3ª Excursión Joréate por Aragón a Aliaga

Y llegaba la tercera excursión de Joréate, y este año nos tocaba recorrer tierras turolenses. La localidad elegida por el dragón Chorche fue Aliaga, un pueblo en declive económico por el cierre de las minas y de su central térmica. Después de haber superado ampliamente los dos mil habitantes ahora rondaba los trescientos habitantes. Pero en las últimas décadas el reconocimiento de su parque geológico y la potenciación de su entorno natural podía abrir una puerta a su futuro, mucho más respetuosa con el medio ambiente.

La quedada tenía lugar el sábado 20 de mayo en el Santuario de la Virgen de la Zarza, uno de los rincones más bonitos de la localidad. A la excursión se apuntaron 33 personas, en progresión ascendente año tras año. A medida que fueron llegando el almuerzo fue lo primero. El día era estupendo, soleado y fresco, pero poco a poco la temperatura templó el día. Tras la llegada de los más rezagados a mediodía comenzó la caminata, un sencillo paseo por el Sendero Fluvial del Guadalope.

En su primer tramo, y sin perder de vista las cristalinas aguas de este río, una cómoda senda estaba escoltada por los chopos cabeceros. Tras el cruce a la otra margen se pasaba junto a las últimas casas de la población. Poco a poco nos fuimos acercando al desfiladero de Aldehuela, donde el paisaje mostraba las formaciones rocosas más agrestes. Fueron necesarias las primeras pasarelas para sortear un pequeño resalte recoso. Más adelante el valle se estrechaba, en algunos tramos con paredes rocosas verticales. La vegetación de ribera cubría todo el fondo del valle junto al río. Nuevos tramos de pasarelas metálicas, cuyo acondicionamiento ha sido llevado a cabo hace menos de un año, permitía descubrir este entorno natural andando.

Y llegó el tramo más espectacular, donde la senda se elevaba sobre el cauce y atravesaba un tramo adosado a la roca. Un recorrido sinuoso y de gran belleza, no apto para los que tienen vértigo. De nuevo junto al cauce del río, la senda se adentraba en el valle donde abundaban los troncos secos de los árboles muertos, junto a los abundantes chopos que tapizaban el paisaje.

Más adelante la senda ascendía rápidamente hasta un pequeño collado. Desde la parte se abría un nuevo paisaje que sorprendió a todos. Ante nosotros el embalse de Aliaga, con aguas de color marrón salpicado de carrizal, y al fondo la enorme fábrica de la Central Térmica de Aliaga. Sólo restaba rodear el embalse, cruzar por debajo de la presa a través de un puente, y acercarse hasta el edificio.

Sus enormes dimensiones y su estado de abandono nos dejó perplejos a todos. A pesar del peligro de acceso fue inevitable echar un vistazo y tomar alguna foto, con precaución. Se trató de la primera y más moderna central térmica de España, y cesó su actividad en los años ochenta por los costes de producción y la mala calidad del carbón de la zona. Tras el desmantelamiento de sus elementos de mayor valor ahora quedaba su estructura en avanzado estado de ruina, pero en pie.

El camino de vuelta fue mucho más rápido, en una hora, ya que había hambre. Junto al santuario había un merendero con abundantes mesas. Allí comimos con postres bien variados. Cerezas del Bajo Gállego traídas por Chorche, una torta buenísima de la panadería de Utrillas, palmeritas de Massiel e incluso una empanada de cabello de ángel de Rosi. Después hubo tiempo para todo. Tomar un café en el bar cercano del camping, echarse una siesta, tomar el sol, tocar el ukelele e incluso demostrar las habilidades con el diábolo.

A mitad de tarde decidimos dar un paseo por el pueblo. En primer lugar nos hicimos la tradicional foto de grupo ante la fachada del santuario. Después entramos y nos quedamos boquiabiertos ante la belleza de su interior. Bóvedas y columnas cubiertas con esgrafiados, dibujos de color azul sobre fondo blanco. Todo ello acompañado de preciosos retablos, grandes lienzos y el altar donde se entronizaba la virgen titular. Su magnífico estado se debía en gran parte al trabajo de restauración de Julián Cruz, que nos contó en vivo y en directo cómo había llevado a cabo estos trabajos durante años con gran maestría y perfección. Pero también nos contó la historia de la aparición de la virgen y de la construcción del santuario. Y la visita se completó con muchas hazañas de su azarosa vida, entre ellas trabajador de la central térmica.

