9º Excursión Joréate por Aragón a Peracense

9º Excursión Joréate por Aragón a Peracense

En esta ocasión el dragón Chorche nos invitó a descubrir un pequeño rincón de Teruel, una provincia con multitud de lugares sorprendentes. Tras un verano excesivamente caluroso nos salió un día estupendo, soleado y con una temperatura perfecta para disfrutar de un día de excursión. Hacía ya un año de nuestra visita a Malanquilla pero todos conservaban el buen sabor de boca que nos dejó aquella jornada. Esta vez tuvimos caras nuevas, que llevaban ya tiempo esperando poder asistir a una excursión de Joréate y que desde ahora ya forman parte de la familia viajera del dragón.

El punto de encuentro fue el castillo de Peracense. A pesar de ser uno de los castillos más bellos y singulares de Aragón, todavía hay muchos que no lo conocen. Tras aparcar nos agrupamos todos en el interior y pudimos abrir boca con las reproducciones de los aparatos empleados en las guerras medievales que allí estaban expuestos. El guía nos acompañó en la visita del primer y segundo recinto defensivo. El primero era el destinado a los campesinos y los animales domésticos. Tras atravesar una de las murallas por otra puerta se pasaba al segundo, más elevado y protegido. En su época era el utilizado por los caballeros y donde estaban los establos de los caballos. Tres cuartos de hora de entretenida explicación que sirvieron para comprender los entresijos de la historia del recinto y la complicada estructura de esta fortaleza tan bien conservada gracias a la completa restauración llevada a cabo ya hace décadas. Ya por libre el grupo fue recorriendo todos sus rincones. Torres a las que se ascendía por estrechas escaleras de piedra y madera. Interior de las caballerizas donde había una exposición de los restos arqueológicos encontrados. El aljibe, la cárcel, la capilla….

Y finalmente la parte más alta y espectacular enclavada sobre una gran roca. Una escalera metálica ahora servía de cómodo ascenso. Se accedía así al tercer recinto donde una nueva torre servía de nuevo mirador sobre el resto de la fortaleza. Pero todavía había un cuarto recinto protegido por otra puerta. Dos estancias cubiertas y un pequeño aljibe daban la entrada al corazón del castillo. Una nueva puerta que daba acceso a la vivienda del alcaide, el gobernador del castillo. En su interior una estancia abovedada y el aposento donde se conservaba la chimenea. En la parte trasera se conservaba un aljibe cuadrado para abastecer al lugar más inaccesible de la fortaleza. El colofón era el acceso a la parte más alta, la cubierta de las estancias, acondicionada como mirador con magníficas vistas de todo el castillo y su entorno natural, el pueblo de Peracense y el valle del Jiloca al completo.

Dos horas disfrutando de todos los rincones, donde los más peques se lo pasaron estupendamente y los mayores quedaron sorprendidos de su belleza. Lo más sorprendente era su capacidad de mimetismo del castillo. Construido en piedra de rodeno por piedras regulares, que se asentaban sobre la roca del mismo color rojizo. Como un camaleón, la construcción se confundía con las rocas que cubrían el paisaje de su entorno.

Ya fuera dimos un paseo conocer el exterior. Tomamos una estrecha senda que arrancaba cerca de la entrada y que pasaba bajo las verticales rocas en las que se asentaba la fortaleza. En la solana quedamos prendados de un espectáculo natural. Cientos de pájaros de pequeño tamaño, el avión común, pegados en la roca tomando el sol. De vez en cuando algunos de ellos rompían a volar dotando estos instantes de una magia especial.

El sendero descendía hasta el poblado medieval. Tras las catas arqueológicas se podían ver los restos de algunas viviendas y de una ermita. El paisaje formado por enormes rocas de color rojizo conformaba un paisaje de los más bellos de Aragón, escoltando y ocultando al mismo tiempo el castillo. En el recorrido pasamos por una pequeña cueva de la cual salieron dos murziacalos* espantados por presencia de los más pequeños. Solo restaba ir ascendiendo entre jaras y rocas para llegar de nuevo al aparcamiento.

*Murziacalo: Murciélago.

Se acercaba la hora de comer y nos trasladamos a Rodenas. En el merendero de la Isilla situado a las afueras del casco urbano encontramos un lugar ideal para la tradicional comida de campo. Unas mesas, una chopera con buena sombra y unas buenas viandas que compartir entre todos para pasar un rato estupendo.

A su término desmontamos el campamento y nos acercamos al pueblo a echar un café. Junto al bar con merendero exterior estaba el parque y las pistas polideportivas. La charrada, los cafés, incluso las copas hicieron pasar un rato distendido mientras los más peques estuvieron entretenidos jugando en los columpios.

¿Y quién dice que no se puede hacer shopping en el medio rural? Nos acercamos a la quesería de la localidad donde pudimos elegir entre una variada oferta de quesos artesanos elaborados con leche de oveja.

Todavía quedaban muchas cosas que ver así que continuamos ruta. Atravesamos el barrio minero de Ojos Negros cercano a las antiguas minas de hierro. El mineral extraído fue transportado por la antigua vía de ferrocarril, ahora vía verde, hasta el puerto de Sagunto donde estaban los hornos donde se procesaba el material. Antes de llegar al pueblo del mismo nombre hicimos una nueva parada. Sobre una pequeña loma se asentaba una de las construcciones más singulares de Aragón. ¿Quién dijo que en Aragón no había molinos como los del Quijote? Pues tenemos dos reconstruidos de estilo manchego. En la excursión anterior vimos el otro, el de Malanquilla. Esta vez nos acompañó de nuevo la guía de Malanquilla Rechita que repasó la lección. Algunos no estuvieron en aquella clase y otros sí pero había que cosas que habían olvidado. En pocos minutos todos ya lo teníamos otra vez claro. Para qué servía el molino, cómo se ponía en funcionamiento su maquinaria, la estructura interior… Todo para valorar nuestro patrimonio y con lo que contábamos en Aragón.

Para el final de la tarde el dragón Chorche nos había preparado la visita a Blancas, el pueblo de las dos sabinas. Un paisaje formado por amplias parameras con escaso desnivel y tapizadas por campos de cereal. En medio de este inhóspito paisaje sobrevivía una sabina milenaria. Desde la carretera un camino en buen estado servía de acceso a este pequeño árbol que contaba con una edad que rondaba los dos mil años. A pesar de sus discretas dimensiones, 6 metros de altura y 15 metros de su copa, sorprendía por su edad y por su buen porte.

La conexión entre la sabina y nosotros fue tan fuerte que decidimos darle un abrazo milenario. Todos en círculo rodeamos el tronco intercambiando emociones. Tantas que comenzamos a bailar espontáneamente. Un momento mágico para compartir entre el árbol y nosotros, y que recordaremos para siempre.

La tardada* iba acechando y nos trasladamos al pueblo de Blancas. Coronando una ladera salpicada de pajares estaba la “Sabina de Metal 2.0”. Esta segunda sabina apenas tenía tres años de existencia. Sin embargo ya se había convertido en el segundo icono del pueblo gracias a la campaña realizada en la presentación al concurso del Árbol Europeo del Año de la sabina de Blancas. Un concurso que no ganaron pero que sirvió para dar a conocer uno de los árboles singulares de Aragón más longevos y un pueblo con muchos motivos para ser visitado.

*Tardada: Atardecer.

La obra de Jesús Guallar, un artista local, es una reproducción a escala natural realizada gracias a materiales metálicos recogidos por los vecinos del pueblo, piezas de arados para el tronco, vigas y chapa enrollada para ramas y 2.800 chapas simulando las hojas. Sorprendente el trabajo colaborativo y la idea de un artista que dio lugar a esta obra de arte.

Solo restaba dar un paseo por el parque escultórico situado en las inmediaciones y con vistas el casco urbano de Blancas. Más de un centenar de obras de arte realizadas por el mismo escultor de todo tipo con el único nexo en común del origen de sus materiales, todos ellos reciclados. Fundamentalmente metálicos, pero también de piedra, madera y de todo tipo. Los motivos elegidos muy variados, donde la imaginación del artista queda de manifiesto. Un punto final a una excursión que no dejó indiferente a nadie.

Y para cerrar la excursión fuimos al bar de la plaza del pueblo para poder tomar un descanso y poder echar la última charradica. Mientras unos reposaban un día intenso en emociones, los chavales todavía tenían energías para seguir corriendo por la plaza.

Un día completo, que había salido conforme al guión propuesto. El objetivo estaba cumplido, descubrir un rincón de la provincia de Teruel, fronterizo con Castilla, que no era muy conocido. Un poco de todo: un impresionante castillo de color rojizo, un molino de viento manchego-aragonés, una sabina milenaria y otra de metal recién nacida. ¿Qué más se podía pedir a una nueva excursión de Joréate por Aragón? Lo mejor sin duda, la sintonía y buen ambiente entre todos los participantes, viejos conocidos y nuevas incorporaciones que formaban parte de la familia del dragón Chorche. La guinda del pastel a esta excursión esperamos ponerla el 22 de diciembre próximo. Será el día de la recogida del premio de las participaciones que hemos comprado y repartiremos entre todos. Y si no nos toca siempre tendremos la próxima cita del Joréate pendiente para el año que viene.

Un rayo de esperanza para Moriello de Sampietro

El 30 de abril de 2015, tras veinte años de andadura, culminé el reto más ambicioso que me he planteado en mi vida: conocer todos los pueblos de Aragón. En realidad he visitado 1.758 núcleos, y todavía me quedan algunas aldeas y multitud de pardinas, casas de campo y mases. La visita al zaguero* de ellos, Moriello de Sampietro, fue muy emotiva. Este precioso enclave está situado a unos doce kilómetros de Boltaña, encaramado en la divisoria de aguas de los río Ara y Yesa, y frente al macizo calcáreo más alto de Europa, el Monte Perdido.

* Zaguero: Último.

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Cuenta con pista de acceso, pero su estado es tan malo que tuve que realizar el recorrido a pie. Un largo paseo, mientras los nervios poco a poco iban apoderándose de mí. Cada vez estaba más cerca de llevar a cabo mi sueño. Al fin llegué a la aldea, que parecía anclada en el pasado conservando intacta la arquitectura pirenaica. A pesar de estar situada en un lugar bastante inaccesible, sus antiguos moradores se han esforzado en mantener las viviendas. Tanto los propietarios como la Asociación As Gabarderas lucha para que este pueblo no tenga el mismo destino que los cientos de pueblos aragoneses que dentro de unas décadas serán sólo ruinas. Han levantado el tejado de la herrería y la iglesia está restaurada. Y unas cuantas casas están rehabilitadas, mientras que en otras se han realizado trabajos.

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En la década de los sesenta, en esta aldea compuesta por nueve viviendas, todavía residían una veintena de personas. El descenso demográfico hizo que casi llegase a despoblarse, pero esto sólo ocurrió de manera esporádica. Una de las claves para evitarlo es contar con una buena comunicación. La pista de acceso fue construida en el año 1982, y fue un factor imprescindible para la  pervivencia de este pueblo. Sin embargo su falta de mantenimiento hizo que su estado fuera lamentable lo que la hacía sólamente practicable para vehículos todo terreno. Tras varios años de protestas al fin se licitaron las obras para mejorar el firme y reforzar los puntos donde es más fácil su deterioro. Y finalmente fueron ejecutadas las obras en el verano de 2016.

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A lo largo del año 2015 un rayo de esperanza comenzaba a alumbrar Moriello de Sampietro. Sara y Agustín habían elegido este lugar para vivir y para desarrollar su actividad. Tras los estudios de pastora por parte de Sara en España, lleva ya años trabajando a temporadas como pastora y quesera en los Pirineos y los Alpes, con una dilatada experiencia en la producción de quesos. Por su parte Agustín además de pastor también trabaja de manera temporal en Francia en un asociación de apoyo a los pastores amenazados por el ataque de osos y lobos. Tienen claro que quieren vivir en un lugar como éste, apartado y bello, y son conscientes de las limitaciones. Pero también tienen claro la actividad que van a desarrollar, la agropecuaria, íntimamente ligada con el medio elegido, la misma que ha permitido la existencia de este pueblo durante siglos.

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Al llegar al pueblo recorrí la calle empedrada que conduce a la plazoleta donde se ubica la iglesia. Allí me encontré a la joven pareja y un amigo suyo. Enseguida entablamos una conversación y les conté lo especial para mí de la visita a este pueblo, y su hospitalidad fue instantánea. Me invitaron a celebrar juntos la culminación de mi reto, y sacaron una botella de cava con la que brindamos. Allí me encontraba en medio del Sobrarbe, rodeado de un paisaje espectacular, con tres nuevos amigos y disfrutando de este inolvidable momento. Durante la charrada* también compartieron conmigo la experiencia de la llegada a este nuevo lugar. Me contaron su proyecto, y enseguida me contagiaron las ilusiones en él despositadas.

* Charrada: Conversación, charla.

