Ciervo de Chimiachas, fiel retrato de un cérvido milenario

Desde Alquézar, una de las localidades más bellas de Aragón, parten multitud de itinerarios para disfrutar de la naturaleza tan agreste que rodea su casco urbano. En la parte alta de la localidad, junto a las piscinas hay un aparcamiento. Bordeando las instalaciones por la izquierda parte una calle que enseguida se convierte en sendero. Es necesario tomar las indicaciones hacia las balsas de Basacol, o de los Abrigos de Quizans y Chimiachas. El recorrido avanza y se interna en el barranco de Payuala. En unos veinte minutos se alcanza una zona con paredes verticales, que se atraviesa gracias a una pasarela metálica. Más adelante, en un pequeño desfiladero se cambia de margen gracias al puente de Payuela, que servía para el paso del agua y ahora es utilizado para el paso de los senderistas. Mediante unas escaleras se alcanzan las antiguas balsas de Basacol, después de media hora de caminata. Sirvieron como lugar de almacenamiento para el agua potable de la localidad de Alquézar hasta hace unos años. Ahora constituyen un punto de recogida de aguas para la extinción de incendios. El entorno ha sido acondicionado embelleciéndolo y ofreciendo un lugar de recreo dotado de bancos y mesas. En la balsa superior aparece un pequeño templete que emplaza en uno de los costados.

Por este punto pasa una pista que debe tomarse en sentido ascendente, y más tarde se coge un sendero. Tras hora y veinte minutos de recorrido se alcanza el cruce señalizado que conduce en pocos minutos a los corrales donde están los Abrigos de Quizans. Están compuestos por dos covachos. En ellos aparecen representaciones de estilo esquemático, en un entorno de gran belleza. Volviendo a la senda principal, se alcanza una nueva pista. En un nuevo cruce, junto a una caseta pastoril, se toma una pista en fuerte descenso. Más abajo se convierte en senda y rodeada de pinos y encinas se adentra en el angosto barranco. Se pasa junto a dos abrigos rocosos de grandes dimensiones y recorre el fondo del barranco. Al final un ramal en ascenso conduce definitivamente hasta el Abrigo de Chimiachas, en un lugar que parece inaccesible, tras dos horas de caminata.

El primer hallazgo del conjunto pictórico del Vero se debió a Antonio Beltrán en febrero de 1969 en Lecina. Con la llegada de Vicente Baldellou a la dirección del Museo de Huesca en junio de 1978 comenzó una primera campaña intensiva para la rechira* de pinturas rupestres en la cuenca del Vero. En estos trabajos le acompañó un grupo vinculado al Museo de Huesca, algunos vecinos de Alquézar y estudiantes del Colegio Universitario de Huesca. El gran volumen de abrigos descubiertos, 60 en total, así como la riqueza y cantidad de las pinturas rupestres lo convierten en un auténtico museo al aire libre de la Prehistoria. La singularidad de este conjunto recae en la agrupación en un espacio tan reducido de los estilos principales de arte rupestre europeo. En ellos se representan el arte paleolítico (estilo naturalista desarrollado en cuevas en torno al 18.000 a.C.), el arte levantino (estilo naturalista propio desarrollado en el arco mediterráneo entre el 6.000 y el 4.000 a.C.) y el arte esquemático (estilo basado en el simbolismo y la abstracción correspondiente a una sociedad agraria y ganadera y entre el 5.000 y el 1.500 a.C.).

*Rechira: Búsqueda, investigación.

En el año 1998 llegó su reconocimiento internacional, al ser integrados en la declaración del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica como Patrimonio de la Humanidad. En total, son 727 los conjuntos situados en distintas zonas de Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia. Se trata del conjunto rupestre más grande de Europa. En las representaciones se muestran imágenes de la vida cotidiana en un periodo fundamental de la evolución cultural de la humanidad, entre el 10.000 y el 3.500 a.C. Se emplazan en abrigos rocosos en los que se narran las primeras escenas de narradas de la Prehistoria en Europa. A través de signos e imágenes figurativas se representan animales y seres humanos en escenas de caza, de plega*, danza o guerra en las que predominan los colores rojo, el negro y el blanco.

Plega*: Recolección, recaudación.

En el año 2001 fue declarado el Parque Cultural del Río Vero. Ocupa una superficie perteneciente a nueve municipios: Bárcabo, Colungo, Alquézar, Adahuesca, Santa María de Dulcis, Pozán de Vero, Azara, Castillazuelo y Barbastro. En esta figura de protección aragonesa se agrupan el patrimonio cultural y natural en su más amplio sentido: paleontológico, arqueológico, arquitectónico, etnográfico, paisajístico, geológico, museístico, gastronómico…

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Dentro de este conjunto destaca el Ciervo de Chimiachas, una pintura rupestre ubicada en la margen derecha del barranco homónimo, afluente del río Vero. El abrigo se encuentra elevado sobre el cauce habitualmente seco, y emplazado en una oquedad alargada de 18 metros de longitud y 5 metros de profundidad, orientada al sureste. Se accede al mismo por un sendero y en su tramo final por unas escaleras metálicas. Contiene una única y espectacular representación de un ciervo, protegida por una reja. El majestuoso cérvido aparece pintado en solitario en posición estática. Su excelente estado de conservación permite apreciar la técnica utilizada en su ejecución. La silueta está pintada en rojo, con líneas gruesas, y la figura se rellena con tintas planas en diferentes tonalidades que oscilan del rojo vinoso a tonos más ocres. El resultado es una pintura realista de pequeño tamaño, que sorprende por su excelente factura, fuerza expresiva y belleza. Constituye la mejor muestra de arte levantino del Parque Cultural del Río Vero, así como el ciervo mejor conservado y más impactante de los existentes en el Alto Aragón.

En cuanto a su ejecución, se estima que fuera realizado entre el 6.000 y el 4.000 a.C., Perteneciente a la corriente naturalista del arte levantino dentro del arco mediterráneo de la Península Ibérica. La representación de ciervos en el arte rupestre levantino forma parte según algunos estudiosos de un ritual ceremonial. Aparte de las escenas de caza junto con otros animales, suelen aparecer en solitario o acompañados de otros ciervos o ciervas en actitud reposada. Se piensa que fueran considerados como animales sagrados debido a la insistencia en su representación. Pero también existen otras interpretaciones que hacen pensar que fueran simplemente elementos informativos de cara a otros pobladores, como para señalar lugares donde se pudiesen encontrar estos animales, con el fin de facilitar la caza de los mismos.

 

 

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Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa, volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir más de 30 veces lo que recibieron. Al final han pagado unas cuatro veces la indemnización, pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y  resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. En todo este tiempo las actuaciones en Jánovas han sido de poco calado. El propietario sigue siendo Endesa, y ello no permite realizar ningún avance. Aún así los vecinos han ido realizando pequeñas obras. Hace años fue recuperada la fuente. Y en los últimos años ha sido reconstruido por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se ha convertido en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y recientemente también ha sido recuperado el antiguo horno, situado muy cerca. Estos edificios comunales todavía pertenecen a Endesa, pero el ayuntamiento de Fiscal ya ha solicitado su reversión para que pasen de nuevo al uso de los vecinos del pueblo.

