Salvatierra de Esca, Zaragoza a las puertas del valle de Roncal

Los límites de la provincia de Zaragoza se extienden al norte hasta alcanzar las puertas del valle de Roncal, en Navarra. El municipio que ocupa el extremo de la provincia zaragozana es Salvatierra de Esca. Situado lejos de Zaragoza, cuya ruta más corta por carretera son 160 kilómetros, mientras que tan sólo dista 73 km a Pamplona. Su situación muy cercana a los Pirineos la hacen poseedora de una arquitectura completamente diferente a la de la mayor parte de los pueblos de la provincia.

Su antiguo asentamiento, Ovelba, fue abandonado para construir uno de más fácil defensa. De esta manera se levantó el actual Salvatierra, en la confluencia de los ríos Esca y Gabarri, sobre una pequeña elevación. Se fundó en el año 1208 por Pedro II al llamamiento de poblar la tierra salva, o libre de impuestos. Éste le concedió el fuero de Ejea y libertades con el fin de asentar la población, en una zona fronteriza en continuo enfrentamiento con Navarra. La población experimentó gran auge entre los siglos XV y XVI, lo cual queda de manifiesto en su sobrebuena* arquitectura civil correspondiente a estos siglos. Los edificios se construyeron a base de sillar con portadas doveladas, escudos nobiliarios en sus claves y ventanas geminadas.

*Sobrebueno: Excelente.

El casco urbano se organiza en torno a dos calles paralelas que recorren la loma, origen del asentamiento. Una plaza con recholau* aloja a varios edificios, entre ellos el ayuntamiento. Junto a ella otra plaza, excelente mirador del valle, sirve de antesala a la iglesia de San Salvador. La obra de piedra de sillería es de factura gótica del siglo XVI. Sobresale la torre con almenas que le confiere un aire defensivo, como muestra de la difícil etapa inicial de su historia, frontera entre tierras aragonesas y navarras. En la parte alta de la población, junto a las últimas casas, se levanta la ermita del Pilar, un sencillo edificio que conserva la decoración pictórica interior perteneciente a la segunda mitad del siglo XVI. Otro de los edificios de gran importancia en la historia del enclave es el monasterio de Fuenfría. Está situado a escasa distancia del casco urbano, en el arranque de la carretera a Castillonuevo. Fue fundado en el año 850 por el rey García García Íñiguez de Pamplona, el obispo Guilesindo de Pamplona y el abad Fortún de Leyre. Sólo quedan los robustos muros de la nave de la iglesia, que todavía conservan un arco fajón sobre la que descansaba la cubierta de madera original.

*Recholau, trinquete: Frontón.

Del municipio forma parte otro enclave más pequeño, la población situada más al norte de la provincia de Zaragoza. Lorbés está situado a una distancia de doce kilómetros, cuya carretera de acceso recorre el valle del río Gabarri. Ya aparece documentado en el siglo IX, con motivo del pago de diezmas al monasterio de Fuenfría. Su arquitectura también responde a la tipología pirenaica, con casas de piedra blasonadas, algunos rincones pintorescos y una modesta iglesia en la parte alta.

Uno de los lugares más espectaculares de su término municipal es la ermita de la Virgen de la Peña. Una vez abandonada la población en dirección a Burgui parte una pista de acceso restringido que recorre las faldas del monte hasta llegar a los pies del santuario. Después de recorrer el primer kilómetro, parte la senda señalizada con un poste metálico. El recorrido en constante ascenso atraviesa una zona donde se alterna matorral y árboles de mayor porte. Toma dirección al escarpe sobre el cual se ubica la ermita. En la parte intermedia comienza un pronunciado zigzagueo para salvar la elevada pendiente, ya en zona mucho más boscosa cubierta fundamentalmente por carrascas. Con ello se supera los riscos de la parte más elevada. En todo momento las vistas hacia el sur son amplias. Ya en la parte alta se comienzan a divisar los Pirineos. Sólo resta el tramo final de senda, compartiendo un pequeño tramo con la pista de acceso, para alcanzar la ermita por senda de nuevo.

La ermita de la Virgen de la Peña fue erigida en lo más alto de las sierra. En el año 1521 se creó una cofradía con el fin de poner paz entre los pastores aragoneses y navarros, cuyas disputas llegaron a provocar muertos. La Cofradía de la Virgen de la Peña estaba formada por 20 miembros de Salvatierra y 10 de Burgui. En 1628 surge la Cofradía de San José, en la cual también había integrantes de ambas localidades. La primera de ellas se extingue a mitad del siglo XX. La segunda cofradía es la sucesora y hoy en día cuenta con 25 miembros. Celebra la romería el fin de semana más cercano al 8 de septiembre, coincidiendo con las fiestas de Salvatierra de Esca. A ella se añaden otras romerías de Salvatierra de Esca, Burgui, Castillonuevo y Lorbés a lo largo del año.