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El broche final a mi reto no podía haber sido mejor, encontrarme con gente que es capaz de llevar a cabo un proyecto ilusionante y personal. Una esperanza para núcleos como Moriello de Sampietro, que necesitan gente como ellos, que devuelvan la vida a pequeños pueblos manteniendo la riqueza arquitectónica sin alterar el valor paisajístico que los rodean.

Era inevitable la vuelta a Moriello de Sampietro, nuevamente con nervios por la incertidumbre de saber cómo les había ido a Sara y Agustín en su proyecto. Entonces me acompañó mi familia y volví a este pueblo tan especial en el verano de 2022. En esta ocasión la pista ya estaba arreglada y pudimos subir con nuestro vehículo. Un trayecto maravilloso ascendiendo hasta llegar a un collado; sólo restaba descender atravesando una zona de umbría ya viendo a lo lejos la aldea.

Nada más bajar del coche nos tropezamos con Agustín que estaba realizando faenas con el cercado para el ganado. Me reconoció rápido y entablamos la conversación, que casi fue una continuación de la que habíamos tenido hace siete años. Y lo más importante seguían adelante con el proyecto. En esta ocasión no pude ver a Sara ya que se encontraba como todos los años por estas fechas trabajando en Francia.

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A lo largo de estos años de pandemia habían ido avanzando poco a poco. Al principio estuvieron viviendo en Casa Campo, gracias al apoyo de sus dueños ahora residentes en Latorrecilla. Su idea era tener un hogar propio y tras la compra de la borda de esta casa realizaron con mucho esfuerzo las obras. Hace dos años que ya están instalados allí. En cuanto al proyecto agropecuario poco a poco se va gestando. Tienen un grupo reducido de ganado y tras los permisos administrativos están preparando el espacio donde ubicarán los animales que deberán ampliar en número para poder comenzar con la producción de leche y de queso.

Dimos un paseo por el pueblo y pudimos ver que el pueblo mantenía su arquitectura pirenaica. Dos de las viviendas además eran utilizadas de manera temporal con lo que se mantenían en buen estado. Otras seguían en ruinas. Y también pudimos ver la herrería por dentro. Un auténtica joya de pasado que conservaba la fragua y el fuelle para avivar el fuego, y por supuesto el yunque donde elaborar las herramientas. Subimos hasta una pequeña elevación rocosa para admirar las vistas tanto del paisaje circundante como de la aldea rodeada de las pequeñas fajas ahora conservadas gracias a  labor del ganado.

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Aún tuvimos varias ocasiones para seguir con la charrada y nos pudimos despedir agradeciendo la labor de esta pareja para la recuperación de la actividad en lugares tan bellos de nuestras montañas como éste. Sin duda que habrá otra visita a Moriello de Sampietro. Esperamos que en esa ocasión para poder saborear ese ansiado queso que tan bien deben saben hacer y que seguro elaborarán en su casa gracias a su empeño. Y lo más importante, que seguirán adelante con su proyecto por el que llevan tantos años luchando.

Sarrión, capital mundial de la trufa negra

Decían los romanos que las trufas nacían del rayo, por el aspecto exterior que parece quemado, y eran un regalo de los dioses. En la Edad Media llegaron a considerarse manifestaciones del diaple*, siendo prohibidas por la Inquisición. A partir del siglo XVIII recuperaron el valor gastronómico que ya tuvieron con los romanos. La recolección de la trufa silvestre en España comenzó en Cataluña, por recolectores franceses. En la provincia de Teruel se empezó a conocer por las gentes del lugar a principios de 1960, si bien hacía ya años que era recogida de manera discreta por buscadores catalanes. Con el tiempo, sabiendo ya la enorme riqueza, se fueron creando cotos en los respectivos municipios. El descenso en el aprovechamiento de la leña de carrasca y del pastoreo aumentó la vegetación en el carrascal. Este hecho unido a la abusiva recolección en zonas truferas naturales dio como resultado un descenso drástico de la producción. Ello impulsó la práctica de la truficultura. En 1987, un joven llamado Francisco Edo Navarrete, que había hecho su trabajo fin de carrera sobre el cultivo de la trufa, organizó un cursillo de formación laboral en Sarrión. Los asistentes a aquel curso se convirtieron en los primeros cultivadores. En 1997 varios truficultores acuerdan la constitución de la Asociación de Cultivadores y Recolectores de Trufa de la Provincia de Teruel, conocida con el acrónimo ATRUFER. Uno de los grandes logros fue el registro de la marca “Trufa Negra de Teruel” cuyo objetivo es la defensa de la calidad de la trufa turolense. En 2001, se celebró la I Edición de Feria Monográfica de la Trufa, FITRUF, organizada por el Ayuntamiento de Sarrión, con la colaboración de otras administraciones públicas, entidades financieras y asociaciones del sector. En aquella ocasión participaron 14 expositores y se trató de la primera feria monográfica en torno a la trufa a nivel nacional y posiblemente internacional. Desde esa primera edición han ido en aumento el número de expositores y los asistentes superando ya las veinte mil personas. Se trata de un escaparate donde poder dar a conocer todo lo relacionado con este hongo a través de productores y empresas relacionadas con el sector. En ella no falta la degustación gastronómica gracias a las tapas elaboradas por la Asociación de Mujeres así como las jornadas técnicas para atraen a expertos en la materia.

El siguiente reto es la puesta en marcha del Tuber Universum, el Centro de Interpretación de la Trufa de Sarrión que abrirá sus puertas en 2022. Situado en el polígono industrial El Bayo, junto a la autovía mudejar. En su interior se pretende dar a conocer la trufa y la tradición trufera de la localidad. Explicaciones sobre el hongo, su cultivo y comercialización articulan el espacio expositivo. Completan el centro de interpretación un espacio para las demostraciones culinarias. Esta es la primera fase un proyecto mucho más ambicioso que incluirá una zona de restauración, centro de investigación y un auditorio.

Para la potenciación de la trufa negra a nivel regional a finales del año 2021 se creó la marca “Trufa Negra d´Aragón”. Esta federación incluye la Asociación de Recolectores y Cultivadores de Trufa de Aragón (Huesca), la Asociación de Jóvenes Truficultores de Teruel y la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa Negra de las Comarcas de Zaragoza. Este proceso cuenta con el apoyo de instituciones y entidades como el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y el Centro de Investigación y Experimentación de Truficultura de Graus (CIET).

*Diaple: Diablo, demonio.

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Las trufas son el fruto de un hongo subterráneo que se fija a las raíces de los algunos árboles (roble, coscoja, avellano, carrasca) por medio de unos filamentos. Vive en simbiosis con el árbol: de él obtiene los hidratos de carbono que necesita y le aporta a cambio minerales y agua. Se encuentran debajo de la superficie del suelo a unos 20 centímetros de profundidad. En el mundo se conocen cerca de 90 variedades de trufa. De ellas son comestibles un tercio y sólo unas pocas son aprovechadas gracias su aroma o sabor. Entre ellas tenemos a la trufa negra (Tuber melanosporum). Recibe el nombre de trufa negra de Sarrión, trufa de Perigord, trufa de Norcia o trufa de Spoleto, según su procedencia. Esta es la más valorada y apreciada en la cocina, de aroma delicado y penetrante. Debe el nombre a su color negruzco o grisáceo. Tiene forma más o menos redondeada y su peso es variable, oscilando entre los 20 y los  300 gramos. Su corteza es de forma piramidal y el interior presenta numerosas venas muy finas de color blanco. Su época de recolección es de noviembre a marzo.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel
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Otra variedad es la trufa de verano (Tuber aestivum). Es considerada la hermana menor de la trufa negra por su aroma mucho más suave. Tiene igualmente forma redondeada y es de color marrón oscuro o negruzco, aunque con una corteza piramidal más acentuada. La mayor diferencia está en su interior, de color blanquecina o amarillenta, también con venas blancas numerosas y finas. Su época de recolección es de mayo a septiembre. También está la trufa de invierno (Tuber brumale). Es de color negro y muy similar a la trufa negra pero con un aroma muy profundo y de inferior cotización en el mercado. Y finalmente es necesario nombrar la trufa blanca (Tuber agnatum). Es la conocida como trufa blanca del Piamonte. Su ecosistema se localiza únicamente en Italia y en Istria. Sus ejemplares son cotizadísimos, pudiendo pagarse por kilogramo entre 3000 y 6000 euros por kilogramo. Según muchos entendidos es lo máximo en gastronomía. La trufa blanca es una rareza y a diferencia de las demás variedades pierde aroma al ser cocinada. Tienen formas irregulares, una piel fina de color ocre pálido, siendo su interior de color marrón rojizo o amarillento. Se recoge entre septiembre y enero.

La producción de trufa negra en Europa se concentra en tres zonas principalmente: España, Francia e Italia. De las 150 toneladas que se producen en todo el planeta 80 pertenecen a la comunidad aragonesa. Por ello Aragón supone más de 50 % de la producción mundial, siendo la mayor parte recogidas en el entorno de Sarrión lo que la convierte en la capital mundial de la trufa negra. El cultivo masivo de este preciado hongo ha impulsado el desarrollo de esta zona turolense. Aquí el paisaje se ha transformado, salpicado de campos de carrascas en los que se cultiva la trufa, que vive y crece en simbiosis con el árbol. El 90% de las trufas españolas se exportan a Francia, lo cual quiere decir que muchos productos de trufa francesa tienen su origen en Teruel. El precio se fija en el mercado trufero de la zona, que se celebra los sábados cuando se fa de nueis* y puede llegar a alcanzar los 600 euros el kilo, aunque una trufa de tamaño razonable puede costar unos 20 euros.

*Fer-se de nueis: Anochecer.

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Actualmente en Teruel cuenta con unas 10.000 hectáreas plantadas con trufa distribuidas por casi toda la provincia, aunque hay que puntualizar que todas ellas no están todavía en producción ya que se trata de plantaciones recientes. En cuanto a distribución geográfica, tres de cada cuatro hectáreas se concentran en la comarca Gúdar-Javalambre. También la trufa está muy implantada en comarcas como el Bajo Aragón, Matarraña, Maestrazgo, Cuencas Mineras y Sierra de Albarracín. La mayor parte de las plantaciones son de secano siendo menos del 10% la superficie de regadío, unas 800 hectáreas. A pesar de este porcentaje es pequeño, la provincia turolense cuenta con la mayor superficie irrigada lo que la convierte en la principal potencia mundial en la producción de trufa negra. Y con ello Sarrión se convierte en el epicentro mundial de la truficultura.

Esta práctica agrícola consiste en la plantación de árboles inoculados o infectados con el hongo de la Tuber melanosporum, procedentes de viveros de la misma localidad. La climatología de la zona es la ideal, con clima mediterráneo extremo, moderadamente cálido, seco y con inviernos fríos debido a la altitud. La primera etapa de formación, que puede durar aproximadamente entre seis y ocho años, corresponde a una fase en la que las micorrizas van invadiendo el terreno con el crecimiento de la raíz del árbol. En este proceso se van apreciando unos síntomas evidentes en la superficie ya que aparecen los denominados calveros o quemados. En estos calveros se seca la vegetación herbácea y la mayoría de las plantas, quedando el suelo prácticamente desnudo. Tras este largo periodo comenzaría la fase productiva. Es conveniente vallar el campo plantado  evitando de este modo la entrada de animales como el jabalí, del ganado mal controlado, de los recolectores furtivos y los individuos practicantes del vandalismo. También es necesario instalar un sistema de riego y así garantizar el riego necesario para la reproducción de los hongos. En cuanto a su recolección antiguamente se recogían con cerdos, aunque ese uso se ha abandonado por comodidad, ya que es difícil transportar y domesticar a este animal. Con los perros, estos problemas desaparecen, una vez adiestrados para esta tarea. Pueden ser perros de diferentes razas o cruces, de carácter afable y obediente, a ser posible de tamaño medio y pelo duro para resistir mejor las bajas temperaturas del invierno. El recolector extrae la trufa con ayuda de machetes que no sean punzantes, cavando cuidadosamente, desenterrando la trufa y volviendo a tapar el pozo formado con la misma tierra extraída.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel
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La distinción entre la trufa de plantación y la trufa silvestre es mínima ya que la variedad es la misma. Su diferencia primordial es que la trufa silvestre suele ser más pequeña, ya que no se riega cuando el hongo necesita agua. Además su tamaño suele ser más irregular ya que sale en terrenos más pedregosos. En cuanto a su valor nutricional, debido a las pequeñas cantidades que se consumen, es un aspecto ciertamente secundario. Es un alimento poco energético, que aporta unas 30 calorías/100 gr, muy digestivo, y al que se le atribuye un gran poder afrodisíaco. Una trufa está compuesta de agua en cantidades que pueden oscilar entre el 75 y el 90%, y como componentes destacar el potasio y el magnesio.

