibilidad de que hubiera podido dar servicio a una villa romana. Con reforma siglos después se le añadió abrevadero y lavadero, remodelado hace unos años.

A poco menos de tres kilómetros del casco urbano, junto a la carretera que conduce a Aranda de Moncayo y Ciria, se alza la Torre de los Moros. En también conocida por los vecinos como la Casa de los Moros. Se trata de la torre vigía de la aldea llamada Torre de la Calderuela, establecida en ese paraje en 1263 por vecinos de Aranda de Moncayo. De planta rectangular, con dimensiones de 7 por 5 metros de lado, fue construída en mampostería. En la actualidad sus muros no son elevados debido a su estado de ruina, pero todavía conserva algunas saeteras.

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Manubles y Ribota, riberas de castillos y mudéjar

Las últimas actuaciones llevadas a cabo en Malanquilla son las obras de conversión de la ruinosa ermita de San Pedro, ubicada en el cerro de la Cucuta, en un refugio forestal. También la restauración y embellecimiento del altar del Santo Cristo del Humilladero. Pero no faltan proyectos para el futuro. Ya se ha llevado a cabo la acometida eléctrica a las inmediaciones del molino para poderlo dotar de iluminación exterior. Y ha sido aprobado por el ayuntamiento el proyecto presentado por Miguel Ángel Solà, Javier Martínez Aznar y Antonio Sánchez Molledo para la creación del Sendero del Agua, la Nieve y el Viento de Malanquilla. Se trata de un sendero de corto recorrido, 3,8 km. y presenta escaso desnivel. El punto de inicio y final del trazado circular parte de la plaza mayor. Su objetivo es servir de conexión del patrimonio del municipio, para su puesta en valor y divulgación. Se inicia con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y se acerca al cercano solar donde estuvo el antiguo castillo. Después abandona el casco urbano en dirección a la ermita del Santo Cristo del Humilladero. Asciende entre carrascas para visitar la nevera y la ermita románica de Santa María Magdalena. Cruza la carretera y pasa por el molino de viento. Toma el camino del Cerro y desciende hasta la antigua cisterna que abastece a la Fuente de los Tres Caños, volviendo al casco urbano.

Momias de Quinto, de camino a la eternidad

Quinto es un pueblo situado en la Ribera Baja del río Ebro cuya población supera ligeramente los dos mil habitantes. Su topónimo proviene del término romano “quinto” que hace referencia al quinto miliario de la vía romana entre Celsa y Caesaragusta. A siete kilómetros y medio de la colonia romana de Celsa se estableció un punto de control militar, origen de la población. Ocupado después por los musulmanes, su primera mención documental tiene lugar con la toma cristiana por parte de Alfonso I el Batallador, en 1118. Durante la guerra civil el pueblo quedó seriamente afectado por la luita* entre los dos bandos, lo que obligó a una severa reconstrucción. Tomó el nombre de Quinto de Ebro tras la contienda, con el que es más conocido. Sin embargo hace poco más de una década recuperó su nombre histórico, Quinto, tras la decisión de la corporación municipal.

*Luita: Lucha.

Uno de los lugares más importantes de la historia de Quinto es el Cerro de la Corona. Es también conocido por sus vecinos como El Piquete, diminutivo de pequeña elevación de forma puntiaguda. En este lugar estuvo ubicado un punto de defensa musulmana y después fue elegido para levantar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. La construcción del edificio, en el siglo XV, se le atribuye al maestro Mahoma Ramí, arquitecto del célebre Papa Luna. En su primera etapa se levantó la nave, en cuyo ábside se abren ventanales góticos de gran belleza. El acceso original está ubicado en un lateral, con portada que luce dos escudos, uno del arzobispo de Zaragoza Francisco Clemente y el otro de Fadrique de Aragón, conde de Luna al cual perteneció la localidad. La torre fue erigida bajo un carácter marcadamente mudéjar. Destaca la decoración lazos de ocho así como los arcos apuntados encuadrados. El último cuerpo corresponde a una ampliación del siglo XVI y se culmina con almenas. En el mismo siglo se amplió la nave y se abrió una nueva portada a los pies. También se añadió a la nave, por el exterior, una galería de arquillos apuntados y de medio punto. Y finalmente en el siglo XVIII se construyó la capilla barroca en advocación a Santa Ana.

Durante la guerra civil sirvió de refugio para un grupo numeroso de vecinos, y la toma militar de la misma supuso una muerte masiva. También fue utilizado como punto de observación y defensa. Todo ello provocó la destrucción de parte del edificio. Se continuó empleando de manera puntual para ceremonias religiosas. El culto habitual fue trasladado a la iglesia situada en la plaza Vieja, y en los años sesenta a la nueva iglesia de la Asunción, construida junto a la carretera. Ya desacralizada estuvo abandonada, aunque fue empleada de manera temporal como zía* debido a la necesidad de almacenamiento de grano en años de excedentes. Finalmente pasó a manos del ayuntamiento de Quinto. Gracias a las ayudas de la Diputación de Zaragoza, a lo largo de más tres décadas de restauración, se recuperó el exterior del templo. Entonces se decidió intervenir en su interior para ser acondicionado como centro socio-cultural. Esa era la intención del ayuntamiento. Para ello fue levantado el pavimento de la nave principal donde se sabía que aparecerían restos de huesos, ya que fue habitual el enterramiento en las iglesias hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo lo que no se sabía es de los más de mil enterramientos documentados en esta iglesia, iban a aparecer algunos cuerpos momificados en un estado excepcional de conservación. En ellos no se había realizado ningún tratamiento de embalsamiento, es decir, se trataba de momificación natural. Un largo proceso de evaporación del agua de los tejidos de los cuerpos que impide el desarrollo de bacterias y la putrefacción de los mismos. Durante el mismo son imprescindibles varios factores: la falta de humedad y una temperatura constante en el subsuelo del edificio. El primer factor es primordial y para ello es muy importante que los difuntos sufrieran procesos de deshidratación previa a la muerte debido fundamentalmente a sus enfermedades; y ello se complementa con la sequedad en el lugar de enterramiento favorecida por el tipo de tierra de la zona. El resultado es el hallazgo de unos setenta enterramientos, entre los cuales una treintena de momias en un buen estado.

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Meandros del Ebro, el tramo más sinuoso del río

*Zía: Almacén de grano.

Los restos encontrados en el interior corresponden a personas pudientes o relacionadas con la Iglesia, siendo relegadas todas los demás al espacio exterior situado en torno al templo. Así ocurría de manera general hasta que a mediados del siglo XIX se terminó de aplicar la orden del rey Carlos III que regulaba esta práctica debido a su insalubridad y se culminaba con la construcción y uso de los cementerios.

Tras las campañas arqueológicas en el interior del templo que comenzaron en 2011 se fueron almacenando los restos. En 2014, después de la difusión de las momias en el programa de televisión Cuarto Milenio, se interesó por ellas Mercedes González. Ella es la directora del Instituto de Estudios Científicos en Momias y lleva décadas dedicada a estudiar cuerpos momificados en España, Egipto, Perú o Chile. Desde entonces ha liderado el equipo científico para la conservación preventiva de los cuerpos realizando las tareas de limpieza minuciosa de los cuerpos y de su indumentaria eliminando todos los elementos externos como polvo, piedras e insectos. Pero también analizando todos los detalles en busca de la identidad y causas de fallecimiento de los cadáveres. Un largo y complicado proceso de investigación y documentación en el que también han participado documentalistas como Antonio Jardiel, además de otros muchos arqueólogos, antropólogos, restauradores, médicos y científicos. La investigación llegó al punto de que varias momias fueron trasladadas al Hospital Royo Villanova de Zaragoza para ampliar el conocimiento sobre la patológica de los fallecidos. El último de los pasos para su conservación fue la adquisición de unas urnas acristaladas. Disponen de una tecnología avanzada dotada de un sistema de clima pasivo que no requiere de corriente eléctrica en su funcionamiento permaneciendo su interior completamente aislado de fenómenos exteriores como bacterias y hongos así como de los elementos nocivos de la luz.