El edificio actual es una construcción terminada en el año 1677, sobre otro anterior. De la fábrica despunta una sencilla espadaña. La puerta de arco de medio punto, sobre la cual hay una pequeña hornacina con la virgen, está protegida por el atrio de reciente construcción. Al interior presenta nave cubierta con bóveda de medio cañón decorada al gusto barroco. De manera anexa se encuentran las dependencias de la cofradía. Frente a la ermita se levanta otro edificio que era la antigua hospedería.

A escasos metros del santuario está el punto más elevado de la Sierra de Beldú. Marca la divisoria entre Navarra y Aragón, aunque el santuario se asiente en tierra aragonesa. La cota más alta, 1294 metros de altitud, se emplaza al borde de la foz de Burgui, surcada por el río Esca. Al otro lado, como continuación, está la Sierra de Ollate. Desde este punto las vistas son privilegiadas. Hacia el sur el valle formado por el Esca, con Salvatierra de Esca y Castillonuevo, así como la foz de Sigüés. También la sierra de Leyre y al fondo el Moncayo. Hacia el norte la cordillera pirenaica con las cumbres más elevadas del Pirineo occidental aragonés, y los valles de Roncal, Ansó y Hecho. Y hacia el este las sierras de Peña Oroel y San Juan de la Peña, además de la Canal de Berdún. Una atalaya que cuenta con unas vistas que no defraudan al visitante.

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4º Excursión Joréate por Aragón a Canfranc

Como ya era tradicional, al término de la temporada el dragón Chorche nos tenía preparada una excursión, ya en su cuarta edición. En esta ocasión los apuntados se acercaban a las cuarenta personas. Sin embargo el tiempo nos jugó una mala pasada, dentro de una primavera complicada y salpicada de tormentas. La previsión anunciaba lluvias todo el fin de semana, y así se mantuvo hasta el mismo día de salir. Por ello la mitad de los apuntados, fundamentalmente los que iban a pasar el día, decidieron no desplazarse ante tales augurios. Al final 24 personas arrancamos el sábado por la mañana. Tras salir de Zaragoza con abundantes nubes, la patrulla de reconocimiento nos iba anunciando sol en Monrepós norte, después en Sabiñánigo y finalmente en Jaca. Allí decidimos quedar buscando una alternativa a la lluvia que no llegaba. Comenzamos con un pequeño almuerzo, y después aprovechamos la visita a la ciudad de Jaca para realizar las fotos del concurso fotográfico de este año.

El dragón Chorche iba improvisando y adaptando el plan al tiempo, que parece que nos respetaba. Algunos de los presentes descubrieron con este breve paseo la riqueza monumental de la antigua capital del reino de Aragón. Entramos a la seo* y salimos a la plaza del Mercado. Paseamos hasta llegar a la Torre de la Cárcel. Finalmente tomamos la calle Mayor frente al ayuntamiento, donde algunas decidieron aprovechar la visita para hacer shopping. Después recorrimos el paseo de la Constitución, y finalmente terminamos rodeando la Ciudadela, sin perder ojo a los ciervos, y aprovechando el tapiz verde de sus alrededores para hacer piruetas de todo tipo.

*Seo: Catedral.

Como el tiempo aguantaba ante nuestra sorpresa nos aventuramos a realizar el paseo previsto. Así nos fuimos hasta el merendero situado cerca de Canfranc-Pueblo donde habíamos quedado en un principio y comenzamos a andar. Estaba nublado y hacía aire, pero arrancamos. Lo primero fue una foto de grupo en el puente medieval, que marcaba el inicio de ruta.

El Camino de Santiago tenía un trazado sencillo, sin desnivel, y discurría por la margen izquierda del río Aragón. Las vistas en todo momento eran preciosas, siendo el verdor predominante después de un invierno tan abundante en precipitaciones. En algunos tramos incluso se atravesaba pequeños bosques, y otros delimitados por muros, permitían buenas vistas. Después de media hora de camino la lluvia comenzó a caer. Como íbamos bien preparados los chubasqueros salieron de las mochilas.

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Valle de Canfranc, surcado por el río Aragón

Fue poco lo que cayó, y rápido los recogimos. En el tramo intermedio atravesamos la carretera por debajo dos veces, con un merendero situado en en este tramo. Ya quedaba poco para llegar a Villanúa, y el tapiz vegetal ofrecía en este tramo variadas flores. Poco después de una hora alcanzamos con éxito el destino. Era la hora de comer, y fuimos a buscar los coches. La comida estaba prevista a cubierto, en el porche de la oficina de turismo de Villanúa. Amenazaba lluvia pero pudimos comer tranquilos. Cuando terminamos llegó al final la lluvia, con una fuerte tormenta, tal cual anunciaban. Cuando paró decidimos tomar un café en un bar del pueblo. Allí estuvimos tranquilos de charradeta aprovechando para conocernos mejor, ya que este año había nuevas caras.

Salimos y hacía una tarde magnífica para pasear, nublada pero con buena temperatura y una agradable humedad. Atravesamos la zona deportiva de la localidad jalonada por zonas verdes. Cruzamos el río Aragón que bajaba con fuerza. Y al otro lado estaba el centro de Villanúa. El casco antiguo estaba oculto por apartamentos. En el paseo disfrutamos de la bella arquitectura tradicional pirenaica, pasando junto a la iglesia parroquial.