Y mientras tanto la administración sigue prolongando en el tiempo sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados, fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. Tras muchos años de trámites el 60% ya han terminado con la tramitación y son de nuevo suyas. En el caso de Jánovas cerca de una veintena ya han conseguido la reversión, pero sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo tres casas están en obras. En la entrada del pueblo está Casa Agustín, en la que ya se han construido los muros de la primera y segunda planta y a final de año se espera terminar la cubierta. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa va a buen ritmo y ya se completado completamente la estructura incluido el tejado. Otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, está prácticamente terminada. Se trata de la Casa Frechín. En todos los casos todavía queda para que se establezcan en el pueblo, ya que es necesario terminar las obras en el interior de las viviendas, y mejorar las condiciones del pueblo, todavía carente de un acceso en condiciones, además de otros servicios como luz y agua.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se llevaron a cabo las obras en el cauce para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa, y ahora el río Ara ya discurre por donde siempre había ido. También se ha construido un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Aunque este paso es utilizado por los vecinos, la CHE lo ha construido para sus obras. Lo de carretera nacional es de risa, ya podría pasar por carretera local. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una precaria carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El acceso al pueblo es lamentable. Sigue siendo una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central se olvida por completo de Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano, presupuestada para este año. Por parte de la administración central está pendiente la ejecución de las obras del plan general urbanístico ya proyectado para el pueblo. Ello permitirá urbanizar las calles y dotar al pueblo de agua, luz y alcantarillado. En el caso de la acometida de la luz los vecinos se han movido para intentar abaratar el coste de la obra. De esta manera está previsto que al final lo asuma el gobierno autonómico con presupuesto de este año. Sin duda alguna este servicio es fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida a Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial, así como el resto de obras pendientes. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. La reversión ya ha sido solicitada por parte del arzobispado a Endesa. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal. ¿Cuándo será trasladada?¿Cuando se sentirán las campanas de la iglesia bandiar?

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

Central Térmica de Aliaga, el despertar de un gigante

En el año 1949 Eléctricas Reunidas de Zaragoza, hoy Endesa, comenzó las obras de la primera fábrica de electricidad a partir del carbón en España, que sería durante años el complejo energético más grande del país. El lugar elegido fue la localidad turolense de Aliaga, inaugurándose en 1952. El conjunto arquitectónico estaba compuesto por un imponente edificio, al que le acompañaban talleres, almacenes, depósitos de agua, tolvas para el carbón y un embalse. Sus edificaciones fueron construidas a base de ladrillo y cemento, siendo funcionales pero sin renunciar a la elegancia en sus líneas.

El edificio principal de la central térmica, que responde al estilo historicista, está compuesto por tres naves de planta rectangular adosadas en paralelo. La nave de mayores dimensiones cuenta con 76 metros de longitud y 36 de altura. Está coronada por un frontal donde figuran las letras “CENTRAL TÉRMICA DE ALIAGA”, mientras que en su costado mayor se puede leer “ELÉCTRICAS REUNIDAS DE ZARAGOZA S.A.”. Sus muros aparecen rasgados por grandes vanos de iluminación verticales, separados por pilastras. En su interior albergaba la gran nave de calderas, donde se cremaba* el carbón, proceso en el cual se producía energía eléctrica. Inicialmente contaba con una gran caldera Mercier, construida en Zaragoza, y otras dos más pequeñas Babcock Wilcox, produciendo en total 20 MW. En el año 1958 se añadió una caldera Walther de 25 MW, con lo que la producción de la central térmica alcanzó los 45 MW. Comenzó así su periodo de máxima producción, con 280 millones de kW/hora al año. Tras el desmantelamiento de la maquinaria sólo se conservan las chimeneas de las tres calderas con las que se puso en funcionamiento la central. A continuación aparece otra nave rectangular de menor altura, conocida como la de máquinas, donde se instalaron inicialmente dos grupos de generadores, al cual se le añadió un tercero con la puesta en marcha de la última caldera. Finalmente aparece una nave más pequeña, conocida como sala de condensadores, y que se comunicaba con las torres refrigeradoras, ya desaparecidas. Las dos naves menores se cierran con sendos frontones, de similitud a los templos griegos.

*Cremar: Quemar.

En un principio la central cubría sus necesidades de carbón con las minas subterráneas de la zona. Éstas pertenecían a Minas e Industrias de Aliaga S.A., empresa filial de Eléctricas Reunidas de Zaragoza. Se trataba de Hoya Marina, Campos y Las Eras. El transporte directo desde las minas se llevaba a cabo por un tendido aéreo mediante vagonetas de 13 kilómetros de longitud salvando así las dificultades orográficas, contando incluso con túneles. El carbón trasladado se recogía en unas tolvas grandes. Un cable sinfín lo introducía en el edificio alimentando las calderas. Con su combustión se calentaba el agua procedente del embalse de Aliaga a elevadas temperaturas, lo cual producía la energía necesaria para impulsar las turbinas. Ésta pasaba al parque de transformación obteniéndose la energía de alta tensión. El agua utilizada se enfriaba en las torres de refrigeración, volviendo al embalse y completando el circuito cerrado. Precisamente este embalse fue construido sobre el río Guadalope con ésta única función.

Debido a la voracidad de la central térmica, 900 Tm, las explotaciones mineras se agotaron y en el 1962 fue cerrada la última de ellas. Comenzó el traslado por carretera de otras zonas de la provincia turolense que encareció notablemente los costes de producción. En el año 1982 cesó la actividad definitivamente, ya que para la empresa eléctrica era más rentable quemar el carbón en las centrales de Escucha y Andorra, que ya estaban en funcionamiento.

Con la apertura de la central térmica Aliaga la población pasó de unos pocos centenares hasta los 2.000 habitantes, muchos de los cuales vivían directa o indirectamente de la producción energética y de las minas de carbón. Para alojar a los trabajadores y sus familias fue necesario construir dos barrios nuevos: Santa Bárbara, para aquellos que trabajaban en las minas, y La Aldehuela, para los que lo hacían en la central. Llegó así la etapa más floreciente de Aliaga en la que la población contaba con un cine, un economato, una fonda para los solteros y unas escuelas. Pero el desarrollo fue efímero y sólo duró tres décadas. Las calderas se apagaron y con el cierre la empresa ofreció 250.000 pesetas a sus 85 trabajadores para su traslado a Zaragoza, donde la compañía les dio otros puestos. Con la pérdida del motor económico de Aliaga, la población cayó en picado y en la actualidad el censo cuenta con unos 350 vecinos.

Tras el desmantelamiento y la venta de toda la maquinaria por parte de Endesa durante los tres años siguientes al cierre, llegó el abandono. El terreno y sus edificios fueron adquiridos por unos empresarios turolenses que lo compraron a muy bajo coste. Y poco a poco llegó el deterioro de las instalaciones. El imponente edificio se yergue en pie con sus muros exteriores, salpicados de grandes finestras* con los cristales rotos. Y en su interior restos de materiales desprendidos de su estructura. Todo cubierto por el color negro de toneladas de carbonilla que salieron por sus gigantescas chimeneas. En las oficinas situadas en la parte alta cientos de papeles desperdigados hablan de cifras y del registro de sus empleados. Y en los montes cercanos todavía se conservan los restos del entramado aéreo por donde llegaba el carbón a la central.

*Finestra: Ventana.

Este fue el lugar elegido para grabar el anuncio de Sónar 2012. Se trata del Festival Internacional de Música Avanzada y New Media Art de Barcelona, pionero en su formato. Constituye un referente internacional gracias a a la oferta cultural en la que se conjugan lo lúdico y lo artístico, así como las tendencias de músicas electrónicas así como sus interacciones con otros géneros. El cortometraje trata la historia de un robo en una central térmica en Siberia, mediante el asalto a dicha central por parte de tres enanos. El edificio abandonado rodeado de un paisaje singular durante el crudo invierno turolense evoca sin lugar a dudas la estepa siberiana.