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En cuanto a su uso gastronómico es necesario saber que para conservar las trufas frescas en el frigorífico (unos diez días, según grado de madurez), hay que envolverlas en papel absorbente de cocina y meterlas en un recipiente hermético. Una vez al día hay que secar el recipiente y cambiar el papel si está mojado. También se pueden congelar para usar fuera de la temporada, rallando lo que se vaya a necesitar, sin llegar a descongelarlas enteras. Las trufas no se pelan y son usadas para aromatizar alimentos para lo cual se necesitan al menos 24 horas en contacto. La trufa deja su aroma y sabor en alimentos más bien planos de sabor como en arroces, patatas, harinas y pierde intensidad con productos que tienen mucha mezcla de sabores. Si la trufa es fresca lo mejor es rallarla o laminarla sobre el alimento. En la cocina las principales cualidades de este hongo son el aroma y el sabor, con lo cual hay que añadirla a última hora de la cocción de los alimentos para que no desaparezcan sus cualidades.

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Foto cedida por la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Teruel

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Vía Verde de Ojos Negros, surcando túneles y viaductos

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Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa. Pero volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas durante las fiestas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar. También María Pueyo, que ocupaba a temporadas su casa, fue expropiada en ese año. Le sacaron los enseres a la calle y entonces procedieron al derribo mediante una pala excavadora al día siguiente.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades que se inició en el año 2008. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir, 34 veces lo que recibieron en su día. Al final se llegó a un acuerdo en casi todos los casos y han pagado un euro por metro cuadrado pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. En cuanto a las fincas, la mayor parte llegó al pacto de 4.000 euros por hectárea, aunque los que recurrieron a un órgano de mediación tuvieron que pagar 7.000 euros. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Ni siquiera esa emblemática pareja que aguantó hasta el final. Emilio falleció en septiembre de 2011 cuando todavía no había comenzado la recuperación del pueblo. Su mujer, Francisca, nos dejó en julio de 2019. Ella si que pudo ver casi terminada la Casa Castillo. Sin embargo se fue sin saber qué significaba la palabra justicia. Ella decía que no entendía esta situación y que sólo esperaba que alguien le pidiera perdón pero no lo consiguió. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. Durante demasiado tiempo las actuaciones en Jánovas fueron de poco calado. Aún así los vecinos fueron realizando pequeñas obras. Primero fue recuperada la fuente. Después se reconstruyó por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se convirtió en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y también fue recuperado el antiguo horno, situado muy cerca.

Y mientras tanto la administración central ha dilatado excesivamente y sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. En el caso de Jánovas tras muchos años prácticamente todos los solicitantes ya han conseguido la reversión y son de nuevo suyas. Sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo cuatro edificios están casi recuperados. El primero de ellos fue la Casa del Pueblo. A otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, ha llegado la vida después de su finalización. Es la primera en ser habitada tras este triste episodio; se trata de la Casa Frechín. En la entrada del pueblo está Casa Agustín prácticamente terminada por fuera. Sus fachadas reproducen fielmente su aspecto exterior respetando los vanos. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa ya está prácticamente terminada. En proceso ya están Casa Carpintero, Casa Francho, Casa Felipe, Casa Piquero y Casa Garcés. Esta última es la que acogió a los últimos habitantes, que ahora quiere levantar su nieto. Y en breve está previsto que comiencen las obras en Casa Tejedor, Casa Puyolé, Casa Joaquina y Casa Dolores. Otros ya piensan en levantar de nuevo las casas de sus familias, constituyendo el momento más esperanzador en toda esta historia.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se llevaron a cabo las obras en el cauce del Ara para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa que nunca se llegó a levantar. Ahora el río discurre por donde siempre había ido. Para estas obras, todavía sin terminar, se construyó un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Afortunadamente los actuales representantes de las administraciones afectadas deben sentir vergüenza de las actuaciones de sus predecesores. En el caso de este vado se permite el uso por parte de los vecinos, siendo el mejor acceso actual, imprescindible para llevar a cabo todas las actuaciones. Y no parece que se vayan a terminar las obras de la atavía, lo que supondría la desaparición de este paso. Una complicidad de la administración con los vecinos, como un pequeño detalle que pueda compensar el daño sufrido.

Todavía queda esperar para que Jánovas cuente con una carretera de acceso. A quinientos metros de distancia discurre la carretera nacional N-260. El eje pirenaico tiene acondicionados los tramos entre Sabiñánigo y Fiscal, y entre Boltaña y Campo. Sin embargo el tramo en torno a Jánovas es una precaria carretera, estrecha y con abundante tráfico. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El actual acceso al pueblo es lamentable. Una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central todavía no ha compensado a Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano. Por parte de Fomento ya ha sido aprobado el estudio de impacto medioambiental de la mejora de este tramo de la nacional de 12,7 kilómetros, cinco años después de que fuera tumbado el anterior. A finales del año 2021 fue aprobado definitivamente el proyecto. Las obras costarán 57 millones de euros e incluyen un túnel de 1.740 metros que salvará el congosto de Jánovas. Pero todavía queda que sea dotado finalmente de una partida presupuestaria y se ejecuten las obras.
Sin embargo ahora el Ministerio de Transportes no contempla una acceso directo desde la nueva carretera a Jánovas cruzando el río Ara. El motivo es que que el acceso previsto en el primer proyecto fue desestimado por el impacto medioambiental. Otro agravio más a un pueblo que reitera un trato humillante a lo largo de tantas décadas por parte de la administración central. Ahora habrá que esperar a ver si se soluciona un problema vital para el acceso a una localidad en plena reconstrucción.

El 19 de diciembre de 2017 será recordado como una fecha muy importante en la recuperación del pueblo. Ese día se firmó el convenio entre Endesa y el ayuntamiento de Fiscal, en el cual se traspasaron los activos de los núcleos de Albella, Jánovas, Burgasé, Lacort, Lavelilla, Fiscal, San Felices-Santa Olaria, de la cual el ayuntamiento de Fiscal es su sucesor. Se trata del patrimonio afectado por la construcción del embalse de Jánovas que corresponde a 186 hectáreas de suelo rústico, 23.000 metros cuadrados de superficie urbana y más de 60 inmuebles, entre los que están las antiguas escuelas, el puente colgante sobre el río Ara, viales, calles, plazas, fuentes y abrevaderos. Por ello deberá pagar 50.000 euros a Endesa. Es lamentable que después de tanto daño a lo largo de todas estas décadas, y del abandono de todo este patrimonio se le haga pagar por ello al ayuntamiento de Fiscal. Pero por lo menos se libera de la propiedad a la hidroeléctrica y se facilita la recuperación de todas estas propiedades. Una de ellas como es el caso de las escuelas de Jánovas ya rehabilitadas por los propios vecinos.

Pero la piedra angular de la reconstrucción del pueblo es la restitución de la zona afectada por el fallido pantano por parte de la administración central con la redacción del Plan de Desarrollo Sostenible. Las inversiones incluidas en este gran proyecto servirían para dotar a las poblaciones de Jánovas, Lavelilla y Lacort de accesos por carretera, urbanización y dotación de servicios como iluminación, vertido y depuración, además de restauración del patrimonio histórico y cultural. Sin embargo tras las alegaciones presentadas por algunos vecinos más críticos el Gobierno central ha decidido continuar con el procedimiento ordinario lo que supone posponer las actuaciones hasta el año 2028. El ayuntamiento de Fiscal recurrió la sentencia por considerarla injusta e injustificada, pero fue desestimada. De los 24 millones de euros con que fue dotado el plan en su día se rebajaron a 15,7. Sin embargo hasta el año 2028 está previsto que se inviertan como mucho 5 millones de euros. De nuevo queda de manifiesto que el Estado español, el único responsable de la destrucción del pueblo, sigue sin comprometerse con la recuperación.

Ello supone un duro revés para Jánovas, pero no la paralización del proyecto. Los vecinos llevan años movilizados para agilizar y adelantar la acometida de la luz, fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida al pueblo. De esta manera el gobierno autonómico en 2017 asumió con 100.000 euros la traída de la línea de media tensión. Tras más de cincuenta años de oscuridad, ha llegado la luz a Jánovas. La celebración de las fiestas en honor a San Miguel de 2018 fue otro motivo más para la esperanza, con una ilusión renovada día a día. La luz ha vuelto a iluminar las calles, y las viviendas todavía en obras. Todavía queda mucho por hacer, pero menos.

En cuanto a la acometida del agua potable, los propios vecinos fueron los que realizaron las primeras obras. Mediante la captación de un manantial y la construcción de un pequeño depósito de 1.000 litros, el suministro para la Casa del Pueblo y las viviendas ya es insuficiente. Desde el Departamento de Vertebración del Territorio del ente autonómico a lo largo de estos años han sido realizadas importantes obras de mejora. Por una parte la construcción de un nuevo depósito de agua. En el año 2018 se llevaron a cabo las obras de hormigonado en la calle San Roque y zonas limítrofes. Incluyen las canalizaciones de agua, vertido y telecomunicaciones previas a la futura urbanización cuando estén terminadas las fachadas de las calles, y se les pueda devolver el aspecto empedrado que tuvieron de siempre. Y en 2021 se han ampliado estas obras a cuatro calles más del pueblo. Todavía queda pendiente la estación depuradora para las aguas residuales, ya que en la actualidad se utilizan pozos ciegos. Queda de manifiesto que el empeño de los vecinos puede más que las trabas que pone la administración central a la recuperación de Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial y que ha servido para agilizar las obras que se van ejecutando gracias a las pequeñas partidas de la administración. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. Sin embargo la sorpresa llegó a finales de 2018 ya que la empresa hidroeléctrica con fondos propios consolidó una pared, tejado y campanario, gracias a la solicitud por parte de los vecinos. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla por completo, pero de momento se evitará su deterioro. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal, que esperemos que cuanto antes se vuelva a recolocar en su lugar de origen.

En junio de 2019 tuvo lugar la primera edición del festival Jánovas Insumergible, una cita cultural y lúdica que pretende ser un nuevo acicate para la vida social de pueblo y que recogió fondos para continuar con las obras. Al año siguiente la actividad fue frenética, con la Casa del Pueblo abierta de par en par a todos los visitantes ofreciendo un lugar donde tomar un refresco, un puesto de venta de objetos para sufragar gastos e incluso una exposición de obras en las que se reproducía detalles de la arquitectura popular.

Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero la vida en Jánovas poco a poco vuelve. Una de las últimas hazañas de sus vecinos ha sido devolver a su lugar de origen la campana de la torre de su iglesia. Con el abandono forzoso del pueblo se trasladó al pueblo de Guaso, donde fue colocada en la torre de San Salvador. Pocos se imaginaban que como dice la Ronda de Boltaña en una de sus canciones, “El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. Tras las conversaciones con los vecinos de Guaso y con la Iglesia, todo han sido facilidades para la devolución, lo que se ha convertido en un nuevo símbolo de la lucha de los vecinos de Jánvoas. En este caso, después de cincuenta años de exilio, la campana de Jánovas ha vuelto a su lugar de origen, a tiempo para celebrar las fiestas de San Miguel de 2019.

Y el 1 de febrero de 2020 fue entregado el Premio Cruz de Sobrarbe a título póstumo al recién fallecido Juan Luis Muriel, reconociendo su protagonismo especial en la Comarca del Sobrarbe. Este político andaluz fue secretario general de Medio Ambiente. Su gestión fue clave en la paralización del proyecto de la presa de Jánovas, ordenando la paralización de las obras con la firma de la declaración negativa del impacto medioambiental. Una decisión que le costó su dimisión y el fin de su carrera política. Un hecho fundamental en la historia reciente de Jánovas y que ya forma parte de la memoria colectiva.

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Triste paradoja la de este balneario, que fue engullido no por las aguas termales que le servían de actividad, sino por las de un pantano, el embalse de Yesa. Está situado en la Alta Zaragoza, en la confluencia de las provincias de Huesca y Zaragoza y ya muy cerca de Navarra. Aunque la mayor parte del tiempo yace bajo las aguas del Mar del Pirineo, como así es conocido debido a sus colosales dimensiones, en épocas de gran estiaje se descubren las ruinas que marcan el lugar donde estuvo ubicado. Entonces surge el milagro y brotan las aguas termales de entre los escombros.

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La historia del balneario de Tiermas se remonta a los romanos que explotaron este codiciado recurso natural. A su alrededor fue surgiendo un poblado, que siglos más tarde se trasladó a un pueyo* cercano debido a las numerosas guerras con navarros y franceses. En esta incierta etapa las termas tuvieron un hospital y las instalaciones atendían fundamentalmente a los pobres. Una vez superadas las contiendas tras la unificación de España comenzó una etapa de progreso. Los baños pasaron a pertenecer al municipio de Tiermas, y en el siglo XIX fueron arrendados, permitiendo el acceso gratuito a los vecinos de la localidad y a los pobres. Finalmente, ante el lamentable estado de las instalaciones, la villa decidió venderlo a Luis Casals, y posteriormente en 1918 pasó a unos vecinos de Ansó. En esa fecha el balneario contaba con un edificio de tres plantas, la casa alta de los baños, en la cual se encontraban las habitaciones, así como los servicios propios de un hotel. Junto a él estaba el edificio donde se encontraban los cuartos de baño, piscinas y gabinetes hidroterapeúticos. Y adosada estaba la casa baja de los baños, ésta de dos pisos. Completaba el conjunto el hotel Infanta Isabel, de tres plantas. Entre el hotel y el balneario existía un pasadizo de madera para facilitar el paso de los bañistas. Precisamente el hotel tomó el nombre de la Infanta Isabel de Borbón y Borbón, hermana de Alfonso XII, la cual visitó las instalaciones dando mayor renombre a las mismas. En los años 40 este edificio sufrió un incendio y no volvió a reconstruirse. El final de este balneario que llegó a acumular gran esplendor lo puso la construcción del pantano, expropiándose las instalaciones, y cubriéndose por las aguas en 1960, poco tiempo después de cesar su actividad.

