Ibón de Escalar, kilómetro cero del río Aragón

El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales el vasco ha recibido numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un acercamiento al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramiro I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón. Con el avance de la reconquista se tomaron las tierras que dieron lugar a Aragón. Más adelante se creó la Corona de Aragón, producto de la confederación de varios reinos y condados que llevaron el nombre de Aragón recorriendo el Mar Mediterráneo hasta el mismo Partenón de Atenas, en Grecia.

El río Aragón dio nombre al condado, reino, corona y actual comunidad autónoma, una tierra con entidad propia desde hace doce siglos hasta la actualidad. Es el segundo afluente más caudaloso del Ebro, después del Cinca, y nace en el ibón de Escalar. En sus inicios se le incorporan las aguas del barranco de Astún y de varios arroyos, conformando el valle de Astún. Este pequeño valle de alta montaña pertenece paradójicamente al término municipal de Jaca, a pesar de estar situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. El Puerto Astún pertenece a Jaca por lo menos desde el siglo XIV. En esta época se llegó a un acuerdo con el valle del Aspe para el aprovechamiento común de este valle y de terrenos comunales del valle francés bajo unas determinadas normas. Este tratado se mantuvo entre ambos valles incluso en épocas políticamente inestables entre ambos países. En la actualidad todavía se siguen celebrando arrocladas* para ratificar estos acuerdos de manera festiva. El valle limita al sur por el Pico La Raca (2.277 m), al este por la Punta Mala Cara (2.268 m) y por el Pico de Astún (2.283 m). Al norte haciendo frontera con Francia se alzan la Punta del Escalar (2.283 m), el Pico Escalar o Pic de Belonseiche (2.297 m) y el Pic Bénou (2.267 m).
*Arroclada: Reunión.

Debido a las buenas condiciones meteorológicas el ayuntamiento de Jaca promovió el establecimiento de una estación invernal, gracias al empeño de un grupo de pirineístas, entre los que se encontraba Santiago Marraco y José Manuel Pantoja. En diciembre de 1976 se puso en marcha la Estación de Astún. Ocupa terrenos situados entre los 1.700 y los 2.300 metros de altitud. La Casa de Astún, bloque en forma de pirámide, fue durante muchos años el único edificio. En él había apartamentos, dependencias de la estación y un pequeño comercio. Posteriormente se fue ampliando la oferta hostelera con más apartamentos. En cuanto a las instalaciones propias para el esquí alpino, cuentan con 16 remontes y 50 kilómetros de pistas balizadas.

La construcción de la estación de esquí ha supuesto un gran impacto medioambiental en un ecosistema de alta montaña, en el fondo de un precioso valle pirenaico. A pesar de que no se trata de una gran estación, sus edificios alcanzan una docena de plantas, ocupando una superficie de 10.000 m2. Su tono rojizo contrasta con el verde de sus laderas, salpicadas por arbolado en el costado norte. Mayor afección suponen las áreas de aparcamiento, ya que no existe una alternativa al automóvil o autobús para acudir a este enclave, con el consiguiente efecto de contaminación y de ruido. Ocupan una superficie de 4 hectáreas de superficie y la mayor parte del mismo se disponen a cielo raso. Y para acondicionar toda esta superficie de asfalto fue necesario cubrir parte de las galoxas* que descienden de los ibones de Escalar y Astún, cuyas aguas se unen bajo los aparcamientos, y que discurren ocultas 600 metros hasta abandonar las instalaciones. Pero el mayor daño medioambiental fue la construcción de los numerosos kilómetros de pistas que surcan las laderas del valle, acribilladas por los postes de los remontes, los postes de tendidos eléctricos, los puntos de innivación artificial, así como de otras pequeñas construcciones. Una realidad oculta por el rendimiento económico para el valle y disfrute de los esquiadores que se deslizan por sus laderas en invierno cuando hay nieve, unos cuatro meses al año. El resto del año el precioso manto blanco deja paso al degradante aspecto de unas instalaciones vacías y sin prácticamente actividad.
*Galoxa: Arroyo.

El ascenso hasta el nacimiento del río Aragón es una excursión clásica. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, hay que aproximarse al arranque de la senda. Ésta parte junto al desagüe donde se introducen las cristalinas aguas del barranco de Escalar en el túnel que atraviesa las instalaciones. Un sendero con pronunciado desnivel en su primer tramo y que discurre cerca del cauce. Tras unos veinte minutos la pendiente se suaviza y se atraviesa una zona cubierta por pastizales salpicados de flores. Más adelante el ascenso se vuelve más acentuado, a la vez que el cauce se encaja en un tramo más angosto con sucesivos saltos. Tras una hora de caminata se alcanza la cuenca donde se asienta el Ibón del Escalar, también conocido como Ibón de las Ranas. Sus aguas turbias y anaranjadas son debidas a la presencia de oxido de hierro disuelto en sus aguas, en claro contraste con las praderas tapizadas de color verde a su alrededor. La lámina de agua está a 2.078 metros de altitud. Ocupa una superficie de 3,6 hectáreas y su profundidad no supera los tres metros. En su extremo derecho, en alto, termina una pista que sirve de conexión con el segundo ibón. Poco más de un kilómetro sin desnivel que ofrece una vista amplia de las cumbres que bordean el valle de Astún y la zona de Candanchú, así como otros vértices más altos, el Pico Anayet y el Pico Aspe. Se alcanza el final del telesilla de los Lagos, a donde se puede ascender desde la estación de Astún en verano. A escasos metros se divisa a una cota inferior el Ibón de Astún, también conocido como Ibón de Astún. Se asienta a 2.144 metros de altitud. Con una superficie de 2 hectáreas, cuenta con una profundidad de casi cinco metros. El nombre hace referencia a las truchas que lo habitan debido a su introducción para la pesca, que amenazan el hábitat original de este lago pirenaico. Sus aguas alimentan el cauce del barranco de Astún que junto a las del barranco de Escalar dan forma al joven río Aragón.

Un molino de viento, el caballo de Troya de Malanquilla

El despertar de Malanquilla comenzó en el año 1975 con motivo de la renovación de las cubiertas de la iglesia parroquial mediante suscripción popular, lo que dio lugar a las primeras apariciones en los medios de comunicación. La unión de los vecinos ya había sido fundamental en la construcción del almacén de grano en 1954 y el cementado de la plaza en 1955. Pero el azar quiso que el 26 de julio de 1976 tuviera lugar un hecho que marcó la historia reciente de la localidad. Seis jóvenes de entre 9 y 18 años que pasaban el verano en el pueblo avistaron un ovni en el paraje del Aguadero, a siete kilómetros del casco urbano. A plena luz del día quedaron sorprendidos por un objeto cuyo centro era de color rojo, con dos platos unidos que giraban y destelleban brillos amarillos. Llegó a gran velocidad, se detuvo sobre ellos y después se fue rápidamente. Nunca se supo de qué se trataba, pero eso es lo dijeron que habían visto. La noticia saltó a los medios de comunicación de manera fulminante, y ello puso a Malanquilla de actualidad. A la vez salió a la luz su decadencia económica pero también su valioso patrimonio artístico. La difusión nacional e internacional animó a estos jóvenes a dinamizar la vida cultural de Malanquilla. El monumento más singular, su molino, se convirtió en su caballo de Troya en esta lucha por la recuperación del pueblo. En unos meses se consiguió que su dueño lo donase al ayuntamiento. Para conseguir su objetivo contactaron de manera directa con los responsables de los museos provinciales de Zaragoza y Soria, Museo de Arqueología Nacional, Museo del Prado, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como la Diputación de Zaragoza, el Obispado de Tarazona y hasta la Embajada de Méjico.

A finales de 1976 surgió la idea de crear una Patrulla de Rescate, para formar parte del programa escolar “Misión Rescate” de Radio Televisión Española en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Artístico. Al mando de su capitán, el profesor Miguel Velilla, le acompañaban Antonio, José María, Javier, Enrique, Marcelino y una veintena de componentes más. La Patrulla núm. 26 “Ciudad de Malanca” aparecía todos los sábados en RNE. Incluso TVE mandó un equipo de reporteros desde los estudios de Prado del Rey al pueblo grabando a los jóvenes en cada uno de los monumentos que se quería poner en valor. Fue una jornada histórica, más cuando fueron emitidas las imágenes del pequeño pueblo al sábado siguiente para toda España. Después de meses de intenso trabajo, en octubre de 1977 TVE otorgó el Trofeo de Oro por “la completa revalorización artística, arqueológica, documental y etnográfica” llevada a cabo por el grupo. Se trataba de un premio anual que recaía por primera vez en Aragón. La entrega tuvo lugar en noviembre en el palacio de Exposiciones del Paseo de la Castellana, a cuyo acto acudieron vecinos de la localidad en un autocar. El premio fue de 75.000 pesetas destinadas a la compra de columpios para el parque municipal creado poco tiempo después por iniciativa de estos jóvenes una vez desecada una balsa gracias a la aportación de la Diputación Provincial de Zaragoza. Además cinco miembros junto con el profesor disfrutaron de un viaje cultural por Andalucía. Y el trofeo: una estatuilla que interpreta la “Victoria de Samotracia”. Sin embargo el principal premio, la reconstrucción del monumento elegido por los participantes, el molino, no llegó. La organización se justificó diciendo que el premio fue otorgado en reconocimiento al conjunto monumental y a su intensa labor de difusión. Ante tal batacazo el grupo dimitió de Misión Rescate anunciándolo de manera pública en Huesca. La campaña de desprestigio hacia la organización pudo influir en la desaparición del programa un año después.