A continuación dimos un paseo por el pueblo, atravesando el puente sobre el río Guadalope, en dirección a la iglesia parroquial. Más adelante entramos en la calle principal de la localidad, escoltada por los porches que embellecían este tramo de la travesía. Por cierto la treintena de participantes en la excursión ocupaba la calzada sin riesgo, como si fueran las fiestas del pueblo ante la ausencia de vehículos. El paseo se prolongó por las calles altas, hasta descender de nuevo, y volver hasta el santuario. Una magnífica tarde de verano a juzgar por la temperatura, en la que parecía estar nevando por las bolisas de algodón que portaban las semillas de los chopos que eran trasladadas por la suave brisa. Un espectáculo natural precioso, pero molesto para la mayoría.

En este momento comenzaron las despedidas. Era el final para la gente que había venido a pasar el día. Todos estaban contentos por la jornada de convivencia en la cual habían conocido a gente nueva y habían pasado un día estupendo descubriendo una localidad que no conocían. Y para los demás sólo quedaba trasladarse hasta el cercano barrio de Santa Bárbara, donde estaba situado el Albergue de Aliaga. Nos recibió Raquel, nos tomó nota y enseguida comenzó la distribución de las habitaciones. El antiguo edificio había tenido diversos usos entre ellos el de escuela. Tras su rehabilitación ahora era un albergue con unas instalaciones modernas y funcionales, pero llenas de pequeños detalles. Hasta la cena pudimos disfrutar de la tranquilidad y del frescor de la noche en la terraza mientras tomábamos una cerveza. Cenamos en el comedor, que hacía las veces de bar, con una comida muy bien elaborada por Pablo, el cocinero. Y tras la cena pudimos ver tres pequeños documentales en gran pantalla sobre lo pequeño que es nuestro planeta en comparación con el universo conocido. Media hora en la cual Raquel, una enamorada de las estrellas, nos contagió su entusiasmo y sus conocimientos. Y todo ello dentro de un proyecto que hacía singular a este establecimiento. Forma parte del movimiento Starlight, cuyo fin principal es la difusión de la astronomía. Precisamente las condiciones ambientales de esta zona, sin apenas contaminación lumínica, lo convierte en un lugar ideal para la observación de estrellas. Y para completar el proyecto estaban a la espera de un sofisticado aparato que permitirá el visionado de estrellas, con lo que dentro de poco cumplirán este sueño personal.

A la mañana siguiente no madrugamos mucho. Hasta las nueve no desayunamos. En una hora ya estábamos en marcha. En el Centro de Interpretación del Parque Geológico de Aliaga nos esperaba Julia para darnos una lección de sus conocimientos. A lo largo de muchos años ha sido una ferviente protectora del legado geológico y natural de Aliaga, gracias a su divulgación como informadora turística. Un audiovisual sirvió de introducción, y después nos contó todo lo necesario para entender la formación del actual paisaje que rodea a Alulgha, término musulmán que significa valle torcido, origen del nombre de Aliaga. Un complejo proceso de formación de millones de años, ahora estudiado por los geólogos y que atrae todos los años a muchos visitantes de todo el mundo debido a sus peculiaridades y su importancia internacional.

A continuación llegó el almuerzo mientras los niños jugaban en el parque. Un rato de asueto para dar paso al ascenso del castillo de Aliaga. Tras buscar el camino de ascenso por las quebradas calles de la localidad llegamos a la parte alta. Un sendero nos llevaba ya en menos de diez minutos a través de las laderas cubiertas por un tapiz vegetal de flores, propio de la primavera. En la parte alta unas pasarelas metálicas facilitaban el ascenso hasta el punto más alto, donde estaba ubicada la cruz, bien visible desde todo el pueblo. A sus pies se disponía el casco urbano, del cual despuntaba la torre de la iglesia. A su alrededor la huerta y la vega del río Guadalope. Y el resto del paisaje lo completaban las caprichosas formas rocosas que formaban el parque geológico, un espacio único de singular belleza.

El final de la mañana lo puso el mirador de Alto Camarillas. Hasta este punto elevado había que subir en coche, a unos dos kilómetros de distancia de la localidad. Desde este lugar se podía ver otra vista diferente del entorno de Aliaga. La torre de la iglesia se veía rodeada de un caos de rocas en todas las direcciones, resultado de los movimientos tectónicos y de la erosión a lo largo de doscientos millones de años.

A la llegada al alberge nos reunimos en la sala de proyección para la resolución del segundo concurso fotográfico de Joréate. En la jornada de ayer todos los participantes tuvieron la oportunidad de hacer fotografías de manera libre. Buena parte de ellos nos enviaron dos de ellas, y entre todas íbamos a valorar cuáles serían las ganadoras. Este año pusimos dos categorías, una de adultos cuyo premio era un lote de productos ecológicos y de temporada del huerto de Chorche. Y para los niños habíamos preparado una mochila para acompañar en las rutas senderistas.