Sin mención de lluvia nos trasladamos a Canfranc-Pueblo, donde estaba situado el albergue donde dormíamos. Lo primero fue llevar las mochilas para alojarnos. Teníamos reservada la falsa, una habitación para más de veinte personas. Nos gustó mucho su interior, rústica, y llena de literas que enseguida entusiasmó a los más pequeños. También teníamos reservadas dos habitaciones dobles. Mientras nos instalábamos llegó la segunda y última tormenta del todo el fin de semana. Cargó con fuerza, pero de nuevo nos pilló a cubierto. Y mientras tanto nos comenzaban a llegar imágenes y vídeos de la fuerte tormenta que había caído en Zaragoza, con inundaciones que hacía años que no se veían. Cada vez nos dábamos cuenta de la suerte nos sonreía en esta cuarta excursión de Joréate.

Hasta la hora de la cena unos decidieron dar un paseo por el pueblo, saliendo como los caragols* después de la lluvia, y otros se quedaron en las habitaciones. Cenamos y al anochecer nos fuimos todos a Canfranc-Estación. A las diez tenía lugar un espectáculo de luz y sonido aprovechando la magnífica estación de tren. Casi veinte minutos en los cuales se iluminó de variados colores su gran fachada, acompañados de música y de una locución que fue contando la interesante histórica de este edificio. Nos encandiló a todos el espectáculo, en medio de una magnífica noche en cuanto a temperatura, y sin lluvia¡¡¡¡

*Caragol: Caracol.

Cuando llegamos al albergue vimos cómo el Real Madrid recogía su decimotercera Copa de Europa. Pero nosotros a lo nuestro, a resolver entre todos los ganadores del concurso fotográfico. Estuvimos votando entre las dos fotos que habían enviado cada uno de los participantes de la excursión. Al final casi nos gana el sueño, pero resolvimos. Ahí van las fotos premiadas en las dos categorías, adulto y niño. El premio para los ganadores, una cesta de productos ecológicos  y de temporada, acompañada de una visita al huerto de la Torre de Chorche, y una linterna para categoría infantil.

1º Premio Categoría adultos

1º Premio Categoría infantil

Al día siguiente algunos madrugaron para ver cómo amanecía la mañana y aprovechar el frescor matinal. Ya nos habíamos olvidado de la previsión meteorológica, y disfrutamos del día con un tiempo magnífico. Desayunamos y a las diez ya estábamos en marcha. Decidimos dar un paseo por el Camino de Santiago, todo ello sin estar previsto. Al final la mayor parte realizaron el trayecto desde Canfranc-Pueblo a Canfranc-Estación, de una hora de duración. De nuevo disfrutamos de un recorrido sencillo, atravesando zonas de bosques húmedos plagados de musgo y helechos. Y al cruzar el cauce del barranco de Ip, una preciosa cascada ofrecía un lugar de gran belleza donde poder hacer buenas fotos.

La mayor parte continuaron hasta llegar a Canfranc-Estación, mientras otros trasladaban los coches para no tener que realizar el camino de vuelta. Nos juntamos todos allí, con un pequeño almuerzo en el parque situado junto a la carretera. A mediodía teníamos reservada una visita a la estación. Nos incorporamos a un grupo mayor, y lo primero fue ponernos el casco, ya que estaba en obras. Un paso húmedo y frío bajo las vías permitía acceder al vestíbulo. Allí comenzó la explicación de la guía comentando por qué se construyó en el barrio de los Arañones la estación de ferrocarril. En la parte trasera del edificio, junto a unos antiguos vagones de tren continuó el relato con el cambio del entorno paisajístico necesario para ubicar aquí este edificio. Y finalmente en el interior de vestíbulo nos contó su historia durante los años de funcionamiento, siendo testigo de espías y del oro nazi. Para finalizar nos dio unas pinceladas del esperanzador futuro que parece se acerca cada vez más a este emblemático edificio.

A su término nos fuimos al albergue, ya que se acercaba la hora de comer. Poco a poco iba llegando a su término esta cuarta excursión. Tras el café hicimos una tranquila sobremesa en la plaza del pueblo, aprovechando la buena tarde. Buena conversación entre nuevos amigos mientras tenía lugar el partido de fútbol entre la juventud. Y otro pequeño paseo por el pueblo, terminando con la foto de despedida bajo la bandera republicana que hondeaba en el parque.

Un buen final para un fin de semana que prometía ser un desastre con lluvia en todo momento, y que todos recordaremos como una magnífica experiencia para repetir.

Pico Petrechema, testigo mudo del nacimiento de Aragón

El Pico Petrechema se emplaza en la cabecera del valle de Ansó, es decir, en el extremo más noroccidental de Aragón. Está enclavado en la actual frontera entre Francia y España. Y se alza a 2.371 metros de altitud. Desde su posición privilegiada fue testigo mudo del nacimiento de Aragón.