Mientras se iban recogiendo los apoyos necesarios de los vecinos, instituciones y medios de comunicación, se creó la Junta de reconstrucción del molino. Entre los donantes hubo nombres como Paco Martínez Soria, Víctor Ullate o Montserrat Caballé. Y de manera paralela se llevó a cabo una intensa labor de investigación, revisando a fondo tanto los archivos municipales como los parroquiales, con datos desde 1338. Entre ellos sobresale el descubrimiento de un documento censal de 1550, un pergamino de grandes dimensiones que fue restaurado a través del Centro Nacional de Restauración de Libros y Documentos del CSIC. Realizaron además un inventario de todas las obras y objetos sacros de la iglesia parroquial. Durante la revisión de documentos se encontró una mención al molino del año 1665, así como el origen de la fuente romana, considerada neoclásica hasta entonces. También se desplazaron a La Mancha para recabar información de los especialistas en este tipo de construcciones.

En 1981 se crea la Asociación Cultural “Miguel Martínez del Villar”, honrando al regente de la Corona de Aragón e historiador natural de Munébrega. Supuso la consolidación del movimiento cultural. El 4 de julio de 1981 se colocó la primera piedra de la reconstrucción del molino. A partir de 1982, durante el verano, se organizaron las Jornadas Culturales de Malanquilla con talleres, exposiciones, conferencias, representaciones teatrales o proyecciones de cine. Y surgieron nuevos proyectos como la creación de la biblioteca municipal con un fondo de libros dedicados, entre otros, por Henry Kissinger, Gerardo Diego y Sofía Loren, a los que se unió la donación de mil ejemplares por parte del Ministerio de Cultura.

En 1983 se nombra como Cronista oficial de Malanquilla a Antonio Sánchez Molledo, el cual se ha encargado de representar y de divulgar la localidad en numerosos actos y eventos, también desde internet a través del portal Desde Malanquilla donde es posible bucear en la historia reciente de la localidad. Además se publicaron varios números del Boletín informativo de la Asociación Martínez del Villar, así como el libro “Crónica Sentimental de Malanquilla”, de Jesús Marín Rubio. Hasta se recopiló una galería de fotografías dedicadas por personalidades como Manuel Fraga, Raphael o Felipe González. Más de un centenar de artículos en prensa y entrevistas en la radio divulgaron este movimiento cultural. Alberto Montaner, José María y Antonio Sánchez Molledo se encargan del diseño del escudo municipal, autorizado en 1991 por la DGA. En él figura un molino de viento, un haz de espigas y las barras del reino de Aragón, cerrado por corona real española. Tras la desaparición en 2000 de la asociación, en el año 2007 se crea la Asociación Cultural “La Cocuta”, que pretende dar continuidad al movimiento cultural tan arraigado en la localidad. Tres años después dejó su actividad. En la actualidad existen dos asociaciones en el pueblo, una de mayores y otra de mujeres que organizan diferentes actividades a lo largo del año y sirven para afianzar la relación social entre los malanquillanos. A ellas se añade una comisión de festejos que organiza las fiestas todos los años durante el verano.


En cuanto al molino de viento la reconstrucción del mismo tardó más de una década en hacerse realidad, y las obras no se ejecutaron de una manera correcta, pero al final se completó. En el año 2003 se rompió el asiento donde se apoya el eje y se cayeron las aspas. Tanto para la reconstrucción inicial como en esta reparación puntual las aspas fueron traídas de Mota del Cuervo. En marzo de 2008, los fuertes vientos causaron graves desperfectos en el palo central, arrancando de nuevo las aspas. Finalmente el 21 de agosto de 2010 tuvo lugar la inauguración oficial del monumento, en cuya reconstrucción integral han colaborado la Diputación Provincial de Zaragoza, el ADRI Calatayud-Aranda y la comarca Comunidad de Calatayud, además del propio Ayuntamiento de Malanquilla. Prames fue la empresa encargada de llevar a buen término el proyecto.


La localidad de Malanquilla cuenta con uno los molinos de viento más grandes de la geografía española. De tipología manchega, su diámetro de 6,7 metros es ligeramente mayor al del resto de los molinos de La Mancha (6 metros). Respondiendo a su clasificación, pertenece al tipo C de Kruger, molinos de viento del tipo Mediterráneo, dispersos por Sicilia, Ibiza, La Mancha y Aragón. Su ubicación es además la más septentrional dentro de este tipo de molinos, siendo uno de los pocos ejemplos dentro de Aragón. El molino de Ojos Negros, en la provincia de Teruel, fue restaurado años después a iniciativa del grupo de Malanquilla y también conserva la misma tipología. El resto se localizan en la provincia de Zaragoza. De todos ellos el de Tabuenca es el único que fue restaurado aunque sin proveerle de aspas, mientras que el resto se encuentran en ruinas: Sestrica, Aguilón, Used, Torralba de Ribota o Bujaraloz. El origen de los molinos de viento está en Oriente próximo, en el siglo VII. Traídos posiblemente por las Cruzadas, pasaron por Europa y llegaron a España. La construcción del molino de Malanquilla data del siglo XVI, cayendo en desuso a partir de 1733, cuando Bijuesca autorizó a los de Malanquilla el uso de los molinos de agua del río Manubles, que permitían su uso de manera más regular que éste que depende del viento.

Consta de planta circular, con tres plantas cuya altura es de unos nueve metros, a lo que se añaden tres más de cubierta de madera. En la parte baja se abren dos accesos adintelados, uno enfrente del otro. En la planta primera se abren varias ventanas, y en la segunda planta se abren al exterior con doce pequeñas ventanas adinteladas en todo su perímetro. En esta planta se encuentran las piedras de molturar el grano, de dos metros de diámetro. Para conexión entre las plantas cuenta con una escalera de caracol. El movimiento de las aspas de doce metros de longitud se transmite a las dos piedras, volandera y solera, entre las cuales se muele el grano. Se cierra en la parte alta con la cubierta en donde se acoplan las aspas, y de donde parte una gran viga de madera que llega al suelo. La techumbre de madera es móvil y se accionaba por un palo de gobierno desde el exterior, con el fin de orientar las aspas a la dirección de viento existente. En su interior se molían cereales como trigo, ordio*, avena o centeno.
*Ordio: Cebada.

Malanquilla está ubicada en las estribaciones de la Comarca de Calatayud, próxima a la provincia de Soria. Situada en las cercanías de la Sierra de la Virgen, y junto al nacimiento de la rambla del Ribota, a 1.052 metros de altitud. El origen de Malanquilla es incierto, si bien se han localizado en su término municipal varios asentamientos ibero-romanos y medievales. Repoblado por Alfonso I, la primera cita documental nos sitúa en 1264. Entre los años 1325 y 1330 Jaime II mandó construir el castillo, del que apenas resta un lienzo de pared. El paso de la guerra junto con la peste hizo diezmar de tal manera la población, que en el año 1429 quedó despoblada por completo. Se repobló pocos años después. También hubo otros pequeños lugarons* a su alrededor que no sobrevivieron a la Edad Media. Fue lugar de realengo, y perteneció a la comunidad de aldeas de Calatayud hasta el año 1837, en que desapareció dicha organización. En el año 1910 se alcanzó la máxima población censada al alcanzar los 628 habitantes. En el siglo XX llegó el ferrocarril a la población gracias a la construcción de la línea Santander-Mediterráneo. Pasó el primer tren en octubre de 1929. En el año 1985 la línea dejó de funcionar. Todavía resta la estación en ruinas, junto a la carretera de acceso.
*Lugarón: Aldea.

Antes de alcanzar el casco urbano, con acceso por un corto camino desde la carretera, está la nevera. Está acostada en la parte alta de la ladera del barranco del Regacho. Este pozo de hielo puede datar del siglo XVII. Parece ser que dejó de utilizarse en el primer tercio del siglo XIX por falta de nieve. En el año 2010 fue restaurada por el ayuntamiento gracias a una subvención del Dirección General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón, y en el año 2018 fue colocado un panel interpretativo en tres idiomas, castellano, inglés y aragonés. La documentación procede del estudio llevado a cabo por Javier Martínez Aznar y Miguel Ángel Solà Martín. Se trata de una construcción excavada en la roca, de planta circular y reforzada con mampostería, y cuya parte alta sobresale del terreno levantada con la misma estructura. En su interior su perímetro es de cinco metros, y su altura de ocho metros. Cuenta con dos aberturas: la puerta de acceso, abierta en la actualidad, por donde se extraía el hielo, y una ventana de menores dimensiones en el lado opuesto, ahora cegada, por donde se introducía la nieve directamente del ventisquero. Su objetivo era la recogida de la nieve en invierno que tras su conservación se convertía en hielo, el cual era extraído en primavera o verano. Sirvió para abastecer a Calatayud, y sus usos eran fundamentalmente medicinales.

A escasa distancia de la nevera, y más cerca de la carretera, se alza la ermita románica de Santa María Magdalena. En la actualidad es la única construcción románica que se conserva en Malanquilla. La ermita data de finales del siglo XII o principios del XIII. Tras su estado avanzado de ruina, cuando sólo se conservaba parte del ábside, fue llevado a cabo su restauración, en 2015. En la actuación se ha reconstruido únicamente el espacio del ábside conservando los sillares originales, enluciendo el resto, y cubriendo el espacio con techumbre. Los restos de la ermita conservan el ábside semicircular. Conserva cinco de los doce canecillos lisos con los que contaba. La nave pudo contar con unos veinte metros de largo, pero el abandono anterior redujo la ermita a una sencilla capilla.