En el verano de 2015 se expusieron por primera vez seis momias con una acogida magnífica, más de dos mil personas. El consistorio recabó ayudas para la creación del museo que llegaron a través de los fondos del Centro para el Desarrollo de las Comarcas del Mar de Aragón y Ribera Baja (CEDEMAR), Diputación de Zaragoza y del Ayuntamiento de Quinto. Finalmente el museo fue inaugurado el 1 de junio de 2018. En su primer año ha acogido más de 8.000 visitantes, superando todas las expectativas.

El Museo de las Momias de Quinto es el museo más importante de momias de España por la cantidad y estado de conservación de sus momias, con el valor añadido de exponer los cuerpos en el mismo lugar de su inhumación. Es un proyecto que se basa en el trabajo científico y en la divulgación de un proceso natural, la muerte. En todo momento la visita se aleja del simple morbo, motivo que pudiera atraer a algunos visitantes. Durante las explicaciones se hace énfasis en la historia que cuentan las momias, su vida y los motivos que le llevaron a la muerte. Pero además es muy respetuoso con los restos humanos y sus historias. Al fin y al cabo buena parte de los enterrados son vecinos de Quinto y posiblemente los antepasados de algunos quintanos. Por ello, y a pesar de conocer la identidad completa de tres de ellos, no se desvela a los visitantes.

El proyecto sigue avanzando y es mucho el trabajo que queda por delante. La investigación continúa con los cuerpos ya expuestos. Se está a la espera del pase de varias momias más por el scanner del hospital para averiguar más datos sobre las dolencias que les llevaron al fallecimiento. Enfermedades que dan muestra de las patologías que se sufrían hace dos siglos y que en la actualidad ya no se dan debido a los avances en la medicina. Pero hay otras vías de investigación abiertas como la posible germinación de una pepita de uva ingerida por una fallecida, que podría determinar qué tipo de uvas había en la zona hace dos siglos. A corto plazo también se trabaja en la conservación del resto de momias que se encontraron para seguir con su investigación. También se podría ampliar la zona de catas arqueológicas en el interior de la iglesia, ya que todavía queda por examinar el subsuelo de la capilla de Santa Ana. El trabajo divulgativo se pretende ampliar al ámbito científico, debido al interés a nivel internacional que está suscitando el descubrimiento de las momias de Quinto. De hecho ya han acudido científicos interesados por el proyecto.

El descubrimiento de las momias hace ya ocho años está marcando la historia reciente de la localidad de Quinto. Y quizás su gran impulsor ha sido el joven alcalde, Jesús Morales. Desde su posición en el ayuntamiento se dio cuenta de la importancia de este hallazgo y ha trabajado duro con mucha ilusión y esfuerzo para sacar el proyecto adelante. Desde hace un año es habitual encontrar “turistas” en la localidad, algo impensable hace años. Grupos de familias o amigos vienen a ver el museo, y de paso dan un paseo por la localidad. El pueblo cuenta con tres portales de origen medieval que sirven de buen complemento a la visita. Tres antiguos portales que se encuentran en perfecto estado tras la restauración y cuentan con paneles informativos. Por la localidad hay indicaciones para los visitantes en dirección al Piquete, objetivo final de la visita. Y de camino la población cuenta con una red de comerciantes comprometidos que ofrecen sus servicios al visitante. La sinergia producida por la apertura del museo influye de manera paulatina en la actividad comercial y económica de la población. Y desde el Ayuntamiento de Quinto se debe trabajar en afianzar los beneficios para dar mayor vitalidad al comercio de la localidad. En esta línea de trabajo se está trabajando también con la restauración de la casa parroquial situada en pleno centro de la localidad. Se trata de un típico palacio aragonés con una fachada de ladrillo culminada con galería de arquillos. El acondicionamiento interior con otro espacio museístico añadiría valor a la visita a la localidad siendo un fundamento más para la llegada de más visitantes. Un motivo de alegría para la localidad que celebró el primer aniversario de su apertura con circo al aire libre, actuaciones pirotécnicas y el concierto de Carmen París, además de una conferencia sobre momias a cargo de Mercedes González.

  

Sus momias yacen expuestas camino de la eternidad en el Piquete. Mientras tanto Quinto y los quintanos acogen con esperanza e ilusión todo lo relacionado con el hallazgo y los nuevos proyectos que están revitalizando social y económicamente su pueblo. Una oportunidad como ésta que no deben desaprovechar sus representantes municipales en el ayuntamiento de Quinto.

7ª Excursión Joréate por Aragón a la Ribera Baja

Con el arranque del otoño llegaba la séptima Excursión de Joréate por Aragón. A pesar de la amenaza de lluvia, que al final no se cumplió, de nuevo pudieron disfrutar de una jornada en buena compañía, y en esta ocasión más cerca de la capital del Ebro. Eso es precisamente lo que sorprendió a los seguidores del dragón Chorche, que tan cerca de Zaragoza pudiera haber lugares con cosas tan interesantes que ver.
La quedada tuvo lugar en el ayuntamiento de Quinto, que no Quinto de Ebro. Históricamente el nombre oficial no ha contado con apellido, pero tras la guerra civil se comenzó a utilizar el nombre de Quinto de Ebro. Hace más de una década volvió a su nombre original debido a los problemas con el nuevo nombre y con el escudo, siendo aprobado por la corporación municipal. Tras la aclaración, poco a poco llegaron la veintena de asistentes a la excursión. Un café en el bar de la plaza esperando los rezagados, y con todos ya junticos tenían preparada una degustación de coca* de cabello de ángel y de nueces, miel y canela.
*Coca: Torta.

Comenzó el paseo por las calles del pueblo, adentrándose en el casco antiguo por el portal de San Antón, uno de los tres con los que conserva la localidad. Enseguida se llegó a la plaza Vieja, desde donde se apreciaba la Casa Rectoral, palacio renacentista aragonés en obras, y el portal de San Roque. Esta plaza fue el epicentro de la vida de los vecinos de Quinto, donde estaba el ayuntamiento y la iglesia parroquial. El paso de la guerra civil lo cambió todo. La casa consistorial desapareció y a la iglesia le cambiaron la fachada y la torre más tarde.

Continuaron el paseo por la calle Mayor, por que la antiguamente pasaba todo el tránsito entre Zaragoza y Alcañiz. Ahora paseaban plácidamente en grupo, con los chiquillos garimboliando*. Alcanzaron el portal de San Miguel. Otro bello portal en perfecto estado, ofreciendo al visitante un patrimonio cuidado con esmero y en el que no faltaba la placa informativa. Tomaron la calle Morería, haciendo referencia a la población morisca de la población, y alcanzaron el Piquete. Este monte es conocido así por los vecinos por tener forma de pequeño pico, en cuya parte más alta está la iglesia de la Asunción.
*Garimboliar: Corretear.