Tras más de media hora de visionado de fotos y votaciones llegaron llegaron los premiados:

Categoría Adultos

1º Premio (Raúl)

2º Premio (Eva)

3º Premio (Vanesa)

Accesit (Ruth)

Categoría Niños

1º Premio (Ruth)

2º Premio (Alodia)

3º Premio (Irene)

Y a las dos y media, nuestro cocinero Pablo, nos deleitó con dos paellas, una de marisco y una de pollo y verduras, a cual más buena. Con el café y la tertulia posterior fue poco a poco terminando un fin de semana para recordar, y que seguro se volvería a repetir, pero en otro rincón de Aragón. El dragón Chorche ponía un grano de arena más en su proyecto de Joréate por Aragón. Una excursión en la cual cabía destacar el buen ambiente de convivencia descubriendo uno de esos rincones con mucho encanto de nuestra tierra, pero que todavía tiene que conocer mucha más gente.

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Cárceles del Mezquín-Matarraña, un macabro viaje en el tiempo

La comarca del Matarraña/Matarranya aglutina uno de los conjuntos urbanísticos más notables y mejor conservados de Aragón. Todo ello enmarcado por un paisaje mediterráneo con grandes atractivos naturales como los Puertos de Beceite/Ports de Beseit. Pero también conserva un macabro conjunto de cárceles en perfecto estado de conservación. Un viaje en el tiempo a la penosa estancia de los presos que allí estuvieron recluidos entre los siglos XVI y XIX.

A finales del siglo XVI comenzó la edificación de las casas consistoriales de la comarca, bellos ejemplos de arquitectura civil que se han conservado hasta nuestros días. Estos magníficos edificios pretendían reivindicar el poder municipal frente al poder de la Iglesia y las Órdenes Militares que habían imperado hasta entonces. Se diseñaron para albergar servicios esenciales para sus habitantes. Como elemento más característico en casi todos ellos cuentan á ran* de la calle con una lonja para el mercado, que también era utilizada como trinquete, para el juego de pelota. Pero también albergaban una sala destinada a  la medida y peso de productos para el control de los ingresos municipales, además de carnicería, granero y pósito para almacenarlos. En la planta noble estaba el salón de reuniones para el concejo, así como el archivo de documentos. El grupo de personas que regían el concejo, además de velar los intereses de los vecinos, tenían la potestad de impartir justicia. Por ello también se crearon espacios reservados para los presos. Su ubicación en estos edificios tan sólidos, y su abandono durante más de un siglo sin apenas uso, ha permitido que se conserven de manera excepcional ya que no se han realizado reformas en su interior.

*Á ran: Al nivel.

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El catálogo de cárceles del Mezquín-Matarraña alberga once ejemplos, no todos ellos de las mismas características. Casi todas están ubicadas en la planta baja de las casas consistoriales, o por debajo del nivel de la calle. La excepción la pone el caso de Fuentespalda/Fontdespatla, ubicada en una torre defensiva conocida como la Torreta. Sus características comunes responden a espacios pequeños, con escasa o nula iluminación y ventilación. Contaban con una o varias estancias para presos. En algunos casos otra era destinada a vivienda del carcelero, la cual estaba dotada de la puerta de acceso al exterior y una pequeña ventana enrejada. Y casi todos los casos eran lugares lúgubres, con la única excepción de la sala destinada a reclusos de la primera planta del ayuntamiento de La Fresneda/La Freixneda. Los muros estaban revestidos de yeso, y en algunas cárceles se han conservado grafitis, dibujos e inscripciones llevados a cabo por los presos que las ocuparon. Fueron realizados por objetos punzantes realizando hendiduras generalmente en las paredes, aunque también en el suelo. A través de estas manifestaciones se puede conocer el pensamiento de los reos. Abundan las representaciones religiosas (cruces, nombres de santos), de carácter bélico (armas), mujeres, siluetas de manos, pájaros, barcos, inscripciones numerales, juegos y frases.