En el centro de la localidad se haya la iglesia parroquial de la Asunción. La actual fábrica sustituyó a otra anterior. Se llevó a cabo la obra entre 1588 y 1604, siendo consagrada el 10 de septiembre de 1594 a las 10 horas por el obispo Pedro Cerbuna. Se construyó con piedra sillar en su fachada, y sillarejo en el resto. El templo cuenta con planta de salón con bóvedas de crucería y se remata con cabecera semihexagonal; entre los contrafuertes se abren capillas laterales. A la plaza se abre su portada, formada por pórtico que se cubre con bóveda de crucería. El acceso está formado por un arco de medio punto flanqueado por pilastras adosadas que se culmina con esferas de gusto herreriano. Sobre ella una hornacina con la figura de la virgen de madera. Se culmina con frontón triangular con volutas. A los pies se alza la torre, en planta rectangular. Su último cuerpo sirve para albergar las campanas, 1816, 1848 y dos de 1987, con cuatro vanos de medio punto, uno en cada dirección. Se remata con chapitel realizado en ladrillo y piedra sillar. En el lado opuesto se puede observar el arranque de una torre proyectada que no se llegó a ejecutar. En su interior conserva un conjunto de retablos de los siglos XVI y XVII, muestra de la escultura aragonesa de influencias castellanas. El retablo mayor de estilo renacentista data del siglo XVI. Consta de cinco calles y cuatro cuerpos con escenas de la vida de María con catorce relieves policromados. En la parte central destaca un precioso sagrario con la escena del nacimiento de Jesús. Otro conjunto de gran valor es el retablo de Nuestra Señora del Rosario, ubicado en una capilla lateral. Data de finales del siglo XVI y está compuesto por catorce pinturas sobre tabla de escuela aragonesa con fuerte influencia del pintor italiano Bassano. Fue restaurado en el año 2003 por el taller de restauración de la Diputación Provincial de Zaragoza. A los pies de la nave se alza el coro, que se apoya en arco de diafragma apuntado y siendo cubierto el espacio inferior por bóveda de crucería. Una balaustrada de piedra cierra el espacio en su parte superior.

A las afueras de la población, junto al camino del cementerio se alza la ermita del Cristo del Humilladero. La sencilla construcción de planta rectangular cuenta a los pies con porche cubierto de techumbre de madera. Una portada adintelada le sirve de acceso. Se trata de una sencilla construcción de planta rectangular. En su interior el altar está presidido por un retablo con la figura del titular de la ermita, de gran veneración entre los malanquillanos.

Junto a la carretera, en dirección opuesta al casco urbano está el parque municipal y a escasos metros parte el camino que conduce a la Fuente de los Tres Caños. Tras la revisión de los archivos municipales se descubrió el origen romano de la fuente. La actual obra es de sillería en planta de “L” producto de una remodelación en la Edad Moderna de la fuente romana, que data de los siglos I-III d. C. De aquella época se conserva una inscripción “FONSAQUE PFVF”. Uno de los caños de figura de animal también es de la obra original. La fuente se alimenta mediante una canalización de una cisterna, que forma parte de la infraestructura romana. Cabe la posibilidad de que hubiera podido dar servicio a una villa romana. Con reforma siglos después se le añadió abrevadero y lavadero, remodelado hace unos años.

A poco menos de tres kilómetros del casco urbano, junto a la carretera que conduce a Aranda de Moncayo y Ciria, se alza la Torre de los Moros. En también conocida por los vecinos como la Casa de los Moros. Se trata de la torre vigía de la aldea llamada Torre de la Calderuela, establecida en ese paraje en 1263 por vecinos de Aranda de Moncayo. De planta rectangular, con dimensiones de 7 por 5 metros de lado, fue construída en mampostería. En la actualidad sus muros no son elevados debido a su estado de ruina, pero todavía conserva algunas saeteras.

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Manubles y Ribota, riberas de castillos y mudéjar

Las últimas actuaciones llevadas a cabo en Malanquilla son las obras de conversión de la ruinosa ermita de San Pedro, ubicada en el cerro de la Cucuta, en un refugio forestal. También la restauración y embellecimiento del altar del Santo Cristo del Humilladero. Pero no faltan proyectos para el futuro. Ya se ha llevado a cabo la acometida eléctrica a las inmediaciones del molino para poderlo dotar de iluminación exterior. Y ha sido aprobado por el ayuntamiento el proyecto presentado por Miguel Ángel Solà, Javier Martínez Aznar y Antonio Sánchez Molledo para la creación del Sendero del Agua, la Nieve y el Viento de Malanquilla. Se trata de un sendero de corto recorrido, 3,8 km. y presenta escaso desnivel. El punto de inicio y final del trazado circular parte de la plaza mayor. Su objetivo es servir de conexión del patrimonio del municipio, para su puesta en valor y divulgación. Se inicia con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y se acerca al cercano solar donde estuvo el antiguo castillo. Después abandona el casco urbano en dirección a la ermita del Santo Cristo del Humilladero. Asciende entre carrascas para visitar la nevera y la ermita románica de Santa María Magdalena. Cruza la carretera y pasa por el molino de viento. Toma el camino del Cerro y desciende hasta la antigua cisterna que abastece a la Fuente de los Tres Caños, volviendo al casco urbano.

Jánovas, un barco a punto de zarpar

Poco o poco Jánovas va preparando todo para su segunda vida. Un barco cuyas velas fueron destruidas y pisoteadas durante las últimas décadas y que están reconstruyendo sus vecinos con mucha ilusión. Demasiado tiempo ha costado llegar a esta situación, gracias al empeño de la administración. Y a día de hoy todavía hay muchas amarras que impiden que el barco navegue, pero seguro que llegará ese día. Más de medio siglo de negra historia para un pueblo próspero, que casi llegó a hacerlo desaparecer como muchos otros de nuestra geografía aragonesa. Pero volverá de nuevo la vida. Será un punto y aparte en su historia, pero todo será ya pasado y los niños volverán a correr por las calles de Jánovas, la gente acudirá a tomar su café al centro social todas las tardes, la iglesia de San Miguel bandiará* sus campanas, los hortelanos cuidarán sus huertos regados con las aguas del Ara y una suave brisa mecerá las espigas del trigo de sus campos. Entonces Jánovas será un pueblo vivo, con la misma vitalidad que tuvo un siglo antes. Un barco que de nuevo podrá navegar libremente junto al río Ara, con ilusiones renovadas.

*Bandiar: Voltear.

La historia se remonta a los años cincuenta, cuando fue elaborado un proyecto para construir un gran embalse en el valle del río Ara. En ese momento se quebró el futuro de buena parte de la cuenca del río. El agua anegaría según los planos Jánovas, Lavelilla y Lacort, pero afectaría a muchos otros pueblos de los alrededores. Más concretamente al valle de La Solana cuyo acceso natural se vería truncado por las aguas del pantano. En los años 60 comenzaron las expropiaciones forzosas de las 150 familias que vivían en Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero también la compra progresiva del resto de tierras y casas de los pueblos de La Solana, que también quedó prácticamente deshabitada. En Jánovas, el pueblo más grande y capital de la ribera del Ara, muchos resistieron. Ante la negativa, la administración no tuvo reparos en dinamitar las casas vacías como medida de presión. Todo ello sin tomar ninguna medida de seguridad y todavía con muchas familias residiendo en el pueblo. El 4 de febrero de 1966 tuvo lugar uno de los hechos más tristes y humillantes. La escuela no podía cerrarse mientras hubiera niños, ya que así lo determinó la inspección provincial de Huesca. Sin embargo ese día un operario de Iberduero, la empresa concesionaria para la obra del pantano, escatumbó*  la puerta, sacó a la maestra de los pelos y echó a los niños a patadas. A partir de ese momento la resistencia se hizo muy difícil. La empresa seguía dinamitando casas, destrozando campos, destruyendo acequias y talando árboles frutales. Finalmente cortó también el agua y la luz. Mientras tanto se daba la paradoja de que las obras de la presa no habían comenzado todavía. Pero dos vecinos del pueblo aguantaron estoicamente esta situación durante más de veinte años. Emilio Garcés y Francisca Castillo sufrieron en sus carnes el acoso durante todo este tiempo, pero en el año 1984 se vieron obligados a abandonar su hogar.

*Escatumbar: Derribar.

Comenzó entonces una etapa en la que se abrió una puerta a la esperanza. La gente salió a la calle, los ecologistas se movilizaron y se iniciaron demandas judiciales. Con la nueva normativa europea la administración se vio obligada a realizar un informe de impacto ambiental del proyecto en el año 2001. El resultado del mismo fue negativo, como no podía ser de otra forma. Finalmente y tras mucha demora el proyecto fue desestimado oficialmente en el año 2005. Tres años después el Ministerio de Medio Ambiente publicó la extinción de las concesiones de saltos hidroeléctricos en los ríos Ara y Cinca ligadas a la ejecución de la presa de Jánovas. La administración no ha actuado con la intención de reparar el daño moral y económico sufrido durante este tiempo. No ha agilizado lo más mínimo el proceso burocrático en la reversión de propiedades. Además tanto Endesa, la actual concesionaria y propietaria, como la Confederación Hidrográfica del Ebro solicitaron en la recompra de sus propiedades a los herederos el precio de la expropiación actualizando el IPC, es decir más de 30 veces lo que recibieron. Al final han pagado unas cuatro veces la indemnización, pero a cambio de unas ruinas, y no de su casa tal cual la dejaron. Más de cincuenta años de vidas truncadas y ahora los que quieren volver deben empezar de cero.