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El término Aragón tiene un origen incierto aunque existen varias teorías. Dio nombre al río que nace y surca los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. La hipótesis del origen vasco se basa en la traducción del actual término “arago”, que significa “más allá” o “hacia allá”. Esta definición sería coherente para definir un territorio que lindaba con el de los vascones, pero no para dar nombre a un río. Además choca con la ubicación temporal de esta palabra, ya que no hay constancia de que en aquella época existiese dicho término. Incluso puede proceder de otras lenguas (celta, latín, español o el íbero) de las cuales ha recibido el vasco numerosas aportaciones. La segunda hipótesis se basa en el poblamiento íbero de la comarca de la Jacetania. Muchas de las palabras de este idioma comienzan por “ara”, “are” y “ari”, cuyo significado es “ahí” o “aquí”. Y la influencia vasca sobre esta zona podría modificar esta traducción como “tierra de aquí”, “el país”. La tercera hipótesis busca el origen en lenguas indoeuropeas: celta, sánscrito o el védico. En ellas las raíces “ar” y “ara” significan “agua”, “río”. Precisamente hay hidrónimos que vendrían a ratificar esta teoría como el río Arga, en Navarra, el río Aare en Suiza o el río Aragó en el Cáucaso.

Cualquiera que sea su origen, lo que sí está documentado es la primera vez que aparece escrito Aragón. Se trata de un documento del monasterio de San Pedro de Siresa datado entre los años 828 y 838. En él se hacía referencia al territorio gobernado por Aureolo. Este monasterio fundado hacia el año 820, estuvo articulando eclesiásticamente los nuevos territorios del incipiente Aragón. Pero también constituyó un centro cultural que influyó de manera determinante en los aspectos políticos, sociales y culturales.

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Con el avance de las tropas musulmanas y la ocupación de la Península Ibérica los carolingios necesitan proteger su frontera al sur. Designan en el año 802 como jefe militar a Aureolo, natural de esta zona. El territorio del cual estaba encargado correspondía a los valles de Echo, Ansó y Canfranc, surcado por los ríos Aragón y Aragón Subordán. Se le atribuye el título de primer conde de Aragón, aunque las escasas fuentes escritas no aseguran un auténtico dominio jurisdiccional sobre esta zona. Su muerte en el año 809 fue aprovechada por los musulmanes para recobrar plazas fuertes. Entonces fue designado por los reyes francos el conde Aznar I Galíndez. En el año 820 fue depuesto por su yerno, convirtiéndose García Galíndez en el nuevo conde de Aragón. Con este cambio se produjo un desvinculamiento con los francos y un amanamiento* al reino de Pamplona. Hasta 1035 Aragón y Pamplona estuvieron unidos. A la muerte de Sancho III el Mayor en ese año, su hijo Ramimo I toma las riendas de Aragón. Con la muerte de su hermanastro en 1045 añadió los territorios de Sobrarbe y Ribargorza. Con esta incorporación se le considera el primer rey de Aragón.

*Amanamiento: Acercamiento.

Una sencilla excursión permite el ascenso a esta cumbre para cualquier senderista. La ruta parte del refugio de Linza, emplazado en la cabecera del valle de Ansó. Desde la población parte la carretera que recorre el angosto valle surcado por el río Veral. Al alcanzar Zuriza se abre y surgen amplios pastizales. Desde este punto parte la pista forestal que conduce hasta el refugio. En sus instalaciones cuenta con alojamiento, bar y restaurante. La senda arranca desde el fondo del aparcamiento, ascendiendo por una ripa*.

*Ripa: Ladera.

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Tras media hora de ascenso se alcanza una depresión atravesada por el arroyo de Linza. Siguiendo las marcas del sendero de gran recorrido se supera una zona rocosa. A la hora y media de caminata se alcanza el Cuello de Linza. Desde este punto las vistas son espectaculares, con la vista al frente de la Mesa de los Tres Reyes, punto en el cual coinciden los territorios de Aragón, Navarra y Francia.

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A la derecha parte el sendero que se encamina al Pico Petrechema. En un primer tramo el trazado es tendido y suave. Al llegar a un pequeño collado se gira a la izquierda. Sólo resta subir por la amplia loma a cuyos lados hay laderas bastante empinadas que permiten vistas muy amplias. Después de tres horas de caminata se alcanza la cumbre, a 2371 metros. La sorpresa queda justo a unos metros. Separado de un descomunal desfiladero muy profundo se alza la aguja de Ansabere, un gigantesco mallo de similar altura, prácticamente inaccesible, y que se descuelga sobre un valle posterior mucho más deprimido. Su altura es ligeramente superior, 2377 metros. El nombre de Petrechema proviene del término piedra gemelas (pietragema), en referencia a las dos cumbres cercanas aunque no iguales. Desde la cumbre las vistas son amplias en todas las direcciones. Los montañas más elevadas están en dirección al este, con el Bisaurín, el Aspe y el Midi d´Ossau. Y desde este punto fronterizo entre Francia y España se divisan tierras francesas, aragonesas y navarras.