Ver vídeo Sónar 2012 “La Distancia”

Pero también ha sido un polo de atracción de innumerables fotógrafos tanto profesionales como aficionados atraídos por sus ruinas.

Tras décadas de abandono parece que ha comenzado un movimiento que pretende recuperar su imponente estructura. En el año 2016 comenzaron a movilizarse el alcalde de Aliaga, Sergio Uche, y la Fundación Iberoamericanas de las Industrias Culturales y Creativas (FIBICC), especializada en el impulso de proyectos vinculados a la arquitectura industrial. El objetivo es convertirlo en un museo sobre el ciclo del carbón, que serviría además como centro de actividades culturales. También un espacio abierto a los artistas para fomentar su creatividad y para exponer sus obras. Se convertiría así en un punto de referencia de la arqueología industrial, que podría dinamizar la zona a través de un turismo industrial. Lo cual sería un aliciente al turismo cultural y de naturaleza con el que ya cuenta (ver artículo Aliaga, un paraíso de la geología). Pero el objetivo es implicar también al resto de administraciones desde la Comarca de Cuencas Mineras, pasando por el Gobierno de Aragón y llegando al Gobierno central y la Unión Europea. En el proyecto se plantea involucrar también a las empresas energéticas que operan en el pueblo en la actualidad. Por una parte la central de cogeneración de Cinca Verde que produce electricidad con la quema de gas natural, y el parque eólico de Comiolica. Además sería lógico que Endesa se sumase al proyecto, ya que Eléctricas Reunidas de Zaragoza fue quien construyó la central.

Para seguir adelante con el proyecto lo primero ha sido la adquisición de la central y de solar de su alrededor, cuya compra se hizo efectiva en la primavera del 2017. También sería importante la declaración de enclave como bien de interés cultural, lo cual facilitaría la concesión de subvenciones. Precisamente éstas serían fundamentales para acometer la fase más complicada, la adecuación de las instalaciones y sus alrededores. Ello podría dinamizar el empleo de la zona, en compensación al desarrollo de España gracias a la energía generada en la central durante tres décadas. Los trabajos serían complejos y costosos debido a los materiales contaminantes que deberían ser tratados por empresas especializadas. En primer lugar la descontaminación de los terrenos, así como la retirada del amianto de la cubierta de uralita. Y después debería llevarse a cabo la rehabilitación del edificio de grandes dimensiones.

Un ambicioso proyecto que comienza a andar y que esperemos que llegue a buen puerto para revitalizar un pueblo con muchos atractivos naturales y artísticos. De esta manera se recuperaría parte de su historia más reciente, y pondría en valor unas instalaciones que a pesar de su estado provocan hoy en día admiración a todos aquellos que se acercan hasta ellas.

3ª Excursión Joréate por Aragón a Aliaga

Y llegaba la tercera excursión de Joréate, y este año nos tocaba recorrer tierras turolenses. La localidad elegida por el dragón Chorche fue Aliaga, un pueblo en declive económico por el cierre de las minas y de su central térmica. Después de haber superado ampliamente los dos mil habitantes ahora rondaba los trescientos habitantes. Pero en las últimas décadas el reconocimiento de su parque geológico y la potenciación de su entorno natural podía abrir una puerta a su futuro, mucho más respetuosa con el medio ambiente.

La quedada tenía lugar el sábado 20 de mayo en el Santuario de la Virgen de la Zarza, uno de los rincones más bonitos de la localidad. A la excursión se apuntaron 33 personas, en progresión ascendente año tras año. A medida que fueron llegando el almuerzo fue lo primero. El día era estupendo, soleado y fresco, pero poco a poco la temperatura templó el día. Tras la llegada de los más rezagados a mediodía comenzó la caminata, un sencillo paseo por el Sendero Fluvial del Guadalope.

En su primer tramo, y sin perder de vista las cristalinas aguas de este río, una cómoda senda estaba escoltada por los chopos cabeceros. Tras el cruce a la otra margen se pasaba junto a las últimas casas de la población. Poco a poco nos fuimos acercando al desfiladero de Aldehuela, donde el paisaje mostraba las formaciones rocosas más agrestes. Fueron necesarias las primeras pasarelas para sortear un pequeño resalte recoso. Más adelante el valle se estrechaba, en algunos tramos con paredes rocosas verticales. La vegetación de ribera cubría todo el fondo del valle junto al río. Nuevos tramos de palancas* metálicas, cuyo acondicionamiento ha sido llevado a cabo hace menos de un año, permitía descubrir este entorno natural andando.

*Palanca: Pasarela.

Y llegó el tramo más espectacular, donde la senda se elevaba sobre el cauce y atravesaba un tramo adosado a la roca. Un recorrido sinuoso y de gran belleza, no apto para los que tienen vértigo. De nuevo junto al cauce del río, la senda se adentraba en el valle donde abundaban los troncos secos de los árboles muertos, junto a los abundantes chopos que tapizaban el paisaje.

Más adelante la senda ascendía rápidamente hasta un pequeño collado. Desde la parte se abría un nuevo paisaje que sorprendió a todos. Ante nosotros el embalse de Aliaga, con aguas de color marrón salpicado de carrizal, y al fondo la enorme fábrica de la Central Térmica de Aliaga. Sólo restaba rodear el embalse, cruzar por debajo de la presa a través de un puente, y acercarse hasta el edificio.

Sus enormes dimensiones y su estado de abandono nos dejó enluzernaus a todos. A pesar del peligro de acceso fue inevitable echar un vistazo y tomar alguna foto, con precaución. Se trató de la primera y más moderna central térmica de España, y cesó su actividad en los años ochenta por los costes de producción y la mala calidad del carbón de la zona. Tras el desmantelamiento de sus elementos de mayor valor ahora quedaba su estructura en avanzado estado de ruina, pero en pie.

*Enluzernau: Perplejo.

El camino de vuelta fue mucho más rápido, en una hora, ya que había hambre. Junto al santuario había un merendero con abundantes mesas. Allí comimos con postres bien variados. Cerezas del Bajo Gállego traídas por Chorche, una torta buenísima de la panadería de Utrillas, palmeritas de Massiel e incluso una empanada de cabello de ángel de Rosi. Después hubo tiempo para todo. Tomar un café en el bar cercano del camping, echarse una siesta, tomar el sol, tocar el ukelele e incluso demostrar las habilidades con el diábolo.

A mitad de tarde decidimos dar un paseo por el pueblo. En primer lugar nos hicimos la tradicional foto de grupo ante la fachada del santuario. Después entramos y nos quedamos boquiabiertos ante la belleza de su interior. Bóvedas y columnas cubiertas con esgrafiados, dibujos de color azul sobre fondo blanco. Todo ello acompañado de preciosos retablos, grandes lienzos y el altar donde se entronizaba la virgen titular. Su magnífico estado se debía en gran parte al trabajo de restauración de Julián Cruz, que nos contó en vivo y en directo cómo había llevado a cabo estos trabajos durante años con gran maestría y perfección. Pero también nos contó la historia de la aparición de la virgen y de la construcción del santuario. Y la visita se completó con muchas hazañas de su azarosa vida, entre ellas trabajador de la central térmica.