Buena parte de las personas que sufrieron toda esta pesadilla desgraciadamente no volverán a ver su pueblo reconstruido. Ni siquiera esa emblemática pareja que aguantó hasta el final. Emilio falleció en septiembre de 2011 cuando todavía no había comenzado la recuperación del pueblo. Su mujer, Francisca, nos dejó en julio de 2019. Ella si que pudo ver casi terminada la Casa Castillo. Sin embargo se fue sin saber qué significaba la palabra justicia. Ella decía que no entendía esta situación y que sólo esperaba que alguien le pidiera perdón pero no lo consiguió. Pero algunos antiguos vecinos, sus hijos o nietos siguen pacientes y resignados esperando poder volver a su pueblo, a su casa. En todo este tiempo las actuaciones en Jánovas han sido de poco calado. Aún así los vecinos han ido realizando pequeñas obras. Hace años fue recuperada la fuente. Y en los últimos años ha sido reconstruido por completo el edificio de las antiguas escuelas. Se ha convertido en el emblema de la recuperación de Jánovas, la Casa del Pueblo. Un gran edificio de tres plantas, que sirve de lugar de reunión en un pueblo todavía en ruinas. Recuperado con la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que creen en un Jánovas vivo. Y con el aporte económico de sus bolsillos, y de una subvención de la Diputación Provincial de Huesca. El humo saliendo por su chaminera es un motivo más de esperanza, como símbolo de la vida en el pueblo. Y también ha sido recuperado el antiguo horno, situado muy cerca.

Y mientras tanto la administración central ha dilatado excesivamente y sin compasión el proceso de reversión. Entre los tres pueblos afectados fueron 127 las familias que solicitaron la devolución de sus propiedades. Tras muchos años el 92% ya han terminado con la tramitación y son de nuevo suyas. En el caso de Jánovas prácticamente todos los solicitantes ya han conseguido la reversión, pero sin embargo buena parte de ellos están a la espera de la mejora de las condiciones del pueblo, para poder realizar las obras de una manera más fácil y económica. A día de hoy tan sólo cuatro edificios están recuperados o en obras. El primero de ellos fue la Casa del Pueblo. A otra de las viviendas, situada fuera del casco urbano, ha llegado la vida después de su finalización. Es la primera en ser habitada tras este triste episodio; se trata de la Casa Frechín. En la entrada del pueblo está Casa Agustín, con las fachadas de piedra terminadas, en las que se ha reproducido fielmente su aspecto exterior respetando los vanos, y en breve se espera realizar la cubierta. Al final del pueblo está Casa Castillo. Se trata de uno de los hijos de la pareja que se mantuvo en el pueblo hasta el final. La casa ya está prácticamente terminada. En otras se han llevado las tareas de desescombro previas a las obras. En concreto se espera que en unos meses puedan comenzar las obras en Casa Garcés y Casa Piquero. Se trata de dos inmuebles situados anexos, situados en el arranque de la calle San Sebastián en esquina con la calle San Roque, la calle que aglutina la mayor actividad en cuanto a la recuperación del núcleo. También parece que los descendientes de Casa Alsegot puedan comenzar en breve las obras. Otros ya piensan en levantar de nuevo las casas de sus familias, constituyendo el momento más esperanzador en toda esta historia.

Por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro se han llevado a cabo las obras en el cauce del Ara para eliminar la atavía. Se trataba del desvío del cauce para la construcción de la presa que nunca se llegó a levantar. Ahora el río discurre por donde siempre había ido. Para estas obras, todavía sin terminar, se construyó un vado provisional que permite el acceso al pueblo desde la carretera nacional que une Fiscal con Boltaña. Afortunadamente los actuales representantes de las administraciones afectadas deben sentir vergüenza de las actuaciones de sus predecesores. En el caso de este vado se permite el uso por parte de los vecinos, siendo el mejor acceso actual, imprescindible para llevar a cabo todas las actuaciones. Y no parece que se vayan a terminar las obras de la atavía, lo que supondría la desaparición de este paso. Una complicidad de la administración con los vecinos, como un pequeño detalle que pueda compensar el daño sufrido.

Todavía queda esperar para que Jánovas cuente con una carretera de acceso. A quinientos metros de distancia discurre la carretera nacional N-260. El eje pirenaico tiene acondicionados los tramos entre Sabiñánigo y Fiscal, y entre Boltaña y Campo. Sin embargo el tramo en torno a Jánovas es una precaria carretera, estrecha y con abundante tráfico. Éste es otro de los perjuicios que ha sufrido el valle, una carretera sin acondicionar durante décadas, y siempre a la espera de un pantano que nunca se llegó a hacer. El actual acceso al pueblo es lamentable. Una pista en malas condiciones que une la carretera nacional con el vado provisional, y que en alguna ocasión el río Ara ha blincado. La administración central todavía no ha compensado a Jánovas, y eso que ella ha sido la única responsable de todo el daño. Y mientras la autonómica se compromete con algunos parches como el acondicionamiento de la pista forestal que sirve de acceso a Jánovas desde San Felices, de acceso más largo y complicado al casco urbano, presupuestada por un importe de 180.000. Por parte de Fomento ya ha sido aprobado el estudio de impacto medioambiental de la mejora de este tramo de la nacional de 12,7 kilómetros, cinco años después de que fuera tumbado el anterior. Las obras costarán 57 millones de euros e incluyen un túnel de 1.740 metros que salvará el congosto de Jánovas. Si para el año 2022 se terminan las obras como está previsto, el nuevo acceso partirá de una intersección situada cerca de Lavelilla y cruzará el río Ara por un lugar que permite construir un puente que cumpla con las condiciones de seguridad, aguas arriba del actual vado. Pero este ramal de acceso deberá ser realizado por la administración autonómica, otro problema más que puede alargar más en el tiempo la precaria situación.

El 19 de diciembre de 2017 será recordado como una fecha muy importante en la recuperación del pueblo. Ese día se firmó el convenio entre Endesa y el ayuntamiento de Fiscal, en el cual se traspasaron los activos de los núcleos de Albella, Jánovas, Burgasé, Lacort, Lavelilla, Fiscal, San Felices-Santa Olaria, de la cual el ayuntamiento de Fiscal es su sucesor. Se trata del patrimonio afectado por la construcción del embalse de Jánovas que corresponde a 186 hectáreas de suelo rústico, 23.000 metros cuadrados de superficie urbana y más de 60 inmuebles, entre los que están las antiguas escuelas, el puente colgante sobre el río Ara, viales, calles, plazas, fuentes y abrevaderos. Por ello deberá pagar 50.000 euros a Endesa. Es lamentable que después de tanto daño a lo largo de todas estas décadas, y del abandono de todo este patrimonio se le haga pagar por ello al ayuntamiento de Fiscal. Pero por lo menos se libera de la propiedad a la hidroeléctrica y se facilita la recuperación de todas estas propiedades. Una de ellas como es el caso de las escuelas de Jánovas ya rehabilitadas por los propios vecinos.

Pero la piedra angular de la reconstrucción del pueblo es la restitución de la zona afectada por el fallido pantano por parte de la administración central con la redacción del Plan de Desarrollo Sostenible. Las inversiones incluidas en este gran proyecto servirían para dotar a las poblaciones de Jánovas, Lavelilla y Lacort de accesos por carretera, urbanización y dotación de servicios como iluminación, vertido y depuración, además de restauración del patrimonio histórico y cultural. Sin embargo tras las alegaciones presentadas por algunos vecinos más críticos el Gobierno central ha decidido continuar con el procedimiento ordinario lo que supone posponer las actuaciones hasta el año 2028. El ayuntamiento de Fiscal recurrió la sentencia por considerarla injusta e injustificada, pero fue desestimada. De nuevo queda de manifiesto que el Estado español, el único responsable de la destrucción del pueblo, sigue sin comprometerse con la recuperación.

Ello supone un duro revés para Jánovas, pero no la paralización del proyecto. Los vecinos llevan años movilizados para agilizar y adelantar la acometida de la luz, fundamental para facilitar las obras en el pueblo, y para acercar la llegada de la vida al pueblo. De esta manera el gobierno autonómico en 2017 asumió con 100.000 euros la traída de la línea de media tensión. Tras más de cincuenta años de oscuridad, ha llegado la luz a Jánovas. La celebración de las fiestas en honor a San Miguel de 2018 fue otro motivo más para la esperanza, con una ilusión renovada día a día. La luz ha vuelto a iluminar las calles, y las viviendas todavía en obras. Todavía queda mucho por hacer, pero menos.

En cuanto a la acometida del agua potable, los propios vecinos fueron los que realizaron las primeras obras. Mediante la captación de un manantial y la construcción de un pequeño depósito de 1.000 litros, el suministro para la Casa del Pueblo y las viviendas ya es insuficiente. Otro gesto de compromiso por parte del ente autonómico ha sido otra partida sufragada por el Departamento de Vertebración del Territorio. Con la subvención se han llevando a cabo obras de hormigonado en la calle San Roque y zonas limítrofes, previas a la futura urbanización cuando estén terminadas las fachadas de las calles, y se les pueda devolver el aspecto empedrado que tuvieron de siempre. Con ello se ha realizado el vertido y permitirá la conexión de los edificios del entorno. Todavía queda pendiente la estación depuradora para las aguas residuales, ya que en la actualidad se utilizan pozos ciegos. Queda de manifiesto que el empeño de los vecinos puede más que las trabas que pone la administración central a la recuperación de Jánovas.