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Corona de los Muertos, un poblado de hace 5.000 años en el Pirineo

Con este curioso nombre se conoce un yacimiento situado en la val d´Echo, uno de los valles más occidentales del Pirineo Aragonés. En el paraje conocido como Selva de Oza se encuentran los restos de más de un centenar de círculos de piedras que según los estudiosos podrían corresponder a un poblado de gran tamaño, cuyos orígenes se remontan hace 5.000 años. Si así fuera podríamos constatar que en este lugar estuvo uno de los primeros asentamientos del Pirineo. A pesar de la importancia del hallazgo las investigaciones han sido insuficientes. Una asignatura pendiente para la administración que nos permitiría conocer más detalles y seguro que despejar muchas dudas respecto a este enigmático rincón de Aragón.

El megalitismo tiene su origen etimológico en la unión de dos palabras griegas que significan literalmente cantal*. Este término define un fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica. Se trata de un proceso constructivo llevado a cabo por el hombre primitivo que se inició a finales del Neolítico y se dilató hasta la Edad del Bronce, es decir desde el siglo V a.C hasta el siglo II a.C. En este periodo se construyeron innumerables construcciones, a base de grandes bloques de piedra prácticamente sin labrar, pero también con piedras de menor tamaño. Los focos más importantes se encuentran en Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda, así como el sur de España y Portugal. Se trata de monumentos funerarios, tumbas monumentales, cuyo tipo más extendido y mejor conservado es el dolmen. En su interior se enterraban sucesivamente a los fallecidos de un grupo humano, apartándose cuidadosamente los huesos de los anteriores difuntos. Los dólmenes pueden ser simples o formados por una galería. En la actualidad sólo se conservan los grandes bloques de piedra, pero la mayoría estuvieron cubiertos por un túmulo de tierra o piedras. Otro tipo de construcción megalítica, en este caso de carácter no funeraria es el menhir, monolito hincado en el suelo que puede aparecer aislado o formando alineaciones. Y finalmente los crómlechs, círculos de piedras más o menos grandes que rodeaban el túmulo de un dolmen.

*Cantal: Piedra grande.

Dentro de todo este fenómeno, en la val d´Echo, en concreto en la Selva de Oza y Guarrinza, se localiza la mayor concentración de monumentos megalíticos de los Pirineos. Se han encontrado unas 170 estructuras, que nos demuestran que hace unos 5.000 años este valle aragonés ya estaba poblado. La zona donde se concentran los restos es la cabecera del río Aragón Subordán, protegido de manera natural por montañas de más de dos mil metros de altitud. Una zona de difícil acceso también desde el sur ya que aguas abajo el río atraviesa la Boca del Infierno, un desfiladero de varios kilómetros de longitud. Hasta aquí llegaron los primeros hombres a cazar y en busca de pasto para sus rebaños. Este cubillar* natural fue también elegido para levantar construcciones funerarias caracterizadas por el uso de grandes piedras, destacando dólmenes y crómlechs, con los que alimentaban creencias sobrenaturales que necesitaban para sus ritos. Servían para enterrar a la gente, pero también tenían la función de marcas del territorio donde poco a poco se fueron asentando.

*Cubillar: Refugio.

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El Centro de Interpretación del Megalitismo Pirenaico y de la Val d’Hecho tiene como finalidad la puesta en valor del patrimonio megalítico de esta zona pirenaica. Se ubica  a ocho kilómetros de Echo, al inicio de la Boca del Infierno. Al pie de la carretera que conduce a la Selva de Oza, una antigua caseta forestal alberga las instalaciones. En su interior introduce en el apasionante mundo de los antiguos moradores del valle a través de una proyección, reproducciones y paneles interpretativos. Además el centro cuenta con una cafetería y restaurante en su parte baja. Entre sus propuestas ofrece al visitante la posibilidad de aproximarse a la gran riqueza de la arquitectura megalítica. Se organizan visitas guiadas por diferentes circuitos diseñados para conocer in situ los restos megalíticos de la zona, entre los que destacan dólmenes, crómlechs y el yacimiento de la Corona de los Muertos. Y todo ello con el complemento del magnífico paisaje que los envuelve, y que bien supieron elegir los primeros habitantes de la Val d´Echo.