A continuación dimos un paseo por el pueblo, atravesando el puente sobre el río Guadalope, en dirección a la iglesia parroquial. Más adelante entramos en la calle principal de la localidad, escoltada por los porches que embellecían este tramo de la travesía. Por cierto la treintena de participantes en la excursión ocupaba la calzada sin riesgo, como si fueran las fiestas del pueblo ante la ausencia de vehículos. El paseo se prolongó por las calles altas, hasta descender de nuevo, y volver hasta el santuario. Una magnífica tarde de verano a juzgar por la temperatura, en la que parecía estar nevando por las bolisas de algodón que portaban las semillas de los chopos que eran trasladadas por la suave brisa. Un espectáculo natural precioso, pero molesto para la mayoría.

En este momento comenzaron las despedidas. Era el final para la gente que había venido a pasar el día. Todos estaban contentos por la jornada de convivencia en la cual habían conocido a gente nueva y habían pasado un día estupendo descubriendo una localidad que no conocían. Y para los demás sólo quedaba trasladarse hasta el cercano barrio de Santa Bárbara, donde estaba situado el Albergue de Aliaga. Nos recibió Raquel, nos tomó nota y enseguida comenzó la distribución de las habitaciones. El antiguo edificio había tenido diversos usos entre ellos el de escuela. Tras su rehabilitación ahora era un albergue con unas instalaciones modernas y funcionales, pero llenas de pequeños detalles. Hasta la cena pudimos disfrutar de la tranquilidad y del frescor de la noche en la terraza mientras tomábamos una cerveza. Cenamos en el comedor, que hacía las veces de bar, con una comida muy bien elaborada por Pablo, el cocinero. Y tras la cena pudimos ver tres pequeños documentales en gran pantalla sobre lo pequeño que es nuestro planeta en comparación con el universo conocido. Media hora en la cual Raquel, una enamorada de las estrellas, nos contagió su entusiasmo y sus conocimientos. Y todo ello dentro de un proyecto que hacía singular a este establecimiento. Forma parte del movimiento Starlight, cuyo fin principal es la difusión de la astronomía. Precisamente las condiciones ambientales de esta zona, sin apenas contaminación lumínica, lo convierte en un lugar ideal para la observación de estrellas. Y para completar el proyecto estaban a la espera de un sofisticado aparato que permitirá el visionado de estrellas, con lo que dentro de poco cumplirán este sueño personal.

A la mañana siguiente no madrugamos mucho. Hasta las nueve no desayunamos. En una hora ya estábamos en marcha. En el Centro de Interpretación del Parque Geológico de Aliaga nos esperaba Julia para darnos una lección de sus conocimientos. A lo largo de muchos años ha sido una ferviente protectora del legado geológico y natural de Aliaga, gracias a su divulgación como informadora turística. Un audiovisual sirvió de introducción, y después nos contó todo lo necesario para entender la formación del actual paisaje que rodea a Alulgha, término musulmán que significa valle torcido, origen del nombre de Aliaga. Un complejo proceso de formación de millones de años, ahora estudiado por los geólogos y que atrae todos los años a muchos visitantes de todo el mundo debido a sus peculiaridades y su importancia internacional.

A continuación llegó el almuerzo mientras los niños jugaban en el parque. Un rato de asueto para dar paso al ascenso del castillo de Aliaga. Tras buscar el camino de ascenso por las quebradas calles de la localidad llegamos a la parte alta. Un sendero nos llevaba ya en menos de diez minutos a través de las laderas cubiertas por un tapiz vegetal de flores, propio de la primavera. En la parte alta unas pasarelas metálicas facilitaban el ascenso hasta el punto más alto, donde estaba ubicada la cruz, bien visible desde todo el pueblo. A sus pies se disponía el casco urbano, del cual despuntaba la torre de la iglesia. A su alrededor la huerta y la vega del río Guadalope. Y el resto del paisaje lo completaban las caprichosas formas rocosas que formaban el parque geológico, un espacio único de singular belleza.

El final de la mañana lo puso el mirador de Alto Camarillas. Hasta este punto elevado había que subir en coche, a unos dos kilómetros de distancia de la localidad. Desde este lugar se podía ver otra vista diferente del entorno de Aliaga. La torre de la iglesia se veía rodeada de un caos de rocas en todas las direcciones, resultado de los movimientos tectónicos y de la erosión a lo largo de doscientos millones de años.

A la llegada al alberge nos reunimos en la sala de proyección para la resolución del segundo concurso fotográfico de Joréate. En la jornada de ayer todos los participantes tuvieron la oportunidad de hacer fotografías de manera libre. Buena parte de ellos nos enviaron dos de ellas, y entre todas íbamos a valorar cuáles serían las ganadoras. Este año pusimos dos categorías, una de adultos cuyo premio era un lote de productos ecológicos y de temporada del huerto de Chorche. Y para los niños habíamos preparado una mochila para acompañar en las rutas senderistas.

Tras más de media hora de visionado de fotos y votaciones llegaron llegaron los premiados:

Categoría Adultos

1º Premio (Raúl)

2º Premio (Eva)

3º Premio (Vanesa)

Accesit (Ruth)

Categoría Niños

1º Premio (Ruth)

2º Premio (Alodia)

3º Premio (Irene)

Y a las dos y media, nuestro cocinero Pablo, nos deleitó con dos paellas, una de marisco y una de pollo y verduras, a cual más buena. Con el café y la tertulia posterior fue poco a poco terminando un fin de semana para recordar, y que seguro se volvería a repetir, pero en otro rincón de Aragón. El dragón Chorche ponía un grano de arena más en su proyecto de Joréate por Aragón. Una excursión en la cual cabía destacar el buen ambiente de convivencia descubriendo uno de esos rincones con mucho encanto de nuestra tierra, pero que todavía tiene que conocer mucha más gente.

Cárceles del Mezquín-Matarraña, un macabro viaje en el tiempo

La comarca del Matarraña/Matarranya aglutina uno de los conjuntos urbanísticos más notables y mejor conservados de Aragón. Todo ello enmarcado por un paisaje mediterráneo con grandes atractivos naturales como los Puertos de Beceite/Ports de Beseit. Pero también conserva un macabro conjunto de cárceles en perfecto estado de conservación. Un viaje en el tiempo a la penosa estancia de los presos que allí estuvieron recluidos entre los siglos XVI y XIX.

A finales del siglo XVI comenzó la edificación de las casas consistoriales de la comarca, bellos ejemplos de arquitectura civil que se han conservado hasta nuestros días. Estos magníficos edificios pretendían reivindicar el poder municipal frente al poder de la Iglesia y las Órdenes Militares que habían imperado hasta entonces. Se diseñaron para albergar servicios esenciales para sus habitantes. Como elemento más característico en casi todos ellos cuentan á ran* de la calle con una lonja para el mercado, que también era utilizada como trinquete, para el juego de pelota. Pero también albergaban una sala destinada a  la medida y peso de productos para el control de los ingresos municipales, además de carnicería, granero y pósito para almacenarlos. En la planta noble estaba el salón de reuniones para el concejo, así como el archivo de documentos. El grupo de personas que regían el concejo, además de velar los intereses de los vecinos, tenían la potestad de impartir justicia. Por ello también se crearon espacios reservados para los presos. Su ubicación en estos edificios tan sólidos, y su abandono durante más de un siglo sin apenas uso, ha permitido que se conserven de manera excepcional ya que no se han realizado reformas en su interior.

*Á ran: Al nivel.