La voz cantante la siguen llevando los vecinos, que en 2015 crearon la Fundación San Miguel de Jánovas, como un instrumento de presión para recuperar la iglesia parroquial y que ha servido para agilizar las obras que se van ejecutando gracias a las pequeñas partidas de la administración. El nombre de la fundación se toma de la iglesia, la cual también está igualmente abandonada a su suerte aunque estructuralmente en pie. Sin embargo la sorpresa llegó a finales de 2018 ya que la empresa hidroeléctrica con fondos propios consolidó una pared, tejado y campanario, gracias a la solicitud por parte de los vecinos. Después será preciso buscar la partida económica para rehabilitarla por completo, pero de momento se evitará su deterioro. Y la portada que fue arrancada sigue todavía en la localidad de Fiscal, que esperemos que cuanto antes se vuelva a recolocar en su lugar de origen. Así como la campana, que fue trasladada a la iglesia de Guaso.

En junio de 2019 tuvo lugar la primera edición del festival Jánovas Insumergible, una cita cultural y lúdica que pretende ser un nuevo acicate para la vida social de pueblo y que recogió fondos para continuar con las obras. Y este verano la actividad ha sido frenética, con la Casa del Pueblo abierta de par en par a todos los visitantes ofreciendo un lugar donde tomar un refresco, un puesto de venta de objetos para sufragar gastos e incluso una exposición de obras en las que se reproducía detalles de la arquitectura popular.

Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero la vida en Jánovas poco a poco vuelve. Una de las últimas hazañas de sus vecinos ha sido devolver a su lugar de origen la campana de la torre de su iglesia. Con el abandono forzoso del pueblo se trasladó al pueblo de Guaso, donde fue colocada en la torre de San Salvador. Pocos se imaginaban que como dice la Ronda de Boltaña en una de sus canciones, “El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. Tras las conversaciones con los vecinos de Guaso y con la Iglesia, todo han sido facilidades para la devolución, lo que se ha convertido en un nuevo símbolo de la lucha de los vecinso de Jánvoas. En este caso, después de cincuenta años de exilio, la campana de Jánovas ha vuelto a su lugar de origen, a tiempo para celebrar las fiestas de San Miguel de 2019.

El año 2020 comienza con buenas noticias y reconocimientos.  Por un parte avanza el compromiso de recuperación del pueblo por parte del Gobierno de Aragón, a través de la Consejería de Vertebración del Territorio. En esta ocasión se han invertido 100.000 euros en trabajos para la instalación de la red de captación y abastecimiento de agua potable a Jánovas. Consisten en la construcción de un depósito de agua y las canalizaciones urbanas. Un paso más para la dotación de servicios básicos tras llegada de la luz y la red de saneamiento, que se completará con la próxima construcción del sistema de depuración de aguas.

Y el 1 de febrero del mismo año fue entregado el Premio Cruz de Sobrarbe a título póstumo al recién fallecido Juan Luis Muriel, reconociendo su protagonismo especial en la Comarca del Sobrarbe. Este político andaluz fue secretario general de Medio Ambiente. Su gestión fue clave en la paralización del proyecto de la presa de Jánovas, ordenando la paralización de las obras con la firma de la declaración negativa del impacto medioambiental. Una decisión que le costó su dimisión y el fin de su carrera política. Un hecho fundamental en la historia reciente de Jánovas y que ya forma parte de la memoria colectiva.

Una historia que parece interminable, pero la esperanza no se pierde y hay muchas ilusiones depositadas en que vuelva la vida a Jánovas, y que al fin se haga justicia.

Salvatierra de Esca, Zaragoza a las puertas del valle de Roncal

Los límites de la provincia de Zaragoza se extienden al norte hasta alcanzar las puertas del valle de Roncal, en Navarra. El municipio que ocupa el extremo de la provincia zaragozana es Salvatierra de Esca. Situado lejos de Zaragoza, cuya ruta más corta por carretera son 160 kilómetros, mientras que tan sólo dista 73 km a Pamplona. Su situación muy cercana a los Pirineos la hacen poseedora de una arquitectura completamente diferente a la de la mayor parte de los pueblos de la provincia.

Su antiguo asentamiento, Ovelba, fue abandonado para construir uno de más fácil defensa. De esta manera se levantó el actual Salvatierra, en la confluencia de los ríos Esca y Gabarri, sobre una pequeña elevación. Se fundó en el año 1208 por Pedro II al llamamiento de poblar la tierra salva, o libre de impuestos. Éste le concedió el fuero de Ejea y libertades con el fin de asentar la población, en una zona fronteriza en continuo enfrentamiento con Navarra. La población experimentó gran auge entre los siglos XV y XVI, lo cual queda de manifiesto en su sobrebuena* arquitectura civil correspondiente a estos siglos. Los edificios se construyeron a base de sillar con portadas doveladas, escudos nobiliarios en sus claves y ventanas geminadas.

*Sobrebueno: Excelente.

El casco urbano se organiza en torno a dos calles paralelas que recorren la loma, origen del asentamiento. Una plaza con recholau* aloja a varios edificios, entre ellos el ayuntamiento. Junto a ella otra plaza, excelente mirador del valle, sirve de antesala a la iglesia de San Salvador. La obra de piedra de sillería es de factura gótica del siglo XVI. Sobresale la torre con almenas que le confiere un aire defensivo, como muestra de la difícil etapa inicial de su historia, frontera entre tierras aragonesas y navarras. En la parte alta de la población, junto a las últimas casas, se levanta la ermita del Pilar, un sencillo edificio que conserva la decoración pictórica interior perteneciente a la segunda mitad del siglo XVI. Otro de los edificios de gran importancia en la historia del enclave es el monasterio de Fuenfría. Está situado a escasa distancia del casco urbano, en el arranque de la carretera a Castillonuevo. Fue fundado en el año 850 por el rey García García Íñiguez de Pamplona, el obispo Guilesindo de Pamplona y el abad Fortún de Leyre. Sólo quedan los robustos muros de la nave de la iglesia, que todavía conservan un arco fajón sobre la que descansaba la cubierta de madera original.

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Alta Zaragoza, una tierra mutilada por el embalse de Yesa

*Recholau, trinquete: Frontón.

Del municipio forma parte otro enclave más pequeño, la población situada más al norte de la provincia de Zaragoza. Lorbés está situado a una distancia de doce kilómetros, cuya carretera de acceso recorre el valle del río Gabarri. Ya aparece documentado en el siglo IX, con motivo del pago de diezmas al monasterio de Fuenfría. Su arquitectura también responde a la tipología pirenaica, con casas de piedra blasonadas, algunos rincones pintorescos y una modesta iglesia en la parte alta.

Uno de los lugares más espectaculares de su término municipal es la ermita de la Virgen de la Peña. Una vez abandonada la población en dirección a Burgui parte una pista de acceso restringido que recorre las faldas del monte hasta llegar a los pies del santuario. Después de recorrer el primer kilómetro, parte la senda señalizada con un poste metálico. El recorrido en constante ascenso atraviesa una zona donde se alterna matorral y árboles de mayor porte. Toma dirección al escarpe sobre el cual se ubica la ermita. En la parte intermedia comienza un pronunciado zigzagueo para salvar la elevada pendiente, ya en zona mucho más boscosa cubierta fundamentalmente por carrascas. Con ello se supera los riscos de la parte más elevada. En todo momento las vistas hacia el sur son amplias. Ya en la parte alta se comienzan a divisar los Pirineos. Sólo resta el tramo final de senda, compartiendo un pequeño tramo con la pista de acceso, para alcanzar la ermita por senda de nuevo.

La ermita de la Virgen de la Peña fue erigida en lo más alto de las sierra. En el año 1521 se creó una cofradía con el fin de poner paz entre los pastores aragoneses y navarros, cuyas disputas llegaron a provocar muertos. La Cofradía de la Virgen de la Peña estaba formada por 20 miembros de Salvatierra y 10 de Burgui. En 1628 surge la Cofradía de San José, en la cual también había integrantes de ambas localidades. La primera de ellas se extingue a mitad del siglo XX. La segunda cofradía es la sucesora y hoy en día cuenta con 25 miembros. Celebra la romería el fin de semana más cercano al 8 de septiembre, coincidiendo con las fiestas de Salvatierra de Esca. A ella se añaden otras romerías de Salvatierra de Esca, Burgui, Castillonuevo y Lorbés a lo largo del año.

El edificio actual es una construcción terminada en el año 1677, sobre otro anterior. De la fábrica despunta una sencilla espadaña. La puerta de arco de medio punto, sobre la cual hay una pequeña hornacina con la virgen, está protegida por el atrio de reciente construcción. Al interior presenta nave cubierta con bóveda de medio cañón decorada al gusto barroco. De manera anexa se encuentran las dependencias de la cofradía. Frente a la ermita se levanta otro edificio que era la antigua hospedería.