*Pueyo: Colina.
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En la actualidad quedan sólo un montón de ruinas, junto a las surgencias de aguas que manan a 42ºC. Es posible descubrir este lugar cuando las aguas del embalse de Yesa descienden lo suficiente, lo cual sólo ocurre en determinados años pudiendo durar esta situación unos días o unas semanas a lo sumo. El paisaje es desolador, casi lunar. Una ladera sin vegetación en la cual yacen los escasos restos de los edificios, con la lámina del embalse amenazando con cubrirlo de nuevo en cuanto vuelvan las lluvias otoñales. El milagro surge del subsuelo y el agua mana de diferentes puntos de manera natural, una vez inutilizadas las conducciones del balneario. Donde antaño hubo una plaza a la cual llegaban los viajeros en carro e incluso en los viejos automotores, ahora mana la mayor parte del caudal de manera natural. En la primera balsa, la de mayores dimensiones, se perciben incluso las pequeñas burbujas. Aguas que emiten el suave y característico mal olor de las aguas termales. Es el punto de mayor temperatura y donde las aguas son más cristalinas. Con el paso de los años la gente ha creado pequeñas balsas de poca profundidad para facilitar el baño. Se forma en su recorrido un pequeño río que pasa entre las ruinas del antiguo hotel y balneario. Unos metros más abajo el agua de nuevo se diluye en las frías aguas del pantano, y unos días más tarde todo volverá a desaparecer. Un efímero recorrido que depende del nivel del pantano y de los días que permanece al descubierto, pero que es aprovechado por los bañistas al máximo.

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Otras de las surgencias parten de la parte trasera del edificio de los baños a través de un chorro a un metro de altura, un punto que hace las delicias del bañista. A su alrededor un pequeño barranco cubierto de lodo sirve también de improvisado lugar para tomar baños de barro. De un tono grisáceo, siendo oscuro cuando se impregna el cuerpo, al secarte toma un tono más suave, que hace que los cuerpos se mimeticen con el paisaje que los rodea.

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En cuanto a los restos de los edificios principales, apenas quedan los arranques de los muros del hotel, que quedó destruido años antes de la inundación por un incendio. El edificio de los baños es el mejor conservado. Se mantienen en pie los muros de la primera planta, donde se abren los vanos rectangulares que conservan incluso los marcos de madera. Por donde antes pasaba la carretera, ahora discurre el río termal salpicado de pequeñas piscinas repletas de personas disfrutando de las aguas termales. También es posible acceder al interior, donde se pueden apreciar las cabinas de baño, con puertas decoradas, y donde el lodo no ha conseguido cubrir todo su interior. Es posible incluso ver los restos de una de las bañeras de piedra, así como los azulejos que cubrían las paredes de las estancias. Un pequeño recuerdo del esplendor de un balneario, ahora convertido en un lugar de recreo gratuito.

En el barrio de los Baños, además del balneario, hubo muchos más edificios salpicados de manera dispersa en torno a la carretera. Este punto era un cruce vital de carreteras, ya cruzaba el río la antigua vía romana que recorría el valle del Aragón.

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El puente era una fábrica medieval y estuvo en uso hasta la inundación. Desde entonces en contadas ocasiones ha podido verse ya que para ello es necesario que el embalse está muy bajo. Una de las últimas ocasiones fue en el año 2001. Pero el 20 de septiembre de 2022, con una cota del embalse de 459 metros (sobre el nivel del mar) y un porcentaje del 15% del volumen del embalse, volvió a aflorar. Se trata de un puente de piedra con tres vanos con tres arcadas originales de piedra, tajamares y pretiles para proteger la calzada. Se le añaden en dirección a la margen izquierda tres tramos más de tablas, seguro que recontruidos después de alguna avenida.

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En la actualidad se están llevando a cabo las obras de ampliación de recrecimiento de Yesa, polémicas debido al empeño de la administración de llevarlas a cabo con la justificación de que es la ampliación y consolidación de riegos así como el abastecimiento de agua a Zaragoza capital. Sin embargo su coste es elevadísimo, y aumenta día a día debido a las dificultades técnicas de construcción de la presa sobre unas laderas inestables y que crean un riesgo de seguridad inasumible. Con la obra terminada subiría la cota del pantano y los restos del balneario quedarían sumergidos posiblemente ta cutio*. Los antiguos vecinos de Tiermas hace tiempo que han solicitado la reversión de sus propiedades. Sin embargo se da la circunstancia de que en el año 1982 el vecino pueblo de Sigüés compró el pueblo por una cantidad ridícula, 3.754.250 pesetas, que consiguió de una subvención de la Diputación Provincial de Zaragoza. Tiene un proyecto de recuperación del pueblo de Tiermas, el cual incluye la utilización de las aguas termales gracias a una conducción desde el fondo del pantano hasta el pueblo. A pesar de que lleva años medio paralizado, éste sirve de impedimento para la posible devolución de las propiedades a sus legítimos herederos. Otra triste paradoja más que junto a la del balneario habla de la historia reciente de una próspera y prestigiosa localidad zaragozana que se truncó por la construcción del embalse de Yesa. Con ello se dio la vida a las Cinco Villas con la construcción de nuevos regadíos y pueblos de colonización. Y se la quitó a la Canal de Berdún, expropiando y obligando a marcharse a vecinos de Escó, Ruesta y Tiermas, e hipotecando el desarrollo de parte de la comarca de la Jacetania.

*Pa cutio: Para siempre.

Tremedales y ríos de piedra en Orihuela

Orihuela del Tremedal es una pintoresca población de la Sierra de Albarracín. Esta localidad está íntimamente ligada al término tremedal, el cual da nombre al pueblo, a la sierra y a su virgen. Se define como un “terreno pantanoso, abundante en turba, cubierto de hierba o césped, y que por lo escaso de su consistencia retiembla cuando se anda sobre él”. Los tremedales se originan en zonas de gran altitud como ésta, con la acumulación de la nieve sobre sustratos no permeables que dificultan la filtración del agua. Suelen estar ubicados en laderas o bancales de escasa inclinación. Están compuestos principalmente por turba, material vegetal producto de la azitadura* de la vegetación. La formación de una turbera es generalmente lenta como consecuencia de una escasa actividad microbiana, debida a la acidez del agua o la baja concentración de oxígeno. Este proceso es la primera etapa de la lenta transformación de la vegetación en carbón vegetal. Con el tiempo las turberas se cubren de musgos que absorben el agua y mantienen la humedad así como de otras plantas. Cuando la capa es suficientemente sólida, arraigan en su esponjosa superficie arbustos y más tarde árboles.

*Azitadura: Putrefacción.

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En el año 2011 los “Tremedales de Orihuela” fueron incluidos en la lista Ramsar como uno de los humedales de importancia internacional. Ubicados en el centro de los Montes Universales cuentan con una superficie protegida de casi unas 1.800 ha, siendo sólo 5 ha las correspondientes a humedales propiamente dichos. Este tipo de ecosistemas son abundantes en el norte de Europa. Sin embargo en España sólo se presentan en las cadenas montañosas del norte, así como estas sierras turolenses, siendo los más meridionales de la Península Ibérica. Además de los de Orihuela del Tremedal se pueden encontrar en otras poblaciones cercanas como Bronchales, Noguera de Albarracín, Albarracín así como en zonas cercanas de Guadalajara.

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Este hábitat cuenta con una gran riqueza natural, como así lo demuestran las 600 especies de flora inventariadas. En el paisaje domina el pino silvestre que deja paso a los pastizales donde se acumula la humedad. Los tremedales albergan hasta 141 especies de musgos y 26 de hepáticas. Además de ello una variada representación de plantas vasculares, de carácter acuático o semiacuático. Uno de los más bellos ejemplos es la Drosera rotundifolia. Se trata de una planta carnívora de pequeñas dimensiones, unos diez centímetros. Buena parte de su sustento lo obtiene al atrapar insectos y artrópodos. Cuenta con láminas de las cuales parten pelillos de color rojo. Los insectos son atraídos por el color, el olor y las sustancias dulces que produce la planta, quedando atrapados por la sustancia pegajosa que la recubre. Los enzimas digestivos con los que cuenta permiten extraer de sus presas nitratos y otros nutrientes.

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Otra de las singularidades de la Sierra del Tremedal son sus ríos de piedra. Las Islas Malvinas poseen el conjunto de ríos de piedra mejor conocido del planeta por su excepcional diversidad y por su tamaño. En la Isla Soledad se encuentra el más largo, de 5 kilómetros de longitud, formado por cuarcita dura y que contrasta con el paisaje circundante de cerros redondeados por el viento. Similares a éstos tenemos importantes ejemplos cerca de Orihuela del Tremedal. El más accesible se encuentra junto a la carretera de acceso al Santuario de la Virgen del Tremedal. Varios son los ejemplos en esta sierra turolense que llegan a alcanzar los 2,65 kilómetros de longitud y los 250 metros de anchura situándose entre los más importantes del mundo.

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Su formación se debe al clima periglaciar que acompañó a estas montañas durante las fases más frías de Cuaternario. Los abundantes ciclos de hielo-deshielo provocaron la fractura de las rocas formando gleras* y laderas de bloques de cuarcita. Las grandes pendientes entre la cumbre y los valles favorecieron la creación de estos ríos de piedras cubiertos por bloques principalmente de 25 a 50 cm que cubren la superficie visible. Entre ellos y a mayor profundidad se encuentran bloques de menor tamaño. Con el efecto de la gravedad y el lento movimiento de las piedras sobre el hielo se iba produciendo su desplazamiento ladera abajo llegando al fondo de los valles, dando lugar a estos peculiares ríos. La masa de rocas carente de vegetación destaca por su tono grisáceo en contraste con el tapiz verde del arbolado que lo bordea, y que cubre laderas y el fondo de los valles.

*Glera: Pedregal.

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Un atractivo más para la población de Orihuela del Tremedal que atesora un precioso casco urbano con una rica arquitectura tradicional muy bien conservada. Sus casas se asientan en calles escalonadas sobre una pequeña elevación orientada al sur. En la parte alta su iglesia, de aspecto catedralicio, sobresale sobre los tejados rojos sus viviendas, donde destacan un buen número de casas nobiliarias. Otro de los lugares de obligada visita es el Santuario de la Virgen del Tremedal, emplazado en la parte alta de la sierra rodeado de bosques y con excelentes vistas del entorno.

Viaje al Centro Geográfico de Aragón

Emulando la mítica novela de Julio Verne, el dragón Chorche propone embarcarse en la aventura de viajar al centro geográfico de Aragón. Una empresa mucho menos arriesgada y apasionante, pero que descubrirá un punto escasamente conocido por los propios aragoneses.

En primer lugar, hay que saber a qué se refiere el término “centro geográfico”. Lo que primero viene a la cabeza a la hora de buscar el centro de Aragón es la ciudad de Zaragoza. Su posición en el mapa autonómico es aparentemente centrada. Ser el nodo de las principales carreteras y líneas de ferrocarril inclina a pensar a primera vista que es el punto más céntrico de Aragón. También hidrográficamente, su ubicación en el tramo central del río Ebro, en confluencia con dos grandes ríos provenientes uno del norte y otro del sur, Gállego y Huerva, hacen pensar que se trata del centro de Aragón. Además, históricamente, aglutina una dilatada historia de más de dos milenios. Su desarrollo demográfico la ha convertido en el punto más poblado de Aragón, donde viven más de la mitad de los aragoneses. Sin embargo, todos estos aspectos no son determinantes a la hora de averiguar dónde se encuentra el centro geográfico de Aragón, motivo de esta aventura.

Cálculo del Centro Geográfico de Aragón

En geografía, el centro geográfico de una superficie equivale a su centroide o baricentro. Este punto es el lugar donde se cruzan los hiperplanos que dividen la figura en partes de igual momento, es decir, su centro de simetría. El cálculo de estas coordenadas para una región física del tamaño de Aragón es bastante complicado. La primera cuestión a plantear es el establecimiento de unos criterios previos para simplificar el cálculo, ya que de otra manera podría llegar a ser imposible de realizar. Se parte de la base de que la densidad y el campo gravitatorio en todo el territorio es uniforme. Por otra parte, la superficie de Aragón tiene acusados relieves. Además, no se debe olvidar la condición de ser una superficie esférica, al ser una porción del globo terrestre. Con todas las consideraciones anteriores, lo que se hace es tomar una proyección cartográfica de esta superficie irregular, que permitirá calcular unas coordenadas en latitud y longitud que darán lugar a un punto.