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El catálogo de cárceles del Mezquín-Matarraña alberga once ejemplos, no todos ellos de las mismas características. Casi todas están ubicadas en la planta baja de las casas consistoriales, o por debajo del nivel de la calle. La excepción la pone el caso de Fuentespalda/Fontdespatla, ubicada en una torre defensiva conocida como la Torreta. Sus características comunes responden a espacios pequeños, con escasa o nula iluminación y ventilación. Contaban con una o varias estancias para presos. En algunos casos otra era destinada a vivienda del carcelero, la cual estaba dotada de la puerta de acceso al exterior y una pequeña ventana enrejada. Y casi todos los casos eran lugares lúgubres, con la única excepción de la sala destinada a reclusos de la primera planta del ayuntamiento de La Fresneda/La Freixneda. Los muros estaban revestidos de yeso, y en algunas cárceles se han conservado grafitis, dibujos e inscripciones llevados a cabo por los presos que las ocuparon. Fueron realizados por objetos punzantes realizando hendiduras generalmente en las paredes, aunque también en el suelo. A través de estas manifestaciones se puede conocer el pensamiento de los reos. Abundan las representaciones religiosas (cruces, nombres de santos), de carácter bélico (armas), mujeres, siluetas de manos, pájaros, barcos, inscripciones numerales, juegos y frases.

Los presos que eran recluidos quedaban a la espera de una sentencia. En estas mazmorras las condiciones eran penosas, sin apenas luz o ventilación, tremendamente húmedas y frías, pasando hambre y seteguera*. El castigo aparte de la reclusión incluía la inmovilización física. Para ello se utilizaban cadenas, argollas cepos o grilletes con los cuales se ataban los pies, las manos o el cuello. Durante los siglos XVI y XVII la justicia dependía directamente de los concejos. Algunos procesos han quedado guardados en archivos y reflejan claramente que el sistema penitenciario tenía carácter municipal. Cada pueblo contaba con unos estatutos criminales propios. Y estaba dotado de un procurador de la villa, responsable de la acusación, los jurados encargados de capturar a los acusados y un verdugo que se encargaba de ejecutar la sentencia. Todos los gastos eran sufragados por el municipio. En los estatutos criminales estaban penados múltiples delitos como asesinato, robo, secuestro de mujeres, adulterio, fornicación, incesto, sodomía, falsificación de moneda, resistencia a la autoridad, incendio provocado, brujería, hechicería, etc. Las penas impuestas variaban y entre ellas las más habituales eran ahorcamiento, con descuartizamiento y exposición del cadáver posterior, destierro, trabajos para la Corona o multas económicas. Los jueces de los municipios no tenían conocimientos jurídicos y aplicaban las penas de manera desproporcionada. El objetivo general era escarmentar al acusado y atemorizar a la población, con lo que aplicaban en público. Con la entrada de los Borbones, fue impuesto el centralismo y comienza un cambio en los procesos judiciales. Las cárceles de la villa pasan entonces a denominarse Reales cárceles. Con el liberalismo en el siglo XIX se produjo un cambio drástico. En 1843 se crearon por decreto las provincias, y al año siguiente los partidos judiciales. En ellos se establecieron juzgados de primera instancia y la cárcel del partido. De esta manera las cárceles del Mezquín-Matarraña dejaron de emplearse como hasta entonces, y se convirtieron en calabozos provisionales a la espera de llevar a los reos a las nuevas cárceles. En la comarca la cárcel de Valderrobres acogió a todos los presos del partido judicial a partir de entonces, convirtiéndose en cárcel nacional.

*Seteguera: Sed.

La ruta de las cárceles del Mezquín-Matarraña comienza en Mazaleón/Massalió, la población situada más al norte. Su antigua cárcel, construida a finales del siglo XVI a la vez que la casa consistorial, se ha conservado intacta. En la lonja situada en su parte baja, se abre una pequeña puerta adintelada que todavía conserva el cerrojo original. Junto a ella hay un pequeño vano o aspillera. En su interior la estancia es de pequeñas dimensiones, con suelo de tierra original y paredes de mampostería revocadas en parte. Tiene una pilastra de ladrillo con un agujero en la parte inferior que hizo las veces de letrina. Y de su mobiliario conserva un cepo original compuesto por dos maderos que servían para atrapar los tobillos del preso. Se añadía un madero intermedio donde se sentaba con orificios para hacer sus necesidades, y dos maderos más para apoyar los brazos. En el mismo edificio, en la planta superior contaba con otra cárcel, que también data de la misma fecha, aunque ha sufrido importantes reformas. La sala tiene unas dimensiones de 16 m2 y se accede a través de un vano adintelado con dos ventanas rectangulares a ambos lados. En uno de los muros conserva un conjunto excepcional de grafitis, casi todos datados en el siglo XVIII.

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La siguiente es la antigua cárcel de Calaceite/Calaceit. Situada en los bajos de la casa consistorial, data de principios del siglo XVII. Se accede desde el patio del ayuntamiento. La sala de unos 12 m2 tiene una puerta adintelada. No conserva el pavimento original y los muros han sido repicados. Se cubre con bóveda de cañón.

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La antigua cárcel de Torre del Compte/La Torre del Comte se localiza en la planta baja de la casa consistorial, obra que fue terminada en 1574. Se accede a su interior a través de una puerta adintelada, con una pequeña ventana cuadrada y enrejada. Después se suceden tres estancias, la primera utilizada como vivienda del carcelero, y las dos siguientes como calabozos, de unos 5 m2 de superficie cada uno. Los suelos son de tierra, muros de mampostería y cubiertas de bóveda rebajada. De su mobiliario se conserva una argolla en uno de los calabozos.

Posteriormente se llega a una de las poblaciones más importantes, La Fresneda/La Freixneda. El magnífico edificio de la casa consistorial fue construido en 1576. En la planta primera alberga la cárcel de la zona que mejores condiciones ofrecía a los reos, destinada a gente de alto nivel social como religiosos, militares o personas de alto rango. La sala tiene una superficie de unos 20 m2, y está bien ventilada e iluminada. Se accede a través de una puerta adintelada, con una gran ventana enrejada y otra menor a modo de aspillera. Se conserva el suelo original embaldosado. Su cubierta es plana sobre vigas de madera. Y las paredes, enlucidas en parte, conservan un conjunto magnífico de grafitis con iconografía variada y en excelente estado. Con acceso por la calle Mayor, pero también integrada en el mismo edificio, hay otra cárcel. El acceso es a través de una puerta adintelada, con una ventana cuadrada superior enrejada. Correspondía a la vivienda del carcelero. Desde allí una escalera subía a otra pequeña sala. En ella aparecía un agujero de acceso a un pozo de unos siete metros de profundidad, donde se encerraba a los presos más peligrosos. Las salas cuentan con suelo de tierra, paredes revocadas en parte y techos planos. Carecían ambas de ventilación e iluminación. Se conservan abundantes grafitis, así como una argolla junto al pozo. Se trata del calabozo más macabro de toda la ruta.

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En la capital de la comarca, Valderrobres/Vall de Roures, se localiza otro importante ejemplo de la arquitectura civil para uso municipal, llevado a cabo a finales del siglo XVI. A través de patio del ayuntamiento se accede al sótano donde se ubica la antigua cárcel. Conserva la puerta original, pero han sido reformados el pavimento y la cubierta, con muros repicados. En el edificio hubo más recintos destinados a cárcel, y en esta localidad se ubicó la cárcel del partido tras la reforma judicial del siglo XIX.

Se alcanza Ráfales/Ráfels, cuya antigua cárcel estaba situada en la casa consistorial, como era habitual. El edificio municipal está situado junto al portal de San Roque, y fue construido en el último tercio del siglo XVI. Desde la lonja, el acceso adintelado con puerta y cerrojo originales  da paso a unas escaleras empinadas. De nuevo una puerta y se accede a las dos estancias. En la primera de ellas un agujero en el suelo comunica con un pozo, siendo esta segunda sala angosta y lúgubre. Allí se conserva la letrina y una argolla.