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Pero sin duda uno de los lugares más importantes en el aspecto arqueológico es la Corona de los Muertos. Está ubicado en plena Selva de Oza, a unos diez minutos de la carretera. Frente a las instalaciones del antiguo camping, parte la pista de la Espata. Por ella se asciende unos minutos hasta encontrar un cartel a la izquierda, donde arranca un pequeño sendero que conduce al yacimiento. En medio del hayedo se pueden ver varios círculos de piedras con un panel informativo. Los estudios de los investigadores han constatado que en realidad de trata de una agrupación de 120 círculos de piedra, ahora casi ocultos por el denso bosque. Tras las investigaciones se sabe que comenzaron a construirse a finales del Neolítico (3.000 a.C). En la parte baja del yacimiento se concentran los ejemplares más recientes que son de finales de la primera Edad del Hierro (500 a.C). En principio se les atribuyó un carácter funerario. Sin embargo la ausencia de restos de cenizas, y las huellas de postes encontradas han obligado a los arqueólogos a seguir haciendo hipótesis. Parece ser que la explicación más razonable es que se trate de los restos de cabañas, cuya parte baja era de piedra y que se completaban con madera y pieles. Un poblado de gran tamaño que facilitara la estancia durante el verano, cuando se trasladaban a este valle a pastar con su ganado. Los círculos son de tamaño variable entre los 4 y los 10 metros. Las piedras utilizadas son de dos tipos. Por una parte las más redondeadas cuya procedencia es el cauce del río Aragón Subordán, y otras más irregulares que fueron extraídas de alguna cantera cercana. En el mismo yacimiento se han encontrado hasta cinco mil piezas de sílex: puntas de flecha, raspadores… que tienen 9.000 años de antigüedad, lo cual demuestra la presencia humana miles de años antes.

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Valle de Hecho, en los orígenes de Aragón

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Balneario de Tiermas, engullido por las aguas de un pantano

Triste paradoja la de este balneario, que fue engullido no por las aguas termales que le servían de actividad, sino por las de un pantano, el embalse de Yesa. Está situado en la Alta Zaragoza, en la confluencia de las provincias de Huesca y Zaragoza y ya muy cerca de Navarra. Aunque la mayor parte del tiempo yace bajo las aguas del Mar del Pirineo, como así es conocido debido a sus colosales dimensiones, en épocas de gran estiaje se descubren las ruinas que marcan el lugar donde estuvo ubicado. Entonces surge el milagro y brotan las aguas termales de entre los escombros.

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La historia del balneario de Tiermas se remonta a los romanos que explotaron este codiciado recurso natural. A su alrededor fue surgiendo un poblado, que siglos más tarde se trasladó a un pueyo* cercano debido a las numerosas guerras con navarros y franceses. En esta incierta etapa las termas tuvieron un hospital y las instalaciones atendían fundamentalmente a los pobres. Una vez superadas las contiendas tras la unificación de España comenzó una etapa de progreso. Los baños pasaron a pertenecer al municipio de Tiermas, y en el siglo XIX fueron arrendados, permitiendo el acceso gratuito a los vecinos de la localidad y a los pobres. Finalmente, ante el lamentable estado de las instalaciones, la villa decidió venderlo a Luis Casals, y posteriormente en 1918 pasó a unos vecinos de Ansó. En esa fecha el balneario contaba con un edificio de tres plantas, la casa alta de los baños, en la cual se encontraban las habitaciones, así como los servicios propios de un hotel. Junto a él estaba el edificio donde se encontraban los cuartos de baño, piscinas y gabinetes hidroterapeúticos. Y adosada estaba la casa baja de los baños, ésta de dos pisos. Completaba el conjunto el hotel Infanta Isabel, de tres plantas. Entre el hotel y el balneario existía un pasadizo de madera para facilitar el paso de los bañistas. Precisamente el hotel tomó el nombre de la Infanta Isabel de Borbón y Borbón, hermana de Alfonso XII, la cual visitó las instalaciones dando mayor renombre a las mismas. En los años 40 este edificio sufrió un incendio y no volvió a reconstruirse. El final de este balneario que llegó a acumular gran esplendor lo puso la construcción del pantano, expropiándose las instalaciones, y cubriéndose por las aguas en 1960, poco tiempo después de cesar su actividad.

*Pueyo: Colina.
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En la actualidad quedan sólo un montón de ruinas, junto a las surgencias de aguas que manan a 42ºC. Es posible descubrir este lugar cuando las aguas del embalse de Yesa descienden lo suficiente, lo cual sólo ocurre en determinados años y esta situación puede durar unos días o unas semanas a lo sumo. La última vez que allí estuve fue en octubre del año 2012. El paisaje es desolador, casi lunar. Una ladera sin vegetación en la cual yacen las ruinas, con la lámina del embalse amenazando con cubrirlo de nuevo en cuanto vuelvan las lluvias otoñales. El milagro surge del subsuelo, de donde mana un gran caudal de aguas termales. La gente que suele acudir poco a poco va creando pequeñas balsas de poca profundidad para facilitar el baño. De esta manera se aprovecha esta agua que desemboca en las aguas del pantano unos metros más abajo. Un efímero recorrido que depende del nivel del pantano y de los días que permanece al descubierto, pero que es aprovechado por los bañistas al máximo. El agua mana de diferentes puntos de manera natural, una vez inutilizadas las conducciones del balneario. Donde antaño hubo una plaza por donde llegaban los viajeros en carro e incluso en los viejos automotores, ahora mana el agua formando piscinas donde los bañistas disfrutan del baño. Se forma un pequeño río que pasa entre las ruinas del antiguo hotel y balneario. Unos metros más abajo el agua de nuevo se diluye con las frías aguas del pantano, y unos días más tarde todo volverá a desaparecer.