Para iniciar el cálculo debe establecerse un sistema de coordenadas cuyo origen se ubica en el ángulo inferior izquierdo. El eje horizontal, que se ajusta al punto más meridional del mapa, mide las distancias hacia el Este. Y el eje vertical, ajustado al punto más occidental, en dirección al Norte. Una vez establecido, cualquier punto del mapa quedará determinado por una coordenada para el eje X (hacia el Este) y otra para el eje Y (hacia el Norte). En primer lugar, deberá establecerse un reticulado en el mapa. A mayor número de cuadrículas, abarcando éstas menor superficie, el cálculo del centro geográfico de Aragón se realizará con mayor precisión.

Vamos a realizar un ejemplo práctico con una malla muy sencilla para intentar comprender cómo se identifica el centro medio de todos los puntos de una superficie, es decir, su centro geométrico. En la parte inferior aparece el mapa geográfico de Aragón dividido en cuadrículas respecto a los dos ejes de coordenadas.

El valor numérico de las coordenadas de x e y de cada cuadrícula se le asigna al punto medio tal que: 0,5 1,5 2,5 3,5 4,5 …

Teniendo en cuenta que la superficie con la que contamos es irregular debemos de aplicar un criterio de ponderación. A las cuadrículas que corresponden de manera íntegra con superficie de Aragón les aplicaremos el valor de w=1 , mientras que, a las cuadrículas no completas que sólo contienen en parte la superficie de Aragón, les aplicaremos un valor de w=0,5 .

De esta manera la formulación quedará de la siguiente manera:

Para todas las filas y columnas de los ejes X e Y, realizaremos la suma de los valores de w asignados a cada una de las cuadrículas, obteniendo los respectivos w.

Después, calcularemos el producto de cada uno de los valores de x e y por su correspondiente valor w en cada eje.

∑ (x x w)

∑ ( y x w)

Restará calcular el punto medio en cada eje tras aplicar la ponderación, según sigue:

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ (x x w) / w

Punto medio ponderado en el Eje = ∑ ( y x w) / w

Estas serán las coordenadas del centro geográfico correspondiente a la superficie.

Este cálculo matemático fue llevado a cabo hace algún tiempo por el Instituto Geográfico de Aragón. El resultado puede consultarse en la publicación de García (2011). Para ello se utilizó la malla correspondiente a un mapa de escala 1:5000. Con ella se parte de 10.579 cuadrículas, que responden a 149 filas y 71 columnas. En realidad, Aragón sólo ocupa 6.236 cuadrículas, que se corresponden con las respectivas fuellas* de 1:5000 que cubren toda su superficie. Siguiendo el procedimiento de cálculo antes expuesto, se llega al siguiente resultado.

*Fuellas: Hojas.

CENTRO GEOGRÁFICO DE ARAGÓN

Proyección UTM ETRS89 Huso 30 N

x:  694.962,57

y: 4.598.208,43

Coordenadas Geográficas ETRS89

Latitud:  41°  30′  42,44659″ N

Longitud:   0°  39′  49,44038″ W

Cómo llegar al Centro Geográfico de Aragón

Una vez realizados los cálculos, llega al fin el momento de comenzar la aventura. Nos trasladamos al pueblo de Fuentes de Ebro, situado a unos 27 kilómetros de Zaragoza. Emplazada en la carretera de Castellón, esta localidad es bien conocida por la cebolla de Fuentes, que desde hace un década es comercializada bajo la enseña de su propia denominación de origen. Aglutina a unos 4.500 habitantes. En lo artístico destaca su iglesia parroquial en advocación a San Miguel Arcángel. Fue construida en el siglo XVI por el conde de Fuentes, don Juan Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea, en estilo neoclásico. Se encargó la obra al arquitecto francés Quinto Pierres Vedel. A él se deben singulares obras en Aragón como el Acueducto de Teruel, la Mina de Daroca y la catedral de Santa María de Albarracín, donde está apedecato*. Sin embargo su elemento más llamativo, la torre de la iglesia, es de factura posterior ya que tiene poco más de un siglo de antigüedad. Debido al mal estado de la torre anterior se demolió en el año 1881. De nuevo un afamado arquitecto, el turiasonense Félix Navarro, se encarga de esta nueva obra. Esta singular torre recuerda a las torres de la lejana Venecia. Destacan los conjuntos escultóricos y el afilado chapitel con que se remata.

*Apedecar: Enterrar.

Torre de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro
Campanario de la Iglesia de San Miguel. Fuentes de Ebro

Cercana está la plaza de la Constitución, presidida por la Casa de la Villa. Un edificio que evoca la estructura de los palacios renacentistas aragoneses, pero que fue construido en 1985. Cuenta con fachada de ladrillo, planta noble con balcones y galería de arcos doblados en su parte alta. La reciente urbanización de la plaza, llevada a cabo en 2018, ha incorporado en su parte central una referencia al centro geográfico de Aragón, reclamando así la titularidad que se le atribuye a esta localidad. En el pavimento aparece una placa metálica con topónimos de la geografía aragonesa, donde además se nombran elementos del patrimonio material e inmaterial de la localidad.

Plaza de la Constitucion. Fuentes de Ebro

Sin embargo, el punto no se encuentra en el casco urbano. El centro geográfico de la Comunidad Autónoma de Aragón se encuentra en el término municipal de Fuentes de Ebro, en un paraje yesífero denominado “Despeñaciegos”. Su acceso no es complicado. Un kilómetro antes de alcanzar el pueblo por la antigua carretera nacional, frente a la Finca La Dehesa, parte una pista. Éste es el punto de inicio de la hazaña (1).

Sin dejar la pista principal, tras haber recorrido 1,15 km, se pasa por debajo de la circunvalación de la carretera de Castellón. Tras un ligero ascenso se toma dirección a la izquierda (2), y poco más adelante por la pista principal se toma nuevamamente el ramal izquierdo (3), tras 1,4 km de recorrido. A los dos kilómetros aparece un nuevo cruce. En esta ocasión de nuevo debe tomarse una pista a mano izquierda (4). En este punto es recomendable dejar el vehículo y avanzar caminando.

El objetivo ya no está lejos, a unos 650 metros de distancia. Primero se recorre el trazado de la pista que discurre a la izquierda de los campos y que poco a poco se va degradando (5). En unos diez minutos andando se acaba la pista y se llega a una zona libre de cultivo salpicada de grandes bolos de alabastro. Debemos encaminarnos al pequeño barranco que se emplaza al frente, ligeramente a la derecha (6). Aunque la vegetación es abundante se puede avanzar por un sendero señalizado que cruza en varias ocasiones el pequeño reguero que lo recorre (7). En otros cinco minutos desde la pista se deja el barranco a mitad, a mano izquierda. Sólo resta remontar la ladera con menos vegetación (8) y tras alcanzar un pequeño llano girar a mano derecha para alcanzar la parte más alta donde se encuentra el objetivo.

El Centro Geográfico de Aragón se encuentra marcado con un poste que lo identifica con un anagrama y la bandera de Aragón. A su alrededor dos círculos concéntricos realizados con piedras de alabastro remarcan su ubicación.

El paisaje está dominado por vegetación esteparia de escaso porte. La panorámica en dirección al norte proporciona una vista del barranco por donde se asciende, con las vales cultivadas a media distancia. Al fondo destaca el constraste del color verde de las fértiles tierras del valle del Ebro delimitadas por los escarpes yesíferos. Si la visibilidad es buena se pueden divisar la Sierra de Alcubierre y en días muy claros incluso las sierras prepirenaicas y la cordillera de los Pirineos.

También es posible subir a la ladera opuesta desde donde hay una buena vista del centro geográfico. Desde el último poste de la senda aparece señalizado el acceso a este mirador.

Como de costumbre en nuestra tierra en muchas ocasiones no valoramos las cosas. Este lugar quizás no sea de importancia, pero debería contar con señalización oficial para acceder desde Fuentes de Ebro. Y debería divulgarse su existencia. Aunque sólo sea porque se ha realizado el cálculo por un órgano dependiente del Gobierno de Aragón, el Instituto Geográfico de Aragón. Precisamente en muchos países y regiones sus centros geográficos están perfectamente identificados y señalizados. El valor simbólico hace que se conviertan en lugares de interés para los más curiosos. Se pueden consultar en el siguiente enlace la localización de muchos de ellos como los de Polonia, Alemania, Portugal o Nueva Zelanda.

GEOGRAPHICAL CENTERS

En el caso de las comunidades autónomas españolas sólo en algunas de ellas se ha calculado su centro geográfico. Dos de ellas lo tienen señalizado y es fácil su visita, Cataluña y Cantabria. Y otras han realizado su cálculo pero no está señalizado sobre el terreno, como es el caso de Galicia, Andalucía, Navarra, País Vasco y Comunidad Valenciana.

Centro Geográfico de la Península Ibérica

En el caso de la Península Ibérica, el cálculo es complejo y no está determinado oficialmente. En el año 1561 se trasladó la capital de España a Madrid, una población que por aquel entonces tenía unos 20.000 habitantes. Se convirtió en la capital definitiva del estado. Su posición central en el mapa español puede hacer pensar que se trata del centro, pero no es así. Lo que sí posee es el Km 0 de las carreteras españolas. En el siglo XVIII se estableció la necesidad de crear una red de caminos que se adaptaría a la estructura centralizada del país. El mapa fue realizado entre 1739 y 1743 por los profesores jesuitas Carlos Martínez y Claudio de la Vega (información sobre la obra en la Biblioteca Nacional). Sin embargo, la designación actual de las carreteras nacionales, comarcales y locales se debe al Plan Peña, siendo ministro de Obras Públicas Alfonso Peña, entre 1937 y 1941 (ver documento plan de caminos). Este diseño radial de carreteras fijó el origen de las mismas en la Puerta del Sol de Madrid. 

El centro geográfico de la Península Ibérica actualmente está en pugna entre dos localidades de la Comunidad de Madrid, Getafe y Pinto. Tradicionalmente se ha pensado que este punto está situado en el Cerro de los Ángeles, ubicado al este del casco urbano de Getafe, una población de unos 180.000 habitantes. Alfonso IV tras la reconquista mandó edificar una ermita. Y en el siglo XIX el rey Alfonso XIII mandó construir la estatua del Sagrado Corazón, la cual tuvo que ser levantada de nuevo tras la guerra civil. El cerro se eleva a 666 metros de cota máxima marcada con un vértice geodésico.

Sin embargo, Pinto, una localidad del sur de región madrileña, también reivindica ser el centro. Exactamente a tan sólo 7,5 kilómetros al sur se encuentra este segundo punto. En este caso está ubicado en pleno casco urbano de la localidad, que cuenta con una población de 51.000 habitantes. En concreto en la confluencia de la calle Maestra María del Rosario y calle Egido de la Fuente. Un monolito colocado en los años sesenta marca el punto. Anteriormente hubo una piedra con un aspa colocada conocida como la “Exacta”. Según cuenta la leyenda, en este lugar estuvo enterrada un arca con los instrumentos empleados por los musulmanes para realizar las mediciones que determinaron que este punto era el lugar céntrico de la Península Ibérica. El topónimo de la localidad parece proceder del término “punctum”, punto de paso o cruce de caminos. Precisamente el escudo de Pinto representa la esfera terrestre con un punto marcado en rojo, haciendo una alegoría al centro de España.

Las dimensiones de la Península Ibérica, unos 480.000 km2, y la complejidad de su territorio físico hacen difícil establecer este punto de manera única y exacta. La principal variable es delimitar el límite de la superficie peninsular con respecto al continente europeo. La frontera política entre España y Francia no coincide con la zona más estrecha del istmo que separa la península del continente. Pero existen otras variables como son el límite costero, que varía según la situación de pleamar o bajamar. También las desembocaduras de los ríos crean zonas que hacen dudar de la divisoria exacta entre el mar y tierra. Y finalmente hay que tener en cuenta que se trata de una superficie esférica y con una orografía muy irregular, lo que complica todavía más los cálculos, al tener que extrapolar el centro geográfico a un punto de la superficie terrestre. Con todo ello, el geógrafo Javier Colomo, doctor en Geografía e Historia, se aventuró a realizar el cálculo en el año 2018. Como base del estudio de Colomo (2018) se estableció el límite de la Península Ibérica en la actual frontera entre España y Francia. Y respecto a la superficie esférica utilizó la representación tridimensional de la Tierra representada en Google Earth con coordenadas WGS84 que se corresponden con las ofrecidas por GPS. Tras dividir la superficie en miles de cuadrículas y realizar los cálculos matemáticos localizó el punto en medio del campo, a cuatro kilómetros del centro de Méntrida (Toledo). Esta población de 5.000 habitantes se emplaza al norte de la provincia toledana, muy cercana a la Comunidad de Madrid.

Entre el centro geográfico de la Península Ibérica calculado por Javier Colomo y el centro geográfico de Pinto hay 45,8 kilómetros de distancia. Y respecto al centro geográfico del Cerro de los Ángeles de Getafe la distancia es de 47,6 kilómetros.