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En la localidad de Fuentespalda/Fontdespatla la cárcel está ubicada en la Torreta. Se trata una torre defensiva emplazada en la muralla. Su uso como recinto carcelario data de fechas más recientes, entre los siglos XIX y XX. Ocupaba la planta baja de la torre con acceso a través de un arco de medio punto. En sus muros tenía pequeñas aspilleras. Con la rehabilitación de la torre no se han conservado ni pavimentos ni el techo originales. Conserva una cadena con grilletes originales.

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En la población de Peñarroya de Tastavins/Pena-roja de Tastavins la cárcel se localiza en la planta baja de su ayuntamiento, erigido a finales del siglo XVI. Se accede desde la calle a través de una puerta con dibujo conopial, y cuenta con una pequeña ventana cuadrada dotada de una reja. En su interior se suceden tres estancias, siendo la primera la utilizada por el carcelero. Las dos siguientes corresponden a los calabozos, con acceso a la última a través de un estrecho pasadizo excavado en la roca. Todas ellas conservan sus características originales, pavimento de tierra, cubierta abovedada y muros de mampostería carentes de enlucido. Cuentan con algún grafiti y una argolla en uno de los calabozos.

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Ya en las estribaciones de la comarca se alcanza la localidad de Monroyo/Montroig. La cárcel se emplaza en la casa consistorial, de bella fachada, edificada en el año 1588. A escasos metros de la puerta principal, en la lonja, se abre el arco rebajado de acceso al recinto carcelario. Le acompaña una pequeña ventana enrejada. La primera sala era destinada al carcelero. Le suceden otras dos con acceso de arco rebajado, ya sin ventilación. Los suelos son de tierra y se cubren con bóveda de cañón ligeramente apuntada. Se conserva únicamente una letrina en cada una de las estancias.

Alcanzando la frontera con la Comunidad Valenciana, se alcanza Torre de Arcas/Torredarques. Su casa consistorial construida en el siglo XVII conserva la lonja en la parte inferior, habiéndose transformado el resto del  edificio. A su antigua cárcel, ubicada en la planta baja, se accede desde la lonja. Una puerta adintelada y una pequeña ventana cerrada por una reja sirven de acceso y ventilación a la primera sala. Después le sucede otra, ambas de unos 8 m2 de superficie. El pavimento es de tierra, cubierta plana y paredes de mampostería y sillería. Conserva grafitis y una madera con una cadena.

La ruta de las cárceles termina en la cercana población de la ribera del río Mezquín, Belmonte de San José/Bellmunt de Mesquí. Su casa consistorial es el edificio más modesto de la ruta, y fue construido en 1575. A través de la lonja se accede a la cárcel, con una estancia de unos 6 m2. Cuenta con una puerta adintelada que conserva su cerrojo original. Un pequeño vano con reja y ventano exterior permite pasar la luz y la ventilación. El suelo es de tierra, las paredes de mampostería y el techo plano sobre vigas de madera. Conserva como una cadena con un gran grillete, destinado al cuello de los presos.

Universidad Sertoriana de Huesca, la primera universidad aragonesa

La primera universidad creada en Aragón fue la Universidad de Huesca. Y fue una de las pioneras en España, tan sólo después de Palencia (1208), Salamanca (1255) y Lérida (1300). El 12 de marzo de 1354 Pedro IV de Aragón en Alcañiz declaraba su creación. El denominado por aquel entonces Estudio General ofrecía la enseñanza de Teología, Cánones, Letes, Medicina y Filosofía. El privilegio le fue concedido a Huesca a pesar de la exclusividad con la que contaba la Universidad de Lérida. Ésta fue creada por Jaime II de Aragón medio siglo antes dictando que no se podrían crear universidades nuevas en la Corona de Aragón. La rivalidad entre ambas hizo que no se reconocieran los recíprocos títulos y grados que otorgaban.
Sin embargo los orígenes de los estudios en la capital oscense se remontan varios siglos antes. Quinto Sertorio fue el protagonista durante el siglo I a.C. de las guerras sertorianas en Hispania. Llegó a dominar la Península Ibérica estableciendo su capital en la ciudad íbera de Bolskan, denominada por los romanos Osca. Dentro de su estrategia decide crear una escuela en la que educaba según los fundamentos griegos y romanos a los hijos de los íberos aliados. Con ello se aseguraba la fidelidad de los padres. Gracias a la obra “Vidas Paralelas” se conocen todos estos hechos. Fue escrita en griego por el célebre autor Plutarco entre los siglos I y II d. C. Ésta permaneció oculta hasta finales del siglo XIV, cuanto se tradujo al aragonés con el patrocinio de Juan Fernández de Heredia en medio de la corriente humanista de la época. A partir del siglo XV se comienza a afianzar la fundación latina de la universidad, y se generaliza el nombre de Universidad Sertoriana de Huesca. La escuela latina sobrevivió a la muerte de su fundador, alcanzando la etapa más brillante bajo el mandato de Julio César y el emperador César Augusto, decayendo progresivamente después.
Al norte de la ciudad de Huesca, cerca de las murallas, estuvo ubicado el Palacio Real, destinado a residencia de los reyes aragoneses. El conjunto estaba formado por varios edificios en un gran patio rodeado por un muro. Se construyeron a finales del siglo XII y principios del XIII. De ellos se conservan los dos más importantes. Por una parte una gran torre hexagonal que en su origen pudo ser más alta y estuvo rematada con almenas. En su interior cuenta con dos plantas, en cada una de las calles cuenta interiormente con un ábside. La inferior es conocida como la sala de la Campana de Huesca, en la cual no pudo llevarse a cabo este afamado hecho ya que se construyó después de tener lugar. La leyenda cuenta que el rey Ramiro II el Monje mandó decapitar a los nobles desobedientes y con ello quiso dar ejemplo a todos los demás. En la parte superior está la sala de Doña Petronila, rodeada de arcos ciegos sostenidos por capiteles. El otro edificio, más grande y alargado, fue transformado profundamente en el siglo XVI. El resto de edificios de menor tamaño no se conservan en la actualidad.

Los inicios de la Universidad de Huesca fueron precarios, siendo gobernada y patrocinada por los jurados de la ciudad. Para el comienzo de la actividad posiblemente fueron adaptadas aulas en las dependencias del Palacio Real, momento en que ya era poco utilizado por los reyes. Hubo numerosos problemas económicos que incluso provocaron la suspensión temporal de las clases en el año 1450. Su refundación fue impulsada en la década siguiente por el rey Juan II de Aragón, que realizó reformas encaminadas a su impulso. En el año 1464 la universidad fue avalada con la bula del Papa Paulo II. Posterior a esta fecha es el escudo de la universidad, en el cual se representa las figuras de un Cristo crucificado y a ambos lados los titulares de los santuarios oscenses de gran devoción de Pedro IV, Santa María de Salas y San Martín de la Val de Onsera. En la parte inferior aparecen representados el escudo real con las barras de Aragón, y los escudos de la Santa Sede y de la ciudad de Huesca.
Durante el siglo XVI tuvo lugar uno de los episodios más destacables. El duro conflicto entre Huesca y Zaragoza ante el surgimiento de una nueva universidad duró muchos años. Los oscenses se aferraban al privilegio real de exclusividad de los estudios en territorio aragonés, que por otra parte ya se habían violado en el conflicto anterior con Lérida. En el año 1542 el Emperador Carlos V otorgó el privilegio de creación de la Universidad de Zaragoza. Sin embargo la precaria situación económica dilató el proceso hasta el año 1583, gracias el empeño de Pedro de Cerbuna. En este momento el pleito entre ambas universidades llegó al momento más álgido. Desde Huesca se hacían valer de su antigüedad rememorando los estudios de Sertorio.
Respecto a las instalaciones, a principios del XVI, se reformaron los espacios que servían para la enseñanza. Las clases se impartían también en varios edificios de la ciudad. Durante este siglo la Universidad de Huesca se dotó de dos colegios mayores, a imitación de los de Salamanca. Se trataba de instituciones que daban formación universitaria de grados mayores (licenciatura y doctorado). Además de dar alox*, estaban destinados a los estudiantes de mérito pero con pocos medios económicos. En el año 1534 se fundó el Colegio Imperial y Mayor de Santiago, con trece plazas. Y en 1587 se fundó el Colegio Mayor de San Vicente Mártir. Tras la visita del rey Felipe II dos años antes, se reforma la provisión de las cátedras, estableciendo el sistema de concursos con una lección pública desarrollada ante bachilleres y estudiantes que al menos lleven tres años cursados.
*Alox: Alojamiento.