A escasos metros del santuario está el punto más elevado de la Sierra de Beldú. Marca la divisoria entre Navarra y Aragón, aunque el santuario se asiente en tierra aragonesa. La cota más alta, 1294 metros de altitud, se emplaza al borde de la foz de Burgui, surcada por el río Esca. Al otro lado, como continuación, está la Sierra de Ollate. Desde este punto las vistas son privilegiadas. Hacia el sur el valle formado por el Esca, con Salvatierra de Esca y Castillonuevo, así como la foz de Sigüés. También la sierra de Leyre y al fondo el Moncayo. Hacia el norte la cordillera pirenaica con las cumbres más elevadas del Pirineo occidental aragonés, y los valles de Roncal, Ansó y Hecho. Y hacia el este las sierras de Peña Oroel y San Juan de la Peña, además de la Canal de Berdún. Una atalaya que cuenta con unas vistas que no defraudan al visitante.

El Torico, lo más grande de Teruel

El Torico, lo más grande de Teruel

El origen de la ciudad de Teruel, tomando el mismo emplazamiento actual, se remonta a la época musulmana. En este cerro hubo posiblemente una construcción defensiva que llamaron Tirwal, cuyo significado en árabe es torre. Tras la toma de Zaragoza, los reyes aragoneses continuaron el avance de las tropas en dirección al sur, camino de Valencia. Con el objetivo de afianzar estas tierras era necesario establecer una plaza fuerte y el 1 de octubre de 1171 Alfonso II tomó este enclave fortificado musulmán. A la nueva villa, Teruel, la dotó de un fuero especial, un conjunto de privilegios que tenían por objetivo atraer a nuevos pobladores, favorecer el desarrollo económico y defender la nueva frontera del Reino de Aragón.

Son muy conocidas las leyendas sobre el origen de Teruel, en paralelo a la realidad histórica. Cuentan que las tropas del rey aragonés estuvieron acampadas en la zona y los caballeros que le acompañaban le instaron a fundar una villa para proteger las nuevas posesiones. Sin saber dónde situarla decidieron esperar una señal. Mientras tanto los musulmanes prepararon una emboscada enviando una manada de toros que llevaban las astas encendidas. Tras sofocar el ataque vieron un toro sobre un cerro, y sobre él una luz tenue que parecía una estrella. Interpretaron esta señal como el lugar elegido para ubicar el nuevo enclave. Otra interpretación de la misma leyenda habla de que las tropas aragonesas, desobedeciendo al rey, persiguieron un toro el cual avistaron sobre un cerro, ubicado por la noche bajo una estrella que parecía estar encima del mismo. Ese debía ser el lugar para levantar la nueva ciudad. Incluso dan la explicación del origen del topónimo como una contracción entre las palabras Toro y Actuel, nombre de la estrella, dando lugar a Toruel.

Sin embargo la relación entre Teruel y el toro puede ser anterior. Otra leyenda atribuye la fundación por parte de los fenicios. Dada la abundancia de toros en la zona bautizaron al río con el nombre de Turia, y al nuevo asentamiento Turba. Por otra parte existen monedas romanas en las cuales aparece un toro y dos estrellas. En todo caso, lo que está claro es que Teruel está ligado al símbolo de un toro y una estrella desde sus orígenes. Y ello queda de manifiesto en su escudo y bandera, así como en monumentos tan conocidos como el erigido en la plaza de Torico.
La ciudad se fue forjando con la constante necesidad de atrachinar* el agua para sus habitantes desde el río Turia hasta el cerro. Para facilitar el almacenamiento y recoger las aguas de lluvia se construyeron tres aljibes en la plaza Mayor a partir del año 1373. Dos de ellos se conservan actualmente y son visitables: el aljibe Fondero y el aljibe Somero. A partir del 1537 el ayuntamiento comienza a buscar una solución para el abastecimiento de agua a la ciudad. Tras el encargo al ingeniero francés Pierres Vedel, entre 1551 y 1559 se llevan a cabo las obras de traída de aguas desde la Peña El Macho, situada a una distancia de cuatro kilómetros y medio.

*Atrachinar: Acarrear, portear.

Tuvieron que construirse varios acueductos y túneles para la canalización que discurría por gravedad con una ligera inclinación. La obra más emblemática, el Acueducto de los Arcos, introduce el agua directamente en el casco urbano, donde fue necesaria la instalación de conductos subterráneos que llevaban el agua a varias fuentes distribuidas por la ciudad. De ellas sólo se conserva en la actualidad una, la fuente del Deán junto a la catedral, aunque su ubicación fuera en origen otra. Una de las fuentes más importantes fue ubicada en 1558 en la plaza mayor. Enclavada en la parte alta de la plaza, en las confluencias de la calle El Tozal con la calle Muñoz Degraín. Cuenta una descripción antigua que esta fuente ya contaba con una escultura en bronce del toro y una estrella entre las astas. Las obras de abastecimiento se completaron en años posteriores y fueron finalizadas en 1583, momento en que Teruel disponía de una docena de fuentes. Este complejo hidráulico estuvo en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo XX.

La antigua plaza mayor fue siempre el centro neurálgico de la ciudad. Precisamente fue el primer espacio en rullarse* de la ciudad. Su morfología responde al terreno donde está ubicada. Su forma triangular, o más concretamente trapezoidal, tiene que ver con las pendientes naturales por donde discurría el agua de lluvia. En el año 1858 tiene lugar un hecho significativo. Se levanta la nueva fuente del Torico situada en una zona más céntrica en sustitución de la diseñada por Pierres Vedel que entorpecía el tránsito de los carros por la plaza. Cuenta con vaso circular al cual manan cuatro chorros de agua a través de sendas cabezas de toro incrustadas en una columna de piedra anillada. En la parte alta del pedestal, a siete metros de altura, descansa la figura del Torico.
*Rullar: Empedrar, adoquinar.

La plaza mayor fue también conocida como plaza del Mercado. Desde la época medieval era el lugar público para la venta de alimentos y de otros productos de primera necesidad de la ciudad. Y también allí se ubicaron las casas de los gremios más pudientes. Se trata de un espacio urbano porticado, en el cual confluyen ocho calles. Hoy en día sigue concentrando la actividad comercial y financiera en los establecimientos ubicados en los soportales. Y entre los edificios destacan diversas casas modernistas erigidas a principios del siglo XX, que aportan encanto y singularidad a la plaza. Son la Casa del Torico y Casa La Madrileña, ambas del arquitecto Pau Monguió. La Casa del Torico se convirtió después en la sede de la Caja Rural de Teruel. Su fachada está marcada por la galería de columnas de la primera planta y dos balcones de vano circular en la parte alta. Casa La Madrileña, menos ostentosa que la anterior, destaca por los vanos compuestos por trazos curvos y decoración floral en la parte alta, típicos del “art nouveau”.

Años después, en 1929, fue aprobado por el pleno municipal el cambio de denominación de la plaza, pasando a llamarse Plaza de Carlos Castel. Este personaje fue nombrado hijo predilecto y adoptivo de Teruel. Abogado de profesión, fue diputado de las Cortes generales. Gracias a las gestiones y su influencia política se llevaron a cabo la Escalinata y el Viaducto, se iniciaron las obras del fallido ferrocarril Teruel-Alcañiz y se llevó a cabo de nueva traída de aguas a la ciudad. Y también fue partícipe del inicio de la declaración de monumentos nacionales de las torres mudéjares de San Martín y San Salvador.

La plaza ha ido evolucionando con el paso de tiempo. Tras el abandono del tráfico rodado llegó la recuperación para los peatones del espacio de manera integral en el año 2007. En esa fecha se llevó cabo una polémica e innovadora reforma que modificó el pavimento de todo el espacio, incrustando líneas luminosas en diferentes direcciones evocando las huellas del paso del agua a lo largo del tiempo. La tecnología permitía la posibilidad de cambiar de color y generar texturas variadas en momentos excepcionales, siendo de color blanco en su uso habitual. De manera paralela se reformó la iluminación del resto de la plaza, iluminando las fachadas desde las cornisas y realzando los edificios más singulares; mientras que el interior de los porches fue dotado con iluminación de manera difusa. Sin embargo, a pesar de una gran inversión, unos seis millones de euros, las polémicas luces del pavimento no llegaron a funcionar de manera correcta, y tuvieron que condenarse.

Pero sin duda alguna, el icono más representativo de Teruel es el Torico. Esa pequeña escultura de bronce fundido es maciza y pesa nada menos que 54,5 kilos. Se emplaza sobre una base rectangular de piedra. Las dimensiones de la estatua son 35 centímetros de largo por 20 centímetros de ancho, mientras que la altura máxima es de 37 centímetros. Desde el año 1858 en que fue colocado sólo dos veces ha sido bajado de su emplazamiento. En el año 1938 los propios vecinos, en concreto la familia Gómez Cordobés, lo quitaron para guardarlo en un lugar seguro y protegerlo de los duros avatares que sufrió la ciudad durante la Guerra Civil. En los años sesenta del siglo XX se cambió de orientación, y desde entonces el Torico está orientado a la calle El Tozal, en lugar de la calle Nueva como se colocó tras la contienda. Por segunda vez, en el año 2003, se volvió a bajar para realizar una restauración.