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En la actualidad se están llevando a cabo las obras de ampliación de recrecimiento de Yesa, polémicas debido al empeño de la administración de llevarlas a cabo con la justificación de que es la ampliación y consolidación de riegos así como el abastecimiento de agua a Zaragoza capital. Sin embargo su coste es elevadísimo, y aumenta día a día debido a las dificultades técnicas de construcción de la presa sobre unas laderas inestables y que crean un riesgo de seguridad inasumible. Con la obra terminada subiría la cota del pantano y los restos del balneario quedarían sumergidos posiblemente ta cutio*. Los antiguos vecinos de Tiermas hace tiempo que han solicitado la reversión de sus propiedades. Sin embargo se da la circunstancia de que en el año 1982 el vecino pueblo de Sigüés compró el pueblo por una cantidad ridícula, 3.754.250 pesetas, que consiguió de una subvención de la Diputación Provincial de Zaragoza. Tiene un proyecto de recuperación del pueblo de Tiermas, el cual incluye la utilización de las aguas termales gracias a una conducción desde el fondo del pantano hasta el pueblo. A pesar de que lleva años medio paralizado, éste sirve de impedimento para la posible devolución de las propiedades a sus legítimos herederos. Otra triste paradoja más que junto a la del balneario habla de la historia reciente de una próspera y prestigiosa localidad zaragozana que se truncó por la construcción del embalse de Yesa. Con ello se dio la vida a las Cinco Villas con la construcción de nuevos regadíos y pueblos de colonización. Y se la quitó a la Canal de Berdún, expropiando y obligando a marcharse a vecinos de Escó, Ruesta y Tiermas, e hipotecando el desarrollo de parte de la comarca de la Jacetania.

*Pa cutio: Para siempre.

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Alta Zaragoza, una tierra mutilada por el embalse de Yesa

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El Santo Cáliz aragonés

Hace unas semanas decidí pasar una pequeñas vacaciones en Valencia. Estas tierras formaron parte de la Corona de Aragón como el reino de Valencia.  Se da la curiosa circunstancia de que con el avance cristiano hacia el sur, muchos aragoneses participaron en la ocupación, repoblando esta zona en las que vivían musulmanes desde el siglo VIII. Y los nuevos territorios podrían haber pertenecido a Aragón, como así ocurrió con la superficie reconquistada desde los condados pirenaicos hasta el sur de Teruel. Sin embargo el rey Jaime I decidió que Valencia se convirtiera en reino independiente, y así Aragón quedó delimitado como reino de Aragón con los límites actuales. Fue una oportunidad perdida para que nuestra tierra hubiera alcanzado el mar, y todo este territorio hubiese pertenecido a Aragón. Y ello se debe a este rey aragonés que con su decisión marcó ta cutio* los límites geográficos de Aragón.

*Ta cutio: Para siempre.

También hay otro pequeño vínculo que nos une con los valencianos, aparte de haber pertenecido a la misma corona. Y en él también han intervenido decisiones reales a favor de Valencia. Se trata de la pertenencia de un pequeño y valorado objeto: el Santo Cáliz. En realidad se trata de uno de los doscientos cálices que existen por el mundo que dicen ser el verdadero vaso eucarístico usado en la última cena que tuvo lugar durante la noche de Jueves Santo en Jerusalén. “Jesús, rodeado de los apóstoles, tomó el pan y el cáliz, y los bendijo y los repartió entre sus discípulos en señal de su entrega total”. Entre las piezas que se disputan la autenticidad, aquellas con una mayor veracidad son el cáliz de doña Urraca (basílica de San Isidro de León), el Cáliz de Antioquía (colección Cloisters del Metropolitan Museum de Nueva York), Sacro Catino (Génova), Vaso de Nanteos (procedente de la Mansión Nanteos en Gales), Cáliz de Ardagh (Museo Nacional de Dublín), Copa de Hawkstone Park (propiedad de Victoria Palmer), Achatschale ( tesoro de los Habsburgo en Viena), Copa de Santa Isabel (perteneció a Santa Isabel de Hungría) y el Cáliz de la Catedral de Valencia.