La iglesia muestra su mejor aspecto tras la restauración. Un edificio de ladrillo con su magnífica torre de ladrillo de preciosa decoración y la galería de arquillos de tradición aragonesa coronando la parte alta de la iglesia. Dentro les estaban esperando para comenzar con la visita guiada. Comenzó con un pequeño vídeo de introducción sobre la historia reciente de la creación del museo de momias. Y acto seguido el relato por una de las guías. Una hora y media de visita que no defraudó a nadie y eso que había mucha expectación previa por conocer las momias de Quinto. Las explicaciones comenzaron con la historia del pueblo. Después llegó el relato de la construcción del edificio y del por qué de su estado interior. La conservación de sus muros en muy mal estado, sin mobiliario religioso, eran la mejor manera de comprender el paso de la guerra civil por la iglesia y por el pueblo.

Y entonces llegó el momento de ver de cerca al primer cuerpo momificado. Su conservación sorprendió a todos y enseguida surgieron las dudas de cómo habían llegado así hasta nuestros días después de permanecer en un ataúd unos doscientos años. Los factores: fallecimiento por enfermedad de alta deshidratación, falta casi absoluta de humedad y conservación de temperatura constante. Tres causas que se dieron sólo en una treintena de cadáveres de los más de mil enterramientos documentados en el interior de esta iglesia. Una característica única en toda España y que lo convierte en el primer museo de momias y que cuenta con el mejor conjunto, con 15 cuerpos momificados de manera natural.

El resto de la visita fue dedicada a cada una de las momias, contando toda la información sobre los restos, la vida de los fallecidos, el ropaje que llevaban, así como de las características de los enterramientos. Mientras tanto se podían ver a escasos centímetros todos los detalles, depositadas en unas vitrinas de cristal para preservar los restos.

El trabajo de investigación había sido tan intenso que todo lo contado era capaz de saciar la curiosidad de los visitantes, que aún así tuvieron numerosas preguntas que hacer. Todos al final salieron muy satisfechos con la visita, en la que aprendieron mucho. Y otro aspecto a valorar era el respeto con el que contaba la historia de los fallecidos, muchos de ellos vecinos del pueblo, preservando su identidad.

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Meandros del Ebro, el tramo más sinuoso del río

Tras la visita todos ya habían hecho apetito, con lo que descendieron por las calles del pueblo en dirección a los coches. El siguiente destino era Fuentes de Ebro. El lugar elegido para comer era el parque de Santa Bárbara, que toma el nombre de la ermita allí situada, junto al colegio público. Desplegando toda la logística montaron un merendero provisional donde poder depositar las viandas que habían traído y que fueron compartiendo entre todos. Productos de huerta se mezclaron alegremente con otros manufacturados haciendo las delicias de los comensales. En el postre no faltaron los clásicos como las palmeritas de Massiel, que al final no pudo venir, hojaldre de cabello de ángel y de mermelada de melocotón de Marta, o el bizcocho de Bea, entre otros.

Y mejor postre para los más pequeños fueron los juegos infantiles situados en el parque. Ellos no se preocupaban de su digestión, y sus padres tampoco y decidieron dejarlos jugar bien tranquilos.


La tarde estaba fresca y apetecía un café bien calentito, un batido e incluso algún carajillo. Así que dieron un paseo por las calles del pueblo hasta llegar a la calle Mayor. Mientras la mayor parte de los vecinos todavía estaban comiendo ellos tomaron el bar Baden Baden como un tornado. Allí nos atendieron de maravilla. Mientras los niños jugaban a las cartas, los mayores templaban el cuerpo al ritmo de una animada conversación. Hasta la camarera pudo saborear los postres que habían elaborado.

De camino a los coches no faltó una visita a los edificios más importantes de la población: la iglesia de San Miguel, con su preciosa torre, y la plaza de Constitución cubierta con sus modernos toldos y su Casa de la Villa presidiéndola.
Ahora había que tomar de nuevo los vehículos para acercarse hasta la pequeña localidad de Rodén, situada a escasos kilómetros. Tras atravesar el puente del AVE, era necesario pasar por el pueblo nuevo. Una pista asfaltada remontaba la ladera hasta llegar a un lugar improvisado de aparcamiento. Un pequeño sendero les llevó hasta los restos de Rodén el Viejo. El dragón Chorche se encargó entonces de hacer de guía, contando la historia del pueblo, que albergaba unos doscientos habitantes justo antes de la guerra civil. En siete días el pueblo quedó arrasado, afortunadamente sin víctimas entre los vecinos ante su huída. A la vuelta la vida fue muy difícil, y los pocos que se quedaron se trasladaron al pueblo nuevo en la parte baja.

Visitaron las ruinas de la iglesia, que conservaba los muros recientemente afianzados para evitar su caída. También la torre, único elemento completamente restaurado. Y detrás estaba el castillo, apuntalado para evitar su ruina. Alrededor las ruinas de las casas que se apiñaban en las escarpadas laderas de monte elevado. Una de las peculiaridades del núcleo era su construcción a base de piedra de alabastro, irregular en el caso de las viviendas, unidas con argamasa y lucidas con yeso. Mientras la torre lucía sus piedras ligeramente talladas, con aspecto recio y sencillo a la vez.

La visita al lugar se completó con la explicación de la importancia del alabastro para esta zona. Su extracción a día de hoy convierte a Aragón como el primer productor mundial de este mineral muy característico de nuestra tierra. Un mineral usado desde la época de los griegos. Un material muy utilizado a lo largo de los siglos como así lo demuestran las murallas de Zaragoza, la fachada de Palacio de la Aljafería o los retablos de la Seo y el Pilar entre otros muchos otros. Hoy en día sigue siendo muy utilizado tanto en la construcción, así como elemento decorativo.

Un buen punto y final para una excursión más de Joréate por Aragón. Una escusa para pasar un buen día de excursión conociendo rincones de nuestra tierra en buena compañía.

Balneario de Panticosa, a punto de perder todo su encanto

El Balneario de Panticosa siempre ha sido un icono de los Pirineos. Ubicado en una cubeta glaciar a 1.636 metros de altitud su ubicación no puede ser más bucólica. Una gran planicie de unas 24 hectáreas de superficie modelada por la glaciación, atravesada por el río Caldarés que recoge las aguas provenientes de los ibones y cascadas que rodean al ibón de Baños, una laguna de 5 hectáreas.

Precisamente el nombre del río hace referencia al agua caliente que sale de los manantiales termales que manan en las inmediaciones. Los romanos ya conocieron su existencia. A pesar de su dificultoso acceso, fueron visitados por ciudadanos que dejaron allí monedas de Zaragoza, Velilla o Sagunto como exvotos por la curación de sus enfermedades. Entonces sólo se conocían los manantiales de Tiberio y Estómago. Hasta el siglo XVII cayeron en el olvido y fueron de nuevo redescubiertos gracias a que la aguas manan a 52º regalan* las abundantes nieves que cubren estas latitudes buena parte del año. El conjunto termal está formado por seis manantiales. En esta nueva etapa, inicialmente fueron usados los del Estómago e Hígado, en la década de 1780 se empezaron a utilizar los manantiales de Herpes y Laguna. En 1881 se descubrió el manantial de San Agustín y finalmente en 1951 se redescubrió del manantial de Tiberio, inutilizado desde la época romana por aludes y derrumbamientos.
*Regalar: Derretir.