A fines de ese siglo XVI entra en grave decadencia académica. Ligado a ello la entidad carecía de aulas suficientes, así como de espacios adecuados como un teatro, teniendo que usar la cercana iglesia del Hospital. Para paliar esta situación a principios del siglo XVII comenzaron las obras de reforma de uno de los edificios del Palacio Real. Fueron suprimidas las plantas y se convirtió en una gran sala, cuyas obras terminaron en 1638. El espacio principal era un gran salón, paraninfo o teatro, utilizado para los actos más solemnes de la institución académica. Presidiendo la sala desde el año 1768 hubo un cuadro de grandes dimensiones en el cual se presentaba a Quinto Sertorio montado a caballo, y al fondo la ciudad amurallada de Osca. En la parte inferior aparece la leyenda en latín que identifica al militar romano como fundador de la universidad oscense.

La Universidad Sertoriana de Huesca había alcanzando gran prestigio a finales del siglo XVII. Contaba con numerosos alumnos y los edificios donde se desarrollaba la actividad eran insuficientes. Fue necesario proyectar un nuevo edificio que fue diseñado por el arquitecto oscense Francisco de Artiga en 1690. Se ubicó sobre el gran patio del Palacio Real derribando algunos edificios y conservando el edificio palaciego que había sido transformado en teatro. La construcción de planta octogonal se disponía en torno a un patio porticado descubierto, alrededor del cual se estaban las cambras*. Francisco de Artiga fue un polifacético personaje que desarrolló dos proyectos principales en su vida: el edificio de la Universidad de Huesca y la presa de Arguis. En su proyecto original para el edificio académico no se llegó a materializar la monumental fachada que plasmó en un grabado. Al estilo clásico planteaba dos niveles separados por columnas y coronados por un frontón en cuya parte más alta estaba la figura ecuestre de Quinto Sertorio, afianzando el mito sertoriano de su fundación. En su lugar se realizó una más austera, en la línea de los edificios de la ciudad. Se trata de una portada barroca con piedra de arenisca. El resto de los muros exteriores no presenta decoración.
*Cambra: Estancia, sala, habitación.


Con la nueva sede, en el siglo XVIII, tiene lugar la época más floreciente de la Universidad de Huesca. En aquellos años acudían numerosos alumnos catalanes tras el cierre de la universidades catalanas ordenado por Felipe V. Esta medida fue tomada por su postura durante la Guerra de Sucesión. Años después se creó una nueva universidad catalana en la localidad leridana de Cervera que sí había guardado fidelidad al nuevo rey. Sin embargo al acercarse el final del siglo se agrava la situación de la universidad, con una situación económica muy compleja. El plan universitario de Caballero en 1807 dio lugar a la desaparición de la mitad las universidades españolas, aunque la de Huesca superó esta prueba. Sin embargo el plan universitario de Calomarde en 1824 eliminó la enseñanza de Medicina de la universidad sertoriana. El motivo es que no se adaptó a la reforma académica que propugnó la utilización de la medicina práctica y el estudio de la anatomía. La Guerra de la Independencia supuso el golpe final a la universidad oscense. En el año 1845 cierra definitivamente sus puertas.


A partir del año 1850 se valora la posibilidad de crear un museo aprovechando los fondos universitarios. Uno de sus promotores, el pintor Valentín Carderera, donó gran parte de su colección privada. En el año 1873 tiene lugar la inauguración oficial. De manera paralela el edificio mantuvo su labor educativa convirtiéndose en Instituto de Segunda Enseñanza. Casi cien años después de su supresión, en 1940, el Patronato Provincial para el Fomento de los Archivos, Bibliotecas y Museos acordó solicitar el traslado de los fondos documentales de la universidad al Archivo Histórico Provincial de Huesca, donde se encuentran en la actualidad. Respecto a las instalaciones de la antigua universidad fueron adaptadas como sede del Museo Provincial de Huesca en 1968. En los años 1993 y 1999 se llevaron a cabo sucesivas reformas de las instalaciones museísticas.


En el año 1967 surgió una nueva universidad en Huesca. En ese año comienza la andadura de la Universidad Laboral “Quinto Sertorio” de Huesca. Fue una de las veintiuna que se crearon en toda España durante el régimen franquista. Eran calificadas como universidades para los hijos de obreros, y fueron diseñadas para acoger a la población rural en éxodo a las ciudades. El resultado eran grandes centros educativos de alumnos internos donde se les dotaba de formación integral, primando las enseñanzas de química, mecánica y electricidad. También se crearon universidades laborales femeninas, como la de Zaragoza, inaugurada el mismo año. Con ello se reconocía el derecho de las mujeres trabajadoras a una adecuada educación laboral. El edificio de la Universidad Laboral del Huesca se levantó en una parcela situada cuatro kilómetros al sur del casco urbano, cerca de la carretera de Zaragoza. Los autores del proyecto fueron los arquitectos José López y Luis Laorga. Los edificios de escasa altura, a excepción de la residencia y el edificio principal, ocupan 30 hectáreas. Su elemento más significativo es la pirámide, situada al frente del acceso de las instalaciones. En su interior alberga un gran salón de actos con capacidad para 1.200 personas. El bloque educativo está compuesto por aulas interconectadas por pasillos y separadas por patios interiores. La capacidad de la universidad fue de 1.800 alumnos, de los cuales 1.200 tenían régimen de internado. Las enseñanzas que se impartieron fueron Formación Profesional Industrial (rama química), Ingeniería Técnica Industrial (rama química) y Curso Preparatorio. Con la transición política tras la muerte de Franco este modelo educativo es cuestionado, y se cierran todas las universidades laborales siendo el 1977-1978 el último curso. Se reconvierten en centros de enseñanzas integradas. En la actualidad las antiguas instalaciones en Huesca albergan el Instituto de Enseñanza Secundaria Pirámide.

Tras la disputa entre las universidades de Huesca y Zaragoza con motivo de la creación de ésta última, 128 años después de la desaparición de la universidad sertoriana volvieron los estudios universitarios a la capital oscense. La paradoja hizo que fuera de la mano de la Universidad de Zaragoza. En octubre de 1973 nace el Colegio Universitario de Huesca, adscrito a la universidad zaragozana. En ella se impartían Filosofía y Letras y Medicina, ocupando diferentes edificios en la ciudad. Con la transferencia de las competencias educativas a Aragón, en 1996 se transforma en la Facultad de Huesca, albergando el primer ciclo de Medicina y la Licenciatura de Humanidades. En el año 2001 se reestructura el Campus de Huesca y se crean la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación, y la Facultad Ciencias de la Salud y del Deporte. En esta última se han ido ampliando las licenciaturas y a día de hoy cuenta con Grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Grado de Odontología, además del Grado de Medicina. Y finalmente la Facultad de Empresa y Gestión Pública. A las facultades se suman la Escuela Politécnica Superior en la cual se imparten los Grados de Ciencias Ambientales e Ingeniería Agroalimentaria. Y también la Escuela Universitaria de Enfermería.