Bibliografía

García, M.L. (2011). Centro geográfico de Aragón. En Delimitación comarcal de Zaragoza (1ª ed., pp.70-72). Zaragoza: Gobierno de Aragón. Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior. Recuperado de: http://mov-brs-01.aragon.es/cgi-bin/IDOT/BRSCGI?CMD=VEROBJ&MLKOB=839719975858

Colomo, J. (2018). Centro Geográfico de la superficie de la península Ibérica. Recuperado de:  https://www.javiercolomo.com/index_archivos/Iberia/Iberia.htm

25 años reclamando los bienes de las parroquias orientales de Aragón

Con el surgimiento de los condados cristianos de Sobrarbe y Ribagorza en el siglo IX se creó una iglesia carolingia encargada de la cristianización de los territorios que poco a poco iban arrebatándose a los musulmanes. En el siglo X se establece la sede del Obispado de Roda en la catedral de San Vicente de Roda de Isábena. Tras la creación del Reino de Aragón se produce la reforma en la liturgia pasando al rito romano. La conquista avanza hacia el sur y en el año 1100 Pedro I de Aragón toma Barbastro. El obispo Poncio de Roda traslada entonces su sede a Barbastro. El obispado de Roda-Barbastro pasó de nuevo a la sede original por una disputa entre los obispos de Huesca-Jaca y el de Roda-Barbastro. Y finalmente en el año 1149 fue suprimido e incorporadas todas las parroquias al obispado de Lérida. Hasta el año 1573 no vuelve a surgir el obispado de Barbastro. En el siglo XX se produce la ampliación de la diócesis con la incorporación de parroquias pertenecientes al obispado de Lérida situadas en territorio aragonés. En concreto, en 1955 se recuperan 17 parroquias y en los años 1995 y 1998 se traspasan el resto de parroquias aragonesas que hasta entonces formaban parte del obispado catalán. En estas tres fases se pasa de 153 a 264 parroquias completando la actual Diócesis de Barbastro-Monzón.

Durante la pertenencia de las parroquias aragonesas a la Diócesis de Lérida se produjo el traslado de bienes religiosos entre los siglos XIX y XX. El lugar de destino de las obras fue el museo diocesano de Lérida con el objetivo de servir de aprendizaje a los seminaristas que allí estudiaban. Se trataba de una cesión al obispo en cuyo proceso no se firmó ningún contrato, como así se ha constatado al no encontrarse documento alguno en archivos parroquiales, registros o en la Santa Sede. Se trataba por tanto de un depósito de obras en la sede de la diócesis como figura en todos los documentos. En algunos casos el obispo entregó a las parroquias regalos (de mucho menos valor) en compensación por la cesión, que de raso* se pueden interpretar como un intercambio de obras de arte.

*De raso: En absoluto.

En cuanto a los bienes en litigio, en su origen fueron 125 aunque algunos de ellos fueron perdidos por los depositarios con lo que el proceso sólo contempla la devolución de 111 piezas. Pertenecen a 43 parroquias aragonesas: Abenozas, Bafaluy, Buira, Capella, El Soler, Erdao, Gabarret, Güel, La Puebla de Mon, Montanuy, Portaspana, Tolva, Torrente de Cinca, Ballobar, Roda de Isábena, Ardanué, Benavente de Ribagorza, Binaced, Caserras, Castillonroy, Centenera, Chalamera, Cirés, Egea, Entenza, Fraga, Iscles, Laguarrés, Merli, Monzón, Nachá, La Puebla de Fantova, Pueyo de Santa Cruz, Santaliestra, Sopeira, Tamarite de Litera, Torruella de Aragón, Treserra, Valcarca, Villacarli, Zaidín, Castigaleu, Lascuarre y Morillo de Liena.

Esta lista de obras de arte incluye fundamentalmente pinturas, esculturas, fragmentos de retablos, arquetas, capas pluviales y casullas, además de una cruz procesional o un sagrario. De todas ellas las más valiosas son diez: arqueta de Buira (Bonansa, siglo XIV), frontal de San Vicente (Treserra, siglo XIII), frontal de San Hilario (Buira, siglo XII), retablo de San Cristóbal (Santaliestra, siglo XV), retablo de San Antonio Abad (Monzón, siglo XV), tabla de San Juan Bautista (Zaidín, siglo XV), tablas del Nacimiento y Epifanía, Ascensión y Pentecostés (Binaced, siglo XV), escultura de la Virgen (Zaidín, siglo XIV), tabla de Santo Obispo (Lascuarre, siglo XV) y tabla del Calvario (Tamarite de Litera, siglo XV). El resto de las piezas son de menor valor siendo las más sencillas copones, campanitas, candelabros, cálices, cajitas y un cortador de hostias, platos para candelabros, una concha de bautizar, etc.

Entre los argumentos históricos para no devolver los bienes religiosos de las parroquias aragonesas estaba que Aragón no hubiera sido competente a la hora de conservarlos. Una justificación despreciable, cuando se constató que muchas de estas obras estuvieron en almacenes del museo ilerdense en unas condiciones deplorables. De hecho sólo 16 de las obras de arte fueron expuestas en el museo diocesano. Otra es decir que pertenecen a la “franja”, un territorio que no existe administrativamente y cuya identidad ha sido creada desde Cataluña con el afán colonizador de un territorio perteneciente indiscutiblemente a Aragón. Un argumento más agresivo supuso decir que la petición de la vuelta de los bienes supondría una declaración de guerra de Aragón a Cataluña, cuando en realidad lo único que se pedía era la devolución de un conjunto de obras de arte de gran valor que se retenían en el museo de Lérida a pesar de las sentencias tanto eclesiásticas como civiles que obligaban a su devolución inmediata. Quedaba claro que no existía ningún conflicto social y ello se demuestra por la buena relación histórica entre los vecinos de los pueblos situados a ambos lados de la frontera.


15 de junio de 1995

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En esa fecha la Santa Sede modifica los límites diocesanos con el fin de hacerlos coincidir con los límites provinciales. Así todas las parroquias aragonesas englobadas en la diócesis de Lérida pasan a pertenecer a la diócesis de Barbastro-Monzón. Con ello se solicita la vuelta de los bienes de dichas parroquias a la nueva diócesis. Una y otra vez desde la parte catalana se niegan a dicha devolución con diferentes argumentos y acciones: que forman parte de una colección indivisible en 1999, inclusión de los bienes aragoneses en un “catálogo de patrimonio cultural catalán” en 1999, creación del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal (formado por la Generalitat de Cataluña, Diputación Provincial de Lérida, Ayuntamiento de Lérida, Comarca del Segre y Obispado de Lérida) en 1999 y presentación en el año 2004 de actas notariales por el bispe Francesc Xavier Ciuraneta que no justifican la propiedad.

*Bispe: Obispo.

Las sentencias eclesiásticas dictadas a favor de la parte aragonesa no fueron cumplidas. El 8 de septiembre de 2005 hay un decreto de la congregación que ordena los bienes a las parroquias aragonesas. El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en septiembre de 2006 no admite los recursos presentados por la defensa catalana. El 28 de abril de 2007 se dicta el decreto definitivo que reconoce la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en Lérida y la obligación de su devolución. El 23 de diciembre del mismo año se redacta un comunicado para su lectura en las misas asumiendo las resoluciones de la Iglesia a favor de la diócesis de Barbastro-Monzón.

30 de junio de 2008

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Este día se firma el acuerdo en la sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid a la que asisten el Nuncio del Papa, Monteiro de Castro, el obispo Xavier Salinas de Lérida y el obispo Alfonso Millán de Barbastro-Monzón. En este tratado se determina que debe darse cumplimiento a los decretos eclesiásticos previos, reconociendo la propiedad de las parroquias aragonesas, su depósito en el Museo de Lérida y la obligación de la entrega de los bienes. “Roma locuta, causa finita”, es decir, “Roma ha hablado, el caso está cerrado”. Esta expresión significa que el asunto había quedado zanjado por la autoridad incuestionable. Sin embargo el plazo dado de 30 días para la devolución de nuevo se incumple. El obispo está dispuesto a devolver los bienes, pero ahora la justificación es que el Museo de Lérida no quiere devolverlos.

El obispado de Barbastro-Monzón y el Gobierno de Aragón solicitan al Juzgado de Barbastro el exequátur en la causa. En mayo de 2010 es rechazada por el juez ya que considera que no es necesaria la intervención de la jurisdicción ordinaria y declara competentes a los tribunales eclesiásticos en la causa. Aunque la resolución sirve para recordar a la Iglesia el cumplimiento de su sentencia, ésta no se materializa. En la realidad no tiene una fuerza policial para hacer cumplir esta sentencia. El obispo no considera tampoco salirse del consorcio junto con los bienes diocesanos, y tampoco puede obligar al consorcio a la devolución de los bienes.

El 27 de octubre de 2010 tiene lugar la última reunión eclesiástica. En ella los obispos Joan Piris de Lérida y Alfonso Milián de Barbastro-Monzón ratifican el acuerdo de 2008 ante el Nuncio del Papa. Y manifiestan de manera conjunta el propósito de colaborar en el estudio, conservación y exposición de las obras de arte. Para ello acuerdan realizar copias de las obras, organizar exposiciones temporales en ambos territorios, solicitar el apoyo de las instituciones públicas para la conservación así como favorecer la difusión de este patrimonio. Por enésima vez no se cumplió dicho acuerdo.

Ante esta situación se decide recurrir a la Justicia civil con el fin de obligar no sólo al obispado sino también al museo, y por ende a todas administraciones que forman parte de su patronato, al retorno de los bienes. El incumplimiento de las sentencias judiciales podría incurrir en responsabilidades penales. Desde la parte catalana también mueven ficha y crean la Asociación de Amigos del Museo de Lérida. Esta entidad inicia el juicio civil contra el obispo de Lérida con el fin de que el obispado declare la propiedad de los bienes más valiosos. Mientras el obispado de Barbastro-Monzón confía su defensa al abogado Hipólito Gómez de las Roces, expresidente de la comunidad autónoma. La sentencia del juzgado de primera instancia de Lérida del 6 de septiembre de 2010 desestima las intenciones del obispo y ratifica todas las sentencias eclesiásticas previas.

En octubre del 2011 la Audiencia de Lérida niega la legitimidad de la Asociación de Amigos del Museo de Lérida a promover el bloqueo de los bienes en el museo. A ello le sucedió otra sentencia del Tribunal Superior de Cataluña el 22 de marzo de 2012 desestimando el recurso de casación presentado por la parte catalana.

Mientras tanto el Gobierno de Aragón cataloga los 111 bienes como Patrimonio Aragonés el 28 de enero de 2011. Esta decisión es recurrida por la Generalitat de Cataluña y el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida iniciándose un juicio contencioso-administrativo. El 26 de mayo de 2015 el Tribunal Supremo dicta sentencia a favor de la parte aragonesa. Anula la catalogación de los bienes como patrimonio cultural catalán ratificando la propiedad aragonesa. Deja claro que sólo se pueden catalogar como catalanes los bienes catalanes, y los bienes del litigio son aragoneses. Y también recuerda que las obras de arte deben volver a Aragón.

Con la intervención del abogado Joaquín Guerrero y el apoyo de un equipo profesional y de Alberto Gimeno, letrado de la DGA, se inicia un nuevo proceso judicial. El planteamiento de defensa sólo considera una salida al conflicto: únicamente es admisible la devolución a los legítimos propietarios sin la posibilidad de propiedad ni conservación compartida entre ambas diócesis. Se comienza con un acto de conciliación el 31 de octubre de 2017 al que se presenta el obispado de Lérida, pero no asisten representantes del Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida. En dicho acto el obispo reconoce la propiedad aragonesa, el estado de depósito y ratifica la imposibilidad de ejecutar la devolución por impedimento del Consorcio.

Se avanza por la única vía posible, una demanda reivindicatoria interpuesta por la Diócesis de Barbastro-Monzón, en representación de las parroquias aragonesas, contra el Obispado de Lérida, depositario de las obras, y el Consorcio del Museo Diocesano Comarcal de Lérida, el cual impide la devolución. Se solicita que se condene al obispado y al consorcio a la devolución inmediata de los bienes, así como que paguen las costas del juicio. Mientras el Obispado de Lérida presenta una demanda reconvencional en la cual asume la propiedad de 23 bienes como aragoneses, pero reclama la propiedad de 88, los de mayor valor. Desde la parte catalana se continua con la táctica de retrasar al máximo el proceso judicial interponiendo excepciones procesales de poca consistencia tales como la litispendencia (imposibilidad de juzgar algo que todavía está pendiente resolución en otro juicio abierto), cosa ya juzgada, falta de legitimación, incompetencia territorial o incompetencia de jurisdicción. Todas ellas son desestimadas, recurridas por recursos de reposición y de nuevo desestimadas.