A pesar de su complicada ubicación, en pleno corazón de la cordillera pirenaica, la afluencia al centro termal ha sido muy notable. Para llegar los viajeros de Madrid, Zaragoza o Pau empleaban diferentes medios de comunicación que con su modernización irían acortando los trayectos paulatinamente. En 1826 todavía no estaba terminada la carretera de Madrid a Zaragoza y el tramo final de Biescas al balneario costaba cinco días. Poco a poco fueron mejorándose las carreteras y se construyó un camino de acceso de cinco pies de ancho que sustituyó al sendero anterior. El 12 de julio de 1862 llegaron los primeros carruajes. La situación cambió notablemente con la llegada del ferrocarril, en 1864 a Huesca y 1893 a Sabiñánigo. Con estas mejoras se redujo el trayecto desde Madrid a menos de un día. Gracias a la modernización del ferrocarril en 1911 ya se podía alcanzar el balneario en tan sólo 14 horas de viaje. De manera paralela los automóviles comenzaban su aparición y en el verano de 1905 llegó el primer vehículo proveniente de Laruns. Al año siguiente, con sólo quinientos vehículos matriculados en España, uno de ellos ya realizaba el servicio entre la estación de Sabiñánigo y el balneario. En 1929 este servicio se realizaba con autobuses. Con las mejoras en ambos medios de comunicación ya se podía alcanzar el balneario en diez horas desde la capital. A partir de la década de los sesenta el vehículo particular se impuso y a día de hoy el trayecto desde Madrid puede realizarse en cinco horas.

El balneario fue explotado desde sus inicios por el quiñón de Panticosa, entidad administrativa que englobaba los núcleos de Panticosa, Hoz de Jaca y Pueyo de Jaca. Su utilización ya es notable en 1693. Entonces se construyó un primer edificio de dos plantas junto al manantial del Estómago, al que le sucedió más tarde otro junto a las fuente del Herpes. Se contaba con cincuenta plazas de modesto alojamiento, mientras que los baños se tomaban al aire libre. Ante una precaria gestión el rey Fernando VII opta por la concesión en 1826 a un rico propietario de Búbal, Nicolás Guallart. El empresario consiguió levantar un conjunto de ocho edificios y doscientas camas en tan sólo 27 años de gestión. Entre ellos la Casa de Abajo (la actual Casa Belio), la Casa de los Herpes (después Casa Balneario) y Casa de la Pradera. Éste último fue el primer hotel propiamente dicho con cuatro plantas, vestíbulo principal y una parte de habitaciones de alto nivel, que después pasó a denominarse Hotel Mediodía.

En 1854 se inyecta capital en la sociedad y en tres años se construyen seis nuevos edificios, duplicando la capacidad hotelera. Entre ellos la Fonda Nueva (luego llamado Hotel Victoria), la Casa de la Princesa (rebautizado como Hotel Embajadores), Casa Salón de la Sociedad (derribada en 1977) y Casa de la Laguna. Sin embargo era insuficiente para cubrir la demanda creciente y seguía sin poder competir con los balnearios franceses. En 1864 con la llegada del ferrocarril a Huesca aumenta todavía más la demanda, contando ya con setecientas camas en 1870. Con la llegada del ferrocarril a Huesca, en 1893 la afluencia desbordaba la capacidad, siendo constante la ampliación y construcción de nuevos hoteles. Entre ellos la nueva Casa de la Pradera, ubicada en el lado opuesto, junto al cauce del río Caldarés. Se convertiría en el hotel más grande e importante del conjunto balneario hasta la fecha. Entre la década de 1890 se vivió la “belle époque” en la cual el balneario de Panticosa conoció su máximo periodo de esplendor, con más de dos mil clientes por temporada. Se levantó el Gran Hotel, mejorando las instalaciones anteriores, dotado de electricidad y ascensor hidráulico. También la Fonda Franco-Española, edificio en forma de “L” alineado con el Hotel Embajadores y la nueva Casa de la Pradera. Y la iglesia del Carmen, utilizada los cinco primeros antes de consagrarse como alojamiento anta la falta de plazas hoteleras.

No solo se dedicó un gran esfuerzo económico al alojamiento de los clientes, sino también a las instalaciones termales convirtiendo el balneario en uno de los mejores equipados de España en el último cuarto del siglo XIX. En 1899 la sociedad Guallart y Compañía se convierte en Aguas de Panticosa S.A., formada por un 70% por los antiguos socios siendo el mayor accionista el conde de la Viñaza. En sus seis primeros años APSA realizó importantes mejoras con la construcción del Hotel Continental (sobre el solar de la Fonda Franco-Española tras sufrir un incendio que la destruyó), dotado de ascensor hidráulico y retretes modernos. Y se completó el conjunto con el emblemático edificio del Casino. Situado entre el Gran Hotel y la nueva Casa de la Pradera, con un gran jardín central. En su interior contaba con un teatro con 350 butacas, además de galerías y terrazas, constituyendo el lugar preferido de ocio de los residentes. La situación económica se vio afectada gravemente por los aludes de los años 1915 y 1917. El primero destruyó por completo el mayor hotel, la Casa de la Pradera. También destruyó la Casa de la Laguna y afectó a otros edificios, cuyos daños fueron valorados en un tercio del capital social del balneario. El alud de 1917 produjo desastres de menor consideración. Durante dos décadas estuvo gestionado por arrendatarios y después fue recuperando tímidamente la actividad hasta los años sesenta. Entonces cayó en una crisis creciente que acabaría con un cierre provisional del balneario en 1979.

Las últimas décadas para el balneario de Panticosa han supuesto la peor página de toda su historia. En el año 1880 era uno de los mayores y mejores balnearios de España, con capacidad hotelera para albergar a más de mil personas, comparable a la de San Sebastián o Santander. A principios de siglo XX el conjunto de construcciones estaba dotado de los mejores avances de la época en un entorno de alta montaña. De este esplendor se ha pasado al abandono y destrucción de la mayor parte de su patrimonio artístico. Esta triste etapa comenzó tras la intervención de las administraciones autonómica y local para rescatar del abandono unas instalaciones semiabandonadas y parcialmente en ruina. Se consiguió que el grupo empresarial Nozar se hiciera cargo del balneario, completando la compra de los edificios en el año 2000. Previamente, en junio de 1992, la Dirección General de Patrimonio Cultural y Educación del Gobierno de Aragón, declaró el Balneario de Panticosa como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de “conjunto histórico”. Con ello se pretendía la conservación de importantísimo del patrimonio arquitectónico y se impedía la demolición de los edificios históricos.

El proyecto de Panticosa Resort, impulsado por Luis Nozaleda, pretendía convertir el espacio en un complejo invernal de lujo enfocado a las grandes fortunas españolas y europeas. Un complejo pensado a lo grande desde el propio diseño, a cargo de dos premios Pritzkter (el Nobel de la Arquitectura) para diseñar los nuevos edificios. Rafael Moneo se encargó del proyecto del primer hotel de cinco estrellas del Pirineo Aragonés, el portugués Álvaro Siza diseñó un centro deportivo de alto rendimiento para dar servicio a deportistas de élite y que pretendía atraer equipos de fútbol como el Real Madrid o el F.C.Barcelona; y el prestigioso estudio de arquitectura Moneo & Brock realizó el proyecto de las Termas de Tiberio, las instalaciones balnearias propiamente dichas. A ello se añadía un restaurante de lujo de la mano del prestigioso cocinero Pedro Subijana y la reforma del Casino dotada de un salón de juegos de alto standing. Se completaba el conjunto con una villa de residencias de lujo. Un gran proyecto que generaría 400 puestos de trabajo.