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En cuanto al Santo Cáliz aragonés, se dice que éste fue llevado a Roma por San Pedro y que lo conservaron los Papas sucesores a éste hasta Sixto II. Por mediación de su diácono San Lorenzo, fue enviado a su tierra natal de Huesca en el siglo III para librarlo de la persecución del emperador Valeriano. Desde el año 258 hasta 712 estuvo en poder de los obispos aragoneses. Con la llegada de los musulmanes, el primer obispo de Huesca se refugió en la cueva de Santa Orosia, cerca de Sabiñánigo. Siendo obispo Ferriolo se guardó algún tiempo en el monasterio de San Pedro de Siresa. También pasó por el monasterio de Santa María de Sasabe, entre los valles de Canfranc y Hecho. El último de los obispos que allí vivió, García I, lo trasladó en 1044 a su residencia en la ciudad de Jaca, donde por aquellos años el rey Ramiro I estaba reedificando su catedral. En el año 1076 el obispo Sancho I, al renunciar al cargo y retirarse al monasterio de San Juan de la Peña se lo llevó consigo. Allí permaneció hasta el 26 de septiembre de 1399, cuando a instancias del rey Martín de Aragón fue llevado a Zaragoza. Este rey lo trasladó del palacio de la Aljafería a la capilla de su palacio en Barcelona unos años después siendo inventariado en 1410 en su nueva ubicación.  A su muerte, gran cantidad de las alfayas* que atesoraba el rey fueron trasladadas al palacio de su sucesor el rey Alfonso V de Aragón en Valencia. El Santo Cáliz fue conservado y venerado durante siglos entre las reliquias de la catedral, y hasta el siglo XVIII se utilizó para contener la forma consagrada el Jueves Santo. Durante la guerra de la Independencia, entre 1809 y 1813, fue llevado por Alicante e Ibiza hasta Palma de Mallorca, huyendo de la rapacidad de los invasores napoleónicos. En el año 1916 fue finalmente instalado en la antigua sala capitular, habilitada como Capilla del Santo Cáliz. Precisamente esta exposición pública permanente de la sagrada reliquia hizo posible que se divulgara su conocimiento, muy reducido mientras permaneció reservado en el relicario de la catedral. El Papa Juan Pablo II celebró la eucaristía con el Santo Cáliz durante su visita a Valencia en noviembre de 1982 y lo mismo sucedió con el Papa Benedicto XVI que celebró la eucaristía en julio de 2006.

*Alfaya: Joya.
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En realidad la reliquia es la parte superior, una taza de ágata finamente pulida, que muestra vetas de colores cálidos cuando refracta la luz. Mucho más posteriores son las asas y el pie de oro finamente grabado. Todo ello es de época medieval. Las dimensiones son modestas: 17 cm. de altura, 9 cm. de anchura de la copa y 14,5 x 9,7 cm. que tiene la base elíptica.

santo_caliz_aragonesAunque los expertos son partidarios de la realización de un completo análisis de todas y cada una de las piezas que forman este cáliz para poder precisar mejor su datación y su origen, la Archidiócesis de Valencia no autoriza el desmontaje del cáliz porque, según afirma, existen pruebas suficientes que confirman su autenticidad. Hasta el momento, el único estudio de la pieza que existe de este tipo lo realizó hace cincuenta años el catedrático de arqueología de la Universidad de Zaragoza, Antonio Beltrán. Éste concluyó que el aspecto inicial del cáliz aragonés era muy diferente al actual. El pie, las asas y la vara de unión se añadieron tiempo después a la copa superior. La verdadera reliquia fue datada entre los siglos IV a.C. y I d. C. y fue labrada en un taller oriental de Egipto, de Siria o de la propia Palestina, por lo que pudo estar en la mesa de la santa cena.  Lo que nunca podremos precisar es la fecha exacta en que esa pieza pasó a ser cáliz porque no se puede emplear la prueba del carbono 14 al no tratarse de un cuerpo orgánico, ni tampoco si éste fue realmente utilizado por Jesús.

Y al Santo Cáliz también se conoce con el nombre de Santo Grial.  Las voces grial, greal o gral, procedentes de término latino gradalis, significan plato, escudilla o bandeja con viandas. Ya existían en la lengua española en sus diferentes modalidades romances mucho antes de aparecer otros nombres similares en las leyendas caballerescas. En cambio, en las demás lenguas europeas no hay una palabra parecida a gral para indicar vaso, cáliz o recipiente de ninguna clase. Tomaron, pues, de España el objeto y el nombre que le dan las leyendas. Dado el origen y el uso divino de esta reliquia que adquirió en los libros de caballerías, es muy natural que todas las naciones se creyeran poseedoras del santo grial y defendieran la autenticidad de alguno de los cálices insignes que tuviera.  La búsqueda del Santo Grial es un importante elemento en las historias relacionadas con el Rey Arturo donde se combinan la tradición cristiana con antiguos mitos celtas referidos a un caldero divino. El primer autor en mencionar al Grial es Chrétien de Troyes en su narración Perceval, también conococida como Le Conte du Graal, entre 1181 y 1181. La obra relata la visita de Perceval, quien aspira a ser caballero del Rey Arturo, al castillo del Rey Pescador, en el cual muestra un grial. Dentro tiene una especie de oblea que, milagrosamente, alimenta al herido padre del rey. Aunque posee un claro simbolismo cristiano, el autor habla simplemente de un grial, sin designarlo como santo. Este libro marcaría el comienzo de la leyenda. Robert de Boron es el responsable de transformar el grial en el Santo Grial. Este autor inglés espiritualiza el simple plato mencionado por el francés y lo convierte en la copa de la última cena, la misma que, según sostenían las leyendas, José de Arimatea usó después para recoger la sangre de las heridas durante la crucifixión de Cristo. A partir de este momento, los textos posteriores se concentran en dos historias diferentes. Por un lado, las relacionadas con la búsqueda del Santo Grial, emprendidas por los caballeros del Rey Arturo, y por el otro, las que relatan la propia historia del Grial desde los tiempos de José de Arimatea.