La tradición universitaria oscense no termina ahí, ya que más recientemente se ha creado una nueva universidad. La Universidad Ciudadana de Huesca no se basa en las enseñanzas regladas. Versa sobre el intercambio del conocimiento entre personas. En el año 2012 nace esta escuela abierta y cívica con la idea de servicio a los ciudadanos. El fundamento tiene como base la certeza de que todas las personas tienen conocimientos singulares que aportar, inquietudes que mostrar, sentimientos y emociones que transmitir, solidaridades que realizar y también acciones que llevar a cabo. Nuestros vecinos nos pueden enseñar mil cosas: desde cómo tejer un lienzo hasta cómo construir un circuito electrónico, una casa, un generador de viento o cómo modelar nuestra mente o saber cuándo hay que sembrar o plantar hortalizas. En las actividades propuestas un día uno puede enseñar y otro día aprender, o todo al mismo tiempo. Esta manera de enseñar es completamente diferente a la enseñanza reglada, ya que el coste para los asistentes es nulo o escaso. Y por ello la financiación no es un problema, basándose en la autosuficiencia sin necesidad de la petición de subvenciones. Entre las propuestas que en la actualidad ofrecen destacan cursos y talleres de diferentes temas, como literatura, fotografía. Y también senderismo con paseos por los alrededores de Huesca. Una visión diferente de la universidad, basada en el mismo fundamento, aprender conocimientos.

Bibliografía:

Carlos Garcés Manau. Quinto Sertorio, fundador de la Universidad de Huesca. El mito sertoriano oscense.

Anabel Bonsón Aventín. 25 años de un centro universitario en Huesca. 1999. Ed. Universidad de Zaragoza.

Enrique Satué Oliván. Una pirámide en el carrascal.
“Huesca siglo XVIII”, de Antonio y Joaquín Naval Más.

Pozo de los Aines, un rincón tropical en el Moncayo

Cerca de la población de Grisel, a tan sólo tres kilómetros de Tarazona, se encuentra uno de los lugares más singulares del entorno del Moncayo. Quizás no sea muy conocido, pero su visita nos dejará un recuerdo imborrable. Se trata de un espectáculo natural siempre sorprendente, una dolina, conocida como el Pozo de los Aines. La primera mención documental tiene lugar en el libro “Itinerario del Reyno de Aragón”, cuyos datos fueron recogidos entre 1610 y 1615. Su autor es el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña. No se sabe exactamente el momento de su formación, aunque algunos geógrafos la sitúan entre los siglos XI y el XV. Sin embargo otras fuentes lo datan en una fecha anterior. La leyenda más conocida emplaza su formación sobre el año 1535. En aquella época la mayor parte de la población de Grisel era morisca, es decir, musulmanes que fueron obligados a convertirse al cristianismo en 1502 si querían quedarse en España. A pesar de ello muchos seguían profesando su religión en secreto. Uno de ellos, Hamet Ben Larbi, decidió salir al campo a trabajar junto con su criado en un día festivo, al parecer el día de la Virgen de Agosto. En la tarea de trillar, y tras un gran tramit*, la tierra se tragó al morisco, el trillo y las caballerías. Los habitantes de la localidad relacionaron este sorprendente accidente con un castigo divino por trabajar en un día festivo. Debido a su popularidad incluso forma parte del dance de Grisel en forma de verso. Otras leyendas hablan de ermitaños que vivieron en el pozo, y de pasadizos que lo conectaban con el pueblo.
*Tramit: Estruendo.

El fenómeno físico está claro que tiene su origen en el desgaste de los materiales calizos y yesosos situados bajo la superficie debido a la acción de las aguas subterráneas. Ello produjo un desplome de la parte superior del terreno, originándose un pozo de grandes dimensiones conocido como dolina. Las dimensiones de esta oquedad son considerables. Tiene un diámetro en su boca de 22 metros, siendo su profundidad variable entre los 23 metros en la zona central alcanzando los 32 metros en su zona más profunda.

El interior del pozo cuenta con una vegetación completamente diferente a la de su entorno. El campo de olivos en el que se emplaza contrasta con el microclima que guarda la dolina, debido a las condiciones particulares de humedad que emanan del fondo, así como de la temperatura media anual de 10º C. La exuberante vegetación cuelga de sus paredes en forma de enredaderas y plantas trepadoras. En el fondo incluso se forma de vez en cuando una pequeña lámina de agua, mientras que gran parte de la superficie de tierra es ocupada por un ejemplar de helecho conocido como lengua de ciervo. Pero también otros helechos como cabello de Venus, sardinera o el helecho hembra.

En cuanto al nombre de la cavidad, éste parece proceder del término árabe “ayn” que significa auguamanal* o fuente. El plural según algunos estudiosos se debe a ser un término mudéjar, adaptado con posterioridad al castellano. También existe otra interpretación más popular que hace referencia al Pozo de la Inés, una muchacha que perdió la vida al caer a su interior. De su nombre derivó el término actual.
*Auguamanal: Manantial.
El término donde está situado, un olivar, perteneció al Arcediano de Tarazona. En el año 2012 el ayuntamiento de Grisel compró la finca por 15.000 euros a través de una subasta en un portal de internet. Un año después, con la ayuda de un plan de competitividad turístico del Moncayo se ha procedido al acondicionamiento de su entorno.

El Pozo de los Aines está situado a un kilómetro del centro de la localidad de Grisel, y su acceso está perfectamente señalizado. De la plaza de la Iglesia parte la calle San Antón. Tras atravesar la carretera se pasa junto al pilón. Debe continuarse por un camino asfaltado y se pasa junto a unas bodegas. Después se atraviesa el cauce cementado de la acequia de Irués. Con vehículo se puede acceder hasta un aparcamiento. En el trayecto varios paneles ofrecen información sobre el entorno. Un corto paseo acerca al olivar, donde se ha acondicionado una zona de merendero. En medio del campo aparece la depresión, casi oculta por la vegetación, y cuyo perímetro está vallado. En un lateral se encuentra una bajada con escaleras talladas en la roca que conducen a un sorprendente mirador suspendido en el aire. Se trata de una pequeña cueva situada en la parte alta de la dolina. Una rejilla metálica en el extremo permite convertir el mirador en un balcón para contemplar mejor la maravilla natural oculta en su interior. Por la noche en la paredes del pozo hay instalados unos focos que iluminan su interior. El acceso al fondo del pozo sólo es posible mediante un equipo adecuado para descolgarse desde la boca o desde el mirador. El aprovechamiento humano a lo largo del tiempo ha quedado constatado por la existencia de un palomar excavado en una pared de la dolina.

El interior del pozo sorprende a cualquier visitante. El clima mediterráneo del entorno se convierte en apenas unos metros bajo tierra en un clima tropical. La vegetación tapiza tanto las paredes como el fondo ocultando casi por completo la roca. El silencio sólo roto por el sonido de las gotas de agua cayendo es capaz de embelesar a todos los visitantes de este lugar tan peculiar de la comarca de Tarazona y el Moncayo.