Entre 2002 y 2008 el Balneario de Panticosa sufrió el conjunto de intervenciones más agresivas de su historia. Se derribó buena parte de las instalaciones de este conjunto histórico con el visto bueno del ayuntamiento de Panticosa y del Gobierno de Aragón, a pesar de la existencia del BIC. El Hotel Mediodía y el Hotel Continental fueron demolidos y se levantaron nuevas construcciones. El hotel Embajadores y la bella galería de madera que lo conectaba con el Hotel Mediodía, así como el Hotel Victoria también fueron derribados. Respecto al Gran Hotel fue completamente vaciado por dentro, respetando sólo la fachada original. Se respetaron el Casino y la iglesia del Carmen que fueron restaurados. En cuanto al resto de pequeños edificios del balneario, a pesar de su importancia histórica y de su encanto, siguen abandonados en avanzado estado de ruina.

A cambio se han levantado modernas instalaciones de una tipología radicalmente diferente a la anterior. En concreto el Hotel Continental, Hotel Continental II, Termas de Tiberio y Centro de Alto Rendimiento. Éste último no ha llegado a funcionar y se encuentra abandonado. A pesar del prestigio de los arquitectos, el diseño de los mismos ha sido desastroso. Los materiales empleados, no aptos para resistir la dura climatología del lugar, sufren un deterioro evidente pocos años después de su inauguración. A ello se añade una falta absoluta de mantenimiento de las instalaciones. Su coste ha sido muy elevado y todo ello ha supuesto un lastre económico imposible de sobrellevar.
*Embeleco: Encanto.

En el 2008 se inauguraron las instalaciones tras la polémica y un año después, con las obras inacabadas, cerraron provisionalmente. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y un proyecto completamente inviable llevó a la quiebra multimillonaria de Nozar. Durante las obras se llevaron actuaciones que aumentaron las brutales heridas medioambientales y paisajísticas. La construcción de cuatro plantas subterráneas bajo el centro de alto rendimiento removió las capas freáticas modificando uno de los elementos naturales más valiosos del lugar, los manantiales medicinales, alterando gravemente el caudal y la temperatura de las aguas termales. En superficie quedaron obras inacabadas, que incrementan la barbarie urbanística llevada a cabo: el centro de alto rendimiento, la urbanización de las viviendas de lujo e incluso un pequeño helipuerto para la llegada de los huéspedes VIP. Pero también quedó sin terminar un aparcamiento situado a la entrada del complejo. Una gran estructura de hormigón que yace abandonada y que sirve de recibimiento a las visitantes. Junto a ella la planta embotelladora de agua mineral que fue cerrada como consecuencia de la situación económica de la sociedad inmobiliaria. Después de tanto desatino, hablar del mobiliario histórico y de la documentación desaparecida que se acumulaba en los edificios históricos es un tema casi menor. Y todo ello con el consentimiento cómplice de los responsables políticos, tan culpables como los nuevos propietarios del balneario de Panticosa.

Tras una situación incierta se volvieron a abrir las instalaciones del Panticosa Resort. Aunque sigue manteniéndose la propiedad por parte de Nozar, se cambió el enfoque de negocio. Ahora está orientado a un turismo más popular. Se rebajaron la categoría de los hoteles, con la reducción drástica del personal, y se recortaron los costes de mantenimiento al mínimo. Las instalaciones están en funcionamiento de manera parcial y ofrecen plazas hoteleras según las necesidades. El casino perdió licencia de juego y ahora se abre para eventos familiares.

Las numerosas acciones por parte de la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA) no han servido para paliar el desastre. Los edificios del conjunto arquitectónico abandonados avanzan en su ruina. Los responsables de la administración no han conseguido que Nozar cumpla con sus compromisos de rehabilitación. Otro tema en el cual los incumplimientos son vitales se refiere a la instalación de barreras anti aludes requeridas por la ley para la protección de personas y del patrimonio. Se trata de una ubicación de alto riesgo, que ha sufrido a lo largo de su historia numerosos aludes como el que destruyó por completo el mayor hotel del balneario en 1915. Fenómenos naturales habituales que recientemente han provocado muertes en 1960 y 1970 y que hacen que periódicamente los alojados queden incomunicados. A pesar de ello no se han colocado las protecciones por la propietaria y la actividad invernal se mantiene cuando debería ser clausurada por las administraciones para evitar estos riesgos.

A día de hoy la visita al balneario de Panticosa produce una sensación de tristeza e indignación, sobretodo a aquellos que lo ya lo habían visitado. Ver cómo ha desaparecido la mayor parte de los edificios históricos, sustituidos por otros de estilo moderno. Apreciar el lamentable estado que muestran las nuevas construcciones pocos años después de su construcción. O ver el abandono de los edificios más antiguos y con mayor encanto del balneario.

 

La visita deja muchas dudas en cuanto a la gestión. La afluencia de los visitantes en vehículo particular no está regulada en absoluto. Se permite el tránsito por las zonas arboladas y aparcamiento en las orillas del ibón de los Baños y en explanadas en medio de la zona monumental. Y todo ello viendo pasar un aparcamiento a medio terminar que mejoraría notablemente este importante aspecto. La oferta hotelera y de ocio es utilizada por un mínimo porcentaje de visitantes, ya que el resto acude por los atractivos paisajísticos y monumentales, que en este último caso defraudan al visitante. Hay una falta absoluta de información en cuanto a los atractivos que ofrece el balneario de Panticosa, tanto artísticos como naturales.
Y como muestra tres pequeñas propuestas que podrían hacer que el turista se llevase un mejor sabor de boca. Es indudable que la oferta montañera con este punto de partida es amplia y gran valor natural. Sin embargo tres paseos aptos para todos los públicos permitirían descubrir el entorno inmediato del balneario de Panticosa. Paseos que a día de hoy no cuentan con señalización. Hablamos del recorrido circular que parte junto a la Casa del Piedra, en ascenso al balcón de la Reina, con magníficas vistas del balneario. Tras cruzar el río Caldarés se pasa por el mirador de la Cascada del Pino. Y el descenso para pasar por las fuentes del Hígado y San Agustín.

Otro de los paseos podría acercar a las fuentes termales las cuales cuentan con construcciones y cuya visita además de un agradable paseo sirve para conocer los orígenes del centro termal. Estamos hablando de las fuentes de Herpes, San Agustín, Hígado y Estómago en la ladera oriental, y la fuente de la Laguna en la ladera occidental. En estos casos cuentan con pistas de acceso en mal estado, en algunos puntos con árboles derrumbados que complican su acceso.

Finalmente el recorrido más sencillo de esta oferta sería el recorrido circular al ibón de los Baños, uno de los atractivos del entorno. Una regulación del uso de sus orillas así como el aprovechamiento turístico regulado permitiría una imagen más agradable al visitante. El sendero actual cuenta con un tramo complicado junto a la entrada de acceso al balneario. Y en su perímetro junto a la carretera, el aparcamiento de los vehículos impide el paso de peatones para disfrutar de la gran lámina de agua. También se permite el aparcamiento en el lado que linda con la arboleda, lo cual da una imagen poco atractiva y no invita al bucólico paseo.

En cuanto a estas propuestas de ocio paisajístico entendemos que corresponden al Gobierno de Aragón, y que podrían ejecutarse con un presupuesto no muy alto. Dignificarían la visita a corto plazo de este punto, uno de los más emblemáticos de la geografía aragonesa. Y de manera paralela sería necesario sentarse con Nozar para requerir a la empresa sus obligaciones como propietaria en cuanto a la restauración de los edificios históricos que todavía quedan, para no terminar de perder todo el patrimonio que todavía resta. Se trata de un mínimo de compromiso por ambas partes para paliar la incompetencia de las administraciones y las irregularidades por parte de la propiedad con el fin de rescatar la dignidad perdida por ambas partes, que por otra parte seguro que podrían terminar en los tribunales. El daño ya está hecho, pero es necesario ponerse a trabajar para evitar un mayor desastre y devolver al balneario de Panticosa una pequeña parte del esplendor que tuvo.

Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa. Pero volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir más de 30 veces lo que recibieron. Al final han pagado unas cuatro veces la indemnización, pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Ni siquiera esa emblemática pareja que aguantó hasta el final. Emilio falleció en septiembre de 2011 cuando todavía no había comenzado la recuperación del pueblo. Su mujer, Francisca, nos dejó en julio de 2019. Ella si que pudo ver casi terminada la Casa Castillo. Sin embargo se fue sin saber qué significaba la palabra justicia. Ella decía que no entendía esta situación y que sólo esperaba que alguien le pidiera perdón pero no lo consiguió. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. En todo este tiempo las actuaciones en Jánovas han sido de poco calado. Aún así los vecinos han ido realizando pequeñas obras. Hace años fue recuperada la fuente. Y en los últimos años ha sido reconstruido por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se ha convertido en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y también ha sido recuperado el antiguo horno, situado muy cerca.

Y mientras tanto la administración central ha dilatado excesivamente y sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. Tras muchos años el 92% ya han terminado con la tramitación y son de nuevo suyas. En el caso de Jánovas prácticamente todos los solicitantes ya han conseguido la reversión, pero sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo cuatro edificios están recuperados o en obras. El primero de ellos fue la Casa del Pueblo. A otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, ha llegado la vida después de su finalización. Es la primera en ser habitada tras este triste episodio; se trata de la Casa Frechín. En la entrada del pueblo está Casa Agustín, con las fachadas de piedra terminadas, en las que se ha reproducido fielmente su aspecto exterior respetando los vanos, y en breve se espera realizar la cubierta. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa ya está prácticamente terminada. En otras se han llevado las tareas de desescombro previas a las obras. En concreto se espera que en unos meses puedan comenzar las obras en Casa Garcés y Casa Piquero. Se trata de dos inmuebles situados anexos, situados en el arranque de la calle San Sebastián en esquina con la calle San Roque, la calle que aglutina la mayor actividad en cuanto a la recuperación del núcleo. También parece que los descendientes de Casa Alsegot puedan comenzar en breve las obras. Otros ya piensan en levantar de nuevo las casas de sus familias, constituyendo el momento más esperanzador en toda esta historia.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se han llevado a cabo las obras en el cauce del Ara para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa que nunca se llegó a levantar. Ahora el río discurre por donde siempre había ido. Para estas obras, todavía sin terminar, se construyó un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Afortunadamente los actuales representantes de las administraciones afectadas deben sentir vergüenza de las actuaciones de sus predecesores. En el caso de este vado se permite el uso por parte de los vecinos, siendo el mejor acceso actual, imprescindible para llevar a cabo todas las actuaciones. Y no parece que se vayan a terminar las obras de la atavía, lo que supondría la desaparición de este paso. Una complicidad de la administración con los vecinos, como un pequeño detalle que pueda compensar el daño sufrido.

Todavía queda esperar para que Jánovas cuente con una carretera de acceso. A quinientos metros de distancia discurre la carretera nacional N-260. El eje pirenaico tiene acondicionados los tramos entre Sabiñánigo y Fiscal, y entre Boltaña y Campo. Sin embargo el tramo en torno a Jánovas es una precaria carretera, estrecha y con abundante tráfico. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El actual acceso al pueblo es lamentable. Una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central todavía no ha compensado a Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano, presupuestada por un importe de 180.000. Por parte de Fomento ya ha sido aprobado el estudio de impacto medioambiental de la mejora de este tramo de la nacional de 12,7 kilómetros, cinco años después de que fuera tumbado el anterior. Las obras costarán 57 millones de euros e incluyen un túnel de 1.740 metros que salvará el congosto de Jánovas. Si para el año 2022 se terminan las obras como está previsto, el nuevo acceso partirá de una intersección situada cerca de Lavelilla y cruzará el río Ara por un lugar que permite construir un puente que cumpla con las condiciones de seguridad, aguas arriba del actual vado. Pero este ramal de acceso deberá ser realizado por la administración autonómica, otro problema más que puede alargar más en el tiempo la precaria situación.

El 19 de diciembre de 2017 será recordado como una fecha muy importante en la recuperación del pueblo. Ese día se firmó el convenio entre Endesa y el ayuntamiento de Fiscal, en el cual se traspasaron los activos de los núcleos de Albella, Jánovas, Burgasé, Lacort, Lavelilla, Fiscal, San Felices-Santa Olaria, de la cual el ayuntamiento de Fiscal es su sucesor. Se trata del patrimonio afectado por la construcción del embalse de Jánovas que corresponde a 186 hectáreas de suelo rústico, 23.000 metros cuadrados de superficie urbana y más de 60 inmuebles, entre los que están las antiguas escuelas, el puente colgante sobre el río Ara, viales, calles, plazas, fuentes y abrevaderos. Por ello deberá pagar 50.000 euros a Endesa. Es lamentable que después de tanto daño a lo largo de todas estas décadas, y del abandono de todo este patrimonio se le haga pagar por ello al ayuntamiento de Fiscal. Pero por lo menos se libera de la propiedad a la hidroeléctrica y se facilita la recuperación de todas estas propiedades. Una de ellas como es el caso de las escuelas de Jánovas ya rehabilitadas por los propios vecinos.

Pero la piedra angular de la reconstrucción del pueblo es la restitución de la zona afectada por el fallido pantano por parte de la administración central con la redacción del Plan de Desarrollo Sostenible. Las inversiones incluidas en este gran proyecto servirían para dotar a las poblaciones de Jánovas, Lavelilla y Lacort de accesos por carretera, urbanización y dotación de servicios como iluminación, vertido y depuración, además de restauración del patrimonio histórico y cultural. Sin embargo tras las alegaciones presentadas por algunos vecinos más críticos el Gobierno central ha decidido continuar con el procedimiento ordinario lo que supone posponer las actuaciones hasta el año 2028. El ayuntamiento de Fiscal recurrió la sentencia por considerarla injusta e injustificada, pero fue desestimada. De nuevo queda de manifiesto que el Estado español, el único responsable de la destrucción del pueblo, sigue sin comprometerse con la recuperación.

Ello supone un duro revés para Jánovas, pero no la paralización del proyecto. Los vecinos llevan años movilizados para agilizar y adelantar la acometida de la luz, fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida al pueblo. De esta manera el gobierno autonómico en 2017 asumió con 100.000 euros la traída de la línea de media tensión. Tras más de cincuenta años de oscuridad, ha llegado la luz a Jánovas. La celebración de las fiestas en honor a San Miguel de 2018 fue otro motivo más para la esperanza, con una ilusión renovada día a día. La luz ha vuelto a iluminar las calles, y las viviendas todavía en obras. Todavía queda mucho por hacer, pero menos.