A pesar de sus dimensiones, se trata del símbolo más importante de la ciudad. Al sustantivo toro se le añadió con el tiempo el sufijo –ico, muy habitual en Aragón. Lingüísticamente le aporta un valor diminutivo, pero también afectivo. Precisamente el Torico tiene un valor muy sentimental para los turolenses. En torno a su figura gira la fiesta de la Vaquilla, en la que todos los años durante el segundo fin de semana de julio un peñista tiene el honor de colocar el pañuelico rojo como inicio de las fiestas. Es el momento del año que los habitantes de esta ciudad viven con más intensidad. Por ello esta plaza conocida con diferentes denominaciones a lo largo de la historia es conocida como la plaza del Torico, y así lo seguirá siendo a pesar de que ese no sea su nombre oficial.

Cutanda, escenario de una batalla trascendental en la historia de Aragón

Cutanda es una pequeña localidad turolense situada a doce kilómetros de Calamocha, en la Comarca del Jiloca. En la actualidad su censo no alcanza el centenar de habitantes. Se asienta la población a 1059 metros de altitud. El casco urbano se articula en torno a la carretera, que hace las veces de calle mayor. En un pequeño ensanche se encuentra uno de los numerosos peirones de la zona, acondicionado con el uso de fuente. En la otra acera el ayuntamiento, modesto edificio que tuvo lonja de dos vanos en la parte inferior, aunque ahora están cegados. Y a continuación la iglesia de la Asunción, obra terminada en 1624. Se accede a través de una portada adintelada sobre la cual aparece un frontón curvo partido con un escudo. En su interior se estructura mediante tres naves, bajo bóveda de medio cañón con lunetos, y sobre el crucero se dispone una cúpula vaída sobre pechinas. La torre de ladrillo cuenta con tres cuerpos y vanos rectangulares. Se culmina con tejadillo y chapitel.

En la parte alta es bien visible su castillo, aunque no por sus escasos restos, sino por su posición elevada y muy cercana a las viviendas. Ahora apenas queda un muro de sillería en el que se pueden observar restos de una bóveda de crucería. La fortaleza de origen musulmán fue destruida durante la batalla de Cutanda. Tras la reconquista fue cedida al Arzobispado de Zaragoza, siendo reedificado y utilizado como palacio señorial, manteniendo su carácter defensivo. Allí residía el alcaide de Cutanda, encargado de recaudar los impuestos para el arzobispo. Se trataba de las diezmas y primicias de la localidad, a lo que se añadía un porcentaje de lo recaudado en las localidades de la Comunidad de Aldeas de Daroca. Todo ello era guardado en el palacio y trasladado posteriormente a Zaragoza. A mediados del siglo XV el castillo recibió el ataque de los castellanos. Durante la segunda mitad del siglo XIX fue utilizado por un destacamento militar durante las guerras carlistas. Después de dicha contienda la fortaleza perdió uso militar y fue abandonado. A partir de este momento comienza su desmantelamiento; los materiales son reutilizados para la reformas de torre de la iglesia y principalmente para la construcción de nuevas viviendas en la población. Debido a su mal estado el ayuntamiento solicita el derribo del castillo, obras que se llevan a cabo en 1869. En ese momento se dejó la primera planta del edificio, con lo que el expolio de materiales continuó hasta dejarlo como se encuentra en la actualidad, prácticamente en los cimientos.

Aunque la primera cita documental de Cutanda data del año 1138, unos años antes tuvo lugar en las inmediaciones la batalla de Cutanda, una contienda transcendental en la historia del reino de Aragón. Los antecedentes a esta importante batalla se encuentran unos años antes. El monarca castellano Alfonso VI toma en 1085 la ciudad de Toledo y entonces el rey de la taifa de Sevilla solicita ayuda a los almorávides que ocupaban Marruecos. Al mando de Yusuf ibs Tasufin estos monjes-soldado extendieron su guerra santa al amparo del Islam y se apoderaron del sur de la Península Ibérica, quedando sólo los reinos de Taifas de Albarracín y Zaragoza. En 1104 cayó el primero de ellos y en 1110 se apoderaron de Zaragoza. Sin embargo pocos años pudieron disfrutar de la mítica Medina Albaida, como era conocida la Ciudad Blanca de Zaragoza. La gran ofensiva de Alfonso I el Batallador al valle medio del Ebro se afianzó con la toma de Zaragoza el 18 de diciembre de 1118. Entonces el avance del monarca aragonés fue imparable, con la toma de Tudela, Tarazona y llegando a reconstruir la ciudad de Soria en 1119. Después comenzó con el sitio de Calatayud, en 1120. Justo en este momento conoció el avance del ejército musulmán que tenía la intención de recuperar Zaragoza. Llevaban meses preparando la ofensiva musulmana a la que se añadieron los caudillos y sus guerreros de Sevilla, Granada, Murcia, Lérida y Molina de Aragón, bajo el mando del general Ibrahim Ibn Yusuf. Alfonso I el Batallador levantó el asedio de Calatayud y trasladó su ejército al encuentro. Se le añadieron las tropas de Imad al-Dawla, el regente musulmán expulsado diez años antes de Zaragoza por los almorávides, ahora vasallo del rey aragonés. También contó el apoyo militar con 600 caballeros del duque de Aquitania, Guillermo IX el Trovador. El ejército cristiano, que según las fuentes históricas contaba con 12.000 jinetes, sitió el castillo de Cutanda y aguardó la llegada de los musulmanes, con unos 5.000 jinetes. Ascendiendo por el valle del Jiloca o por Perales de Alfambra y Portalrubio, según las versiones de los historiadores, llegaron los musulmanes al encuentro en Cutanda.

Aquel 17 de junio de 1120 se libró una dura batalla. La ubicación exacta se desconoce ya que no se han encontrado restos. Se supone que fue en una vaguada situada a escasa distancia del casco urbano, cuya partida es conocida como Las Celadas. Precisamente “celada” significa emboscada entre gente armada, en la cual se ataca al enemigo desde una posición oculta con el fin de pillarlo desprevenido. En el arranque del camino de Nueros, frente al cementerio, hay un calvario situado sobre el lugar que conmemora la victoria cristiana. Según las crónicas francesas fallecieron 15.000 musulmanes y fueron capturados dos mil camellos. No parece que fueran ciertas las cifras de los participantes en la batalla ni de los fallecidos, pero lo que no se puede cuestionar que ésta se trata de una de las grandes victorias de Alfonso I el Batallador. Tan decisiva que si no se hubiese producido quizás los musulmanes podrían haber recuperado Zaragoza. Y tan dura debió ser que durante cientos de años después todavía se decía “peor fue la de Cutanda”, intentando quitar importancia a algún desastre o desgracia. El rey aragonés aprovechó la victoria para afianzar el territorio. En una semana entró en Calatayud, tomando numerosas plazas de camino. También tomó Daroca en ese mismo año. El avance de la Reconquista fue mucho más fácil en dirección al Levante ya que tras la derrota los musulmanes perdieron interés en este territorio, centrándose en otras plazas como Tortosa, Lérida o Fraga. Precisamente en el sitio a la última de ellas Alfonso I el Batallador sufrió un ataque sorpresa y tuvo que huir herido. El 7 de septiembre de 1134 espichó* en la pequeña localidad de Poleñino.
*Espichar: Fallecer, morir.

En junio del 2015 se creó la Asociación Batalla de Cutanda con el objetivo de poner el valor este importante hecho histórico. Para ello se buscó la participación de grupos de recreación histórica, estudiosos, particulares y asociaciones para la participación en este nuevo proyecto cultural. Desde el año 2016 se celebran anualmente jornadas conmemorando la batalla. Se representan escenas como la escaramuza de la Fuente Vieja, donde los cristianos son asaltados por los cutandinos musulmanes; pero la más espectacular es el asedio y conquista del castillo. Durante las jornadas las personas van ataviadas con la vestimenta de la época, a la que se acompañan arqueros y incluso una muestra de caballería. Y de manera paralela se lleva trabajando desde la asociación a lo largo de estos años en la búsqueda de la ubicación exacta del campo de batalla. Se parte de una superficie de más de 300 ha, en el entorno de la partida de Las Celadas. A diferencia del yacimiento arqueológico de un poblado, donde es más fácil de encontrar restos debido a que el asentamiento humano se ha prolongado durante años o siglos, los restos arqueológicos de una batalla son más escasos y difíciles de localizar. Es un hecho de gran intensidad pero de una corta duración en el tiempo, unas horas o unos días. Por ello se aspira a poder trobar* los restos de las fosas donde se enterraron a la gran cantidad de muertos en la contienda, o a restos del armamento como pueden ser puntas de flechas.
*Trobar: Encontrar.