16 de diciembre de 2019

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En esta importante fecha se publica la sentencia del juzgado de primera instancia de Barbastro que condena a los demandados a la devolución inmediata de los 111 bienes en litigio desestimando la demanda reconvencional en la que el obispado de Lérida reclamaba la propiedad de parte de las obras. También condena a pagar las costas del juicio a los demandados. La decisión del juez ratifica la propiedad aragonesa al no haber aportado títulos de compraventa, permuta o donación que demuestre su propiedad por la parte catalana y que en todo momento permanecieron allí en depósito. La misma sentencia también concluye que los costes económicos de mantenimiento, conservación y restauración de las piezas son una obligación que debía cumplir el depositario provisional de los bienes. Incluso el juez reprocha la reclamación planteada por el Museo de Lérida en este aspecto, sin detallar las acciones en tareas de restauración ni los costes de las mismas.

En junio de 2020 se cumplen 25 años del largo conflicto de los bienes de las parroquias aragonesas en poder del Museo de Lérida. Sin embargo y a pesar de la sentencia judicial el obispado y el consorcio sigue dilatando el proceso. Su primera estrategia fue alegar errores tipográficos en la redacción de la sentencia, que fue desestimada ya que no afectaba al contenido de la resolución. Presentaron recurso de apelación de la sentencia a la Audiencia de Huesca, que han sido contestados por la parte aragonesa. Y también recurrieron en enero al Tribunal de Conflictos entre comunidades autónomas, que finalmente dejó en manos del juez la competencia de la devolución, y no en manos de la Generalitat como solicitaba la parte catalana.

17 de diciembre de 2020

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A finales de noviembre de 2020, el Obispado de Barbastro-Monzón y Gobierno de Aragón solicitaron la ejecución provisional de la sentencia ante el Juzgado número 1 de Barbastro. Un mes después, el 17 de diciembre la juez ordena la devolución de las 111 piezas, advirtiendo que en caso de incumplirse habrá multas coercitivas y mensuales además de responsabilidades penales por su incumplimiento. El traslado debe acometerse antes del 15 de febrero de 2021, siendo depositados en el Museo Diocesano de Barbastro y de manera que no se produzcan daños a las obras de arte. Ante la sentencia provisional la parte catalana podía presentar recurso de casación ante la Audiencia de Huesca. Y en el caso de que vuelva a ser favorable a la parte aragonesa podía presentar recurso de casación ante el Tribunal Supremo. La sentencia en firme pudo llevar años de tramitación teniendo en cuenta que Cataluña intentaría agotar todas las vías a su alcance.

Sin embargo, tras el precedente en 2017 de los bienes de Sigena en el que los consejeros Lluís Puig y Santi Vila estaban siendo juzgados por desobediencia, las autoridades catalanas reaccionaron en esta ocasión con menos soberbia. Entonces la Guardia Civil tuvo que intervenir en el Museo de Lérida para recoger 96 que retornaron al Monasterio de Sigena. En esta ocasión el traslado fue llevado a cabo en varias fases, incumpliendo los plazos marcado por la juez instructora, pero de manera voluntaria.

El 15 de febrero, último día para la devolución, se produjo el traslado de 23 piezas al Museo Diocesano de Barbastro. Se trataba de pequeños objetos de culto: candelabros, copones y hostiarios y una corona de latón de la virgen. Objetos de poco valor que nunca habían llegado a exponerse y que se encontraban despositados en los almacenes del museo leridano.

1. Campana de bronce con decoración cincelada (Abenozas, siglos XVI-XVII)

2. Cáliz de plata (Abenozas, siglo XVII)

3. Cáliz y patena de plata dorada al fuego y cincelada (Bafaluy, siglo XVII)

4. Custodia de metal blanco y plata, grabada y cincelada (Bafaluy, siglo XIX)

5. Naveta de metal blanco (Bafaluy, siglo XIX)

6. Candelabro de latón (Bafaluy, siglo XVIII)

7. Cuatro candelabros de latón (Bafaluy, siglo XIX)

8. Seis candelabros de latón (Bafaluy, siglo XIX)

9. Dos candelabros de latón (Bafaluy, siglo XIX)

10. Cortador de hostias de hierro y madera (Bafaluy, siglo XIX)

11. Concha de bautizar con marca de plata (Bafaluy, siglo XX)

12. Ocho platos de candelabros (Bafaluy, siglo XIX)

13. Campanita de bronce (Capella, siglos XVI-XVII)

14. Copón de metal blanco repujado y fundido (Capella, siglo XIX)

15. Cajita de guardar hostias de latón e hierro torneado (Capella, siglo XIX)

16. Objeto de madera y bronce (El Soler, siglo XIX)

17. Campanita de bronce (Erdao, siglos XVI–XVII)

18. Campanita de bronce y plomo (Güell, siglo XVIII)

19. Píxide de plata (La Puebla del Mon, siglo XVII)

20. Corona de latón repujado (Portaspana, siglo XIX)

21. Cáliz y patena de plata (Portaspana, siglos XVII-XVIII)

22. Copón (Erdao, siglos XVII-XVIII)

23. Seis candelabros (Bafaluy)

El 22 de febrero llegaron otras 5 piezas más. En este viaje llegaron dos retablos, un sagrario de madera dorada, restos de un artesonado y un talla de madera.

1. Sagrario de madera y pan de oro (Gabarret, siglo XVIII)

2. Retablo de la vida de la Virgen (Montanuy, siglo XVI)

3. Dos tablas de un artesonado (Ballobar, siglos XIV-XV)

4. Santo Obispo. Talla de madera de pino (Centenera, siglos XVI-XVII)

5. Fragmentos de un retablo posiblemente dedicado a la Virgen (Cirés, siglo XVII)

El 5 de marzo tuvo lugar la tercera entrega. Fueron trasladadas 42 obras de arte. Se trataba de 27 casullas, dalmáticas y capas pluviales, procedentes de Roda de Isábena, así como 13 tablas góticas y 2 pinturas sobre telas. Coincidiendo con este día el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Barbastro desestimó las alegaciones catalanas, ratificando la sentencia y obligando a la devolución de las piezas.

1. Capita porta viáticos. Tafetán de lino y seda con dibujos (Buira)

2. Casulla del Árbol de Jesé. Terciopelo cortado de seda y bordados de seda e hilos metálicos (Roda de Isábena, siglo XV)

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3. Casulla de San Ramón. Terciopelo cortado de seda y bordados de seda e hilos metálicos (Roda de Isábena, XV)

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4. Capa pluvial. Hilos de oro y plata y lino (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

5. Capa pluvial. Sedas, hilos de oro y plata y lino (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

6. Dalmática. Sedas e hilos de oro y plata (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

7. Dalmática. Sedas, hilos de oro y plata (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

8. Humeral. Sedas, hilos de oro y plata (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

9. Collarín de dalmática. Lino o cáñamo, sedas e hilos de oro y plata (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

10. Frontal de altar. Lino, sedas e hilos de oro y plata (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

11. Casulla de San Vicente. Terciopelo cortado de seda y bordados de seda e hilos metálicos (Roda de

Isábena, siglos XIV-XV)

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12. Casulla. Lino, seda, hilo y cordones de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII-XIX)

13. Capa pluvial. Lino, seda e hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI- XVII)

14. Capa pluvial. Lino, seda e hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII- XIX)

15. Capa pluvial. Lino, seda e hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI- XVII-XIX)

16. Dalmática. Lino y seda (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

17. Dalmática. Lino y seda (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

18. Collarín de dalmática. Seda, hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

19. Collarín de dalmática. Seda, hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

20. Frontal de altar. Lino, sedas polícromas e hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

21. Frontal de altar. Lino, sedas polícromas e hilo de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

22. Frontal de altar. Lino, hilos de seda y de oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

23. Laterales de altar. Lino, terciopelo e hilos de seda y oro (Roda de Isábena, siglos XVI-XVII)

24. Cubre atril. Lino, seda, hilos de seda y oro (Roda de Isábena, siglo XVII)

25. Frontal de altar. Seda adamascada con galones bordados de oro y cenefa (Montanuy, siglo XVI)

26. Capa de seda (Castigaleu)

27. Cortina de terciopelo con una custodia bordada (Morillo de Liena)

28. San Blas. Pintura sobre tabla (Algayón, siglo XV)

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29. Predicación de San Pedro. Pintura sobre madera (Binaced, siglo XV)

30. San Pedro. Pintura sobre tabla de pino (Binaced, siglo XVI)

31. San Pablo. Óleo sobre madera de pino (Berbegal, siglo XVI)

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32. Tablas de Retablo de la Virgen (Caserras, siglo XVI)

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33. Retablo de la Virgen. Dos tablas (Chalamera, siglo XV)

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34. Jesús cura a un ciego. Pintura sobre tela (Egea, siglo XVII)

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35. Castigo de Ananías. Pintura sobre tela (Egea, siglo XVIII)

36. San Pedro. Pintura sobre tabla (Merli, siglo XV)

37. Predela con escenas hagiográficas (Monzón, siglo XVI)

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38. Exaltación de la Santa Cruz. Pintura sobre tabla (Pueyo de Santa Cruz, siglo XVI)

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39. San Pablo. Óleo sobre tela (Valcarca, siglo XVII)

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40. San Pedro. Pintura sobre tabla (Villacarli, siglo XV)

41. San Pablo. Pintura sobre tabla (Villacarli, siglo XV)

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42. Nacimiento y Epifanía, Ascensión y Pentecostés. Pinturas al temple (Binaced, siglo XV)

10 de marzo de 2021

El punto y final a este largo proceso tuvo lugar el 10 de marzo de 2021, con la entrega de las 41 piezas restantes, las de mayor valor. Entre ellas el frontal de Treserra, el frontal de San Hilario, la arqueta de Buira, el retablo de San Cristóbal de Santaliestra y la Virgen de Zaidín.

1. Hostiero de hierro forjado y burilado (Azanuy, siglo XIV)

2. Frontal de San Hilario. Talla de madera policromada (Buira, siglo XII)

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3. Campanita. Bronce fundido con toques de cincel y mango de madera torneada. (Erdao, siglo XVIII)

4. Sello de madera y bronce (Tolva, siglo XIX)

5. Sello de madera y bronce (Tolva, siglo XIX)

6. Sello parroquial (Torrente de Cinca, siglo XIX)

7. Cruz procesional de plata (Roda de Isábena, siglo XVI)

8. Pareja de pies de candelabros (Roda de Isábena, siglo XVII)

9. La piedad. Escultura de madera policromada (Ardanué, siglos XV-XVI)

10. Bol de estaño (Benavente de Ribagorza, siglo XIV)

11. Sagrario (Benavente de Ribagorza, siglo XV)

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12. Figura de ángel o santo (Binaced, siglo XIV)

13. Arqueta de madera decorada con relieves de estuco dorado, picados y policromados (Buira, siglo XIV)

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14. Santa Ana o Sagrada generación. Madera y policromado (Capella, siglo XV)

15. Crismera de plata (Castillonroy, siglos XVI-XVII)

16. Cruz procesional de latón repujado. S. XVI-XVII (Entenza, siglos XVI-XVII)

17. Escultura (Fraga, siglo XV)

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18. Escultura de madera (Iscles, siglo XIV)

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19. Cruz procesional de plata (Iscles, siglo XVI)

20. Libro Missae en agenda defunctorum y Missae quae in Hispania (Laguarres, siglo XVIII)

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21. Santo Obispo. Pintura sobre tabla (Lascuarre, siglo XV)

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22. Retablo de San Antonio Abad (Monzón, siglo XV)

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23. Sarcófago de Nachá (Nachá, siglo XV)

24. Breviario de pergamino de estilo gótico (La Puebla de Fantova, siglo XIV)

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25. Retablo de San Cristóbal. Pintura sobre madera (Santaliestra, siglo XV)

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26. Florilegio del dogma de San Bernardo (Monasterio de Santa María de Alaón, Sopeira, siglo XVI)

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27. Calvario. Pintura sobre tabla (Tamarite de Litera, siglo XV)

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28. Santa Ana con la Virgen y San Sebastián. Pintura sobre tabla (Torruella de Aragón, siglo XVI)

29. Frontal de San Vicente (Treserra, siglo XIII)

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30. San Pedro y la Madre de Dios. Pintura sobre tabla (Valcarca, siglo XV)

31. San Pedro. Óleo sobre tela (Valcarca, siglo XVII)

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32. Predela. Pintura con tres escenas sobre tabla (Zaidín, siglo XV)

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33. Tabla. San Juan Bautista. Pintura sobre (Zaidín, siglo XV)

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34. Virgen de Zaidín. Piedra policromada (Zaidín, siglo XI)

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35. Escultura. San Miguel. Piedra caliza policromada (Zaidín, siglo XV)

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36. Escultura. Santa sin identificar. Piedra. 86 (Zaidín)

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37. Campanita de bronce con relieves (Lascuarre, siglo XVI)

38. Altar de la Virgen (Portaspana, siglo XV)

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39. Portapaz (La Puebla de Fantova)

40. Arqueta de madera, piel y metal (Roda de Isábena, siglo XVII)

41. San Miguel. Talla de madera policromada (Villacarli, siglo XIV)

Casi 26 años se ha requerido para que las autoridades civiles y eclesiásticas catalanas devolvieran un conjunto de obras artísticas aragonesas depositadas en Lérida. Un proceso con un alto coste en el cual la parte catalana ha recurrido a todos y cada uno de las alegaciones posibles sin resultado alguno, ya que en todos los casos la justicia tanto eclesiástica como civil han dado la razón a Aragón. Por parte de Aragón las cosas se han hecho con mesura, paciencia y responsabilidad, demasiada vista la cantidad de manifestaciones y calumnias que hemos tenido que soportar a lo largo de este cuarto de siglo.

