Corales de chelo

A punto de entrar de pleno en el invierno ya llevamos varias semanas sufriendo los rigores del mismo. Las bajas temperaturas nocturnas ofrecen al amanecer paisajes cubiertos de un manto blanco, que a veces simulan una nevada. Sin embargo están relacionados con la humedad y las bajas temperaturas. En concreto y de manera general, hay dos hidrometeoros diferentes que dan lugar a estos paisajes blancos, y que no son producto de la nieve caída desde la atmósfera: cencellada y escarcha.

Para la formación de la cencellada es imprescindible que haya niebla y que la temperatura sea inferior a 0º. La humedad relativa será a causa de la niebla del 100%. En esta situación las gotas que contienen la niebla que deberían estar congeladas, al contacto con cualquier superficie se hielan de inmediato formando plumas o agujas de hielo. También puede producirse este fenómeno con aire, dando lugar a formaciones más espectaculares en formas de banderas.

En el caso de la escarcha, el resultado es similar pero las condiciones atmosféricas son diferentes. En realidad se trata de la congelación del rocío. En noches frías y despejadas, con ausencia de aire y con una humedad relativa a partir del 60%, el vapor de agua se deposita sobre las superficies debido a la saturación de humedad del aire que se ha enfriado por la noche. En el caso de que los objetos se encuentren por debajo de 0º, este rocío se hiela, dando lugar a la escarcha, y formándose escamas, agujas, plumas o abanicos.

Después de la explicación técnica podemos ver unas cuantas fotos de escarcha, en la cual se aprecian las escamas depositadas sobre las piedras, y que podían denominarse corales de chelo*. El territorio que hoy es Aragón ha estado cubierto por mares desde el Paleozoico, hace más de 500 millones de años, hasta el Mesozoico inferior, momento en que todo Aragón ya formaba parte del continente europeo, hace unos 20 millones de años. Entonces seguro que nuestra tierra tenía muchos corales bajo el mar. Este paralelismo nos hace descubrir unos corales muy particulares, pero efímeros ya que la subida de la temperatura los hace desaparecer sin dejar rastro.

*Chelo: Hielo.

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Dos atalayas naturales en el valle del Isábena

A pesar de llevar diecinueve años recorriendo Aragón esta tierra nunca deja de sorprenderme. En este puente de la Constitución estuve en Roda de Isábena, que puede presumir de ser el pueblo más pequeño de España que posee una catedral. Tanto este edificio como el resto del casco urbano son una joya que atesora mucha historia. No en vano este lugar fue capital del condado de la Ribagorza y sede episcopal hasta el año 1149, año en que se trasladó a Lérida tras su reconquista. Y precisamente éste fue el motivo por el cual un gran número de bienes eclesiásticos aragoneses fueron trasladados a dicha ciudad a lo largo de ocho siglos de pertenencia de las parroquias aragonesas a la diócesis de Lérida. Pero en 1995 se llevó a cabo la separación territorial de las sedes episcopales con la creación de la diócesis Barbastro-Monzón. Desde entonces el obispo de Lérida, apoyado por los poderes políticos catalanes, sigue incumpliendo los mandatos de Roma y las sentencias favorables a su devolución a Aragón. Y con ello los catalanes siguen desafiándonos con su soberbia que no hace sino separar y distinguir la manera de actuar de Aragón y Cataluña, del Reino de Aragón y el Condado de Barcelona, ambas regidas por el rey de Aragón, y ahora separadas por la avaricia expansionista y afán de protagonismo histórico de Cataluña.

Dejando de abentar* fuego por mi boca vuelvo a esta bella localidad situada en la zona central del valle del Isábena. En sus alrededores había algunos lugares que no conocía y que tenía apuntados en mi libreta desde hace tiempo. Dos atalayas naturales desde donde poder contemplar el valle de otra manera, desde lo alto pero sin perder contacto con la tierra.

*Abentar: Echar.

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Desde La Puebla de Roda, cruzando su puente medieval una pista primero asfaltada y después de tierra alcanza San Esteban de Mall. Desde este lugar otra pista conduce a Casa Solana, y desde allí continua el ascenso suave con otra pista hasta otra casa en ruinas. Poco a poco las vistas se van ampliando. Sólo resta el último tramo, una senda que salva sin dificultad los últimos farallones rocosos para alcanzar el objetivo: la ermita del Tozal. Un sencillo nombre para un lugar espectacular. Un lugar ideal para colocar un castillo, y tras ser arrasado por los musulmanes, una ermita románica. Sin embargo la empresa fue fallida y quedó inacabada. Así el resultado actual no es una construcción en ruinas, sino una fábrica sin terminar. Un gran proyecto de una iglesia de treinta metros de longitud del cual sólo se levantó el muro sur, parte de la cabecera y la torre defensiva. Ahora la vegetación ocupa su interior, y oculta en parte la cripta, único resto de la construcción inicial. Un bello lugar donde las piedras se dan la mano con la naturaleza dando lugar a una bella combinación. Y todo ello acompañado de una magnífica panorámica. Muy cerca de la Sierra de Sis, algo más lejos los Morrones de Güell, y al fondo el imponente Macizo del Turbón. Y en medio de todo ello, en el fondo, el valle del río Isábena.

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La otra atalaya natural descubierta en mi último viaje está situada muy cerca de la anterior, en la margen opuesta del río. No se trata de una cumbre bien visible, pero las vistas nuevamente me dejaron impresionado. Para ello tomé una pista de casi cinco kilómetros que partía de La Puebla de Roda nuevamente, esta vez en la salida de la carretera hacia Serraduy. Como no estaba en buen estado tuve que realizarla en su mayor parte andando, con buena subida en el tramo final. Arriba fui en busca de la aldea despoblada de Rin de la Carrasca, sin senda evidente. El pueblo yace enmarañado por la vegetación, y rodeado de grandes carrascas que hacen honor a su apellido. Sin embargo la ubicación escogida por sus primeros habitantes seguía intacta, al borde de unos farallones rocosos verticales, que delimitan al sur el modesto arroyo de Villacarli.  Y a escasa distancia la gran mole granítica de Turbón, con una de las mejores vistas de esta montaña mágica envuelta en numerosas leyendas. Una de ellas habla del home granizo*, haciendo referencia a un gigante petrificado que junto a los duendes que en ella habitan son los causantes de los males de toda la comarca. Precisamente la mitología ubica allí una gran fragua, de la cual salen rayos, relámpagos y tormentas a los pueblos de alrededor. Y para terminar un refrán: “Cuando la boira cubre el Turbón, habrá tormenta en todo Aragón”. Una de las montañas más impresionantes y más enigmáticas de todo Aragón.

*Granizo: Enorme.

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