Además de las prospecciones visuales y pequeñas catas arqueológicas, se han desarrollado varias intervenciones de mayor calado tecnológico. Las diferentes tecnologías empleadas en la búsqueda del lugar de la contienda están convirtiendo esta empresa en un referente a nivel nacional. Todas ellas coinciden en que para la inspección no se requiere de contacto directo con el terreno. La primera de ellas fue de la mano del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros nº 12 de Zaragoza en la que utilizaron sus sistemas de detección geofísica y magnética con el objetivo de hallar restos materiales. Intervinieron en un espacio de 800 metros cuadrados. Con estos métodos se pueden detectar estructuras (fosas o muros), así como otros vestigios sin realizar excavación alguna. Otro de los métodos utilizados, el Lidar, ha sido posible gracias a la colaboración de la empresa Vitruvian Technologies. Éste se apoya en un láser que barre de manera sincronizada el espacio a estudiar. Ello permite la generación de modelos digitales en 3D con el objetivo de explorar la orografía del terreno, que pueden dar alguna pista sobre su localización. Otra colaboración tuvo lugar gracias a la empresa Revolotear, a través del vuelo de drones dotados con una cámara multiespectral. Este sistema permitió la inspección de una superficie mucho más amplia, unas 300 ha. Además las fotografías captadas tienen una precisión muy superior a la de otros medios aéreos. Mediante cuatro vuelos en diferentes condiciones meteorológicas se pudieron extraer datos sobre el terreno relacionados con la humedad que puede acumular y la vegetación que crece en él. Ello puede dar indicios sobre zonas de tierra removida donde podrían encontrarse las fosas de enterramiento. La última de las intervenciones mediante métodos muy avanzados corresponde a la empresa GeoZone, una empresa especializada en trabajos de consultoría geofísica que mediante el georadar 3D ha realizado nuevos estudios sobre el terreno, haciendo énfasis en adaptar el método a la prospección de restos arqueológicos. Sin embargo hasta la fecha el hallazgo más importante no ha sido encontrado en el campo de batalla sino en el Museo del Louvre, en París. Gracias a un colaborador se ha descubierto que está expuesta en este importante museo una pieza en cuya ficha técnica deja bien claro que está relacionada con la batalla de Cutanda. Se trata de un preciosa pieza, un vaso de cristal de roca decorado en su base y empuñadura con piedras preciosas, perlas y plata nihelada. Mide 33 cm de altura. Fue donado por el rey al-Dawla, también enemigo de los almorávides, a Guillermo IX de Aquitania por su participación en la batalla, y puede proceder del botín tomado en la misma.

A toda esta labor de investigación se añade la realización de actividades tanto de divulgación histórica mediante charlas así como de participación en recreaciones de otras localidades. Y también se ha realizado un hermanamiento con el municipio de Santa Elena (Jaén), donde tropas castellanas, aragonesas y navarras vencieron a musulmanes en la conocida como batalla de las Navas de Tolosa, constituyendo el punto culminante de la reconquista de la Península Ibérica. Tras la realización de una torre en homenaje a la batalla de Cutanda en la población jienense, ahora se ha correspondido desde la población aragonesa con la construcción de un peirón en la parte alta del pueblo. Cuenta con decoración mudéjar y ha sido levantado por el ayuntamiento de Calamocha, del cual depende Cutanda.

Y todo ello con el reto de la celebración del noveno centenario de la batalla de Cutanda, que tendrá lugar el 17 de junio de 2020. Para esta fecha se espera ya esté abierto el Centro de Interpretación de la Batalla de Cutanda. Se ha conseguido una partida económica del FITE que servirá para acondicionar un antiguo almacén de cereal de la localidad. Y también se está trabajando para que a ese evento acudan personalidades relacionadas con los participantes en la batalla, así como de los territorios íntimamente ligados al proceso de reconquista cristiana por los aragoneses.

Lagarto de Riodeva, el gigante europeo

Riodeva es una pequeña localidad turolense situada a los pies de la Sierra de Javalambre y a escasa distancia del límite con las tierras valencianas del Rincón de Ademuz. Se accede desde la carretera nacional que une Teruel y Cuenca, a través de un ramal de once kilómetros que termina en la localidad. Aunque llegó a alcanzar los 800 habitantes, ahora su censo ronda los 150. Sus viviendas se agrupan en una ladera orientada a la vega formada por el río homónimo. Una plaza enaltece la iglesia de la Virgen de los Dolores, que data del siglo XVIII. Su torre con remate de cuerpos octogonales marca la silueta del pueblo. Tras recorrer la vega y rebasar la localidad, un desvío conduce a la ermita de la Inmaculada. El edificio neoclásico del siglo XIX se alza sobre un altozano cubierto por la vegetación. A los pies se abre un pórtico rodeado por un encantador parque recreativo. A escasos metros están el albergue, las piscinas municipales y una de las subsede de Dinópolis.

Conoce más sobre esta zona de la mano del dragón Chorche

Riodeva y Villel, la tierra el gigante europeo

Titania es un centro expositivo que cuenta con 600 m2, cuyas obras fueron financiadas por el Fondo de Inversiones de Teruel y que superaron el millón de euros. Fue inaugurada en marzo del 2012. Como el resto de sedes de Territorio Dinópolis cuenta con su propia mascota, Riox, un simpático dinosaurio carnívoro. A partir del año 2002 se planificó la prospección de nuevos yacimientos fósiles en la zona. Un año más tarde llegó el hallazgo más importante, uno de los descubrimientos más importantes de la paleontología turolense. En la partida de Barrihonda, aquel 23 de mayo de 2003 Alberto Cobos y Rafael Royo fueros los investigadores afortunados. En un campo de labor se toparon con miles de fragmentos de huesos pertenecientes a un saurópodo chigán*. Estaban diseminados por el terreno, pero también formando parte un muro de piedras que separaba el campo. Los restos fueron trasladados al laboratorio y tras meses de trabajo se fueron recomponiendo los huesos. En el yacimiento se realizó una excavación que se ha prolongado en el tiempo alcanzado la recuperación del 55% del esqueleto del dinosaurio, que lo convierten en el conjunto más completo de un dinosaurio gigante encontrado hasta la fecha en la Península Ibérica.

*Chigán: Gigante.

Además del tamaño, la importancia del hallazgo radica en que pertenece a un clado nuevo, es decir, una nueva rama que incluye a una o varias especies. En el bautizo del nuevo dinosaurio se tomó como referencia al río Turia para el clado, mientras que la nueva especie honra al pueblo donde se ha encontrado: Turiasaurus riodevensis. Dentro de la misma rama se incluyen otros dinosaurios como el Lossillasaurus. En cuanto a su morfología, con los restos encontrados se sabe que es el dinosaurio más grande hallado en Europa hasta la fecha, y uno de los más grandes del mundo. Se trata de un enorme hervíboro de unos treinta metros de longitud entre la cabeza y la cola, y con una altura de unos cinco metros. En cuanto a su peso podría rondar las 40 toneladas. Otra de las importancias del descubrimiento es que se trata del conjunto de dinosaurio gigante muy completo. Cráneo, vértebras del cuello, costillas, una pata delantera, otra trasera, cadera, cola…. Y de dimensiones colosales; por ejemplo, la pata delantera mide tres metros y medio de altura. Resultado de las investigaciones se sabe que el animal vivió hace 145 millones de años, entre el Jurásico y el Cretácico. El paisaje estaba compuesto por un delta donde se acumulaban sedimentos los cuales facilitaron la conservación de los restos fósiles. Abundaba también la vegetación, que servía de alimento a estos dinosaurios.

El hilo conductor de esta subsede de Dinópolis es el “Gigantismo en la naturaleza”, y para ello se introduce al visitante mostrando las especies de animales más grandes tanto de la actualidad como de la época de los dinosaurios. La segunda sala habla de la geología, los estratos que componían el paisaje donde habitaron estos dinosaurios. En la parte central se expone una espectacular reproducción a tamaño natural de la mitad anterior del esqueleto de Lagarto de Riodeva. También se muestran reproducciones de algunos huesos del gran saurópodo: fémur derecho, radio izquierdo, pubis y húmero izquierdo. Pero la pieza más impactante es la reconstrucción ideal de la cabeza, a tamaño real. En la muestra de Titania también se exponen réplicas de huesos de otros dinosaurios cuyos restos se han encontrado en los yacimientos de Riodeva, diplodócidos, estegosáuridos, ornitópodos y dinosaurios carnívoros, así como reconstrucciones a escala inferior de estos dinosarios.

En cuanto a la lista de récord de dinosaurios gigantes, hay que tomarla con pesguarda*, ya que son datos estimados y dependen mucho de los restos encontrados. Según la wikipedia (la cual basa sus datos en publicaciones científicas revisadas por pares) tenemos dos clasificaciones según la longitud o el peso del saurópodo.

*Pesguarda: Cautela.

Los dinosarios más largos:

1 Amphicoelias fragillimus 58 m América Norte 145-150 millones
2 Argentinosaurus huinculensis 30-39,7 m América Sur 93-97 millones
3 Turiasaurus riodevensis 30 m Aragón 150 millones
4 Mamenchisaurus sinocanadorum 26-35 m Asia 145-163 millones
5 Supersaurus vivianae 33-34 m América Norte 150-155 millones
6 Futalognkosaurus dukei 26-34 m América Sur 85-93 millones
7 Diplodocus hallorum 30-33,5 m América Norte 145-155 millones
8 Antarctosaurus giganteus 30-33 m América Sur 70-93 millones
9 Xinjiangtitan shanshanesis 30-32 m Asia 163-174 millones
10 Paralititan stromeri 20-32 m Africa 93-96 millones

Los dinosaurios más pesados:

1 Amphicoelias fragillimus 122 Ta América Norte 145-150 millones
2 Argentinosaurus huinculensis 73-90 Ta América Sur 93-97 millones
3 Antarctosaurus giganteus 69-80 Ta América Sur 70-93 millones
4 Apatosaurus sp. 36-80 Ta América Norte 155-150 millones
5 Mamenchisaurus sinocanadorum 75 Ta Asia 145-163 millones
6 Dreadnoughtus schrani 59 Ta América Sur 84-66 millones
7 Paralititan stromeri 59 Ta América Norte 145-155 millones
8 Espécimen sin nombrar 58 Ta
9 Brachiosaurus altithorax 28-56 Ta América Norte 153-154 millones
10 Turiasaurus riodevensis 40 Ta Aragón 150 millones