En cuanto a la acometida del agua potable, los propios vecinos fueron los que realizaron las primeras obras. Mediante la captación de un manantial y la construcción de un pequeño depósito de 1.000 litros, el suministro para la Casa del Pueblo y las viviendas ya es insuficiente. Otro gesto de compromiso por parte del ente autonómico ha sido otra partida sufragada por el Departamento de Vertebración del Territorio. Con la subvención se han llevando a cabo obras de hormigonado en la calle San Roque y zonas limítrofes, previas a la futura urbanización cuando estén terminadas las fachadas de las calles, y se les pueda devolver el aspecto empedrado que tuvieron de siempre. Con ello se ha realizado el vertido y permitirá la conexión de los edificios del entorno. Todavía queda pendiente la estación depuradora para las aguas residuales, ya que en la actualidad se utilizan pozos ciegos. Queda de manifiesto que el empeño de los vecinos puede más que las trabas que pone la administración central a la recuperación de Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial y que ha servido para agilizar las obras que se van ejecutando gracias a las pequeñas partidas de la administración. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. Sin embargo la sorpresa llegó a finales de 2018 ya que la empresa hidroeléctrica con fondos propios consolidó una pared, tejado y campanario, gracias a la solicitud por parte de los vecinos. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla por completo, pero de momento se evitará su deterioro. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal, que esperemos que cuanto antes se vuelva a recolocar en su lugar de origen. Así como la campana, que fue trasladada a la iglesia de Guaso.

En junio de 2019 tuvo lugar la primera edición del festival Jánovas Insumergible, una cita cultural y lúdica que pretende ser un nuevo acicate para la vida social de pueblo y que recogió fondos para continuar con las obras. Y este verano la actividad ha sido frenética, con la Casa del Pueblo abierta de par en par a todos los visitantes ofreciendo un lugar donde tomar un refresco, un puesto de venta de objetos para sufragar gastos e incluso una exposición de obras en las que se reproducía detalles de la arquitectura popular.

Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero la vida en Jánovas poco a poco vuelve. Una de las últimas hazañas de sus vecinos ha sido devolver a su lugar de origen la campana de la torre de su iglesia. Con el abandono forzoso del pueblo se trasladó al pueblo de Guaso, donde fue colocada en la torre de San Salvador. Pocos se imaginaban que como dice la Ronda de Boltaña en una de sus canciones, “El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. Tras las conversaciones con los vecinos de Guaso y con la Iglesia, todo han sido facilidades para la devolución, lo que se ha convertido en un nuevo símbolo de la lucha de los vecinso de Jánvoas. En este caso, después de cincuenta años de exilio, la campana de Jánovas ha vuelto a su lugar de origen, a tiempo para celebrar las fiestas de San Miguel de 2019.

El año 2020 comienza con buenas noticias y reconocimientos.  Por un parte avanza el compromiso de recuperación del pueblo por parte del Gobierno de Aragón, a través de la Consejería de Vertebración del Territorio. En esta ocasión se han invertido 100.000 euros en trabajos para la instalación de la red de captación y abastecimiento de agua potable a Jánovas. Consisten en la construcción de un depósito de agua y las canalizaciones urbanas. Un paso más para la dotación de servicios básicos tras llegada de la luz y la red de saneamiento, que se completará con la próxima construcción del sistema de depuración de aguas.

Y el 1 de febrero del mismo año fue entregado el Premio Cruz de Sobrarbe a título póstumo al recién fallecido Juan Luis Muriel, reconociendo su protagonismo especial en la Comarca del Sobrarbe. Este político andaluz fue secretario general de Medio Ambiente. Su gestión fue clave en la paralización del proyecto de la presa de Jánovas, ordenando la paralización de las obras con la firma de la declaración negativa del impacto medioambiental. Una decisión que le costó su dimisión y el fin de su carrera política. Un hecho fundamental en la historia reciente de Jánovas y que ya forma parte de la memoria colectiva.

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

6ª Excursión Joréate por Aragón a Mequinenza

El lugar elegido para la 6º Excursión de Joréate por Aragón fue Mequinenza. Muy conocido por sus enormes siluros, pero que ofrecía muchas más cosas que el dragón Chorche nos iba a descubrir en este fin de semana.

El punto de encuentro fue el albergue ” Camí de Sirga” de Mequinenza. Allí acudieron todos y tras llevar las mochilas al moderno y bien equipado albergue comenzamos la visita a los museos de Mequinenza. El primero de ellos estaba situado en los bajos del edificio. Lo primero era ubicarse con una maqueta del pueblo viejo, cuyo único edificio en pie eran las escuelas, donde ahora estábamos. En el Museo de Historia nos contaron la historia de este pueblo, que llegó a acoger a más de 4.000 almas debido a llegada de trabajadores a las minas y a la construcción de la presa de Mequinenza. Sin embargo la construcción de la presa de Ribarroja obligó al desplazamiento del pueblo. Las aguas anegarían la parte baja del casco urbano, donde se alojaba la zona comercial de la villa, los muelles y un gran número de viviendas. Fueron vendidas a ENHER  una a una y acto seguido fueron dinamitándose. Incluso la iglesia fue derruida. Sus vecinos se trasladaron al pueblo nuevo, situado en la desembocadura del río Segre. A través de un audiovisual y de varias salas se completaba la visión durante la historia de esta localidad.

Se completaba con un pequeño espacio donde se mostraba las obras pictóricas de Jesús Moncada que pone de manifiesto el vacío dejado en sus habitantes por el abandono de su pueblo. Precisamente este autor escribió el libro “Camí de sirga”, un libro de gran difusión que cuenta la historia de los últimos años del pueblo viejo.

El resto de la mañana lo dedicamos a la visita del Museo de la Mina, situado a escasa distancia. En su interior recorrimos poco más de un kilómetro de galerías bajo la sierra donde se alza el flamante castillo de Mequinenza. Un recorrido por la historia de las minas de la zona, que llegaron a extraer el 30% de la producción nacional. En varios de los puntos se mostraban la evolución en los procesos de extracción del lignito, mostrando la dureza del trabajo realizado por los mineros, y que constituyó el medio de subsistencia de buena parte de la comarca.

Ya de nuevo a la luz del día nos fuimos al albergue donde comimos. Una buena sobremesa y una siesta para los más cansados, mientras los más inquietos no dudaron en seguir indagando en la historia de Mequinenza. Los restos del pueblo viejo estaban situados a escasa distancia. Un paseo entre las ruinas, por las calles recuperadas trasladaba tristeza. Carteles indicaban el nombre de las calles más importantes, flanqueados por el arranque de los muros de las casas inexistentes. También la plaza de Armas, de la que quedaban sus farolas como único testigo.

Y lo que quedaba de la  iglesia, la cual sucumbió a la piqueta por la decisión del clero que también quería una compensación económica por su derribo. Y en cuatro años un pueblo con siglos de historia desapareció.

También quedó tiempo para ver otro espacio museístico, éste al aire libre, situado tras el albergue. Mostraba el paseo prehistórico de los habitantes de la zona, con la reproducción de algunas construcciones de diferentes épocas, así como de animales que entonces habitaron con los humanos.

Por la tarde nos trasladamos a conocer el pueblo nuevo de Mequinenza, donde ahora viven unas 2.500 personas. Un pueblo vivo y activo, bien dotado de equipamientos, y que se extiende en paralelo al muelle situado junto al río Segre, poco antes de desembocar en el Ebro. Las aguas inundadas de ambos convierten todo este espacio en una gran lámina de agua utilizada por deportistas y pescadores principalmente.

Lo primero fue visitar al castillo, una muestra del poder de Endesa, responsable de la destrucción del pueblo viejo, y que apenas ha hecho nada por mitigar el daño moral causado en la localidad, ni tiene intención de hacerlo. El imponente castillo, monumento histórico, es de su propiedad y sólo es posible visitarlo los martes. De devolverlo o cederlo nada de nada. Subimos por una pista sin apenas señalización que nos hizo tomar otro itinerario entre campos de cultivo que nos proporcionó una de las mejores estampas de Mequinenza.

Ya en las inmediaciones tuvimos que sortear las amenazantes señales de prohibido el paso y propiedad particular para acercarnos al precipicio y poder disfrutar de las vistas desde el punto elevado, junto a uno de los lienzos del recinto fortificado y un torreón.