El camino está allanado para conseguir el objetivo de recuperar todas aquellas obras de arte que están depositadas en Cataluña de manera ilegal. En 2017 retornaron los bienes de Sigena y en 2021 han vuelto los bienes de las parroquias aragonesas del obispado Basbastro-Monzón. En un proceso ya muy avanzado está la futura devolución de las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sigena. Consideradas las más importantes del románico español, están expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Y acaba de comenzar un nuevo proceso para reclamar los bienes de las parroquias aragonesas del obispado de Huesca que formaron parte de la diócesis de Lérida hasta 1954. Se trata de  importantes obras de arte pertenecientes a las parroquias de Peralta de Alcofea, Berbegal y El Tormillo.

El castillo de Cosuenda, punto final a su última contienda

En una de mis aventuras hace años decidí acercarme a Cosuenda, un pueblo situado en el Campo de Cariñena. Tenía curiosidad de ver lo que quedaba de su castillo tras la polémica suscitada en los últimos años sobre su legítimo dueño. Esta fortaleza fue levantada ante las amenazas castellanas en el siglo XIV. Tras el paso de Pedro I de Castilla, se estricalla* el castillo y lo manda reconstruir el arzobispo de Zaragoza a finales del mismo siglo. El elemento más visible es la Torre de la Lisalta, que formaba parte de la antigua iglesia. La construcción que data probablemente del siglo XV, está situada en el costado más estratégico y es bien visible desde la población. Se alza en planta cuadrada de cinco metros de lado con mampostería reforzada en las aristas mediante ladrillo. El cuerpo alto es de ladrillo en estilo mudéjar con huecos de campanas. El recinto del castillo todavía puede adivinarse gracias a parte de la muralla de tapial y piedra situada en uno de sus costados, que resiste los embates de la erosión. Otro de los elementos de defensa son los restos de una torre rectangular. Se encuentra situada en la parte más elevada y apenas se conserva los muros en talud de su parte baja. El origen de esta torre pudiera ser una atalaya musulmana, que posteriormente fue reconvertida siendo lo más importante de la fortaleza.

*Estricallar: Destruir.

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Torre de la Lisalta. Cosuenda

El castillo, cuya historia se remonta siglos atrás, en época reciente estuvo asediado por dos frentes: el propietario particular y el ayuntamiento de Consuenda, con su alcalde Óscar Lorente a la cabeza. La Torre de la Lisalta, que era de titularidad eclesiástica, fue vendida a José Benedí Franco en el año 1968. A pesar del compromiso de ser restaurada, su situación de abandono obligó al ayuntamiento a requerir al propietario su cesión al consistorio o en caso contrario su restauración. Tras producirse disputas en la herencia familiar deciden venderla a otro particular, Alberto Luis Benedicto. El 16 de octubre de 2013 el nuevo propietario se puso en contacto con el ayuntamiento para informar que había adquirido el solar que incluye la torre y su entorno. Su intención era recuperar el castillo pero sus intenciones no fueron recogidas con agrado por el alcalde que se mostró contrario a que una persona de fuera de Zaragoza hubiese adquirido la torre. La compra fue llevada a cabo legítimamente a otro particular rechazando el Gobierno de Aragón su derecho de tanteo y retracto. El ayuntamiento de Cosuenda mostró su malestar a la Consejería de Educación y Cultura por no haberle comunicado la venta como parece lo más razonable. Desde la consejería, cuya responsable es Dolores Serrat, alegaron que la torre no presentaba estado de ruina y no era una actuación prioritaria. Con ello queda claro el nulo interés de nuestros responsables en patrimonio por este castillo. De esta manera el ayuntamiento había perdido la oportunidad histórica de la compra de la torre, uno de los iconos de la localidad.

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Torre de la Iglesia de los Ángeles y Torre de la Lisalta

Desde el primer día que se adquirió el Castillo de Cosuenda el nuevo propietario se puso manos a la obra. En menos de un año se realizó un exhaustivo plan director de restauración que aprobó provisionalmente la Comisión de Patrimonio. Los intensos trabajos incluían estudios históricos y constructivos. En este proyecto además se establecían fases de intervención arquitectónica y arqueológica que se pretendían iniciar de inmediato. El objetivo estaba muy definido: consolidar la torre, rehabilitarla y convertirla en sede de una asociación local de difusión del patrimonio local. Se llegó a solicitar una licencia municipal para limpiar y desbrozar el terreno, como trabajo previo para la primera fase de la consolidación de la torre y que también tenían la intención de descubrir los restos arqueológicos de la antigua iglesia. Mientras tanto el adversario en esta contienda ya había comenzado sus trabajos. Instó a la Consejería de Educación y Cultura a enmendar su error por no haber dado opción de compra al ayuntamiento mediando entre el nuevo propietario y el ayuntamiento. Ante la negativa de colaboración la consejera le invitó a la expropiación forzosa de la torre. De manera previa se puso en contacto con el propietario y le ofreció una cantidad similar a su compra, unos 8.000 euros. Ante su negativa le dio un plazo de cinco meses para presentar un plan de recuperación de la torre, y en caso contario comenzaría el expediente de expropiación forzosa por interés social. Finalmente el 9 de diciembre de 2014 comunicó al propietario que tenía quince días para presentar alegaciones al proceso de expropiación. Tras años de litigios en febrero de 2018 el ayuntamiento consiguió recuperar la propiedad del solar de 2.380 m2 donde se ubica el torreón, depositando unos 16.000 euros en la Caja General de Depósitos.

Tras el asedio de dos frentes en las últimas décadas el castillo de Cosuenda ya forma parte del patrimonio local. Superviviente a varias contiendas a lo largo de los siglos, una vez perdida su función militar, fue languideciendo por la rapiña de sus materiales y el constante desgaste por el tiempo debido a siglos de abandono. Durante el año 2020 se finalizaron las obras de reconstrucción del torreón de la Lisalta, el emblema de la localidad. Mediante dos fases se han llevado a cabo las actuaciones dentro del Plan de Restauración de Bienes Inmuebles de la Diputación Provincial de Zaragoza. Primero fue necesario la consolidación de la estructura. Y en la segunda fase se ha devuelto su aspecto original, reconstruyendo el cuerpo superior. En su parte central luce dos vanos por costado y la última planta una galería de arcos de ladrillo doblados que se culmina con un tejado a cuatro aguas. Todavía queda trabajo por delante la consolidación del único lienzo de muralla que cuenta con foraus* de gran tamaño. También es necesario restaurar los restos de la torre rectangular perteneciente a la fortaleza, ahora cubierta por un manto vegetal. Asímismo están previstas excavaciones arqueológicas para buscar los restos de la antigua iglesia, a la cual pertenece la torre recién restaurada. Un final feliz a medio siglo de disputa de la propiedad de este emblemático castillo que garantiza la conservación de sus restos y dignifica el patrimonio local de Consuenda.

*Forau: Agujero.

Muros antiguo castillo y Torre de la Lisalta

Ibón de Escalar, kilómetro cero del río Aragón

El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales el vasco ha recibido numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Argun en el Cáucaso.

Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón. Con el avance de la reconquista se tomaron las tierras que dieron lugar a Aragón. Más adelante se creó la Corona de Aragón, producto de la confederación de varios reinos y condados que llevaron el nombre de Aragón recorriendo el Mar Mediterráneo hasta el mismo Partenón de Atenas, en Grecia.

El río Aragón dio nombre al condado, reino, corona y actual comunidad autónoma, una tierra con entidad propia desde hace doce siglos hasta la actualidad. Es el segundo afluente más caudaloso del Ebro, después del Cinca, y nace en el ibón de Escalar. En sus inicios se le incorporan las aguas del barranco de Astún y de varios arroyos, conformando el valle de Astún. Este pequeño valle de alta montaña pertenece paradójicamente al término municipal de Jaca, a pesar de estar situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. El Puerto Astún pertenece a Jaca por lo menos desde el siglo XIV. En esta época se llegó a un acuerdo con el valle del Aspe para el aprovechamiento común de este valle y de terrenos comunales del valle francés bajo unas determinadas normas. Este tratado se mantuvo entre ambos valles incluso en épocas políticamente inestables entre ambos países. En la actualidad todavía se siguen celebrando arrocladas* para ratificar estos acuerdos de manera festiva. El valle limita al sur por el Pico La Raca (2.277 m), al este por la Punta Mala Cara (2.268 m) y por el Pico de Astún (2.283 m). Al norte haciendo frontera con Francia se alzan la Punta del Escalar (2.283 m), el Pico Escalar o Pic de Belonseiche (2.297 m) y el Pic Bénou (2.267 m).
*Arroclada: Reunión.

Debido a las buenas condiciones meteorológicas el ayuntamiento de Jaca promovió el establecimiento de una estación invernal, gracias al empeño de un grupo de pirineístas, entre los que se encontraba Santiago Marraco y José Manuel Pantoja. En diciembre de 1976 se puso en marcha la Estación de Astún. Ocupa terrenos situados entre los 1.700 y los 2.300 metros de altitud. La Casa de Astún, bloque en forma de pirámide, fue durante muchos años el único edificio. En él había apartamentos, dependencias de la estación y un pequeño comercio. Posteriormente se fue ampliando la oferta hostelera con más apartamentos. En cuanto a las instalaciones propias para el esquí alpino, cuentan con 16 remontes y 50 kilómetros de pistas balizadas.

La construcción de la estación de esquí ha supuesto un gran impacto medioambiental en un ecosistema de alta montaña, en el fondo de un precioso valle pirenaico. A pesar de que no se trata de una gran estación, sus edificios alcanzan una docena de plantas, ocupando una superficie de 10.000 m2. Su tono rojizo contrasta con el verde de sus laderas, salpicadas por arbolado en el costado norte. Mayor afección suponen las áreas de aparcamiento, ya que no existe una alternativa al automóvil o autobús para acudir a este enclave, con el consiguiente efecto de contaminación y de ruido. Ocupan una superficie de 4 hectáreas de superficie y la mayor parte del mismo se disponen a cielo raso. Y para acondicionar toda esta superficie de asfalto fue necesario cubrir parte de las galoxas* que descienden de los ibones de Escalar y Astún, cuyas aguas se unen bajo los aparcamientos, y que discurren ocultas 600 metros hasta abandonar las instalaciones. Pero el mayor daño medioambiental fue la construcción de los numerosos kilómetros de pistas que surcan las laderas del valle, acribilladas por los postes de los remontes, los postes de tendidos eléctricos, los puntos de innivación artificial, así como de otras pequeñas construcciones. Una realidad oculta por el rendimiento económico para el valle y disfrute de los esquiadores que se deslizan por sus laderas en invierno cuando hay nieve, unos cuatro meses al año. El resto del año el precioso manto blanco deja paso al degradante aspecto de unas instalaciones vacías y sin prácticamente actividad.
*Galoxa: Arroyo.

El ascenso hasta el nacimiento del río Aragón es una excursión clásica. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, hay que aproximarse al arranque de la senda. Ésta parte junto al desagüe donde se introducen las cristalinas aguas del barranco de Escalar en el túnel que atraviesa las instalaciones. Un sendero con pronunciado desnivel en su primer tramo y que discurre cerca del cauce. Tras unos veinte minutos la pendiente se suaviza y se atraviesa una zona cubierta por pastizales salpicados de flores. Más adelante el ascenso se vuelve más acentuado, a la vez que el cauce se encaja en un tramo más angosto con sucesivos saltos. Tras una hora de caminata se alcanza la cuenca donde se asienta el Ibón del Escalar, también conocido como Ibón de las Ranas. Sus aguas turbias y anaranjadas son debidas a la presencia de oxido de hierro disuelto en sus aguas, en claro contraste con las praderas tapizadas de color verde a su alrededor. La lámina de agua está a 2.078 metros de altitud. Ocupa una superficie de 3,6 hectáreas y su profundidad no supera los tres metros. En su extremo derecho, en alto, termina una pista que sirve de conexión con el segundo ibón. Poco más de un kilómetro sin desnivel que ofrece una vista amplia de las cumbres que bordean el valle de Astún y la zona de Candanchú, así como otros vértices más altos, el Pico Anayet y el Pico Aspe. Se alcanza el final del telesilla de los Lagos, a donde se puede ascender desde la estación de Astún en verano. A escasos metros se divisa a una cota inferior el Ibón de Astún, también conocido como Ibón de Astún. Se asienta a 2.144 metros de altitud. Con una superficie de 2 hectáreas, cuenta con una profundidad de casi cinco metros. El nombre hace referencia a las truchas que lo habitan debido a su introducción para la pesca, que amenazan el hábitat original de este lago pirenaico. Sus aguas alimentan el cauce del barranco de Astún que junto a las del barranco de Escalar dan forma al joven río Aragón.