Los presos que eran recluidos quedaban a la espera de una sentencia. En estas mazmorras las condiciones eran penosas, sin apenas luz o ventilación, tremendamente húmedas y frías, pasando hambre y seteguera*. El castigo aparte de la reclusión incluía la inmovilización física. Para ello se utilizaban cadenas, argollas cepos o grilletes con los cuales se ataban los pies, las manos o el cuello. Durante los siglos XVI y XVII la justicia dependía directamente de los concejos. Algunos procesos han quedado guardados en archivos y reflejan claramente que el sistema penitenciario tenía carácter municipal. Cada pueblo contaba con unos estatutos criminales propios. Y estaba dotado de un procurador de la villa, responsable de la acusación, los jurados encargados de capturar a los acusados y un verdugo que se encargaba de ejecutar la sentencia. Todos los gastos eran sufragados por el municipio. En los estatutos criminales estaban penados múltiples delitos como asesinato, robo, secuestro de mujeres, adulterio, fornicación, incesto, sodomía, falsificación de moneda, resistencia a la autoridad, incendio provocado, brujería, hechicería, etc. Las penas impuestas variaban y entre ellas las más habituales eran ahorcamiento, con descuartizamiento y exposición del cadáver posterior, destierro, trabajos para la Corona o multas económicas. Los jueces de los municipios no tenían conocimientos jurídicos y aplicaban las penas de manera desproporcionada. El objetivo general era escarmentar al acusado y atemorizar a la población, con lo que aplicaban en público. Con la entrada de los Borbones, fue impuesto el centralismo y comienza un cambio en los procesos judiciales. Las cárceles de la villa pasan entonces a denominarse Reales cárceles. Con el liberalismo en el siglo XIX se produjo un cambio drástico. En 1843 se crearon por decreto las provincias, y al año siguiente los partidos judiciales. En ellos se establecieron juzgados de primera instancia y la cárcel del partido. De esta manera las cárceles del Mezquín-Matarraña dejaron de emplearse como hasta entonces, y se convirtieron en calabozos provisionales a la espera de llevar a los reos a las nuevas cárceles. En la comarca la cárcel de Valderrobres acogió a todos los presos del partido judicial a partir de entonces, convirtiéndose en cárcel nacional.

*Seteguera: Sed.

La ruta de las cárceles del Mezquín-Matarraña comienza en Mazaleón/Massalió, la población situada más al norte. Su antigua cárcel, construida a finales del siglo XVI a la vez que la casa consistorial, se ha conservado intacta. En la lonja situada en su parte baja, se abre una pequeña puerta adintelada que todavía conserva el cerrojo original. Junto a ella hay un pequeño vano o aspillera. En su interior la estancia es de pequeñas dimensiones, con suelo de tierra original y paredes de mampostería revocadas en parte. Tiene una pilastra de ladrillo con un agujero en la parte inferior que hizo las veces de letrina. Y de su mobiliario conserva un cepo original compuesto por dos maderos que servían para atrapar los tobillos del preso. Se añadía un madero intermedio donde se sentaba con orificios para hacer sus necesidades, y dos maderos más para apoyar los brazos. En el mismo edificio, en la planta superior contaba con otra cárcel, que también data de la misma fecha, aunque ha sufrido importantes reformas. La sala tiene unas dimensiones de 16 m2 y se accede a través de un vano adintelado con dos ventanas rectangulares a ambos lados. En uno de los muros conserva un conjunto excepcional de grafitis, casi todos datados en el siglo XVIII.

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La siguiente es la antigua cárcel de Calaceite/Calaceit. Situada en los bajos de la casa consistorial, data de principios del siglo XVII. Se accede desde el patio del ayuntamiento. La sala de unos 12 m2 tiene una puerta adintelada. No conserva el pavimento original y los muros han sido repicados. Se cubre con bóveda de cañón.

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La antigua cárcel de Torre del Compte/La Torre del Comte se localiza en la planta baja de la casa consistorial, obra que fue terminada en 1574. Se accede a su interior a través de una puerta adintelada, con una pequeña ventana cuadrada y enrejada. Después se suceden tres estancias, la primera utilizada como vivienda del carcelero, y las dos siguientes como calabozos, de unos 5 m2 de superficie cada uno. Los suelos son de tierra, muros de mampostería y cubiertas de bóveda rebajada. De su mobiliario se conserva una argolla en uno de los calabozos.

Posteriormente se llega a una de las poblaciones más importantes, La Fresneda/La Freixneda. El magnífico edificio de la casa consistorial fue construido en 1576. En la planta primera alberga la cárcel de la zona que mejores condiciones ofrecía a los reos, destinada a gente de alto nivel social como religiosos, militares o personas de alto rango. La sala tiene una superficie de unos 20 m2, y está bien ventilada e iluminada. Se accede a través de una puerta adintelada, con una gran ventana enrejada y otra menor a modo de aspillera. Se conserva el suelo original embaldosado. Su cubierta es plana sobre vigas de madera. Y las paredes, enlucidas en parte, conservan un conjunto magnífico de grafitis con iconografía variada y en excelente estado. Con acceso por la calle Mayor, pero también integrada en el mismo edificio, hay otra cárcel. El acceso es a través de una puerta adintelada, con una ventana cuadrada superior enrejada. Correspondía a la vivienda del carcelero. Desde allí una escalera subía a otra pequeña sala. En ella aparecía un agujero de acceso a un pozo de unos siete metros de profundidad, donde se encerraba a los presos más peligrosos. Las salas cuentan con suelo de tierra, paredes revocadas en parte y techos planos. Carecían ambas de ventilación e iluminación. Se conservan abundantes grafitis, así como una argolla junto al pozo. Se trata del calabozo más macabro de toda la ruta.