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Mequinenza y Fraga, lugar de encuentro del Segre, el Cinca y el Ebro

Bajamos al pueblo y fuimos hasta la plaza principal, con el ayuntament al frente. Sin embargo la lluvia nos obligó a guarecernos en uno de los bares de la plaza, donde nos deleitamos con un helado mientras veíamos como descargaba la tormenta. Una vez paró, como los caracoles, salimos a dar un paseo por el pueblo. Nos acercamos hasta el paseo fluvial donde la luz tamizada entre las nubes y la humedad nos ofrecía un marco perfecto para hacer bonitas fotos.

Continuamos la visita y subimos a la moderna iglesia, nada que ver con la antigua situada en el pueblo viejo. Un par de vecinos encargados de su mantenimiento nos explicaron con todo detalle las piezas que se habían restaurado y que mostraban orgullosos, pero también nos contaron que todos los retablos y piezas estaban desmontados en un almacén todavía esperando, cuarenta años después de su traslado. Cuántas situaciones incomprensibles alrededor de un pueblo.

De camino al albergue tuvimos una visión fugaz, tres corzos en la margen derecha del río Ebro correteaban sin miedo. Era la hora del corzo, las 20:18 horas exactamente, como bien nos aclaró el experto naturalista que nos acompañaba en esta excursión. Poco a poco llegaba la clucada* y las nubes permitieron el paso de los últimos rayos solares ofreciendo imágenes bien bonitas del maravilloso entorno del albergue que fueron captadas por los excursionistas.

*Clucada: Atardecer.

Tras el descanso y la cena llegó el momento de llevar a cabo las votaciones del concurso fotográfico, este año con dos categorías: una general a la mejor fotografía y otra al mejor selfie. Al estilo de Eurovisión se procedió al visionado acompañado de palomitas, tortas de Villanueva y palmeras de Massiel. Y después llegaron las votaciones y los sumatorios, y ahí va el resultado….

Primer premio (Alodia)

Segundo premio (Juan)

Tercer premio (Irene)

Y el dragón decidió otorgar el accésit la foto 27 de Jesús, por su insistencia.

A la mañana siguiente amaneció un día resplandeciente, soleado y con una ligera y fresca brisa. Tras desayunar y recoger todo el albergue a las diez de la mañana ya estábamos preparados para continuar la marcha. Nos despedimos de las responsables de los museos y del albergue que nos habían atendido estupendamente. Se añadieron más personas hasta completar las 21 personas, y tomamos dirección a Fayón. Atravesando campos de frutales llegamos a esta localidad y nos dirigimos a la ermita del Pilar. Una parada obligatoria para deleitarnos con unas impresionantes vistas. Junto a la ermita, un mirador perfectamente acondicionado permitía una amplia visión embalse de Ribarroja, con las aguas del río Ebro entre sierras, y la desembocadura del río Matarraña también embalsadas. El elemento más singular era la torre del antiguo pueblo de Fayón como único testigo, junto con las ruinas del castillo.

Con el coche bajamos y nos desplazamos al embarcadero de la Reixada donde el dragón Chorche nos había preparado un crucero por el embalse. Allí nos esperaban el guía, Aitor, y el capitán de la embarcación, Teddy. Todos teníamos muchas ganas de comenzar la visita y ya en el llaut comenzamos a navegar plácidamente, mientras la brisa y alguna gota de agua que salpicaba amortiguaban el sol que estaba cayendo. Pero íbamos bien provistos de gorras y de crema solar. La primera parada la hicimos en la boca del antiguo túnel ferroviario, cuya línea procedente de Zaragoza atravesaba la montaña y salía a los pies de Fayón. Los buitres no perdieron detalle de nuestra presencia, mientras el guía nos contaba los avatares de este punto de la línea afectada por los derrumbes y las guerras que dejaron inservible el puente sobre el río Matarraña.

Continuamos navegando hasta alcanzar la desembocadura. Precisamente en este punto se juntan los límites de las provincias de Lérida, Tarragona y Zaragoza. Sin pasar a tierras catalanas seguimos navegando junto a la margen aragonesa sobrepasando el antiguo cementerio, ahora convertido en lugar de memoria de los antepasados fayonenses tras el traslado de los restos. También junto a las viviendas de los ferroviarios, el único resto de una de las estaciones más importantes de la línea, todo ello ahora anegado. En este punto se procedía a la carga del carbón de toda la comarca que se traía en llauts por el río.

Pero todavía restaba llegar a la torre de Fayón. Allí Aitor nos contó con todo detalle el cruel final del antiguo pueblo de Fayón, una localidad floreciente gracias al tráfico fluvial y al paso del ferrocarril durante el siglo XX. De nuevo los intereses de la empresa hidroeléctrica ENHER obligaron a desalojar el pueblo que quedaría anegado por las aguas del pantano de Ribarroja sin compasión alguna. Ante la negativa de los vecinos se procedió al llenado del embalse obligando a sacar los enseres mientras el agua ascendía y cubría las calles. Fue incluso imposible sacar el patrimonio artístico de la iglesia, que se decía muy rico. Apenas unas pocas figuras fueron sacadas por el óculo de la fachada principal. Uno de los jóvenes que participaron en esta hazaña era el abuelo de Aitor, nuestro guía. Mientras rodeábamos la torre, mucho más grande de lo que parecía de lejos, el silencio acompañó el dramático relato. Muchos más fueron las agravantes, el no poder llevarse todos los enseres personales, el tener que vivir en barracones en el pueblo nuevo ya que las casas no estaban todavía construidas tras la inundación fortuita y provocada, el desplazamiento de muchos vecinos a otros lugares de España ya que resultaba más rentable que comprar una casa en el pueblo nuevo, la destrucción de los edificios que quedaban fuera de las aguas coincidiendo con la celebración de una romería y para rematar, ser el último pueblo al que ha llegado el regadío por elevación de las aguas del Ebro, mermando las posibilidades de desarrollo de la localidad. Quizás lo que más impactó al dragón fue imaginar el hecho de que desde la ermita del Pilar, años después los vecinos vieran una sombra en forma de cruz en las inmediaciones de iglesia, que fue fotografiada, y que según dicen correspondía al Cristo de madera que debió emerger y que fue visto sólo un momento antes de volver a sumergirse en el fondo del pantano.

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Bajo Matarraña, el lugar más bajo de Aragón

Llegamos al embarcadero y después de pasar un rato en los malecones haciéndonos fotos nos fuimos de nuevo al pueblo viejo de Mequinenza.

Comimos en el restaurante situado junto al albergue. Tras la sobremesa nos encaminamos al punto final de la excursión. Una pista asfaltada que partía entre Torrente de Cinca y Fraga nos elevó hasta la ermita de San Salvador. Junto al edificio que fue también monasterio pudimos disfrutar de otro mirador de primer orden. La claridad del día gracias al aire permitía apreciar con toda nitidez los detalles del valle del Cinca, con Fraga en medio del vergel. Y a lo lejos también pudimos apreciar las cumbres prepirenaicas y pirenaicas: el Congost de Mont-Rebei, Peña Montañesa, el Turbón y las Tres Sorores. Un buen colofón a esta sexta excursión de Joréate por Aragón, que iba recorriendo esos rincones desconocidos para muchos de nuestra geografía aragonesa, haciendo compartir momentos inolvidables para todos aquellos que los vivían.

Y ya está abierta la inscripción para la siguiente, la seisena* excursión en otoño a un lugar de la provincia de Teruel. ¿Te apuntas?

*Seisena: Séptima.