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En la capital de la comarca, Valderrobres/Vall de Roures, se localiza otro importante ejemplo de la arquitectura civil para uso municipal, llevado a cabo a finales del siglo XVI. A través de patio del ayuntamiento se accede al sótano donde se ubica la antigua cárcel. Conserva la puerta original, pero han sido reformados el pavimento y la cubierta, con muros repicados. En el edificio hubo más recintos destinados a cárcel, y en esta localidad se ubicó la cárcel del partido tras la reforma judicial del siglo XIX.

Se alcanza Ráfales/Ráfels, cuya antigua cárcel estaba situada en la casa consistorial, como era habitual. El edificio municipal está situado junto al portal de San Roque, y fue construido en el último tercio del siglo XVI. Desde la lonja, el acceso adintelado con puerta y cerrojo originales  da paso a unas escaleras empinadas. De nuevo una puerta y se accede a las dos estancias. En la primera de ellas un agujero en el suelo comunica con un pozo, siendo esta segunda sala angosta y lúgubre. Allí se conserva la letrina y una argolla.

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En la localidad de Fuentespalda/Fontdespatla la cárcel está ubicada en la Torreta. Se trata una torre defensiva emplazada en la muralla. Su uso como recinto carcelario data de fechas más recientes, entre los siglos XIX y XX. Ocupaba la planta baja de la torre con acceso a través de un arco de medio punto. En sus muros tenía pequeñas aspilleras. Con la rehabilitación de la torre no se han conservado ni pavimentos ni el techo originales. Conserva una cadena con grilletes originales.

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En la población de Peñarroya de Tastavins/Pena-roja de Tastavins la cárcel se localiza en la planta baja de su ayuntamiento, erigido a finales del siglo XVI. Se accede desde la calle a través de una puerta con dibujo conopial, y cuenta con una pequeña ventana cuadrada dotada de una reja. En su interior se suceden tres estancias, siendo la primera la utilizada por el carcelero. Las dos siguientes corresponden a los calabozos, con acceso a la última a través de un estrecho pasadizo excavado en la roca. Todas ellas conservan sus características originales, pavimento de tierra, cubierta abovedada y muros de mampostería carentes de enlucido. Cuentan con algún grafiti y una argolla en uno de los calabozos.

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Ya en las estribaciones de la comarca se alcanza la localidad de Monroyo/Montroig. La cárcel se emplaza en la casa consistorial, de bella fachada, edificada en el año 1588. A escasos metros de la puerta principal, en la lonja, se abre el arco rebajado de acceso al recinto carcelario. Le acompaña una pequeña ventana enrejada. La primera sala era destinada al carcelero. Le suceden otras dos con acceso de arco rebajado, ya sin ventilación. Los suelos son de tierra y se cubren con bóveda de cañón ligeramente apuntada. Se conserva únicamente una letrina en cada una de las estancias.

Alcanzando la frontera con la Comunidad Valenciana, se alcanza Torre de Arcas/Torredarques. Su casa consistorial construida en el siglo XVII conserva la lonja en la parte inferior, habiéndose transformado el resto del  edificio. A su antigua cárcel, ubicada en la planta baja, se accede desde la lonja. Una puerta adintelada y una pequeña ventana cerrada por una reja sirven de acceso y ventilación a la primera sala. Después le sucede otra, ambas de unos 8 m2 de superficie. El pavimento es de tierra, cubierta plana y paredes de mampostería y sillería. Conserva grafitis y una madera con una cadena.

La ruta de las cárceles termina en la cercana población de la ribera del río Mezquín, Belmonte de San José/Bellmunt de Mesquí. Su casa consistorial es el edificio más modesto de la ruta, y fue construido en 1575. A través de la lonja se accede a la cárcel, con una estancia de unos 6 m2. Cuenta con una puerta adintelada que conserva su cerrojo original. Un pequeño vano con reja y ventano exterior permite pasar la luz y la ventilación. El suelo es de tierra, las paredes de mampostería y el techo plano sobre vigas de madera. Conserva como una cadena con un gran grillete, destinado al cuello de los presos.